Tag Archives: Perú

Triple frontera

24 Abr

.

Año: 2019.

Director: J.C. Chandor.

Reparto: Óscar Isaac, Ben Affleck, Charlie Hunnam, Garret Hedlund, Pedro Pascal, Adria Arjona, Reynaldo Gallegos.

Tráiler

.

          Triple frontera enclava su acción en un impreciso lugar entre Brasil, Colombia y Perú, con la selva del Amazonas a un flanco y la cordillera de los Andes al otro. Su relato, paralelamente, parece atravesar otros tres géneros o subgéneros: arranca como una heist movie protagonizada por mercenarios desencantados, se adentra luego en el western y deriva por momentos hacia una cinta de supervivencia. A lo largo de esta trayectoria, el libreto de Mark Boal se carga con la amarga mirada existencialista, herida de desilusión y absurdo, de los narradores-aventureros de las generaciones perdidas, como el Ernest Hemingway de El viejo y el mar y el John Huston de El tesoro de Sierra Madre.

          “Estos trabajos en seguida se vuelven oscuros”, reflexiona uno de los militares de vuelta de todo que regresa por sus fueros por razones en absoluto románticas. En concreto, asaltar la fortaleza de un narcotraficante para robar su dinero a espaldas de las fuerzas internacionales de la ley y de las agencias subterráneas subcontratadas por el Gobierno estadounidense para ejecutar cualquier tipo de trabajo sucio. El acercamiento que realiza Triple frontera hacia los cánones espectaculares que parecen propios de su argumento es revirada y agria, próxima incluso al bélico fangoso y desmitificado, teñido de cine criminal, de Doce del patíbulo, Mercenarios sin gloria o Los violentos de Kelly.

Los cinco veteranos se embarcan en esta misión estrictamente privada porque no podrían hacer otra cosa. Y lo hacen, por tanto, con ese cierto grado de cinismo resignado ante la dolorosa corrupción del mundo que poseían otros mercenarios, los de Los profesionales, encargados de desmontar otra revolución más con la formalidad, efectivamente, de unos profesionales.

          No obstante, el guion no trata de embaucar al espectador con coartadas falaces, aprovechándose de la empatía innata que suscita cualquier protagonista de fotogramas. La turbiedad moral del contexto se extiende así por unos personajes cargados de cicatrices y abiertos a contradicciones, flaquezas y matices -y bien interpretados por un reparto en el que hasta Ben Affleck muestra solventes prestaciones-. También a la sobria y contundente puesta en escena de J.C. Chandor, que a pesar de firmar lo que parece una película de encargo para Netflix, ya cuenta en su haber con otros largometrajes donde una serie de individuos trata de mantenerse a flote, con su integridad ética más o menos intacta, en mitad de un pantano de podredumbre, como sucede en el conglomerado de especulación de Margin Call o en los submundos mafiosos de El año más violento, dos filmes en los que costaría esfuerzo identificar cuál pertenece a una historia criminal y cual a una empresarial.

Aquí, hay dos conceptos que surgen ocasionalmente en los diálogos: el alma y el merecimiento. Los distintos puntos de vista acerca de ambos -la legitimidad de una acción ilegítima, el precio y la recompensa, los caminos de resarcimiento materiales y espirituales- son los que ofrecen tensión dramática al periplo de estos guerreros en conflicto.

.

Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 5,8.

Nota del blog: 7.

Fitzcarraldo

28 Feb

fitzcarraldo

.

Año: 1982.

Director: Werner Herzog.

Reparto: Klaus Kinski, Claudia Cardinale, José Lewgoy, Paul Hittscher, Miguel Ángel Fuentes, Huerequeque Enrique Bohorquez, David Pérez Espinosa.

Tráiler

.

         Abundan en la tradición los relatos coercitivos contra aquellos individuos capaces de mirar más allá de lo establecido, hasta el punto de relacionar directamente esta virtud con la blasfemia o el pecado. El Yahvé bíblico que desmorona la torre de Babel, erigida para unir a los pueblos y construir a su alrededor una comunidad capaz de conquistar toda empresa que se proponga por la fuerza solidaria del colectivo. El astuto y avaro Sísifo, condenado a cargar eternamente con una roca ladera arriba por haber conseguido burlar dos veces a la muerte, una encadenando a su mismísima personificación, Tánatos, y otra urdiendo una estratagema para abandonar el Hades. La presunta materialización histórica de este concepto griego de la hibris -la soberbia del hombre que trata de igualarse a los dioses- en el proyecto del rey persa Jerjes el Grande para construir un puente de naves sobre el Helesponto que le permitiera conquistar Grecia. La interpretación del mito del ángel caído como rebelde contra la tiranía de Dios omnímodo. El doctor Víctor Frankenstein que crea vida desde la materia corrupta. El capitán Ahab que entabla un duelo a muerte contra los poderes telúricos y divinos que toman forma de ballena blanca.

