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Los confines del mundo

26 Feb

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Año: 2018.

Director: Guillaume Nicloux.

Reparto: Gaspard Ulliel, Lang Khê Tran, Guillaume Gouix, Gérard Depardieu, Vi Minh Paul, Hiep Nguyen, Anthony Paliotti, Jonathan Couzinié, Kevin Janssens.

Tráiler

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         Clint Eastwood logró sacarle mucho partido al personaje del vengador de ultratumba, muy explotado por la ficción pulp. Lo había conocido de la mano de Sergio Leone en Por un puñado de dólares y lo había vuelto a encarnar en su regreso a los Estados Unidos con la italianizada Cometieron dos errores. Luego, lo aprovecharía como director en Infierno de cobardes, El fuera de la ley y El jinete pálido. Incluso el desenlace de Sin perdón, puro terror gótico, lo retomaba.

El soldado Robert Tassen vuelve a la vida desde la fosa común donde los japoneses apiñan cadáveres vietnamitas y galos durante los estertores de la Segunda Guerra Mundial, que es también la génesis de otra agonía, la del Imperio francés en una Indochina que se subleva ante los colonizadores. Renace entre sangre y vísceras, dejando tras de sí su identidad, inscrita en su chapa identificativa y su documentación. Los confines del mundo narra la odisea de un hombre vaciado, simple carcasa en la que ya solo alberga rencor y sed de venganza.

         Guillaume Nicloux sumerge la Guerra de Indochina en fotogramas húmedos, de colores deslavados entre el verde cegador de la jungla. A juego, los personajes parecen representar una historia de fantasmas, que es la que lleva desde ese hombre retornado del más allá hasta un enemigo sin rostro, sin cuerpo y prácticamente sin presencia alguna. En contraste se expone la explicitud de la violencia y del sexo, expresados de forma gráfica.

         Hay múltiples imágenes e ideas en el fondo de Los confines del mundo -el declive colonial, el entendimiento imposible tanto entre extraños como entre propios-, pero no terminan de concretarse. El soldado Tassen se diluye en una atmósfera que no consigue manifestar con la suficiente expresividad su interior obsesivo y atormentado, en el que la mujer y el padre herido se apuntan como un verdadero renacimiento como ser humano, como resarcimiento de una deuda de vida.

El relato muestra el absurdo de su odisea circular. Pero esa tendencia a la abstracción queda desvaída desde una cierta frialdad, desde una distancia antipática y no exactamente efectiva.

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Nota IMDB: 6,4.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 5,5.

El americano impasible

24 Feb

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Año: 2002.

Director: Phillip Noyce.

Reparto: Michael Caine, Brendan Fraser, Do Thi Hai Yen, Tzi Ma, Pham Thi Mai Hoa, Holmes Osborne, Robert Stanton, Quang Hai, Ferdinand Hoang, Rade Serbedzija, Mathias Mlekuz.

Tráiler

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         La llegada a las salas de El americano impasible se retrasó varios meses, e incluso estuvo cerca de pasar directamente al mercado doméstico, debido a que la productora, Miramax, temía que su argumento pudiera percibirse como “antipatriótico” en unos Estados Unidos traumatizados por los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Azares de la política internacional, su lanzamiento, finalmente, también estuvo a meses de coincidir con la invasión de Irak. No fueron pocos los que se trazaron comparaciones entre las estrategias del agente de la CIA de la película y las operaciones del país en Oriente Medio.

El americano tranquilo, un hombre de modales educados que pasea por el mundo con la bandera de su idealismo por delante, aparece en la plaza de Saigón donde se acaba de producir una terrible masacre. Observa los resultados de las bombas, detecta la huella de la sangre en sus zapatos y en su impecable traje blanco, se limpia y comienza a dar instrucciones a un subordinado. En la siguiente escena, la mancha de sangre permanece, indeleble, en la pernera de su pantalón. Daños colaterales. La versión de Phillip Noyce, con Christopher Hampton en el guion, devuelve la dimensión política al personaje diseñado por Graham Greene en su novela, y del que había sido lamentablemente despojado en la discreta adaptación que en 1958, apenas tres años después de su publicación, había estrenado Joseph L. Mankiewicz. Asimismo, la fidelidad al texto original no está reñida con la ampliación de su arco de acontecimientos casi una década más allá, puesto que, con ello, se plasma el devenir de los acontecimientos que ya podía vislumbrarse en ella.

