Tag Archives: Universidad

El profesor chiflado

23 Oct

.

Año: 1963.

Director: Jerry Lewis.

Reparto: Jerry Lewis, Stella Stevens, Del Moore, Kathleen Freeman, Med Flory, Howard Morris, Elvia Allman, Buddy Lester.

Tráiler

.

         El profesor chiflado es la síntesis del deseo del nerd, del inadaptado, del perdedor. Esto es, la realización romántica en un mundo en el que el atractivo físico se encuentre relegado como un factor secundario respecto de otras virtudes y habilidades -a no ser que seas mujer, claro: aquí Stella Stevens, que había sido portada de Playboy-. La fórmula mágica que destila el protagonista ejerce sobre el fracasado común una transformación semejante a la de Clark Kent: no hay más que desprenderse de las gafas, lucir un peinado arrogante, mudar de vestuario y corregir el lenguaje corporal para pasar de ser un don nadie a un, a priori, auténtico superhéroe. Por encima de cualquier consideración, el genio intelectual también busca completar su vida a través de la conquista sexual.

         El profesor chiflado es también la quintaesencia del cine de Jerry Lewis en su papel de niño-hombre y agente involuntario del caos que, milagrosamente, supera sus trabas amorosas innatas para llevarse a la chica tradicionalmente destinada al héroe impecable. El argumento del filme se percibe no tan episódico como en obras precedentes -en las que parecía dirigir una serie de sketches más o menos encadenados- y un tanto más desarrollado y coherente en lo narrativo. A través de una relectura del clásico El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde -máximo exponente de la dualidad que anida el ser humano-, Lewis satiriza los tópicos del cortejo humano y las imposiciones del machismo idealizado que están presentes en la sociedad, encarnadas aquí por el despreciable Buddy Love, el macho alfa absoluto que se esconde detrás del pusilánime -y enamoradizamente salaz, tampoco hay que olvidarlo- profesor Julius Kelp.

La transformación en monstruo puede producirse bajo múltiples formas.

         El contraste entre ambas figuras, mamada entre la asunción de su propio tópico y de la observación de sus contrapartidas artísticas de antaño –Dean Martin, por ejemplo- le sirve a Lewis para desplegar su característico festival de humor físico, que se combina además con otros gags que juegan con el lenguaje cinematográfico y un inesperado, elaborado y surrealista sentido del absurdo, demostración del conocimiento y la creatividad del cómico en sus funciones de director.

.

Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7.

Irrational Man

18 Oct

“Con la edad, abordas temas nuevos y los miras desde una perspectiva distinta. Los miras desde la perspectiva de los 84 años de conocimientos y no de 44 años de conocimientos o de cualquier otra edad. Probablemente todo es distinto. Probablemente habría hecho cosas diferentes en el pasado si pudiera volver y rehacerlas.”

Clint Eastwood

.

.

Irrational Man

.

Irrational Man

.

Año: 2015.

Director: Woody Allen.

Reparto: Emma Stone, Joaquin Phoenix, Parker Posey, Jamie Blackley, Ethan Phillips, Betsy Aidem, Sophie von Haselberg.

Tráiler 

.

           Woody Allen -y por tanto su filmografía- se encuentra prendado de unas obsesiones que acompañan, con absoluta fidelidad, su maduración personal y artística, paralela a las experiencias existenciales y las reflexiones filosóficas del autor. Al igual que muchas de las obras del neoyorkino ensayan matices y versiones sobre un mismo tema, el romance, el sustrato filosófico de estas mismas obras también tiende a ofrecer matices y versiones de un puñado de cuestiones concretas que, en palabras de Immanuel Kant -expuestas por boca del protagonista de Irrational Man en la apertura del metraje- son aquellas que el hombre no puede ni obviar ni resolver: la moralidad de los actos humanos, la arbitrariedad de la vida, el sentido de todo. A priori, e independientemente de la calidad de las propuestas, no lo encuentro tanto un agotamiento de ideas o una tendencia a la redundancia como, en cambio, un marco de reflexión continua, maduración y evolución.

