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Anticristo

27 Dic

“Lars von Trier necesita a las mujeres. Las envidia y las odia por ello. Así que tiene que destruirlas.”

Björk

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Anticristo

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Anticristo.

Año: 2009.

Director: Lars von Trier.

Reparto: Charlotte Gaingsbourg, Willem Dafoe.

Tráiler

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           Cierto resquemor y despecho se le nota a Lars von Trier, cineasta y provocador. No le vale hacer como Álex de la Iglesia y calificar de brujas a todo el género femenino sin distinción. Von Trier, un hombre que no se anda con minucias, las eleva un peldaño más en la escala del mal: a la categoría de Anticristo redivivo.

            Anticristo es una película mutante. El filme comienza luciendo una apariencia de prólogo moralista, envuelto en un solemne blanco y negro, maneras litúrgicas, un aria de Haendel –la misma que se canta en la taberna de Amanece, que no es poco, hay que decirlo- e imágenes de sexo explícito. Una secuencia en la cual se equipara una acción, el orgasmo desbocado una pareja, con una consecuencia, la trágica muerte de un niño inocente.

En su estado larvario, la obra se adentra en los frágiles límites que separan la cordura de los infiernos de la sinrazón, planteada como la lucha contra el dolor y la culpa de un matrimonio en el que se establecen dos aproximaciones antagónicas hacia un mismo hecho luctuoso: la racional y psicologista de él (Willem Dafoe, encarnación del Mesías en La última tentación de Cristo, ojo) y la emocional y desgarrada de ella (Charlotte Gaingsbourg, premio a la mejor actriz en el Festival de Cannes por este exigente trabajo).

En el plano formal, el director danés juega con la luz y la oscuridad para describir un combate íntimo y épico, imbuido de una atmósfera onírica y angustiosa cuyas desasosegantes imágenes, repletas de una fuerza malsana y enfermiza, van torciendo poco a poco el recorrido de la película, como respondiendo a esa llamada maléfica que parece componer el incesante repiqueteo de las bellotas y el registro de sonidos que materializan la atmósfera, hacia una lectura sobrenatural y desaforadamente negativa de la condición humana en general, femenina particular.

            Desde una postura tétrica y pesimista, Anticristo se propone desvelar el caos como denominador común de la existencia, la preponderancia de la muerte y de lo grotesco frente a la penosa casualidad y el desolador absurdo de la vida.

            La cinta cautiva y perturba en este aspecto trágico, en el que esos tres mendigos que pululan por el escenario –el dolor, el sufrimiento y la desesperación- bien podrían haber representado el papel de las tres erinias de la mitología griega. En cambio, tras la definitiva metamorfosis del relato, la que otorga significado a las referencias religiosas que venía manejando el guion –el Edén perdido, la tentación y el pecado original, la bruja y su dominación mediante el sexo, el diablo-, es cuando Anticristo pierde los papeles, el halo surrealista se le descabalga para dar paso al exceso y el puro delirio conceptual y visual -nefasto conservar la atención absorbida por la narración-, y comienza a soltar exabruptos misóginos de como poco dudosa justificación.

Una película enajenada (y para mal).

 

Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 5.

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