Tag Archives: Viaje espacial

Guardianes de la galaxia

7 Ene

“¡Los vengadores son como los Beatles, pero los Guardianes son como los Rolling Stones!”

James Gunn

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Guardianes de la galaxia

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Guardianes de la galaxia.

Año: 2013.

Director: James Gunn.

Reparto: Chris Pratt, Zoe Saldana, Bradley Cooper, Dave Bautista, Vin Diesel, Lee Pace, Michael Rooker, Karen Gillan, Djimon Hounsou, John C. Reilly, Glenn Close, Benicio del Toro, Josh Brolin.

Tráiler

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           Es diametral la divergencia cinematográfica entre los superhéroes de DC ComicsBatman, Supermany la MarvelSpiderman, Los vengadores, Guardianes de la galaxia,…-, condenada a perpetuarse ad eternum por medio de prolongaciones correlativas ya anunciadas para los próximos cinco años. La primera, nocturna y torturada, de acuerdo con los preceptos del héroe trágico impuestos por la trilogía batmaniana de Christopher Nolan. La segunda, solar, desenfadada y autoconsciente, de acuerdo con la magnética personalidad asimilada por el Tony Stark de Iron Man y definitivamente canonizada por Joss Whedon en Los vengadores.

Aunque la ambiciosa primera variante ha arrojado resultados realmente estimables –la arrolladora El caballero oscuro como máximo exponente-, el triunfo popular parece inclinarse, posiblemente con razón, hacia esta segunda, responsable de productos de entretenimiento tan disfrutables como esa Los vengadores antes mencionada. Menos pretenciosa en lo dramático, igual de desopilante y excesiva en la recreación informática de su imaginario, más amigable para los profanos de la viñeta como un servidor.

           En la escena que abre Guardianes de la galaxia –justo después de la inevitable introducción donde aparece el tradicional trauma motivador del héroe-, Peter Quill, protagonista de la función, desfila por un abrumador escenario cósmico armado con un walkman ochentero y la melodía de Come and Get Your Love en sus auriculares. Improvisando en su festivo bailoteo, atrapa a una agresiva criatura extraterrestre para blandirla como micrófono mientras asesta rítmicos golpes de pelvis. De inmediato queda fijada la personalidad del personaje y, en paralelo, el tono del filme.

Nos encontramos en resumen ante un héroe intergaláctico canalla, vacileta y bailongo, interpretado además por un tipo relativamente común y simpaticote como Chris Pratt –dejando de lado su nueva y portentosa musculatura- y que, con su nostalgia de la música, la cultura y el lenguaje popular de los ochenta, persigue sin disimulo la complicidad de un espectador identificado con unos gustos probablemente similares a los suyos. Es decir, como si La guerra de las galaxias estuviera protagonizada no por Luke Skywalker, sino por un Han Solo que luce cintas de Los Bravos y Alaska y los Pegamoides en el radiocasete de su Halcón Milenario.

           Guardianes de la galaxia aspira a establecer un fino equilibrio entre los códigos del cómic –la cicatriz emocional sin cerrar, la conversión del renegado en héroe o cuanto menos antihéroe responsable, la amenaza planetaria, el sacrificio personal- y la conveniente desmitificación de estos tópico sobados –la autoparodia a golpe de torpeza y anacronismo, el homenaje cultural, el insólito guiño cinematográfico, los cameos sorprendentes, los codacitos para iniciados en el cómic-.

Así, entre otros numerosísimos gags organizados en una amplia escala que va desde la cachonda socarronería hasta el infantilismo total, Guardianes de la galaxia puede permitirse la inclusión de agradecidos chistes a costa del ‘heroico’ Kevin Bacon, Howard el Pato o la perrita Laika –aunque leo decepcionado que es un personaje de la serie: el perro soviético Cosmo-. Son estos los que, al final, sostienen el filme ejerciendo de contrapeso frente a una trama muy justa de imaginación –lástima que el discurso se alíe con la línea política oficial americana en vez de ser auténticamente subversiva como Iron Man 3 y su villano-.

Un libreto elemental que, además, queda expresado en pantalla por aplastamiento digital y no tanto por talento visual o por la coreografía de las correspondientes batallas épicas, culmen del abigarramiento de unos efectos especiales solo digeribles debido a su clásico y muy asequible sostén narrativo.