           Irrational Man cita Crimen y castigo, como también cita la relación de Martin Heidegger y el fascismo, la abrumadora libertad de elección del individuo de Søren Kierkegaard o el imperativo categórico de Kant. Mimbres, sobre todo la alargada sombra de Fiódor Dostoievsky, que ya estaban presentes de manera evidente en películas previas de Allen que resultaría imposible no citar, caso de Delitos y faltas, Match Point, El sueño de Casandra o incluso La última noche de Boris Grushenko.

Allen enfrenta aquí a Abe (Joaquin Phoenix), un profesor de filosofía abandonado al nihilismo por el desencanto que le produce la realidad y la intrascendencia de sus concienciadas acciones, contra la postura menos reconcentrada y vitalista que ofrece la joven Jill (Emma Stone) y contra la paradoja de descubrir en el impulso irracional su estímulo perdido y su respuesta a un mundo, desde su perspectiva, idénticamente irracional. “Un hombre razonable es aquel que se adapta al mundo a su alrededor. El hombre no razonable espera que el mundo se adapte a él. Por lo tanto, todo progreso es hecho por los hombres no razonables”, en palabras de George Bernard Shaw, por continuar jugando con las citas.

           En efecto, el guion está rebosante –hasta casi la saturación- de referencias y alusiones, agolpadas un tanto a la ligera –y no sabría determinar con qué grado de autoridad, no soy un experto en la materia-. Aunque también es cierto que, probablemente consciente de ello, Allen, como el atormentado Abe, quien las tacha de “pajas mentales”, parece renunciar a todas ellas para intentar explicar lo inexplicable -cosa que, a decir verdad, tampoco hará andando el argumento-. En este ocasión, lo inexplicable se refiere a la exploración los mecanismos de deseo y culpabilidad en el comportamiento y, a su vez, el desentrañamiento de la finalidad de la existencia, la cual, había advertido el propio protagonista antes de su epifanía delictiva, se trata de un enigma sin resolución, por más que él trate de justificarla luego con la pretensión de crear un mundo mejor mediante la acción directa e implacable. Esto es, asesinando a un juez de dudosa imparcialidad –es decir, una lógica semejante a la que podría haberle dado por perpetrar un Holocausto-.

Abe, por tanto, decide con libertad, opta por una solución extremista –un crimen sin paliativos- que bien podría encajar en el fascismo aplicado y, de este modo, permite la entrada en su universo decepcionado pero íntegro al resplandor de una acción inmoral aunque gratificante, capaz de desmoronarlo todo a su paso.

           Así, el filme se mueve de forma un tanto descompensada entre el drama existencial, la fingida comedia romántica y las trémulas gotas de comedia negra con un tono general un tanto cenizo y pastoso –el que habita Abe, por otro lado-, para alcanzar después la discusión moral –no demasiado incisiva- y una intriga criminal de reminiscencias hitchcockianas, más entretenida cuanto más se libera de ataduras éticas y vitales el personaje angular. El abuso del soliloquio aporta una desaconsejable pesadez al conjunto, sostenido por momentos por los afinados Phoenix y Stone, y a la pluma de Allen se le echa en falta cierto filo. Como acusa Abe a sus estudiantes, el cineasta parafrasea mucho y profundiza poco, ni abunda en la tragedia ni termina de ponerse tan travieso como uno desearía –que es el campo donde suele extraer sus indagaciones existenciales más afortunadas, aunque a él le duela admitirlo-.

Suscita interés esta nueva variación –lo más llamativo serían quizás las lecturas que los caprichos del azar dejan esta vez en la conclusión del filme- de este viejo debate alleniano. Otro asunto es que posea fuerza necesaria para volar tan alto cabe esperar de semejante cineasta.

.

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7.

21 Black Jack

14 Jun

“Soy un escritor de Hollywood, así que me pongo mi chaqueta deportiva y me quito el cerebro.”

Ben Hetch

.

.

21 Black Jack

.

21 Black Jack

Año: 2007.

Director: Robert Luketic.

Reparto: Jim Sturgess, Kate Bosworth, Kevin Spacey, Aaron Yoo, Liza Lapira, Jacob Pitts, Laurence Fishburne, Josh Gad, Sam Golzari.

Filme

.

.

            El giro sorprendente de guion compone uno de los elementos imprescindibles en el cine de picaresca y timos; esto es, aquel en el que un grupo de personas aspira a conseguir por pura habilidad intelectual un cuantioso botín que, por otros medios –intimidación física, acción expeditiva, tecnología puntera- sería imposible de obtener. Robos de intrincada y limpia cirugía que fascinan y atrapan sin remedio –El golpe, Nueve reinas,…- pero cuyo satisfactorio resultado cinematográfico depende de un valor contradictorio a lo que se expone en su trama: la honestidad de esos citados giros argumentales, la ausencia de argucias, que el guionista no se convierta en un simple pícaro más que roba la cartera al espectador distrayendo su atención con un truco barato.

            21 Black Jack presenta un atractivo número de feriante: un cruce entre los espectaculares asaltos a casinos de la saga de Ocean’s Eleven, entremezclado con las habilidades matemáticas de Rain Man y la reivindicación (seria) del nerd sin vida social de las comedias juveniles de los ochenta.

Chicos guapos que, bajo el liderazgo carismático de Kevin Spacey -enrollado profesor de ecuaciones no lineales y antiguo contador de cartas de Las Vegas-, conocen los inalcanzables lujos del sistema regido por el dios dólar gracias a la estafa cometida contra las desopilantes catedrales de neón de la ciudad del pecado. Un escenario de sueño dorado de la MTv que Robert Luketic, artesano a disposición de productos por lo general precocinados y de consumo rápido, compone en consecuencia con un estilo de gusto contemporáneo, videoclipero.

            El arco dramático que dibuja 21 Black Jack le aleja de los turbios procesos de ascenso, caída y redención del cine de fascinación gangsteril marca Scorsese, ya que prefiere echar el ancla en el moralismo por medio, en primer lugar, de la justificación teleológica de los actos del protagonista –el robo por necesidad, fruto de la elitista educación norteamericana que rechaza el intelecto y solo admite el talonario-.

Presupuestos que conforman un viaje iniciático, con sus respectivas tentaciones, desvíos del camino inicial, posteriores aprendizaje y rectificación, que lo asemejan más en su desarrollo a los ejemplarizantes esquemas argumentales de la Disney y sus personajes que pasan de la nada al todo, ‘from zero to hero’.

            Como decíamos, la historia, bastante convencional y ya por momentos difícilmente creíble –extraño que ningún miembro de la plantilla de algún casino se pregunte porqué los siempre mismos tipos ganan tanto, siempre van juntos y siempre hacen tanto gesto raro-, trata de evitar la previsibilidad absoluta mediante la anteriormente mencionada trampa, el indeseable as en la manga. Lo malo es que el mago no es bueno, el truco está muy gastado, se le ve venir a la legua y el público ya pasa del número.

            Que al menos no sea aburrida a pesar de lo poco interesante de su propuesta, permite a 21 Black Jack conservar el estatus básico de película de usar y tirar.

 

Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 5.

Los crímenes de Oxford

13 Sep

“Nunca puedes subordinar la estructura de la película al truco final. El camino por el que llevas al espectador es tan importante como la resolución. Hacer una película solo por el prestigio final no tiene sentido.”

Rodrigo Cortés

 

 

Los crímenes de Oxford

 

Año: 2008.

Director: Álex de la Iglesia.

Reparto: Elijah Wood, John Hurt, Leonor Watling, Julie Cox, Jim Carter, Burn Gorman, Dominique Pinon.

Tráiler

 

 

              En su película Fraude, el mito Orson Welles, reconocido apasionado del ilusionismo y la magia, disertaba sobre la apariencia, la realidad y la ficción componiendo un falso documental sobre un falso falsificador de arte. Una construcción osada y burlona a partes iguales que jugaba con y se reía de las convenciones del cine, el pacto sagrado de credulidad entre el espectador y la obra ante él representada.

