Tag Archives: Universo

Coherence

20 Ene

“El humor es tan solo otra defensa más contra el universo.”

Mel Brooks

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Coherence

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Coherence.

Año: 2013.

Director: James Ward Byrkit.

Reparto: Emily Baldoni, Maury Sterling, Nicholas Brendon, Elizabeth Gracen, Alex Manugian, Lauren Maher, Hugo Armstrong, Lorene Scafaria.

Tráiler

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            Si una ciencia a priori anticinematográfica como las matemáticas construían el armazón argumental de Pi, fe en el caos, en Coherence es nada menos que la compleja física cuántica la que proporciona una teoría científica -la paradoja del gato de Schrödiger y la existencia de realidades paralelas- encargada de sustentar el argumento de la función.

Pero el filme no trascenderá de esta original idea –o, más bien, no sabrá cómo hacerlo-.

            Coherence presenta a un grupo de ocho amigos que cenan distraídamente bajo el vuelo de un cometa misterioso al que se atribuyen enigmáticas propiedades capaces de influir en la percepción y el comportamiento humano. El cometa es por tanto el agente desencadenante de lo que estos sujetos, cortados todos ellos por estereotipos predefinidos, interpretan como una versión en vivo y en directo de la teoría de Schrödiger, de acuerdo con las enseñanzas que extraen de los apuntes de un manual de física convenientemente enviado por el hermano de uno de ellos, de profesión científico extravagante.

Cierto es que, de inicio, Coherence logra crear un notable estado de tensión a partir de estas advertencias sobre las confusiones emocionales y psicológicas, pero éstas se disuelven en cuanto uno trata de ponerse en la piel de cualquiera de los personajes. Sobre todo si, como es el caso de un servidor, se tiene el sarcasmo y el desdén como rasgo definitorio de la personalidad. Verme enfrentado ante un yo paralelo solo conduciría a la comedia. Como, cabe decir, también conduce la mayoría de las decisiones que los desdichados amigos irán adoptando a lo largo del metraje. ¿Tan difícil es saludarte educadamente a ti mismo a través de las dimensiones y entablar una conversación animada sobre las cachondas complejidades del universo?

            El debutante James Ward Byrkit intenta dotar de verosimilitud y suspense a la cinta con una puesta en escena que, contradictoriamente, es prototípica del terror realista contemporáneo, que explota hasta la saciedad el recurso del metraje encontrado: imágenes inquietas grabadas cámara al hombro, encuadres y enfoques imperfectos, cortes bruscos de montaje herederos de la técnica de videoaficionado,… Es en vano. La premisa y sus posibilidades se agotan sin remedio, siempre dependientes del frágil hilo que constituye esa especulación científico-metafísica cuya esencia ha de ser continuamente explicada.

El libreto pretende además introducir con escasa relevancia una pálida reflexión sobre la naturaleza de la identidad humana y la incidencia de la toma de decisiones en su configuración y evolución, asunto en el que Las vidas posibles de Míster Nobody ya había indagado con mayor profusión –al igual que la coetánea Interstellar abundaba con más ambición y lustre presupuestario en ese viaje farragoso a través de las múltiples dimensiones espaciotemporales-.

            En cualquier caso, sus esfuerzos son inútiles. Coherence no sabe rebajar la inconveniente solemnidad de un guion al que termina resultado difícil tomar en serio. Sobre todo si, además, se permite el lujo de incluir un remate infantil y efectista sin importarle que éste traicione sus propios principios.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 4.

Interstellar

20 Nov

“Uno de los problemas universales de los directores es que después de una gran película intentan superarlo y normalmente se caen de bruces. Yo sigo esta regla: cuando consigues un éxito haz después una película barata, relájate tres o cuatro semanas mientras preparas otra historia. Normalmente, en mi opinión, las películas pequeñas son siempre las mejores.”

John Ford

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Interstellar

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Interstellar.

Año: 2014.

Director: Christopher Nolan.

Reparto: Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Mackenzie Foy, Jessica Chastain, Matt Damon, David Giasy, Wes Bentley, Casey Affleck, Thopher Grace, John Lithgow, Michael Caine, Ellen Burstyn.