         Así las cosas, el relato recobra la turbiedad moral propia del mundo del espionaje que retrata Greene, siempre con el peso de su bagaje personal. No solo por ese individuo de dos caras que pugna por abrir una tercera vía en Indochina entre la decadente Francia colonial y el emergente nacionalismo con injerencias comunistas que lideraba Ho Chi Minh desde el norte. También por la figura llena de arrugas y dobleces del reportero británico que, huido de Inglaterra quién sabe por qué motivos, se encuentra afincado en la capital asiática amancebado con una muchacha local. Cínico y descreído, representa en cierta manera una metáfora de ese viejo mundo imperialista que parasita los placeres exóticos y la juventud de allí donde para. Michael Caine hace maravillas con este periodista que, cuando decide dejar de mantenerse cómodamente al margen de todo, lo hace por motivos y con procedimientos en absoluto limpios.

         Es, por tanto, un duelo complejo el que se establece entre ambos caracteres, así como el que mantienen ellos mismos con sus luces y sus sombras. Noyce lo plasma con una formulación clasicista -incluso con algún tópico, como la forma en la que se expone la conspiración-, quizás por la influencia que podrían tener desde la producción Sydney Pollack y Anthony Minghella, que como directores habían firmado sendas cintas de aventuras, Memorias de África y El paciente inglés, que cumplían con este mismo patrón estético y estilístico.

La decisión, que también es capaz de entregar escenas de una tensión muy bien construida, permite que la narración desarrolle en todo momento los dilemas y resoluciones de los personajes -que, siguiendo con las lecturas alegóricas, emparejan hábil y poderosamente lo político con lo íntimo; el opio, el amor y la guerra que aparece en la presentación-; parte directa de un contexto histórico igual de convulso y tortuoso. La fotografía de Christopher Doyle, experto en filmar escenarios asiáticos con romanticismo, con Deseando Amar como cumbre, dota de textura a los fotogramas e invoca esa atmósfera colorista y sabrosa, pero brumosa y trágica, del Vietnam en dramática transformación de los años cincuenta y sesenta.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 7,5.

Platoon

5 Feb

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Año: 1986.

Director: Oliver Stone.

Reparto: Charlie Sheen, Tom Berenger, Willem Dafoe, Keith David, Francesco Quinn, Forest Whitaker, Mark Moses, Kevin Dillon, John C. McGinley, Reggie Johnson, Tony Todd, Johnny Depp, Corey Glover, Corkey Ford, Chris Pedersen, David Neidorf, Richard Edson, Bob Orwig.

Tráiler

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          En unos tiempos en los que, al amparo del conservadurismo de Ronald Reagan, una corriente del cine estadounidense -sobre todo de corte popular- comenzaba a reivindicar la figura del veterano de la Guerra de Vietnam -e incluso a ganar simbólica y estrafalariamente el conflicto-, Oliver Stone, que había estado allí, planteaba el traumático conflicto en el sureste asiático como una lucha entre el bien y el mal. Pero ambos conceptos antagónicos no quedaban representados en el ejército propio y el enemigo, sino a través de una exposición de la dualidad del ser humano, encarnada por dos sargentos antitéticos que, en un sentido alegórico, se disputan el alma y la inocencia del soldado Chris Taylor.

          En Platoon, el vietnamita del norte es, a lo sumo, sombras que se mueven en la noche. Despojarle de rostro y personalidad no es una estrategia para deshumanizar al adversario, sino para desnudar al monstruo que acecha tras el rostro del compañero. No hay paños calientes en el recuerdo de la actuación militar norteamericana, si bien cierta compasión hacia los parias a quienes las circunstancias -otra crítica a un sistema fraudulento- empujan a la batalla, reclutamiento clasista mediante, en presunta defensa de la seguridad y de los valores nacionales. No parecen casuales las bajas por fuego amigo -esa expresión tan paradójica como clarificadora-.

          En este contexto, Taylor, voluntario idealista, aprende la verdad que entraña toda guerra a través de las enseñanzas -compasivas o destructivas- del sargento Elias y del sargento Barnes. Charlie Sheen -cabeza de un reparto bastante irregular en sus prestaciones- emula en parte el recorrido que había trazado su padre, Martin, que remontaba el Mekong para encontrarse cara a cara con el horror.