Sin embargo, sin visionarios que desafíen los límites de lo establecido, el hombre seguiría penando por su supervivencia escondido en cuevas y cubriéndose con pieles. La verdadera genialidad no reside en alcanzar cotas ya holladas por legiones, sino en medir fuerzas con lo imposible o, al menos, con lo impensable. El absurdo y la gloria suelen sentarse juntos a la mesa, a la que dicho visionario acude acompañado asimismo por el iluminado.

A diferencia de buena parte de esta tradición, el cine es un arte que pertenece a los soñadores. Es el milagro de la técnica y el ingenio puesto al servicio de prodigios asombrosos que son protagonizados tanto por el triunfador que se sobrepone a las vicisitudes para completar su destino preescrito -figura reverenciada y despreciada en su recurrente calidad de material propagandístico-, como por el perdedor que encarna esa supuesta dignidad de la derrota a la que loaba Jorge Luis Borges, seguido al igual que el anterior por una cohorte de incondicionales que, en las malas, también ha provocado la afloración de un antirelato de la victoria diseñado a partir de semejantes patrones emocionales. Y, entre todos ellos, Brian Sweetney Fitzgerald ‘Fitzcarraldo’, el hombre que quiso mover montañas para honrar a la música, deslumbra como uno de sus más elevados representantes.

         Como una matrioshka, Fitzcarraldo encierra en su seno un cúmulo de historias de luchas utópicas, una dentro de la otra, y quizás todas ellas irracionalmente fútiles. Fitzcarraldo, emulando a Sísifo, carga con un barco de vapor ladera arriba por la inexpugnable orografía de la Amazonía peruana para hacer efectiva su propiedad sobre el último reducto de producción de caucho en torno a la ciudad de Iquitos. Su motivación no es menos alucinada: levantar entre la jungla un palacio de la ópera y estrenarlo con la actuación estelar de Enrico Caruso. Pero, a su vez, la narración forma parte de uno de los empeños colosales, dionisíacos y turbulentos pergeñados por el cineasta alemán Werner Herzog junto a su actor fetiche Klaus Kinski; ambos temperamentos volcánicos y excesivos que aquí encierran sus pugnas egomaníacas en el infierno verde de la selva amazónica, en una reproducción, casi se diría que masoquista, de su aventura una década atrás a bordo de Aguirre, la cólera de Dios, la antiepopeya de otro hombre que tuvo el sueño -o mejor dicho la alucinación- de alzarse en armas contra el poder terrenal y divino para arrogarse su propio reino en la nada.

De nuevo, Fitzcarraldo será un rodaje que constituye otro monumento a la locura en el nombre del arte, puesto que, según las crónicas, las calamidades se manifestaron a través de sangrientos ataques de nativos aguaruna, de mordeduras de serpiente que acabaron en miembros cercenados, de manos despedazadas en accidentes, de abandonos forzados del reparto -inicialmente encabezado por Jason Robards y Mick Jagger– y, por encima de todos ellos, de la ira del mercurial Kinski, a quien, si hacemos caso de la leyenda, se ofrecieron a matar generosamente los indios que formaban el grueso de los extras de la filmación. La locura en el nombre del arte que, regresando al principio, es la fuerza que impulsa las acciones de Fitzcarraldo.

         Hijo del fracaso, Fitzcarraldo es un fanático que actúa en el nombre de Dios, quien posee la voz Caruso y reside en el vergel edénico de la ópera, el mejor de los mundos posibles y del que la realidad es tan solo una corrupta caricatura. Su odisea, por momentos mesiánica -al menos a ojos de los indígenas campa-, es una cruzada épica que reverencia a la música como elemento relevado y trascendente, que puede ser palabra de guerra -los tambores y coros tribales- pero es esencialmente palabra de paz y concordia -la admiración de niños y animales por el fonógrafo, su empleo en determinados puntos decisivos del recorrido-.

         La sangre, el sudor y las lágrimas vertidas por el personaje en su gesta particular, digna en sí de una ópera romántica, se plasman en fotogramas vibrantes, que anidan en el espacio real, natural y ancestral del río y de la selva para elevarse metafísicamente sobre las cuitas de este mundo prosaico y miserable, donde la única audacia que se permiten sus moradores es, en verdad, simple vulgaridad atiborrada por el arrogante dinero -los caballos que beben champán, la colada que cruza un océano, los billetes que se arrojan como alimento de los peces-.

La desesperación de Fitzcarraldo, preso en un averno huérfano de bel canto, se transmite en la febril relación de unos hechos donde a cada paso, contra los pronósticos de los ordinarios y los descreídos, lo demente se fusiona de forma cada vez más estrecha con lo posible, de lo cual nace la esperanza universal y tremendamente emocionante de que, en efecto, el idealismo radical es el único camino aceptable de estar vivo. Independientemente de que, al final, uno haya conseguido mover la montaña o no.

.

Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 9,5.

La teta asustada

10 Feb

“Nuestra vida no es otra cosa que la herencia de nuestro país.” 

Simón Bolívar

.

.

La teta asustada

.

La teta asustada

.

Año: 2009.

Directora: Claudia Llosa.

Reparto: Magaly Solier, Efraín Solís, Susi Sánchez, Marino Ballón.

Tráiler

.

           Las más terribles heridas que puede sufrir un ser humano no dejan horrendas marcas en el cuerpo, ni se manifiestan en cicatrices visibles. Son heridas expuestas a un dolor duplicado: aquel que se padece en la solitaria intimidad y, frecuentemente, aquel que por añadidura provoca la incomprensión ajena hacia ese mal en cuestión, atroz pero impalpable.

           La teta asustada explora el desgarro de un país, Perú, incapaz de enterrar el trauma de su guerra intestina entre el gobierno y las guerrillas terroristas de Sendero Luminoso, de igual modo que Fausta (Magaly Solier), la protagonista del relato, es incapaz de enterrar el cadáver reciente de su madre, torturada y violada por una de las partes de la contienda.

A partir de este conflicto, la cinta describe un viaje introspectivo de sanación –una metafórica carrera contrarreloj entre una boda y un sepelio- por parte de una muchacha retraída, víctima de la afección que da nombre a la película, y la cual solo son capaces de comprender quienes han vivido tan aberrante situación –de ahí el ejemplo del entendimiento imposible con el racionalista médico limeño-.

           Como en Madeinusa, filme debut con el que se trazan ciertas líneas de encuentro, Claudia Llosa inunda de símbolos y alegorías el recorrido de la joven Fausta, que abarcan desde la escatología hasta las reminiscencias mágicas, desde la patata como otra forma de somatización del miedo hasta las palomas como concepto de redención. Las metáforas se extienden también al empleo de delicadas y terribles canciones en quechua como vehículo de comunicación por el cual los personajes exteriorizan con absoluta explicitud su estado personal.

De la misma manera, la película gravita en torno a una protagonista sometida a la tiranía de unos factores externos idiosincráticos de la sociedad peruana –la citada guerra civil, la apropiación elitista de las clases europeas, plasmada en una de las escenas más crueles de la función-, los cuales, sin embargo, le conducen progresivamente a una rebelión plena de valentía y determinación.

           Llosa atenúa el exuberante barroquismo de Madeinusa para desarrollar una narración más minimalista y concreta en la que, no obstante, como se insinuaba en la alusión al simbolismo, participan también ciertos elementos fantásticos. Por otro lado, el circunspecto intimismo de la propuesta queda acertadamente dosificado con entrañables momentos cómicos que describen la sincretista cultura de los barrios marginales de la capital y que incluso frisan en su carácter estrambótico con el surrealismo costumbrista de Emir Kusturica –además de ofrecer la oportunidad de disfrutar de la cumbia psicodélica de Los destellos-.

El arduo renacer de Fausta, su florecimiento libre de odiosas imposiciones, paralelo en definitiva al del país andino, posee por tanto calidez, sentimiento y sensibilidad y renueva la confianza en el talento de Llosa como cineasta.

           Galardonada con el Oso de oro en el festival de Berlín y nominada a mejor película de habla no inglesa en los Óscar.

 

Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 5,9.

Nota del blog: 7,5.

Madeinusa

9 Feb

“El cine de esta época está muerto, acabado. La idea de que el cine es un cuento de hadas para niños no es buena ni suficiente. Necesitamos algo mejor.” 

Peter Greenaway

.

.

Madeinusa

.

Madeinusa

.

Año: 2006.

Directora: Claudia Llosa.

Reparto: Magaly Solier, Carlos de la Torre, Juan Ubaldo Huamán, Yiliana Chong.

Tráiler

.

            Aunque residente en Barcelona, la peruana Claudia Llosa iniciaba su aventura en el séptimo arte devolviendo la mirada a su país de origen y reinterpretando su evolución. En el universo de Madeinusa –título que adopta el nombre de la protagonista, encarnada por la debutante Magaly Solier- confluyen el cristianismo importado por los conquistadores junto con una cosmovisión particular y de aparente raigambre local; el conflicto entre el aislado entorno rural andino con el desencantado cosmopolitismo limeño; las tradiciones arcanas con la aculturación propia de la globalización.

            El imaginario Manayaycuna –“el pueblo encerrado” en lengua quechua- es, en definitiva, un mundo en irreparable transformación, donde las fronteras entre identidad y deseo de cambio, tradición secular e interpretación pervertida, e incluso realidad y fantasía se confunden en una especie de limbo paradójicamente aislado y zarandeado a la vez por el paso del tiempo. Una insospechada comunión que se ejemplifica mediante trazos como la aparición mística de Madeinusa ante Salvador, las canciones en lengua quechua empleadas como vehículo de expresión rayano en el hechizo, la presencia literal de la religión en ese siniestro Tiempo Santo en el que todo pecado está consentido sin remordimientos a causa de “la muerte de Dios”.

Ni siquiera unos roles aparentemente estereotipados se encuentran a salvo de esta disolución de las certezas. Salvador, el forastero capitalino tratado en la aldea como intruso y extranjero, parece dimitir de su papel de ‘civilizado’ príncipe azul o incluso de Cristo redentor –melenudo y barbado- para quedar finalmente subordinado a la torrencial determinación de una dulce y soñadora cholita declarada en rebelión contra un entorno opresivo que envenena sus vías de escape, le priva despiadadamente de sus deseos íntimos y le impone un destino casi metafóricamente heredado.

            Los simbólicos contrastes, pues, desempeñan un papel fundamental para la composición de esa atmósfera extraña y perturbadora –las ratas muertas como símbolo de buena suerte, la furiosa fusión de religiosidad y depravación, la inocencia y la crueldad-, asimismo envuelta en el sobrecogedor paisaje andino. La puesta en escena alcanza de esta manera poderosos hallazgos visuales, como las secuencias de Madeinusa adornada de virgen lacrimosa o las alucinadas escenas nocturnas con fuegos artificiales.

            A pesar de que todavía muestra la irregularidad propia de quien trata de encontrar su voz, Llosa ofrece con Madeinusa una fábula tétrica e insólita, plenamente dueña de sabor y consistencia.

 

Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7.

El Dorado

25 Ago

“En el cine me gusta lo heroico. Soy partidario del antirrealismo. El realismo es plano, monótono y moderno en el sentido más estúpido de la palabra.”

Riccardo Freda

.

.

El Dorado

.

El Dorado.

Año: 1988.

Director: Carlos Saura.

Reparto: Omero Antonutti, Gabriela Roel, Inés Sastre, Lambert Wilson, Eusebio Poncela, Francisco Algora, José Sancho, Francisco Merino, Patxi Bisquert, Féodor Atkine.

Tráiler

.

            Resulta curioso observar cómo, en ocasiones, ceñirse a la realidad histórica contribuye a desdibujar o a difuminar un personaje tan fascinante, excesivo y alimentado por la leyenda como Lope de Aguirre: el príncipe de la Libertad y la ira de Dios.

            Presa del magnetismo del conquistador de Oñate, Carlos Saura escogería su contrahecha y siniestra figura para realizar El Dorado, una de las primeras películas dentro del marco de las celebraciones del quinto centenario del descubrimiento de América. La costosa superproducción –sería la película española con mayor presupuesto hasta aquella fecha-, tomará el camino opuesto al de la célebre aproximación minimalista, operística, antihistoricista y onírica de Werner Herzog, que sublimaba el aura quasimitológica que desprende Aguirre para arrojarlo a un viaje delirante, etéreo y abstracto. Atemporal y, por tanto, intemporal.

Saura, por el contrario, describe con minuciosa precisión la ambientación histórica de la época. Y, a través de anclarlo a este contexto determinado, su dimensión ‘auténtica’ como proyección de sueños, quimeras y pesadillas universales y eternas, queda por el contrario pálida. De igual manera, se disuelve la dimensión épica y alucinada de la todopoderosa inmensidad del equinoccio amazónico. En conclusión, la superficie del retrato aparece registrada con sumo realismo; pero apenas se logra rasguñar hacia su interior –quizás únicamente por medio de la presencia de la intrigante Inés de Atienza-.

Los entresijos de Aguirre, su esencia, permanecen ocultos e inescrutables durante todo el voluminoso metraje, el cual, en última instancia, tampoco se presta a concluir aquella desastrosa jornada en busca del fabuloso El Dorado. En cambio, cierra el filme con una premonición que podría resultar sugerente si no se le agregase a modo de coda el siempre inelegante texto explicativo acerca del desenlace de Lope de Aguirre, aquí Omero Antonutti, actor ligado a papeles paternales y gran economía expresiva que fía su eficacia interpretativa al trabajo de voz, rasgo que se pierde con el doblaje impuesto.

            Esa ausencia de intensidad y de poder de evocación propicia que El Dorado sea una película narrada con excesiva sobriedad y que, a causa de su propio peso, le terminan flaqueando las fuerzas.

 

Nota IMDB: 6,4.

Nota FilmAffinity: 5,4.

Nota del blog: 6.

Kon-Tiki

15 Jun

“No he hecho nada por ansia de aventura, todas mis expediciones han tenido un objetivo científico.”

Thor Heyerdahl

.

.

Kon-Tiki

.

Kon-Tiki

Año: 2012.

Directores: Joachim Rønning, Espen Sandberg.

Reparto: Pål Sverre Hagen, Anders Baasmo Christiansen, Tobias Santelmann, Gustaf Skarsgård, Odd Magnus Williamson, Jakob Oftebro, Agnes Kittelsen.

Tráiler

.

.

            Uno, que en su día estudió para arqueólogo, sabe un tanto acerca de la abismal distancia  existente entre ser Indiana Jones –figura recurrente en las justificaciones de tan especial materia frente a escépticos extraños, que en mi caso era sustituida por eventuales encuentros con una sosias de Lara Crofty realizar un trabajo de campo real, todo rutina y paciencia excavadora, mundano devaneo cerebral e incontables horas de laboratorio, lectura y moreno de flexo.

Sin embargo, de vez en cuando surgen ejemplos que reconcilian al arqueólogo con su espíritu aventurero. La expedición de la Kon-Tiki, la más célebre muestra de arqueología experimental, es uno de esos casos deslumbrantes.

Con ella, el antropólogo noruego Thor Heyerdahl trataba de probar la posibilidad de que la colonización de la Polinesia hubiera sido efectuada por parte de oriundos de Sudamérica y no de Asia, como sostenían las principales corrientes teóricas del momento. El método de investigación: navegar a la deriva los 8.000 kilómetros que separaban el puerto peruano de El Callao de los atolones coralinos de la PolinesiaRaroia acabaría por ser su destino- a bordo de una balsa de troncos. 

            Arqueología épica, realizada por un equipo de convicción sobrehumana -aparecen entre los tripulantes héroes de la Segunda Guerra Mundial como Torstein Raaby, partícipe en el hundimiento del acorazado Tirpitz, y Knut Haugland, que había saboteado la creación de la bomba atómica alemana en Telemark-, y que necesariamente era carne de Séptimo Arte. Prueba de ello es su conexión con los Oscar por medio de Kon-Tiki, filmación del periplo por sus partícipes y galardonada en 1950 con el premio a mejor largometraje documental, y la nominación de esta segunda Kon-Tiki, ya relato de ficción y parte de la terna seleccionada para la estatuilla a mejor película de habla no inglesa en la última gala de la Academia.

            Todavía pendiente de estreno en las salas españolas, Kon-Tiki recupera con firmeza, estilo, buen pulso y alguna que otra licencia dramática la epopeya marina de estos intrépidos escandinavos.

El apreciable –que no espectacular- sentido aventurero, superviviente del posible acartonamiento derivado de la cuidada atención estética y la aridez propia de su reducido escenario y argumento, convierte al filme en un entretenido acercamiento a esta hazaña científica moderna, en la que se identifica al descubridor con una obstinación y perseverancia privilegiada pero que posee el reverso amargo de la soledad sentimental.

