Tag Archives: Superstición

Ave del paraíso

25 Mar

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Año: 1932.

Director: King Vidor.

Reparto: Joel McCrea, Dolores del Río, John Halliday, Richard ‘Skeets’ Gallagher, Bert Roach, Lon Chaney Jr., Wade Boteler, Arnold Grey, Reginald Simpson, Napoleon Pukui, Agostino Borgato, Sofia Ortega.

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         En Ave del paraíso confluye el gusto por las fantasías románticas de corte tropical del periodo con el incipiente cine de catástrofes que terminaría de explotar en esta década, con algunas muestras, como Huracán sobre la isla, Tifón y Vinieron las lluvias, también ambientadas en escenarios exóticos. Deseo, peligro.

         El argumento del filme se basa en el tema del amor prohibido entre el hombre blanco y la mujer nativa, ambos bellos por igual, y que se enfrenta tanto a los tabúes sociales como a un destino que parece irremediablemente trágico, aquí simbolizado por la presencia destructiva y omnipotente de un volcán que, de acuerdo con los ritos locales, exige sacrificios de carne joven para aplacar su ira.

         El relato es sencillo e incluso tópico en su concepción, lo que hace que le pesen los años, a pesar de destellos de erotismo precódigo Hays que se manifiestan como ejemplo más evidente en unas coquetas escenas de nudismo submarino que despertarían algún que otro escándalo en la época. Con todo, y pese a la negación del buen salvaje como habitante de este edén virginal por medio de estas reprobables costumbres barbáricas y cruentas, también hay detalles que ponen en duda el etnocentrismo occidental -el marinero heroico al que finalmente se ha de rescatar, las maravillas de la civilización que palidecen en comparación con un atardecer junto al ser amado-, del mismo modo que, con cierta madurez, se apunta un debate pesimista acerca de los choques culturales que trae como consecuencia un desenlace más atípico y contundente.

         Al fin y al cabo, de menos a más en intensidad emocional, el romance entre Johnny y Luana queda dibujado desde cierta igualdad, dado que se presenta como un hechizo mutuo, superior en potencia a cualquier otro tipo de brujería, y que demanda asimismo un sacrificio recíproco. De hecho, como ya se anticipaba en el ataque del tiburón, no es el protagonista masculino el que resuelve el drama en una acción de conmovedor arrojo y generosidad.

En esta línea, King Vidor -responsable de dirigir la tercera producción exótica de la RKO y David O. Selznick tras El malvado Zaroff y King Kong, de la que hasta reutiliza decorados-, logra extraer belleza y sentimientos encontrados, amén una sensualidad muy física de nuevo, de planos como un beso que es al mismo tiempo sanación y despedida. Estos elevan así los resultados del conjunto.

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Nota IMDB: 6,1.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 6,5.

Los creyentes

16 Sep

“La única diferencia entre una secta y una religión es la cantidad de bienes que poseen.” 

Frank Zappa

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Los creyentes

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Los creyentes

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Año: 1987.

Director: John Schlesinger.

Reparto: Martin Sheen, Helen Shaver, Harley Cross, Malick Bowens, Robert Loggia, Elizabeth Wilson, Lee Richardson, Harris Yulin, Richard Masur, Carla Pinza, Jimmy Smits, Raúl Dávila.

Filme

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            El mal tiene carta blanca en el cine, sobre todo en el de terror. Su propia esencia maligna acostumbra a servirle de disculpa para pasarse por el forro las leyes de la verosimilitud física y narrativa. Frente al orden de Dios, que no suele manifestar sus milagros en fotogramas, está el caos del diablo y sus secuaces, que pueden hacer y deshacer a su antojo, casi omnipotentes e impunes.

Todo lo puede el hechicero de Los creyentes. Sus malas artes le permiten presentarse allí donde le dé la gana, obrar lo imposible y, en definitiva, objetivo primordial de toda religión, eliminar los atroces embates del azar y la incertidumbre que tanto acongojan al hombre, mota de polvo abandonada a su suerte en el vasto universo –una de los temas argumentales que componen el decorado dramático del filme-. Pero ni todo su poder es capaz de explicar convincentemente, entre otras cosas, por qué acaso querría su secta de devotos matar al hijo del protagonista.

            Los creyentes es una cinta que se sumerge en la fascinación morbosa que provoca la santería caribeña y el vudú, al estilo de las coetáneas El corazón del ángel o El arcoíris y la serpiente, si bien termina por recordar más a La semilla del diablo, dada su vertiente conspiratoria que aferra sus raíces en la sociedad estadounidense blanca, acomodada y preeminente.

Desde el punto de vista de un psicólogo de la policía (Martin Sheen), todavía con la herida abierta de su viudez, producto de un accidente fatal y patético, el relato se adentra en una trama embrollada y no demasiado sólida acerca de asesinatos infantiles, rituales macabros y ambiciones de lo más terrenal -típicas de los ochenta yuppies-, y donde la pretendida distinción didáctica entre santería y brujería -las fuerzas positivas y las negativas de este conjunto de creencias-, es inane y provoca indiferencia.

            John Schlesinger todavía rueda con cierto pulso y entrega alguna escena con capacidad de impacto –las arañas-, aunque en general la película transcurre sin despertar excesiva inquietud, ni en calar en los huesos de quien la mira despreocupado. El brujo clava sus ojos verdes en el espectador para tratar de hipnotizarlo y arrastrarlo a su infierno de magia negra y dolor, pero es inútil. El sortilegio no causa efecto.

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Nota IMDB: 6.

Nota FilmAffinity: 5,4.

Nota del blog: 4.

María Candelaria (Xochimilco)

17 Jul

“México, inquietante dualidad: un pueblo de máscaras y de total transparencia.”

Emilio ‘Indio’ Fernández

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María Candelaria (Xochimilco)

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María Candelaria (Xochimilco)

Año: 1944.

Director: Emilio ‘Indio’ Fernández.

Reparto: Dolores del Río, Pedro Armendáriz, Alberto Galán, Margarita Cortés, Miguel Inclán, Rafael Icardo.

Filme

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            A ojos del espectador europeo, Emilio ‘Indio’ Fernández quizás sea más conocido por su participación en pequeños pero significativos papeles en películas de su amigo gringo Sam PeckinpahGrupo salvaje, Pat Garret y Billy the Kid y Quiero la cabeza de Alfredo García-, a quien además ayudaba en tareas de filmado durante sus momentos de ‘dispersión’. Un cometido oscuro que no le era desconocido, puesto que ya había asistido anteriormente a John Ford durante su estancia en México merced al rodaje de El fugitivo.

Sin embargo, Emilio Fernández, antiguo revolucionario, formado artísticamente en los Estados Unidos y retornado a su país natal en la década de los treinta, es uno de los nombres clave de la denominada edad de oro del cine mexicano. Una etapa prolífica y exitosa, producida dentro de una organización de estudios estable y poblada por un star system propio como nunca había existido en el cine de habla hispana.

           María Candelaria (Xochimilco) supone una de sus consideradas primeras obras maestras. Una película en la que, desde su cometido de guionista y director, el cineasta coahuilense exponía muchas de las constantes características de su cine.

Hombre de tendencias progresistas, Fernández adopta las formas del melodrama, género estrella en el México del momento, para asociarlas a las corrientes campesinas e indigenistas del cine nacional. Es decir, que su acercamiento a las raíces legendarias del país, personificadas por el pueblo llano y en especial de sustrato indio, se realiza desde una visión romántica, mitificada y trágica que exalta su origen único y su orgullosa dignidad de raza inconmovible por el tiempo, por lo general inserto a su vez de una concepción pesimista y fatalista del ser humano.

Ejemplo palmario de estas premisas es María Candelaria, la mujer que da nombre al filme, concatenación de las excelencias estéticas de un linaje milenario y humilde –encarnadas nada menos que por Dolores del Río, “el rostro de México”-, repudiada y marginada por el pueblo de Xochimilco a causa de un inefable pecado heredado de su madre. Una existencia de desgracia que apenas se sostiene en vida gracias a su amor a tumba abierta con el joven labrador Lorenzo Rafael (Pedro Armendáriz, como del Río, actor fetiche del cineasta).

            Una obra todo desgarro, construida, como las historias de la tradición popular, a partir sentimientos y estereotipos sublimados, y en la que Fernández se rodea de su equipo de confianza, con del Río y Armendáriz a la cabeza del reparto, garantía de eficacia en el trabajo y la taquilla, y Gabriel Figueroa en el blanco y negro, un experto en explotar la belleza del escenario natural y en el manejo preciosita de la luz y la sombra en las composiciones de interior.

Curiosamente, todos ellos colaborarían más tarde en la citada El fugitivo a las órdenes de Ford.

            La indagación en el tópico de la belleza desgraciada, víctima de la envidia y el temor irracional de la masa -tema emparentable con la tradición mediterránea, italiana en particular; nada más ver las agrias comedias de Pietro Germi-, desarrolla ese homenaje a las virtudes y el martirio de una estirpe en vías de extinción contrapuestas a la mezcla de machismo, hipocresía, superstición, caciquismo y carestía también idiosincráticas y endémicas de la sociedad mexicana.

Un microcosmos que convulsiona bajo la mirada asombrada e incrédula de la encarnación del México moderno, el pintor que da entrada tanto al inicio de la narración como al violento drama del desenlace.

            La firme dirección de Fernández, barnizada con notas fordianas –la pequeña e íntima historia que se convierte su contenido en un gran relato universal, el sencillo pero hermoso lirismo de las imágenes, la apariencia virginal de María Candelaria en su penitencia y sacrificios impuestos-, apoyada a su vez en el atractivo y el buen hacer de su pareja principal, convierte a María Candelaria en una película lacerante y conmovedora. Al igual que su protagonista, dueña de una infausta belleza.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,4. 

Nota del blog: 8.

Yo anduve con un zombie

3 May

“No conviene cabrear a los críticos de Nueva York. De hecho, les va a resultar muy difícil conceder una buena crítica a algo llamado Yo anduve con un zombie.”

Val Lewton

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Yo anduve con un zombie

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Yo anduve con un zombie

Año: 1943.

Director: Jacques Tourneur.

Reparto: Frances Dee, Tom Conway, James Ellison, Edith Barrett, Christine Gordon, Darby Jones.

Tráiler

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            En estos tiempos en los que está de moda esa máxima falaz del “hacer más con menos”, bien vale acudir al legendario productor Val Lewton para intentar averiguar cómo –si es que es acaso posible- crear productos con calidad y sello propio con la calderilla que cae por los bolsillos agujereados de las cicateras majors hollywoodienses.

            Máximo exponente de la producción serie B dentro de la RKO, Val Lewton, originario de Ucrania pero naturalizado estadounidense, contribuiría a reformar el cine de terror fantástico rodeándose de experimentados profesionales, capaces de hacer que el pírrico presupuesto y los escuetos medios técnicos de las películas quedaran compensados por medio de la creación de una atmósfera de textura y sabor inconfundible, un incitante marco de pequeñas pero efectivas obras artesanales.

            Para su desafiante cometido, Lewton contaría como mejor aliado con Jacques Tourneur, director de raíces también extranjeras, en concreto francesas, pero criado en Norteamérica. Un auténtico maestro en cuestión de narrativa visual y puesta en escena con el que Lewton compartiría créditos en filmes más tarde convertidos en clásicos del género, como La mujer pantera, El hombre leopardo o la presente Yo anduve con un zombie.

            Elemento recurrente en estas tres producciones, el exotismo de la ambientación juega un importante papel a la hora de crear inquietud en el espectador, identificado en este caso con una protagonista occidental, enfermera de profesión -Frances Dee, puntal de un solvente reparto, potenciado por la habilidad de Tourneur como director de actores-, contratada por una pudiente familia de terratenientes de las Antillas británicas para cuidar a una mujer en estado de catatonia a causa de una extraña enfermedad.

El evocador impacto del vudú -religión derivada de las creencias animistas de los esclavos africanos transportados al Caribe y del cual esta película contribuiría a potenciar su mística a nivel popular- descubre al hombre blanco un mundo ignoto, magnético y amenazador al mismo tiempo, un estrato más de una realidad multiforme en la que se entremezcla sin distinción lo cotidiano y cognoscible con lo fantasioso, lo esotérico y lo irreal.

            Yo anduve con un zombie se sustenta en buena medida sobre el inteligente guion –pese a cierto abuso de la voz en off– rubricado por Curt Siodmark, hábil escritor, aunque completado tras su abandono prematuro por Ardel Wray, quien, dado los buenos resultados de su trabajo, tendría la oportunidad de repetir colaboración con Lewton y Tourneur en la posterior El hombre leopardo.

Tomando como punto de partida un artículo periodístico, incorporado a una estructura melodramática en la que se vislumbran gotas de Jane Eyre, el libreto distribuye con pausa el suspense a la vez que controla el funcionamiento y coherencia interna de sus mecanismos y sienta con delicadeza las bases de la atmósfera y la sugerencia -factores clave del filme- a través expresivas líneas, como aquellas alusiones a la decadencia que se oculta en el reverso de toda belleza o la sensación de la desgracia familiar como parte de un ciclo de fatalismo irrompible, condenado a una reparación trágica.

            De este modo, dentro del microcosmos de la isla -un universo aparte, de pasado y presente a espaldas al mundo conocido-, el vudú supone tan solo un ingrediente que acentúa el desasosiego de la trama dado su carácter primitivo y barbárico, cristalizado por el uso de una percusión ensordecedora, que desborda y hace vibrar la escena para generar así un poderoso efecto hipnótico. El enigma, el verdadero mal, se intuye residente en la familia de respetables colonos, enquistado en forma de un inefable pecado de sangre.

             El hechizo queda completo gracias a la estilizada realización de Tourneur, repleta de sombras de inspiración expresionista y trazos de estética gótica, con la que logra hacer palpable con suma elegancia el clima turbio, misterioso y fascinante de una película que resiste con garantías y vitola de clásico el pernicioso paso del tiempo.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7,5.

Operazione paura

11 Ene

“El cine es como la forja de un mago. Te permite construir una historia con tus propias manos. Me atrae la posibilidad de resolver problemas. Nada más, crear una ilusión, un efecto, desde casi la nada.”

Mario Bava

 

 

Operazione paura

 

Año: 1966.

Director: Mario Bava.

Reparto: Giacomo Rossi-Stuart, Erika Blanc, Fabienne Dali, Luciano Catenacci, Giovanna Galletti.

Tráiler

 

 

            Mario Bava es una de esas grandes personalidades del cine inadvertidas para el gran público, poseedor de los suficientes recursos imaginativos y creativos como para labrarse una carrera notoria en el séptimo arte tras participar en todos los escalafones de la industria, desde la dirección de fotografía y la ayuda de dirección para directores como Rossellini, Monicelli, Tourneur o Freda -el padre del horror all’italiana, de decisiva influencia en su posterior obra-; para superar las carencias crónicas de medios en sus propias películas, para ser considerado autor y personaje capital de un género “menor” y para ganarse la admiración y el reconocimiento de su influencia por parte de grandes del cine como Scorsese, Lynch, Burton o Tarantino.

Siempre ligado a un imaginario siniestro y tenebroso de cierta raigambre surrealista y romántica, terreno en el que puede aplicar toda su característica expresividad artística, Bava será considerado el fundador del terror gótico italiano (La máscara del demonio) y el iniciador del giallo, uno de los subgéneros más populares del país transalpino, del cual formula la mayoría de sus claves con La muchacha que sabía demasiado y Seis mujeres para el asesino. También sabrá trasladar sus propios códigos a otros géneros como el peplum (Hércules en el centro de la Tierra) o la ciencia ficción (Terror en el espacio, germen de la futura Alien).

            Operazione paura –literalmente Operación miedo, desafortunado título que parece remitir más a una cinta de espionaje de Guerra fría- supone el retorno de Bava al terror gótico más puro, si bien con ciertos rasgos que había inoculado anteriormente a esa génesis del giallo. Un relato ambientado en la Alemania decimonónica, profunda, rural y aislada, donde se tienen lugar muertes misteriosas, villas ruinosas y malditas, hechicerías y espiritismo, venganzas de ultratumba, pueblos arrodillados ante atávicas supercherías y terroríficas leyendas a las que habrá de enfrentarse el forastero casual, representante del hombre civilizado, racional y científico que ha de enfrentarse a lo sobrenatural e inexplicable.

Una historia donde el terror surge de la contradicción entre la mirada de una niña angelical –¡niño en la vida real!- y la muerte terrible a la que se asocia -elemento de moda hoy en día, imitado hasta la saciedad-, con la investigación como guía estructural de una película en realidad supeditada a su atmósfera onírica, surrealista, bañada de perpetuos ocasos purpúreos, sombras alargadas y amenazantes que acechan en estrechos y decrépitos callejones inundados de gélidas brumas, sonidos inquietantes y sobrenaturales e imágenes trémulas y pesadillescas, con una escenografía barroca -tortuosa, agobiante- y colorista -al mismo tiempo hipnótica y turbadora- en la que tienen lugar algunas escenas de un impacto angustioso memorable –la chica descendiendo unas escaleras de caracol que parecen no acabar, el protagonista acudiendo al grito desesperado de su amada mientras persigue a su sombra en una habitación sin fin-.

            Claro que el argumento no llega a ser redondo y Bava, más allá de una pobreza de presupuesto que pasa casi totalmente inadvertida, cae en alguno de sus típicos excesos, como sus clásicos zooms centelleantes, vertiginosos. Sin embargo, su poderosa labor de dirección sumerje al espectador en un mundo fantástico y aterrador, absorbente y sabroso, en el que se respira la ambientación de los clásicos de la literatura gótica.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7,5.

La mujer pantera

5 Jun

“Yo era afectuoso y bueno; la desgracia me ha convertido en un demonio. Hazme nuevamente feliz y volveré a ser virtuoso.”

El Monstruo (Frankenstein o el moderno Prometeo)

 

 

La mujer pantera

 

Año: 1942.

Director: Jacques Tourneur.

Reparto: Simone Simon, Kent Smith, Jane Randolph, Tom Conway.

Tráiler

 

 

           En 1942 Jacques Tourneur renovó por completo la concepción del cine de terror de Hollywood con La mujer pantera, película rodada en 18 días, con un presupuesto pírrico y aprovechando los decorados que había dejado Orson Welles de su película El cuarto mandamiento. Características estas propias de los cánones de la serie B o C de los estudios, obras hechas con restos de fábrica en medios e ideas, muchas veces compuestas simplemente a partir de un título atractivo, y destinadas a programas dobles. Sin embargo, su popularidad será tal que en la década de los cuarenta más de la mitad de las producciones se encuadraban dentro de esta serie B, hecho al que el enorme éxito de La mujer pantera contribuyó de manera decisiva.

            En el fondo, la propuesta de Tourneur, escrita por DeWitt Bodeen, no difería demasiado del concepto de uno de los monstruos clásicos de Hollywood, el hombre lobo; es decir, un ser humano que se transforma en animal y amenaza a la sociedad, lo que en realidad no es sino un destino trágico en el que el individuo en cuestión no es más que otra víctima del propio monstruo que se oculta en su interior.  

De nuevo, como en Drácula y El hombre lobo, versión de 1941, la criatura proviene de la remota y exótica Europa Oriental, en este caso bajo los dulces rasgos de Irena (Simone Simon), una joven inmigrante serbia perseguida por un lejano y turbio pasado, acosada por un miedo y unas supersticiones que no logra superar siquiera de la mano de su enamorado y luego esposo americano (Ken Smith). Una imposibilidad de huir de un destino que le hace imposible vivir el presente, tanto a ella como a sus seres queridos, y que, finalmente, precipita el drama ante los celos generados por un matrimonio que se hunde irremisiblemente.

            Obviamente han pasado casi setenta años y muchas películas de terror tras La mujer pantera pero es aún innegable su enorme atractivo, explotado por virtudes como la expresividad que siempre gozan las películas de Tourneur, un maestro en el manejo de la puesta en escena y la iluminación, y, en especial, por la enormemente eficaz dosificación del misterio y lo inquietante en torno a la trágica figura de Irena, sucediéndose un progresivo y pausado aumento del desasosiego, con la amenaza latente, hasta picos de tensión enseguida contrapuestos por la aún contradictoria sensación de indefensión y vulnerabilidad que provoca una protagonista que es retratada con gran amargura, además del uso de códigos y técnicas innovadoras, luego muy imitadas, como la clarividencia animal del peligro o el llamado bus effect, es decir, la aparición abrupta de un elemento tranquilizador tras el incremento de lo siniestro.

Una obra de merecida revisión que sienta muchas de las bases del género, posteriormente explotadas hasta la saciedad.

Conocerá una continuación, un remake ochentero e, incluso, un homenaje porno a cargo de los hermanos Lapiedra.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 7,5.

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