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Tres colores: Rojo

17 Mar

“¿Qué es lo que quiero? Solo paz. Es lo único a lo que se puede aspirar. El camino es lo interesante. ¿Qué soy? Un director retirado. Por ahora, esa es toda la realidad.”

Krzyzstof Kieslowski

 

 

Tres colores: Rojo

 

Año: 1994.

Director: Krzyzstof Kieslowski.

Reparto: Irène Jacob, Jean-Louis Trintignant, Jean-Pierre Lorit, Frédérique Feder.

Tráiler

 

 

            Tres colores: Rojo suponía la despedida y cierre de la trilogía inspirada en los colores y valores de la bandera francesa que el realizador polaco Krzyzstof Kieslowski iniciase el año 1993 y con la que conquistaría el favor de la crítica y público no exclusivamente festivalero. Sería su despedida del cine. Poco después, fallece.

            Para esta conclusión, el color rojo será quien presida la cinta, desde el registro cromático de su fotografía y la puesta en escena hasta su tonalidad sentimental, en total contraposición con aquel Azul emocionalmente gélido que abría la saga.

El rojo de la fraternidad. El de la sangre, del peligro, de lo prohibido, de las hojas en otoño y el ocaso, de la pasión y el amor.

            La película, esta vez ambientada en la plurinacional y pacífica Suiza, narra el encuentro de una joven modelo (Irène Jacob), aislada por las ausencias, las mentiras y las inseguridades que gobiernan su vida propia y la de todo aquel que la rodea, y un juez retirado (Jean-Louis Trintignant), un figura omnisciente sin nombre, el personaje que mueve los hilos en la sombra, voluntaria o involuntariamente desde una posición de poder que ha ostentado durante toda su vida, que parece ver y prever las finas e inescrutables conexiones que entretejen la realidad, la suerte, las casualidades y las pequeñas miserias ocultas que hacen encajar las incomprensibles piezas del puzzle que es el universo y el ser humano.

Un amago de Dios dubitativo sobre la relación y adecuación entre los conceptos de Ley, Justicia y Ética, cansado, en cierta manera crepuscular y melancólico, postrado también en la soledad a su manera, hermanado en sus mismas causas a su joven confidente, al mundo entero.

            Kieslowski prosigue, en la línea iniciada por Blanco, con la atenuación del formalismo puro y amolda al fondo argumental de la obra la belleza de las imágenes, de sus planos-secuencia elegantes, del fabuloso empleo de la luz, de la partitura de Preisner, a lo que se suma las excelentes interpretaciones de Jacob y Trintignant, componiendo así una película tan profundamente melancólica como sentidamente esperanzada.

La mejor de la trilogía.

 

Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 7,5.

Tres colores: Blanco

2 Mar

“Mi meta es escapar de la literalidad. Nunca lo he logrado; de la misma manera que tampoco consigo describir lo que realmente habita en mi interior, a pesar de que continúo intentándolo.”

Krzystof Kieslowski

 

 

Tres colores: Blanco

 

Año: 1994.

Director: Krzystof Kieslowski.

Reparto: Zbigniew Zamachowski, Julie Delpy, Janusz Gajos.

Tráiler

 

 

            Tres colores: blanco, es la segunda entrega de la trilogía inspirada en los valores propugnados por la Revolución francesa, simbolizados en los colores de su bandera, y con la que el polaco Krysztof Kieslowski conquistaba definitivamente Europa y el mundo en lo cinematográfico.

             Será en este caso el concepto de Igualdad el que aliente la alegoría que da pie a la construcción del filme. Es esta una igualdad trabada, la de un inmigrante polaco que aspira a recuperar el amor perdido de su bella esposa francesa. Una paridad quebrada por una incomunicación que parte del habla y se extiende hasta el cuerpo y, en definitiva, el alma. Una ruptura que desencadena el rencor.

La superación de barreras que exige el renacimiento de ese desdichado y despechado peluquero polaco. Un nuevo comenzar en sus orígenes, en Varsovia, que permita coger la carrerilla suficiente para sortear todos los obstáculos que lo lastraban: el aprendizaje del idioma, la prosperidad económica, la reconstrucción de su moral en ruinas somatizada en una humillante impotencia, la redención de su humanidad con la ayuda a un hermano de desesperación -inmenso Janusz Gajos presentando otra opción de suicidio “alternativo”, como había sido el aislamiento en vida de Binoche en Azul-.

Y el último escalón, el que verdaderamente equipara a ambas partes de la pareja, la fría pero ardorosa revancha contra los sentimientos del otro.

            Blanco, inscrita sobre una fotografía deslucida, como lavada con lejía, semejante a un deslumbramiento de luz mortecina, sustituye los rasgos melodramáticos que habían caracterizado la anterior Azul por la tragicomedia, entrañable y agria a partes iguales, sobre todo gracias a unos personajes y unas situaciones quizás tratadas de una forma más convencional, menos pretenciosa, pero en mi opinión más fresca, acertada y simpática -aunque con mucha mala baba-.

Individuos acaso imperfectos en su naturaleza -y puede que ligeramente en su descripción- pero más reconocibles, subyugados, perdidos en un mundo cruel, de una frialdad emocional terrible y que suele moverse en y por el sinsentido, cuya máxima expresión será un comercialismo desaforado que no se detiene ante valores o personas, en el que tan solo importan los números, lo particular.

             Kieslowski sigue aportando la puesta en escena elegante y el lirismo que da la atención al pequeño detalle que dice todo, a lo trascendentemente intrascendente. Una belleza formal prolija en símbolos, esta vez compaginada con una mayor atención al desarrollo del relato, lo que es de agradecer.

Aparentemente menos ambiciosa que Azul, sin embargo más lograda.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7.

Tres colores: Azul

1 Feb

“Creen que la lentitud y la solemnidad son sinónimos de profundidad.”
Billy Wilder

 

 

Tres colores: Azul

 

Año: 1993.

Director: Krzysztof Kieslowski.

Reparto: Juliette Binoche, Benoît Régent, Florence Pernel, Charlotte Véry.

Tráiler

 

 

            La trilogía de los colores de Krzysztof Kieslowski es la cumbre en la carrera de un director cuyo reconocimiento, hasta entonces, pertenecía sobre todo a los circuitos de festivales y de la crítica especializada. Estas tres películas, homenaje a los valores de libertad, igualdad y fraternidad preconizados por la Revolución francesa y simbolizados en los colores de su bandera, asumidos por el título y la ambientación cromática de las mismas, dotarán al director polaco de un prestigio universal.

            La primera de las tres cintas, simbolizada por el color azul, conmemora el ideal de libertad desde la figura de una mujer que, tras la desesperación que le supone la pérdida de su marido y su hija en un accidente de tráfico, decide hacer tábula rasa y comenzar una nueva existencia desde cero, aunque de forma totalmente aséptica, renunciando a las emociones que definen al ser humano, a cualquier vínculo sentimental. El encierro voluntario en un interior vacío y gélido. Un suicidio en vida.

La vida como una melodía interrumpida en la que Kieslowski escribe un poema en imágenes azulinas; un color frío, mortecino como el sentimiento de una protagonista encerrada en sí misma para tratar de superar un dolor casi imposible de dejar atrás, para cerrar con hielo unas heridas demasiado profundas.

            Es cine de autor, originado a partir la plasmación de un concepto –la libertad- y, por tanto, de fuerte simbolismo, hermetismo y voluntad de trascendencia, a lo que se añaden unas pronunciadas intenciones esteticistas. Exige al espectador poner de su parte, dejarse llevar por el hipnotismo de lo lírico que ha de emanar de los pequeños gestos y las grandes emociones.

Un filme preciosista, introspectivo y pausado que, sin embargo, no consigue meterme dentro, imbuirme en la tragedia de esa mujer, subyugarme en su belleza. Por el contrario, acaba por dejarme la sensación de que todo se reduce a la forma, de esteticismo. No caigo en el hechizo de sus imágenes, ni el drama posee la suficiente presencia o poder como para atrapar mi atención o conmoverme.

Es decir, que es una cinta muy bonita pero pretenciosa, antipática y aburrida.

            La música de Zbigniew Preisner, compositor habitual de las partituras de las obras de Kieslowski, se erige, de largo, como lo más destacado de la función.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 5.

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