Tag Archives: Parodia

Mike Bassett: England Manager

21 Oct

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Año: 2001.

Director: Steve Barron.

Reparto: Ricky Tomlyson, Amanda Redman, Bradley Walsh, Philip Jackson, Phill Jupitus, Dean Lennox Kelly, Robbie Gee, Geoff Bell, Martin Bashir, Pelé.

Tráiler

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           Desconfíen de los programas de telerrealidad en los que los famosos abren su vida cotidiana para mostrarse como uno de nosotros, simples plebeyos sin gloria ni millones. La esperanza de la humanidad se desvanecería definitivamente cuando viéramos a Superman sentado en el váter, luchando por evacuar el vientre. La realidad, insobornable destructora de fantasías e ilusiones, es uno de los elementos más corrosivos que existen. No hay apenas personalidades que resistan su embate demoledor; en especial en el cine, campo de sueños, la realidad sublimada. Incluso un superhéroe como el que protagonizaba Big Man Japan caía derrotado bajo sus mamporros, enguantados en una envoltura de falso documental. Pero no hace falta acudir a esta mitología contemporánea, patrimonio de la ficción, pues los dioses que habitan el día a día son otros que, por supuesto, resultan también susceptibles de perder su halo sobrehumano en esta misma batalla, decidida de antemano. Así lo probaba This is Spinal Tap, el mockumentary por excelencia, una cinta en la que se exponía a las claras cuán estúpidos podían ser los divos del rock. Mike Bassett: England Manager viene a confirmar la misma tesis sobre otro gremio endiosado, aunque paradójicamente menos cinematográfico: el de los futbolistas.

           Mike Bassett: England Manager recrea el ascenso a seleccionador inglés de un entrenador de provincias (Ricky Tomlyson), arrastrado por las circunstancias propias, la mezquindad ajena y la pobreza del fútbol de las islas. ‘Uno di noi’, ascendido al cargo que cada ciudadano lleva dentro, al menos en las conversaciones con sus cuñados, con sus amigotes en la barra del bar o en los comentarios de Marca. El deporte rey, pasión de multitudes, opio del pueblo, religión oficiosa, cuestión de estado; algo más importante que la vida o la muerte, que diría Bill Shankly, queda reducido de este modo a miserable carne de sátira.

           A medio camino entre el citado This is Spinal Tap y un episodio de Little Britain –literalmente, ya que la trama se rellena dificultosa e irregularmente hasta completar los casi 90 minutos que equivaldrían a un partido reglamentario-, el filme, dueño de un marcado carácter costumbrista, pasa revista a prototipos de futbolistas nativos –desde émulos de Vinnie Jones, ahora actor, hasta sosias de David Beckham-, a las rústicas maneras que los ingleses tienen de entender la filosofía de juego, al circo que rodea al espectáculo estrictamente deportivo –los tabloides, los hooligans- y, en consecuencia, a la sociedad que sustenta este fenómeno.

No tanto incisiva en su sátira cultural, que hubiera aportado un material de gran tonelaje ácido, Mike Bassett: England Manager es una película más centrada en la caricatura extensiva de personajes y atmósfera y, especialmente, en explotar la vis cómica de la histórica de un tipo corriente que se enfrenta a adversidades por encima de sus capacidades naturales.

Es decir, que, en paralelo a su vertiente sarcástica, la comedia juega paródicamente con los tópicos y estereotipos del cine deportivo, en concreto con las tramas de entrenadores carismáticos que, armando un equipo de despojos, alcanzan la gloria contra pronóstico y cumplen así, vicariamente, el sueño de épica para el que la mayoría de individuos cree que está destinado.

           Se trata por tanto de una línea temática ligera y un tanto superficial, algo repetitiva y localista, pero que ofrece asimismo puntos humorísticos simpaticones y contadas ideas de calado –la puerta de la sede del fútbol inglés dominada por los cubos de basura, el empleo de los versos de Rudyard Kipling, poeta del Imperio-. En el aspecto formal, la obra también se muestra inconstante en el uso de determinados recursos narrativos destinados a romper irónicamente la convencionalidad general –el formato de reportaje televisivo, la infografía-.

           Curiosamente transformado en héroe de culto debido a sus faltas humanas, el buen entrenador Bassett prolongaría su carrera con una serie de televisión y también estaba anunciada una secuela de sus aventuras, Mike Bassett: Interim Manager. No cabe duda que podría hallar nuevo material de inspiración en la realidad, que ofrece episodios superiores como el escándalo protagonizado por Sam Allardyce, de características no muy alejadas a este personaje. ‘Errare humanum est’.

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Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,6. 

Nota del blog: 5,5.

The Haunted World of El Superbeasto

28 Jun

“Hace seis años compré dos casas separadas de la familiar. Tengo mis casas para mis monstruos y otra casa para vivir. Vivo con mi familia y de vez en cuando voy a ver a mis monstruos, con los que vivo un romance perpetuo. Lo llevamos bien.”

Guillermo del Toro

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The Haunted World of

El Superbeasto

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The Haunted World of el Superbeasto

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Año: 2009.

Director: Rob Zombie.

Reparto: Tom Papa, Sheri Moon Zombie, Paul Giamatti, Tom Kenny, Rosario Dawson, Brian Posehn, Rob Paulsen.

Tráiler

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           Son dibujos animados, sí, pero eso no supone en modo alguno la renuncia de Rob Zombie, una de las figuras más personales y relevantes dentro del cine de terror actual, a su particular sensibilidad cinematográfica -principalmente porque, artista polifacético, estos son la adaptación a la gran pantalla de su incursión en el cómic-. Más aún, esta circunstancia contribuye incluso a exacerbarla gracias a  la esencia gamberra y libérrima del proyecto, donde la animación permite además burlar las limitaciones de la imagen real, de la contención cinéfila y hasta de la lógica.

           The Haunted World of El Superbeasto es un catálogo de filiaciones y fetichismos desplegado en el marco de un universo fantástico: uno de esos mundos paralelos que habitan los fanáticos de la ficción terrorífica en estimulante compañía de sus héroes, sus villanos y, especialmente, sus queridos y adorados monstruos.

Todas las criaturas del género -ya sea en su periodo clásico, de serie B, revisionista, de exploitation o contemporáneo-, están citadas a convivir en esta sociedad paralela, como sumergida en los pinceles de Tex Avery o del primer Ralph Bakshi, y en la que un campeón enmascarado de lucha libre mexicana, El Superbeasto, es la celebridad local que combate el crimen que perturba el escenario, en este caso provocado por el ansia del Doctor Satán -antes Steve Wachowski-, por encontrar a su nueva y blasfema esposa, quien despertará definitivamente sus maléficos poderes.

           La película, tan irreverente como cariñosa hacia su objeto de culto, avanza encadenando gags sin mayores pretensiones, sin ataduras argumentales más allá de un esquema elemental. The Haunted World of el Superbeasto es, en síntesis, una herramienta para el disfrute de Zombie y sus amigos, quienes no obstante permiten participar del juego también al espectador -ya sea igual de aficionado que ellos, o no, a este microcosmos- por la vía del humor escatológico combinado con erotismo despendolado y un frenético festival-homenaje metacinematográfico –que, asimismo, por supuesto, abarca inevitables autorreferencias-.

En ocasiones puede resultan un tanto repetitiva a causa de esta ligereza, entregada con devoción a la ocurrencia puntual y la ofrenda desatada, pero a grandes rasgos divierte por su apasionada incontención idólatra y su sentido del delirio.

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Nota IMDB: 6,1.

Nota FilmAffinity: 5,5.

Nota del blog: 6.

Zebraman

10 Abr

“No soy fan de los superhéroes. Si un tío es invulnerable, ¿qué gracia tiene?”

Armie Hammer

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Zebraman

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Zebraman

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Año: 2004.

Director: Takashi Miike.

Reparto: Shô Aikawa, Kyôka Suzuki, Atsuro Watabe, Naoki Yasukôchi, Yoshimasha Mishima, Makiko Watanabe, Yui Ichikawa, Kôen Kondô, Ren Ôsugi.

Tráiler

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            Japón posee una de las ficciones más feraces y con mayor tradición en el universo de los superhéroes, históricamente muy ligado a la recuperación del orgullo nacional y militar destruido por la traumática derrota de la Segunda Guerra Mundial –la aparición del monstruo destructor- e incluso, paradójicamente, plasmada también desde la asunción de esos símbolos negativos para regenerarlos en su propio favor –el posterior carácter benefactor de Godzilla como ejemplo palmario-. Una tendencia que, de nuevo, será revertida en tiempos postmodernos más escépticos y desencantados –como en Big Man Japan, donde el presunto héroe salvador era en realidad la aberración destructiva, desnudado con el desmitificador realismo del (falso) documental-.

            Zebraman pertenece ya a este periodo donde la figura heroica se encuentra deformada por el desgaste y, por ende, puede ser atacada en sus flaquezas –los tópicos y las convenciones sobre los que asentaba su gloria pasada-, empleando la parodia a modo de palanca con la que agrandar las grietas de su infortunio presente. Las intenciones del filme, no obstante, no son tanto las de demoler esta estatua colosal como la de reciclar el arquetipo, en un proceso bastante semejante al que se ha producido en este Hollywood contemporáneo ahíto de superhéroes grandilocuentes y donde, desde los dioses de tragedia griega ofrecidos por Christopher Nolan, se ha dado el relevo al hombre común y desenfadado de los Iron Man, Guardianes de la Galaxia y, recientemente, todavía en un paso más allá, Deadpool.

El recorrido que traza Zebraman nace de las tokusatsu –películas o, en este caso, teleseries de fantasía, ciencia ficción, y acción que tienen en los efectos especiales su razón de ser, como podrían ser Ultraman, Bioman o los Power Rangers– para, mediante su caricaturización, regresar de nuevo a la calidez de su seno, nostálgica y realizadora frente a la frialdad y la hostilidad del mundo interior. Y es que el guion de la obra camina paralelo a los guiones sobre los que se construía la imaginaria Zebraman, serie de culto para el protagonista, al estilo del conocimiento del cine de terror que les servía a los personajes de Scream 2 para predecir los movimientos del villano a fuerza de clichés identificados por el fan, o de la traviesa alegoría acerca de la construcción y el disfrute de este mismo género en La cabaña del bosque.

            Dentro del alucinado, no demasiado coherente y a ratos un poco espeso argumento del filme –un pusilánime maestro de escuela que lucha contra una invasión alienígena en Yokohama travistiéndose con el traje del héroe televisivo de su infancia-, confluyen numerosos elementos clásicos –el desencanto de la vida adulta, el agresivo patetismo de la cotidianeidad; la familia encontrada, el descubrimiento del destino personal-. Mimbres dramáticos fundacionales –el disfraz como verdadera identidad, en resumen- que hallan un interesante punto de distinción gracias a su encauzamiento y desarrollo gracias a esta lectura metalingüística que, a la postre, se erige en una defensa de la necesidad existencial de ese estado de ilusión transitoria, pero absolutamente poderosa e incluso inspiradora, que es capaz de insuflar la ficción.

Un universo mágico que, de este modo, imprime su huella sobre la anodina realidad a través de la voluntad entusiasta del fan y donde, como insisten a decirle al héroe improvisado de la función, “todo es posible”.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 5,9.

Nota del blog: 6,5.

Quemar después de leer

3 Abr

“La estupidez es infinitamente más fascinante que la inteligencia. La inteligencia tiene sus límites, la estupidez no.”

Claude Chabrol

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Quemar después de leer

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Quemar después de leer

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Año: 2006.

Directores: Joel Coen, Ethan Coen.

Reparto: Frances McDormand, George Clooney, John Malkovich, Brad Pitt, Tilda Swinton, Richard Jenkins, Elizabeth Marvel, Oleg Krupa, J.K. Simmons.

Tráiler

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            “¡Aquí parece que follan todos con todos!”, exclama perplejo un oficial de la CIA cuando trata de explicarle a su superior el tremendo embrollo en el que se ha convertido la trama de Quemar después de leer. “Vuelve a informarme cuando algo de esto tenga sentido”, le responde su jefe, todavía más desconcertado ante estos hechos y la conexión que, aparentemente, parece encadenarlos a lo largo de una espiral delirante.

Da cuerpo a Quemar después de leer ese recurrente efecto bola de nieve coeniano que, a partir de una mezquindad nimia, desencadena una tormenta de consecuencias que sobrepasa en mucho las capacidades de aquellos que se ven arrastrados por ella. Es decir, esa misma situación que, entre otros, en Sangre fácil convertía un supuesto ejercicio de suspense criminal en comedia absurda con una venganza por cuernos como semilla, que en Fargo conducía a la perdición a un inútil vendedor de coches que intentaba librarse de la asfixia de su suegro secuestrando inocentemente a su propia cónyuge o que en El gran Lebowski zarandeaba al pobre Nota de un lado a otro de Los Ángeles, en medio de una trama hitchcockiana, en busca de una alfombra que daba ambiente a la casa.

Un artefacto que, en definitiva, va rotando paulatinamente hasta apuntar ese mismo absurdo desmitificador hacia la esencia de los Estados Unidos, en esta ocasión concentrados bajo la sombra de otro icono más: las oficinas de la Agencia Central de Espionaje en Langley, Virginia. Y, a la par, los cáusticos hermanos se embarcan en el desmantelamiento del thriller de espías empleando para ello sus propias armas –la ambientación, la música, los retorcidos giros de guion-.

            Esta vez, el precipitante que incendia por completo la anodina vida de los personajes es la obsesión de Linda Litzke (Frances McDormand), la solterona empleada de un gimnasio local, por realizarse varias operaciones de cirugía estética. Un deseo trabado por la falta de dinero que choca de frente con la frustración y el alcoholismo del recién despedido agente de codificación en el sector balcánico Osborne Cox (John Malkovich), plasmado en unas memorias sobre sus misiones en la CIA que, caprichos del destino y de los cineastas, acaban en manos de una panda de merluzos.

En el núcleo de Quemar después de leer residen por tanto conceptos como el culto al cuerpo, el infantilismo del pensamiento positivo, la avidez materialista, la egolatría burguesa, la falacia del matrimonio o el desengaño frente a la cultura del éxito,… a través de los cuales se caricaturiza este modelo de sociedad americana construida sobre la idiocia, tan peligrosa para uno mismo como para sus semejantes –como ejemplifica el apocado responsable del gimnasio (Richard Jenkins), a priori el más sensato, impulsado incluso por ideales nobles como el amor, y a la postre el más patético de todos, por ser el más apegado a la realidad y en el que más se puede reconocer el espectador medio-.

            Aunque también trabajados al detalle, sus resultados, en cualquier caso, distan mucho de la pluscuamperfecta El gran Lebowski, donde todo funcionaba con precisión de relojería. La comedia de enredo se enreda en el exceso y se mete en un atolladero de donde sale con muchísimas dificultades, provocando que el equilibrio humorístico y argumental del filme se resienta a pesar de los esfuerzos de su estelar elenco. El incendio desatado se enfría en las idas y venidas de los personajes y el punch cómico de la película pierde fuelle, ahogado un tanto por el cúmulo de locuras e insensateces soportado. Incluso el humor negrísimo del cierre irrumpe ya demasiado a contrapié, dadas las circunstancias.

             “¿Qué coño hemos aprendido, Palmer?”, se termina interrogando el alto mando de la CIA, también abrumado por la violencia vitriólica y descontrolada de la trama.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 6.

¡Ave, César!

21 Feb

“Ser director de un estudio de cine es mejor que ser chulo en un burdel.”

Harry Cohn

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¡Ave, César!

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¡Ave, César!

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Año: 2016.

Directores: Joel Coen, Ethan Coen.

Reparto: Josh Brolin, George Clooney, Alden Ehrenreich, Ralph Fiennes, Scarlett Johansson, Jonah Hill, Tilda Swinton, Channing Tatum, Frances McDormand, Headen Goldenhersh, Max Baker, Veronica Osorio, Christopher Lambert, Michael Gambon.

Tráiler

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            Joel y Ethan Coen son unos cineastas absolutamente mordaces cuando diseccionan la sociedad estadounidense caricaturizándola mediante el filtro de distintos géneros cinematográficosel noir, el drama social capriano, el policiaco rural, la intriga hitchcockiana, el musical sureño, el drama existencial, el drama de superación personal en pos del sueño americano,…-;  filtros que, en paralelo, retuercen hasta extraer de ellos esa esencia absurda la cual, parecen indicar, hermana a la realidad del hombre contemporáneo con los pedazos de celuloide que tratan de reproducirla, interpretarla o sublimarla.

Es curioso por tanto que en las ocasiones donde priman los elementos puros de la comediaCrueldad intolerable, Ladykillers, Quemar después de leer,…- los Coen no encuentren con la misma precisión el pulso del relato –con la salvedad de El gran Lebowski, por supuesto- y se merme su potencial subversivo.

            ¡Ave, César! es, posiblemente, la menos inspirada de todas estas comedias fallidas, y eso que aquí existencia y cine conforman un ente indivisible incluso desde la perspectiva del espectador, dado que, con frecuencia, los directores expresarán en pantalla la ficción que se filma en los rodajes sin distinguirla de la ficción que acontece en su exterior –es significativo aquí el empleo del narrador omnisciente, tradicional en su filmografía-.

Los Coen parecen querer completar con este filme su visión personal de Hollywood –la  fábrica de los sueños, otro mito propagandístico a derribar- emprendida con la apocalíptica y surrealista Barton Fink, compendio de lamentaciones del guionista comprometido con el arte y las ideas e inevitablemente sometido a la tiranía del Gargantúa californiano. De hecho, no costaría esfuerzo imaginar al atribulado Fink como parte del grupo de guionistas-secuestradores que, en la aquí comentada, han abrazado el comunismo por puro rencor hacia la cicatera remuneración de los grandes estudios -así como, secundariamente, por su defensa de aquel “hombre común” para el que Fink pretendía crear un teatro completamente renovado y “vivo”-.

            De esta forma, ¡Ave, César! aspiraría a ofrecer un retrato coral del Hollywood de los años cincuenta y su esquizofrenia entre las producciones de fasto y la opresión hacia la disidencia política en el contexto de uno de los puntos más calientes de la Guerra Fría. Pero, en vez de eso, la película termina por entregar una colección de escenas deslavazadas que, sin éxito, se intentan enhebrar por medio de la figura de Eddie Mannix (Josh Brolin), factótum de la major Capitol Pictures –otro hilo de conexión con Barton Fink-. Sus paseos por los platós, las oficinas, las avenidas y las callejuelas de Los Ángeles para desfacer los entuertos en los que se meten sus veleidosas divas -en especial en pos de resolver el rapto del actor Baird Whitlock (George Clooney)- son la endeble argamasa con la que los Coen agolpan una multitud de estrellas del presente que, a su vez, emulan sombras estelares del pasado –Tyrone Power, Gene Kelly, George CukorEsther Williams, Roy RodgersCarmen MirandaLouella Parsons y Hedda Hopper, el propio Eddie Mannix,…-.

Y solamente eso son: sombras. Pese a que alguno logra despertar simpatía –el entrañable vaquero Hobie Doyle (Alden Ehrenreich)-, en su inmensa mayoría no poseen siquiera entidad como personaje, ni su participación en el libreto les conduce a ellos o a la trama a ninguna parte, diluidos además en un argumento difuso, escasamente desarrollado y en el que se filtran ideas puntuales, poco más que formuladas, a propósito del sometimiento del creador de historias dentro del engranaje colosal de la industria o de la capacidad del séptimo arte para saciar la necesidad de fantasía del espíritu humano, con radical independencia frente a cualquier corriente ideológica en boga.

            Entretenidos en elaborar deslumbrantes piezas-homenaje a cada género correspondiente –el western familiar, el musical, el melodrama, el drama bíblico,…- hasta se diría que la marcada personalidad de los Coen se difumina como nunca antes les había sucedido, abrazados, sin desdeñar el sentido paródico, a la nostalgia cálida por el cine clásico y sus fastuosos métodos -otra faceta de su magia-, leit motiv exclusivo de una función sostenida por un ritmo narrativo fluido y unas contadas chispas de humor que restallan diseminadas por entre el metraje y las caras conocidas.

En ¡Ave, César! el guion es alocado pero no explosiona el fascinante delirio que caracteriza sus mejores obras, y apenas se saborea su vitriolo desengañado –por ejemplo, si la trama de Quemar de después de leer tampoco conducía a ningún lado era en aquel caso con objetivo de desnudar el terrible absurdo de personajes, sociedad, instituciones y convenciones cinematográficas-.

Un Coen menor.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 5,9.

Nota del blog: 6.

Right Now, Wrong Then

1 Dic

“Es muy curiosa la vida, es como las películas, a veces intentas hacer una comedia y te sale un drama.”

Fernando Trueba

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Right Now, Wrong Then

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Right Now, Wrong Then

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Año: 2015.

Director: Sang-soo Hong.

Reparto: Jae-yeong Jeong, Min-hee Kim.

Tráiler

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            De vez en cuando aparecen en la red experimentos diseñados por aficionados al séptimo arte y con ganas de divertirse a costa de películas muy populares. Se trata de juegos irreverentes con los códigos y los tópicos del cine que, alterados o revertidos desde el conocimiento elemental de las convenciones narrativas, pueden servir para dar por completo la vuelta a las intenciones originales de estos filmes. Ahí tienen por ejemplo ese vídeo que recomponía los fotogramas de Mary Poppins hasta pergeñar el perfecto tráiler de una película de terror. Ya se sabe, en el cine es tan importante el qué se cuenta como la forma en que se cuenta.

Algo de eso enseñaba el maestro Alfred Hitchcock -un superdotado a la hora de despertar todo tipo de sensaciones en el espectador a partir de los recursos del cine-, en otro vídeo bastante conocido en el que explica, con él de impagable protagonista, el denominado efecto Kuleshov, basado en el empleo expresivo del montaje.

En definitiva, el estilo y la técnica son piedras angulares en la composición de una obra cinematográfica, capitales en la configuración no solo de su estética, sino fundamentalmente de la semántica de su narración y, en consecuencia, del mensaje que transmite. La utilización de los mismos puede tornar una historia solemne en una parodia; así como unos hechos a priori cómicos en un drama terrible.

            A través de una suerte de estructura rashomoniana, el cineasta surcoreano Sang-soo Hong aplica en Right Now, Wrong Then –aproximadamente, “acertado ahora; equivocado luego”- dos estilos, dos tonos y dos perspectivas distintas sobre un relato prácticamente idéntico –un director de cine que, durante un viaje fugaz para participar en un festival, se enamora de una muchacha local-. La primera, posee la apariencia de una comedia romántica para, con el devenir de los acontecimientos, evolucionar hacia regiones un tanto más dramáticas. La segunda, una variación casi especular respecto a la anterior, nace con el aspecto de un drama romántico que, poco a poco, se desliza hacia la comedia.

            Right Now, Wrong Then es un ensayo metalingüístico acerca del poder de las decisiones. Pero la obra no se reduce a este marco reflexivo o didáctico. Por fortuna, la experimentación se acompaña sabiamente de una vertiente narrativa fresca y tierna, gracias a la cual el espectador que considerara que estas indagaciones teóricas solo pertenecen a las escuelas de cine también puede encontrar motivos de interés, como ese retrato patético y reconocible del cortejo humano arropado por una atmósfera de irónico y autoconsciente aspecto naif a causa de la banda sonora y unos movimientos de cámara muy evidentes.

            De esta manera, esta exploración a propósito de la relevancia de las decisiones se traspasa del arte a la vida en un ejercicio semejante al que desarrollaba el belga Jaco van Dormael en Las vidas posibles de Mr. Nobody, aunque sin su fatigante aparatosidad; más simpático y natural.

Ganadora en Locarno y Gijón.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7,5.

Rey Gitano

29 Jul

“¿Necesitamos la comedia para sobrevivir a la dura realidad? Más bien la realidad ya nos proporciona la comedia preparada para consumir.”

Borja Cobeaga

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Rey Gitano

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Rey Gitano

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Año: 2015.

Director: Juanma Bajo Ulloa.

Reparto: Karra Elejalde, Manuel Manquiña, Arturo Valls, María León, Albert Pla, Rosa María Sardá, Charo López, Santiago Segura, Gorka Aguinagalde, Pilar Bardem.

Tráiler

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            Es difícil comprender cómo un cineasta independiente, con carácter y personalidad como Juanma Bajo Ulloa ha tardado 11 años –18, si se cuenta como su regreso a la comedia- para volver a la escena estrenando un proyecto como Rey Gitano, que tiene potencial de gamberrismo y mala uva, pero termina por ser una obra bastante ramplona, explotada promocionalmente como las rentas de Airbag, quizás la cinta menos característica de su universo aunque sin duda la más popular y recordada.

            Apegada a la España del momento –o de siempre, advierte con tino el director y guionista-, Rey Gitano resulta una especie de cóctel entre las tiras chuscas de El Jueves y las historietas de Mortadelo y Filemón -quienes por su parte han demostrado su cintura para con la actualidad en su último álbum, El tesorero, básicamente para que la grotesca realidad no le pase por encima y le robe los chistes-. José Mari (Karra Elejalde) y Primitivo (Manuel Manquiña), representantes de las dos Españas reconciliables –recurrente y todavía exitoso caldo de cultivo humorístico, como demostró el taquillazo de Ocho apellidos vascos-, observan desde sus ojos de perdedores incurables y melancólicos el estado de la nación y, al menos a uno de ellos, el nostálgico Primitivo, le duele España.

            A la caza de ADN regio por órdenes de un supuesto hijo bastardo del rey, estos dos espías dignos de la TIA recorren los callejones casposos de los poderes fácticos al sol y sombra, la decrepitud de la monarquía y los chanchullos del FMI y las potencias hegemónicas, verosímiles en sus tácticas chabacanas y sus tendencia a la farra de putas y drogas –consultar ‘bunga-bunga’ o la sección lores británicos, por ejemplo-.

Hijos de la chapuza typical spanish y el Spain is different, José Mari y Primitivo retornan al ruedo, como peces en el agua, asimilados por un presente unificado a golpe de cutrerío atávico y eterno, la misma carretera que le ha servido a José Luis Torrente para viajar desde la ranciedad del posdesarrollismo hasta las ruinas de una burbuja de ladrillo y boñiga, pasando por milagro económico de papel de plata, orquesta de pueblo y mundial de fúrbol. Aquella sobre la cual, en una autopista de pago paralela, la nobleza de rancio abolengo, no menos nauseabunda bajo sus ropajes de tela fina y sus modales de colegio concertado, ha sabido asimismo subirse al carro de la modernidad trastocando el paradigma tradicional de señorito dueño de su finca por los conceptos matemáticos de patria-empresa que el cine americano contemporáneo acostumbra a plasmar en medio de una avalancha de codicia y banderas estrelladas.

            El fondo de escenario es sólido y aguerrido, pero la mayoría de sus elementos están dibujados a brochazos, transcurren a trompicones y con previsibilidad y apenas se encuentran conectados entre ellos nada más que por el talento cómico de Elejalde y Manquiña, encargados de apuntalar a base de oficio y presencia la pobre arquitectura de la función, acentuada por la anodina puesta en escena del cineasta vitoriano, falta de chispa y de ese punto de fiereza necesario para que prenda definitivamente el polvorín, a excepción de destellos puntuales.

Así, como parte integrante –aunque marginal- de este microcosmos de mugre, corrupción y fluidos, ¿merecían estos pícaros iletrados –y esta película- semejante condescendencia como las que les depara Bajo Ulloa y ser eximidos de sus pecados? En fin, concedámosles una oportunidad de gracia, que la merecen más que toda la fauna que pulula a su alrededor. Porque España –y el mundo por extensión- es una mierda… concluye apesadumbrado Primitivo.

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Nota IMDB: 4,1.

Nota FilmAffinity: 3,5.

Nota del blog: 5.

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