Tráiler

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            Uno de los principales argumentos que suelen esgrimir los detractores de Christopher Nolan para desacreditar su éxito es la acusación de que sus obras son demasiado mecánicas, estudiadas, frías. De que, detrás de ellas, se ve el cerebro que las compone. Personalmente, a pesar de que por lo general disfruto mucho con el cine de Nolan, me parece que es una imputación acertada. Pero no me importa en absoluto que al mecano de Memento, El caballero oscuro y Origen, tres impresionantes ejemplos de cine lúdico, se le intuyan las piezas y las junturas que las mueven, porque están bien engrasadas, no chirrían y poseen un extraordinario vigor y agilidad. Como juego, indiferentemente de su tamaño, en este caso en progresivo y amenazador crecimiento –tanto que en Origen el realizador británico ya consideraba necesario leer al espectador un manual de instrucciones para seguir el desarrollo de la propuesta-, estas tres muestras apabullan con su capacidad de diversión. Le clavan a uno en la butaca como pocas películas lo consiguen.

            Interstellar es otra cosa. Nolan, quizás demasiado consciente de reivindicarse como cineasta ‘serio’, ‘trascendente’ y por tanto importante, trata de ir un paso más allá de lo propuesto en Origen con el objetivo de avanzar en su despegue del blockbuster de entretenimiento –mucho más elaborado que la media, pero de consumo preeminentemente popular al fin y al cabo-, lo que, aquí, significará adentrarse en las profundidades del universo y del ser humano. En el salto, sus defectos como creador se acentúan; las costuras de sus filmes se ensanchan. Ambientada en un planeta exhausto que se extingue a la par que las formas de vida que alberga, el meollo de Interstellar reside en dirimir la esencia del hombre: materia que envuelve una mente racional y, no menos relevante, una marejada de percepciones extrasensoriales, instintos premonitorios, creencias metafísicas y ligazones emocionales que, en parte y por ahora, escapan a los porqués de la biología y sin embargo constituyen el fundamento de la existencia. O, al menos, aquello por lo que merece la pena vivir.

Un tema íntimo e introspectivo difícil de abordar desde una producción de semejantes proporciones presupuestarias, de escenario y de metraje, porque, en un resumen un poco precipitado -y dejando de lado el concepto aquí quasiliteral de odisea homérica-, Interestelar acaba recordando más a Señales que a la excesivamente citada 2001: Una odisea del espacio. Para fijarse y enmarcar el detalle que particulariza al homo sapiens, para fotografiar la sutileza sentimental intrínseca a su ser, Nolan construye un ostentoso telescopio de kilómetros de diámetro, instalado en un circo de cinco pistas y con un grandioso orfeón animando una galería de imágenes concebidas para empotrar a la platea en sus respaldos a golpe de impacto visual. Un coloso abotargado, inmodesto, demasiado ampuloso y forzadamente solemne, en definitiva.

A causa del enrevesamiento físico de la trama –que implica viajes espaciales a través de agujeros negros y la exploración de hasta ¡cinco! dimensiones que permiten incluir artimañas de guion más que dudosas- y, lo que es peor, para guiar al público en el desarrollo dramático del filme, Nolan reincide y abunda sin mesura en el abuso explicativo y verbalizador. El cineasta británico quiere dejar tan claro su alegato –monólogos a corazón abierto como el de Anne Hathaway como paradigma-, que el conjunto, en vez de acentuar ese pretendido poder conmovedor de la película, provoca que ésta aparezca todavía más mecanizada, fría e incluso predecible en su rebuscamiento final.

            No obstante, esta eterna persecución del equilibrio entre raciocinio y sentimiento como definición y tabla de salvación de la especie –los contrastes en la comprensión y las reacciones ante su entorno de Cooper, Brand y Mann, distintos “modelo ejemplares” de la humanidad-, permite extraer de Interstellar subtramas y debates más afortunados. En especial, el que proporciona esa visión profética de un mundo enfermo y exangüe retratado con resabios de Las uvas de la ira -en el temible dust bowl y los ecos de la Gran Depresión funcionan como claros  antecedentes de la tragedia económica contemporánea- y que ultima sus días bajo el desacuerdo entre el inmovilismo de las políticas terrestres y la audacia de la fe en el progreso científico –la dicotomía entre el hombre precavido y el hombre temerario, ambos potencialmente peligrosos en su extremo-. Desde esta perspectiva emanaría una discusión pertinente –aunque luego difuminada- en estos mismos días en los que se apela al gasto de investigaciones extraterrestres clamando por unas injusticias mundiales en que son independientes de éste y otras inversiones –siempre cabe citar el discurso del comprometido Sam Seaborn en El ala Oeste de la Casa Blanca en defensa la exploración espacial-. O, si se acude a un territorio más cercano, en estos días de recortes en I+D+i en aras de no se sabe bien qué difusas cuestiones nacionales.

 

Nota IMDB: 9.

Nota FilmAffinity: 8.

Nota del blog: 6.

La fuente de la vida

19 Sep

“La muerte no es más que otra etapa.”

Greta Garbo

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La fuente de la vida

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La fuente de la vida.

Año: 2006.

Director: Darren Aranofsky.

Reparto: Hugh Jackman, Rachel Weisz, Ellen Burstyn, Mark Margolis, Stephen McHattie, Fernando Hernández, Cliff Curtis, Sean Patrick Thomas, Donna Murphy, Ethan Suplee.

Tráiler

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            Emulando el hastío de Andrei Tarkovsky, materializado en Solaris, Darren Aranofsky, a quien nunca han importado las acusaciones de pretenciosidad, concebiría La fuente de la vida con el ambicioso objetivo de crear una película de ciencia ficción que no dependiese de parámetros como la tecnología y los escenarios futurísticos, sino que abordase cuestiones íntimas y eternas como la relación del ser humano con la muerte y lo trascendente.

            La fuente de la vida plantea el secular e infinito enfrentamiento entre el hombre y la muerte y el poder del amor como antídoto contra este destino inapelable. Su discurso se organiza a través de tres planos paralelos: un conquistador español en busca del árbol de la vida bíblico, un alquimista cósmico y un oncólogo del presente. En efecto, las tres son solo emanaciones fantásticas de esta última dimensión, protagonizada por el investigador Thomas Creo (Hugh Jackman) y su búsqueda a contrarreloj de una cura para el cáncer terminal que amenaza a su esposa (Rachel Weisz). 

En realidad, este intrincado esquema, más sencillo de lo que aparenta, se apropia, enrevesa y barniza de inciensos y pachuli el argumento y la estructura de Las tres luces, primer gran éxito de la descomunal filmografía de Fritz Lang donde una desafortunada mujer batallaba por librar al ser amado de la guadaña de la Parca a lo largo de tres relatos distintos.

            La fuente de la vida cuenta con una factura visual poderosa que contribuye a suplir parte de la intensidad que no logra alcanzar su guion, desbordado de espiritualidad y misticismo new age. Y es que, para tratarse de un tema capital, compuesto a partir de claves antagónicas y universales -el egoísmo y la generosidad, el remordimiento y la redención, la rebeldía y la asunción, la pasión y la razón, la vida y la muerte- el filme tampoco conmueve lo que uno desearía. En cualquier caso, en este terreno emocional pocas películas le deben tanto a su banda sonora, una partitura épica, palpitante y arrolladora firmada por Clint Mansell.

            Sin embargo, por encima de esta amplia lista de defectos, hay algo irresistible en el atrevimiento casi suicida y la falta de complejos de Aranofsky a la hora de plantear a pecho descubierto esta película que siempre se encuentra a un solo paso del ridículo; excesiva y grandilocuente pero al mismo tiempo honesta y visceral.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 7.

Señales del futuro

9 Feb

“No hay ningún país en el que no haya habido un momento terrible de destrucción. Estamos articulando esa ansiedad milenaria del colapso de la civilización porque la estamos viendo en cierta forma.”

Guillermo del Toro

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Señales del futuro

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Señales del futuro.

Año: 2009.

Director: Alex Proyas.

Reparto: Nicholas Cage, Chandler Canterbury, Rose Byrne, Lara Robinson, D.G. Maloney, Nadia Townsend, Alan Hopgood.

Tráiler

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            La seriedad la marca el contexto. Si uno va disfrazado de arlequín renacentista no puede pretender que encima se le tome en serio durante su entrevista de trabajo.

Éste defecto, el tomarse a sí mismo más en serio de lo debido, es uno de los problemas recurrentes del blockbuster hollywoodiense. Señales del futuro, por ejemplo, maneja un tema atractivo como el del fin del mundo, augurado cincuenta años atrás por las enigmáticas predicciones de una niña, para terminar ahogándolo en un sinfín de angustias emocionales, familiares y existenciales.

Y es que el astrofísico John Koestler (Nicholas Cage) no solo tiene que lidiar con estos catastróficos y agoreros vaticinios, sino con el dolor de una trágica viudez aún sin cicatrizar, con la paternidad de un niño con discapacidad auditiva, con la relación disfuncional que mantiene con sus padres y hermana y con el abandono sentimental propio de su duelo.

Asuntos que le hace preguntarse por cuestiones tan profundas como el sentido de la vida, la predestinación o la aleatoriedad de la existencia y las posibilidades salvíficas de la redención sentimental. Trascendentes y circunspectas cuestiones que serán indagadas empleando como herramientas de exploración los giros argumentales de la apocalíptica trama –surgen reminiscencias con Señales, de M. Night Shyamalan, en el espíritu pseudoreligioso y melodramático de la propuesta, fusionados en un todo sobrenatural-.

            La película fusiona ñoña sensiblería, infantiloides influjos místicos, esotéricos y existencialistas con unos efectos especiales que dotan de una agresiva crudeza al reflejo de las calamidades, paradigmáticos del cine de catástrofes entendido como somatización del trauma de los atentados terroristas del 11 de septiembre –desastres relacionados con la aviación, masas de gente que huyen entre el caos, el polvo y la sangre, colapso de localizaciones simbólicas del país,…-.

            Como agua y aceite, la combinación no mezcla bien y termina por rebajar el encanto intrascendente de la faceta de entretenimiento fantasioso del filme –narrada con buen pulso y una eficaz puesta en escena- mientras que su componente humano se transforma en material cómico, también debido a su casting aúna a dos actores con perpetua cara de pena: el nefasto Nicholas Cage y la atractiva Rose Byrne.

Flaco favor hace la incomprensible evolución de esta última, síntoma evidente de un desenlace un tanto tontorrón en sus presupuestos.

 

Nota IMDB: 6,2.

Nota FilmAffinity: 5,4.

Nota del blog: 4,5.

Los vengadores

4 Nov

“Nadie debería ir al cine si no cree en los héroes.”

John Wayne

 

 

Los vengadores

 

Año: 2012.

Director: Joss Whedon.

Reparto: Samuel L. Jackson, Tom Hiddleston, Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Helmsworth, Scarlett Johansson, Mark Ruffalo, Jeremy Renner, Stellan Skarsgård, Clark Gregg, Gwyneth Paltrow.  

Tráiler

 

 

            Dentro del filón que en el cambio de milenio un Hollywood especialmente huérfano de creatividad encontró en la adaptación de los cómics de DC y Marvel, posibilitado por los avances en las técnicas digitales, la restauración de la saga Batman por Christopher Nolan procedía a abrir un punto ruptura entre dos corrientes quizás demasiado diferenciadas entre sí y con un éxito dispar en sus resultados.

Por un lado, estaría la traslación superficial y palomitera, un espectáculo de luces y colores sin mayor vocación de trascendencia, infantilizado hasta el ridículo y maltratado por su condición de apuesta casi segura en demasiadas ocasiones.

Por el otro, la mirada introspectiva, sin renunciar a la épica explosiva, del superhéroe como elemento de por sí complejo y tortuoso, guardián de los valores fundacionales de su sociedad y, al mismo tiempo, cercano a una contradictoria fantasía fascistoide en sus métodos, dado su carácter de jurado, juez y verdugo.

             Quizás Los vengadores sea, desde su vocación primigenia de puro blockbuster, la película que mejor haya sabido aunar ambas corrientes. Se puede divertir sin tomar a nadie por tonto, se pueden apuntar temas subtextos jugosos y tener un guion estructurado con solidez sin romper el ritmo vertiginoso de la narración.

Bien es cierto que parte de una ventaja esencial que, en otros casos, ha supuesto la principal losa del inicio de una saga heroica: no necesita presentar a los personajes, sus orígenes y su mitología porque las películas anteriores de la factoría Marvel ya se han encargado de tal engorrosa y plomiza tarea. Todo está dispuesto para la acción.

             Y así empieza, de manera directa, con el planteamiento arquetípico y casi ineludible de la lucha del Bien contra el Mal. Loki (Tom Hiddleston, con mayor tino en comparación con su película matriz), hermanastro del dios Thor, repite como supervillano de aire perdedor –y aún un tanto despreciado en sus posibilidades-, en este caso como punta de lanza del Mal absoluto que mora en los lejanos y oscuros confines del universo, dispuesto a someter a su yugo a los débiles y cobardes humanos.

Y contra él, la miríada de estrellas del cómic y la interpretación, Los vengadores de S.H.I.E.L.D., integradas por celebridades como Steve ‘Capitán América’ Rogers (Chris Evans), Tony ‘Iron Man’ Stark (Robert Downey Jr., al que le encanta divertirse luciendo perillas imposibles), Bruce ‘Hulk’ Banner (Mark Ruffalo, tercera encarnación del personaje tras Eric Bana y Edward Norton), Natasha ‘Viuda negra’ Romanoff (Scarlett Johansson, siempre un incentivo que alegra la vista) o el propio Thor (Chris Hemsworth, al que de tanto esteroide se le está poniendo cara de pan), liderados por el apropiado carisma Samuel L. Jackson como Nick Furia.

             El filme propone un espectáculo gigantesco en el mejor sentido de la palabra, calibrando bien la limpieza y coherencia del relato –sencillo, sin resultar simplón- y unos efectivos golpes de humor con los pequeños pero explosivos clímax de acción controlada, favorecidos por la apabullante factura técnica y la solvente dirección de Whedon -hábil para desmarcarse de los cursis guiños formales al cómic frecuentes en el género- que van haciendo avanzar la trama hasta confluir en una batalla final que bordea el pasado de rosca aunque sin dejarse arrastrar al ridículo por la orgía de ruido y adrenalina.

De esta manera, Los vengadores logra evitar una abotargada acumulación para compensar y complementar bien el carácter de personajes tan dispares como el noble y abnegado Capitán América -un héroe plano a la vieja usanza pero con un halo de resignada decepción que le va muy bien- con el torrencial y socarrón Iron Man, tecnologizado y postmoderno hasta frisar un nihilismo egomaníaco, autoconsciente y desmitificador, dudoso en su fondo aunque suavizado en su formato taquillero, todos ellos sometidos por igual al engrasado transcurso del relato.

            Es ese repliegue del héroe sobre sí mismo y su carácter ambiguo el que permite introducir reflexiones críticas sobre su papel, sobre todo en base al siniestro carácter de una organización como S.H.I.E.L.D., totalitaria, omnipotente, omnisciente y con principios tan cuestionables como los de la ultravigilancia o la guerra preventiva, asuntos que trasladan el punto de vista a un mundo contemporáneo tangible.

De la misma manera, destaca la afortunada concepción alegórica del agente Coulson (Clark Gregg), presente en casi todos los capítulos anteriores de la franquicia: es él la representación del aficionado del cómic, el que da sentido a los héroes como punto de unión de todos ellos, como fuente de su alianza y, mirando más allá, su misma existencia.

Palomitas que merecen la pena.

 

Nota IMDB: 8,4.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7,5.

Red Planet Mars (Marte, el planeta rojo)

11 Mar

“La gente intenta comprender el gran universo mirando a través de dos ventanas: la ciencia y la religión.”

Freeman Dyson

 

 

Red Planet Mars (Marte, el planeta rojo)

 

Año: 1952.

Director: Harry Horner.

Reparto: Peter Graves, Andrea King, Herbert Berghof, Walter Sande, Marvin Miller, Willis Bouchey.

Tráiler

 

 

            A pesar de sus argumentos fantásticos, más o menos trasnochados y en general destinados a la pura y barata evasión, la popular serie B norteamericana de los cincuenta nunca perdió de vista, a modo de inspiración y trasladada por medio de metáforas en el relato, la bastante más aterradora realidad del momento, poblada de carreras armamentísticas y amenazas de holocaustos nucleares –la culminación de la bomba atómica por la URSS en 1949; la guerra de Corea, uno de los primeros episodios de la Guerra Fría, se encontraba en pleno fragor-, además de presenciar ya los primeros pasos en la pugna por la conquista de la última frontera, el espacio.

            Compartiendo tipo producción y hechuras formales, Red Planet Mars, intentará traspasar por medio de su historia –de una significativa hora y media de duración frente a los sesenta minutos habituales-, y no necesariamente para bien, su carácter de entretenimiento más o menos banal.

            Lo que comienza como lo que parece ser la clásica historia de este mundillo, el del contacto extraterrestre, el posible Apocalipsis, el científico honrado y heroico, la chica accesorio y el quintacolumnista humano, representante del reverso oscuro del pensamiento científico, se transforma poco a poco en un relato más reflexivo, desconfiado y pesimista hacia el progreso científico y el contacto con “lo exterior” –metáfora tradicional del extraterrestre-, con personajes que van más allá de su estereotipo. Así pues, la mujer se erige como imagen de la sensibilidad, del refugio en la fe y los valores e instintos bondadosos humanos frente al hombre, cuya devoción hacia la ciencia convierte, contradictoriamente, en un ser ingenuo.

El espionaje soviético, encargado a un brillante científico alemán escapado de Nüremberg, sirve un contenido político que se irá desarrollando progresivamente, con un lenguaje extremadamente maniqueo entre los alegres, simpaticones y familiares estadounidenses y los brutales, oscurantistas y maquiavélicos commies. Sin embargo, entre tanto furibundo alegato proamericano de Guerra Fría se logran vislumbrar detalles críticos interesantes sobre una sociedad tendente a la autodestrucción, paralizada y aterrorizada por vaticinios y consignas que voltean el sentido status quo económico.

No obstante, Red Planet Mars, no se detiene en lo político, sino que avanza hacia un final delirante que proclama la gloria de lo espiritual, de lo religioso como elemento esencial de lo humano –con el ineludible dilema consiguiente frente a esa cuestionable Ciencia- en una lucha entre el Bien y el Mal que acentúa la dicotomía política anteriormente exhibida y con un atractivo último giro de guion –el demonio como agente productor de espejismos destinados a dinamitar la esperanza- que no termina de rematarse satisfactoriamente.

            Mensajes que toman la falta de sutileza por bandera, profundamente anticientíficos y proreligiosos –“a pesar de su historial le hubiéramos abierto las puertas”, llega a afirmar el protagonista sobre ese genio nazi  que no tiene nada que envidiar a Mengele-, mal incardinados entre sí en un desarrollo deslavazado producto de la pobre dirección del debutante Harry Horner, que muestra  un pésimo en el control de la duración de ciertas escenas y de la película en definitiva, y con un elenco en el que solo Peter Graves muestra algo de talento y convicción.

Un intento errado de hacer grande lo pequeño.

 

Nota IMDB: 5.

Nota FilmAffinity: 5.

Nota del blog: 4.

Solaris

4 Ene

“El Oeste grita: ‘¡Ven aquí, aquí estoy yo! ¡Mírame! ¡Escucha cuánto puedo sufrir y amar! ¡Cuán deprimido y feliz puedo ser! ¡Yo! ¡Yo! ¡Yo! ¡Yo!’ Y el Este no dice nada sobre sí mismo. Disuelto completamente en Dios, en la Naturaleza, en el Tiempo, recuperándose a sí mismo de nuevo en cada cosa. Capaz de descubrir todo en sí mismo.”

Andrei Tarkovski

 

 

Solaris

 

Año: 1972.

Director: Andrei Tarkovski.

