Tag Archives: Superhéroe

Wonder Woman

24 Jul

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Año: 2017.

Dirección: Patty Jenkins.

Reparto: Gal Gadot, Chris Pine, David Thewlis, Danny Huston, Elena Anaya, Ewen Bremner, Saïd Taghmaoui, Eugene Brave Rock, Lucy Davis, Connie Nielsen, Robin Wright.

Tráiler

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         Wonder Woman surge, en primer lugar, como la conexión natural entre los héroes de la mitología clásica y los superhéroes del cómic y el cine, que según muchos es la traslación de este universo legendario tradicional al mundo contemporáneo. Y es, en segundo, la reivindicación del protagonismo femenino -en el relato y aquí detrás de las cámaras- dentro de un género donde los prejuicios determinan que la acción, y más aún si esta consiste en salvar a la humanidad, es un asunto de hormonas viriles. William Moulton Marston, psicólogo y autor del cómic original, marido en dos matrimonios con esposas de fuerte carácter y convicciones adelantadas a su tiempo, era defensor de que la sensibilidad y la inteligencia de la mujer le hacía superior al hombre.

Posteriormente reivindicada como icono feminista, la nueva y poderosa ola del movimiento la convertía en un personaje irresistible para recuperar -después de la atractiva aparición de Jessica Jones y antecediendo a la llegada de la Capitana Marvel y la cinta en solitario de Viuda Negra, con mayores o menores disimulos mercantiles-. “El feminismo hizo a Wonder Woman; más adelante, Wonder Woman rehizo el feminismo”, que resumía la historiadora Jil Lepore. En este sentido, es interesante que, de hecho, se haya producido una valoración dispar sobre la película entre dos admiradoras de Wonder Woman y escritoras feministas como Gloria Steinem -uno de los grandes nombres del feminismo de los sesenta y setenta- y Elisa McCausland -autora del reciente ensayo Wonder Woman. El feminismo como superpoder-. Esta última lo atribuye a que la inspiración del guion -elaborado por Allan Heinberg, Jason Fuchs y Zach Snyder, al alimón hombre fuerte de la producción- se asienta sobre los “conservadores” cómics de Brian Azzarello y Cliff Chiang, realizados entre 2011 y 2014, con lo que la función termina por entregar el protagonismo al espía Steve Trevor.

         Aunque no estoy del todo de acuerdo con este último punto -entiendo que el personaje sirve de cicerone en la evolución de una diosa ajena a las complejidades de la Tierra y aporta una coherente resolución ‘humana’ a la parte ‘humana’ del conflicto-, sí es cierto que tampoco se puede considerar Wonder Woman una subversiva rebelión femenista en el subgénero superheroico. No obstante, se puede interpretar igualmente que a su condición mesiánica y su superioridad manifiesta no le hacía falta más subrayado exhibicionista -ahí está el ejemplo de cierta escena de Vengadores: Endgame-, más allá de deslizar tres o cuatro pullas de guerra de sexos y dejar alguna que otra referencia al espíritu de las sufragistas. Y, en lo que a ella respecta, Gal Gadot da la talla en presencia en pantalla y credibilidad física para llenar tan rotundo personaje.

En cualquier caso, el peso ideológico del filme no tiende a la grandilocuencia y los complejos cósmicos que bien elevaba, bien afectaba a la trilogía de El caballero oscuro y la recuperación de Supermán acometida en la última década por la factoría cinematográfica de la DC. El éxtasis final parece mostrar huellas de los característicos ralentí e hipertrofia de Snyder y hay dilemas tradicionales de la franquicia, como es la mirada de la entidad divina o semidivina sobre la corruptible humanidad y el merecimiento o derecho de esta a la redención -ahí es donde se produce esa citada participación de Trevor a modo de ese compás humano que, por ejemplo, en Los Vengadores: la era de Ultrón lo encarnaba un reivindicado Ojo de Halcón-.

         Pero en último término lo que prima es un goloso sentido de la aventura que permite a Wonder Woman superar con holgura y capacidad lúdica su condición de cinta de presentación del superhéroe -con los obstáculos que supone la necesidad de introducir al profano a una nueva mitología-, con una relación compensada entre el poderío de Gadot y el acertado minimalismo de Chris Pine, a juego con sus respectivos personajes, y bien punteados, con suficiencia y sin excesos, por unos compañeros y unos villanos con una agradecida esencia comiquera. Ello no es óbice, con todo, para interesantes detalles visuales como las pinturas en movimiento que recrean la leyenda.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7.

