Tag Archives: Snuff movies

Frío en julio

16 Feb

“Tengo una política muy estricta sobre las armas. Si hay una pistola cerca quiero ser yo el que la controle.”

Clint Eastwood

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Frío en julio

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Frío en julio

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Año: 2014.

Director: Jim Mickle.

Reparto: Michael C. Hall, Sam Shepard, Don Johnson, Vinessa Shaw, Nick Damici, Wyatt Russell.

Tráiler

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           El justiciero de la ciudad, quintaesencia del cine de vigilantes urbanos y plasmación de la sensibilidad político-judicial de una época en la que se sepultaban los restos putrefactos del fracaso del idealismo hippie, no escondía ninguna de sus cartas ideológicas. Acción, reacción; ojo por ojo. En ella, el salvaje asesinato de su familia era el incidente que se encargaba de abrirle los ojos a Charles Bronson, un desdichado ‘progre’ que todavía no era consciente de su fatal error. Como San Pablo tras caer del caballo, Bronson se transformaba en el convencido brazo fuerte de una ley promulgada y aplicada por medio de una inquebrantable voluntad individual que, del mismo modo, quedaba constituida como inviolable rasero moral.

El crimen, combatido legítimamente con sus métodos. La legislación oficiosa del cinismo y la violencia parafascista. Conceptos que, debidamente simplificados y exaltados, también enraízan con esa ética westerniana que, inevitablemente, es parte indisociable de la biografía del país, impresa a fuego en su carácter.

           Por ambientación histórica, cierta aproximación estética nocturna y luminosa y, sobre todo, por su legitimación de la acción directa e implacable, Frío en julio recoge estas pulsiones instintivas y primarias del cine de justicieros violentos, fenómeno que hizo especial fortuna en la década de los ochenta a uno y otro lado del Atlántico.

En Frío en julio, un apocado padre de familia, vendedor de marcos (un poco inspirado Michael C. Hall), despierta de su apacible sueño americano tras matar casi por accidente, con el revolver heredado de su padre, a un ladrón que había quebrantado la santidad de su hogar. Pero frente al mar de remordimientos éticos y al repudio de la violencia como solución que surge de manera natural en el interior del protagonista, irrumpe como auténtica respuesta de redención no la renuncia definitiva al arma -aquella que parece buscar en ese primer momento de desazón-, sino el uso correcto de la misma.

Es decir, que el esquema que plantea el libreto es el de un rito de iniciación que, en sentido práctico, se traduce en un recorrido circular destinado a corregir esa perturbación traumática que hace estallar el comienzo del filme. La subsanación de un mal externo –la criminalidad como concepto amplio- a través de una transformación interna –esa aceptación, conocimiento y ejecución de la violencia moralmente justa-.

           Y es que el argumento parte de este episodio personal y ‘menor’ para imbricarse en tramas delictivas más elevadas y amenazadoras para todo el colectivo social, como es el de las inefables snuff-movies. Una trasgresión extrema e inaceptable desde cualquier punto de vista. Indefendible. La coartada más pura, por tanto.

Sin embargo, Frío en julio describe un trayecto opuesto al de la peregrinación que dibujaba el crítico y torturado Paul Schrader en Hardcore: Un mundo oculto, donde un mojigato y obtuso calvinista se sumergía en una pesadilla sexual que demolía sin piedad todos los asideros sobre los que hasta entonces se había sostenido su existencia espiritual e incluso física. En Frío en julio, el discurso es antitético: la pesadilla sirve como ritual esotérico que clarifica la mente, solidifica las convicciones y aporta estabilidad psicológica y familiar al individuo.

           Aunque narrada con agradecido pulso narrativo, la intriga atraviesa un buen puñado de charcos de difícil credibilidad lógica -¿por qué intentan asesinar al ex presidiario, por ejemplo?- que se suman a la sensación atropellada que transmite el relato en su conjunto, si bien logra sostenerse a partir del impecable trabajo de Sam Sephard, el hipnotismo de la puesta en escena y la fascinación atávica característica de este género de dudosa catadura moral.

 

Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 5.

Videodrome

2 May

“¡Televisión! Maestra, madre, amante secreta.”

Homer Simpson (Los Simpson)

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Videodrome

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Videodrome.

Año: 1982.

Director: David Cronenberg.

Reparto: James Woods, Debbie Harry, Peter Dvorsky, Sonja Smiths, Leslie Carlson, Lynne Gorman, Jack Creley.

Tráiler

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            Si bien constituye una inquietud extensible a buena parte de su obra, sobre todo durante la primera parte de la misma, sería Videodrome la primera película donde David Cronenberg formulase el concepto la ‘nueva carne’: la evolución y el cambio de identidad del ser humano nacida de la fusión entre cuerpo y materia tecnológica, privilegio o deformación idiosincrático de la sociedad contemporánea.

            Después de su confirmación a nivel popular con Scanners, el cineasta canadiense decidía dar rienda suelta a un proyecto tan ambicioso como arriesgado. Una feroz diatriba que sitúa a la televisión como eje de una sociedad enferma y decrépita, erigida en derecho civil, medio de integración social, instrumento de ocio y excitación, manifestación religiosa, herramienta de control político y creadora única de realidad.

            A través de la figura del productor de televisión especializado en pornografía Max Renn (James Woods, cabeza de un reparto elegido con gran acierto), Cronenberg disecciona los entresijos de una Norteamérica abarrotada y hastiada de placer, en constante búsqueda de nuevos estímulos para su abotargado paladar sexual, ávido de cualquier nueva y más dura parafilia. Más intensa, más cruda, más electrizante. Inserta directamente en el propio cuerpo.

            Incómoda, pegajosa y obsesiva, dotada de una atmósfera tan febril, sórdida y alucinada como la mente y el entorno que rodea al protagonista, Videodrome redacta un diagnóstico complejo y desolador acerca de la mórbida fascinación del ser humano por lo repulsivo, lo violento y lo malsano -concepto subrayado también por la perturbadora nota que aporta la fisicidad de los efectos especiales-. Unas atracciones accesibles universalmente a través del rayo catódico -lo que lleva a imaginar hasta dónde habría llegado la visionaria propuesta de Cronenberg de haber conocido con la explosión de Internet o de haber caído el guion de la reciente Her en sus manos-.

            Contextualizada dentro de un esquema sujeto y dependiente de los delirios subjetivos del protagonista -campo abonado por tanto para la trampa, el truco efectista y la siembra de paranoias de todo pelaje-, la conspiración político-patriótica de adoctrinamiento que domina el desenlace resulta por el contrario un tanto más evidente y superficial, bastante menos sugerente y atinada que los poderosos mensajes precedentes.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 6,5.

Hardcore: Un mundo oculto

13 Feb

“Cuando uno crece en un entorno católico, se cría en la inocencia que transmiten las enseñanzas de Cristo. En el fondo se desea creer que las personas no son nada más que bondad, pero la realidad acaba imponiéndose sobre ese deseo.”

Martin Scorsese

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Hardcore: Un mundo oculto

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Hardcore, un mundo oculto

Año: 1979.

Director: Paul Schrader.

Reparto: George C. Scott, Season Hubley, Peter Boyle, Dick Sargent, Gary Graham, Marc AlaimoIlah Davis.

Tráiler

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             En la década en la que los vigilantes del ojo por ojo y diente por diente dominaban la Tierra, Paul Schrader, ávido rastreador de submundos viciados y malsanos, entusiasta experimentador de los contrastes entre espiritualidad religiosa y corrupción física, procedía una vez más, como antes había hecho desde la escritura en la icónica Taxi Driver –Travis Bickle no era sino otro puritano en guerra contra la decadencia moral de Occidente-, a ofrecer su personal e intransferible punto de vista de la naturaleza y los dilemas morales de la violencia con Hardcore: Un mundo oculto, ahora también metido en tareas de dirección.

             Los títulos de crédito ya anuncian el choque abrupto que se producirá entre dos universos antitéticos: postales idílicas y navideñas de una comunidad temerosa de Dios –los rigurosos calvinistas de Grand Rapids, Michigan, ciudad natal y contexto vital del propio cineasta-, rotas por la intromisión de una grafía angulosa que se impregna progresivamente de un hiriente rojo sangre.

Un mismo contraste que se extiende a la presentación del argumento de un drama con rasgos de thriller que, como la citada obra de Scorsese, será desalentadoramente nocturno, urbano, con las verosímiles miserias de la condición humana expuestas en carne viva, sangrantes.

             Si en El justiciero de la ciudad Charles Bronson había tenido que despertar de golpe de sus beatíficos ideales de izquierda a causa de la violación de su hija y el asesinato de su mujer, es aquí el imponente George C. Scott –nada menos que el general Patton-, padre abnegado, pilar de la comunidad y fiel sirviente de Dios, quien sufrirá por su parte un conflicto entre los preceptos de su fe y los impulsos de violencia dictados por su instinto después de ver aterrado e impotente cómo su hija, el sol que calienta el otoño de su vida solitaria y devota, desaparece en la pecaminosa California dejando tras de sí un inquietante encuentro amoroso como único rastro.

Los cimientos sobre los que se ha construido toda su existencia se desmoronan en una crisis de fe. Un descenso –o peregrinación, si se prefiere- a los infiernos –en el agujero más profundo de la trama se hallará un individuo apodado ‘Ratán’, nombre con obvias similitudes con Satán- en los que un padre coraje se sumerge hasta el cuello en el pestilente lodo del submundo de la pornografía de todo pelaje de California.

El despertar de un sueño idílico a la pesadilla de la realidad de una sociedad enferma y amoral. La América de las dos caras opuestas pero gemelas, conectadas la una a la otra por extremos comunicantes.

             Schrader adhiere al espectador a la piel cada vez más mugrienta y pegajosa de Scott en un viaje que no persigue mostrar el sacrificio personal de un hombre y la expiación por la sangre de un destino que se supone ya escrito, sino desarmar paulatinamente, con precisión y sin alardes enfáticos, las claves de un personaje que simboliza el poder de castración mental y emocional de la religión.

Para ello, el realizador conduce con mano de hierro y guante de seda al incauto y obtuso calvinista hasta un desenlace de brutal significado, continuación lógica de una escena en la que ese amoroso y pío ciudadano común se ha transformado ya en una alimaña con sed de sangre, con el rostro desencajado y cegado por la venganza cruenta como exclusiva prioridad, inscrito en una atmósfera inundada de colores alucinados, movimientos a cámara lenta que subrayan la irracionalidad del momento y un registro sonoro sordo, terrible y atronador al mismo tiempo.

            Tal vez se puede acusar a Schrader de recaer en su querencia a sobredimensionar la parte de crónica negra del filme, pero lo cierto es que sabe a la perfección cuándo y cómo poner el dedo en la llaga. Ejemplo de ello es la manera de expresar, sotto voce y casi de pasada -y por ello de manera aún más dolorosa-, que el personaje más trágico de la película acaba siendo, sin remedio, quien estaba predestinado a ello, quien no merecía la tortura vana de ilusionarse con una pequeña luz de esperanza.

Firme, agresiva y contundente, como un puñetazo al estómago.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7,5.

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