Reparto: Donatas Banionis, Natalya Bondarchuk, Jüri Järvet, Anatoliy Solonitsyn, Vladislav Dvorzhetsky, Nikolai Grinko, Olga Barnet.

Tráiler

 

 

            Cuando Andrei Tarkovski vio 2001: Una odisea del espacio de Stanley Kubrick, filme capital y punto de inflexión de la ciencia ficción, quedó convencido de que, pese a su evidente contenido reflexivo, se trataba tan solo de una colección de imágenes de recreación futurística sin alma y, además, de bajo nivel estético.

Es por ello por lo que él mismo, ya autor de gran reconocimiento en el cine mundial tras las alabanzas recibidas por La infancia de Iván y Andrei Rublev, obras personales, de gran carga humana, poética y simbólica, no siempre accesibles y algo pretenciosas, decidió emprender su primera incursión en el género fantacientífico con Solaris, tomando como punto de partida la novela del reconocido escritor de ciencia ficción Stanislaw Lem, tan filosófico como satírico en su visión del hombre y la sociedad de su tiempo.

            Pese a la coincidencia inicial de los títulos de crédito con Kubrick –el uso de música clásica para una película futurista, en concreto de su admirado Bach– Tarkovski muestra pronto sus cartas abriendo la película con imágenes poéticas, bucólicas: un hombre, el protagonista Kris Kelvin (el austero Donatas Banionis), paseando por verdes riberas, solo en plena naturaleza, en la parte trasera de una casa tradicional aislada del mundanal ruido. Sin apenas máquinas. Es, sin embargo, un hombre soturno, galvanizado por la gelidez científica que caracteriza la vida en la tierra, donde lo cuantitativo y estrictamente racional predomina sobre lo sentimental, asunto marginal y olvidado.

            Tarkovski también propondrá un viaje, una odisea que, en este caso, es metafísica, al interior de la conciencia de un hombre en contacto con un nuevo planeta al que une la misión de su destruirlo o abandonarlo ante la aparente inutilidad y riesgo físico del mismo. Todo un sistema conformado por, según ciertas teorías, un océano cognoscitivo, un inabarcable cerebro en ebullición capaz de adentrarse en la mente de los científicos que tratan de analizarlo, de materializar su pasado: sus recuerdos, sus anhelos y pasiones, sus miedos y pesares, sus remordimientos más profundos. Impacta, por tanto, en lo realmente importante: en el universo afectivo de los individuos. Una especie de Dios creador de vida e inmortalidad, paraíso para unos, infierno para otros.

Como con la Ciencia, depende de la actitud moral del hombre hacia ello.

            Solaris plantea preguntas y dilemas en ese mundo paralelo en el que la mente abre sus puertas de par en par al hombre -qué es más poderoso, la ciencia o el amor; que distingue a la realidad de la ficción en la mente humana, qué es lo que hace humano al hombre-; mas no ofrece respuestas.

Apunta a la necesidad de amor como cura a los males de un mundo convertido en inhóspito para el ser humano, a la búsqueda de un contacto en el espacio exterior con lo que se ha perdido en la propia Tierra, a la necesidad del otro para completar la vida propia, a la definición del individuo a través de sus emociones y sentimientos, de su vida interior (en cierta manera la Tierra, las relaciones afectivas), no en la exterior (el Universo, la producción fría y mecánica).

            A pesar de que su único efectismo sea el cambio de fotografía de color a blanco y negro, expresión de los procesos sentimentales desde el punto de vista de su protagonista, de la embriagadora atmósfera onírica del relato, de que lo simbólico y conceptual se imponga a la técnica y el diálogo sutil y filosófico a la verborrea pseudocientífica, y de que predominen sus características tomas largas, repletas de ese lirismo de lo natural, de lo cotidiano y teóricamente intrascendente –por supuesto, algunas rayan el puro esteticismo y alargan un filme de ritmo lento de por sí-, Tarkovski declarará abiertamente el fracaso de sus propósitos de humanizar la ciencia ficción, con resultados en su opinión aún fríos, demasiado llamativa en lo espacial y tecnológico respecto de lo trascendente.

 

Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 8.

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