Tag Archives: Siglo XII

El reino de los cielos

6 Oct

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Año: 2005.

Director: Ridley Scott.

Reparto: Orlando Bloom, Eva Green, Liam Neeson, Marton Csokas, Edward Norton, David Thewlis, Jeremy Irons, Brendan Gleeson, Alexander Siddig, Ghassan Massoud, Kevin McKidd, Michael Sheen, Martin Hancock, Nathalie CoxNikolaj Coster-Waldau, Iain Glen.

Tráiler

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         Durante la primera década del siglo XXI, las superproducciones de entretenimiento de Hollywood aparecían atravesadas por el trauma que supusieron los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Esto se percibe principalmente en la emulación de las imágenes del terror experimentado -la profanación del hogar por un enemigo indetectable, el desplome de los edificios, las huidas desconcertadas entre nubes de polvo…-, pero también, de manera más solapada, en el argumento de filmes como El reino de los cielos, una aproximación a las aventuras de las cruzadas que se lee en clave contemporánea.

En su interacción entre Occidente y Oriente, en su discurso acerca del respeto entre culturas por encima del enquistamiento de dramas históricos heredados, El reino de los cielos dialoga con un presente que, en la fecha del estreno, se encontraba ya inmerso en la invasión estadounidense de Irak como (presunta) represalia a la amenaza del yihadismo global, nuevo oponente destinado a devolver al escenario geopolítico internacional a la polaridad de la Guerra Fría apenas clausurada una década atrás -un escenario sobre el que el director Ridley Scott y el guionista William Monahan reincidirán tres años después en Red de mentiras-. Por seguir con la premisa inicial, El reino de los cielos es la antítesis de la violenta y racista visión que arroja 300, un año posterior.

         El protagonista del filme, que en su tosca y tópica construcción psicológica mezcla los remordimientos familiares junto con un idealismo propio del Príncipe Valiente, se embarca rumbo a Jerusalén para sumergirse en la lucha dual y eterna del ser humano, entre las corrientes destructoras y las corrientes constructoras que anidan en la especie. Esto es, el enfrentamiento entre el Bien y el Mal -eso sí, no repartido entre rivales maniqueos- aplicado a una escala épica, pero humana, no fantástica.

De ahí que, en consonancia de nuevo con esta conexión analítica con los conflictos actuales, se observe con escepticismo todo lo relacionado con el sentimiento religioso. No obstante, sí se puede percibir en la imagen el peso de una noción de divinidad -igualadora, distanciada de las cuitas humanas-, que se manifestaría en los cielos prodigiosos y de exaltado cromatismo pictórico que plasma Scott, en la sobrecogedora monumentalidad de los paisajes desérticos o en algún plano cenital que convierte a los combatientes enzarzados en una masa uniforme de entes insignificantes.

También dentro de esta construcción alegórica puede incluirse la misma idea del reino de los cielos -otra concepción utópica y metafórica, la de erigir el reino de Dios sobre la Tierra- como tierra prometida y de las oportunidades, semejante en sus valores al sueño americano e igualmente acechado por la iniquidad de los villanos materialistas o fanáticos.

         Aparte del poderoso e interesante empleo del escenario natural y los colores de la fotografía, de los notables movimientos de masas y del solvente rodaje de las batallas -contrapuesto por otro lado a la insistencia en el uso del ralentí como marca de la casa del cineasta-, el asunto es que este planteamiento está desarrollado de forma plana e ingenua, con un relato disperso en su extenso metraje -suele advertirse de que la versión del director, que lleva a la función a superar las tres horas, ofrece una narración más sólida, aunque todo lo que puedo decir con el recuerdo lejanísimo del montaje estrenado en cines es que no agrava ninguno de sus defectos-. 

Asimismo, el interés decae por momentos debido a la escasa entidad de su personaje principal, alrededor del cual se difuminan unas circunstancias con potencial de aprovechamiento. Además, es harto difícil sostener una película así sobre los hombros de Orlando Bloom, tan inexpresivo como falto de carisma. No hay más que compararlo con la presencia de su partenaire romántica, la francesa Eva Green, o con alguno de los eficientes secundarios que dan lustre al reparto.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 5,5.

El león en invierno

7 Abr

“La guerra y la paz empiezan en el hogar.”

Teresa de Calcuta

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El león en invierno

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El león en invierno

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Año: 1968.

Director: Anthony Harvey.

Reparto: Peter O’Toole, Katharine Hepburn, Anthony Hopkins, John Castle, Nigel Terry, Jane Merrow, Timothy Dalton.

Tráiler

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            Un matrimonio separado se reúne con sus tres retoños para celebrar la Navidad, como manda la tradición. Sin embargo, son una familia disfuncional, desgarrada por ambiciones patrimoniales, rencores amorosos, traumas infantiles e insatisfacción existencial. Un drama familiar opresivo, en resumen, que en este caso está ambientado en el siglo XII y lo protagonizan el rey Enrique II de Inglaterra, cabeza del otrora conocido como Imperio angevino y primero de la dinastía Plantagenet, su esposa Leonor de Aquitania y sus hijos Ricardo, Godofredo y Juan.

            Afincada en su naturaleza teatral –se basa en una obra de James Goldman, que se encarga de adaptarla a guion de cine-, El león en invierno se desarrolla en un único escenario, el castillo de Chinon, a lo largo de un único día. Una concentración que, paradójicamente, estimula la dinamita dramática que contiene el argumento, desencadenada por la estrecha convivencia de unos personajes para quienes el amor es solo otra de las vertientes de la política.

La esencia de El león en invierno, por tanto, no deja de ser la misma que de la de filmes como La huella: un duelo entre partes irreconciliables fundamentado sobre la mentira y la representación. La disputa dialéctico-cortesana alcanza un elevado grado de ingenio, con líneas de diálogo de enorme potencia y expresividad que no solo van desgranando las interesantes ofensivas ajedrecísticas de los contendientes –la alta política medieval como asunto de familias que administran sus vastas fincas-, sino que revelan a la par unas valiosas máximas a propósito de su perspectiva –personal o histórica- de la existencia humana, al igual que destilan una visión bastante amarga del influjo pernicioso y asfixiante del poder y sus irresistibles cantos de sirena.

No obstante, la interpretación subjetiva del espectador acerca de dónde termina la comedia de intrigas y comienza la honestidad de los sentimientos privados de estos personajes puede dejar flotando una ambigua duda sobre la lógica o la coherencia de estos movimientos sobre el tablero –explicable por la complejidad de estos seres destrozados por la violencia del poder-. Algo semejante a lo que sucede con la dudosa relación que conservan Enrique y Leonor, que en este particular podría encontrar la disculpa en el contexto histórico: un medievo recreado sin ahorrar en frío o suciedad desmitificadora. Ese mismo contexto que también se aplicaría al maquiavelismo sentimental de estos seres o al papel de amante y peón de la joven Alais.

            La potencia de la función reside en su ambicioso texto –hasta se invoca a William Shakespeare de viva voz-. Con solo un largometraje anterior en su historial como director, a Anthony Harvey se le percibe poco ducho en la realización, si bien se puede rastrear su experiencia en la edición en el dinamismo que logra conservar el montaje de la obra.

En comparación con unas escenas de acción bastante toscas, mejores resultados arrojan los encuentros íntimos entre los antiguos amantes, potenciados por el carisma de Peter O’Toole –quien ya había encarnado al monarca apenas cuatro años atrás en Becket– y de una leyenda en su ocaso, Katharine Hepburn –que sería reconocida con el Óscar a la mejor actriz principal, compartido con Barbra Streisand por Funny Girl-.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 7,5.

Este contraveneno del Oeste (Ashes of Time)

9 Mar

“En las películas, las diferencias las marca el director, no el argumento.”

Akira Kurosawa

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Este contraveneno del Oeste (Ashes of Time)

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Este contraveneno del Oeste (Ashes of Time).

Año: 1994.

Director: Wong Kar-Wai.

Reparto: Leslie Cheung, Tony Leung Ka Fai, Brigitte Lin, Maggie Cheung, Tony Chiu Wai Leung, Jacky Cheung.

Tráiler

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            No solo Francis Ford Coppola se atrevió a revisar y reeditar una de sus obras maestras, Apocalypse Now, para configurarla de acuerdo con la evolución de su sensibilidad cinematográfica, cultivada por la experiencia. Catorce años después de su estreno original, el cineasta chino Wong Kar-Wai decidía elaborar su versión ‘Redux’ de Este contraveneno del Oeste (Ashes of Time), su primera incursión en el wuxia, el género histórico caballeresco y de artes marciales chino; un auténtico fracaso de taquilla en su día.

            Al contrario de lo habitual en la estajanovista industria hongkonesa, Wong Kar-Wai, cineasta minucioso y perfeccionista, se había tomado un par de años en elaborar esta obra con la que trasladaba el wuxia a su territorio particular, siempre preocupado por la relación entre las quebradizas y explosivas pasiones humanas y el inmisericorde tiempo que todo lo devora.

Es por tanto una cinta que, más allá del vestuario y la imaginería correspondiente, no presta demasiada atención a su contexto histórico, el siglo XII, para en cambio potenciar el aspecto universal de un relato fragmentado y laberíntico, ambientado en un escenario de grandilocuente presencia mitológica, cósmica y telúrica, observado y regido por los astros, desarrollado en un espacio colosal y sobrecogedor, determinado por el curso de las estaciones y el choque entre esencias antitéticas o complementarias.

No obstante, esta pretendida estructura capitular no se ciñe a las servidumbres de la narración aristotélica. Este contraveneno del Oeste plantea un discurso basado en las sensaciones, en la colisión casual o predestinada de las emociones de los distintos personajes. Su cronología interna transcurre libre e inaprensible, a imitación de una historia repetida ad eternum.

            Anticipación de la vertiente más estilizada y esteticista del género, aquella que pocos años después exportará al bárbaro Occidente el triunfo de Tigre y dragón y otras películas como Hero o La casa de las dagas voladoras, Este contraveneno del Oeste, una obra en ocasiones desmesurada y en exceso recargada en sus arrebatos operísticos, exacerba el potencial estético del impresionante desierto de Gobi mediante un tratamiento cromático de tonos incendiados, fantásticos, y explota las virtudes de una espectacular iluminación en el rodaje de los trabajados escenarios interiores, productos ambos del entendimiento entre Wong y su fiel director de fotografía, el australiano Christopher Doyle.

            Los personajes del filme viven, aman y desaparecen bajo la aplastante inmensidad del cosmos y de su Destino preestablecido, entrelazado por el azar. Wong propone una exploración del amor y el desamor como perpetuo juego entre contrarios, establecido por la oposición antagónica aunque amistosa entre Ouyang Feng, futuro señor del Poniente, un cínico intermediario de mercenarios martirizado por el recuerdo de una deuda romántica, y Huang Yaoshi, futuro señor del Levante, entregado al olvido como manera de sanar sus profundas cicatrices sentimentales.

Alrededor de esta dicotomía primigenia y de la sede de su encuentro –la gruta establecida como base de operaciones por el primero de ellos-, surge un puñado de individuos y de relaciones incardinadas que ofrecen con su testimonio nuevas variaciones acerca de esta naturaleza dual, inapelable y en continua lucha, guía a su vez para la íntima indagación afectiva del taciturno Ouyang Feng, nacido bajo el influjo del eclipse y, por tanto, condenado a la penuria amorosa.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 7.

Arn: El Caballero Templario

10 Jun

“Hollywood es una mierda, y el cine europeo no goza de mucha mejor calidad.”
Aki Kaurismäki

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Arn: El Caballero Templario

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Arn El Caballero Templario

Año: 2007.

Director: Peter Flinth.

Reparto: Joakim Nätterqvist, Sofia Helin, Milind Soman, Bibi Andersson, Stellan Skarsgård, Nicolas Boulton, Simon Callou, Vincent Pérez.

Filme

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           A priori, desde un punto de vista teórico, el Malmoe F.F. no puede aspirar a jugar como el F.C. Barcelona. No puede, porque no solo no cuenta en su plantilla con Lionel Messi, sino porque entre sus jugadores nadie alcanza siquiera la técnica más modesta pero eficaz de un segunda fila como Alexandre Song o la de un talento emergente y entusiasta como Thiago Alcántara. Como es obvio, tampoco podría costear sus fichas, así como igualar su equipo de preparadores o sus instalaciones deportivas, dado su presupuesto. De igual modo, tales profesionales no querrían devaluar su caché en una liga menor, atendiendo a las aspiraciones hipertrofiadas de proyecto que, además de ilusas, serían del todo erradas.

En cambio, el Malmoe F.F. puede olvidarse del modelo y las aspiraciones de un coloso que no es. El Malmoe F.F. podría construir un fortín en su escueta cancha, conectar con las raíces culturales de su fútbol y sacar el máximo rendimiento a las cualidades naturales de las que disponen sus futbolistas: los centímetros, el músculo y, quizás, la implicación de unos jugadores locales y canteranos con ganas de agradar, de reivindicar sus capacidades y de defender la camiseta que sienten en el corazón. Así, continuando con el suponer, el Malmoe F.F. podría tocar la gloria en el campeonato sueco imponiéndose entre equipos de una categoría similar y, tras ello, realizar una intentona a nivel europeo donde, a partir de su consabida inferioridad, la fuerza de la ilusión, la suerte y sobre todo el conocimiento de las debilidades y fortalezas propias puede llevar, quién sabe, a una gloria inesperada.

           Arn: El Caballero Templario, lustrosa coproducción escandinava ambientada en tiempos de las cruzadas, no es Gladiator, y ni siquiera es El reino de los cielos. Tampoco dispone del capital, la infraestructura o el talento técnico necesario para serlo, a pesar de que la segunda, a cuyo rebufo surge –en conjunto con la inexplicable fascinación del momento por las novelas de misterio y ocultismo inspiradas en órdenes religiosas como templarios, cátaros y demás ralea-, es una película bastante mediocre, con la excepción de ciertos méritos en su factura visual –el último truco en la chistera del desgastado Ridley Scott-.

Por ello, su ambición de equipararse en lo posible a una superproducción hollywoodiense en vez de encontrar una voz propia que la convierta en una cinta especial, en una sorpresa agradable, resulta ser un error evidente.

           El esfuerzo en dotar al filme de una ambientación de relumbrón es manifiesto, y no desmerece en modo alguno. Sin embargo, la verdadera pobreza de Arn: El Caballero Templario queda revelada por la rudeza de un guion que recurre a los tópicos temáticos y estéticos más sobados del cine épico y el best-seller histórico y que, en especial, contribuye a desajustar sin remedio el mecanismo narrativo del filme con su desequilibrio. Parte de culpa, imagino, corresponderá a la trilogía literaria de la que procede, fenómeno social en Suecia.

           El realizador danés Peter Flinth, impersonal en su cometido, plegado como un obediente artesano a las ostentosas aspiraciones de la producción, calibra mal las fases de desarrollo de la película. La descompensación entre introducciones que piden concisión a gritos, el posterior atropello en el desarrollo de las tramas y el anárquico manejo del transcurso del tiempo de la ficción tienen como consecuencia la arritmia general y, en último caso, la ausencia de un sentido de la épica o cuanto menos de la aventura.

De las tres batallas del filme -eje fundamental de toda película de sus características-, puede que dos pasen el corte con más o menos apuros. Aquella emplazada en el campamento cristiano, muestra por el contrario una absoluta falta de tensión. Aparecen todas ellas deslavazadas, insertadas entre tropiezos en medio de un libreto en el que prima el relato de amor prohibido y penado en la distancia por el caballero de la triste figura de Joakim Nätterquivst, insulso rostro principal de un reparto en el que, como contrapartida, aparecen rostros más conocidos en el panorama internacional, caso de Vincent Pérez, Stellan Skarsgård y Bibi Andersson.

Convencional y anodina.

            P.D.: En 1979, el Malmoe F.F. materializaba la sorpresa y alcanzaba la final de la Copa de Europa, con tan solo dos goles encajados en las fases previas del torneo. Caería derrotado 1-0 por el Nottingham Forest del legendario Brian Clough, pero aún a día de hoy el Malmoe F.F. es el primer y único equipo escandinavo en disputar la final de la más importante competición de fútbol del continente.

 

Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 4.

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