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El fluir de las lágrimas

2 Jun

“Cuando empiezas tienes la ilusión de que puedes hacer cualquier cosa. Tardas un tiempo en darte cuenta de que no, de que en realidad hay cosas que te salen bien y otras que no tan bien.”

Steven Soderbergh

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El fluir de las lágrimas

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El fluir de las lágrimas

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Año: 1988.

Director: Wong Kar-Wai.

Reparto: Andy Lau, Maggie Cheung, Jacky Cheung, Alex Man, Ronald Wong.

Tráiler

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           Curtido por entonces en la escritura de guiones y respaldado por la invitación para participar en el nacimiento de una productora independiente, In-Gear, el debut de Wong Kar-Wai desde la silla de director se produciría dentro de las fronteras del cine de género, por medio de un melodrama criminal un tanto al estilo de los que, en aquella década de los ochenta, facturaba John Woo con gran popularidad en Hong Kong y el resto del mundo -donde la violencia exaltada quedaba a la altura de unas relaciones personales sublimadas hasta cierta idea de amor platónico y guerrero-; si bien comparecerán también en su argumento reminiscencias del Malas calles de Martin Scorsese y, por qué no, del Extraños en el paraíso firmado otro verso suelto: Jim Jarmusch.

           El fluir de las lágrimas ofrece una historia de líneas bastante clásicas en la que un cobrador de deudas de la mafia se debate entre la fidelidad hacia su hermano, que confirma el camino de perdición al que conduce su naturaleza, y la segunda oportunidad con los atractivos rasgos de su prima, que le tiende un inesperado camino de redención. Así, mientras que la vertiente de gánsteres no resulta demasiado interesante –en parte por la presencia de estereotipos excesivos y fatigantes interpretaciones a juego-, en el apartado romántico se apuntan ya ciertos descubrimientos formales que anuncian la irrupción de un autor en ciernes, especializado en retratos de amor, pérdida y anhelo marcados por una melancólica sensación de fugacidad, tremendamente poética.

           Antecediendo a la confirmación que supondrá su profuso empleo en Chungking Express, el recurso del tiempo alto de obturador y la cámara lenta, con imágenes en time-lapse, arroja un sello de estilo que parece querer atar, sin éxito, los clímax amorosos a un instante presente que, líquido e inclemente, no se detiene por nada ni por nadie. Aquí, estas escenas de alto voltaje sentimental quedan encadenadas también a otros momentos climáticos que, por el contrario, se encuentran determinados por la violencia o la muerte.

De esta manera, Wong compone secuencias de refinada potencia visual –la pelea en una cocina, que se puede contraponer a la confusión que domina la realización de la reyerta minutos anterior, también bastante absurda desde un punto de vista lógico-. Y a la vez, gracias a estos paralelismos, evocaciones, elipsis y símbolos –los vasos rotos, repuestos y escondidos; los autobuses que se cruzan,…-, entreteje sobre la obra una extraña, doliente y lírica noción de fatalidad.

Destaca asimismo el empleo de la iluminación y el color en planos como el diálogo a las puertas del hotel que, de nuevo, con talentuda expresividad, exudan el interior ardiente e incompleto de sus protagonistas, atrapados por el azar y el corazón, envolviéndoles en un entorno onírico, etéreo. No obstante, hay detalles todavía por perfeccionar, caso del empleo de canciones populares en la banda sonora –en especial la versión de Take My Breath Away– que tiende un tanto a la obviedad y la cursilería, rompiendo con la delicadeza con la que se cultiva este idilio insospechado que se descubre poco a poco, entre rendijas y sombras nocturnas.

           Supondría el mayor taquillazo de Wong en Hong Kong hasta el estreno de su último filme, The Grandmaster, lo que aseguraría su incipiente carrera. Además, permitiría la conquista de prestigio crítico de las populares estrellas Andy Lau, la ex miss local Maggie Cheung y el cantante Jacky Cheung. En cambio, a pesar de concurrir en la Quincena de los realizadores de Cannes, su reconocimiento internacional aún se haría esperar.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 6,5.

Extraños en el paraíso

1 Feb

Segunda toma de Jim Jarmusch para Ultramundo. Impulsado por las herencias temáticas y materiales de sus maestros, el cineasta arranca su itinerario del desarraigo y la desorientación en busca de un paraíso que quién sabe siquiera si existe… La road movie de un no-viaje.

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The Assassin

23 Nov

“El auténtico creador desdeña la técnica entendida como un fin, y no como un medio.”

Charles Chaplin

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The Assassin

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The Assassin

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Año: 2015.

Director: Hou Hsiao-Hsien.

Reparto: Shu Qi, Chen Chang, Satoshi Tsumabuki, Shao-Huai Chang, Nikki Hsin-Ying Hsieh, Fang-yi Sheu, Yun Zhou.

Tráiler

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            Confluyen abruptos contrastes en The Assassin, la incursión en el wuxia del respetado autor taiwanés Hou Hsiao-Hsien, premio al mejor director en el último festival de Cannes. La recreación de las cortes chinas del siglo IX resplandece con esa magnificencia tan fantasiosa y cinematográfica que caracteriza a este género histórico de lucha y batalla. Pero, por otro lado, Hou despoja a sus fotogramas de otra de las características de este particular universo fílmico, como es su exaltado aliento épico, puro movimiento. También estética, desde su apropiación artística por cineastas como Wong Kar WaiEste contraveneno del Oeste (Ashes of Time)-, Ang LeeTigre y dragón– o Zhang YimouHero, La casa de las dagas voladoras-.

En The Assassin, Hou narra las aventuras y desventuras de Yinniang (Shu Qi), asesina entrenada para erradicar a cuchillo las insurgencias políticas dentro del convulso periodo de decadencia de la dinastía Tang, con un estilo pudoroso e íntimo. Huye de los primeros planos y del montaje febril para, en cambio, componer los lances desde cierta lejanía, reduciendo a los combatientes en medio de sobrecogedores parajes, sin apenas cortes y con escaso respaldo de la música –si acaso, más se acercaría a lo tradicional el breve duelo entre alumna y maestra-. La banda sonora, de hecho, es casi testimonial durante toda la función –luctuosos tambores de guerra, puntuales melodías de época-, reemplazada por la preeminencia del sonido ambiente, dominado por el canto de los pájaros y el arrullo de los insectos.

            Siguiendo esta línea, el ritmo al que avanza el metraje parece reproducir el de la vida; dueño de un naturalismo contemplativo que imprime a la cinta un ritmo desafiante. En exceso, si se tiene en cuenta la recompensa que, a la postre, entrega un argumento minimalista dentro de la embrollada y violenta situación política la que se mueven los diferentes caracteres. Y más aún cuando este contexto conspiratorio resulta tremendamente arduo de seguir debido a las numerosas facciones y personajes sin apenas presentación a la que atenernos como guía, aunque principalmente a causa del empleo de las elipsis y el montaje que aquí sí aplica el realizador, que en su extremada delicadeza termina por sembrar una injustificable confusión a la trama.

            En cualquier caso, de fondo prosigue el juego de atracción y separación personalizado en Yinniang y el dirigente de la poderosa provincia de Weibo, su primo Tian Ji’an (Chen Chang), a quien debe ejecutar. Este dilema entre un amor cercenado y el imperativo del magnicidio se prolonga asimismo en el combate entre la letalidad aprendida y la compasión natural que se libra en el interior de la joven, quien se acomoda al subyugante decorado, de gran talento compositivo, como una perenne sombra de muerte. Suya, en muchas ocasiones, es la mirada distante que adopta la cámara, intermediada por velos y sedas suntuosos, atenta a los personajes pero siempre a una dolorosa distancia de ellos.

Sin embargo, inundado de estilo y esteticismo, y en apariencia vacío en lo demás, el relato se ahoga sin remedio pese a la capacidad de fascinación que pueda legar algunas de las imágenes propuestas.

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Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 4.

El resucitado

14 Ene

Boris Karloff vuelve a casa… solo para que le entierren una vez más. El resucitado, parte de una nueva entrega doble de Atelier 13 en Cine Archivo.

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El sueño de Ellis

8 Ene

“No importa de dónde seas, tus sueños importan.”

Lupita Nyong’o

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El sueño de Ellis

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El sueño de Ellis.

Año: 2013.

Director: James Gray.

Reparto: Marion Cotillard, Joaquin Phoenix, Jeremy Renner, Dagmara Dominiczyk, Maja Wampuszyc, Ilia Volok, Angela Sarafyan.

Tráiler

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           Encumbrado como uno de los autores de referencia del Hollywood contemporáneo, James Gray prosigue con El sueño de Ellis ciertas constantes temáticas y formales por lo general ligadas a su propia extracción biográfica, ya que es nieto de emigrantes rusos de religión judía.

A pesar de que en mi opinión su filmografía acostumbra a mostrar déjà vus demasiado nítidos como para no cuestionar esta condición de autor, es innegable que su cine también posee rasgos recurrentes y reconocibles como la presencia de un poderoso complejo de culpa ligado a una redención que reviste a los personajes y los argumentos de un poderoso influjo religioso, frecuentemente ligado al judaísmo y/o a la herencia familiar –en la presente cinta mucho más diluida que en obras precedentes-.

           El sueño de Ellis narra las desventuras de una inmigrante polaca en el Nueva York de los años veinte (Marion Cotillard). Una mujer atrapada en un país extraño que le reserva la condición de paria y en un triángulo amoroso entre un ambiguo hombre que, pese a amarla, no duda en explotarla en su negocio de prostitución (Joaquin Phoenix) y un díscolo mago repleto de promesas inconcretas (Jeremy Renner); algo así como aquellos Zampanò y Matto de La strada, respectivamente.

Por ambientación y contexto histórico, El sueño de Ellis remite a cintas como Una mujer de París, que ya describía los peligros que la inmigración reservaba para las chicas jóvenes e ingenuas –aunque fuese una inmigración interna-, así como, inevitablemente ligado, su sometimiento a los turbulentos deseos y pasiones masculinas. La fotografía, marcada por los tonos dorados y la luminosidad apagada, recuerda también a otra epopeya del inmigrante, esta vez la de Vito Corleone en El Padrino. Parte II, lo que serviría para reencontrar de nuevo a Gray con su proclamado ascendente, Francis Ford Coppola.

           Según se asiste al desarrollo del relato y se intrincan las intensas y duales relaciones entre personajes, se va construyendo ese profundo entramado de remordimientos, redenciones y perdones que otorgan densidad y enjundia a la obra, amalgamados en un crescendo que Gray, auspiciado por la excelente interpretación de Cotillard, culmina con corrección y una cuidada puesta en escena con tendencia al simbolismo contundente –la Libertad y los valores del país prostituidos-, la cual, precisamente, alcanzará su cénit artístico en la soberbia imagen que cierra el filme.

No obstante, en uno de los defectos habituales del cineasta americano, más afortunado en sus pretensiones estilísticas que en la composición de sus tragedias, el encorsetado melodramatismo del guion llega a parecer poco natural en unos cuantos giros y elementos temáticos. Vislumbrar al ambicioso escritor que hay detrás del libreto y algunas de las costuras con las que construye su muy solemne criatura, resta vibración emocional a una obra en ocasiones más afectada o pomposa que auténticamente conmovedora, siempre dentro de sus notables resultados.

 

Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 7,5.

Lejano

3 Nov

“La decepción es una especie de bancarrota: la bancarrota de un alma que gasta demasiado en esperanza y expectativas.”

Eric Hoffer

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Lejano

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Lejano.

Año: 2002.

Director: Nuri Bilge Ceylan.

Reparto: Muzaffer Özdemir, Emin Toprak, Zuhal Gencer, Nazan Kirilmis, Feridun Koc, Fatma Ceylan.

Tráiler

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            Cabeza del nuevo cine truco al que la Seminci ha reivindicado durante esta edición de 2014 recién concluida, Nuri Bilge Ceylan surgía de las cenizas de la industria otomana -representada por los estudios Yeşilçam y sentenciada por el golpe de Estado de 1980-, gracias a su iniciativa y autonomía de autor, ya que el cineasta estambulita asume las funciones de director, guionista y productor de todos sus proyectos –incluso aparecerá como actor en Los climas-. El tercero de sus largometrajes, Lejano (Uzak), sentaría con su Gran premio del jurado la primera piedra de la longeva y excelente relación del realizador con el festival de Cannes, culminada esta temporada con la obtención de la Palma de oro con Sueño de invierno (Winter Sleep), estrenada hace escasas semanas.

            De crisis, precisamente, es de lo que habla Lejano. La película parte de la depresión económica turca de los noventa y principios de milenio para, progresivamente, tornarla en metáfora sobre la profunda crisis existencial, amorosa y de ideales que en paralelo –o al mismo tiempo- sufren Mahmut, un fotógrafo residente en Estambul, y Yusuf, su primo recién llegado de provincias.

Desde el silencio, el pequeño gesto costumbrista y los detalles que jalonan los altibajos y tensiones en la relación entre ambos hombres, Ceylan destila una desoladora sensación de decepción, aislamiento y melancolía. Como ese país en plena e infructuosa intentona de dar la espalda a Asia y sumarse a Europa, siempre a medio camino entre dos mundo. Naves varadas, retratos de tejas y baldosas, el admirado Andrei Tarkovsky sustituido por vulgar pornografía, las heridas de un divorcio que trajo como única consecuencia una esterilidad figurada y literal, trabajar como tripulante convertido en quimera, las mujeres transformadas en fantasmas inalcanzables,…

            Ceylan trata con cariño y comprensión a sus protagonistas, pero con la justa compasión. Sus lánguidas andanzas no se libran de recibir malintencionados aguijonazos de ironía, sobre todo los impulsos de Don Juan del inmigrado, que poco a poco, como la función en general, adquieren una deriva un tanto siniestra, dentro de esa naturaleza lamentable que en principio las definen.

            Además de la sobria aunque admirablemente expresiva descripción del escenario social y sentimental que envuelve la obra, apresando en ella a los personajes, destaca aquí la citada composición de caracteres, que establece una curiosa rima entre dos individuos que, por mucho que lo intenten –en especial el nuevo urbanita-, poseen una esencia idéntica.

La actitud dominante y de cada vez mayor y más fingida superioridad moral –la verbalización de normas de convivencia, la reclusión del huésped al fondo de la vivienda, la limpieza y guardado clandestino de sus zapatos– subraya ese ingenuo repudio y alejamiento del pasado rural pretendido por Mahmut -ya expresado con economía y precisión en la llamada de teléfono que supone la primera escena hablada del filme-. Siguiendo esta idea, es él quien ahora trata de imponer a Yusuf ese mismo proceso de asimilación a la impersonal Estambul padecido en sus propias carnes, con el único impedimento esporádico de los rescoldos de compasión que todavía es capaz de despertar en él el reconocimiento de la incontestable semejanza que une a ambos–colocar con cuidado sus odiados zapatos durante una triste llamada a casa-.

Del mismo modo que la alegoría económica, esta imposición de reglas de comportamiento se ramifica con sutileza en una imposición psicológica donde la adaptación a la megalópolis significa la renuncia a los sueños e ilusiones y el abrazo del cinismo como medio de supervivencia.

            Lejano es un retrato intimista, agrio y complejo, fundamentado en la cotidianeidad más prosaica; paciente, cocinado a fuego lento con planos largos y ritmo pausado –quizás demasiado en ocasiones-, y que encuentra un precioso estímulo en la talentosa elocuencia de sus fotogramas, herramientas excepcionales para capturar el desaliento y la desorientación de un país en continua búsqueda de sí mismo.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7,5.

La entrega (The Drop)

30 Sep

“James Gandolfini es un actor grandioso y un tipo genuinamente divertido.”

Brad Pitt

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La entrega (The Drop)

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La entrega (The Drop).

Año: 2014.

Director: Michaël R. Roskam.

Reparto: Tom Hardy, James Gandolfini, Noomi Rapace, Matthias Schoenaerts, John Ortiz, Michael Aronov.

Tráiler

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            “Quieren su dinero”, descerraja una mujer en cierta escena de La entrega (The Drop) para alarma de su hermano Marv (el añorado James Gandolfini), gerente de un bar de la mafia utilizado como banco ocasional para los emprendedores del Brooklyn más subterráneo y furtivo y al que, precisamente, le han levantado más de 5.000 dólares en un atraco. No obstante, el dinero al que hace alusión la buena señora se refiere a las cuotas de la residencia de ancianos -en suspensión de pagos- donde mantienen con vida al padre de ambos, miserablemente conectado a la vida mediante máquinas.

            El contexto es capital para cimentar los fundamentos de La entrega. De ahí que Dennis Lehane se tome su tiempo para dibujar escenario y personajes a la vez que, gota a gota, da cuerpo a dos subtramas a priori distanciadas pero que, merced al libreto, acaban convergiendo y cerniéndose poco a poco sobre el agrio desenlace.

Porque, al fin y al cabo, las dos son parte de un mismo todo. De un universo concentrado que, de idéntica manera, engloba a individuos en principio antitéticos como Marv, un ‘old school’ del barrio que vive con la nostalgia irreparable de una antigua gloria que en realidad no era tal –la incapacidad de superar el pasado es otro de los factores que marcan a unos cuantos personajes-, y su primo Bob (Tom Hardy), un hombre de apariencia cándida que, a pesar de su soterrada tendencia salvífica –el perro, la chica, sacar las castañas del fuego a su pariente-, nunca se inmiscuye en nada, ya sea en comulgar, sea en los chanchullos criminales que medran en el establecimiento del anterior, subastado o regalado de mala manera a causa de la decadencia económica y la cobardía que se ocultaba tras una imaginaria pose de tipo duro.

            Con una paciencia innegociable que obliga al público a mantenerse en todo momento a la expectativa, La entrega examina las piezas del puzle y las hace encajar para, finalmente, obtener con estilosa sutileza la fotografía completa de esta América degradada, gélida y antipática que ya desentrañaban otros thrillers coetáneos como Mátalos suavemente o Dolor y dinero. Es asimismo la América de The Wire, donde el juego gira y gira en torno al dólar, libertador y carcelero de sus implicados; siempre dueño.

Como decíamos, mientras Lehane -guionista de algunos capítulos de la obra cumbre del arte audiovisual- desarrolla calma y firmeza la intriga del filme, sostenida por el buen pulso narrativo del belga Michaël R. Roskam, el escenario comienza a aflorar desnudando a esa América del sálvese quien pueda, de trabajadores sin seguros, del proletariado despojado de sueños al que solo le queda el consuelo de la copa en el bar de toda la vida, de las investigaciones criminales pendientes del presupuesto y de donde hasta los templos se venden a bajo precio a los promotores inmobiliarios. Todos quieren su dinero.

            Aunque el fondo es apreciable, se echa en falta cierta garra que redondee el conjunto. Quizás su ligera apatía distanciada sea una forma de extrapolar el punto de vista del huidizo protagonista, pero le vendrían bien a La entrega unos gramos más de tensión e intensidad, en especial en lo que se refiere a las relaciones íntimas entre los personajes, un tanto tibias, también a causa de que el personaje femenino de Noomi Rapace no posea un retrato tan minucioso e interesante como el sus dos compañeros de función.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 6,5.

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