           La película se fundamenta en definitiva en el carisma de sus personajes. La falta de gravedad desactiva cualquier aspiración pretenciosa que, de existir, hubiera condenado sin remedio a la cinta, como tantas veces ha sucedido en un género por lo general cortado por patrones demasiado estrictos y repetitivos. De este modo, Guardianes de la galaxia sobrevive y divierte sin miramientos, si bien jugando con una caricatura gamberra que no sé hasta qué punto considerarán respetuosa y admisible los devotos de los tebeos originales.

 

Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 6,5.

Interstellar

20 Nov

“Uno de los problemas universales de los directores es que después de una gran película intentan superarlo y normalmente se caen de bruces. Yo sigo esta regla: cuando consigues un éxito haz después una película barata, relájate tres o cuatro semanas mientras preparas otra historia. Normalmente, en mi opinión, las películas pequeñas son siempre las mejores.”

John Ford

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Interstellar

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Interstellar.

Año: 2014.

Director: Christopher Nolan.

Reparto: Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Mackenzie Foy, Jessica Chastain, Matt Damon, David Giasy, Wes Bentley, Casey Affleck, Thopher Grace, John Lithgow, Michael Caine, Ellen Burstyn.

Tráiler

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            Uno de los principales argumentos que suelen esgrimir los detractores de Christopher Nolan para desacreditar su éxito es la acusación de que sus obras son demasiado mecánicas, estudiadas, frías. De que, detrás de ellas, se ve el cerebro que las compone. Personalmente, a pesar de que por lo general disfruto mucho con el cine de Nolan, me parece que es una imputación acertada. Pero no me importa en absoluto que al mecano de Memento, El caballero oscuro y Origen, tres impresionantes ejemplos de cine lúdico, se le intuyan las piezas y las junturas que las mueven, porque están bien engrasadas, no chirrían y poseen un extraordinario vigor y agilidad. Como juego, indiferentemente de su tamaño, en este caso en progresivo y amenazador crecimiento –tanto que en Origen el realizador británico ya consideraba necesario leer al espectador un manual de instrucciones para seguir el desarrollo de la propuesta-, estas tres muestras apabullan con su capacidad de diversión. Le clavan a uno en la butaca como pocas películas lo consiguen.

            Interstellar es otra cosa. Nolan, quizás demasiado consciente de reivindicarse como cineasta ‘serio’, ‘trascendente’ y por tanto importante, trata de ir un paso más allá de lo propuesto en Origen con el objetivo de avanzar en su despegue del blockbuster de entretenimiento –mucho más elaborado que la media, pero de consumo preeminentemente popular al fin y al cabo-, lo que, aquí, significará adentrarse en las profundidades del universo y del ser humano. En el salto, sus defectos como creador se acentúan; las costuras de sus filmes se ensanchan. Ambientada en un planeta exhausto que se extingue a la par que las formas de vida que alberga, el meollo de Interstellar reside en dirimir la esencia del hombre: materia que envuelve una mente racional y, no menos relevante, una marejada de percepciones extrasensoriales, instintos premonitorios, creencias metafísicas y ligazones emocionales que, en parte y por ahora, escapan a los porqués de la biología y sin embargo constituyen el fundamento de la existencia. O, al menos, aquello por lo que merece la pena vivir.

Un tema íntimo e introspectivo difícil de abordar desde una producción de semejantes proporciones presupuestarias, de escenario y de metraje, porque, en un resumen un poco precipitado -y dejando de lado el concepto aquí quasiliteral de odisea homérica-, Interestelar acaba recordando más a Señales que a la excesivamente citada 2001: Una odisea del espacio. Para fijarse y enmarcar el detalle que particulariza al homo sapiens, para fotografiar la sutileza sentimental intrínseca a su ser, Nolan construye un ostentoso telescopio de kilómetros de diámetro, instalado en un circo de cinco pistas y con un grandioso orfeón animando una galería de imágenes concebidas para empotrar a la platea en sus respaldos a golpe de impacto visual. Un coloso abotargado, inmodesto, demasiado ampuloso y forzadamente solemne, en definitiva.

A causa del enrevesamiento físico de la trama –que implica viajes espaciales a través de agujeros negros y la exploración de hasta ¡cinco! dimensiones que permiten incluir artimañas de guion más que dudosas- y, lo que es peor, para guiar al público en el desarrollo dramático del filme, Nolan reincide y abunda sin mesura en el abuso explicativo y verbalizador. El cineasta británico quiere dejar tan claro su alegato –monólogos a corazón abierto como el de Anne Hathaway como paradigma-, que el conjunto, en vez de acentuar ese pretendido poder conmovedor de la película, provoca que ésta aparezca todavía más mecanizada, fría e incluso predecible en su rebuscamiento final.

            No obstante, esta eterna persecución del equilibrio entre raciocinio y sentimiento como definición y tabla de salvación de la especie –los contrastes en la comprensión y las reacciones ante su entorno de Cooper, Brand y Mann, distintos “modelo ejemplares” de la humanidad-, permite extraer de Interstellar subtramas y debates más afortunados. En especial, el que proporciona esa visión profética de un mundo enfermo y exangüe retratado con resabios de Las uvas de la ira -en el temible dust bowl y los ecos de la Gran Depresión funcionan como claros  antecedentes de la tragedia económica contemporánea- y que ultima sus días bajo el desacuerdo entre el inmovilismo de las políticas terrestres y la audacia de la fe en el progreso científico –la dicotomía entre el hombre precavido y el hombre temerario, ambos potencialmente peligrosos en su extremo-. Desde esta perspectiva emanaría una discusión pertinente –aunque luego difuminada- en estos mismos días en los que se apela al gasto de investigaciones extraterrestres clamando por unas injusticias mundiales en que son independientes de éste y otras inversiones –siempre cabe citar el discurso del comprometido Sam Seaborn en El ala Oeste de la Casa Blanca en defensa la exploración espacial-. O, si se acude a un territorio más cercano, en estos días de recortes en I+D+i en aras de no se sabe bien qué difusas cuestiones nacionales.

 

Nota IMDB: 9.

Nota FilmAffinity: 8.

Nota del blog: 6.

El planeta de los simios

27 Jul

“No se puede sobrepasar a nadie cuando se le siguen los pasos.”

François Truffaut

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El planeta de los simios

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El planeta de los simios (2001).

Año: 2001.

Director: Tim Burton.

Reparto: Mark Wahlberg, Helena Bonhan Carter, Tim Roth, Estella Warren, Paul Giamatti, Michael Clarke Duncan, Cary-Hiroyuki Tagawa, David Warner, Kris Kristofferson, Charlton Heston.

Tráiler

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            En 1968, la nave espacial de George Taylor, quien había revelado en el prólogo su carácter cínico y desencantado, se estrellaba contra las profundidades del monumental lago Powell. En 2001, la navecilla de exploración de Leo Davidson, quien había revelado en el prólogo su carácter heroico y honesto, impacta contra una fétida lagunilla.

Estas dos presentaciones y escenarios iniciales sirven de metáfora para resumir las diferencias de calidad entre sendas versiones de El planeta de los simios.

            La idea de resucitar la saga daba vueltas por los grandes estudios desde finales de los ochenta, con un millar de ideas distintas y numerosos nombres de prestigio implicados. Pero, ¿era necesario realizar un remake de la inmortal El planeta de los simios, una obra que perduraba igual de sorprendente, absorbente y estremecedora más de tres décadas después de su estreno?

El productor Richard D. Zanuck, uno de los hombres clave en la elaboración de este filme primigenio, debió pensar que sí. Tim Burton, uno de esos cineastas de mentalidad juguetona, talentosa y ‘peterpanesca’ que han encontrado en Hollywood su afortunado patio de recreo, creyó que también. Y, por si fuera poco, consideró además que podría llevarse el proyecto a su terreno, a partir de una “reimaginación” que trasladaba el planeta dominado por los primates hasta su universo siempre gótico, en perpetuo ejercicio de equilibrio entre lo naif y lo siniestro -sensibilidad propia que, en opinión de un servidor, parece en principio poco propicia para el cariz de la franquicia-. Por supuesto, esta “reimaginación” personal cederá el inevitable espacio anecdótico al regalo de guiños arrobados hacia su predecesora, por lo general ñoños y afectados –mención aparte merece el un tanto bochornoso cameo, frase legendaria incluida, de Charlton Heston-.

Finalmente, los hechos demostrarían un importante error de cálculo en las elucubraciones de Zanuck y Burton, que dará lugar a una película más bien mediocre, a un notable éxito de taquilla y al comienzo del aparente declive artístico del cineasta californiano.

            El planeta de los simios propuesto por Burton ofrece lo esperable en el siglo XXI: la impresionante modernización del ya de por sí excelente maquillaje de la original –también pareja a un considerable aumento del presupuesto-, a lo que se añade el fascinante diseño de producción marca de la casa. Una mejora que es esencialmente cosmética pero que permite al realizador describir la sociedad simia de manera más individualizada en lo físico y lo psicológico en comparación con un original que, aunque ajeno a monocromías, apuntaba su retrato alegórico sobre todo hacia la fuerte estratificación social y mental de la cultura simia.

Paradójicamente -y esto es un rasgo que hay que alabar en la versión de Schaffner-, el reflejo empañado y deforme que la presente arroja de la sociedad humana es sin embargo tibio y endeble, por sencillo y gráfico, apoyado además sobre unos personajes que tampoco son un dechado de complejidad –en efecto, algunos de ellos presentan mutaciones de motivación raudas y poco justificadas- y que posibilitan comprobar que Tim Roth puede resultar sobreactuado hasta en la piel de un chimpancé.

Así pues, el drama deja a su paso un buen puñado de tópicos bastante sobados y molestos, defecto que será patente todavía en mayor grado en la parte de acción épica. Tres frases obvias y sin pegada, en definitiva, insertadas de manera más o menos forzosa dentro de un espectáculo pirotécnico probablemente más adaptado al gusto de un Zanuck que, en una muestra de pavorosa ingenuidad, de sibilino disimulo o de simple mentira autoinducida, siempre rechazó que El planeta de los simios fuese una película con lectura política.

            Decepcionante en su conjunto, Burton recrea un El planeta de los simios dolorosamente innecesario, intrascendente en su mayor parte y que encuentra como mejor baza su vertiente de entretenimiento ligero y visualmente poderoso.

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Nota IMDB: 5,7.

Nota FilmAffinity: 5.

Nota del blog: 5,5.

Estrella oscura

12 Dic

Inaugurando el especial John Carpenter (vol.1), en Cine Archivo.

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After Earth

9 Nov

“Siempre soñé con tener el estilo de vida que se refleja en la serie Dallas, donde todos se mantenían unidos trabajando alrededor del negocio familiar.”

Will Smith

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After Earth

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After Earth.

Año: 2013.

Director: M. Night Shyalaman.

Reparto: Jaden Smith, Will Smith, Zoë Kravitz, Sophie Okonedo.

Tráiler

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            De vez en cuando, si me porto bien, mis sufridos progenitores tienen el detalle de regalarme películas por mi cumpleaños. A Jaden Smith le sucede lo mismo: su padre Will le regala películas. No para que las vea una y otra vez recluido en su cuarto, sino que las protagonice él mismo y de esta manera construya su propia vida de estrella de Hollywood. Primero fue el ‘remake’ de Karate Kid, luego su primera aventura de ciencia ficción postapocalíptica, After Earth.

No obstante, poco debe confiar el bueno de Will en el potencial de su hijo si en este caso ha decidido arropar a su primogénito acompañándolo con su presencia en la pantalla, sólido baluarte para la taquilla y posible tutoría artística sobre el escenario –cometido paralelo al de su personaje, una especie de conciencia en holograma como el Jor-el de Supermán-. A ello se le suma la adjudicación del encargo a M. Night Shyamalan, otrora gran esperanza del cine fantástico y de misterio y ahora cineasta a la deriva en medio de una reciente trayectoria errática a causa de la cual no le conviene hacer ascos en modo alguno a una cinta alimenticia y con, en principio, buenos augurios de cara a la recaudación.

            La premisa que vertebra el argumento es un clásico del cine adolescente: el rito de paso de un niño que se reivindica ante la ausente figura paterna y ante sí mismo por medio de la superación de sus traumas e inquietudes infantiles. Es significativo que, para acabar con el terrible monstruo que lo acosa, Jaden Smith deba aprender a superar el miedo, debilidad de la que precisamente se alimenta la bestia.

