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Galatasaray-Dépor (One Day in Europe)

10 Nov

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Año: 2005.

Director: Hannes Stöhr.

Reparto: Megan Gray, Lyudmila Tsevtkova, Andrey Sokolov, Luis Tosar, Florian Lukas, Erdan Yildiz, Péter Scherer, Miguel de Lira, Boris Arquier, Rachida Brakni.

Tráiler

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           No sé hasta qué punto es futbolero el alemán Hannes Stöhr, pero escoger al Galatasaray y al Deportivo de La Coruña para protagonizar una hipotética final de Champions League destinada a cristalizar en sí el sentimiento de unidad europeo, trasciende la alegoría geográfica –el extremo oriental del continente frente al confín occidental- para imbricarse en la estrictamente pasional. Aquella que, en concreto, surge de que el apodo que reciba familiarmente el equipo gallego sea el de ‘turcos’.

           Quizás la fortuna se alía de mejor manera que los cálculos intencionados para simbolizar un mensaje de pertenencia, solidaridad e identidad que, más de una década después del estreno, no cabe mirar sino con ternura, dada la deriva que ha tomado el proyecto común de Europa, reducido al cálculo contable como medida de funcionamiento, el resurgir nacionalista como reacción a la heterofobia renaciente entre vecinos y allegados, y la instrumentalización de un discurso político e ideológico en clave estrictamente economicista y de corte neoliberal.

           La misma blancura emocional –y por extensión política- se percibe en la serie de relatos que, a través de un esquema común –un robo, una investigación, una denuncia al seguro, la perturbación ensordecedora del fútbol-, recorren el Viejo Continente desde el estrecho del Bósforo hasta Finisterre, pasando por Moscú y Berlín. Desde el gol de Valerón hasta el de Hakan Şükür, perdiéndose en el horizonte por el camino de una eterna tanda de penaltis.

Son cuatro pequeñas historias que, con sus metáforas de fondo, cabalgan sobre los tópicos regionales, los prejuicios del desconocimiento, el leve y pintoresco costumbrismo, y una especie de celebración del encuentro desde las diferencias y las dificultades.

           Filmadas con academicismo –el estilo animado de la transición entre capítulos se aprecia además bastante envejecida-, ninguna de ellas posee gran recorrido argumental ni especial trascendencia analítica, más allá del objetivo global de recomponer con dulzura y amabilidad el puzle paneuropeo –hasta extremos improbables, como que un muchacho con la camiseta del Fenerbahçe cante los tantos del Cimbom-.

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Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 5,4.

Nota del blog: 5,5.

Mustang

20 Mar

“El grado de civilización de una sociedad se mide por el grado de libertad de la mujer.” 

Charles Faurier

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Mustang

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Mustang

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Año: 2015.

Directora: Deniz Gamze Ergüven.

Reparto: Günes SensoyDoga Zeynep DogusluTugba Sunguroglu, Elit Iscan, Ilayda Akdogan, Nihal G. Koldas, Ayberk Pekcan, Burak Yigit, Bahar Kerimoglu.

Tráiler

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            Bien podría plantearse Mustang como un cuento tradicional, en el que cinco desafortunadas huerfanitas quedan encerradas en un castillo donde su malvado tío las recluye para, una por una, entregarlas en matrimonio a otros ogros de la comarca.

            Debut en el largometraje de la realizadora y guionista turca Deniz Gamze Ergüven –en este segundo aspecto en colaboración con la francesa Alice Winocour, compañera del taller de jóvenes creadores del festival de Cannes y directora suya en Augustine-, el relato de Mustang, desarrollado desde el punto de vista de la menor de las hermanas, hace confluir una vertiente de denuncia contra la tiranía patriarcal de la sociedad otomana con varios tópicos temáticos del cine de transición a la madurez, como son el descubrimiento de los misterios de la vida adulta –el sexo, la complejidad de las relaciones personales y sociales- y el decisivo punto de inflexión existencial que, casualmente, en el séptimo arte suele reservarse para historias gratas y luminosas: el verano de nuestras vidas.

Aquí, los cálidos rayos del sol -bendición divina e incluso seña de esta fábula sublimada que podrían haber habitado las cinco niñas-, solo se enmarcan dentro de este contexto dichoso durante la apertura del filme, exponiendo una situación de plenitud que, a continuación, queda violentamente truncada por las presiones ideológicas, religiosas y culturales de la familia y la sociedad de su alrededor, enclavada en un pequeño pueblecito que sirve para condensar a esa parte del país euroasiático a espaldas de la cosmopolita Estambul.

            Esta (un tanto forzada) regresión puritana que experimentan las jóvenes –paralela a la que parece imponerse en el resto del mundo, fomentado por el arrecio de ideales moralistas, maniqueos e hipersensibilizados de todo cuño, y especialmente en la Turquía del conservador Erdogan– choca frontalmente con su rebeldía adolescente, justificada por su legítima e instintiva búsqueda de la libertad y la autoafirmación frente a imposiciones caducas y espurias. A partir de este conflicto, Mustang compone el alzamiento decidido de estas cinco caperucitas contra los lobos feroces que las hostigan; un argumento con el que resulta sencillo empatizar.

Su planteamiento no es excesivamente complejo ni profundo –el dibujo de personajes, sobre todo de antagonistas como el cabeza de familia, es más bien elemental-, pero está construido con frescura y calidez mientras captura con eficiencia la atmósfera íntima de las muchachas –su despertar sexual, su convivencia de ilusiones y represiones, las cómplices relaciones que se dan entre ellas, su contacto físico,…-, interpretadas además por un grupo de actrices bien dirigidas. Por el contrario, sus acciones subversivas quizás no parezcan tan naturales, aunque logran captar el interés por la rabiosa protesta.

El ritmo narrativo de la cinta es veloz gracias a la concisión del libreto de Ergüven y Winocour, si bien se aprecia cierta fatiga y estancamiento en el tercio final del metraje, cuando se pierde esa dinámica precisión expositiva inicial y las ideas tienden a la caer en cierta redundancia, resueltas además en un cierre que dista de ser redondo.

            Nominada al Óscar a la mejor producción de habla no inglesa –representando a Francia, nación adoptiva de la cineasta-, caería finalmente ante la excelente El hijo de Saúl.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 6,5.

Érase una vez en Anatolia

6 Ago

“No hay otra forma de arte que vaya más allá del conocimiento ordinario como lo hace el cine, directo a nuestras emociones, profundamente al cuarto oscuro del alma.” 

Ingmar Bergman

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Érase una vez en Anatolia

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Érase una vez en Anatolia

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Año: 2011.

Director: Nuri Bilge Ceylan.

Reparto: Muhammet Uzuner, Yilmaz Erdogan, Taner Bisel, Ahmet Mümtaz Taylan, Firat Tanis, Ercan Kesal, Erol Erarslan, Nihan Okutucu.

Tráiler

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            Nuri Bilge Ceylan encuentra inspiración en las experiencias médicas de Ercan Kesal en un pueblecito otomano perdido de la mano de Alá y, asimismo, retorna a su admirado Antón Chejov, tomando varias citas de sus relatos cortos, para componer Érase una vez en Anatolia, un thriller monumental que, a partir de la búsqueda de un cadáver por las planicies y colinas desoladas de la Turquía interior, se adentra en los valles y hondonadas del espíritu de sus personajes, en especial desde el punto de vista del doctor encargado de la autopsia que poco a poco se erigirá en protagonista del filme.

            Gradualmente, Ceylan desplaza el foco de atención y de suspense que ejerce el caso de asesinato -reducido casi a mcguffin- en dirección hacia el interior de aquellos inmersos en la investigación, quienes recorren un escenario que coquetea con lo onírico, en busca de una abstracción en la que se desnudan las elevadas ambiciones existencialistas de la obra, en la que cada cual carga con sus propios muertos en el armario.

Érase una vez en Anatolia transcurre así amortiguada, melancólica y lánguida –es evidente que 45 minutos menos de metraje no le hubieran sentado nada mal-, goteando a través del texto y las imágenes con una mezcla de intriga policíaca, tenue ironía cotidiana y costumbrista, y unas profundas inquietudes filosóficas que arrojan reflexiones sobre el inexorable paso del tiempo y los enigmas que componen la vida y la muerte de los hombres.

            El misterio y lo sobrenatural emanan del fabuloso paisaje, retratado con preciosismo, y colisionan con el naturalismo con el que se desarrolla la narración y las certezas racionales del apesadumbrado forense, filtrándose entre las preocupaciones de los personajes en forma de ángeles y demonios metafóricos que revelan con expresividad, sin necesidad de recurrir a explicaciones verbales, el traumático debate que se libra en sus entrañas. Mientras resuena el chapoteo de órganos de una autopsia, una madre y un hijo se pierden en el horizonte.

            Gran premio del jurado en el festival de Cannes para Ceylan, ex aequo con El niño con bicicleta, película de otros hijos pródigos del certamen, los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7,5.

Los climas

6 Jul

“Enamórate de tu protagonista o, cuanto menos, que ella le crea enamorado durante el tiempo que dure el rodaje. También puede pasar al acto. No es necesario… pero ayuda.”

Jean Renoir

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Los climas

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Los climas

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Año: 2006.

Director: Nuri Bilge Ceylan.

Reparto: Nuri Bilge Ceylan, Ebru Ceylan, Nazan Kesal, Mehmet Eryilmaz.

Tráiler

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            El amor como veleta.

Las condiciones climáticas y las estaciones del año son uno de los denominadores comunes mediante los cuales Nuri Bilge Ceylan deja traslucir el estado de ánimo o la coyuntura existencial de sus personajes, como por ejemplo parece querer revelar esa Turquía gélida y nevada de Lejano y Sueño de invierno (Winter Sleep). Isa, el protagonista de Los climas (el propio Ceylan), atraviesa estaciones y cambios de tiempo a la par que evoluciona su amor y desamor por la joven Bahar (Ebru Ceylan, esposa del cineasta en la vida real), siguiendo un arco dramático que recuerda a algunos de los Cuentos morales de Éric Rohmer.

            Desde el campo en ruinas que visitan en el tórrido verano mediterráneo, capaz de marchitar todo lo que yazca bajo los rayos del sol, hasta el desapacible invierno de la Turquía interior y empobrecida, penetrante hasta los huesos, Isa recorre entre bochornos, tormentas y heladas las inconstancias y contradicciones que dictan sus entrañas: el amor, la lujuria, los celos, los remordimientos, la mezquindad.

Las imágenes y la interpretación de los actores descubren al espectador, a través de detalles y sugerencias, los sentimientos complejos y escondidos en el ser de los personajes, ocultos por la incomunicación y el engaño, disfrazados por medio de palabras vacías, equivocadas o miserables. El egoísmo, la confianza, la decepción, la pasión, la ilusión, la tristeza. El dolor de romper una obra de arte; la esperanza (vana o no), de tratar de recomponerla.

            Excelente compositor de fotogramas y habilidoso en el empleo del sobrecogedor paisaje otomano –aunque muy parsimonioso en el pulso narrativo, lo que lastra un tanto el conjunto-, desde el objetivo de Ceylan la mayor frialdad entre la pareja se percibe paradójicamente bajo la luminosidad del estío en la costa, separados por estancias, distancias, afectos y anhelos. Por el contrario, la nieve y el viento envuelven a su vez escenas de enorme calidez.

Hay belleza y preciosismo, pero como complemento de una veracidad sentimental que Ceylan extrae de su experiencia privada y su ruptura con su primera mujer.

            Prolongando el idilio del director con el festival de Cannes, Los climas se alzaría con el premio de la FIPRESCI.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,6. 

Nota del blog: 7.

El pueblo (Kasaba)

16 Jun

“No existe experiencia más noble que la de registrar la expresión de un rostro sensible a la fuerza misteriosa de la inspiración, verle animarse desde el interior y llenarse de poesía.”

Carl Theodor Dreyer

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El pueblo (Kasaba)

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El pueblo (Kasaba)

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Año: 1997.

Director: Nuri Bilge Ceylan.

Reparto: Sercihan Alevoglu, Cihat Bütün, Emin Ceylan, Fatma Ceylan, Havva Saglam, Emin Toprak, Semra Yilmaz, Latif Altintas, Muzaffer Özdemir.

Tráiler

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            En zapatillas de andar por casa. Como buen artista tímido y talentoso, el debut de Nuri Bilge Ceylan con El pueblo (Kasaba) se producirá en ese mismo entorno estrictamente íntimo donde se desarrollará el minimalista argumento de esta ópera prima, arropado por la presencia de sus familiares en parte del reparto y su equipo técnico –destaca aquí el protagonismo de su primo Mehmet Emin Toprak, que pese a ser inexperto en estas lides repetirá participación en Nubes de mayo y Lejano, ya póstuma- y con sus memorias infantiles de la Turquía rural e interior como piedra angular a partir de la cual trazar las líneas maestras de la película, rodada precisamente en ese pueblo natal del cineasta. Incluso la influencia de Antón Chéjov puede percibirse como un encuentro cálido con un viejo amigo, quien continuará además con sus agradecidas visitas en la futura filmografía de Ceylan, sea a modo de presencia inspiradora para la creación, sea como fuente de la que beber por medio de sus relatos cortos, como sucederá en Érase una vez en Anatolia y Sueño de invierno (Winter Sleep).

            Con una sensible y extensa introducción, marcada por el ritmo contemplativo y un tanto descompensada en relación con el conjunto, Ceylan reconstruye la atmósfera pausada del pueblecito donde, desde el punto de vista de dos hermanos, se desarrollan las pequeñas tragedias y pequeñas maravillas que componen la existencia y el espíritu humano –los vínculos de amistad, la fascinación y a la vez la crueldad hacia los seres marginales, los detalles de maldad y bondad indisociables al ser, la proximidad afectiva, la vida y la muerte concentrada en un corral de cabras-, por completo alejadas de convenciones sociales y las consignas políticas propagadas por doquier –las enseñanzas cívicas de la escuela, los juramentos en honor de Atatürk-.

A partir de este contexto, cuya alma reside en los pequeños detalles, Ceylan centra su objetivo en una familia reunida alrededor de una hoguera en medio de la noche. El diálogo entre ellos se convierte entonces en el filo cortante a través del cual diseccionar las heridas vitales y familiares que, poco a poco, se van revelando en forma de profundas y quizás irreparables grietas –las múltiples formas de la nostalgia y la melancolía, hasta de lugares o épocas no visitados; los anhelos insatisfechos; las sensaciones de nihilismo y pérdida, de nuevo las pulsiones de vida y muerte-.

            No obstante, pese a que la palabra no acostumbrará a cobrar semejante relevancia en la obra venidera de Ceylan –hasta que recupere tal hegemonía en Sueño de invierno-, el poder del texto se encuentra en directa relación con la belleza y el lirismo trascendente de las imágenes compuestas por el cineasta turco, también responsable de la fotografía –en conexión con su formación artística en este campo-.

Amparadas en un magnífico blanco y negro, casi dreyeriano, las fricciones y conflictos se transforman entonces en expresivas arrugas, en una tenue lágrima que resbala por la mejilla, en sombras y texturas que enmarcan personajes, sugerencias y emociones. Un halo de poética cotidiana que, no obstante, deja un espacioso marco para un críptico y delicado simbolismo y para la intromisión del sueño como catalizador de influjos y del aprendizaje vital desde la perspectiva recobrada de los niños.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7.

Sueño de invierno (Winter Sleep)

29 Dic

“Es un error de Dios no haber dado al hombre dos vidas: una para ensayar y la otra para actuar”

Vittorio Gassman

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Sueño de invierno (Winter Sleep)

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Sueño de invierno (Winter Sleep).

Año: 2014.

Director: Nuri Bilge Ceylan.

Reparto: Haluk Bilginer, Melisa Sözen, Demet Akbag, Ayberk Pekcan, Serhat Mustafa Kiliç, Nejat Isler, Tamer Levent, Nadir Saribacak, Emirhan Doruktutan.

Tráiler

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            En el invierno de su vida, Aydin (Haluk Bilginer), actor que quedó lejos de saborean las prometidas mieles del éxito, pasa las tardes sentado en su despacho modelando mentalmente un ensayo acerca del teatro turco que, sin embargo, es incapaz de dar a luz.

Los personajes de Sueño de invierno (Winter Sleep), sobre todo en lo que se refiere al crepuscular Aydin, viven encerrados en el teatro en el que se ha convertido su realidad. Absurdo, impostado, lleno de declamaciones huecas donde las palabras y las emociones se han convertido en simple atrezzo. Su hotel en la onírica Capadocia, su matrimonio, la relación de vasallaje con los vecinos que arriendan sus propiedades, las compasivas donaciones en favor de unos pobres que cumplen su propio “papel predestinado” en el mundo,…

Una vulgar tragicomedia como, en definitiva, es la vida de la mayoría de nosotros.

            Sin embargo, para Aydin, una repentina crisis existencial insiste en desmoronar las fingidas certezas personales que gobernaban su proceder vital -de la misma manera que le abandonan los residentes de su albergue y su mujer le desplaza de unas reuniones de beneficencia que siempre ha despreciado-. Así, el escenario se resquebraja y poco a poco asoma la falsa tramoya que se oculta detrás de él, conformada por un agrio andamio de reproches enquistados, cruel frialdad intelectual bergmaniana, hipócrita elitismo económico y moral, dominación psicológica e irreparable frustración.

            Nuri Bilge Ceylan escribe un cuento moral envuelto en una monumental y densa obra –casi 200 desafiantes minutos- construida sobre voluminosos diálogos –una concepción de nuevo muy dramatúrgica-, pero donde lo que de verdad importa, habida cuenta del engolado empleo del lenguaje, brota de lo que no se dice, de cómo afectan internamente esas conversaciones en parte dramatizadas a unos personajes que transitan y evolucionan sobre terreno inestable, a punto de despeñarse.

Desde la sencillez de su apariencia, el cineasta otomano, escéptico aunque comprensivo hacia sus criaturas, se sumerge en las profundidades insondables de la condición humana.

            Invitado a convivir en confianza con los personajes, el espectador observa cómo la demolición del idílico aunque empobrecido escenario de la Capadocia –tan irreal como la mentalidad de las criaturas que lo habitan- revela paulatinamente una profunda fractura social y emocional que atenaza a unos sujetos encarcelados en un microcosmos gélido, desapacible y turbulento que se infiltra incluso en la presunta calidez del hogar a causa del incesante viento, de la lluvia que, de fondo, azota el cristal. Hielo acumulado durante años que presiona y ensancha las grietas formadas entre ellos y su entorno, refugiados en sus cuevas, en el sombrío confort de una ilusión de realidad platónica.

Es significativo pues que los únicos individuos que no transigen con esta representación absurda y que se esfuerzan en desmantelarla echándosela en cara a los actores de turno sean el niño que, con una certera pedrada, despierta la debacle del ensimismado reino de Aydin, y su padre, un borracho marginal enloquecido de cordura.

            El libreto dosifica con paciencia de naturalista el retrato de sus desamparados protagonistas, consumidos por el pavoroso y cotidiano contraste entre el fracaso existencial y la necesidad de perdón que dicta una conciencia vagamente acallada por estas falaces representaciones sociales y familiares. Ceylan, más clasicista que en su precedente https://elcriticoabulico.wordpress.com/2015/08/06/erase-una-vez-en-anatolia/ –un estilo que resulta un tanto anquilosado en el uso del plano-contraplano para las discusiones-, inserta esta crónica de un extravío en un entorno aletargado por la nieve y la decadencia.

La parsimonia de la narración responde a este decepcionado ritmo íntimo, que apuesta por el desarrollo lógico y resignado de la debacle sentimental de los personajes en detrimento de las facilidades convencionales que se le regalan habitualmente al público general.

            Sueño de invierno fluye delicada, hermosa, melancólica y amarga en su queda y universal desesperación.

 

Nota IMDB: 8,7.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 8.

Lejano

3 Nov

“La decepción es una especie de bancarrota: la bancarrota de un alma que gasta demasiado en esperanza y expectativas.”

Eric Hoffer

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Lejano

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Lejano.

Año: 2002.

Director: Nuri Bilge Ceylan.

Reparto: Muzaffer Özdemir, Emin Toprak, Zuhal Gencer, Nazan Kirilmis, Feridun Koc, Fatma Ceylan.

Tráiler

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            Cabeza del nuevo cine truco al que la Seminci ha reivindicado durante esta edición de 2014 recién concluida, Nuri Bilge Ceylan surgía de las cenizas de la industria otomana -representada por los estudios Yeşilçam y sentenciada por el golpe de Estado de 1980-, gracias a su iniciativa y autonomía de autor, ya que el cineasta estambulita asume las funciones de director, guionista y productor de todos sus proyectos –incluso aparecerá como actor en Los climas-. El tercero de sus largometrajes, Lejano (Uzak), sentaría con su Gran premio del jurado la primera piedra de la longeva y excelente relación del realizador con el festival de Cannes, culminada esta temporada con la obtención de la Palma de oro con Sueño de invierno (Winter Sleep), estrenada hace escasas semanas.

            De crisis, precisamente, es de lo que habla Lejano. La película parte de la depresión económica turca de los noventa y principios de milenio para, progresivamente, tornarla en metáfora sobre la profunda crisis existencial, amorosa y de ideales que en paralelo –o al mismo tiempo- sufren Mahmut, un fotógrafo residente en Estambul, y Yusuf, su primo recién llegado de provincias.

Desde el silencio, el pequeño gesto costumbrista y los detalles que jalonan los altibajos y tensiones en la relación entre ambos hombres, Ceylan destila una desoladora sensación de decepción, aislamiento y melancolía. Como ese país en plena e infructuosa intentona de dar la espalda a Asia y sumarse a Europa, siempre a medio camino entre dos mundo. Naves varadas, retratos de tejas y baldosas, el admirado Andrei Tarkovsky sustituido por vulgar pornografía, las heridas de un divorcio que trajo como única consecuencia una esterilidad figurada y literal, trabajar como tripulante convertido en quimera, las mujeres transformadas en fantasmas inalcanzables,…

            Ceylan trata con cariño y comprensión a sus protagonistas, pero con la justa compasión. Sus lánguidas andanzas no se libran de recibir malintencionados aguijonazos de ironía, sobre todo los impulsos de Don Juan del inmigrado, que poco a poco, como la función en general, adquieren una deriva un tanto siniestra, dentro de esa naturaleza lamentable que en principio las definen.

            Además de la sobria aunque admirablemente expresiva descripción del escenario social y sentimental que envuelve la obra, apresando en ella a los personajes, destaca aquí la citada composición de caracteres, que establece una curiosa rima entre dos individuos que, por mucho que lo intenten –en especial el nuevo urbanita-, poseen una esencia idéntica.

La actitud dominante y de cada vez mayor y más fingida superioridad moral –la verbalización de normas de convivencia, la reclusión del huésped al fondo de la vivienda, la limpieza y guardado clandestino de sus zapatos– subraya ese ingenuo repudio y alejamiento del pasado rural pretendido por Mahmut -ya expresado con economía y precisión en la llamada de teléfono que supone la primera escena hablada del filme-. Siguiendo esta idea, es él quien ahora trata de imponer a Yusuf ese mismo proceso de asimilación a la impersonal Estambul padecido en sus propias carnes, con el único impedimento esporádico de los rescoldos de compasión que todavía es capaz de despertar en él el reconocimiento de la incontestable semejanza que une a ambos–colocar con cuidado sus odiados zapatos durante una triste llamada a casa-.

Del mismo modo que la alegoría económica, esta imposición de reglas de comportamiento se ramifica con sutileza en una imposición psicológica donde la adaptación a la megalópolis significa la renuncia a los sueños e ilusiones y el abrazo del cinismo como medio de supervivencia.

            Lejano es un retrato intimista, agrio y complejo, fundamentado en la cotidianeidad más prosaica; paciente, cocinado a fuego lento con planos largos y ritmo pausado –quizás demasiado en ocasiones-, y que encuentra un precioso estímulo en la talentosa elocuencia de sus fotogramas, herramientas excepcionales para capturar el desaliento y la desorientación de un país en continua búsqueda de sí mismo.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7,5.

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