En Los crímenes de Oxford, Álex de la Iglesia, un realizador sin temor ninguno al riesgo, ensayaba un ejercicio similar, con un acercamiento desde la lógica pura, fría e irrebatible de las matemáticas como punto de partida para la reflexión acerca de los cánones y la gramática de las novelas detectivescas, un mundo hermanado y compartido entre páginas de papel y fotogramas de celuloide.

              Por el contrario, lo que en la propuesta del impetuoso cineasta norteamericano fluía con la naturalidad y la irreverencia propia de una obra con aire a capricho personal, la cinta del director vasco, con las ambiciones propias de un primer paso de internacionalización –conocido reparto internacional, producción lujosa, presupuesto abultado-, queda rígida en su ampulosidad, demasiado estudiada. Muy matematizada y poco libre.

              Así, después de esos dos frutos de su particular visión tétrica de la cotidianeidad como son la genial La comunidad y la hilarante Crimen ferpecto, de la Iglesia se aproxima de nuevo al tópico del asesinato y el crimen perfecto por medio de un intrincado (y forzado) laberinto de medias verdades, secretos, mentiras y falsedades.

Sin embargo, Los crímenes de Oxford naufraga por parte de un guion demasiado dialéctico, excesivamente concentrado en explicar los pasos de la lógica y el azar, en vez de desarrollar con eficacia esa excusa de la trama clásica de investigación del crimen pasada por el tamiz de dos investigadores atípicos: el desengañado matemático de John Hurt, el joven arrogante Elijah Wood, con una relación similar a la de Holmes y Watson, a la de un maestro y su discípulo.

Demasiada palabrería que, si bien plantea de inicio una discusión interesante, acaba por aturullar y aburrir.

              Curiosamente, lo mejor de la película, esa despampanante y lúbrica Leonor Watling, apela a instintos primarios más que a las divagaciones lógicas.

 

Nota IMDB: 6,1.

Nota FilmAffinity: 5,7.

Nota del blog: 4.

El indomable Will Hunting

24 Dic

“Ni una inteligencia sublime, ni una gran imaginación, ni las dos cosas juntas forman el genio; amor, eso es el alma del genio.”

Wolfgang Amadeus Mozart

 

 

El indomable Will Hunting

 

Año: 1997.

Director: Gus Van Sant.

Reparto: Matt Damon, Robin Williams, Minnie Driver, Ben Affleck, Stellan Skaarsgard.

Tráiler

 

 

            Aunque ya habían contado con papeles de cierta importancia, los actores y amigos Matt Damon y Ben Affleck no lograrían su confirmación como auténtico presente del star-system hollywoodiense hasta el éxito de El indomable Will Hunting, cinta de la cual se encargarán asimismo de escribir el libreto, a la postre galardonado con el Oscar.

            El indomable Will Hunting aborda la soledad del genio desde una vocación abiertamente populista y con ciertas pinceladas de conciencia social. Es la lucha de un joven (Matt Damon) predestinado a coronar grandes cimas en su existencia, dotado de una mente prodigiosa pero maldecido con una infancia sumida en un infierno de miseria y malos tratos, rico en inteligencia, pobre en recursos y sentimientos. Un lastre casi irreparable en su senda al éxito, a la felicidad; un camino que incluso él mismo se encarga de desandar, abrumado por el miedo a que el sueño se rompa, preso de un profundo desarraigo e inseguridad que oculta bajo una fachada de rebeldía y nihilismo.

Un pequeño Einstein descubierto por un profesor de Harvard –la élite económica, social y cultural-, quien considera confiar sus ganas de conquistar el brillante futuro que le corresponde a un hombre capaz de situarse en su piel y darle lecciones de vida: el peculiar psicólogo Sean Maguire (Robin Williams en el papel que adora, el de entrañable motivador de los desmotivados), otro diamante surgido de entre la basura también con su propia y pesada carga a cuestas.