Dentro de este planteamiento maniqueo, Stone sitúa a Elías como bastión de la humanidad a pesar de las circunstancias extremas, mientras que su opuesto se erige en el producto pluscuamperfecto de esta crueldad absoluta. El resto de personajes, así como los ambientes en los que conviven, orbitan en torno a estos dos focos. Es tal vez una visión tosca, pero el cineasta la desarrolla con honestidad, determinación y eficacia para dar cuerpo a ambos personajes y transmitir el poder que ejerce cada uno, a su manera, y lo que la guerra puede hacerle al ser humano. Alrededor, la selva aparece como un elemento sobrehumano en el que los movimientos del pelotón son torpes, violentos y absurdos, atrapados sin remedio en una masacre en la que son víctimas y victimarios, y que se manifiesta en batallas caóticas y desesperadas. Su expresión más dramática, envuelta en ropajes líricos por el emotivo Adagio para cuerdas de Samuel Barber, es posible que sea excesivamente recargada y haya quedado afectada por el paso del tiempo y de las parodias.

          La visión convencería a público, crítica y académicos, que le concederían cuatro premios Óscar -entre ellos los de mejor película y mejor dirección- y otras tantas nominaciones.

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Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 7,5.

Tropic Thunder, ¡una guerra muy perra!

28 Oct

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Año: 2008.

Director: Ben Stiller.

Reparto: Ben Stiller, Robert Downey Jr., Jack Black, Brandon T. Jackson, Jay Baruchel, Nick Nolte, Tom Cruise, Danny McBride, Steve Coogan, Bill Hader, Brandon Soo Hoo, Matthew McConaughey, Tobey Maguire, Jennifer Love Hewitt, Jon Voight, Jason Bateman, Lance Bass, Alicia Silverstone, Tyra Banks.

Tráiler

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           Hay dos vetas interesantes que surgen del humor satírico de Tropic Thunder, ¡una guerra muy perra! La primera, la más obvia y predominante, es aquella en la que se realiza una burlona caricatura de Hollywood: desde sus tópicos peliculeros hasta los individuos que forman sus engranajes y que, gracias a ellos, adquieren un aura estelar que, sin embargo, contrasta con sus miserias humanas. La segunda es la que habla de la sociedad estadounidense, y que se puede extraer de la controversia generada por algunos golpes probablemente nada sutiles, pero sí bastante contundentes.

Durante la celebración de Halloween de 2018, Shaun White, triple medallista olímpico en una modalidad del snowboard, fue el centro de la polémica y tuvo que pedir disculpas por disfrazarse de Jack el Simple, el personaje con el que el protagonista de Tropic Thunder, típico héroe del cine acción, buscaba reciclar su carrera hacia papeles cazapremios, con el resultado de un rotundo fracaso de crítica y público. “Todo el mundo sabe que no hay que hacer de retrasado total”, le explicaba su compañero de reparto, ganador de cinco óscares, para aclararle cómo funcionan los gustos de la Academia norteamericana en cuanto a retratos de la discapacidad intelectual. Tal fue el revuelo con White, reprobado tanto por internautas como por entidades como por el comité de los paralímpicos estadounidenses, que incluso Ben Stiller tuvo que declarar que mantenía su disculpa por la película, ya boicoteada en su momento por idénticos motivos, y reiterar que la intención del gag “siempre fue la de burlarse de los actores que tratan de hacer lo que sea para ganar premios”.

En cambio, Tropic Thunder sí se llevó palmadas en la espalda en lo referente a la cuestión racial, centrada en ese reputadísimo actor de método australiano que profundiza tanto en sus roles que, en este caso, se somete a un tratamiento de pigmentación para meterse con mayor autoridad en la piel de un sargento afroamericano. Es, al tratarse de una parodia de esta parodia, uno de los pocos ejemplos considerados positivos del denominado ‘blackface’, esto es, blancos que interpretan negros pintándose la cara apropiándose de elementos ajenos que habitualmente despreciarían o perpetuando los correspondientes estereotipos.

           Pero Ben Stiller, que dirige Tropic Thunder y escribe su guion junto a Justin Theroux y Etan Cohen -no confundir con Ethan Coen, la importancia del orden de una letra muda-, también da muestras de inteligencia narrativa y sentido de la comicidad, como ocurre en la presentación de los personajes, zanjada de un hilarante plumazo a través de tres falsos tráilers y un anuncio -una especie de mezcla entre Tom Cruise y Sylvester Stallone; otra de Daniel Day Lewis y Russel Crowe; un tercero que podría pasar por primo de Chris Farley y, por último, el clásico rapero que trata de abrir paso a su fama desde un nuevo medio-.

