Tag Archives: Perro

Amores perros

18 Mar

.

Año: 2000.

Director: Alejandro González Iñárritu.

Reparto: Gael García Bernal, Goya Toledo, Emilio Echevarría, Vanessa Bauche, Marco Pérez, Humberto Busto, Gerardo Campbell, Gustavo Sánchez Parra, Álvaro Guerrero, Rodrigo Murray, Jorge Salinas, José Sefami, Lourdes Echevarría.

Tráiler

.

         Un sentido de la virilidad que se manifiesta en alcoholismo, violencia y crueldad; el dinero que ahoga cualquier moral; religiosidad hipócrita ante asuntos como el embarazo juvenil no deseado; profundas desigualdades socioeconómicas; masificación, peligro, contaminación, ruido. En apenas unos minutos, Amores perros manifiesta los males que aquejan la megalópolis de la entonces todavía México D.F. y que se desarrollarán durante las restantes dos horas y pico de metraje a través de tres historias que se entrecruzan e interrelacionan para recomponer este collage expuesto con rasgos estilísticos cercanos al realismo social, con una cámara inquieta de apariencia inmediata, apegada a la geografía, los ritmos y los sonidos de la calle, atenta a escrutar los rincones que habitualmente ignora el ojo acostumbrado a esta estampa cotidiana.

       En dos de ellas, además, pesa especialmente cierta sensación de destino inapelable -la pobreza apaleada, la soledad que impone una naturaleza destructiva- que hunde a los personajes en una tragedia que se ven incapaces de esquivar, si bien con resoluciones que muestran distintos grados de pesimismo. Sus sueños -prosperar junto a la enamorada, recuperar a la familia perdida- son frágiles porque el sistema, que tiende a perpetuarse, es intransigente hacia aquellos que tratan de desafiar su estatus predeterminado -el enriquecimiento mediante las vías subterráneas a las que han de recurrir los marginales- o que se rebelan contra el estado de las cosas -el guerrillero fracasado en lo político y lo personal-.

Aun imperfectas, irregulares y menos incisivas de lo que pretende su planteamiento crítico, entremezclado e incluso enturbiado por la espectacularidad argumental que le confieren sus pinceladas de relato de género, estas dos historias de apertura y de cierre resultan bastante más atractivas que el moroso episodio central, protagonizado con acento híbrido por la española Goya Toledo y en el que se reflexiona acerca de la ínfima línea que separa el éxito de la debacle. El triunfador es al fin tan humanamente vulnerable como el paria que trata de subir los peldaños de la sociedad con una escalera de cristal. Su imagen, digna de anuncio publicitario, es puro espejismo.

         El tándem conformado por el director Alejandro González Iñárritu y el guionista Guillermo Arriaga debutaba sorprendiendo con una estructura narrativa de la que terminarán abusando hasta la saciedad en los otros dos que completan la denominada Trilogía de la muerte –21 gramos y Babel– y que, después de su agria separación artística, el primero prolongará incluso coasumiendo las labores de escritura en Biutiful, el descalabro definitivo de la fórmula. Dentro de unos excesos en el equilibrio formal y conceptual que son ya evidentes, Iñárritu luce fortaleza para articular y conducir el filme.

.

Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 6,5.

Isla de perros

23 Abr

.

Año: 2018.

Director: Wes Anderson.

Reparto (V.O.): Bryan Cranston, Koyu Rankin, Liev Schreiber, Edward Norton, Bob Balaban, Bill Murray, Jeff Goldblum, Kunichi Nomura, Akira Takayama, Greta Gerwig, Scarlett Johansson, Frances MacDormand, Akira Ito, Harvey Keitel, F. Murray Abraham, Tilda Swinton, Ken Watanabe, Yoko Ono, Courtney B. Vance.

Tráiler

.