Capitán América: Civil War

23 Jul

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Año: 2016.

Directores: Anthony Russo, Joe Russo.

Reparto: Chris Evans, Robert Downey Jr., Daniel Brühl, Scarlett Johansson, Elizabeth Olsen, Paul Bettany, Sebastian Stan, Anthonie Mackie, Chadwick Boseman, Jeremy Renner, Paul Rudd, Tom Holland, Don Cheadle, William Hurt, Martin Freeman, Emily VanCamp, Alfre Woodward, Marisa Tomei, John Slattery, Stan Lee.

Tráiler

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         Hay voces que relacionan los picos de popularidad de los superhéroes con los periodos de auge de tendencias políticas fascistas. Responde esta teoría a la naturaleza del superhéroe como dios entre los hombres, cualidad que le inviste de atribuciones casi plenipotenciarias, por encima de la corruptibilidad de cualquier institución civil. Irrefutable policía, juez, verdugo. Pero ¿quién vigila a los vigilantes?, que se preguntaba Alan Moore con su causticidad y descreimiento de cuño europeo. Aunque el espectador de los Estados Unidos contemporáneos tampoco parece admitir ya la inviolabilidad sin mácula de la acción superheroica -aunque las conclusiones del discurso terminen por justificarla-. Así, con sus más y sus menos, Batman v. Superman: El amanecer de la Justicia se atrevía a sentar al hombre de acero en el banquillo de los acusados. Los Vengadores: La era de Ultrón, precedente cronológico de Capitán América: Civil War en la saga de la Marvel, intercalaba preguntas acerca de la responsabilidad y las consecuencias de actuar de forma heroica, así como sobre la elasticidad de conceptos morales el Bien y el Mal. Capitán América: Civil War asienta de hecho su argumento sobre las secuelas de esas acciones. Los daños colaterales.

         Hay un dilema entre el remordimiento y la convicción. Entre las dudas de un tipo posmoderno como Tony Stark y las certezas morales del Capitán América, que es el abanderado de ‘la mejor generación’, aquella que no dudó en sacrificarse contra un enemigo a cara descubierta como era el nazismo -una firmeza en la encarnación del bando correcto que ya se exponía en El soldado de invierno, donde se le enfrentaba a tiempos de rivales inciertos y paranoia-. Aunque, a la postre, ambos encarnan sendas representaciones de los Estados Unidos, puesto que el primero no deja de ser un individuo sumamente emprendedor, un plutócrata decisivo, que, en esta ocasión, contradictoriamente decide someterse a los designios del Estado, frecuente coartador de la iniciativa ciudadana de acuerdo con los principios de la cultura nacional.

Los desencadenantes de la trama de Capitán América: Civil War, en definitiva, son las muertes en Sokovia e incluso una desclasificación arbitraria de documentos de Hydra por parte de la anárquica Viuda Negra. De ellos surge un enemigo, no obstante, con el que no cabe mano izquierda, pues -como era bastante previsible, sobre todo tratándose de este universo fantástico- nunca será su intención negociar. De ahí que el debate crítico que se proponía quede contaminado y de nuevo acabe entrando en constantes contradicciones y diluyéndose, esta vez trasvasado a una perspectiva más sentimental que política. Con todo, a través de los detalles que deja, no está exento de posibles lecturas alegóricas acerca de la escalada armamentística en un escenario global, similar a la protagonizada por el país norteamericano y la Unión Soviética durante la Guerra Fría: el desafío llama a adaptarse y replicar a la amenaza planteada.

         Sea como fuere, dado que en lugar de ensayar una pausa dramática y un poso de madurez la película se aboca al clímax del duelo épico y de autoafirmación siguiendo los cánones convencionales del género, el ritmo resulta dinámico a pesar del voluminoso metraje y la acción espectacular está resuelta con contundencia y posee cierta fisicidad -lo que uno percibe personalmente en la dolorosa falta de limpieza de las caídas al vacío-.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 6,5.

Ant-Man

19 Jul

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Año: 2015.

Director: Peyton Reed.

Reparto: Paul Rudd, Michael Douglas, Evangeline Lilly, Corey Stoll, Michael Peña, Bobby Cannavale, Judy Greer, Abby Ryder Fortson, David Dastmalchian, T.I., Wood Harris, Martin Donovan, Hayley Atwell, John Slattery, Anthony Mackie, Stan Lee.

Tráiler

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          “Hollywood solo es capaz de estrenar películas con un número en el título o con la palabra ‘man’: Iron Man, Batman, Spiderman…“, censuraba Michael Douglas hace unos años, obviamente antes de convertirse en uno de los recurrentes nombres de prestigio que las películas de superhéroes acostumbran a deslizar entre los personajes secundarios de sus repartos. Hollywood, pues, no es un lugar donde convenga ponerse digno. Las deudas son las deudas, y la paga suculenta. Además, tal afirmación entraña un prejucio negativo hacia un subgénero que, como todo prejuicio, no está fundado. La vocación popular no tiene por qué estar reñida con la calidad. Aunque Ant-Man no sea el mejor ejemplo de ello.

“El despido de Edgar Wright en Ant-Man anticipa una era de turras Marvel considerables”, lamentaba el cineasta Nacho Vigalondo. La razón es que la cinta podría emplearse para criticar el sistema de producción liderado con mano de hierro por Kevin Feige y en el que no se cede demasiado espacio al impulso personal de los creadores contratados. La unificación contra cualquier atisbo de heterodoxia… y quizás con ello de originalidad. Y eso a pesar del apoyo expreso hacia el libreto de Wright por parte de uno de los hombres fuertes de la casa, Joss Whedon, guionista y realizador de Los vengadores y Vengadores: La era de Ultrón, y en cierta manera encargado de mantener las pautas artísticas de la serie. Sea como fuere, el británico quedaría reemplazado por un director ajustado al encargo: Peyton Reed.

          El resultado es una cinta eminentemente convencional en sus parámetros de presentación del héroe -o mejor dicho, antihéroe, acorde a los cánones desenfadados y picarescos marcados por Iron Man– y de su condición de eslabón en la cadena serial de Los Vengadores. Además, esta introducción se conduce hacia un relato de redención que, de tan simple y marcada en su estructura paralela, resulta en exceso previsible. A la par, las escenas de acción acostumbran a ser bastante confusas en su planificación y montaje.

Sin embargo, no todo es negativo. El alejamiento de lo colosal hacia la miniatura, aparejado a la naturaleza del hombre-hormiga, suscita un interesante contrapunto respecto de las costumbres del subgénero. Su ejemplo más afortunado se producirá en el duelo final, donde el constante juego con el cambio de escala potencia un combate que es, al mismo tiempo, grandioso y satírico. Y, sobre todo, original y fresco.

          “Acepté el papel principalmente por mis hijos. Por primera vez, están entusiasmados con una película mía. Papá mola”, se justificaba Douglas en una entrevista.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 5.

Batman Begins

8 May

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Año: 2005.

Director: Christopher Nolan.

Reparto: Christian Bale, Liam Neeson, Katie Holmes, Michael Caine, Morgan Freeman, Gary Oldman, Tom Wilkinson, Cillian Murphy, Ken Watanabe, Rutger Hauer, Mark Boone Junior, Linus Roach, Richard Brake, Jack Gleeson.

Tráiler

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         El desembarco del británico Christopher Nolan en la refundación de Batman sería uno de los sucesos más influyentes ocurridos en el cine comercial reciente. La Trilogía del Caballero Oscuro, que inaugura con Batman Begins y alcanza su cénit con la magnífica El caballero oscuro, decantará una nueva manera de abordar el blockbuster marcada por una búsqueda de madurez, gravedad y complejidad -temática y formal- que incluso, según sus detractores, tiende a caer en la afectada pretenciosidad y la megalomanía. De hecho, contra ella se opondrá la apuesta de la casa rival de DC Comics, Marvel, por la realización de producciones taquilleras de espíritu relajado y festivo, posmodernas y autoconscientes.

         Este hombre murciélago encarna así la solemnidad y la circunspección sobre la que se asienta el espectáculo. El viaje del héroe es interior, puesto que para él la salvación de Gotham mediante un verdadero acto de Justicia significa igualmente la sanación de las supurantes cicatrices de su espíritu, torturado por un complejo de culpa que se entreteje con la descomposición moral de la sociedad.

Dentro de este discurso, el guion, compuesto por el propio Nolan junto a David S. Goyer -que se convertirá en un hombre clave en este universo cinematográfico de la DC-, toma su inspiración en los traumas colectivos de la América del comienzo del milenio -el grupúsculo de fanáticos que atenta contra la megalópoli a la que consideran el Gran Satán, el cataclismo económico que anticipa con unos pocos años de antelación-, frente a los que la redención del joven Bruce Wayne adquiere, pues, tintes mesiánicos. El campeón providencial que Gotham necesita en estos tiempos turbios.

         El curso hacia el inevitable clímax de acción, la catársis típica del subgénero superheroico, queda así aderezada con detalles psicológicos y críticos que le aportan densidad a la función. Nolan domina el pulso narrativo con solidez, aunque sus cálculos creativos, frecuente objeción en su escalada hacia la monumentalidad, se pueden apreciar de manera evidente en puntos como la forzada introducción del humor.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7,5.

Vengadores: La era de Ultrón

8 Feb

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Año: 2015.

Director: Joss Whedon.

Reparto: Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Jeremy Renner, Mark Ruffalo, James Spader, Elizabeth Olsen, Aaron Taylor-Johnson, Paul Bettany, Samuel L. Jackson, Cobie Smulders, Linda Cardellini, Claudia Kim, Don Cheadle, Andy Serkis, Thomas Kretschmann, Stellan Skarsgård, Anthony Mackie, Julie Delpy, Idris Elba, Hayley Atwell, Stan Lee.

Tráiler

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          “Tú los destrozarás desde dentro”, le explica el supervillano Ultrón a la Bruja Escarlata, que con sus poderes psíquicos es capaz de enfrentar a cada uno de los vengadores contra sus temores más profundos y ocultos. La duda del superhéroe es uno de los temas principales de Vengadores: La era de Ultrón, una continuación en la que las dobleces y los dilemas internos de los integrantes de este ‘dream team’ marvelita poseen un mayor protagonismo en comparación con la anterior, donde primaba la colisión entre la acción épica y el diálogo afilado, casi de screwball commedy, que define la impronta de Joss Whedon.

En esta secuela, la Bruja Escarlata desnuda al superhéroe ante el espejo del yo, al igual que Mantis podía leer los secretos a flor de piel de aquel a quien tocaba en otra segunda parte, esta vez de Guardianes de la galaxia. Pero mientras que en el caso de Peter Quill estos se referían a una risible tensión sexual no resuelta, en Vengadores: La era de Ultrón se trata de preguntas acerca de la responsabilidad, el significado y las consecuencias de actuar de forma heroica, acerca de qué define la bondad o la maldad de estas acciones y cuán legítimas son las motivaciones y los resultados que estas producen.

Es decir, una introspección en la dualidad entre dios o monstruo que, por ejemplo, también se exponía en la reciente resurrección de Supermán en El hombre de aceroBatman v. Superman: El amanecer de la Justicia, o que, sin salirnos de la factoría, se encuentran en la base de esa relectura del doctor Jekyll y el señor Hyde que es Hulk.

          La diferencia de peso entre los miedos íntimos de Peter Quill y sus primos vengadores será lo que explique que en una se mantenga el tono festivo marca de la casa y en otra se matice hasta, incluso, aproximarse a la trágica negrura de la rival DC, la cual, sin embargo, e independientemente de que obtuviese mejores o peores réditos, apostaba con más decisión y consistencia por este drama personal. Porque en Vengadores: La era de Ultrón este tema queda apenas en apuntes con escaso vuelo, de igual manera que otros planteamientos de cierta enjundia como la identificación entre contrarios que sabe percibir el siempre íntegro Capitán América en los encolerizados hermanos Maximoff o las interpretaciones políticas que pueden entreverse en ese proyecto Ultrón con similitudes al escudo antimisiles de los Estados Unidos rebautizado con el cinematográfico ‘La Guerra de las Galaxias’, seguido de las tradicionales imágenes de la catástrofe colosal impregnadas de los ecos del 11-S, en este caso provocadas por un Hulk que, de este modo, se hermana de nuevo con el Supermán que defiende Metrópolis del ataque de general Zod no sin provocar una cuota de destrucción propia en absoluto desdeñable.

En la misma línea, la irrupción como némesis del automatismo viviente Ultrón presenta un villano que no termina de funcionar en su contradictoria mezcla de imponente figura mecánica e inteligencia orgánica con tendencia al chascarrillo, mientras que su particular propuesta filosófica, derivada de su equiparación de la preservación con la destrucción dentro de una visión de conjunto de su cometido, tampoco tiene finalmente demasiada atención ni alcanza gran altura.

          En cualquier caso, el humor continúa siendo un elemento disruptivo frecuente, capaz de cuestionar códigos del género superheroico como si fuesen fans que lanzan comentarios con sorna sobre la desaparición de mujeres capitales en este universo de alta virilidad -Pepper Pots y la astróloga Jane Foster- o sobre la verdadera utilidad del vilipendiado Ojo de Halcón en este equipo de semidioses. Pero, después de atizar a mansalva al modesto arquero, lo cierto es que Vengadores: La era de Ultrón lo convierte en otro de los ejes de gravedad del drama, puesto que, con su ejemplo de tipo corriente, ofrece las guías reflexivas para sus compañeros.

Ante las disyuntivas, Vengadores: La era de Ultrón traza un camino de reencuentro, un replanteamiento del “¿por qué luchamos?” que apunta a la esencia sublimada de los propios Estados Unidos: la independencia y el valor del ciudadano común; la defensa del hogar y la familia; el sacrificio por los valores y por el compatriota por parte de una persona humilde que asume sus falencias y debilidades pero que es consciente de la fuerza de su propia determinación y de su importancia para cumplir con un deber en el que lo patriótico es indisociable de lo moral… La aceptación de uno mismo como concepto clave.

El toque humano que aporta el ciudadano-guerrero Clint Barton es así fundamental en lo intelectual y, a la postre, se materializará también en la acción. Al fin y al cabo, del primero al último de ellos quedarán igualados en planos secuencia de manifiesta artificiosidad y artificialidad, donde cualquier vestigio físico a uno y otro lado del fotograma queda sumido en un mar de píxeles. También en otro plano secuencia que es casi un reflejo final de la apertura y en el que aparecen plasmados en una escultura de mármol, el material en el que se reconoce a las deidades para la eternidad -por mucho que, igualmente, esté plastificado en textura digital-.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 6.

Guardianes de la galaxia Vol. 2

6 Feb

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Año: 2017.

Director: James Gunn.

Reparto: Chris Pratt, Zoe Saldana, Dave Bautista, Bradley Cooper, Vin Diesel, Kurt Russell, Michael Rooker, Karen Gillan, Pom Klementieff, Elizabeth Debicki, Sean Gunn, Chris Sullivan, Sylvester Stallone, Stan Lee.

Tráiler

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          Hay una cuestión que, más allá de su devoto fetichismo por la cultura pop del periodo -cinematográfica, musical, visual, tecnológica…-, conectaba de fondo a Guardianes de la galaxia con el cine de aventuras y fantasía de los ochenta: ese tema de la ausencia paterna tan característico de las producciones de Steven Spielberg y la factoría Amblin. El segundo capítulo de la saga otorga protagonismo a este asunto para, a partir de ahí, construir un argumento en el que se enfrenta el peso de la sangre, de la genética, al concepto de familia elegida. Porque la familia, como expone la subtrama de las hermanas Gamora y Nebula, es el tema principal de Guardianes de la galaxia Vol. 2.

          Obviamente, en concordancia con el espíritu de la serie -que va un paso más allá incluso que el de la propia Marvel, si bien luego ha sido superada por Deadpool-, este drama queda abordado con un tono ligero en el que es frecuente el humor irreverente y posmoderno, que tanto sirve para rebajar la grandilocuencia de la tradicional acción superheroica como las tentaciones de componer una tragedia colosal. Lo antitético de lo que propone su rival DC, como es sabido. Falta le hace esta comedia, sea como fuere, porque todo espectador conoce de pe a pa el desarrollo y la resolución de este dilema que se plantea, además de que el resto de vertientes paralelas tampoco poseen una mínima consistencia -quizás Yondu se revele como un personaje con algo más de posibles-, con lo que el relato en sí termina por quedarse bastante endeble y deshilvanado.

          En todo caso, la estrategia de la semiparodia no deja de ser medianamente inteligente: si no se apunta alto -o si se admite la improcedencia de esta grandilocuente solemnidad- es más fácil acertar el tiro, sobre todo si se sigue hallando gags de impacto. Como explicita su introducción, donde la cámara sigue al adorable Baby Groot mientras baila ajeno a la macropelea que transcurre en segundo plano, la atención de la película no está puesta en los increíbles avatares de unas criaturas extraordinarias, sino en su chispa cotidiana, trivial. 

De esta manera, Guardianes de la galaxia Vol. 2 se atiene en gran medida y hasta exagera la fórmula que hacía de la entrega inaugural un divertimento relajado y simpático, protagonizado por uno de los nuestros. Es decir, por un superhéroe que, en realidad, es un tipo campechano con el que el público comparte sensibilidad y sentido común, aficiones y, por tanto, adrenalina. Peter Quill es un tipo que tiene nuestra misma piel, encarnado además por un chaval con un carisma y un atractivo nada ostentoso, probablemente acentuado por su condición de exgordo, como Chris Pratt, el héroe de la generación que no teme ser friki ni reivindicar sus apetencias de niño grande.

          Con todo, la repetición hace que la adrenalina no fluya con igual intensidad, además de que el diseño de producción, de tan exagerado y virtual, sume a los personajes en un entorno donde la fisicidad y por ende la energía brillan por su ausencia, llevándolos a ser figuras que se mueven en una nada a la que es complicado asirlos e incluso ubicarlos. Los erráticos movimientos de cámara y un montaje más bien pobre o cortado con poco interés acentúan esta sensación.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 6.

Batman v. Superman: El amanecer de la Justicia

12 Oct

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Año: 2016.

Director: Zach Snyder.

Reparto: Ben Affleck, Henry Cavill, Amy Adams, Jesse Eisenberg, Gal Gadot, Diane Lane, Laurence Fishburne, Jeremy Irons, Holly Hunter, Scoot McNairy, Callan Mulvey, Harry Lennix, Tao Okamoto, Jeffrey Dean MorganKevin Costner.

Tráiler

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          Ya lo planteaba El hombre de acero, donde Superman se presentaba ante el mundo sobre una Metrópolis completamente derruida. También El caballero oscuro, con Batman proscrito de la Gotham de la que es guardián silencioso y sufriente. Batman v. Superman: El amanecer de la Justicia se abre con imágenes que reproducen el trauma del 11-S, apropiación recurrentísima del cine de catástrofes del nuevo milenio. El shock entre metal y hormigón desguazados, entre nubes blancas de asbesto, entre caos, muerte y miembros cercenados.

La realidad contemporánea, con la inocencia perdida en la concepción de una situación geopolítica fragmentaria, compleja y confusa, ya no admite héroes de una pieza, capaces de discernir el Bien del Mal y obrar en consecuencia. Una acción ejecutiva de Superman frente a la amenaza terrorista, atomizada en mil células, posee unas repercusiones que escapan al control de esta divinidad en potencia, erigida, por su poder y rectitud, en juez y verdugo. ¿Quién vigila a los vigilantes?, que se preguntaba -con bastante mayor fortuna- Watchmen.

          El material de base sobre el que se funda Batman v. Superman: El amanecer de la Justicia exhibe la enjundia a la que suele aspirar Christopher Nolan, gran refundador de los héroes de la factoría DC. Las referencias al vigilantismo a pie de calle y al totalitarismo en la alta política, vinculadas a la naturaleza de estos superhombres, son constantes en el primer tercio de la cinta. Este tramo surge envuelto en la característica oscuridad que, en este sello, se cierne sobre estos pilares de lo establecido: figuras de interior atormentado, condenados, como herencia del antihéroe del western, a luchar por el sistema desde los márgenes de una sociedad aterrorizada por su propia vulnerabilidad que, en secreto o a voces, los teme y los repudia.

La película también arroja esos fotogramas de pictoricismo sobresaturado de chroma y píxeles típicos del Zach Snyder, con los que compone barrocos cuadros extáticos sobre esta mitología pagana de dioses dubitativos, casi con raigambre de tragedia griega, a juego con la altisonante banda sonora de Hans Zimmer y Junkie XL.

          Siempre ampulosa, Batman v. Superman: El amanecer de la Justicia trata de abarcar una miríada de traumas, complejos y reflexiones, algunos expuestos de forma tan burda y desconcentrante como las escenas oníricas de un Bruce Wayne en el que Ben Affleck, actor muy limitado, no logra llenar los zapatos del carismático Christian Bale, a pesar de no ser este uno de sus peores trabajos interpretativos -lo que tampoco es mucho decir- y de que lo verdaderamente irritante es el intento de Jesse Eisenberg de crear su propio Joker a partir de un joven Lex Luthor.

La narración que plantea Snyder se dispersa y disuelve inevitablemente entre debates y dilemas de todo cuño. Y, en mitad de este irresoluble nudo gordiano de unas voluminosas dos horas y media, parece decidirse por el sobado hilo de enfrentar en el clímax tres traumas familiares, concentrando el crescendo operístico de la función en la confluencia de todos ellos, lo que resulta en una sobrecarga emocional tan artificial que cortocircuita cualquier pretensión que tuviera en este sentido.

          A ello se añade además ese molesto tufo que tiene el filme de ‘capítulo intermedio’ para el inicio de nuevas franquicias: el renovado Batman, Wonder Woman, la Liga de la Justicia, Aquaman, Flash y Cyborg.

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Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 4,5.

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