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Muertos de risa

14 Oct

“El que crea a una estrella, crea un monstruo.”

Laurence Olivier

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Muertos de risa

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Muertos de risa.

Año: 1999.

Director: Álex de la Iglesia.

Reparto: Santiago Segura, El Gran Wyoming, Álex Angulo.

Filme

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            “¡Qué triste oficio el hacer reír a la gente!”, exclamaba en Candilejas Charles Chaplin, que algo sabía del asunto. Pocos trabajos requieren tanta disciplina, talento y sacrificio como la comedia, campo abonado por tanto para todo tipo de trastornos psicológicos y emocionales.

Un terreno propicio por tanto para que Álex de la Iglesia, un cineasta para quien la oscuridad y el horror del mundo se concentra en espacios cotidianos e insospechados, encuentre una creíble inspiración –el cásting inicial estaba liderado por Pajares y Esteso– para ultrajar sin piedad la nostalgia por las luces de la televisión de ayer y hoy mediante un relato con estructura de cine de gángsters –el ascenso y caída de dos amigos separados por la ambición y la gloria- y la apariencia formal de una película de terror, todo ello removido y agitado con la idiosincrática caspa de la España cañí.

Vistas en perspectiva, son premisas que, enardecidas en su aspecto grotesco y operístico al sumarles gotas de Pagliacci y el mundo de Tod Browning, el director vasco retomará posteriormente en Balada triste de trompeta, conexión establecida incluso a través de la breve aparición aquí de Antonio de la Torre. Reflejos de su propia obra que podría establecerse de nuevo por medio de dos comedias siniestras de tintes sobrenaturales: El día de la bestia y la reciente Las brujas de Zugarramurdi.

            Muertos de risa es una cinta gamberra y alocada que, por desgracia, se limita a ser cruel en su aspecto más físico cuando podría haberlo sido también en su faceta dramática. En vez de intentar alcanzar las cotas de esperpento social y humano de un Berlanga, no supera en cambio en su mayor parte el nivel de un macabro ejercicio de ‘slapstick’, irregular, excesivo y en el que el talento para la farsa de Guerricaechevarría y de la Iglesia tan solo consigue aflorar a cuentagotas. Suficiente para mantener el interés y las ganas de cachondeo durante todo el metraje, cierto, pero menos de lo que cabría esperar del material empleado y de las aptitudes cinematográficas de sus creadores.

Notable en cuanto a la realización –opresiva, negrísima, hilarante-, el principal fallo recae entonces en un libreto que no consigue extraer todo el jugo de esa miserable y patética relación entre dos pobres hombres -unos Santiago Segura y El Gran Wyoming cuyo carisma les permite cumplir de sobra con la interpretación de sus respectivos estereotipos- que encuentran en el odio irreconciliable su único motor existencial y de éxito –idea poderosa, trágica y verosímil, sin duda-, en cierto modo cristalización de la inamovible injusticia y desigualdad con la que se construye el mundo.

Daba para más.

 

Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 5.

Nota del blog: 6.

Good Morning, Vietnam

11 Ago

“La sátira es el arma más eficaz contra el poder: el poder no soporta el humor, ni siquiera los gobernantes que se llaman democráticos, porque la risa libera al hombre de sus miedos.”

Dario Fo

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Good Morning, Vietnam

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Good Morning, Vietnam

Año: 1987.

Director: Barry Levinson.

Reparto: Robin Williams, Forest Withaker, Tung Thanh Tran, Chintara Sukapatana, Bruno Kirby, Robert Wuhl, J.T. Walsh, Noble Willingham.

Tráiler

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            Siempre atento a los movimientos y tendencias del mercado cinematográfico, Barry Levinson se sumaba con Good Morning, Vietnam a la avalancha de revisiones del conflicto del sureste asiáticoPlatoon, La chaqueta metálica, Jardines de piedra, La colina de la hamburguesa, Bat 21, Corazones de hierro– aunque aproximándose al mismo desde la perspectiva del humor o, más bien, de la necesidad de éste aun en el contexto más deshumanizado y descorazonador.

            A través de la figura real del alegre, estridente y rebelde disc-jockey Adrian Cronauer (Robin Williams), Levinson, fiel registrador de la idiosincrasia estadounidense –la aparición del sueño americano es recurrente en su trayectoria-, parece querer recuperar y defender esos valores identificativos del país enajenados, atropellados y enlodados por la irracional vorágine de la guerra.

Así pues, la mirada de Cronauer, recién aterrizado en Saigón desde un lugar remoto y aislado –esto es, sin contaminar por la tensión y los deberes bélicos-, representa la pureza de unos principios sin corromper y genuinamente americanos: la honestidad como modo de afrontar la realidad, la confianza sin reservas en todo ser humano, el entendimiento directo entre individuos no sometidos a dictámenes de una autoridad superior e impersonal (el Estado, el Ejército) y el desbordante gozo de vivir.

             Robin Williams aborda de este modo su estereotipo favorito y característico, aquel que le otorga fama y etiqueta de actor familiar: la torrencial influencia positiva que refresca, anima y revitaliza al individuo alienado, abatido o simplemente desamparado.

             Good Morning, Vietnam no propone tanto una crítica a la lucha en sí -a pesar de los inocentes intentos del romo y epidérmico choque cultural fruto de la relación de amistad entre Cronauer y un joven nativo-, sino más bien hacia la pérdida de perspectiva humana de los mandos militares. Unas aberraciones que, en último caso, podrían reducirse a un par de desgraciados casos enclavados en espacios poco decisivos y con un claro destino argumental orientado hacia su debida purga.

             Filme amable y bienintencionado pese al intento de dejar un cierto poso agridulce que acaba por no tener demasiada fuerza, su mayor éxito reside en el reflejo de la subversión por la irreverencia humorística de su protagonista más que en cualquier otra tentativa de resultar punzante en el capítulo antibélico –el empleo sarcástico de What a Wonderful World queda bastante descolgado dentro de un tratamiento tan ligero en general-.

             En conjunto, Good Morning Vietnam consigue dejarse ver gracias a su condición de cine popular que no falta al respeto al espectador, por el desparpajo cómico que transmite su personaje principal y por la asequibilidad de su narración académica y sin altibajos.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 6.

Annie Hall

7 Ago

“No conozco personalmente a Woody Allen, pero le adoro. Disfruté muchísimo viendo Annie Hall. Es un tipo que sabe desnudar el sinsentido de este mundo y crear maravillosos chistes a su costa. ¿No es extraordinario que se quedara en casa tocando el clarinete en vez de ir a recoger su Oscar?”

Marlon Brando

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Annie Hall

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Annie Hall

Año: 1977.

Director: Woody Allen.

Reparto: Woody Allen, Diane Keaton, Tony Roberts, Carol Kane, Paul Simon, Shelley Duvall, Janet Margolin, Christopher Walken.

Tráiler

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            Woody Allen se hizo mayor. Hasta Annie Hall, las películas del genio neoyorkino deambulaban entre parámetros cómicos sin mayor aspiración de trascendencia que desarmar desde el humor y la parodia el absurdo en el que se desarrolla la vida cotidiana del ciudadano medio y la no menos risible condición de la sociedad y la realidad del momento.

            Annie Hall suponía entonces un paso adelante en su obra a través del desarrollo de un contenido más dramático, más autobiográfico y personal, marcado por un análisis reflexivo y en profundidad de esos grandes temas que definen toda su filmografía, previamente tan solo apuntados: las relaciones de pareja, la realización en lo afectivo y lo laboral, el sentido de la vida y la muerte, el sexo como parte integral de la existencia, la herencia familiar y religiosa, los desvelos psicológicos y filosóficos, la deriva sociocultural estadounidense, la cinefilia como forma de entender la realidad,…

Un amplísimo campo de estudio en el que, a través de una óptica escéptica, crítica, ácida y amable al mismo tiempo, siempre privada e inconfundible, Allen irá introduciendo diversas y matizadas variaciones para conformar un conjunto global poliédrico, complejísimo y afilado.

            En el embrión de Annie Hall se encontraba un argumento basado en una trama criminal que, si bien quedaría finalmente reducida a su núcleo romántico, andando el tiempo daría lugar, en parte, a otras futuras obras magnas del cineasta como Delitos y faltas y Misterioso asesinato en Manhattan.

Después de este proceso de pulido hacia una obra íntima, menos cómica y más privada, sería el personaje definitorio de Allen -siempre sin caracterizar y en buena medida proyección de sí mismo, aunque lo niegue con vehemencia-, aquí bajo el nombre de Alvy Singer, quien se erija en la fiel substitución dramática desde la cual el autor pueda indagar y descubrir los triunfos y miserias de su propia experiencia.

Una exploración definida en el mayor de los casos por medio de las relaciones amorosas, en especial por aquella que funcionará como eje estructural del relato: la mantenida con su musa y pareja en ese momento, Diane Keaton, encarnación de un personaje hecho a medida que, por su lado, también adquiere gran parte de la peculiar personalidad de la actriz, desde su excéntrico vestuario hasta su carácter abierto, positivo, humilde, aventurero e inconstante, siempre en contraposición y complementación con el acomplejado, metódico e hipocondríaco Allen.

            Asentada así sobre la base realista que proporciona el carácter parcialmente biográfico de la obra, Annie Hall desnuda a sus personajes desde una mirada abiertamente subjetiva –los recuerdos propios rememorados, presenciados y magnificados por el protagonista, al modo del Isak Borg de Fresas salvajesy por ello mismo fantasiosa –la alteración de la memoria, la inclusión de subtítulos para evidenciar el carácter ridículo del cortejo, las declaraciones de apariencia documental como elemento para elaborar perfiles y aportar opiniones ‘objetivas’, la exageración prejuiciosa y la estereotipación caricaturesca de situaciones, contextos y actitudes,…-.

Recursos hilarantes y reflexivos por igual,  insinuados ya en parte en películas anteriores del cineasta y reciclados más tarde en otras posteriores.

            Del mismo modo que Días de radio ofrecerá luego la más exhaustiva recreación de su infancia, Annie Hall se revela como el filme que mejor describe la vida adulta de Allen –el trabajo de su alter ego Alvy Singer para la aborrecida televisión y como humorista de stand up-, analizada, eso sí, desde el punto de vista de la pensativa, taciturna y melancólica crisis de los cuarenta que por entonces atravesaba –marco histórico y vital que influye de manera determinante en la concepción y el resultado del filme-.

            Al igual que se reconocen sus inquietudes recurrentes, en Annie Hall se pueden percibir también los modelos cinematográficos que seducen, inspiran y ayudan a completar la voz particular e inconfundible del creador neoyorkino. Se encuentran en ella el sustrato existencialista de Ingmar Bergman, entremezclado con el lúcido y punzante sarcasmo de Groucho Marx y esa subjetividad radical de Federico Fellini que entiende vida y cine como un todo indivisible.

Diferentes pero clarividentes y penetrantes sensibilidades que, amalgamadas por la agudeza intelectual de Allen, son capaces de descifrar la existencia y las relaciones sentimentales mediante solo tres irreverentes chistes, de conectar con gran sagacidad y hondura con sensaciones, situaciones y dilemas reales y reconocibles, de legar un memorable catálogo de sentencias tan inteligentes y enjundiosas como descacharrantes.

             Es, en definitiva, un ejemplo luminoso de cómo el humor supone un instrumento ideal para diseccionar por entero la condición humana.

             Además de obtener el galardón a mejor actriz principal, mejor guion originalmejor película, Annie Hall regalará el único premio Oscar de Woody Allen a la mejor dirección.

 

Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 8,1.

Nota del blog: 8,5.

El rey pescador

8 Abr

“Creo que el cine debe de estimular al público a pensar de modo distinto. Hay quien lo hace mediante el escándalo pero a mí me interesa cambiar el punto de vista lentamente, poner nervioso al público, preocuparlo hasta el punto que se pregunte ¿pero qué esta pasando?”

Terry Gilliam

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El rey pescador

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Año: 1991.

Director: Terry Gilliam.

Reparto: Jeff Bridges, Robin Williams, Mercedes Ruehl, Amanda Plummer.

Tráiler

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           Terry Gilliam, primero animador, posteriormente miembro de los geniales Monty Python, y luego director de cine por cuenta propia, es un realizador con un poderío imaginativo y una personalidad artística incuestionable. Pero también es un cineasta capaz de alternar detalles geniales –cualquiera de los lisérgicos episodios de animación que aparecían en las películas de los Monty Python, el loco imaginario de Las aventuras del barón de Münchausen, el humor negro de las retorcidas distopías de Brazil o 12 monos– con chapuzas de proporciones épicas en una misma obra y que, en el apartado más puramente técnico de la dirección cinematográfica, no es demasiado hábil, con una puesta en escena que puede llevar al abotargamiento visual y, sobre todo, con un escaso sentido del ritmo en muchas de sus películas, hasta el punto de poder anular cualquier elemento positivo de las mismas –el propio Brazil es, a mi juicio, una buena muestra de ello-.

           En este sentido, El rey pescador es un ejemplo ilustrativo de la irregularidad de Gilliam. Una comedia de tintes dramáticos o un drama con trazos de humor que relata la caída y redención de un antiguo tótem de las ondas (Jeff Bridges) que, en su más absoluto hundimiento moral y económica, decide exorcizar sus demonios ayudando a un ex profesor universitario (Robin Williams) al que arruinó la vida en sus inflamados discursos a buscar lo que él considera el mismísimo Santo Grial –precisamente un objeto que ha tenido gran presencia y simbolismo en muchas obras del Séptimo Arte-.

            Así pues, El rey pescador ofrece un personaje verdaderamente seductor como el de Bridges y sus relaciones personales con su pareja (Mercedes Ruehl) mientras que en el lado opuesto se encuentra el perturbado mundo del personaje de Williams y su intento de conquista de otro ser especial como él, la –muy cuestionablemente- atractiva y patosa oficinista encarnada por Amanda Plummer en una trama de bastante menor interés.

Por otro lado, la película propone encomiables escenas de gran poderío visual y carga surrealista de notable sensibilidad, a la par que un final, donde los elementos metafóricos pasan a la literalidad, que resulta mucho menos sugerente.

El reparto hace también patente esos extremos de calidad, con un Jeff Bridges estupendo enfrentado a Robin Williams en una de sus características interpretaciones bufonescas.

            Aún así, no es de las películas con peor balance de Gilliam, el resultado final puede considerarse decente.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 7.

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