Es decir, que se trata de la versión épica de atreverse a dormir con la luz apagada, ni más ni menos.

            After Earth cuenta con un elaborado diseño de producción, pero el entusiasmo que despierta en el espectador es casi nulo. Ni siquiera un decorado de fondo apasionante para un servidor, el de los sorprendentes caminos de la evolución en una Tierra después del hombre –recomiendo aquí la estimulante serie documental Futuro salvaje-, o la igualmente atractiva aparición de Zoë Kravitz, consiguen poner un punto de estímulo o distinción que eleve a la película por encima de la categoría de espectáculo intrascendente o mero vehículo de lucimiento de su estrella en ciernes.

Will Smith, contenido y sutil en sus gestos, realiza un encomiable esfuerzo en su actuación, meta interpretativa deseable para un chaval al que, por el contrario, todavía le faltan unas cuantas tablas.

             Ni emocionante, ni particularmente aburrida, After Earth simplemente pasa sin molestar ni dejar huella ninguna.

 

Nota IMDB: 5.

Nota FilmAffinity: 4,5.

Nota del blog: 5.

John Carter

7 Nov

“Hubo un tiempo en que todo lo que buscaba era una buena historia. Pero, ahora, todo tiene que parecer del tamaño del Monte Rushmore y con los actores en primer plano.”

Fritz Lang

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John Carter

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Año: 2012.

Director: Andrew Stanton.

Reparto: Taylor Kitsch, Lynn Collins, Samantha Morton, Willem Dafoe, Dominic West, Mark Strong, Ciarán Hinds, James Purefoy, Thomas Haden Church, Daryl Sabara.

Tráiler

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            En este occidente en el que el Facebook y el Twitter han pulverizado las fronteras de tiempo y el espacio, el boca-oreja se convierte en un ejercicio de masas. Aunque los grandes estudios se cuidan bien de controlar la incidencia de las redes sociales, incluso desarrollando estrategias para crear corrientes de opinión artificiales, la fragilidad de sus productos queda de manifiesto, precisamente, en aquellos más expuestos al público generalista: los ambiciosos y ultrampomocionados blockbusters.

John Carter, ciclópea apuesta de la todopoderosa Disney para el curso 2012, es la demostración de como se puede hundir la recaudación a través de la aparición y difusión de una tendencia vía internet; un ejemplo renovado y actualizado de ese sano arte cíclico del público de dar la espalda a las obras faraónicas del cine (Cleopatra, fin del Hollywood clásico; La puerta del cielo, acta de defunción del Nuevo Hollywood,…), acaso consideradas ruines en estos tiempos de crisis y recortes.

            Ese concepto de fracaso antes de nacer pesa demasiado sobre una película que, sin ser una maravilla, no es tampoco una demostración de cine comercial mal entendido. Es cierto que su presentación publicitaria apuntaba a unas pretensiones de por sí megalómanas, focalizadas en la espectacularidad de la recreación tridimensional –un recurso prometedor que se ha convertido en un auténtico vendehúmos, con el riesgo de desgastar sus incipientes posibilidades- del Planeta Rojo; una promesa de sobrecogedores fuegos especiales que acostumbra a ser una mala señal, por la primaciía de lo superfluo sobre lo esencial.

Vista con cierta distancia, John Carter pasa por ser un ejercicio de aventuras casi más clásico –es decir, con menos épica de la que se pretende en este imperio tiránico del CGI que rutinario, sin excesivos alardes más allá de su cacareada espectacularidad, pero que en ningún momento resulta fría, sino que goza de un disfrutable sentido aventurero, favorecido más que probablemente por el respeto al atractivo de su original, la exitosa y centenaria serie de novelas firmada por Edgar Rice Borroughs Una princesa de Marte, que relata el viaje espacial de un descreído combatiente de la Guerra de Secesión estadounidense hasta el planeta Marte, desgarrado y al borde de su consunción definitiva también por un conflicto bélico.

            El guion de Michael Chabon, Mark Andrews y Andrew Stanton, firmante de algunos de los principales éxitos de Pixar -y con ello del cine contemporáneo-, acumula no pocos arquetipos y tópicos bienintencionados, también factores de la epopeya clásica –más allá del ineludible enfrentamiento entre el bien y el mal, son sobre todo la deuda emocional del héroe, al que su redención le empuja a abandonar su forzado autoexilio de cínica neutralidad, o la reivindicación del marginado y la tolerancia-, y se apunta a la nota ecologista de otro mastodonte del 3D reciente como Avatar -que, aun estando muy bien narrada, tampoco era un prodigio de originalidad-, pero no cae en el infantilismo, mantiene un ritmo aceptable y dota a su acertada realización de puntuales muestras de talento –el fragmentado interrogatorio inicial por ejemplo- y un entrañable aire de hipertrofiada serie B.

Agradables virtudes estas que logran imponerse a otros aspectos más negativos del filme como la superficialidad de buena parte de la trama y diálogos –con, de nuevo, puntuales detalles jugosos como la imagen de la guerra como expresión natural de casi toda forma de vida o esos entes etéreos que se alimentan de la destrucción del mundo- o el escaso encanto de su protagonista, Taylor Kitsch -hundiendo su asalto estrellato con ésta y Battleship-; cabeza de un reparto en el que en general prima un discreto trabajo interpretativo, a pesar de que abunden rostros conocidos de la HBO como Hinds, Purefoy o Dominic ‘Jimmy McNulty’ West, bastante pasado de rosca en el papel de villano en bruto instrumentalizado por el verdadero mal.

             Una aventura simpática y bastante apañada al que le pasó factura esa pretensión de ser venida a más. Y un proceso promocional fracasado.

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Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 5,5.

Nota del blog: 6,5.

Heavy Metal

29 Sep

“Cada vez que ellos hacen una película porno, yo hago dinero.”

Walt Disney

 

 

Heavy Metal

Año: 1981.

Director: Gerald Potterton.

Reparto (V.O.): Percy Rodrigues, Richard Romanus, John Candy, Eugene Levy, Alice Playten, Vlast Vrana.

Tráiler

 

 

            No todo va a ser Disney. La animación occidental para adultos –el manga siempre tuvo más desparpajo- existe. Es un medio válido para relatar tanto historias profundas –Cuando el viento sopla, Vals con Bashir, Persépolis, Arrugas,…- como para la diversión intrascendente o gamberra, como Heavy Metal.

            Heavy Metal presenta una recopilación de seis historias cortas, paridas por la mente de otros tantos grupos de historietistas y las manos de más de mil dibujantes de varios países, y que encuentra como nave nodriza una revista de cómics independiente canadiense –de origen francés- titulada de la misma manera. Tan solo dos, Harry Canyon y Taarna son creaciones originales.

También se percibe, no obstante, la influencia del cine fantástico de la naciente década de los ochenta, marcada por La guerra de las galaxias y Conan el bárbaro. El lejano espacio exterior y la espada y brujería. Espacios perdidos en el tiempo; tiempos perdidos en el espacio.

              En realidad, el hilo conductor, más que ese leitmotiv del Mal absoluto encarnado por el Loc-nar -una esfera extraterrestre de color verde, narrador oficioso de la cinta-, es la irreverencia de sensibilidad orgullosamente masculina. Es éste el cajón de sastre que da cabida a relatos de noir futurista, dimensiones paralelas, ciencia ficción espacial, steampunk con zombis de la Segunda Guerra Mundial, chicas voluptuosas, robots salidos, extraterrestres morfinómanos y aventuras barbáricas con un toque de spaghetti-western.

            De este modo, la coherencia en el ensamblaje de las piezas tampoco importa mucho, y algunos de estos episodios ni siquiera están demasiado elaborados –se dirían simples apuntes de una historia que no se concreta finalmente en nada, ni lo pretenden- y no logran pasar de un entretenimiento juvenil y desenfadado sin mayor pretensión que una juerga de sexo, drogas y rock & roll en dos dimensiones.

            Pero, al mismo tiempo, además del buen ritmo que asegura la variación constante y la diversidad de estilo y temática sus relatos, es ese carácter heterodoxo y libérrimo, con el espíritu de su matriz en papel, alejado de toda pomposidad e ínfula, lo que convierte a Heavy Metal en una obra refrescante y divertida, con un adorable encanto.

 

Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 6,5.

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