Tag Archives: Sadomasoquismo

Magical Girl

27 Mar

El original, en la sección DVD de Cine Archivo, que este mes viene cargadita, cargadita.

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La venus de las pieles

28 Dic

“En mi opinión, el secreto del cine son las mujeres fuertes.”

David O. Russell

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La venus de las pieles

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La venus de las pieles.

Año: 2013.

Director: Roman Polanski.

Reparto: Emmanuelle Seigner, Mathieu Amalric.

Tráiler

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           No es extraño que Roman Polanski eche mano de una pieza dramatúrgica para construir uno de sus proyectos. Ahí quedan los ejemplos de Macbeth, La muerte y la doncella y Un dios salvaje. Quizás se deba a que el formato primigenio de la obra de teatro le permite concentrar toda la turbulencia interior de los personajes en un espacio generalmente escueto, su hábitat predilecto, como se demuestra a través de otras historias originales e incluso adaptaciones literarias de su filmografía.

Pero La venus de las pieles, adaptación de la pieza homónima de David Ives, extraída de la icónica novela de Leopold von Sacher-Masoch, es algo más que una obra de teatro.

           En imitación de esta sucesión de inspiraciones, apropiaciones y reinterpretaciones, La venus de las pieles es un filme que, como una muñeca matrioska, encierra en el interior de su minimalista escenario –las tablas de un teatro, ocupadas por solo dos actores- una insondable multitud de contenidos, tesis y alegorías sobre temas tan diversos como las relaciones de dominación y dependencia entre géneros, el espíritu creativo del artista o la propiedad de la lectura del sentido de una obra.

Un juego de cajas chinas en el que una mujer ejercerá de maestra de ceremonias intercalando constantemente una serie de roles corporeizados en su sola figura. La Wanda del filme es al mismo tiempo objeto de deseo –la cosificación del atractivo físico-, estatua de Pigmalión hecha carne –el anhelo materializado del hombre creador, amoldado sumisamente a cualquiera de sus apetencias-, musa del artista impotente –la fecundación de ideas por su mero contacto- y diosa vengativa –la subversión de la falocracia, manifestada en casi todas las encarnaciones anteriores-.

Desde su aparición repentina, providencial e invasiva, se desencadena una tormenta de alto voltaje sexual que arrastra consigo a su partenaire masculino, amordazado a su torbellino de curvas, cuero, insinuaciones, desafíos, humillaciones y sometimientos, dentro de una correspondencia tortuosa entre hombres y mujeres que recuerda en mayor o menor grado a cintas previas de Polanski como las también enfermizas y angostas El cuchillo en el agua, Callejón sin salida, Repulsión, Lunas de hiel –la destrucción del macho alfa- y La muerte y la doncella –la purgación de los horrores de una dictadura militar en forma de duelo sadomasoquista-.

           De esta manera, los personajes trascienden a su propia concepción literaria para saltar desde el papel a las tablas, transfigurados en un director (Mathieu Amalric) y una actriz (Emmanuelle Seigner) que ensayan improvisadamente La venus de las pieles, todavía en proceso de construcción. Un director y una actriz que, a su vez, en otro salto que alcanza el nivel metalingüístico, conforman un trasunto del propio Polanski y, a buen seguro, del proceso de composición de sus películas. La semejanza física de Amalric es evidente, así como la sonoridad europeo-oriental del apellido de su personaje, mientras que la réplica femenina es nada menos que la esposa en la vida real del cineasta polaco y la ambigua turbiedad sexual del filme, potencial blanco de polémica como ha sido asimismo la biografía y la obra del autor.

           Diálogos declamados y hablados, impostados y escupidos se van entremezclando, confundiendo y fusionando progresivamente a cada golpe de batuta de un Polanski que controla con pulso firme el devenir de la propuesta. El realizador explota la suculenta carnalidad de Seigner para guiar los pasos desconcertados de su alter ego, lo restringe a sinuosos espacios físicos y psicológicos y lo somete a esa eléctrica tiranía de una mujer que amalgama como nadie vulgaridad y divinidad por medio de una simple caída de ojos. El metraje, impulsado por la riqueza de su texto, no desfallece pese a necesitar un par de escenas para entrar en calor definitivamente y al riesgo que supone ese cierto estatismo de espacios, personajes y trama.

Una película de exuberante densidad.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 8.

Lunas de hiel

17 Dic

“Siento decir que una emoción tan noble como el amor es responsable de mucha más violencia que la pornografía.”

Milos Forman

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Lunas de hiel

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Lunas de hiel.

Año: 1992.

Director: Roman Polanski.

Reparto: Peter Coyote, Emmanuelle Seigner, Hugh Grant, Kristin Scott Thomas.

Tráiler

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            Muchos son los literatos –Ernest Hemingway, Francis Scott Fitzgerald,…- que cita como referencia Oscar (Peter Coyote), escritor que compensa su falta de talento disfrutando de los placeres de París, condensados todos ellos en una mujer, la fascinante Mimi (Emmanuelle Seigner). Muchos para que, al final, sus memorias, relatadas a un pacato británico (Hugh Grant) de crucero con su esposa (Kristin Scott Thomas), terminen asemejándose a un melodrama sureño del atosigante Tennessee Williams festoneado con fuegos artificiales de sadomasoquismo.

            Roman Polanski arremete en Lunas de hiel contra el matrimonio tradicional desvelando la crueldad mutua que pueden ejercer, el uno sobre el otro, dos seres que se quieren hasta la desesperación, al mismo tiempo que, de paso, representa lo ridícula que es en realidad la arcaica figura del macho (supuestamente) dominante. El problema es que para tal fin se sirve de una historia bullente de excesos y de personajes de cartón piedra.

El mensaje es palmario, pero dentro de este descenso a los infiernos de la pareja -consumado por degradaciones amorosas, sexuales y morales que dan lugar a un destructivo entramado de traiciones, venganzas y humillaciones-, es difícil creerse a los implicados, comprender qué les pasa y por qué y, en consecuencia, interesarse por ellos o sentir en la propia piel lo que parecen estar sintiendo sobre el escenario.

Tampoco ayuda la pesadez de la estructura, fundamentada sobre recuerdos que se manifiestan en forma de sucesivos flashbacks y la continua voz en off de narrador omnisciente, interrumpidos para mostrar cómo su conocimiento perturba y atrae a partes iguales al oyente de turno que, aquí, ejerce como traslación del propio espectador, ciudadano de a pie de ética corriente y, presumiblemente, sin vicios reseñables. En definitiva, la exposición del mórbido poder de seducción de la oscuridad, de la mujer fatal, de la vampiresa –incluso la succión de sangre es literal en cierta escena-.

            Espesa y excesivamente voluminosa, destaca de Lunas de hiel la enfermiza atmósfera de sus fotogramas, viciada y extenuante, así como el juego sádico con los puntos de vista respecto del reparto de taras y culpabilidades, que concierne tanto en la relación depravada y obsesiva de Oscar y Mimi como al impecable matrimonio británico, que dista de ser idílico bajo su enamorada superficie –los filtreos, los pequeños reproches, la conversación sobre los hijos-.

Virtudes insuficientes, no obstante, para soportar 140 minutos de metraje y para lo que puede exigirse de un autor como Polanski.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 4,5.

Videodrome

2 May

“¡Televisión! Maestra, madre, amante secreta.”

Homer Simpson (Los Simpson)

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Videodrome

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Videodrome.

Año: 1982.

Director: David Cronenberg.

Reparto: James Woods, Debbie Harry, Peter Dvorsky, Sonja Smiths, Leslie Carlson, Lynne Gorman, Jack Creley.

Tráiler

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            Si bien constituye una inquietud extensible a buena parte de su obra, sobre todo durante la primera parte de la misma, sería Videodrome la primera película donde David Cronenberg formulase el concepto la ‘nueva carne’: la evolución y el cambio de identidad del ser humano nacida de la fusión entre cuerpo y materia tecnológica, privilegio o deformación idiosincrático de la sociedad contemporánea.

            Después de su confirmación a nivel popular con Scanners, el cineasta canadiense decidía dar rienda suelta a un proyecto tan ambicioso como arriesgado. Una feroz diatriba que sitúa a la televisión como eje de una sociedad enferma y decrépita, erigida en derecho civil, medio de integración social, instrumento de ocio y excitación, manifestación religiosa, herramienta de control político y creadora única de realidad.

            A través de la figura del productor de televisión especializado en pornografía Max Renn (James Woods, cabeza de un reparto elegido con gran acierto), Cronenberg disecciona los entresijos de una Norteamérica abarrotada y hastiada de placer, en constante búsqueda de nuevos estímulos para su abotargado paladar sexual, ávido de cualquier nueva y más dura parafilia. Más intensa, más cruda, más electrizante. Inserta directamente en el propio cuerpo.

            Incómoda, pegajosa y obsesiva, dotada de una atmósfera tan febril, sórdida y alucinada como la mente y el entorno que rodea al protagonista, Videodrome redacta un diagnóstico complejo y desolador acerca de la mórbida fascinación del ser humano por lo repulsivo, lo violento y lo malsano -concepto subrayado también por la perturbadora nota que aporta la fisicidad de los efectos especiales-. Unas atracciones accesibles universalmente a través del rayo catódico -lo que lleva a imaginar hasta dónde habría llegado la visionaria propuesta de Cronenberg de haber conocido con la explosión de Internet o de haber caído el guion de la reciente Her en sus manos-.

            Contextualizada dentro de un esquema sujeto y dependiente de los delirios subjetivos del protagonista -campo abonado por tanto para la trampa, el truco efectista y la siembra de paranoias de todo pelaje-, la conspiración político-patriótica de adoctrinamiento que domina el desenlace resulta por el contrario un tanto más evidente y superficial, bastante menos sugerente y atinada que los poderosos mensajes precedentes.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 6,5.

La pianista

3 Jun

“Solo la música me dio la oportunidad de revelar mis emociones.”

Ingmar Bergman

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La pianista

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La pianistaAño: 2001.

Director: Michael Haneke.

Reparto: Isabelle Huppert, Benôit Magimel, Annie Girardot.

Filme

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            El cine trascendental, exigente, denso e intelectualista, también consigue perpetuarse. Carl Theodor Dreyer actuó como fuente de inspiración de Ingmar Bergman, e Ingmar Bergman oficiará como referencia fundamental de Michael Haneke.

Resulta curioso observar el paralelismo que, de hecho, parece trazarse entre algunas películas de estos dos últimos: el apocalipsis interior de La hora del lobo y El tiempo del lobo, la indagación en los orígenes del nazismo en El huevo de la serpiente y La cinta blanca y, en el caso que hoy nos ocupa, la frigidez emocional del artista, una constante en la obra del autor sueco pero que en el caso concreto de Gritos y susurros consigue emparentarse con La pianista del cineasta germano a través de un acto particularmente espeluznante, la automutilación genital de la protagonista.

           Tan emblemática escena es la representación en su grado máximo de la castración emocional sufrida por una profesora de música sometida al yugo de una madre posesiva y del muro aislador frente al mundo edificado por ella misma: un ente cuya intelectualidad ha aniquilado la capacidad de sentir.

Desde la primera secuencia, Haneke expone a las claras el cariz despótico, chantajista y parasitario de las relaciones entre madre e hija, una constante música de fondo compuesta de reproches, amenazas y vilezas de toda calaña. Es el escenario propicio para el definitivo derrumbe personal de una mujer que ve llegar la sicosis -el fin definitivo de su vida posible como ser humano- de la misma manera que el compositor Schumann la veía asomar desde la frontera última de su cordura.

Un entorno apocalíptico en el que se encuadra su tortuosa y enfermiza relación con un joven aprendiz de exultante vitalidad, encuentro imposible en el que chocan sin remedio dos violentas corrientes antagónicas.

           De igual modo que sucedía con su análisis previo de la violencia como patología de la sociedad contemporánea –71 fragmentos de una cronología del azar, El video de Benny, Funny Games-, el descenso a la locura de la protagonista, imagen condensada de esa misma humanidad desorientada y en decadencia moral y espiritual, queda retratado con la mayor crudeza.

La fría neutralidad formal del realizador iguala desde su carácter abominable un acto como la citada ablación, filmado con una sequedad que asusta –aún recuerdo el desmayo y posterior golpe de cabeza con la silla que sufrió una estudiante china en clase de Historia del cine, esa simpática asignatura de libre configuración-, con los sadomasoquistas escarceos sexuales (y derivados obsesivos) propios de la relación entre maestra y alumno.

           Aliado en sus malsanos propósitos con la actriz Isabelle Huppert -una prodigiosa interpretación, llena de inaprensibles requiebros y matices en esos tránsitos desde un rostro inerte a sus puntuales deshielos de vida-, Haneke no profesa misericordia alguna hacia sus personajes, ni hacia el espectador. El recurso de alargar ciertas escenas clave contribuye a crear el clima asfixiante y opresivo del filme mediante la exaltación del patetismo de los individuos que transitan por sus desasosegantes fotogramas, mientras que, al mismo tiempo, exige un nada desdeñable ejercicio de resistencia a la platea.

Sin embargo, es difícil sobrevivir con la respiración permanentemente cortada. La pianista supone, por ese mismo poder de perturbación ininterrumpido, una experiencia extenuante que, en muchos casos, provoca que el espectador abandone la película, aunque solo sea por el hecho de tomar un poco de aire.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7.

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