          Las posibilidades casi ilimitadas de la animación, donde las leyes de la física no suponen una barrera, se ajustan como un guante al cine de Wes Anderson, el cual pertenece a un universo abiertamente subjetivo que parece encontrarse ubicado entre el recuerdo y la fabulación ensimismada. Su estética refinadísima, su pasión por el color, su textura naif… Un artificio orgullosamente deliberado que, en consecuencia, halla un perfecto vehículo de expresión en las detallistas maquetas y las marionetas a las que se insufla vida por medio del stop-motion.

Y asimismo, dentro de este patio de recreo particular, el marco fantasioso e imaginativo de la animación permite que el vehemente tributo a la sensibilidad y la pureza de la inmadurez que, en contraste con la crueldad de los códigos de comportamiento adulto, caracteriza el punto de vista del cineasta texano, no desbarre en ñoñería, infantilismo y amaneramiento autocomplaciente, como en ocasiones ocurre en sus filmes protagonizados por niños grandes, incomprendidos y marginados a causa de su naturaleza anómala y resistentemente tímida, afectiva y soñadora -y, por tanto, refugiados a duras penas en sí mismos-.

Fantástico Sr. Fox fue el primer indicio; Isla de perros es la confirmación.

          Isla de perros es un cuento repleto de fascinación por el arte y la estética japoneses en el que tiene lugar un relato de rebeldía y humanidad en tiempos de tribalismo, intolerancia y odio; uno de los principales temas del cine de los ultimísimos años.

El diseño de producción es una auténtica preciosidad. El aspecto, la expresividad y la ternura de las figuras; el nivel de elaboración y perfeccionismo de los decorados y las miniaturas; la grata fisicidad artesana de los efectos visuales, la plasticidad de los movimientos y el montaje; las distintas mezcolanzas de la animación -mediante muñecos o tradicional, en el caso de las imágenes retransmitidas por pantallas-, los guiños devotos a la magistral filmografía de Akira KurosawaEl ángel borracho, El perro rabioso, Los siete samuráis, Yojimbo (El mercenario)…- con alientos incluso del ‘kaiju eiga‘ y también de Hayao Miyazaki en su sentido de los valores morales y de la dignidad de quien no se doblega ante la iniquidad dominante…

Anderson ha volcado en ello todo su entusiasmo de creador, probablemente, en una idea acorde con la esencia de su obra, como un niño encantado con su juguete. Y con su juguete construye una maravilla formal donde contar la historia que quiere contar.

          Es cierto también que este fervoroso recargamiento puede saturar el ritmo narrativo de una película que, no obstante, mantiene durante el metraje al completo la simpatía, la originalidad y el cariño con el que está realizada. Es decir, que Anderson comparte amistoso el juguete gracias a la cuidada definición y el carisma de las personalidades -caninas y humanas- que protagonizan la historia, de su combinación de comicidad y corazón; de sus travesuras con el lenguaje para paradójicamente redondear la magia inmersiva del cuento; de su hábil equilibrio entre el viaje de aventura y (auto)conocimiento y la protesta concienciada ante un futuro que parece haber comenzado ayer.

.

Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 8.

Perro blanco

22 Ene

.

Año: 1982.

Director: Samuel Fuller.

Reparto: Kristy McNichol, Paul Winfield, Burl Ives, Jameson Parker, Parley Baer.

Tráiler

.

-Y ese hombre… ¿cómo lo convirtió en un perro racista?

-Es muy fácil. Encuentre a un negro que necesita desesperadamente una copa, o a un negro drogadicto que haría cualquier cosa por una dosis, y páguele para que pegue a ese perro desde que es un cachorro, cuanto más joven, mejor. A medida que crece, todos esos golpes de negro, plantan en el animal la semilla del miedo. Y ese miedo se convierte en odio, y ese odio lo condiciona a atacar luego a cualquier negro antes…

-Antes de que el negro lo ataque a él.

         Basado en una novela del guionista Romain Gary, que a su vez, se inspiraba en un artículo propio acerca de un extraño suceso que afirmaba le había ocurrido a su esposa, la actriz Jean Seberg, Perro blanco expone en su relato una ruda y extravagante -aunque contundente y quizás hasta efectiva- inmersión en el racismo subyacente en la sociedad estadounidense. Si bien originario de los sesenta y forjado de forma definitiva en los convulsos setenta, la pervivencia del texto se mantiene vigente, pues se trata de un conflicto aún sin resolver.

No obstante, la esencia del filme parecía adaptarse mejor a la tumultuosidad del agrio Nuevo Hollywood de aquellos setenta que a una recién estrenada década en la que, como señala uno de los protagonistas, hay un nuevo enemigo: la fantasía rompetaquillas de robots y extraterrestres de La guerra de la galaxias. O, como expondría Michael Eisner, entonces mandamás de la Paramount, había de rodarse un “Tiburón con zarpas”. La era del taquillazo reducía así la historia a una cinta aguerrida con un gancho fundamentado en la excentricidad de su premisa, acorde a la falta de complejos artísticos de la época, que cuenta con cintas coetáneas de terror canino como El perro del infiernoCujo, novela publicada ese mismo 1982 y llevada a la gran pantalla apenas un año después.

         Enrolado para facturar un producto seco y urgente, de presupuesto pírrico y fecha de entrega casi inmediata, el veterano Samuel Fuller, auxiliado en la remodelación del guion por Curtis Hanson, plantea el argumento prácticamente como un duelo de western entre el can transformado en monstruo por unas ideas ajenas implantadas en su cerebro y el antihéroe de nuevo comprometido con la redención de la sociedad aunque esta sea únicamente simbólica e incluso, con un punto obsesivo, suponga literalmente un sacrificio personal -su perfil comporta una reversión total del personaje del libro, de menor protagonismo y motivado por atroces deseos de ansia-.

De ahí que las fases de este reto personal queden marcadas por los cruces de miradas entre hombre y bestia, condenados a entenderse, o no; por el puro contacto físico, por compartir el espacio como comparten la escena, como comparten el plano.

         Desde la austeridad, Fuller filma con una aspereza que hasta es brusquedad en ciertas escenas de acción -incluido el tosco aunque sugerentemente fatalista desenlace-, con todo dominadas con agresividad desde el montaje. La narración avanza con ferocidad y sin tapujos acerca de su condición de producto B de género, dejando a su paso algunos detalles de curiosa y violenta sordidez, marca de la casa, como la profanación de una iglesia consagrada a San Francisco de Asís, cénit del reverso oscuro del perro albino, que en sus insólitas andanzas mixtura el thriller y el terror al estilo, efectivamente, de Tiburón, un slasher en agua salada, tal y como , anhelaban los productores -si bien con unos resultados bastante más correosos-.

         Sin embargo, su exposición argumental, con un punto abiertamente grotesco y claramente proclive a la polémica, despertaría el temor de la controversia en los estudios, alimentada por malinterpretaciones moralistas hechas a priori y por amenazas de boicot por parte de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color. Ese escándalo antes del escándalo condenaría a la cinta a unos escasos pases en festivales, al circuito del videoclub y a la televisión, sumiendo en el desconsuelo a un Fuller que ya venía tocado por las pérdida del control sobre su anterior Uno rojo: división de choque, película que llamativamente había supuesto su primera participación en Hollywood. Ahora, tras una afrenta que no se repararía hasta 1991, cuando Perro blanco se estrenase en salas, el cineasta se retiraría a lamerse las heridas a la entregada Francia.

.

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 6.

Siete psicópatas

25 Oct

.

Año: 2012.

Director: Martin McDonagh.

Reparto: Colin Farrell, Sam Rockwell, Christopher Walken, Woody Harrelson, Abbie Cornish, Linda Bright Clay, Zeljko Ivanek, Tom Waits, Long Nguyen, Olga Kurilenko, Harry Dean Stanton, Amanda Warren, Gabourey Sidibe, Michael Stuhlbarg, Michael Pitt.

Tráiler

.

          Bickle a un lado, Kieslowski al otro. En medio, el dramaturgo, director y guionista Martin McDonagh se debate entre el cine estadounidense y el europeo mientras sostiene un borrador sobre siete psicópatas al que quiere conferir entidad como película. Siete psicópatas es, pues, una obra fuertemente metalingüística en el que el proceso de creación del cineasta imprime su eco en los propios acontecimientos que ocurren en pantalla, tanto al estilo de los delirios cinéfilos autoconstruidos y autoconscientes de Jean-Luc Godard, como al de Charlie Kaufman en Adaptation (El ladrón de orquideas), Spike Jonze mediante. Los avatares de la página en blanco dan para un thriller.

          Siete psicópatas posee esa atmósfera desmitificadora y de jugueteo con los códigos genéricos que definía Escondidos en Brujas, donde McDonagh daba una vuelta de tuerca más a aquella mezcla de conversaciones cotidianas, inopinadas reflexiones existencialistas, observación cinéfaga, contraste violento e incluso estructura levemente capitular que Quentin Tarantino había popularizado en la década de los noventa. Pero a diferencia del sampleador compulsivo de Knoxville, el irlandés es menos reverente hacia cualquier tipo de referencia y se abre en mayor medida a reflexionar acerca de cómo la ficción cinematográfica parece condicionar la vivencia de la realidad, modelándola a partir de unos conceptos y filtros románticos o épicos -antirrealistas y repletos de tópicos nocivos- que el séptimo arte ha hecho prácticamente universales. De ahí las notas melancólicas que se filtran entre una superficie de negrísimo humor.

          Así, entre la espectacularidad que reclama Hollywood y las inquietudes de trascender a través del arte identificadas con la idea de autoría europea -una dualidad sostenida con meritoria naturalidad y equilibrio-, McDonagh va entregando un filme divertido a la par que introspectivo, con notables dosis de creatividad y dotado de personalidad y carisma, para lo que cuenta además con la ayuda de un reparto entonado -hasta vuelve a demostrar que puede dirigir a compatriota Colin Farrell-.

.

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7,5.

John Wick (Otro día para matar)

1 Feb

john-wick-otro-dia-para-matar

.

Año: 2014.

Directores: Chad Stahleski, David Leitch.

Reparto: Keanu Reeves, Michael Nyqvist, Alfie Allen, Willem Dafoe, Dean Winters, Adrianne Palicki, John Leguizamo, Bridget Moynahan, Ian McShane, Lance Reddick, Clarke Peters.

Tráiler

.

          Media HBO sale en John Wick (Otro día para matar). Suele ocurrir en ciertas películas, supongo que porque comparten representante, tienen conexiones con ciertos agentes de cásting o por algún asunto relacionado con las productoras. Un pequeño detalle para disfrute de seriéfilos, en todo caso, que alegra el esquema férreamente de serie B del filme, que recoge la premisa del ultraprofesional de la violencia o de la muerte, zen, estilizado y letal, que se encuentra atrapado por un pasado o por unas circunstancias fatales que le impiden regenerarse, al estilo de lo que en tiempos actuales, con gran éxito, ha ensayado el francés Luc Besson, en calidad de productor, en su trilogía Venganza, con el gigante norirlandés Liam Neeson al frente como fuerza desencadenada.

Un cine espartano que, en Estados Unidos, sirve de refugio para estrellas en decadencia como Nicolas Cage, Mel Gibson o, en esta ocasión, Keanu Reeves.

          Viudo compungido que, tras el robo de su coche y del asesinato de su inocente perrito, está dispuesto a reventar la ciudad y la mafia que la rige desde la oscuridad de la noche, John Wick se apropia entonces del espíritu de violencia nihilista del Parker de Donald Westlake -que por cierto había encarnado Gibson en Paybacky lo aplica con un estilo que navega a medio camino entre un cómic de abundante entintado negro -los tradicionales tonos azulados y las sombras del thriller mezclados con el chroma de los efectos especiales- y el videojuego de disparos en primera persona -a los que de hecho cita confesamente y con cierta ironía-, salpicado con las elaboradas coreografías de origen asiático y estandarizadas en Hollywood desde El caso Bourne.

          Un continuo de movimiento, en definitiva, en el que la única línea maestra del guion consiste en seguir adelante sin hacer prisioneros entre una miríada de secuaces que tan solo ejercen de mobiliario dentro del decorado, y donde el estatismo del rostro de Reeves, eterno hombre triste, se contrapone a la acción torrencial que se desencadena a su paso, filmada con cierta soltura por dos directores que, originalmente, son de oficio especialistas: Chad Stahleski y David Leitch.

.

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 5,5.

Paterson

19 Dic

paterson

.

Año: 2016.

Director: Jim Jarmusch.

Reparto: Adam DriverGolshifteh Farahani, Barry Shabaka Henley, Chasten Harmor, William Jackson Harper, Rizwan Manji.

Tráiler

.

           Jim Jarmusch parece exponer la planificación de Paterson en la evaluación de un poema escrito por una niña de unos diez años pero que es dueño de una extraña sensibilidad. Es un poema que solo rima en sus dos primeros versos -los que equivaldrían al lunes y el martes en la película, y con los que se referiría a la influencia de los sueños de Laura en los acontecimientos del día, a los diálogos en el bus que parecen querer establecer una reapropiación del esquema de las conversaciones causales de la serie Coffee and Cigarettes y al trazado de la rutina del protagonista en definitiva, ligada al itinerario circular del autobús que conduce-, aunque también se rastrea en él una combinación de rimas internas y, visto en perspectiva, una singular, delicada y armoniosa visión en la que se entrevera lo cotidiano con lo onírico, creando un conjunto de enorme potencia lírica.

Puede reforzar el argumento que éste sea el único poema que escribe aquí el cineasta estadounidense, puesto que el resto de los que aparecen diseminados por el filme son regalos originales de su admirado Ron Padgett.

           Paterson, pues, podría describirse como un poema dentro de un poema, habitado por un poeta que además, en otra cuidada rima, la ciudad es él -el topónimo Paterson, localidad de Nueva Jersey cuna de los literatos Allen Ginsberg y William Carlos Williamsy él es la ciudad -el antropónimo Paterson-. En silencio, apenas interviniendo en ella, Paterson, el personaje, observa el transcurso de la existencia, y su mirada poética queda plasmada en unos fotogramas que se suceden con ritmo calmado e interesado en el detalle, al encuentro de las notas de sonido y color que surgen de la calle, de la gente, de las acciones. Vibran grandes tragedias nimias, deslumbrantes sonrisas cándidas, rotundas ilusiones mínimas. Consonancias y asonancias, renglones sueltos, retazos de canciones, incluso repeticiones monocordes como síntesis de la vida corriente.

           Con tremenda sutileza, Jarmusch las va recopilando mediante una realización muy sofisticada en su minimalismo y su quietud. Las imágenes de Paterson son realidad y son sueño, son drama y son comedia, son prosa y son verso, son humildad y son trascendencia. El relato se desliza apacible, con aspecto de no pretender nada, y con esta atenta parsimonia va cerrando y redondeando su recitación.

Lo hace con una insólita belleza, que no es tan evidente como la del rostro de Golshifteh Farahani -nunca estuvo tan guapa en pantalla-, pero sí igual de terminante e inspiradora, capaz de constituir un glorioso elogio del valor del arte -ese que, cual bestia estúpida, arrincona y hostiga la deriva neolibreal contemporánea por ser incapaz de calcularlo- tan contundente y romántico como el que hacían los estetas vampiros de Solo los amantes sobreviven, guardianes de las esencias elevadas del ser humano. Y notablemente más optimista.

.

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 8,5.

El club

10 Nov

“Un cura es capaz de cualquier cosa.”

Wolfgang Amadeus Mozart

.

.

El club

.

El club

.

Año: 2015.

Director: Pablo Larraín.

Reparto: Alfredo Castro, Alejandro Goic, Alejandro Sieveking, Jaime Vadell, Antonia Zegers, Marcelo Alonso, Roberto Farías.

Tráiler

.

            La principal batalla de la Iglesia católica contemporánea no es la de conquistar la fe de los escépticos, tarea a estas alturas prácticamente imposible, sino la de conservar la fidelidad de sus adeptos y mantener la credibilidad frente a los embates de las tentaciones materiales, que hacen mella en una casta otrora considerada autoridad infalible por la gracia de Dios y ahora minimizados a su condición de simples mortales, con su terrenalidad desnuda y a la vista en toda su amplia gama de defectos.

            Pablo Larraín selecciona los vicios de la Iglesia católica y, personificados en cuatro sacerdotes y una seglar, los traslada a una casa de retiro sita en la remota La Boca de Chile, vertedero de apestados indeseables que, por la acción del soterrado y vitriólico humor negro del guion, ni siquiera alcanza la pretendida categoría de Purgatorio en la Tierra. Los miembros de este selecto y escondido club son el abuso de menores y la homosexualidad impúdica, el robo de recién nacidos, la conspiración y respaldo de las fuerzas fascistas, y el paternalismo cínico y la hipocresía violenta. Incluso también los pecados sin nombre enterrados en el olvido de un pasado oscurantista.

El análisis de los males del clero que ofrece El club, por tanto, emplea como herramienta una alegoría –recurso de ficción tan caro a las enseñanzas religiosas- que termina deformada en caricatura sórdida, como sórdida será a juego la ambientación escogida por el cineasta chileno para enturbiar el bucólico reducto donde reposan los curas desterrados y que se plasma en imágenes cenicientas y desvaídas, organizadas en planos antiestéticos, con manifiesto abuso del contraluz –en este caso no sé si forma parte del objetivo citado- y donde los primeros planos descubren la fealdad sin paliativos de la fotografía digital.

            El instrumental quirúrgico escogido a conciencia por Larraín –firmante del libreto junto a Guillermo Calderón y Daniel Villaloboses tremendamente llamativo por su desagradable oxidación –la descripción deslenguada de los pecados perpetrados, los villanos convencidos de la moralidad de sus actos, la larvada brutalidad de los mismos que sin embargo solo aflora en el desagradable aspecto general del escenario-, aunque no especialmente afilado. Útil para desvestir al cadáver; romo para penetrar en sus putrefactas carnes.

La caricaturización es apropiada para resaltar con acritud y mala baba el objeto de crítica –ejercicio descarnado que puede verse hasta como recomendable en ocasiones como la presente-, pero no tanto así para ahondar en sus raíces y desentrañar sus causas, ocultadas por la hipertrofia del personaje o la problemática. En este caso, la finura de un retrato más humano y reconocible como tal permitiría identificar con mayor precisión –o al menos tratar de hacerlo- las fuentes de esta corrupción. O cuanto menos culpabilizar con todas las de la ley a personas y no a monstruos, que son criaturas aberrantes y culpables por su propia naturaleza, no por convicción consciente.

            No obstante, en el haber del filme, su velado aunque rotundo pesimismo, disfrazado de sátira cáustica, dinamita por los aires cualquier atisbo de relación entre estos hombres malos con Dios –con un Dios, con cualquier rastro de divinidad o misticismo- y, de este modo, los abandona a su suerte, con sus vergüenzas desnudas ante el espectador, con lo que consigue arrojar a la luz una verosímil visión de la nauseabunda condición humana, patética y siniestra con indiferencia de conceptos falaces o como poco hipócritas como los valores religiosos o, si se prefiere, yendo más allá, éticos.

.

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 6,5.

A %d blogueros les gusta esto: