Tag Archives: Petróleo

Carga maldita

29 Jun

“No hay diversión posible haciendo una copia estricta o un remake de algo que ya existe.”

Joel Coen

.

.

Carga maldita

.

Carga maldita

.

Año: 1977.

Director: William Friedkin.

Reparto: Roy Scheider, Bruno Cremer, Francisco Rabal, Amidou.

Tráiler

.

           La codicia impregnaba con desesperación cada fotograma de El salario del miedo, inoculada también por la miseria que, a su vez, es la esencia del sistema capitalista: la hidra que contaminaba de fondo y por entero un escenario ponzoñoso y degradado, materializada en una plataforma petrolífera estadounidense en mitad de la selva latinoamericana.

El atractivo y la vigencia de esta obra, un prodigio de musculatura narrativa y de violencia discursiva, llevaría en los desencantados y hoscos años setenta a William Friedkin a realizar un remake, Carga maldita, en el que, como no podría ser de otra forma, se mantienen muchas de las constantes que porta consigo semejante argumento.

           Pero aquí, en el cambio más radical, el foco del relato gira desde esta angustiada ambición material del original francés hacia un conflicto más íntimo, existencial y acaso tradicional como es el de la redención. De ahí que el guion vuelque numerosos minutos en presentar a los cuatro desgraciados que protagonizarán un viaje suicida a lo largo de la espesura salvaje, con la muerte a lomos –un gángster que huye después de atracar a tiros la iglesia propiedad de un capo mafioso, un sicario con maneras de dandy, un terrorista palestino huido de la policía israelita tras el apresamiento y muerte de sus compañeros, y un nuevo rico que lo ha perdido todo, incluida su dignidad, en un caso de fraude a gran escala-. Además, en consecuencia, el escenario que les envuelve y fagocita será un infierno alegórico del que escapar, en cierto modo, purgando sus terribles pecados.

En esta misma línea, y a pesar del enigma que plantea la figura discordante dentro del grupo -el asesino a sueldo interpretado por Paco Rabal-, la tensión del filme procede no tanto de las relaciones entre personajes –la competencia entre parias; el choque entre la desconfianza natural y la necesidad de confianza generados por la situación extrema-, sino de la que mantendrán los individuos contra el entrono natural. Contra el envoltorio, en cierto sentido. Así, en lugar de una película de fuerte contenido psicológico como era El salario del miedo, que se abalanzaba con enorme virulencia sobre el desmoronamiento mental y moral de sus pobladores, Friedkin entrega una cinta de supervivencia fundamentada en la fuerza de la creación de atmósfera.

           De esta manera, Carga maldita se adentra incluso en el territorio del cine de terror -género en el que el realizador había sentado cátedra con El exorcista cuatro años atrás- a través del empleo de la puesta en escena en la sobrecogedora jungla tropical, la potencia perturbadora del sonido y el juego con la resistencia física de los actores –la evolución de sus rostros y su cadavérico aspecto final son explícitos acerca de esta idea-. Los camiones, pues, se convierten en alimañas aberrantes que caminan sobre el alambre en una naturaleza enajenada por el zumbido de los insectos y el rugido de las tormentas, embarcados en una misión alucinada donde la redención perseguida, o el dinero anhelado, parecen oasis intangibles.

           El filme, que sufriría un sonoro fracaso crítico y comercial -uno de los primeros pasos del declive del Nuevo Hollywood, estimulado en ambos aspectos por el hito coetáneo de La guerra de las galaxias-, arroja un notable ejercicio de dirección, que obtiene momentos de rotunda y febril hipnosis dentro de ese tránsito moral por averno sobre la Tierra, puede que un tanto irregular –el delirio de Schneider conduciendo en el bosque petrificado resulta algo más tópico-, pero sin duda contundente en su conjunto.

.

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7.

The Salvation

24 Dic

“El Oeste nunca cambia, lo que otorga una gran libertad al director.”

Jean Renoir

.

.

The Salvation

.

The Salvation

.

Año: 2014.

Director: Kristian Levring.

Reparto: Mads Mikkelsen, Eva Green, Jeffrey Dean Morgan, Jonathan Pryce, Éric Cantona, Mikael Perstbrand, Alexander Arnold, Douglas Henshall, Nanna Øland Fabricius.

Tráiler

.

            El western, decía Clint Eastwood, es una de las escasas aportaciones culturales genuinas de los Estados Unidos al mundo. Su lenguaje y su temática, heredera en el mejor de los casos de las grandes tragedias griegas, es comprensible en cualquier lugar, por cualquier individuo. En el peor, ofrece al menos un microcosmos de fantasía bien pautado en el que, a partir de unos arquetipos bien definidos, poder componer obras igualmente universales, como se pudo comprobar en la miríada de westerns europeos –spaghetti westerns, chucrut westerns, chorizo westerns,…- que proliferaron como sucedáneo a medio camino entre el homenaje y la caricaturización, siempre demostrando una idiosincrasia particular y con un empleo característico de los tópicos, de un género colosal inmerso en una agonía que se prolonga, con apenas repuntes de vigor, hasta el presente.

            The Salvation es uno de estos westerns europeos y europeizados, pero situado completamente fuera de su tiempo, con uno de esos repartos marcianos que solo podían juntar este tipo de aventuras enloquecidas –un héroe rugoso del viejo continente como Mads Mikkelsen, estrellas invitadas desde otra dimensión como Éric Cantona y Oh Land, un cañón de mujer como Eva Green, veteranos de todo tipo de batallas como Jonathan Pryce-. Intérpretes a cargo de arquetipos, cabalgando sobre la paradigmática violencia de este reducto cinematográfico –directa a la frente, sin miramientos- a lo largo de un argumento tradicional de destrucción y redención traumática del protagonista –la violación de la paz, el guerrero que no puede escapar de la guerra, la venganza sangrienta para restaurar quizás el equilibrio-, rastreando por el camino tenues evocaciones de tótems como Jesse James.

Pero además, esta producción danesa agrega a la coctelera notas de velado exotismo –el paisaje sudafricano como sosias colorido de los desiertos tejanos, como otrora hiciera por ejemplo Almería- y chispazos de electricidad moderna –un empleo del chroma para completar el escenario, que dota a los fotogramas de cierto regusto a viñeta-. Tan nueva, tan antigua.

            Adaptado a estos cánones aunque sin ceder a una nostalgia que a estas alturas no procede, Kristian Levring sabe ser apropiadamente conciso y concreto en la narración a pesar de, por otro lado, exhibir desagradable tendencia a mover la cámara sin necesidad y sin demasiado sentido, a modo de contraproducente concesión al sello personal. Es decir, que The Salvation, apoyada especialmente por el carisma primitivo de Mikkelsen, es mejor cuanto mejor asume su esencia de serie B y más correosa se muestra, desde un convencionalismo bien entendido y representado.

.

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 5,5.

El año más violento

17 Sep

“Es admirable estar comprometido con tus principios. Aunque puede limitar tus opciones.”

Carey Mulligan

.

.

El año más violento

.

El año más violento

.

Año: 2015.

Director: J.C. Chandor.

Reparto: Oscar Isaac, Jessica Chastain, David Oyelowo, Elyes Gabel, Albert Brooks, Alessandro Nivola, Glenn Fleshler, Peter Gerety, Catalina Sandino Moreno.

Tráiler

.

           El gánster es gánster porque el mundo le ha hecho así. Los rabiosos criminales que escalaban hasta la cima de la sociedad materialista de los años treinta a fuerza de plomo y sangre son la expresión directa de un sistema injusto, que promete un sueño al orbe entero pero, y de ahí su falacia, no provee iguales oportunidades a todos los contendientes para conseguirlo. De ahí que, desde los márgenes de la sociedad, depauperados e inmigrantes en un país extraño que los repudia, los gánsteres del cine escojan la violencia y la violación de las normas establecidas como el único camino de ascenso posible.

           El Abel Morales de El año más violento (perfecto Oscar Isaac) surge así como un caso excepcional y atípico, al menos por la imagen que trata de vender en el filme. Un extranjero hecho a sí mismo, peldaño a peldaño, escogiendo siempre “el camino más correcto” de los disponibles. “Míster American Dream”, que en cierta escena le escupirá con sorna su esposa.

Un rebelde, por tanto, que rechaza las vías fáciles de la ilegalidad, la violencia o la competencia desleal impuestas por las circunstancias y que con tanto entusiasmo abrazaron psicóticos hampones cinematográficos como Cesare ‘Rico’ Badello o Tony Camonte y, en la década de los ochenta, edad dorada del yuppi y la ley de la jungla ultraliberal, engominados filibusteros como Gordon Gekko, cuyos hijos bastardos, hacedores de la crisis financiera global, aflorarán precisamente en fotogramas como los de Margin Call, opera prima de un director, J.C. Chandor, que apunta ya una interesante trayectoria ascendente en sus apenas tres largometrajes.

En El año más violento, los informativos de la radio parecen remitir constantemente, a modo de recordatorio, a estos dos modelos preestablecidos por medio del relato de asesinatos indiscriminados y medidas de laissez faire previstas por las reaganomics.

          Abel Morales intenta, en conclusión, que El año más violento sea una película empresarial, no criminal. Chandor, en consecuencia, reprime exaltaciones y entrega un relato comedido y contenido –y asimismo ajeno a una grandilocuencia impostada que puede perjudicar a autores contemporáneos como James Gray-, a pesar de instantes de tensión como la secuencia en casa de Julián (Elyes Gabel); puntos de presión que desafían al protagonista y su pretendido autocontrol, en perpetuo y complicado equilibrio en medio de un océano de podredumbre, mayor cuanto más alto se sube –uno no llega a millonario simplemente trabajando, apunta el saber popular-.

Las dificultades para adquirir la propiedad que, definitivamente, le coronará en el mercado de gasoil doméstico de Nueva York, el hostigamiento del fiscal del distrito (David Oyelowo) y el asalto continuado a sus camiones de transporte serán los tres frentes de batalla en los que Morales vea amenazada su hegemonía y su respetabilidad, tan pacientemente construida a fuerza de insistencia, resistencia y determinación –el perfecto directivo, que además es amable y atento con sus empleados y un marido amoroso-. Es decir, un héroe que rechaza su categoría impuesta de villano.

Su situación, por ende, se asemeja más a aquellos arrepentidos de la mafia que persiguen con desesperación su regeneración ante la sociedad –un Michael Corleone, por poner un ejemplo paradigmático-, generalmente en lucha contra los designios de la fatalidad, que ni olvidan, ni perdonan. No es casual la cita, puesto que, por mucho que clame y proclame Morales y quiera demostrar con su proceder mesurado y racional, la sombra de la sospecha acerca de la legitimidad de su ascenso a la cima, materializada en su impulsiva esposa Anne (Jessica Chastain), hija de gánster irredento de la vieja escuela, sobrevuela veladamente en las conversaciones y, sobre todo, los reproches íntimos, de crispadas –aunque modestas- insinuaciones macbethianas.

Legitimidad, en todo caso, que vendría marcada por la ley y, en especial, por las convenciones sociales, más tolerantes hacia cierto tipo de transgresiones de guante blanco –la relación entre Morales y el fiscal-.

          De título paradójico pues, El año más violento es un drama que ahonda en la idiosincrasia del sueño americano, identificado, como no podía ser de otra manera, con la competitividad y la iniciativa empresarial. El excelente retrato de caracteres, inserto en una atmósfera de melancólico lirismo, fría pero de colores cálidos, suple con creces la demanda de intrigas criminales. Los avatares económicos y éticos de Morales –un nombre para un personaje-, expuestos con excelente sutileza y pulso narrativo por Chandor, resultan lo suficientemente absorbentes para las dos horas de función.

.

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 8.

El caso Mattei

2 Jun

“El petróleo hace caer los gobiernos, hace estallar las revoluciones, los golpes de Estado,… Condiciona el equilibrio mundial.” Enrico Mattei, presidente del Ente Petrolífero Estatal Italiano. Asesinado en 1962 después de tratar de romper el monopolio de las Siete hermanas, tutelado por los Estados Unidos. Un film inchiesta de Francesco Rosi, Palma de oro de 1972, para mi primera colaboración con Esencia de Cine con motivo de su retrospectiva del festival de Cannes.

.

Sigue leyendo

Mad Max 2, el guerrero de la carretera

10 May

“El petróleo hace caer los gobiernos, hace estallar las revoluciones, los golpes de Estado,… Condiciona el equilibrio mundial.”

Enrico Mattei (El caso Mattei)

.

.

Mad Max 2,

el guerrero de la carretera

.

Mad Max, el guerrero de la carretera

.

Año: 1981.

Director: George Miller.

Reparto: Mel Gibson, Bruce Spence, Emil Minty, Michael Preston, Virginia Hey, Kjell Nilsson, Vernon Wells, Max Phipps, Arkie Whiteley, Moira Claux.

Tráiler

.

            En el desenlace de Mad Max, salvajes de la autopista, Max Rockatansky conducía alienado hacia ese fin del mundo que permanecía críptico e ignoto en las profundidades de una Australia misteriosamente apocalíptica.

Las desventuras distópicas de Mad Max, favorecidas por las taquillas del mundo entero, arrojaban la oportunidad idónea para forjar una secuela donde, gracias a la abundancia de medios dispuestos con el objetivo de repetir el éxito, ya era posible reflejar de manera manifiesta este Armagedón enigmático y larvado hacia el que el protagonista parecía dirigir sus últimos pasos.

            En esencia, Mad Max 2, el guerrero de la carretera continúa siendo un western futurístico en el que Max Rockatansky, ex policía arrasado por las circunstancias y ya transformado en un jinete errante y torturado –si bien con rastros de su antigua moralidad-, cumple las funciones de carismático forastero desfacedor de entuertos. Sin embargo, la explicitud del apocalipsis, inspirado en la crisis del petróleo de 1979, y su conocimiento por parte del espectador, ahora plenamente consciente de hallarse en un mundo extraño a su presente cotidiano, le resta ese encanto tan particular, pesimista e inquietante que destilaba el primer episodio de una saga la cual, en cualquier caso, prosigue su camino con pulso firme, suficiente personalidad propia y apropiado sentido del entretenimiento.

            En esta segunda parte, Max (Mel Gibson, confirmando su estrellato junto con el estreno de Gallipoli también ese año), dirime su redención en torno a uno de los últimos y codiciados pozos de petróleo del país austral, como recién llegado a una batalla maniquea donde luchan a muerte los angelicales trabajadores del yacimiento, reductos de la sociedad perdida, contra unos invasores de estética punk y sadomasoquista liderados por un ser gigante y deforme que se presenta como Lord Humungus.

Dentro de este estilizado argumento se prolonga el conflicto entre elementos primitivos y futurísticos para ambientar la obra en un territorio legendario, casi atemporal, del igual modo que conviven en sus fotogramas, en contraste constante, ideas contrapuestas del infierno y del paraíso. Un universo ambiguo -referencia simbólica de las posibilidades que se abren para su devenir personal y para el del conjunto de la civilización-, sobre el que Max, figura providencial, cabalga hasta entablar combate contra los demonios que le atormentan.

Siguiendo esta línea un tanto más convencional, el espectáculo de acción -rodado con solvencia aunque otra vez con abuso de la cámara rápida-, recurre a tópicos como el contrapunto cómico del secundario extravagante, al mismo tiempo que, por otro lado, logra incrustarse de nuevo, con expresiva sugerencia, en ese paisaje ancestral y alienígena, siempre fascinante, que es la isla continente australiana.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7.

Esplendor en la hierba

14 Abr

“Aunque nada pueda hacer / volver la hora del esplendor en la hierba, / de la gloria en las flores, / no debemos afligirnos porqué la belleza subsiste siempre en el recuerdo…”

William Wordsworth

.

.

Esplendor en la hierba

.

Esplendor en la hierba

.

Año: 1961.

Director: Elia Kazan.

Reparto: Natalie Wood, Warren Beatty, Pat Hingle, Audrey Christie, Barbara Loden, Fred Stewart, Zohra Lampert.

Tráiler

.

           Hace un par de años, las estrellas infantiles, sobre todo aquellas creadas por la todopoderosa Disney, acostumbraban a lucir con orgullo un anillo de pureza que simbolizaba su castidad inmaculada y su renuncia al sexo hasta el matrimonio de acuerdo con la doctrina cristiana. Una tendencia conservadora y mojigata que sintetiza de la resurrección, la pervivencia e incluso el recrudecimiento del puritanismo religioso en la cultura norteamericana contemporánea.

Este asfixiante clima de hipócrita represión sexual es uno de los factores que precipitan la tragedia de Esplendor en la hierba, ambientada en la Kansas de los años previos a la Gran Depresión; un periodo eufórico donde parecía constatarse la realidad del sueño americano y el enriquecimiento por igual de todos los honrados habitantes del país, acciones de bolsa mediante. Un espejismo, no obstante, repleto de sombras, donde el cataclismo financiero de 1929 tan solo iba a liberar la inmundicia que acumulada, oculta o ignorada, en el sótano de cada casa.

           Esplendo en la hierba, inspirada por el poema Ode: Intimations of Immortality de William Wordsworth, habla de la noción de paraíso perdido. De fondo, el paraíso perdido de toda una nación, sepultado bajo una avalancha de codicia e intolerancia travestidas de santurronería. Pero, sobre todo, en primer plano, del paraíso de la juventud de dos muchachos, Deaney (Natalie Wood) y Bud (Warren Beatty, debutante en el cine); exultantes, atractivos, con el mundo a sus pies, y a quienes, en realidad, el edén se les arranca de las manos destrozando el idilio que los une y la libertad que merecen.

           Una hostil dualidad domina el filme. Deseos naturales y probidad impostada; moralismo y pecaminosidad; ostentación y pobreza; amor y posesión. Paraíso e infierno. Kazan, experto en plasmar atmósferas opresivas, envuelve a los jóvenes en un entorno putrefacto de vigilancia, imposiciones y depredación existencial que contrasta con el bucolismo de la localización –un pueblecito típico del interior americano- y la aparente prosperidad económica de sus moradores, montados sobre pozos de petróleo y bonificaciones bursátiles.

Las pulsiones viscerales irrefrenables, los permanentes cuchicheos, las siluetas que observan desde las ventanas, las masas humanas que se ciernen sobre los personajes, los interrogatorios y dictaduras que ocultan las conversaciones familiares,… Mediante la precisa y expresiva puesta en escena, el director, protagonista de las delaciones durante la caza de brujas en Hollywood, somete a sus criaturas al yugo de la masa, enfervorecida por una cínica rectitud moral que en modo alguno disimula su ferocidad y su ansia por devorar al prójimo, sea carnal, sea psicológica, sea social, sea económica, sea vitalmente.

           Por desgracia, en su desgarrado arrebato romántico y elegíaco, damnificado además por la naturaleza casi caricaturesca de los antagonistas, el melodrama se pasa un par de vueltas de rosca, también en paralelo a una de esas interpretaciones en las que Natalie Wood consigue sacarte de la película a fuerza de espasmos e hiperactividad -un estilo de actuación, por otro lado, muy del gusto del fundador del Actors Studio-.

           Saltando de los fotogramas a la trastienda de Hollywood, Wood y Beatty protagonizarían una turbulenta historia de amor y desamor que, según especulaciones y en una imitación de la ficción cinematográfica, habría desencadenado el intento de suicidio de la actriz en 1965.

 

Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 7.

El salario del miedo

1 May

“El dinero ha aniquilado más almas que el hierro cuerpos.”

Francis Scott Fitzgerald

.

.

El salario del miedo

.

El salario del miedo

Año: 1953.

Director: Henri-George Clouzot.

Reparto: Yves Montand, Charles Vanel, Folco Lulli, Peter van Eyck, Véra Clouzot, William Tubbs.

Tráiler

 

             En medio de la desesperación, el precio del alma cotiza a la baja. Henri-Georges Clouzot alcanzaba con El salario del miedo una de sus cumbres cinematográficas, la que le confirmaba junto a la posterior Las diabólicas como uno de los nombres de referencia del cine francés de posguerra.

            En pocas películas como en El salario del miedo se puede percibir con tanta viveza la codicia, hija deforme del deseo corrompido por la miseria y la desvergonzada inhumanidad del sistema de producción capitalista.

Como un personaje más del filme, la codicia se encuentra sentada, riéndose entre malolientes brebajes, en el insalubre tugurio que sirve de refugio a toda una casta de desheredados, un Babel inmundo situado a los prósperos y traicioneros pies de la parasitaria industria petrolífera estadounidense en Latinoamérica. Con actitud lasciva, comparte la cabina del camión con los cuatro escogidos para una misión suicida a precio de saldo. También se impregna, pegajosa y fétida, en la piel de esos individuos camino del infierno en virtud de su grotesco pacto con el diablo.

            La localización exótica, barbárica y tórrida; los personajes marginales, chivos expiatorios de la sádica fortuna embarcados en un proyecto imposible, y el tono desolado, agrio y lacerantemente pesimista de la obra serviría para emparentar a El salario de la muerte con la mayúscula El tesoro de Sierra Madre –aunque, todo sea dicho, con una pizca más de aguerrida tosquedad en la expresión del sentido último del filme-.

Tipos patibularios, encerrados por su funesta suerte de perdedores en una cárcel al aire libre y que aspiran a dar la vuelta a su destino por medio de un contrato delirante, obsceno, desesperado: el transporte de un volátil cargamento de nitroglicerina a través de una ruta empedrada de obstáculos, trampas y peligros mortales.

             La purulenta turbiedad de la atmósfera se palpa en cada escena, sudorosa, acre y nauseabunda, capturada por un agreste y sombrío blanco y negro; capaz de atrapar sin remisión a la platea a lo largo de un calvario psicológico que, de manera admirable, mantiene viva la malsana tensión a lo largo de las dos horas y media de metraje.

El espectador interioriza los tortuosos estímulos epidérmicos que transmite la inspirada realización de Clouzot, experimentando de este modo en sus propias vísceras el quebranto de los nervios, el desmoronamiento mental y la destrucción moral de unos personajes que no son sino hombres muertos que caminan (o conducen), cada vez más mugrientos, cada vez más putrefactos.

            El salario del miedo es una película hosca, mal encarada y perturbadora. Observa sin complacencia o piedad alguna el absurdo patetismo de los seres que transitan lastimosamente por sus fotogramas, con indiferencia hacia los motivos, la justificación o la finalidad de sus actos, a la vez que descerraja un vitriólico retrato del nuevo colonialismo económico norteamericano –de hecho, buena parte de la cinta sería mutilada para su exhibición en los Estados Unidos-.

Todo un puñetazo violento y agónico, directo al estómago.

 

Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 8,3.

Nota del blog: 9.

A %d blogueros les gusta esto: