Tag Archives: Palestina

Paradise Now

19 Mar

“Como artista debes pensar en todas las caras de la guerra: en los crímenes bélicos, en los caídos, en las injusticias,…”

Steve McQueen

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Paradise Now

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Paradise Now

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Año: 2005.

Director: Hany Abu-Assad.

Reparto: Kais Nasif, Ali Suliman, Lubna Azabal, Amer Hlehel, Mohammad Bustami, Hiam Abbas.

Filme

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           Paradise Now es una bomba encubierta que, instalada con habilidad, mutila sin misericordia alguna los miembros putrefactos de la resistencia terrorista palestina y de la opresión ejercida sobre Cisjordania y el pueblo palestino por el violento e imperialista estado de Israel.

Con valentía suicida, escudado en la fuerza de su humanidad, Hany Abu-Assad observa con su cámara, calibrada en una amplia gama de colores que descarta el blanco y el negro, las aventuras y desventuras de dos amigos residentes en un campo de refugiados cisjordano que son reclutados para inmolarse en Tel Aviv como represalia por los muertos sufridos a causa de un ataque aéreo israelí. El realizador nazareno, conocedor de la peliaguda coyuntura que se vive en la región, compone un cálido y complejo retrato de dos tipos corrientes que, empujados por las circunstancias, terminan por integrarse como una pieza más en los engranajes del horror que inunda una guerra inacabable.

           Said y Khaled poseen las inquietudes, dudas, virtudes y defectos comunes a cualquier joven de su edad, de cualquier parte del mundo. La película habla de la sangre, los estigmas y las venganzas heredados de generación en generación hasta enquistarse en el hombre como una forma de entender la vida y como paisaje común en su cotidianeidad –la ruinas, las bombas, el martirio, la muerte,…-, las injusticias de una política entregada a la ley del más fuerte, los silencios cobardes del mundo ante los abusos de poder,…

Culpabilidades globales que, no obstante, también poseen acusados particulares, ejemplo de los estereotipos palestinos que guían la rebelión basándose en el sempiterno rencor y la ignorancia endémica –la leyenda bélica que emplea sin miramientos el capital humano a su alcance; el ideólogo repleto de frases huecas sobre deber, lucha y heroísmo: puros eslóganes comerciales y, en un gran hallazgo del filme, comercializados-.

           El arma más demoledora del variopinto arsenal de Abu-Assad no son los parlamentos concienciados y forzadamente discursivos de Suha (Lubna Azabal), representación de una mirada externa y racional al enfrentamiento. El componente que alimenta la carga explosiva del artefacto es, pues, el patetismo. El patetismo consustancial a la existencia humana, que demuele sin piedad los atisbos de épica romántica –sobre todo si como esta se usa de manera flagrantemente ilegítima- y es capaz de reducir toda acción o idea al completo absurdo.

El humor negro, de hecho, parece colonizar sin remedio la primera mitad del metraje, incentivando esa sensación de ridículo creciente que aprisiona al argumento en el sinsentido más atroz, comparable al que descerrajará, ya abalanzado en la comedia cruel, la oportuna cinta británica Four Lions. Y como aquella, se trata de una falsa luminosidad cómica que sirve preparar el altar donde se sacrificará a la esperanza, víctima propiciatoria de cualquier guerra.

           Parte ineludible del conflicto, Paradise Now protagonizaría una agria polémica en la entrega de los Óscar. Vencedora en los Globos de oro bajo bandera Palestina y presentada como tal en la web de los premios de la Academia pese a no ser la candidata designada por un estado soberano –situación que se había admitido antes con los territorios de Puerto Rico (Lo que le pasó a Santiago), Hong Kong (La linterna roja y Adiós a mi concubina) y Taiwán (Tigre y dragón) y que en su día había descartado la propuesta de su compatriota Intervención divina-, Paradise Now finalmente concurriría en el certamen nominada como representante de la “Autoridad Palestina” y luego de “Territorios palestinos” ante las protestas de Abu-Assad, que lo consideró un desprecio manifiesto hacia la identidad nacional palestina por parte de Estados Unidos, tradicional aliado de Israel y que había recibido presiones de varios organismos del país hebreo en este sentido. No obstante, por otro lado, quedan asimismo razones para confiar en el progreso: la Israel Film Fund asumiría el riesgo de distribuir la cinta en Israel.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7,5.

Omar

18 Mar

Continúa el octavo especial de cine asiático de Ultramundo. Después de Un toque de violencia, llega Omar una nueva incursión en los conflictos que desgarran al mundo, si bien dibujado en escala de grises y un acertado sentido de la humanidad. Aquí el original, pertinentemente decorado con fotografías y la esmerada maquetación de los responsables de la web.

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Domingo negro

24 Ago

“Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego.”

Mahatma Gandhi

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Domingo negro

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Domingo negro

Año: 1977.

Director: John Frankenheimer.

Reparto: Robert Shaw, Marthe Keller, Bruce Dern, Fritz Weaver, Steven Keats, Michael V. Gazzo, Bekim Fehmiu.

Tráiler

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            Uno de los aspectos más sugerentes de todo duelo es aquel del enfrentamiento a pecho descubierto entre dos caras de la misma moneda. Dos figuras análogas pero, fruto del azar y las circunstancias, transformadas en opuestos. Su rastro puede apreciarse en casi cualquier mitología y tradición popular: el Bien y el Mal, la creación y la destrucción convertidas en un signo positivo y negativo respectivamente tan solo a causa del punto de vista del observador de turno, una postura frágil y mutable por definición.

            En 1973, Fred Zinnemann, inspirado por el ‘bestseller’ de Frederick Forsyth, llevaba a la pantalla Chacal, película en la que se establecía una deportiva y apasionante contienda entre un pulcro mercenario al servicio del mejor postor y un sobrio funcionario del gobierno especializado en cazar hombres.

Si en aquella el punto de contacto entre ambos rivales quedaba establecido a través de su impecable y minuciosa profesionalidad, en Domingo negro -basada esta vez en la novela de Thomas Harris, una nueva exploración del choque entre las cruentas organizaciones terroristas internacionales y los turbios servicios de antiterrorismo estatales producto directo de las convulsiones de los Juegos Olímpicos de Munich 1972-, la correspondencia que hace casi indistinguibles a héroes (es una manera de hablar) y villanos se construye a partir de su condición común de hijos del trauma.

Pese a las tentaciones épicas del clímax, no nos encontramos en absoluto ante una cinta optimista. Los setenta son una década cínica y decepcionada.

            John Frankenheimer, quien adopta en parte para el filme la estructura de Chacal, describe el recorrido en paralelo de una agente terrorista del Septiembre Negro (Marthe Keller) y un espía del Mosad israelí curtido en mil batallas (Robert Shaw) en su carrera hacia cometer o evitar un sangriento atentado contra una de las arterias socioculturales de los Estados Unidos: la Superbowl.

            El escenario supura pesimismo. La dilatada experiencia de David Kabakov, “La solución final” –irónico apodo para un judío que porta tatuajes de campos de concentración-, el implacable perseguidor, así lo intuye desde su tormento interno. Después de tantos años, asesinar solo le ha deparado las mismas guerras, los mismos enemigos, los mismos muertos.

Como decíamos, al igual que el propio Kabakov –su posible cautiverio en la Segunda Guerra Mundial, la herida abierta de la muerte de sus familiares, que se percibe violenta-, sus despiadados contrincantes son también mártires del monstruo humano.

Ella, una huérfana y exiliada de guerra, con sus padres asesinados y su hermana violada durante la expansión del Estado de Israel en Palestina -“es su creación”, le espetarán con sarcasmo a Kabakov-. Por su parte, el brazo ejecutor de sus cruentos planes es un renegado estadounidense (Bruce Dern) al que domina mediante calculadas artes de mujer fatal, y que encuentra su motivación en el rencor y la psicosis provocada por sus años de cautiverio en la Guerra de Vietnam, exacerbado además por el desprecio a su condición de veterano y héroe de guerra –empezando por su familia inmediata- una vez retornado a su país.

En definitiva, tres partes intercambiables de un círculo irreparable de desgracia y fatalidad.

            La citada narración paralela de ambas tramas, destinadas a confluir y explosionar en el desenlace, alimenta dicha sensación de semejanza, impulsada incluso por la reciprocidad de la metodología y los procedimientos, reconocidos y experimentados por igual desde uno y otro lado. La mezcla y contraste entre el magnetismo físico de Keller y el característico aspecto hosco de Shaw funcionan a la perfección para refrendar esa perturbadora ambigüedad que rodea a la película.

Con el estilo seco y tono taciturno identificativo del cine de espías de la época, Domingo negro traza asimismo otro pequeño círculo, aquel en el que se inserta la redención de Kabakov a partir de un error derivado de sus nuevos escrúpulos, la disipación de sus dilemas a la hora de apretar el gatillo gracias a la traslación de su cometido a una nueva dimensión personal -la de una venganza fresca y renovada-, que redunda una vez más en esa idea de destino repetitivo, funesto e inapelable que, por extensión, comprende a la humanidad por completo.

Que el relato decida agarrarse a esta última vertiente y, en aras de aumentar su espectro de audiencia, la emplee para componer un final de abierta espectacularidad, más próximo al cine catastrófico que por entonces arrasaba en las taquillas, supone en cierta manera la traición de su hastiado, borrascoso y atinado discurso precedente, toda vez que además acaba por plantear una abierta burla a los timoratos remilgos del FBI, representado por el agente especial Corley (Fritz Weaver), y su celoso respeto a la legalidad.

            Aparte de este factor argumental, la película acusa sobre todo el abultado volumen del metraje, superior a los 140 minutos, especialmente alargado en una conclusión llena de escenas abrumadoras –sobre todo aquellas del estadio-, aunque un tanto extenuante.

No obstante, Frankenheimer demuestra su nervio a la hora de controlar la tensión y los códigos del thriller, campo en el que fue consumado experto, lo que ayuda a construir una obra cuya agresividad explícita e introspectiva –e incluso su modernidad- resulta más impactante cuanto menos aderezo enfático contiene.

 

Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 7,5.

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