La aventura como pulsión existencial e innata, la vida como búsqueda incesante e insaciable.

           No alcanza toda la trascendencia metafísica que se podría extraer de esta odisea homérica, del conflicto del hombre contra barreras colosales como son los elementos naturales o las convenciones científicas y sociales, mientras que la exploración de personajes queda en el bosquejo superficial, pero ello tampoco es óbice para disfrutar de este interesante y didáctico relato.

           Finalmente, las hipótesis de Heyerdahl sobre la colonización sudamericana de la Polinesia serían refutadas.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7.

La caza real del Sol

30 Jun

“Un gobernante eficaz no debe tener piedad.”

Nicolás Maquiavelo

La caza real del Sol

 .

Año: 1969.

Director: Irving Lerner.

Reparto: Richard Shaw, Christopher Plummer, Nigel Davenport, Michael Craig, Andrew Keir, Leonard Whiting.

Tráiler

 .

            No se comprende la poca presencia en el Séptimo Arte de ese cúmulo de aventuras imposibles, ambiciones febriles, valor inconsciente y halo apocalíptico que son los conquistadores del Nuevo Mundo. Son contados los éxitos en el cine de tipos tempestuosos, complejos y contradictorios como Cortés o Pizarro -no tanto Colón, hombre decisivo en el devenir de la Historia y al que nunca se ha conseguido sacar partido satisfactoriamente, pese a la infravalorada 1492: La conquista del paraíso-, u otros individuos secundarios y extravagantes como Lope de Aguirre, a quien el alemán Werner Herzog talló como obra de culto en nebuloso celuloide, con el acceso minoritario que dicha etiqueta implica.

Causa posible de esta omisión es la estúpida heroización de los conquistadores por parte de la historiografía española más nacionalista y, desde otro punto de vista, su estúpida satanización por parte de otras escuelas. No abundan los estudios veraces, precisos y honestos sobre unos individuos que despiertan e invitan a fuertes (y generalmente descontextualizadas) polémicas.

            Por ello, y aunque en su conjunto resulte un proyecto un tanto fallido, resulta notable el intento de La caza real del Sol, adaptación de la pieza teatral homónima del británico Peter Shaffer, a quien el cine debe también otras conocidas películas como Equus o Amadeus.

            Que Francisco Pizarro caiga en manos de un actor temperamental como Robert Shaw, todo carácter, ya indica por donde va la cosa. La caza real del Sol traslada un drama shakesperiano a la corte del Atahualpa cautivo por las tropas castellanas. Acometido por un Christopher Plummer sobreactuado y mal dirigido, es un dios en la Tierra, un usurpador del sagrado trono del Inca, un salvaje ignorante y blasfemo. Ante él, Pizarro, “bastardo y soldado español”, individuo hecho a sí mismo, analfabeto, anárquico, desengañado del paraíso de Dios en el Cielo y de la gloria guerrera del hombre en la Tierra, tullido y temible como el Loco Aguirre, con la promesa de oro como arma para limpiar la tortura que le provoca el velado rechazo del mundo, conseguir una respetabilidad negada por su cuna, labrarse un nombre en la Historia con letras áureas.

Dos seres ilegítimos que se encuentran en el confín del mundo. Un espejo para un Pizarro que se enfrenta a sus demonios y dudas, a su destino y a las exigencias de unos hombres reducidos a animales sangrientos por su codicia material y espiritual a excepción del mesurado y racional De Soto (Nigel Davenport, más controlado que sus compañeros de reparto); al presente de su palabra y al legado de sus actos.

            Irving Lerner, más destacado por su trabajo de montajista que por el de director, conduce una obra de presupuesto escaso y que hereda, también por torpeza propia, parte del estatismo del teatro. Prima el carácter abstracto de la situación y la introspección psicológica de los personajes frente a la acción bélica y aventurera de su contexto histórico.

Más allá de la presencia de escenas discutibles, como una batalla descrita a ritmo de racial flamenco -interesante pese al folcklorismo barato y más bien inadecuado-, es de esas formas algo escleróticas y de un guión tendente a una acartonada grandilocuencia de donde proceden los errores que minan unos planteamientos interesantes, con mayores posibilidades de las que finalmente se concretan.

            Bien merecerían una revisión actualizada y concienzuda.

Nota IMDB: 6,4.

Nota FilmAffinity: -.

Nota del blog: 6.

A %d blogueros les gusta esto: