Tag Archives: República Checa

Alois Nebel

28 Jun

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Año: 2011.

Director: Tomas Lunák.

Reparto (V.O.): Miroslav Krobot, Marie Ludvíková, Karel Roden, Leos Noha, Alois Svehlik, Tereza Vorísková.

Tráiler

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          Una luz se abre paso entre la oscuridad. Ilumina la pantalla y devora al protagonista. Alois Nebel, personaje y película, camina pues entre la luz y la oscuridad mientras se ve atrapado en una espesa niebla -nebel, en alemán- que lo encadena a un recuerdo fijo, traumático e insuperable: la expulsión de la población germana de su pueblo, en la frontera checoslovaca de los Sudetes, tras la derrota del Reich en la Segunda Guerra Mundial, 44 años atrás.

          Basada en una novela gráfica repartida en formato de trilogía, Alois Nebel explora las cicatrices del pasado y la descomposición que mana de ellas en el presente, que se ubica en 1989, en plena demolición del Telón de acero y la disolución de un país entero. Su escenario es, por tanto, un campo de tinieblas, expuesto sobre el crudo contraste entre el blanco y el negro de una animación de trazo sólido, minimalista y preciso, y que recurre al rotoscopio para dotar a los personajes de la fluida e hipnótica movilidad que otorga esta técnica, fundada sobre una realidad que, camuflada, también aparece como parte del decorado en determinadas imágenes.

          Silenciosa, apesadumbrada y abstraída como su protagonista, hombre preso en una crisis muda, la película juega con las repeticiones en su arranque -la llegada del tren como un pequeño terremoto, la iluminación invasiva, la relación de horarios ferroviarios a modo de mantra…- para componer una atmósfera obsesiva y atormentada que se canaliza paralelamente por medio de una advertencia inicial: en una tierra hostil que no admite la soledad, el mudo regresó solo para vengarse.

De esta forma, las evoluciones personales del ferroviario Nebel, aparentemente arbitrarias e intrascendentes, y la amenaza latente de una vendetta sangrienta, avanzan envolviendo al espectador y confluyen hacia una catársis redentora, privada y nacional, toda una, dibujada en mitad del diluvio.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 7.

Viaje a la prehistoria

29 Ago

“Cuando fui un museo, en uno de los espectáculos había un niño que no podía tener más de seis años. Sus pies ni llegaban al suelo. Cada vez que aparecía un dinosaurio, gritaba «¡Tyrannosaurus!» «¡Stegosaurus!». Estuvo así durante una hora entera, y pensé «¿qué tendrán los dinosaurios para resultar tan fascinantes?»”

Michael Crichton

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Viaje a la prehistoria

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Viaje a la Prehistoria.

Año: 1955.

Director: Karel Zeman, Fred Ladd.

Reparto: Vladimír Bejval, Petr Herrman, Zdenek Hustak, Josef Lukás.

Tráiler

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            De tan elemental, la concepción de Viaje a la Prehistoria captura la esencia y el aroma de una de las mayores ilusiones que puede albergar la mente de un niño con un mínimo de imaginación y curiosidad: un regreso al pasado hasta reencontrarse con esos monstruos terribles y eternamente fascinantes que son los dinosaurios y demás criaturas antediluvianas.

            Con su espíritu didáctico y respetuoso siempre en equilibrio respecto a las tradicionales ansias de espectacularidad y magia que caracterizarían a las producciones americanas, Viaje a la Prehistoria -creación de la imaginativa industria checa y de su más ilustre representante, Karel Zeman, aquí debutante en el largometraje-, remonta el río de la Historia desde la mirada de cuatro intrépidos y simpáticos muchachos que, a golpe de envidiable fantasía y riguroso entusiasmo, deciden emular las visionarias novelas de Julio Verne –sobre las que ‘el Méliès checo’ haría gravitar su filmografía- y embarcarse en una expedición científica hacia el mismo centro de sus sueños y deseos infantiles.

            Desde el Pleistoceno, dominio de los mamuts y los rinocerontes lanudos, hasta las profundidades del Cámbrico, patrimonio de los abundantes trilobites, la expedición contempla las inagotables maravillas de la naturaleza, reproducidas por medio de animaciones, marionetas y un stop motion por control electrónico que visto hoy resulta un tanto más rígido del que disfrutaba el Hollywood del maestro Ray Harryhausen.

            No hay apenas trama que distraiga del objetivo de este safari romántico y admirado. Viaje a la Prehistoria se desarrolla con una extrema sencillez que, al contrario de lo que pudiera parecer, favorece la saludable regresión mental del espectador, alistado como un tripulante más en la barquita de estos entrañables exploradores.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 7.

El golem

20 Jun

“¡Despiadado creador! Me has dado sentimientos y pasiones, pero me has abandonado al desprecio y al asco de la humanidad.”

El monstruo (Frankenstein o el moderno Prometeo)

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El golem

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El golem.

Año: 1920.

Director: Paul Wegener, Carl Boese.

Reparto: Paul Wegener, Albert Steinrück, Lyda Salmonova, Ernst Deustch, Lothar Müthel, Hans Stürm, Otto Gebühr.

Filme

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            Cinco años sufriendo el remordimiento y la desazón por un trabajo insatisfactorio. Paul Wegener, aquejado del mal del perfeccionista, se encargaría de rodar el remake de la película que él mismo había firmado en 1915, El golem, basada en la novela por entonces recientemente publicada por Gustav Meyrink y cuya ascendencia, por su parte, se remontaba hasta una leyenda judía del siglo XVI. Incluso había retomado el monstruoso personaje, con otros fines, en Der Golem und die Tänzerin, película cómica considerada desaparecida. En El golem, de 1920, las intenciones de Wagener pasaban por plasmar de manera más fidedigna las reminiscencias mitológicas que el relato había hecho palpitar en su interior al escucharlo mientras filmaba El estudiante de Praga en dicha ciudad centroeuropea.

            La tortuosa, onírica y claustrofóbica estética del expresionismo alemán entonces en boga contribuiría a exacerbar el acre pesimismo que destila un argumento donde, pese a que el papel de monstruo corresponde a priori esa enorme masa de barro animado por arte de la cábala, es el género humano el que no sale en absoluto bien parado de sus conclusiones.

Una premisa que, en efecto, recuerda a la novela Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley, de igual modo que un buen puñado de fotogramas del presente filme dejará a su vez una palpable impronta en su adaptación cinematográfica a cargo de James Whale, lo que en especial se refiere al choque de la aberración presuntamente malvada contra la inocencia sin mácula de la infancia, único reducto de pureza de una civilización corrompida o, en el mejor de los casos, desorientada. Son vinculaciones que, por medio del paralelo despertar humano de la criatura a través de los encantos femeninos, también podrían trazarse con otro posterior icono del género, King Kong.

Y es que con apenas tres trazos sucintos y sutiles, sencillísimos que no simples -y por ello de extraordinaria expresividad y precisión-, Wagener llena de calor el corazón arcilloso del golem. La percepción de la injusticia, la belleza delicada de una flor, la vibración tenue pero ardiente e incontenible del afecto romántico, la conmovedora y bondadosa ingenuidad del niño. Emociones perceptibles y desbordantes que simbolizan el nacimiento de la autoconsciencia del golem y que, de igual modo, lo sitúan en un plano más elevado que sus compañeros de escenario: seres movidos por el temor, el egoísmo y el odio hacia el diferente, artífices directos de una perdición que ellos mismos dicen augurar en las estrellas.

A pesar de los conocimientos y el atribuido heroísmo del rabbi Löw o de las funciones de su hija Miriam como motor amoroso/erótico de la película, resulta harto difícil calificarlos como personajes positivos a causa de las acciones que emprenden y de sus consecuencias aparejadas. En este sentido, el uso que a lo largo del metraje se hace del golem -en principio una figura sin voluntad propia y destinada a la protección de un pueblo amenazado y devastado por el sufrimiento-, es siempre individualista e interesado –situación abordada en la cinta incluso con momentos de mordaz ironía-. La perversión y la amenaza que suscita no es más que la perversión y la amenaza que le dictan. El rechazo al que le someten, es idéntico al que ellos padecen.

            La ambientación se acopla a las necesidades atmosféricas de la narración. Los interiores, retorcidos y volcados sobre el escenario, acechan a unos habitantes de la comunidad judía que, por el contrario, empequeñecen desde al traspasar las fronteras de su aislante urbe, delimitadas por unos portones desmesurados. Detalles innovadores del montaje, como el montaje paralelo entre el transporte de la escultura del golem y una escena de seducción, dotan de agilidad a un filme cuyo dinamismo quizás se resiente un tanto en algunas otras escenas, a la vez que ambos segmentos parecen servir de anticipo a una tragedia predestinada, conocida e inapelable, guiada por la garra fatal del hombre, artífice de perdición.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 8.

Hitler’s Madman

13 Sep

“El tirano muere y su reino termina. El mártir muere y su reino comienza.”

Sören Kierkegaard

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Hitler’s Madman

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Hitler's Madman.

Año: 1943.

Director: Douglas Sirk.

Reparto: Alan Curtis, Patricia Morison, John Carradine, Ralph Morgan, Edgar Kennedy, Ludwig Stössel, Al Shean, Elizabeth RussellJimmy Conlin.

Tráiler

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            El ataque japonés sobre Pearl Harbour marcaría uno de los grandes puntos de inflexión en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. Las ansias colonialistas del país nipón despertarían al gigante dormido norteamericano, que desplegará toda su capacidad ofensiva sobre las potencias del eje tanto en Europa como en el Pacífico. Producto de este giro político y militar, la maquinaria de Hollywood, fiel cronista de su tiempo y poderoso instrumento de influencia o arma de propaganda en caso necesario, se pondría en marcha para el combate en el frente ideológico y sugestivo.

La actuación de la industria cinematográfica comprendería entonces terrenos que van desde la comedia satírica, con armas tan afiladas como El gran dictador y Ser o no ser, hasta el documental de guerra y propaganda, que implicaba a cineastas tan notorios como John Ford, John Huston o Frank Capra, pasando por la intervención directa de sus estrellas en desempeños militares de mayor o menor riesgoJames Stewart, Henry Fonda, Clarke Gable, Tyrone Power,…- o, cuanto menos, de apoyo a la tropa mediante espectáculos o por la contribución personal y altruista a la recolecta de fondos para las tropas.

            Por su parte, el cine de ficción ambientado en el mismo conflicto en transcurso decidiría acogerse a episodios históricos ya documentados como base fundamental para desarrollar su alegato antinazi o antibélico.

No es de extrañar pues que la pavorosa figura de Reinhard Heydrich, Reichsprotektor de Bohemia y Moravia, apodado ‘la bestia rubia’ por su crueldad inhumana, aquel del que el propio Hitler comentase que “poseía un corazón de hierro”, sirviese para ejemplificar la barbarie de nazi por medio de tres producciones distintas estrenadas en el mismo año, 1943. Serán The Silent Village, docudrama británico, Los verdugos también mueren, excelente filme de intriga a cargo de Fritz Lang -uno de los primeros realizadores en mostrarse activos contra la amenaza alemana con El hombre atrapado-, y Hitler’s Hangman, recreación del atentado contra Heydrich y la posterior destrucción punitiva del pueblo checo de Lidice.  

Douglas Sirk, director de orígenes germanos como Lang, sería el encargado de llevar a cabo esta última cinta.

            Con unas convenientes licencias dramáticas, el magnicidio del sanguinario Reichsprotektor, encarnado con singular ferocidad y destacable semejanza física por John Carradine –actor de aspecto y papeles dudosos, turbios o inquietantes por lo general-, se convierte entonces en la excusa perfecta para advertir al ciudadano de a pie sobre la necesidad perentoria de la intervención militar contra un monstruo despiadado con el que de nada sirven las palabras. Incluso el retrato de Heydrich –atentos al ogro depredador sexual que escupen los múltiples carteles promocionales del filme-, ajustado a la brutalidad de su mandato, deja espacio para el inserto de una declaración –“¡hay que eliminarlos a todos!”- que parece revelar con inopinada precisión su precedente cometido como anfitrión de la Conferencia de Wannsee e ideólogo de la denominada ‘Solución final al problema judío’.

            Este permanente mensaje de fondo, legítimo y justificado, pierde contundencia y eficacia a causa de la simpleza con la que queda expresado por el argumento de la película. Con las costuras del guion a la vista por todas partes, Hitler’s Hangman apela a la lucha dada la inutilidad de la resistencia paciente y pacífica, al poder de la imprescindible actuación colectiva, unida y decidida frente al ignominioso invasor, al combate como riesgo menor en comparación con las arbitrarias vejaciones y violencias del tirano, a la auténtica debilidad del enemigo, un grupúsculo de individuos patéticos igual de atemorizados y vulnerables ante la crueldad sin nombre de sus jerarcas y del Partido.

En conclusión, la cinta ahoga su arenga en un exceso de discurso que, además, tiende a ser demasiado obvio y explícito en sus alegorías y paradigmas, destinados a alcanzar un mayor rango de incidencia entre la platea. Un cálculo errado, vistos ejemplos como El gran dictador, Ser o no ser, Los verdugos también mueren o Esta tierra es mía, obras devastadoras y emocionantes gracias a la enorme inteligencia de sus planteamientos y su capacidad de denuncia.

            En cualquier caso, mayor honestidad y por ello mismo fuerza alberga un desenlace en el que se agradece su tono sincero y no exactamente esperanzador. Es la exhortación ya clara, directa y definitiva a un sacrificio incierto pero imperativo en lo estratégico y sobre todo lo moral, sostenido con vehemencia y agresividad a través de la cuarta pared, arrojado a la cara del estupefacto espectador.

             En 1975, aún otra película más reconstruiría el atentado contra Heydrich, Siete hombres al amanecer.

 

Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 6.

Los verdugos también mueren

3 Jun

“No hay héroe en la soledad; los actos sublimes están siempre determinados por el entusiasmo de muchos.”

Eliphas Lévi

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Los verdugos también mueren

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Año: 1943.

Director: Fritz Lang.

Reparto: Brian Donlevy, Anna Lee, Walter Brennan, Dennis O’Keefe, Alexander Granach, Gene Lockhart.

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            En 1938, Adolf Hitler, canciller de Alemania, confirmaba de nuevo sus agresivas ambiciones imperialistas. Después de recuperar la región del Sarre, bajo control de la Sociedad de Naciones desde el fin de la Primera Guerra Mundial, y anexionar como provincias del proclamado III Reich a Austria y la región de los Sudetes, Hitler realizaba un nuevo movimiento en su jaque a Europa, atenazada por una temerosa pasividad, e invadía Praga el 15 de marzo estableciendo el Protectorado de Bohemia y Moravia. A partir de 1941 situará al frente del mismo, en el cargo de Reichsprotektor, al Obergruppenführer de las SS Reinhard Heydrich, un hombre que según palabras del propio Hitler “poseía un corazón de hierro”. Sus nuevos súbditos acuñarían varios sobrenombres para su persona, bastante explícitos sobre la catadura del individuo en cuestión: ‘el carnicero de Praga’, ‘el verdugo favorito de Hitler’ o ‘la bestia rubia’.  

Anfitrión de la Conferencia de Wannsee, en la que se dibujarán las líneas definitorias del Holocausto que venía –traducida con fidelidad al celuloide por Kenneth Branagh, también Heydrich en pantalla, en La solución final-, y director de los Einsatzgruppen en el territorio checo, su virreinato quedaría jalonado por millares de muertos, ejecutados con una metodicidad casi industrial, y un recuerdo imborrable de terror y crueldad.

El 27 de mayo de 1942, un atentado acometido por paracaidistas del ejército checo en el exilio junto con apoyo británico, dejará malherido a Heydrich. La muerte no se lo llevará el día 4 de junio. La respuesta nazi, perro rabioso y paranoico, promesa de sangre y fuego, no se hará esperar.

Es este el punto de partida de Los verdugos también mueren.

            Hacia 1943, fecha de estreno del filme, Hollywood se había ya integrado de pleno en la maquinaria de guerra norteamericana, producto de la inclusión del país en el conflicto desde el ataque japonés a Pearl Harbor. Así, surgen filmes que van desde la propaganda más explícita para justificar la intervención y mantener la moral hasta películas políticas, concebidas por destacados intelectuales, que reivindican los valores e ideales del mundo libre en oposición al totalitarismo y la barbarie nazi. Entre ellas, Los verdugos también mueren contará con la dirección del alemán Fritz Lang, fugado de su país durante el ascenso del nacionalsocialismo, con experiencia en el cine antinazi (El hombre atrapado y las posteriores El ministerio del miedo y Clandestino y caballero, esta última ya de 1946), y la colaboración en la redacción del libreto de su compatriota el dramaturgo Bertolt Bretch, en la que sería su única participación acreditada en el cine estadounidense.

            Renunciando de inicio a la exactitud histórica, Los verdugos también mueren es un alegato de la necesidad del valor y el sacrificio personal, físico, mental y sentimental como único arma capaz de doblegar la opresión y las imposiciones de la violencia y el terror más absoluto. Un mensaje decidido que presenta numerosas similitudes con otra cinta de ese mismo año, la poderosa Esta tierra es mía de Jean Renoir.

A pesar de que tiende en mayor medida al subrayado de la idea principal y los personajes, aún siendo también tridimensionales, creíbles y humanos, no presentan la elaborada e inspiradora complejidad de ese Albert Lory de Charles Laughton o la feroz ‘razonabilidad’ de los invasores nazis de la anterior, Los verdugos también mueren desarrolla del mismo modo una minuciosa exploración de la geografía de la sociedad uncida por el yugo de la ocupación sangrienta, describiendo la bondad y solidaridad -quizás en una presentación demasiado beatífica, demasiado propagandística, pero desde luego excusada por su contexto temporal- como firme fundamento para la neutralización de los males derivados del miedo por la dominación: el egoísmo como reacción de supervivencia primaria, las traiciones y peligros del patio de vecinos, o el poder maléfico del rumor.

Se asoma por ello algún recuerdo de películas precedentes de Lang con gran influencia dramática de ‘la masa’ como M, el vampiro de Düsseldorf o Furia, así como por esa representación del escenario como permanente amenaza, conformado por calles angustiosas, sombras alargadas y formas acechantes visibles u ocultas.

De esta manera, la resistencia deseable contra la tiranía opresora del monstruo abominable se retrata a través de personajes que, sin perder su gran carga emotiva, funcionan casi a modo de conceptos abstractos: el héroe activo, la civil que ha de implicarse, el pueblo sacrificado, el intelectual irreductible como firme barrera de contención de la barbarie.

           Una llamada a la rebeldía que cierra una segunda mitad convertida en una trama de intriga conspiratoria construida con mimbres sólidos, manejada con soltura y resuelta con garantías de entretenimiento con trascendencia.

           También en 1943 se estrenarían otras dos películas sobre Heydrich, el tiranicidio de éste y las consecuencias posteriores al mismo: Hitler’s Madman, con John Carradine en el papel del Reichsprotektor, y The Silent Village, docudrama británico que recoge la masacre perpetrada por los alemanes en el pueblo de Lídice, borrado del mapa como represalia.  

Los verdugos también mueren jamás llegará a estrenarse en España.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 8,5.

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