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La teta asustada

10 Feb

“Nuestra vida no es otra cosa que la herencia de nuestro país.” 

Simón Bolívar

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La teta asustada

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La teta asustada

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Año: 2009.

Directora: Claudia Llosa.

Reparto: Magaly Solier, Efraín Solís, Susi Sánchez, Marino Ballón.

Tráiler

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           Las más terribles heridas que puede sufrir un ser humano no dejan horrendas marcas en el cuerpo, ni se manifiestan en cicatrices visibles. Son heridas expuestas a un dolor duplicado: aquel que se padece en la solitaria intimidad y, frecuentemente, aquel que por añadidura provoca la incomprensión ajena hacia ese mal en cuestión, atroz pero impalpable.

           La teta asustada explora el desgarro de un país, Perú, incapaz de enterrar el trauma de su guerra intestina entre el gobierno y las guerrillas terroristas de Sendero Luminoso, de igual modo que Fausta (Magaly Solier), la protagonista del relato, es incapaz de enterrar el cadáver reciente de su madre, torturada y violada por una de las partes de la contienda.

A partir de este conflicto, la cinta describe un viaje introspectivo de sanación –una metafórica carrera contrarreloj entre una boda y un sepelio- por parte de una muchacha retraída, víctima de la afección que da nombre a la película, y la cual solo son capaces de comprender quienes han vivido tan aberrante situación –de ahí el ejemplo del entendimiento imposible con el racionalista médico limeño-.

           Como en Madeinusa, filme debut con el que se trazan ciertas líneas de encuentro, Claudia Llosa inunda de símbolos y alegorías el recorrido de la joven Fausta, que abarcan desde la escatología hasta las reminiscencias mágicas, desde la patata como otra forma de somatización del miedo hasta las palomas como concepto de redención. Las metáforas se extienden también al empleo de delicadas y terribles canciones en quechua como vehículo de comunicación por el cual los personajes exteriorizan con absoluta explicitud su estado personal.

De la misma manera, la película gravita en torno a una protagonista sometida a la tiranía de unos factores externos idiosincráticos de la sociedad peruana –la citada guerra civil, la apropiación elitista de las clases europeas, plasmada en una de las escenas más crueles de la función-, los cuales, sin embargo, le conducen progresivamente a una rebelión plena de valentía y determinación.

           Llosa atenúa el exuberante barroquismo de Madeinusa para desarrollar una narración más minimalista y concreta en la que, no obstante, como se insinuaba en la alusión al simbolismo, participan también ciertos elementos fantásticos. Por otro lado, el circunspecto intimismo de la propuesta queda acertadamente dosificado con entrañables momentos cómicos que describen la sincretista cultura de los barrios marginales de la capital y que incluso frisan en su carácter estrambótico con el surrealismo costumbrista de Emir Kusturica –además de ofrecer la oportunidad de disfrutar de la cumbia psicodélica de Los destellos-.

El arduo renacer de Fausta, su florecimiento libre de odiosas imposiciones, paralelo en definitiva al del país andino, posee por tanto calidez, sentimiento y sensibilidad y renueva la confianza en el talento de Llosa como cineasta.

           Galardonada con el Oso de oro en el festival de Berlín y nominada a mejor película de habla no inglesa en los Óscar.

 

Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 5,9.

Nota del blog: 7,5.

Pasos de baile

25 Jun

“En cuanto a la violencia partimos de un principio establecido por el Presidente Mao Tsetung: la violencia es una ley universal sin excepción alguna, quiero decir la violencia revolucionaria; esa violencia es la que nos permite resolver las contradicciones fundamentales con un ejército y a través de la guerra popular.”

Abimael Guzmán

 

 

Pasos de baile

 

Año: 2002.

Director: John Malkovich.

Reparto: Javier Bardem, Laura Morante, Juan Diego Botto, Oliver Cotton, Luis Miguel Cintra, Alexandra Lencastre.

Tráiler

 

 

            Icono del cine mundial contemporáneo, actor versátil y camaleónico donde los haya, especialmente dotado para personajes retorcidos y de una malsana potencia, John Malkovich, en lo que se diría un acto de fidelidad a sí mismo y a su propio personaje en su debut tras las cámaras –poseía ya una dilatada trayectoria como director de teatro-, impregna esta intensidad viciada a la atmósfera de una cinta de elegancia clásica por todo lo demás.

            Con el respaldo financiero de Lola Films, productora española, el norteamericano presenta la traslación anónima del sangriento parto y desarrollo del grupo terrorista maoísta Sendero Luminoso, artífice de más de 30.000 muertos en Perú desde su fundación por Abimael Guzmán en 1978, desde el punto de vista de la investigación policial del mismo.

            Rodada mayoritariamente en inglés, con localizaciones en España, Portugal y Ecuador y con un reparto en su mayoría hispano encabezado por Javier Bardem en lo que es una de los primeros pasos para la internacionalización del actor español más exportable, Pasos de baile retrata el arduo trabajo detectivesco del teniente Rejas (un Bardem con gesto narcotizado por el hastío) durante el ascenso y caída del cruento monstruo, uno más de los que pueblan el país, en su mayor parte disfrazados con máscaras de presunta honorabilidad.

Así, Rejas se presenta como el único reducto de un mundo que se desmorona. Un Estado fallido en el que la corrupción sistemática sustituye a la ley y el orden, inestable, siempre a punto de saltar por los aires por vía militar mientras la infancia, eslabón más sensible de la cadena social, sufre la innoble perversión de su inocencia y las elitistas clases altas distraen su conciencia entregándose a la frivolidad más absoluta.

La locura de un movimiento mesiánico y brutal no es sino otra forma de reacción contestataria a esta podredumbre, si bien desquiciada, como una tumoración maligna.

            Malkovich demuestra una notable sensibilidad para la dirección con este solvente thriller político marcado por la densidad y tensión de su desasosegante ambiente, en la que el aire se puede cortar con un cuchillo, y sobre el que imprime con mano de hierro un ritmo firme, guiado a modo de guante de seda por una espectral banda sonora que compone un pegajoso hilo musical presente en todo momento.

Se beneficia, además, de un guión compensado e inteligente que escribe con buena letra las fases de la investigación y el paralelo y más conciso romance -donde brilla la italiana Laura Morante- y en el que quizás chirría cierta concesión al espectáculo en la recreación de un grupo terrorista extremadamente sanguinario y casi omnipotente.

Notable (y desapercibida) opera prima.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 8.

La boca del lobo

15 Mar

La boca del lobo se inicia porque en ese momento yo tenía la sensación de que el tema de Sendero Luminoso se veía desde las ciudades como una cosa ajena al país, a la sociedad, como una cosa que estaba pasando muy lejos, que tenía poco que ver con lo que pasaba en la vida de las ciudades, y me parecía que ese conflicto que cada vez se hacía más grande, era un conflicto que había que amplificar”.

Francisco Lombardi

 

 

La boca del lobo

 

Año: 1988.

Director: Francisco J. Lombardi.

Reparto: Toño Vega, Gustavo Bueno, José Tejada, Gilberto Torres, Bertha Pagaza.

Tráiler

 

 

            Sendero Luminoso, grupo insurgente de extracción comunista-maoísta activo en un Perú agotado por la hiperinflación y la corrupción política, se encontraba en 1988 débil pero aún con vida. De hecho, en los dos años posteriores se cobraría alrededor de 5000 víctimas. Desde su fundación en 1978 y el inicio de su ofensiva contra el Estado en mayo de 1980, Sendero Luminoso había dejado por el camino, por medio de una acción feroz e implacable para alcanzar sus objetivos, un saldo de más de 30.000 muertos. Muchas vidas segadas en un conflicto que sería considerado, en algunas de sus fases, como guerra civil.

Sin embargo, este número solo representa el 46% de las víctimas. La respuesta del ejército del Perú habla por sí sola. A él se le atribuye, además de la violación continuada de los derechos humanos, la responsabilidad por la muerte o desaparición de al menos el 30% de las víctimas del conflicto. Más de 20.000 personas.

La boca del lobo trasladaba a la gran pantalla los primeros y más duros años: la aparición del movimiento y su actividad guerrillera en las regiones andinas del departamento de Ayacucho y la respuesta oficial, la guerra sucia desencadenada entre 1980 y 1983, tomando como principal referencia el funesto episodio de la matanza de Socos, acontecida el 13 de noviembre de 1983.

            En su sexta película, el director limeño Pancho Lombardi, el nombre más relevante e internacional de la intermitente industria cinematográfica del país andino, contando con apoyo financiero español, se afirma sobre el altavoz que supone el cine con su dilatado alcance potencial para proceder a desenmascarar uno de los sucesos más negros y sangrientos del Perú, poco conocido a pesar de su entonces cercana cronología y la vigencia de la lucha.

Un acercamiento en el que servirán de guía los conflictos personales de un pelotón recién llegado a la zona, en particular la figura del joven Vitín (Toño Vega), aspirante a dar comienzo a una brillante carrera militar en la puna ayacuchana, núcleo de un movimiento subversivo poco conocido, de reciente creación. Una misión concebida como un intrascendente juego de niños en la mente de un soldado que representa la ignorancia de todo un país, incluidos los mandos de un ejército cuya ineptitud, negligencia e incapacidad solo puede conducir al desastre –Lombardi ya había filmado otra película crítica con el estamento militar, la exitosa adaptación de La ciudad y los perros, novela de su compatriota y premio Nobel Mario Vargas Llosa-.

            De este modo, la ficción se limita a ser mera comparsa de los hechos históricos, terribles y conmovedores, sobre los que recae principalmente el peso de la película. Lombardi intenta retratar, desde una postura pesimista y nada complaciente, la crueldad extrema de ambos contendientes, la paranoia del ente militar ante una guerrilla irregular, omnipresente y casi fantasmagórica.

Es, por tanto, la respuesta no menos detestable de un ejército reducido a contraguerrilla, ejecutor de un terrorismo de Estado impuesto con nocturnidad y alevosía desde una tropa rasa arrogante y abusadora hasta una dirección personalista, racista y fascistoide, oculta tras la apariencia de rectitud y comprensión del teniente Roca (el versátil Gustavo Bueno, una de las principales figuras de la escena local), cuyo personaje degenera quizás de manera poco consistente, reflejo de, insistimos, un relato de ficción que trata de ajustarse a la realidad histórica, subordinada a ella.

Por esta misma razón, es esta la parte más floja de la cinta, en la que hacen acto de presencia ciertos tópicos del cine bélico como las dudas morales del soldado joven e idealista, la lucha por su alma y las tentaciones que se esconden tras presuntos amigos y líderes que representan la otra cara de esta dualidad y los incuestionables códigos marciales del honor, el valor y la lealtad mal entendidos; además de algún pasaje de forzado e ineficaz dramatismo y también cierto regusto a refrito –el duelo a la ruleta rusa-.

            Aún así, el buen pulso que aplica Lombardi y lo sobrecogedor del relato, la buena capacidad para plasmar con contundencia esa tremebunda realidad que daba forma primera al filme, configuran a La boca del lobo como una encomiable cinta y un más que interesante acercamiento a unos acontecimientos clave en la evolución del Perú contemporáneo.

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7.

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