           Haciendo palanca sobre lugares comunes y neurosis generales, el filme consigue mantener un nivel chispeante a lo largo de su desarrollo, que hacia el final cae en esa contradicción recurrente de tener que poner un espectacular punto y final recurriendo precisamente a aquello que se parodia. Por su parte, las estrellas invitadas aportan picante, en especial un desopilante y coprolálico Cruise.

De ese juego entre lo grueso y lo fino, entre la ridiculización y el homenaje, entre lo terrenal y lo divino del cine, Tropic Thunder obtiene un notable equilibrio para convertirse en una meritoria comedia.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 5,5.

Nota del blog: 7.

El cazador

27 Feb

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Año: 1978.

Director: Michael Cimino.

Reparto: Robert De Niro, Christopher Walken, Meryl Streep, John Savage, John Cazale, George Dzundza, Chuck Aspegren, Rutanya Alda, Pierre Segui, Ding Santos.

Tráiler

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            El cazador se cierra con un grupo de amigos entonando en un bar, entre lágrimas, el God Bless America, “Dios bendiga a América”. Los fotogramas se habían abierto en una factoría acerera situada en un enclave rural de Pennsylvania, en un pueblo prácticamente anónimo del corazón mismo de los Estados Unidos, poblado por esos ciudadanos de a pie que conforman la argamasa del país. Sus protagonistas, paradójicamente, se apellidan Vronsky, Chevotarevich o Pushkov, pero cuando al segundo le preguntan si se trata de un apellido ruso, él lo niega. Es un apellido americano. Tan americano como el honrado trabajo que entregan cada día, como su sacrificio en defensa de un estilo de vida que no admite injerencias comunistas desde ningún rincón del mundo, como la pervivencia de la huella de la cultura india o como la canción pop que canta Frankie Valli, otro tipo de apellido en absoluto anglosajón.

Por eso, las tradiciones de la comunidad, la anécdota compartida en confianza en lugares totalmente corrientes y los códigos consuetudinarios que rigen sus relaciones poseen en El cazador una mayor relevancia y atención en el relato que los hechos bélicos, en este caso de la Guerra de Vietnam. Porque esa vivencia cotidiana y común, ese pequeño universo afectivo donde el deber patriótico es solo un elemento más, es lo que otorga a los Estados Unidos, territorio conformado por la amalgama de múltiples de ascendencias, carta de nación.

            En este sentido, El cazador no es una obra esencialmente crítica con el conflicto en el sureste asiático -un peliagudo asunto al que Hollywood comenzaba por entonces a asomarse de nuevo después de haber sido ampliamente derrotado por el crudo realismo de los informativos de televisión-, sino que la guerra ejerce como contrapunto terrible y como violento punto de giro de los vínculos de los protagonistas, que de la mano del diablo -quien por supuesto tiene acento extranjero- llegan a dejar atrás, hasta literalmente, a amigos, familia y en definitiva cordura.

Esa es su concepción del trauma nacional. Las atrocidades, que en realidad solo tienen el rostro del enemigo declarado, están expuestas no tanto desde una perspectiva pacifista, sino para mostrar ese sacrificio al que se somete la juventud estadounidense, que deja unas heridas tan profundas que alcanzan incluso el hogar mismo y que, por tanto, son extremadamente difíciles de sanar.

Es decir, que el horror de El cazador no es el horror moral de Apocalypse Now, que un año después hará estallar verdadera y definitivamente Vietnam en las pantallas de cine. Aunque, en cualquier caso, su aparición es angustiosa y enfermiza, huérfana de la humanidad más elemental, con escenarios asfixiantes y de extrema tensión -cuya lograda transmisión es fruto en parte del arduo esfuerzo físico y psicológico de los actores, que redondean escenas fijadas en la memoria colectiva del séptimo arte-, o nocturnos, viciados y sudorosos aún en la línea de trinchera. Su contraste es absoluto con las precedentes escenas de caza en unas montañas imponentes y hermosas, que regalan imágenes trascendentes con el acompañamiento de música sacra, donde los protagonistas conmemoran un acto reverencial, místico, que crea entre ellos una unión espiritual, elevados incluso sobre sus compañeros, que en su vulgaridad convierten la ceremonia en parodia.

            Michel tiene la teoría de que al venado hay que matarlo de un único disparo. A Nick, el vietcong lo alcanzó en una pierna, pero no logró abatirlo. En El cazador, este retrato de la comunidad está atravesado por la desoladora impronta de una agonía trágica, que es la que impide que la herida que aflige a América logre sanar. Como se percibe en las notas elegíacas de la narración, es evidente que se ha perdido la inocencia -el conciliador Nick, amigo de sus amigos, comprensivo con los desaprensivos, pareja sonriente de la chica ideal-, aunque el dolor de la muerte aplazada niega la posibilidad de levantarse y emprender otra vez el camino, aun con las piernas mutiladas, aun este bagaje existencial que padece en común, cada uno a su manera, este pequeño mas simbólico grupo.

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Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 8.

Nota del blog: 8.

Mando perdido (Los centuriones)

12 Mar

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Año: 1966.

Director: Mark Robson.

Reparto: Anthony Quinn, Alain Delon, George Segal, Maurice Ronet, Claudia Cardinale, Michèle Morgan.

Tráiler

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          Mientras en la realidad exterior el Vietcong comenzaba a torcer a su favor la iniciativa de la Guerra de Vietnam, Mando perdido buceaba en los errores, las atrocidades y la inexorable derrota de los conflictos que recientemente, y aún por aquel entonces, los caducos imperios de la vieja Europa luchaban en unos territorios de ultramar inflamados de ardor anticolonialista.

Con el foco puesto en las cuitas de Francia en Indochina y Argelia, Mando perdido empotra además a un militar-historiador para proporcionar al espectador el juicio de la Historia, que es poco favorable para con el imperialismo occidental. Aunque, en una decisión que rebaja la tensión historicopolítica de la trama, el argumento traslada y resuelve estos asuntos desde una esfera individual, en un drama en el que quedan aprisionados un teniente coronel que afronta la última oportunidad de su carrera, el historiador que contempla con distancia crítica los acontecimientos y la tropa que, sin mayores consideraciones, se entrega a aquello que demanda sus vísceras.

          A partir de ahí, Mando perdido compone un escenario despedazado por múltiples e irreconciliables fracturas: la oposición entre colonizadores y colonizados -los antiguos hermanos de armas ahora enfrentados-, la imposibilidad de quebrantar los estamentos sociales -el hábil oficial de trinchera que se mueve como un pulpo en un garaje en los salones palaciegos-, la discusión entre el éxito marcial y el sentido de humanidad -las vistas gordas y los sapos por tragar en aras del cumplimiento de la misión-…

A medida que avanza la trama, la visión desencantada se cierne sobre el teniente coronel que encarna Anthony Quinn, contaminándolo de una ambigüedad sufriente y desesperada que es acorde a sus facciones, tan bastas como sensibles. Encarnación de la deriva de la guerra en barbarie, el relato lo aleja del hogar, de su naturaleza -la presentación bucólica y eufórica de la casa familiar; la destrucción del bastón-. Bajo la sombra de otros imperios perdidos y olvidados -la noción del Ozymandias de Percy Shelley que transmiten las ruinas romanas-, la suerte de los contendientes se dirime, pues, desde este punto de vista individual.

          El planteamiento es sugerente, aunque el drama no alcanza la debida potencia, en exceso rígido y con los dilemas del teniente coronel finalmente diluidos por la vorágine de esos mismos acontecimientos que condicionan su posición, paulatinamente relegado asimismo en favor del personaje de Alain Delon, más artificial.

El filme queda lastrado también por la falta de brío de sus escenas bélicas. El envejecimiento de su formulación queda en evidencia ante su comparación con ejemplos coetáneos como la furibunda La batalla de Argel, cuya fiereza queda enardecida, cabe reconocer, por las pavorosas resonancias contemporáneas de sus imágenes.

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Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 5,9.

Nota del blog: 6.

La chaqueta metálica

27 Oct

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Año: 1987.

Director: Stanley Kubrick.

Reparto: Matthew Modine, R. Lee Ermey, Vincent D’Onofrio, Arliss Howard, Kevin Major Howard, Adam Baldwin, Dorian Harewood, John Terry.

Tráiler

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          Apocalypse Now no era una película sobre la Guerra de Vietnam, sino que era la Guerra de Vietnam, insistía Francis Ford Coppola. Su textura alucinada abstraía el horror y transportaba a los personajes a un mundo casi alternativo, propio de una pesadilla nacida de la droga psicotrópica, de la malaria o de ambas. Su horror, pese a ser absolutamente inmersivo, posee esa distancia de separación, que es la que media entre la aberrante realidad y el sueño febril -y sin embargo siempre tan palpable y pegajoso, tan reconocible como producto del hombre-.

En La chaqueta metálica, Stanley Kubrick, autor de una enseña antibelicista como Senderos de gloria, se adentra en ese mismo horror de Vietnam. Pero, a pesar de un par de escenas nocturnas y gélidas en los barracones, acompañadas música de tétrico minimalismo, apenas registro sonoro -los puntos clave de la desolación moral de la obra-, el cineasta neoyorkino no concede al delirio de la masacre una entidad onírica, que se encuentre más allá de lo humano o de lo terrenal, que en cierta manera podría hasta verse como exculpatoria.

A partir de la novela de Gustav Hasford, veterano del conflicto, el cineasta dibuja una caricatura grotesca, semejante a la que se le podría ocurrir al recluta Bufón -periodista militar al igual que el autor del relato- con su pátina de humor negro y cínico con la que pasa por encima de los terribles hechos que presencia. Aunque esa caricatura tiene una firme base humana, que apunta a individuos infantilizados por un desvarío de épica y testosterona promocionado por intereses ajenos, incomprensibles e inescrutables; despersonalizados hasta encontrarse abandonados en medio de un juego o de una juerga que consiste en matar y follar.

          La estrategia puede considerarse oportuna, o cuanto menos a contracorriente, en vista de la reivindicación del excombatiente de Vietnam que se promulgaba desde la conservadora y belicista Administración de Ronald Reagan, impresa en fotogramas a través de multitud de filmes ambientados en el conflicto y donde destaca, en especial, la saga protagonizada por John Rambo y el uso que se realiza de su figura, transferida incluso al contexto coetáneo del Afganistán invadido por la Unión Soviética. Aunque, por otro lado, el muchacho estadounidense común mutado en ministro de la guerra también asomaba por el cine en otra cintas como Platoon, firmado por otro veterano, Oliver Stone.

En La chaqueta metálica, Kubrick corre el riesgo -y a mi juicio fracasa en buena medida- de que ese retrato satírico dote de una personalidad excesivamente deslumbrante a quien debería ser el mayor objeto de su crítica: un sistema castrense que basa su fuerza en la deshumanización del individuo, reducido a un impulso homicida que no cavila y que, por tanto no siente la duda ni el miedo. Porque lo que aniquila no es un fusil, sino un marine bien entrenado, con el corazón de piedra. Y ese sistema brutal está personificado precisamente por el autor de dicha sentencia, el sargento mayor Hartman (R.Lee Ermey, haciendo algo parecido a su anterior ocupación como instructor militar). Y resulta imposible no admirar su capacidad para encadenar insultos ingeniosos, por más que el director lo envuelva en un contexto absurdo y, en su presentación, lo siga a través de un escenario desangelado, frío, sin siquiera banda sonora.

La prueba es que, al igual que sucede con el Gordon Gekko de Wall Street, el sargento mayor Hartman es quien realmente ha dejado su impronta en la memoria colectiva del séptimo arte y se ha transformado en un icono no necesariamente negativo, sino más bien ‘cool’.

          Después del fundido a negro que divide el relato entre el proceso instrucción y la puesta en práctica sobre el campo de batalla, quizás tampoco termina de ser completamente efectivo el lavado de cerebro del recluta Bufón -su definitiva conversión en el John Wayne de Boinas verdes-, en exceso sostenido y escondido tras su guasa. Acaso Kubrick podría haber retratado la acción con un contrapunto de mayor crudeza, la cual no consigue obtener mediante los ralentís peckinpackianos y el lenguaje descarnado, pretendidamente ofensivo.

Sea como fuere, durante esta segunda mitad –un tanto más convencional y menos punzante en su expresión– los guerreros, perdidos en el absurdo marcial y moral, miran al espectador como si fuese un cuerpo moribundo, sometido a la cerrilidad de una institución, el Ejército, responsable de la eterna miseria del ser humano. Senderos de gloria ya lo había ubicado, en su desenlace, entre los rostros del público que asistía un infame y humillante cabaret. Aquí, en otro rotundo colofón, lo invita a marchar al son de la marcha de El club de Mickey Mouse, mientras avanza entre el olor a cadáveres y las llamas de una ciudad arrasada, y piensa en el polvo que echará al regresar a casa.

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Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 8,2.

Nota del blog: 7,5.

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