Tag Archives: Póquer

Molly’s Game

8 Ene

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Año: 2017.

Director: Aaron Sorkin.

Reparto: Jessica Chastain, Idris Elba, Kevin Costner, Michael Cera, Jeremy Strong, Chris O’Dowd, J.C. MacKenzie, Brian D’Arcy James, Bill Camp, Graham Greene, Angela Gots, Joe Keery, Jon Bass, Claire Rankin.

Tráiler

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          Era de prever que un guionista ambicioso y con merecida fama de inteligente decidiera, con el tiempo, materializar su independencia artística y dar voz e imágenes por sí mismo a su propio libreto.

Aaron Sorkin se estrena en la dirección con Molly’s Game, una película en la que prolonga la trayectoria reciente de su filmografía –La guerra de Charlie Wilson, La red social, Moneyball: Rompiendo las reglas, Steve Jobs– al centrarse en la biografía de una personalidad notoria para, a partir de ella, reconstruir por un lado un fragmento de la sociedad de su tiempo y, por el otro, terminar revelando un retrato íntimo que aporta un determinado matiz individual a este contexto colectivo.

La mirada desesperada de Mark Zuckerberg a la chica que anhela, las lágrimas de Billy Beane ante la canción de su hija, la invención que Steve Jobs le presenta en la soledad de un ático también a su hija, los tres años de terapia de Molly Bloom en Central Park con su padre. Aunque de sus argumentos se puedan extraer evidentes lecturas sobre las pulsiones y latencias de la sociedad contemporánea -la estadounidense y por extensión la occidental-, Sorkin ubica a cada pionero dentro de un universo psicológico particular e intransferible, que en parte es explicativo -aquí las alusiones a Sigmund Freud son literales- y en parte contribuye a desarrollar una intriga interna alrededor del personaje, de forma paralela o entrelazada con el transcurso de sus acciones y vivencias.

          La fundación de Facebook, la estrategia deportiva de los Oakland Athletics, las visionarias creaciones informáticas o la conquista de un emporio de partidas de póquer de lujo poseen una relevancia tan solo relativa. En Molly’s Game, Sorkin bosqueja una semblanza de la élite de los Estados Unidos -los actores de Hollywood, las celebridades en general y los grandes señores del dinero como sustitutivos de la aristocracia inexistente en el Nuevo Mundo- a partir de su cara oculta, resguardada de las miradas indiscretas. Desde el patio de recreo de una maga Circe que agasaja a los hombres hasta convertirlos -o descubrirlos- como bestias de todo pelaje.

Sobre el tapete de Molly Bloom aparecen entonces la cultura del éxito y la competitividad extrema, la voluntad de poder, el instinto de depredación materialista, el vicio indiferente a escrúpulos que pone en riesgo bienes propios y ajenos por la adrenalina de la avaricia, el sexismo… Cuestiones palpables en la enésima resurrección del arrogante neoliberalismo de rama dura, encarnado por el actual presidente-empresario-estrella televisiva, Donald Trump, y que tienen su reflejo en otros estrenos recientes como El lobo de Wall Street, La gran apuesta -las dos también basadas en hechos o sujetos reales- o, significativamente por sus ecos históricos, Wall Street 2: El dinero nunca duerme.

Pero esencialmente, dentro de su estructura de ascenso, caída y redención, Molly’s Game es el relato moral de una mujer íntegra a pesar de todo y de todos, otra de las constantes del corpus sorkiniano –El ala oeste de la Casa Blanca, The Newsroom.

          La pregunta es obvia. Al igual que ocurre con algunos realizadores que, embelesados por la idea de la autoría, yerran al prescindir de los servicios de un guionista, ¿necesita el Sorkin escritor a un David Fincher -a quien por cierto solía pedir consejo durante el rodaje- o demuestra suficiente autonomía en su incursión tras la cámara? Molly’s Game luce una narración solvente y dinámica, levantada sobre la característica verborrea del neoyorkino, agilísima y punzante por lo habitual. También ostenta una voz en off útil para resolver problemas expositivos a golpe de texto y, por ello, quizá demasiado presente, por momentos casi de audiolibro. Y aun así el filme queda con más metraje de la cuenta.

Por otro lado, si el citado esquema argumental remite directamente al cine de gángsters de Martin Scorsese, la plasmación de la escalada al presunto triunfo de la protagonista es asimismo deudora del estilo del firmante de Uno de los nuestros, Casino o precisamente El lobo de Wall Street; si bien la aproximación a su figura de interés, decíamos, no sea tan cínica o, como mínimo, amoral. Las consecuencias de estas filiaciones de primerizo son cierta sensación de déjà vu recurrente, gastado e incluso un poco cargante, puede que especialmente por el uso de la banda sonora.

Pero, en cualquier caso, ayudado por la rotundidad interpretativa del grueso del reparto, Sorkin domina también formalmente la cadencia de los diálogos y el ritmo de las escenas, lo que equilibra el desarrollo paralelo del suspense judicial, el fresco sociocultural y la indagación psicológica.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 7.

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My Blueberry Nights

15 Mar

“No me planteo hacer cine otra vez. Fue estupendo, pero no es lo mío. Hay que levantarse muy temprano, trabajar 14 horas al día… No, gracias. Bueno, si hay un actor muy guapo igual me lo pensaría.”

Norah Jones

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My Blueberry Nights

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My Blueberry Nights.

Año: 2007.

Director: Wong Kar-Wai.

Reparto: Norah Jones, Jude Law, David Strathairn, Rachel Weisz, Natalie Portman.

Tráiler

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            “He tardado un año en llegar aquí”, afirma Lizzie, protagonista de My Blueberry Nights, cuando retorna al café desde donde precisamente había iniciado su improvisada e impulsiva aventura. Esta única frase condensa el significado del viaje, uno de los sintagmas primigenios de la creación mitológica, literaria y cinematográfica. Un camino de iluminación, de autodescubrimiento.

            Con My Blueberry Nights el cineasta chino Wong Kar-Wai daba el salto a los Estados Unidos y a la lengua de Shakespeare para rodar una cinta romántica con estructura de ‘road movie’. En esta ocasión, los corazones rotos y las almas solitarias abandonadas en tierra de nadie que pueblan su filmografía concitan su encuentro a través de la huida sin rumbo de la joven Lizzie (una Norah Jones para enamorarse), quien elige el asfalto de la carretera como herramienta para olvidar el despecho de una relación fallida y traicionada.

El renacimiento sentimental por medio del viaje, decíamos.

            Al igual que ocurre con sus principales líneas argumentales -expuestas de manera más clásica y cronológica de lo que acostumbra Wong-, en la película se reconoce la expresiva caligrafía del autor asiático, pudorosa e íntima –el predominio de la mirada exterior, un tanto distanciada y ligeramente vouyerística a los personajes-, muy trabajada en su manejo del simbolismo visual y conceptual. No obstante, su refinamiento formal parece algo menos afinado que en otras ocasiones, con elementos un tanto estridentes en el caso de ciertas transiciones y encadenados poco lucidos.

Entre detalles de enorme calidad sentimental y sensitiva, permanece, por supuesto, esa habilidad característica de Wong para reflejar el intento infructuoso de los personajes por atrapar o retener sin éxito instantes emocionales predestinados a la desaparición; momentos frágiles de encuentro y desencuentro entre espíritus anhelantes de romance; escenas fugaces, diluidas por el tiempo inexorable.

            Por ello mismo, habida cuenta de la tendencia al amor platónico con matices melancólicos y un tanto pesimistas que suele predominar en el cine del autor, resulta extraño encontrar en My Blueberry Nights los dos sencillos pero conmovedores besos que se producen en momentos clave del metraje, capturados con gran delicadeza y hermosura. Dos amores correspondidos que, por fin, se mezclan y funden, como la tarta y el helado.

Ambos componen los puntos climáticos de un filme organizado en tres capítulos: Nueva York, Memphis y Nevada, dotados de distinta tonalidad cromática para cada uno –colores nocturnos y azulados, rojizos, dorados y diurnos respectivamente- y con desigual bagaje en su aportación al conjunto –no termina de funcionar el melodrama sureño guiado por una desatinada Rachel Weisz-.

            Una de las obras más abiertamente optimistas de Wong Kar-Wai.

 

Nota IMBD: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7.

Rounders

15 Feb

“El póquer es 100% habilidad y 50% suerte.”

Phil Hellmuth

 

 

Rounders

 

Año: 1998.

Director: John Dahl.

Reparto: Matt Damon, Edward Norton, Gretchen Mol, John Turturro, Paul Cicero, Famke Janssen, Martin Landau, John Malkovich.

Tráiler

 

 

            El universo del póquer, en la última década de enorme tirón en un país en principio ajeno a la baraja francesa como España, es sin duda, haciendo caso a su historial, el juego de cartas más cinematográfico, siempre asociado a tugurios insalubres en los que eternos perdedores con mayor o menos sabiduría en el arte de encajar los golpes de la vida se alzan con las migajas de un espejismo de éxito, o sucumben indefectiblemente a su naturaleza, puede que ayudados por los labios sensuales de una atractiva mujer que encarna la parte del diablo.

Rounders ofrece una revisión de las viejas películas de cartas, del enemigo a batir, de la improbable redención épica del fracasado, de la lucha por un destino particular difícilmente comprensible o compartible con terceros, modernizada tan solo en la producción.

            Matt Damon, un valor en alza después de su doble nominación a mejor actor y guión original  por El indomable Will Hunting –se alzaría con el segundo-, protagoniza la historia de un joven estudiante de derecho que se paga la vida mediante sus innegables dotes de tahúr al mismo tiempo que sueña con ser el campeón mundial de póquer.

Una ambición en la que se van a cruzar deudas del pasado encarnadas por viejos amigos que han quedado en la cuneta (Edward Norton, otro actor emergente que al menos suele ponerle algo más de empeño), conflictos de lealtades, disyuntivas entre lo que se debe y lo que se quiere ser e inevitables enfrentamientos sentimentales con una pareja que representa el polo positivo del porvenir en contraposición a su amigo descarriado, imagen del futuro posible de uno mismo, de la mala suerte –incluso en el aspecto del tramposo Norton, desastrado, desaliñado-.

            John Dahl, director que tendrá mayor predicamento en la pequeña pantalla, lleva a cabo una realización clásica, con ciertos rasgos de elegancia, sobre todo el la luminosidad de ciertas escenas, para plasmar en pantalla guion rubricado por David Levien y Brian Koppelman, dos guionistas surgidos de la nada y con una incontestable pasión por el mundo del tapete, hecho que da pie a la prolija inclusión de referencias al juego, a su jerga y a su mitología -también destinada a orientar al profano, a que no se sienta ajeno-, pero que no oculta, sin embargo, una notable ración de tópicos y cierta falta de coherencia –en cierto punto, se renuncia a cualquiera de los dilemas planteados para centrarse en lo realmente estimulante para los escritores y, por ende, el espectador: el duelo final de Texas hold’em-.

            Un conjunto que, en definitiva, y salvando parte de la dirección y el trabajo de algunos secundarios ilustres como John Turturro en su rol de ángel de la guarda o el siempre peculiar John Malkovich como monstruo a derrotar, adolece del blando protagonismo de Matt Damon, carente del carisma necesario para un papel que exigía más arrestos, y de una evidente falta de intensidad, derivada de esa acumulación de lugares comunes, resueltos con poca destreza –nunca convence el papel de mujer salvadora de Gretchen Mol, cursi y antipático cuando posee justificación suficiente para no parecerlo, y la figura paterna de un grande como Martin Landau ofrece unas soluciones vergonzosas a alguna de las disyuntivas del personaje de Damon-.

           Una película más bien insulsa, a la que le falta sabor noir, aunque recomendable para acérrimos de la baraja.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 4.

El rey del juego

5 Oct

“Un dólar ganado en el juego es el doble de dulce que un dólar ganado en tu sueldo.”

Eddie Phelson (El color del dinero)

 

 

El rey del juego

 

Año: 1965.

Director: Norman Jewison.

Reparto: Steve McQueen, Edward G. Robinson, Ann-Magret, Karl Malden, Tuesday Weld, Rip Torn.

Tráiler

 

 

            En 1960, Robert Rossen plasmaba en la excepcional El buscavidas, la amarga media victoria de Eddie Phelson, un perdedor con necesidad de reivindicar su dignidad en el billar americano, en una partida donde entran en la apuesta su orgullo, su amor y su propia alma.

            En 1965, Norman Jewison recogía con El rey del juego el proyecto del que había sido despedido Sam Peckinpah por demasiado explícito a la hora reflejar la sordidez de las timbas de póquer de la Nueva Orleans de los años treinta, un mundo subterráneo enfundado en humo de tabaco, sudor y agrias ambiciones en el que se iba a dar el desafío por el reinado de los naipes entre el veterano monarca Lancey Howard (Edward G. Robinson, ese pequeño gran actor) y el joven y talentoso aspirante Cincinnati Kid (Steve McQueen, rey del cool). Una partida de póquer descubierto como centro del mundo alrededor del cual gira toda la fauna de los insalubres garitos de Louisiana, sin distinción de clases. Gente sin honor como el millonario Slade (Rip Torn), que pretende desvirtuar con rencor y dólares un enfrentamiento que está más allá de lo material, o la maliciosa Melba (Ann-Margret), una mujer que se mueve y manipula por caprichos pueriles. También personajes virtuosos que quedan atrapados y arrastrados por ese ambiente sin honra, que carece de reglas morales a excepción de los verdaderos jugadores, caso de El Genio (Karl Malden), sometido a esa Melba sin escrúpulos, o la bella Christian (Tuesday Weld), último refugio de la inocencia, al mismo tiempo propia su cruz y su salvación –y la de Cincinnati Kid-.

            Aunque mucho menos poderosa en el amargo conflicto dramático que El buscavidas, en parte similar pero abordado de manera más tangencial y previsible, más centrado en el juego y su liturgia y el combate entre el viejo experimentado y el joven desafiante, El rey del juego presenta una excelente realización, con una estupenda puesta en escena, una ambientación llena de sabor y una preciosa fotografía de Philip H. Lantrop, con un gran sentido de la narración que progresa hasta el sostenido clímax del duelo final entre dos magnéticas caras de póquer, con el punto entre paternal y ligeramente desdeñoso de Robinson y el arrogante y confiado de McQueen; algo más que una partida en la que se masca la tensión dentro y fuera de la mesa.

Muy buen entretenimiento.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 8,5.

La vida mancha

22 Nov

  “Y ahora, si nos perdonan, vamos a hablar de cine español.”

Antonio Gasset

 

 

La vida mancha

 

Año: 2003.

Director: Enrique Arbizu.

Reparto: José Coronado, Juan Sanz, Zay Nuba, Yohana Cobo.

Tráiler

 

           Interesante drama español que versa sobre el reencuentro entre dos hermanos de distinto padre y de vida y mentalidades opuestas: Fito (Juan Sanz), el benjamín; extrovertido, inconsciente y en pleno descenso a los infiernos por su adicción al juego, cosa que parece amenazar a su hermosa familia; y Pedro (José Coronado), el primogénito;  callado, misterioso, distinguido, solitario y acaudalado.

De este modo, se entrecruzan las vidas y los deseos de ambos hermanos, ya que ambos poseen lo que el otro anhela -dinero y respetabilidad; familia y amor-, y en el que Pedro tendrá que optar entre sacar a su hermano del pozo negro en el que se está metiendo y devolverle al paraíso de su familia o ceder a sus propios deseos, dejarlo hundirse y suplantarlo y alcanzar así la felicidad con aquello que le falta y que su hermano posee y no parece apreciar: su bella y amante esposa (Zay Nuba) y su hijo. No es fácil ser hermano mayor…

           Se trata pues de una película de ritmo pausado, que no lento, en el que las cosas transcurren sin estridencias ni espectacularidad, basado más en detalles y sutilezas, lo que puede hacer que se resista un poco al espectador, pero con notable intensidad. Los protagonistas están bien interpretados, con un José Coronado sobrio y contenido, bien secundado por Juan Sanz y la guapa Zay Nuba en su debut en la gran pantalla. En cambio, Yohana Cobo no está demasiado acertada en un personaje que, por otra parte, sobra totalmente.

Por otro lado, en mi opinión, las timbas ilegales de poquer en el cine español -pese a lo popular que está siendo desde hace unos años a acá- me resultan como las corridas de toros en el cine americano: quedan muy raras.

No está mal. 

 

Nota IMDB: 6,9.

Nota Filmaffinity: 6,6.

Nota del blog: 7.

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