Tag Archives: Polar

Policía Python 357

23 Ago

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Año: 1975.

Director: Alain Corneau.

Reparto: Yves Montand, François Périer, Simone Signoret, Stefania Sandrelli, Mathieu Carrière.

Tráiler

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          Una de las cualidades más sugerentes del universo del cine negro es la de que, en ocasiones, su tensión dramática procede de obligar al espectador a asimilarse a un protagonista cuyos actos se encuentran guiados o se ven arrastrados no por virtudes heroicas o inspiradoras, sino por una acre ambigüedad moral o, directamente, por un proceso de degradación personal acorde al miserable mundo en el que sobrevive. No hay amanecer más sucio y ceniciento que el que, paradójicamente, cierra Policía Python 357. Y es el patetismo de los personajes el que nos ha conducido hasta él.

          Policía Python 357 escoge un título con nombre de revólver y sabor pulp y, siguiendo esta línea, durante la introducción del filme, en la que el montaje equipara la preparación de un desayuno con la puesta a punto del arma epónima, se presenta a un hombre en cuya cotidianeidad se encuentra instalada la muerte.

Sin embargo, como parece indicar el coro tétrico que un repentino corte transforma la música diegética en extradiegética, esta concisión y sequedad noir inicial es parcialmente engañosa, puesto que las promesas de violencia expeditiva y cruda que sugiere semejante apertura no terminarán luego de concretarse, más allá de para despertar cierta conexión con el ascetismo del individuo reducido a su tarea letal de El silencio de un hombre. Pero, eso sí es cierto, la fatalidad acompañará los pasos del inspector Ferrot durante el resto del metraje, fotografiado en escenarios nocturnos o en tonalidades frías.

          Lo que ocurre es que, en el argumento de la película, los asuntos policiales colisionan y se funden -no siempre con el mejor de los equilibrios- con un melodrama romántico otoñal, configurando con ello el caldo de cultivo para ese patetismo antes citado -el imposible amor de senectud, la humillación del hombre rocoso a los pies de la femme fatale-.

Una sensación incómoda, de punzante pesimismo -en ocasiones de cierto toque misógino, rebajado no obstante por la desorientación absoluta de los participantes masculinos, evidente en comparación con la matriarca que interpreta con gran dignidad Simone Signoret-, que además irá en crescendo toda vez que la extraña rivalidad romántica se canalice trágicamente en un proceso policial que, a partir de la inclusión del tópico del falso culpable, es al mismo tiempo investigación y huida.

          De ese duelo consciente o inconsciente, y de ese doble filo constante, procede la progresiva crispación de la trama, espoleada además por las desconcertantes decisiones de dos hombres otrora poderosos y cuya ineptitud afectiva, estimulada a su vez por la decadencia física que experimentan, ha situado ahora al límite. La vulnerabilidad y la desesperación que transmiten Yves Montand y François Périer en su carrera contrarreloj contribuye a demoler con mayor fuerza sus respectivos arquetipos, que conducen a un final tremendamente hosco incluso en las posibilidades de redención que permite.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 7.

A todo riesgo

22 Mar

“¿Sabes por qué lo haces? Porque te domina el absurdo mandamiento del hampa: no delatar. Que se hunda tu hogar, abandona a tus hijas, déjalas que se mueran de hambre, pero no delates a ningún compinche, el cual no moverá un dedo para ayudarte.”

Louis D’Angelo (El beso de la muerte)

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A todo riesgo

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A todo riesgo

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Año: 1960.

Director: Claude Sautet.

Reparto: Lino Ventura, Jean-Paul Belmondo, Sandra Milo, Claude Cerval, Michel Ardan, Marcel Dalio, Simone France, Michèle Méritz, France Asselin, Stan Krol, Robert Desnoux, Thierry Lavoye.

Tráiler

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            La constatación del fin de los ideales románticos, sometidos al cínico pragmatismo de un mundo posmoderno de valores licuados, compone una de las principales crisis filosóficas y existenciales del individuo contemporáneo.

El trauma se puede apreciar incluso cuando estos ideales románticos son tan dudosos como el presunto honor criminal, una falacia en sí misma que solo cobra sentido en el campo de la ficción pero que, aun así, bien sirve para ilustrar el caso.

            La crepuscularidad y el fatalismo que gobiernan A todo riesgo, apegado a las esencias del polar, emanan del conflicto entre aquellos hombres que todavía no negocian la lealtad y aquellos otros que, adocenados por la vida próspera, la sacrifican en aras de su confort social y económico. La víctima del desengaño será aquí Abel Davos (el gran Lino Ventura), un hombre muerto que camina, con el precio de su cabeza puesto por la justicia y que busca refugiarse en París cobrando los activos humanos supuestamente cosechados entre sus socios/amigos durante su otrora ascendente etapa criminal –la propiedad de un bar en un caso, la deuda de vida en otro-.

Todo desencanto, A todo riesgo desarrolla una intriga de bajos fondos donde el suspense por la eterna huida de Davos se funde con el que produce en él el descubrimiento de esta extinción del reglamento ético del hampa. Entre esta dicotomía florece también un concepto muy westerniano, el de las familias auténticas encontradas en el camino, que viene encadenado a la relación de maestro y aprendiz que se traba entre las dos estrellas del filme, una consagrada (Ventura) y otra emergente (Jean-Paul Belmondo, otro nombre propio del género).

           Guiados  por el libreto de José Giovanni -a cargo de la novela original, de su adaptación y de mantener la viveza callejera de los diálogos-, conducidos por la elegancia digna y sencilla de la dirección de Claude Sautet y arropados por el precioso blanco y negro de los fotogramas, la trama y los personajes se despegan en cualquier caso de los tópicos unidimensionales y mantienen su entidad en medio de una deriva doliente, apesadumbrada y marginal; más existencialista que criminal –los golpes perpetrados son apenas dos, ambos están movidos por la necesidad y se ejecutan por igual con una atípica y antiépica simplicidad-.

Giovanni, experto en el submundo delictivo y en describir y revelar la universalidad de sus mecanismos a través de las relaciones de los hombres, consigue que este argumento a priori humilde, con escasos fuegos artificiales, restalle de verdad y emociones paladeables. Aunque quede seccionada por el cortante desenlace, la embriagadora melancolía que se saborea en A todo riesgo perdura en el recuerdo.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7,5.

No tocar la pasta

4 Feb

La melancolía del gángster. No tocar la pasta para la sección de cine clásico de Bandeja de plata.

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Bob el jugador

29 Ene

“Esta que llaman fortuna, es una mujer borracha y antojadiza, y sobre todo, ciega, y así no ve lo que hace, ni sabe a quién derriba.” 

Miguel de Cervantes

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Bob el jugador

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Bob el jugador

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Año: 1956.

Director: Jean-Pierre Melville.

Reparto: Roger Duchesne, Daniel Cauchy, Isabelle Corey, Guy Decomble, André Garet, Gérard Buhr, Simone Paris.

Filme

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           Después de firmar tres largometrajes, Jean-Pierre Melville, el más americano de los cineastas franceses y el más francés de los americanos, decidía hundir por fin sus fotogramas en el polar, el cine policíaco de denominación de origen gala que consagraría su arte para la posteridad.

           A pesar de que, según las propias palabras del autor, por aquel entonces todavía se encontraba inmerso en la búsqueda de su propio lenguaje, Bob el jugador resultará una obra decisiva en el transcurso de su filmografía, en la génesis de la Nouevelle VagueJean-Luc Godard siempre manifestó su predilección por la película, a la que rendiría tributo en la icónica Al final de la escapaday, por descontado, en la evolución del polar e incluso del noir en general, pues su influencia se aprecia en cintas tan dispersas como Siete ladrones, La cuadrilla de los once, Sidney, Ocean’s Eleven (Hagan juego), Transporter,… además de, por supuesto, su propio remake, El buen ladrón.

En efecto, Bob Montaigne, un hombre que vive por y para la diosa Fortuna, es dueño de la estricta reglamentación moral que define a los antihéroes de los bajos fondos melvillianos; del mismo modo que, por otro lado, éste estilo de conducta, noble, elegante y en cierto sentido anacrónico, tampoco le servirá para mutar los designios de un Destino que siempre juega con las cartas marcadas. La suerte está echada.

           Sin embargo, el fatalismo intrínseco del argumento, que envuelve sin remedio a esta serie de arquetipos y códigos del género –el perdedor ante su última oportunidad de redención personal y afectiva, el aprendiz arrojado pero inexperto, una femme fatale aquí con un marcado poso de hedonismo infantil, la disolución de las fronteras entre héroes y villanos-, no se traduce en el inconmovible desencanto y laconismo que impregna filmes como Hasta el último aliento, El silencio de un hombre o El círculo rojo.

Ambientada en esa neblina difusa que apenas logra escindir la noche del día, el tono de la propuesta también ensaya variaciones más festivas y hasta irónicas, frecuentemente punteadas por una banda sonora tan jazzística y desenfadada como el brusco montaje, que se diría con ansias de escapar de los estrechos formatos del cine negro –como definitivamente hará Godard en ese citado iconoclasta homenaje al noir que es Al final de la escapada-.

           Ese carácter de primer paso, con toda su gama de impurezas y atrevimientos insospechados, amalgamados junto a esa formidable pasión e intuición por el cine negro, parece dotar a Bob el jugador de una estimulante frescura dentro del corpus melvilliano. De un encanto especial dentro de esa leve imperfección que, no obstante, a mi juicio la relega a un escalón inferior al de las grandes obras del maestro francés.

 

Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7.

Hasta el último aliento

3 Jun

Obra maestra. El primer 10 que concedo a una película para Bandeja de Plata.

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MR 73

28 Feb

“Todos los hombres nacemos con una soga al cuello.”

Herman Melville

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MR 73

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kinopoisk.ru

Año: 2008.

Director: Olivier Marchal.

Reparto: Daniel Auetil, Olivia Bonamy, Catherine Marchal, Francis Renaud, Gérald Laroche, Guy Lecluyse, Philippe Nahon.

Tráiler

 

 

            “No estaba en el sitio equivocado; estaba donde nunca debí haber estado. Dios es un hijo de puta y algún día lo mataré”, confiesa con mecánica frialdad Louis Schneider (Daniel Auetil), despedido inspector de la feroz policía judicial marsellesa, alcohólico, sentenciado, en la primera escena de MR 73; película, como Policía Python 357con nombre de revolver. Un hombre, pues, que, desde el más absoluto desahucio, se rebela con seca cólera contra el fatalismo inherente a su ser, producto de un pasado pecaminoso y su actual condición autodestructiva.

            Disparado a bocajarro de primeras y continuado en lo siguiente por la desconchada imagen de una bomba de relojería humana a punto de estallar, punteada con la versión más dolorosamente monocorde de Leonard Cohen desde la banda sonora, semejante comienzo constituye un elevado punto de partida y unas expectativas que Olivier Marchal, actor, guionista y director abanderado del nuevo polar francés -una indagación de los más sórdidos callejones de la policía y el crimen del país galo que surge de la propia extracción laboral del realizador de dentro del propio sistema- queda de tal modo obligado a cumplir. Y fracasa en el intento.

            Fracasa porque a pesar de que sabe componer la atmósfera adecuada –nocturna, envuelta en humo de tabaco, suciedad y ambiente de tormenta, con una fotografía dominada por colores fríos, terrosos, húmedos-, no es capaz en cambio de hacer valer una historia que atraviesa demasiados lugares comunes -mejor explorados en otras ocasiones- sin llegar a atrapar al espectador en su juego.

MR 73 tiende por ello a resultar obvia y más bien aburridilla, sustentada por un argumento deslavazado, una apuesta apologética por la mano dura y con algunos imperdonables puntos negros tanto en la trama – ¿qué sentido tiene enviar una carta de odio al despiadado asesino a punto de ser liberado que mató y violó a tus padres… ¡y con foto actualizada¡?- como en la comunión sentimental de sus personajes principales.

            Tan solo consigue mantener el interés la imperial presencia de Auetil, tan arrollador como sutil en la construcción de un individuo arrastrado al extremo de su cordura, embarcado a conciencia en una condena inapelable en la que el brazo ejecutor es el del propio reo. Una figura de tremendo carisma, atormentado e intenso, perpetuamente escondido tras sus gafas de sol tintadas de rojo, que es posible que, a causa de esta misma fuerza acaparadora, contribuya a incidir en una de las principales carencias del filme al diluir al resto de personajes secundarios, más lineales, peor acabados, mucho menos interesantes.

            Como sucedía en su anterior Asuntos pendientes, da la sensación de que MR 73 posee los mimbres adecuados para ser una película mejor de lo que finalmente es.

 

Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 4,5.

Ascensor para el cadalso

19 Ene

“Las películas son un mundo de fragmentos.”

Jean-Luc Godard

Ascensor para el cadalso

Ascensor para el cadalso

Año: 1957.

Director: Louis Malle.

Reparto: Maurice Ronet, Jeanne Moreau, Georges Poujouly, Yori Bertin, Ivan Petrovich, Lino Ventura.

Filme

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           Ascensor para el cadalso supone el debut como director de Louis Malle, cineasta que, a pesar de no cumplir algunos de los requisitos exigidos por los puristas del movimiento –su extracción de la revista Cahiers du Cinéma, por ejemplo-, muchos expertos incluirán posteriormente dentro de la Nouvelle Vague francesa, cuya alborada se encontraba ya próxima.

           En este sentido, sí es cierto que Ascensor para el cadalso muestra muchos de los signos de los que se apropiarían los miembros de la innovadora corriente, como la subversión de los géneros cinematográficos desde la óptica personal e intransferible del autor.

Así pues, el punto de partida del filme se halla en los códigos del cine negro tradicional, terreno que, aunque definido y clasificado por la crítica francesa, es inequívocamente norteamericano –ambiente que prolonga aquí la banda sonora, dominada por la trompeta de Miles Davis-, y que Malle traslada al contexto a la Francia doliente por la humillación de la Segunda Guerra Mundial y el desmoronamiento de su imperio.

Toda una anticipación del polar, el cine policíaco de denominación de origen francesa que popularizarían, sobre todo, realizadores como Jean-Pierre Melville -otro de los autores admirados en lo posterior por los miembros de la Nouvelle Vague, especialmente Godard, y que ya había entregado un primer apunte, Bob el jugador-, así como rostros carismáticos como el de Lino Ventura, presente aquí en el papel de inspector de policía.

Por otra parte, el realizador galo reduce el argumento casi al puro esqueleto en aras de una mayor abstracción del relato, dividido en tres puntos de vista: el empleado de una firma armamentística, héroe de guerra, que asesina a su despreciable patrón para, producto de la mala fortuna, quedar preso en el ascensor del edificio de la empresa; la cómplice y amante de éste, que recorre la ciudad en su búsqueda al sentirse burlada dada su injustificada incomparecencia, y una pareja de jóvenes a la caza de libertad y emociones envueltos en el robo del coche del primero y, más tarde, en un turbio asesinato.

           Tres sencillas historias que transcurren trenzándose entre sí, gobernadas, a modo de denominador común, por el fatalismo inexorable característico del noir, anunciado por la figura de un gato negro que se cruza ante los ojos del homicida.

           A pesar del intenso comienzo –no podía ser menos ante la apertura con un primer plano de Jeanne Moreau, musa del director en la primera de sus muchas colaboraciones, clamando amor al espectador-, y su estimulante aire seco, desnudo y ascético, el filme tarda en arrancar, sobre todo a causa de la poca garra y la cuestionable lógica interna que exhibe el segmento protagonizado por los trágicos amantes juveniles, auténticos agentes encubiertos de ese Destino juguetón, sarcástico y sádico amante del absurdo.

           Sin embargo, es en ese tercio final alimentado por hábiles giros de guion y conmemorado todavía más al rostro sin maquillaje de la Moreau, eternamente situado entre el cansancio y la decepción, cuando el filme revela unas cartas sólidas y subyugantes, que convierten a Ascensor para el cadalso en una interesante exploración de los entresijos del cine negro.

 

Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 7.

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