            La virtud de El indomable Will Hunting -que no deja de ser una historia a grandes rasgos convencional, aunque bien diseñada por Damon y Affleck y rematada con elegancia por la versión más comercial del inconformista Van Sant- podría situarse en una cierta refundación con moraleja del mito del sueño americano, cuyo significado de éxito queda más enfocado hacia lo afectivo -colmar el alma- que hacia lo estrictamente profesional -el triunfo rockefelleriano de hacer un millón de un centavo-.

Aún así, quizás su faceta más natural y creíble –sobre todo comparada con la bastante ramplona historia de amor entre Damon y Driver- sea esos pequeños interludios de vida entre amigos de Hunting y su pandilla, de anécdota canallesca de bar de barrio bajo y orgullo de inmigrante irlandés desheredado –clave también en las futuras películas de Affleck como director-, con referencias de voluntad semibiográfica idealizada destinadas a facilitar, todo sea dicho, el lucimiento de ambos guionistas en la interpretación de unos personajes que sienten como suyos y a los que miran siempre desde el cariño y la condescendencia.

Correcta sería su mejor definición.

 

Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7.

 

 

Bonus track: Elaboración real del guión de El indomable Will Hunting explicada en Padre de Familia (en el 04:03, que aquí no hay dios que suba un video).

 

La red social

23 Ene

“No se fíe de los ordenadores, pero menos aún de los seres humanos.”

Primera ley de fiabilidad de Gilb

La red social

Año: 2010.

Director: David Fincher.

Reparto: Jesse Eisenberg, Andrew Garfield, Justin Timberlake, Armie Hammer, Max Minghella, Rooney Mara.

Tráiler

 .

            David Fincher avanza embalado hacia los premios Oscar tras triunfar ampliamente en los Globos de Oro con esta película. Un director que siempre ha sido tan interesante como grandilocuente, con una carrera hacia el estrellato en imparable línea ascendente desde su infravalorado debut con Alien 3 hasta su confirmación ante el público con los éxitos de la loable Seven y la deleznable El club de la lucha, y ante la crítica y la Academia con la notable Zodiac y la interesante pero sobrevalorada El curioso caso de Benjamin Button. En esta evolución, Fincher ha renunciado algo al exceso formal –hay menos de esos planos-secuencia imposibles marca de la casa-, con cierta tendencia a un mayor clasicismo pero sin renunciar a fórmulas cuajadas en el rodaje de videoclips que marcaron sus inicios como cineasta.

             En La red social, el director norteamericano apuesta por un bien llevado –un poco alargado quizás, otra marca de las obras de Fincher– retrato de la generación de las cibercomunicaciones y la sociedad de esta época; hacer historia del presente. Algo que no es nada fácil. La película narra la búsqueda personal de Mark Zuckerberg -correctamente interpretado por Jesse Eisenberg- de su propio Rosebud; la insatisfacción que marca a un joven de apariencia apática y ataráxica pero que pone en marcha toda su genialidad para superar la única barrera que parece insalvable para él: conseguir aceptación de la chica que le gusta y que no ve en él, no sin razón, nada más que un capullo egocéntrico, insensible e inadaptado.

Esta premisa es la que pone en marcha el motor de la trama, la representación del la creación y desarrollo de Facebook, la red social que más ha influido en la manera de relacionarse, una historia al uso de ascenso y relativa caída  y de cómo ese éxito y creciente poder tiene un precio: los conflictos que afectan a las relaciones personales de los implicados, su amistad, sus sentimientos, etc.; es decir, una excusa para analizar las pasiones y emociones humanas en esta época presente marcada por las relaciones impersonales a distancia, informática mediante, que ejemplifican precisamente estas redes sociales; unas relaciones asépticas y artificiales que ocultan en realidad los verdaderos anhelos que desea satisfacer todo individuo: lograr reconocimiento social, lograr que el ser amado te corresponda.

Lo de toda la vida, vamos.

Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7,5.

A %d blogueros les gusta esto: