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El sacrificio de un ciervo sagrado

16 Dic

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Año: 2017.

Director: Yorgos Lanthimos.

Reparto: Colin Farrell, Barry Keoghan, Nicole Kidman, Raffey Cassidy, Sunny Suljic, Bill Camp, Alicia Silverstone.

Tráiler

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          Mientras su carrera se internacionaliza a cada paso, el ateniense Yorgos Lanthimos se pone ‘nacionalista’ y prosigue su hostil disección de la sociedad poscontemporánea retrotrayéndose esta vez a la tragedia griega, seminal laboratorio de análisis de los conflictos de la condición humana, repleta de dilemas entre las pulsiones personales, las responsabilidades colectivas y los condicionantes externos.

          Desde un título que remite a Eurípides -subrayado más tarde en un diálogo-, poeta fascinado por las pasiones, las virtudes y las dobleces del hombre, El sacrificio de un ciervo sagrado se sirve de un elemento desestabilizador -una figura primero incómoda y luego amenazadora, que adquiere un aura casi sobrenatural-, para encaminar a sus protagonistas y al espectador hacia una encrucijada cuyo camino proviene de un pecado del pasado y que se enfrenta a una disyuntiva terrible en forma de ofrenda de sangre redentora.

Lanthimos envuelve su tragedia en una atmósfera aséptica y mortecina, acorde a la trivialidad vacía de los diálogos, al escaso contacto emocional de sus personajes -médicos que paradójicamente se dedican al análisis, la evaluación y la intervención literal en las entrañas- y a las cualidades interpretativas (Colin Farrel) o la apariencia física (Nicole Kidman, Barry Keoghan) del elenco; con escenarios colosales de una simetría marcadamente simétrica y regular, y una partitura musical que apenas son registros sonoros.

          El sacrificio de un ciervo sagrado es como una pesadilla fría, un planteamiento irracional que hace aflorar las miserias de estas criaturas desorientadas y de la comunidad en la que viven -la depredación, la imposición o la irresponsabilidad hacia el prójimo, incluso dentro de la propia familia; el simple instinto de supervivencia-, desde una escritura conceptual que, en su misterio metafísico y su tono de thriller, recuerda en cierta manera a la que empleaba Michael Haneke en Caché (Escondido), si bien con palpables dosis de ironía y patetismo.

Cáustica y terrible en su mirada hacia el individuo actual como ser presuntamente gregario -desde el compañerismo profesional hasta la institución familiar-, el surrealismo de Lanthimos provoca que una sensación malsana domine por completo el metraje. Pero, por otro lado, también se muestra un tanto ensimismado y hace que la evolución del argumento se espese o redunde en demasía.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 6,5.

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Anomalisa

26 Mar

“Todos somos científicos locos y la vida es nuestro laboratorio.”

David Cronenberg

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Anomalisa

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Anomalisa

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Año: 2015.

Directores: Charlie Kaufman, Duke Johnson.

Reparto: David Thewlis, Jennifer Jason Leigh, Tom Noonan.

Tráiler

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            La humanidad y la sociedad retratadas por Charlie Kaufman, ya sea como guionista o también como director, están dominadas por el desconcierto y el desencanto frente a las normas establecidas, el trazado de hipersensible de relaciones anticonvencionales y complejas, y la permanente búsqueda del sentido de ese enigma sorprendente y aterrador que supone el hecho de estar vivo.

Anomalisa, su segunda película para el cine como realizador después de la ambiciosísima Synecdoche, New York –una pretensión de capturar el milagro mismo de la vida entremezclada con la fantasía metaficcional-, parte de un escenario sonoro que se hace materia a través de marionetas y animación stop motion gracias a la colaboración de Duke Johnson. Una significativa metáfora de base –no maneja alegorías sutiles el filme, quizás por ese origen limitado a los sonidos-, adelantada en ejemplos precedentes de su filmografía –Cómo ser John Malkovich– y sobre la que se narra la imposible huida frente a todo de un experto en motivación y autoayuda que, paradójicamente, es incapaz de sacarse a sí mismo del oscuro pozo psicológico en el que pena sus días.

            El Michael Stone de Anomalisa (David Thewlis) es un extranjero en medio de sus congéneres, muy semejante al Bob Harris de Lost in Traslation, una cinta donde el exotismo marciano de Japón potenciaba la profunda sensación de aislamiento, alienación y desarraigo del protagonista. Pero el lugar es indiferente, porque bien valdría para ambientar la obra la Suecia sombría de Ingmar Bergman. En Anomalisa no hace falta recurrir a los neones y los karaokes de Tokio, sino que el argumento está ambientado en Cincinnati, de por sí una localización anodina. O, más en concreto, en un no-lugar por antonomasia: un hotel, aséptico y homogeneizado para el confort impersonal de una clientela indefinida.

            Esta idea de gente sin rostro –o con la máscara uniformadora que impone la vida en comunidad- y que solo habla por hablar –todos con la misma voz, todos uno-, es una de las principales premisas con las que Anomalisa arremete contra una sociedad contemporánea estandarizada, deshumanizada, limitadora y castradora que rechaza de pleno la divergencia crítica y voluntaria, así como la búsqueda de caminos alternativos hacia la realización personal –la pesadilla-. Un concepto que quedará plasmado en la inexpresiva sencillez de las facciones de los muñecos y en la subactuación de voz de Tom Noonan, igualadora para todos ellos independientemente de su sexo o su condición.

De este modo, Kaufman prepara un terreno grisáceo, monocorde y depresivo donde la voz de Lisa, prestada por Jennifer Jason Leigh, penetra como un resplandeciente y revolucionario rayo de sol: la necesidad de una anomalía idealizada que remueva el interior marchito, manifestado en secuencias cargadas de electricidad emocional, caso de una sorprendentemente conmovedora interpretación del Girls Just Want To Have Fun de Cyndi Lauper, nada menos, y sus secuelas posteriores.

            Sin embargo, Kaufman no crea un discurso victimista o que se regodee en la autoconmiseración del marginal vulnerable e incomprendido por el resto de borregos que, considera, son sus compañeros de especie. La desesperada mirada del filme pertenece a su protagonista en exclusiva, sí, pero asimismo se le cuestiona –el eterno desengaño romántico, el diálogo con la esposa, el cambio de perspectiva que arroja la última escena-. Por más que uno pueda percibir e incluso compartir con plenitud el hastío de su espíritu, repleto de miedo, frustración y soledad, éste no tiene por qué estar en lo cierto. Depende de cada cual indagar en pos de respuestas propias, si acaso las hubiera, dentro de este misterio abisal que es la existencia.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 8.

La habitación

29 Feb

“Los premios son una tontería. Creo que enfrentan a gente buena, con talento, y no hacen más que herir a aquellos que no lo obtienen.”

Dustin Hoffman

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La habitación

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La habitación

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Año: 2015.

Director: Lenny Abrahamson.

Reparto: Jacob Tremblay, Brie Larson, Sean Bridgers, Joan Allen, Tom McCamus, William H. Macy.

Tráiler

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            Reflejar la oscuridad más terrible de la naturaleza humana desde los ojos (idealizadamente) prístinos e inocentes de la infancia es un recurso tradicional del cine melodramático, el cual además se emplea habitualmente con intenciones chantajistas.

La habitación arranca como si fuese un videoclip idílico, intermediado por los ojos eternamente sorprendidos de un niño que trata de descubrir la vida. En este caso, el atroz contraste parte del suceso que enseguida se desvela: donde el chaval ve un microcosmos repleto de misterios y magia –idéntico al de cualquier otro niño de cinco años-, se esconde en realidad el secuestro y la constante violación a la que se ve sometida su madre e, inconscientemente, él mismo. Una historia, en resumen, con ecos de crónicas negras como la del monstruo de Amstetten, narrada entonces por uno de sus hijos-víctima.

            No obstante, la película de Lenny Abrahamson no es tanto un cuento de ogros como podría serlo La noche del cazador, sino que prima en especial su discurso de sustrato universal y pretensiones inspiradoras a propósito de la reconstrucción de las profundas heridas que la vida abre en el interior de uno. Una apertura al mundo y un proceso de maduración frente a su maravilla y su hostilidad que, por tanto, no está excesivamente alejado de su anterior Frank, puesto que, en efecto, la prisión que atenaza a los protagonistas de La habitación trasciende el cobertizo donde penan su encierro, de igual manera que aquel frágil genio de la música vivía encerrado en una enorme cabeza de papel maché. La plasticidad de la mente infantil para cicatrizar y asumir las heridas, que señalarán en la presente.

Con todo, el filme está bastante más logrado en su faceta de intriga –el arrollador dibujo del secuestro y su resolución, el violento choque entre la consciencia de la madre y la fantasía de su hijo, la intensidad de Brie Larson, la tensión narrativa de Abrahamson- que en la de drama humano. En esta última se aprecia cierto simplismo en el tratamiento y la evolución psicológica de los personajes, dado que son las herramientas con las que el relato traza un recorrido que se percibe muy pautado y aun así disperso, con escasa naturalidad y profundidad –confundida ésta con extensión de metraje-, si bien consigue introducir interesantes matices –el cuestionamiento de las decisiones de ella-.

            En este particular se enmarca el eterno problema de las películas con niño y la imperiosa necesidad de que éste consiga el favor del público –cuya respuesta dejaremos al albur de cada cual, ya que además en mi caso la vi doblada-, amén de la dificultad que supone hacerle verosímil en sus particulares procesos mentales. Del mismo modo que el resto de la obra, y en paralelo a la manifestación a las claras de la citada tentación chantajista que implica la mirada infantil, este personaje y su perspectiva -cada vez más dominante al difuminarse la dualidad antes compartida con la progenitora-, que ya podía sonar un tanto cursi de inicio, va perdiendo credibilidad conforme trata de componer esta exploración psicosociológica acerca de las cárceles que construyen las convenciones sociales -al estilo de El pequeño salvaje o El enigma de Gaspar Hausery que coartan los afectos innatos de la persona.

Óscar a la mejor actriz principal para Larson.

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Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 6.

Extraños en el paraíso

1 Feb

Segunda toma de Jim Jarmusch para Ultramundo. Impulsado por las herencias temáticas y materiales de sus maestros, el cineasta arranca su itinerario del desarraigo y la desorientación en busca de un paraíso que quién sabe siquiera si existe… La road movie de un no-viaje.

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The Kings of Summer

21 Ene

“La adolescencia es un viaje en el que nadie debería ser penalizado por ser diferente. Debes encontrar tu lugar. Y eso, para mí, es sinónimo de libertad.” 

Elle Fanning

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The Kings of Summer

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The Kings of Summer.

Año: 2013.

Director: Jordan Vogts-Roberts.

Reparto: Nick Robinson, Gabriel Basso, Moisés Arias, Nick Offerman, Erin Moriarty, Megan Mullally, Marc Evan Jackson, Alison Brie, Eugene Cordero.

Tráiler

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            En estos insoportables tiempos de Crepúsculos, Juegos del hambre, Divergentes y demás sagas taciturnas y enfurruñadas sobre la figura del adolescente erigido en ese mesías providencial, épico y romántico que en su egocéntrico fuero interno cree que es, qué refrescante y divertido es encontrarse en cambio con películas como Supersalidos o The Kings of Summer. Pequeñas obras que, desde la sencillez y sin tomarse demasiado en serio -tal y como mandan los cánones de un periodo existencial particularmente tragicómico-, captan con irresistible encanto la agonía y la duda existencial de la pubertad.

            El debutante en el guion Chris Galletta, habitual productor de late shows, y el debutante en la dirección de largometrajes para la gran pantalla Jordan Vogts-Roberts, habitual de series televisivas de humor, se sumergen con frescura y originalidad en un el tópico del rito iniciático que convierte al niño en hombre, sección “el verano decisivo de nuestras vidas”. Un rito de paso escenificado en esta ocasión en una cabaña en medio del bosque donde tres amigos se proponen independizarse de sus atosigantes progenitores retornando a la rústica, frugal y honesta pureza de la vida en contacto con lo natural –clásico de la idiosincrasia americana donde los haya-.

            The Kings of Summer se suma al espíritu vitalista, imaginativo y gamberro de su protagonista para construir una película que describe la inevitable fractura generacional entre padres e hijos y las inquietudes amorosas que brotan de las hormonas desatadas por el monstruoso crecimiento que se produce en esta fase biológica.

De este modo, acordes al libreto de la obra, las imágenes transmiten el olvidado deseo de aventura sin límites del que aún gozan sus (por desgracia) insólitos personajes mientras que, siguiendo esta idea, hacen gala de un tono abiertamente desenfadado y sarcástico que plasma con la debida exuberancia esa concepción idealizada de la libertad –el soleado esteticismo de las escenas campestres- dentro de un mundo huérfano de romanticismo –las praderas de bisontes transformadas en un Boston Market-. Al mismo tiempo, con loable honradez, el relato nunca pierde de vista el bochornoso patetismo de la condición del adolescente, extensible en este caso a las marcianas criaturas adultas que lo rodean.

            Es cierto que, en ocasiones, la cinta fuerza con brusquedad la irrupción del humor absurdo, por lo general a través del estrambótico Biaggio. No obstante, el entrañable aspecto de Moisés Arias y la calidad de algunas de sus ocurrencias permiten que se consienta con gusto estas puntuales salidas de madre y se incorporen con coherencia al conjunto de una película muy disfrutable en su guasona comicidad sin complejos y su insobornable ánimo soñador y entusiasta.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7.

Los idus de marzo

22 Dic

“El peligro está en que nos basamos en la imagen a la hora de elegir un presidente. Su popularidad como estrella en los medios de comunicación de convierte en algo más importante que los hechos.”

Jack Nicholson

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Los idus de marzo

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Los idus de marzo.

Año: 2011.

Director: George Clooney.

Reparto: Ryan Gosling, George Clooney, Philip Seymour Hoffman, Paul Giamatti, Evan Rachel Wood, Marisa Tomei, Jeffrey Wright, Max Minghella.

Tráiler

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            Sea desde la libre elección de papeles privilegiada por su estatus de estrella (Fail Safe, Syriana, Michael Clayton, Quemar después de leer, Up in the Air, Los hombres que miraban fijamente a las cabras), sea desde la silla del productor (Fail Safe, Syriana, Michael Clayton, ¡El soplón!, Argo), sea por medio de sus incursiones en el campo de la realización (Confesiones de una mente peligrosa, Buenas noches y buena suerte) y dejando aparte por supuesto sus actos públicos, George Clooney ofrece uno de los rostros visibles del compromiso liberal y democrático de Hollywood, heredero directo de la corriente ética, social y política que había constituido aquella generación de la televisión nacida de entre los rescoldos del abyecto macarthismo (precisamente recuperadas para la memoria por el propio Clooney en Buenas noches y buena suerte).

            Los idus de marzo prorroga y consolida esta vocación de conciencia ciudadana por medio de la ilustración del camino de decepción personal, fruto del traumático choque con la realidad, de un idealista director de campaña (Ryan Gosling), en nómina de un aspirante a candidato presidencial por el Partido Demócrata –cuestión aquí de escasa relevancia, a excepción de un par de consignas que servirán para definir el talante del político en cuestión-.

Clooney presenta a la política americana como un simple proceso publicitario determinado por cuidadosos cálculos probabilísticos, emprendido en insalubres despachos y guerras sucias entre bambalinas. Un escenario oscurecido por los brillantes focos del teatro/espectáculo político y, acorde a su naturaleza tenebrosa y oculta, indiferente a principios morales, humanos e incluso políticos, tal y como expresa esa escena en la que el montaje combina un grandilocuente y atinado discurso sobre economía y terrorismo junto con las pequeñas y mezquinas pugnas organizativas que se discuten entre cuchicheos, al amparo del telón.

No es casualidad que esta batalla épica por el poder tenga lugar en unas elecciones primarias; es decir, entre representantes de un mismo grupo parlamentario.

             El guion -inspirado por un drama teatral de Beau Willimon y apuntalado por el propio autor en compañía de Clooney y Grant Heslov, su colaborador de confianza en múltiples proyectos-, abunda en la imposibilidad de trazar líneas rojas en la arena política, en la inevitabilidad del pacto con el diablo, en la constante e irreconciliable contradicción entre pragmatismo e idealismo y el sacrificio de la integridad y la dignidad en aras de un objetivo quién sabe si más elevado o tan solo egoísta. Cuestiones que, merced a las aristas de su tratamiento, garantizan el debate posterior al visionado.

En efecto, destaca su veraz estudio de caracteres, retratos poliédricos y complejos que empiezan por su protagonista, del cual es difícil saber con certeza si obra por convicciones, ambición, despecho, desilusión,… La excelencia del reparto supone aquí un valor añadido.

            En cambio, al restringir su temática al aspecto digamos ‘formal’ de la política –el frívolo proceso publicitario al que aludíamos-, en vez de intentar lanzar cargas de profundidad en el conflicto moral entre el fin político y los medios para llegar a él Tempestad sobre Washington, Lincoln-, es inevitable que, para cualquiera que haya tenido la oportunidad de deleitarse con The Wire, ese monumental fresco sobre la sociedad contemporánea, Los idus de marzo resulte en odiosa comparación –e injusta, dados los cómodos márgenes de espacio que ostenta una serie- una película un tanto forzada y tremendista en su giro argumental y no del todo redonda o completa en su conjunto.

            No obstante, permanece como un filme estimable e interesante; con más calado que la necesaria pero liviana Buenas noches y buena suerte y más equilibrada y fluida que Confesiones de una mente peligrosa.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7.

Mata al irlandés

12 Abr

“Veinte años después de los tiempos en que un irlandés no podía conseguir trabajo, ya teníamos un Presidente.”

Frank Costello (Infiltrados)

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Mata al irlandés

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Mata al irlandés

Año: 2011.

Director: Jonathan Hansleigh.

Reparto: Ray Stevenson, Val Kilmer, Vincent D’Onofrio, Christopher Walken, Marcus Thomas, Linda Cardellini, Laura Ramsey, Fionnula Flanagan, Steve Schirripa, Vinnie Jones, Robert Davi.

Tráiler

 

 

            Hace unos días, un ciudadano de Vilagarcía de Arousa, el enclave por excelencia del narcotráfico en Galicia, reconocía ante las cámaras de televisión que, en la década de los ochenta, años de auge del contrabando de tabaco y droga, la figura del mafioso era aceptada y bien valorada por buena parte de la población dada su aportación de riqueza y trabajo a la comunidad. Una idea esta que casa con el carácter primigenio de la Cosa Nostra siciliana, un Estado paralelo que proporcionaba protección a sus ‘súbditos’ frente a la arbitrariedad y los caprichos del Estado auténtico.

Como se extrae de estas premisas, el mafioso es, en ciertos casos, una figura problemática y ambigua, benefactor o criminal según el ángulo desde donde se le mire.

             Uno de estos aislados modelos podría ser Danny Greene, sindicalista y gángster del Cleveland de los años setenta, propenso a ir por libre dentro de una estructura tan regularizada y jerarquizada como es la del crimen organizado, y desencadenante de la postrera disolución y detención de numerosas ramificaciones de dicho ente.

Tan atractivo personaje, una especie de héroe popular en el estado de Ohio, exigía a gritos una película, cosa que el guionista y director Jonathan Hansleigh materializa tomando como punto de partida el libro de Rick Porrelo Matar al  irlandés: La guerra que mutiló la mafia.

             Mata al irlandés demuestra que Hansleigh ha estudiado con profusión la obra de Martin Scorsese. La película escribe la crónica del ascenso(s), caída(s) y (apunte de) redención de un individuo carismático en el incierto, cruento y próspero submundo de la mafia local.

Narrada a salto de mata, con ritmo apresurado en el recorrido de la biografía de Greene y con un reparto poblado de caras interesantes, encabezado por un actor competente y desaprovechado como Ray Stevenson, la pobreza de Mata al irlandés en comparación con el cine de gángsters de Scorsese no se aprecia en el presupuesto o en la dirección -bastante solvente, aunque sin alcanzar la maestría del autor neoyorkino, por supuesto y apropiándose de recursos como la discordancia entre música y violencia-.

La pobreza del filme, decíamos, sale a relucir en el guion.

             Por lo general, el libreto firmado por el propio Hansleigh en colaboración con Jeremy Walters, montajista de programas de telerrealidad y debutante en estos menesteres, no consigue dotar de profundidad al estudio del personaje, ante el que además tiende a mostrarse un tanto servicial. Al filme le falta conflicto a causa de esa liviandad a la hora de incidir en los bruscos claroscuros del personaje –el contraste entre su voluntad de justicia y servicio a la comunidad y sus violentos raptos de matonismo-, decantándose por enfatizar con admiración lo atípico de su inquebrantable moralidad, su fidelidad a sus raíces y su solidaria conciencia de clase.  

             Así las cosas, Hansleigh no logra convertir a Greene en la gran figura trágica que podría haber sido, por lo que, en consonancia, Mata al irlandés permanece finalmente como una película bastante entretenida, que se deja ver con agrado, pero sobre la que pesa el lamento por lo que una realización más ambiciosa o talentuda hubiera alcanzado con el mismo material.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 6.

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