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El gran miércoles

26 Mar

“El surf es una historia interminable. Siempre habrá una nueva ola que el surfista quiera cabalgar.”

Kelly Slater

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El gran miércoles

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El gran miércoles

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Año: 1978.

Director: John Milius.

Reparto: Jan-Michel Vincent, William Katt, Gary Busey, Patti D’Anbarville, Lee Purcell, Sam Melville, Darrell Fetty, Reb Brown, Gerry Lopez.

Tráiler

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            Siento debilidad por los narradores viscerales, aquellos que vuelcan una incontenible pasión existencial en cada uno de sus fotogramas con el fin entusiasta -y no siempre suficientemente apreciado-, de compartir emociones por medio de un relato.

            No soy aficionado al surf, ni aprecio esa mística ‘new age’ del contacto orgánico con el mar y la paz espiritual que por lo visto proporciona cabalgar las olas. Pero en cambio me entusiasma cómo El gran miércoles expresa la nostalgia del paraíso perdido y su rebeldía contra los sinsabores de la vida, conceptualizada en el combate del hombre contra el océano interminable y eterno, cuerpo a cuerpo. La reivindicación de una forma de entender la existencia, de uno mismo en definitiva, en contra de los elementos y de las presiones de una sociedad que nada sabe de sueños ni de romanticismo –la guerra de Vietnam; la imposición del matrimonio, la emigración al interior y el pago de impuestos- y que constata el fin de la inocencia de una generación y, por extensión, del país norteamericano al completo.

            John Milius, contador de historias por vocación y talento, vuelca sus inquietudes íntimas en una historia melancólica y crepuscular, aunque también irreductible y furibunda, por medio de la figura de tres amigos -el juicioso, el alocado y la leyenda-, hermanados entre ellos e incluso con el propio director –aparte de un fugaz cameo, alguna de las fotografías de los créditos iniciales procede de su álbum privado- gracias a su devoción común por el surf.

El temperamental cineasta, en calidad de director y guionista –acompañado en esto último por su colega de afición Dennis Aaberg-, escribe la crónica de un auge, una caída y una redención cotidiana, tan apesadumbrada como impetuosa. Desde ese Valhalla costeño de beldades rubias, parrandas adolescentes y tótems imperturbables –Beard, artesano del mar que elabora cada tabla como si de un ritual mágico se tratara-, hasta el destierro de este reino de felicidad, hedonismo y juventud, Milius se sumerge en un universo casi mitológico donde sus héroes se encuentran inmersos en la incesante persecución del “gran día” al que están destinados.

No obstante, explica Milius por boca del chamán Beard, la conquista de la gloria es un placer solitario y que conduce sin remedio a la perpetuación de esta melancolía irreparable.

            Con el atronador Pacífico de fondo, pulsación frecuente del estado de ánimo del filme y sus personajes, El gran miércoles es una obra imperfecta, perjudicada en ocasiones por un sentido épico y dramático un tanto ingenuo en su arrebatamiento, pero también capaz de sobreponerse a cualquier defecto con la fuerza de su espíritu torrencial y ardoroso.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7,5.

Persiguiendo Mavericks

26 Ago

“El surf me relaja, siempre ha sido una especie de experiencia zen para mí. El océano es majestuoso, pacífico, espectacular. El resto del mundo desaparece cuando cabalgo una ola.”

Paul Walker

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Persiguiendo Mavericks

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Persiguiendo Mavericks

Año: 2012.

Director: Curtis Hanson, Michael Apted.

Reparto: Jonny Weston, Gerard Butler, Elisabeth Shue, Abigail Spencer, Leven Rambin, Levin Crittenden, Taylor Handley.

Tráiler

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            Que el otrora ambicioso Curtis Hanson, realizador de cintas como L.A. Confidential o Jóvenes prodigiosos, decida acogerse a la fórmula rutinaria y alimenticia para dar forma a su último proyecto, deja a las claras el cansancio de un cineasta o la evidente decadencia de su trayectoria.

Después de los cinco años de silencio en el cine que siguen al fracaso crítico y comercial de Lucky You, tan solo interrumpidos por Malas noticias, crónica para la televisión sobre la traumática crisis económica, Hanson se acogía al tópico de la superación personal –otra variación popular del indestructible sueño americano, espíritu de la nación- para recuperar la vida del surfista Jay Moriarity, uno de los primeros conquistadores de los legendarios Mavericks del norte de California e ídolo de muerte prematura y trágica.

            Recortada con plantilla –la persecución obstinada del destino manifiesto, el descubrimiento de aptitudes innatas, la renuncia presente del héroe futuro, las amenazas, tentaciones y traiciones del camino épico, el valor del esfuerzo y el aprendizaje-, es de agradecer que, al menos, Persiguiendo Mavericks sea en todo momento consciente de su naturaleza y no trate de disfrazar sus carencias con ropajes pretenciosos o se abalance sin medida a los cantos ‘new age’ de un deporte caracterizado y caricaturizado por sus superficiales y trasnochadas tendencias a la espiritualidad y el misticismo.

Su estructura almibarada, digna heredera del sello Disney, construye un inocente aunque indoloro elogio al valor de los lazos familiares, sanguíneos o putativos, como medio de supervivencia frente a esas desdichas cotidianas que la huida con la tabla de surf a través las olas -una vocación devota mal convertida en salvación improvisada-, no consigue paliar del todo.

            El residual oficio de Hanson en la realización -sustituido en el tramo final del rodaje por Michael Apted a causa de sus problemas de salud-, la notable interpretación de Gerard Butler –un buen actor con un pésimo agente artístico-, el encanto de Abigail Spencer -compensación del un tanto repelente aspecto de ‘beach boy’ de Jonny Weston- y unas preciosas escenas marítimas consiguen que la función resulte fluida, amena y fácil de ver.

Ayuda, por supuesto, que el archiconocido devenir de la trama posibilite su visionado con el piloto automático encendido.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 5,9.

Nota del blog: 5.

A Scene at the Sea

12 Jun

“A veces me da la sensación cuando veo una película de Kim Ki-duk que digo… ¿me está gustando o no? Estoy un ratico largo con esos planos… y veo una figura que va andando… y se tira un rato andando… y digo… ¿esto está bien o está mal? ¿Me gusta o me aburre?”

Joaquín Reyes

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A Scene at the Sea

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Año: 1991.

Director: Takeshi Kitano.

Reparto: Claude Maki, Hiroko Ôshima.

Tráiler

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            Takeshi Kitano suele sostener que su principal motivación para realizar películas es que le sirve de coartada para de ir a la costa, estar en contacto con el mar. En A Scene at the Sea, el tokiota unía su pasión por el océano con otra de sus principales aficiones, el deporte en todas sus formas, para imponer un cambio de sentido en su incipiente trayectoria como director de cine (Violent Cop, Boiling Point), hasta entonces restringida al mundo urbano y despiadado del gángster, la yakuza japonesa, revestido con un refrescante halo irónico y distanciado.

            Este nuevo episodio en el que Kitano, recluido tras las cámaras, aún se encuentra inmerso en la forja de su estilo, propone un recorrido a lo largo de la historia de amor entre un chico sordomudo y su devota novia, y la ahogada inmolación de éste en pos de la consagración del sueño que de sentido a una vida insípida: cabalgar sobre las olas con una tabla de surf.

Una historia sencilla con esencia de fábula en la que Kitano despliega una todavía imperfecta sensibilidad que, en el terreno del romance, alcanzará su máxima expresión en la colorista Dolls.

            Así, A Scene at the Sea es un relato narrado con ritmo contemplativo hasta lo desafiante, rasgo típico de buena parte del cine oriental pero puede que también signo de inexperiencia o impericia del propio director, que observa con una mirada rebosante de cariño unos personajes que, en el caso del protagonista (Claude Maki, actor, cantante de hiphop y surfista profesional), combinan ternura y obcecado egoísmo –en ocasiones raya lo insensible en su abuso del sacrificio incondicional de su chica a la hora de encontrarse con un destino individual-, o representan, por parte de ella (la entrañable Hiroko Ôshima), una cándida pureza.

            La capacidad lírica y simbólica del realizador, extraída directamente de la límpida prosa de lo cotidiano y la sensitiva captación de lo íntimo, perfecta para crear una original antipelícula de competición deportiva, se entremezcla con otros elementos indisociables de su cine, como ese aire naif de una violencia con influencia del slapstick de dibujos animados, la reducción hasta la mínima expresión de sus personajes, con la subinterpretación actoral consecuente –unos componentes próximos al teatro de marionetas que convertirán en nada casual el título de la futura Dolls, precisamente ‘marionetas’-, y, en general, el alma adorable y melancólica al mismo tiempo que impregna una obra que, sin embargo, puede plantear desde su cadencia aletargada una oposición a veces insalvable para el espectador.

Hermosa y delicada en su conjunto, tediosa por momentos.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 5,5.

Le llamaban Bodhi

29 May

“Me sobran cojones para hacer surf en esta playa.”

Teniente coronel Kilgore (Apocalypse Now)

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Le llamaban Bodhi

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Año: 1991.

Directora: Kathryn Bigelow.

Reparto: Keanu Reeves, Patrick Swayze, Lory Petty, Gary Busey, Jon C. McGinley.

Tráiler

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            A principios de los noventa, el thriller popular no gozaba de buena salud, contagiado por los vicios de un Hollywood con avidez por argumentos trasnochados propicios para chutes baratos de adrenalina bajo formas cada vez más próximas al videoclip. Esta película es ejemplo de ello.

            Le llamaban Bodhi es la recuperación de las viejas cintas de surferos de los setenta –su agotamiento quedaba demostrada en la reinvención y mezcla paródica con la nazisploitation de Los surfistas nazis deben morir, made in Troma– con aspiraciones nostálgicas e icónicas para las nuevas generaciones alejadas de las anteriores, pero con el debido lavado de cara, abultado presupuesto y duelo de asépticos e inexpresivos guapos mediante –el emergente Keanu Reeves y el más consagrado Patrick Swayze-, a fin de satisfacer sus objetivos de espectáculo para todos los públicos.

            Kathryn Bigelow, por entonces pareja de James Cameron, productor del filme, continuaba una carrera de realizadora que había comenzado a tomar cuerpo a través de la modernización de temáticas clásicas como la mitología del vampiro (Los viajeros de la noche) y por guiños a un cine de sensibilidad en principio poco femenina (el policíaco Acero azul, con escenas al ralentí herencia de su admirado Sam Peckinpah).

En esta ocasión, la clave de actualización pasa por transformar el enfrentamiento entre el policía y el ladrón en una competición lindante con la rivalidad/hermandad de patio de colegio con chica entre medias más propia del cine juvenil: el recién llegado Johnny Utah (Reeves), ambicioso agente del FBI con mucho que aprender sobre la vida, contra la temible banda de los ex presidentes, un grupo de joviales y bronceados surfistas californianos dirigidos por el experto jinete de las olas Bodhi (Swayze), todo un gurú new age alzado en firme lucha contra lo establecido desde el hedonismo militante propio de su gremio.

            Intrascendente hasta la médula, con un guion simple, disparatado de partida y tontorrón hasta el sonrojo en no pocas ocasiones –precisamente cuando suelta algún intento de frase reflexiva o, peor aún, reivindicativa e incluso mística-, Le llamaban Bodhi no pasa de ser una cinta convencional y previsible filmada con un buen manejo de los tiempos y un reseñable rodaje de la acción, destinada a mayor gloria del existencialismo del surfer y su consumo despreocupado y poco exigente en las multisalas de toda América y, por extensión, del Universo.

            Cumpliendo con sus pretensiones, conseguiría convertirse en todo un referente generacional –componente fuera del cual pierde casi todo su atractivo-. De hecho, se espera remake.

 

Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 4.

The endless summer

28 Ene

“Mientras surfeas, vives. Todo lo demás es espera.”

Josh Mitchell

 

 

 

The endless summer

 

Año: 1966.

Director: Bruce Brown.

Reparto: Robert August, Michael Hynson.

Tráiler

 

 

 

           The endless summer es la obra totémica de los aficionados al surf de todo el mundo, especialmente en California, descubridora de numerosos espacios anteriormente desconocidos y ahora pequeños lugares de peregrinación surfera, como Cape St. Francis en Sudáfrica, y creadora de imágenes de gran belleza e icónicas de este deporte.

          El documental, firmado por Bruce Brown, un apasionado del tema y que ya contaba con otros seis documentales sobre el surf en su haber, consiste básicamente -tras una presentación del surf hawaiano y californiano del momento, los principales conceptos del deporte y algunas de sus estrellas- en el seguimiento de  la experiencia protagonizada por los surfistas californianos Michael Hynson y Robert August en su viaje alrededor de las playas del mundo siguiendo el verano sin fin del título. Aguas cálidas veraniegas en territorios vírgenes de surfistas con idílicos escenarios, olas perfectas y rojizas puestas de sol en las que, además de cabalgar sobre las olas, conocerán algo sobre las costumbres locales a través de su contacto con los nativos del lugar.

Pese al despreocupado existencialismo hedonista como tópico surfero y la ligera dramatización presente para amenizar el contenido, Brown procura alejarse de las películas de teen exploitation, enormemente populares en la época, que usaban el entorno del surf como excusa. Toda la belleza de este deporte, su amor por la naturaleza y el espíritu vitalista y positivo propio de finales de la década queda plasmado por medio de preciosas imágenes en entornos paradisíacos y que, gracias a la evolución técnica, permitía incluso la filmación desde dentro del agua por los propios protagonistas del film, aún no del todo desarrollada pero sí destacable. Quizás se le puede achacar cierta jocosidad inocentona frente a los habitantes de las costas africanas pero, en fin, no es este tema del documental.

           En los noventa, el mismo autor rodaría su segunda parte, que repite también el esquema del viaje alrededor de playas del mundo.

           Seleccionada en 2002 para su preservación en el National Film Registry de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, como parte de los bienes cultural, histórica o estéticamente significativos de la nación.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 8.

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