Tag Archives: Nueva Zelanda

El señor de los anillos: El retorno del rey

16 Ago

.

Año: 2003.

Director: Peter Jackson.

Reparto: Elijah Wood, Viggo Mortensen, Ian McKellen, Sean Astin, Andy Serkis, John Rhys-Davies, Orlando Bloom, Miranda Otto, John Noble, David Wenham, Bernard Hill, Dominic Monaghan, Billy Boyd, Liv Tyler, Karl Urban, Hugo Weaving, Cate Blanchett, Ian Holm.

Tráiler

.

          En especial a partir de la consolidación de las plataformas de visionado en streaming, se ha acuñado una expresión, el ‘binge-watching’, para hacer referencia al consumo -aquí es un término apropiado- compulsivo de una serie. Un atracón de capítulos, literalmente, semejante al que mueve el alcohol o la comida rápida. Tengo la percepción personal de que en el entorno del cambio de siglo se despierta una fiebre comercial en el cine por la trilogía como elemento de prestigio que, posteriormente, con la evolución paralela del espectador y sus gustos, ha ido mutando en la construcción de sagas que van incluso más allá. Hacia un cine serializado, con sus etapas de presentación, de trámite entre historias e incluso de anuncios infiltrados de próximas entregas, como acostumbra a hacer Marvel.

El señor de los anillos: Las dos torres era, en sí mismo, un nudo medio disimulado por una batalla épica final y al que se trataba de otorgar entidad propia, justificación como cinta de estreno, a través de un exagerado minutaje, hasta el punto de que solo le faltaba el cartel de “continuará” para perder definitivamente su categoría de película autónoma. Es decir, que tal y como está organizada narrativamente la trilogía cinematográfica, esta puede plantearse como un único filme troceado en tres partes que, en consecuencia, puede -o en el fondo debe- disfrutarse de una sentada, de igual manera que cualquier otro de hora y media. Y, habiendo vuelto a ver las tres películas espaciando un capítulo por día, no tengo claro que esta concepción le beneficie; más bien lo contrario. La espera impaciente de un año, el deseo de alcanzar la apoteosis en el enfrentamiento definitivo contra el mal, probablemente sea imprescindible para mantener alto el interés y los estímulos de ese espectador que, en muchos casos, era un fan con la incondicionalidad que por entonces, debido a la ausencia de las grandes redes sociales de microblogging, se daba casi por sobreentendida -si bien sucesos como las movilizaciones a finales de los ochenta por la elección de Michael Keaton como Batman ponen en tela de juicio esta idea-.

          El señor de los anillos: El retorno del rey culmina la trilogía con una orgía de millones y de óscares, a la altura de la pretendida espectacularidad, desbordada por hipertrofiadas imágenes de una fantasía reconstruida al peso, con la que Peter Jackson abordaba la obra de J.R.R. Tolkien. Y después de todo este camino, aunque este epílogo tiene escenas en las que vuelve a aguijonear la tensión -sobre todo si se padece aracnofobia-, se alcanza ya el empacho de ciudades construidas sobre la insípida nada del chroma ante las cuales las batallas de ejércitos empiezan a ser reiterativos en concepción y efectos, por más que varíen las criaturas implicadas -los olifantes aún tienen un pase-.

De la misma forma que se puede sentir el vacío sobre el que se asientan los decorados, por el trayecto se ha perdido también la emoción y el sentimiento -e incluso la pasión de Jackson como contador de historias- que brotaban incipientes en La comunidad del anillo. Sustentadas sobre personajes planos que declaman con estilo engoladamente literario, dramas como los anhelos románticos de Eowyn o los conflictos paternofiliales del senescal de Gondor terminan por ser poco menos que postizos prescindibles, mientras que elementos fundamentales del relato, como la amistad y fidelidad de Sam y Frodo hasta las últimas consecuencias, el pulso enfermizo de este último con el lado oscuro o la tragedia de Gollum -a la que se le confiere especial interés de la mano de la introducción-, son más redundantes que profundas o, desde luego, complejas.

          Obviamente conviene guardar las debidas distancias por las diferencias de formato y espacios, pero regresando a ese mundillo paralelo de las series y el ‘binge-watching’, otra fantasía medieval tan popular e influyente como esta, Juego de tronos, precisamente jugaba muy bien sus cartas, espoleando incluso su aliento épico, a partir de un retrato de caracteres en el que los encuentros entre contrarios, organizados como ‘buddie movies’ itinerantes, adquirían una importancia crucial. La relevancia de que los personajes importen porque, dentro de la lógica que rige su universo, se les percibe auténticos, vivos y sintientes.

.

Nota IMDB: 8,9.

Nota FilmAffinity: 8,2.

Nota del blog: 6.

El señor de los anillos: Las dos torres

15 Ago

.

Año: 2002.

Director: Peter Jackson.

Reparto: Elijah Wood, Viggo Mortensen, Ian McKellen, Sean Astin, Andy Serkis, John Rhys-Davies, Orlando Bloom, Bernard Hill, Miranda Otto, David Wenham, Dominic Monaghan, Billy Boyd, Christopher Lee, Liv Tyler, Karl Urban, Brad Dourif, Hugo Weaving, Cate Blanchett, Craig Parker.

Tráiler

.

        La falta de autonomía entre las tres partes en las que Peter Jackson repartió El señor de los anillos damnificó particularmente a Las dos torres, que dentro de que evoluciona hacia un desenlace apoteósico -la batalla del Abismo de Helm- no deja de traslucir cierta naturaleza de episodio de transición entre el descubrimiento de este mundo fantástico de la Tierra Media y la resolución épica de su argumento.

        Con la disolución de la comunidad del anillo, el relato de Las dos torres segmenta sus puntos de vista -el peso de la responsabilidad de Frodo y Sam; la redención de los hombres de Aragorn, Legolas y Gimli; la reivindicación de Merry y Pipin- preparando su confluencia final en El retorno del rey. Y, entretanto, incluso la trama que concentra un mayor grado de acción, la de Rohan, no consigue desprenderse del todo de ese carácter de calentamiento, de que, si el original se hubiera sintetizado en menos metraje, podría haberse prescindido prácticamente de toda ella. En este sentido dramático, Las dos torres se beneficia de la irrupción de uno de los personajes más carismáticos de la obra, Gollum, si bien su desarrollo, como ocurre con el resto de los personajes, es de una sencillez elemental que, en definitiva, desaprovecha en buena medida su tragedia.

        A pesar de esa alternancia entre aventuras paralelas, la narración es más lánguida y por momentos espesa, en parte porque la ampulosidad visual que despliega Jackson, quizás como único o cuanto menos como principal rasgo de identidad estilística, comienza a pasar factura en su sobrevuelo de escenarios digitales que, cerca de dos décadas después, han perdido su capacidad para impresionar. No hay más que compararlos con las montañas neozelandesas que, en determinados planos, llega a minimizar a semejantes personajes. El guion trata de hacer acopio de sentencias de rimbombancia literaria que resuenan tan forzadas e incluso absurdas como su contraste: esas incursiones de humor de saldo que ya incordiaban en la entrega inaugural, aquí concentradas en el enano.

Por todo ello, da la impresión de que Jackson trata de alcanzar la importancia mediante la acumulación. Una acumulación que, además, como ejemplifican los movimientos de masas, está hipertrofiada digitalmente, que en realidad es nada.

.

Nota IMDB: 8,7.

Nota FilmAffinity: 8.

Nota del blog: 5,5.

El señor de los anillos: La comunidad del anillo

14 Ago

.

Año: 2001.

Director: Peter Jackson.

Reparto: Elijah Wood, Ian McKellen, Viggo Mortensen, Sean Astin, Sean Bean, John Rhys-Davies, Orlando Bloom, Dominic Monaghan, Billy Boyd, Cate Blanchett, Hugo Weaving, Liv Tyler, Ian Holm, Christopher Lee, Lawrence Makoare, Andy Serkis, Marton Csokas, Sala Baker.

Tráiler

.

         Recordada desde dos décadas más tarde, quizás podría decirse que El señor de los anillos: La comunidad del anillo inauguraba ese planteamiento del cine como evento, como experiencia, que algunas corrientes comerciales han ofrecido posteriormente para volver a atraer al espectador de forma masiva, con la añadidura de extras diseñados para explotar el fenómeno fan. Porque pocas sagas -probablemente solo quedaría por encima esa Guerra de las galaxias perpetuada mediante innumerables secuelas, precuelas y spin offs- paralizaron a la sociedad, volcándola a las salas, como esta trilogía impulsada por Peter Jackson, que representa esa categoría de cineasta que dirige la película en calidad de devoto iniciado en un mundo misterioso del que quiere hacer partícipes a quienes se acerquen a compartir este relato alrededor del fuego -esa faceta de entusiasta contador de historias, para lo cual ni siquiera es necesario efecto especial alguno, que será en lo que más destaque aquí-.

         En aquel momento, como adolescente contestatario, tenía un gran problema para aceptar el maniqueismo -solo un personaje duda, lo que lo arrastra además a una rápida tragedia- de una fantasía que, a pesar de crear prolijamente su propio microcosmos, no dejaba de fundarse sobre un viaje épico de corte clásico en el que convencional tapado -el hobbit, la criatura menos poderosa de toda la Tierra Media- se revelaba como protagonista y héroe inesperado. Hoy acepto mejor ese espíritu de novela juvenil que me había convencido más en los libros que en el cine -aunque siempre preferí El hobbit a El señor de los anillos– y me irrita menos la inocencia que representan Frodo y sus amigos, si bien ese humor previsible a cargo de secundarios cómicos me resulta todavía demasiado infantil.

En cambio, después de esta evolución personal y social, me chirría más ese molesto etnocentrismo bastante conservador típico de las fantasías anglosajonas, que suelen metamorfizar un canto a los valores de la Britania tradicional frente a los peligros de un exterior exótico y malvado -en muchos casos ese Oriente bárbaro contra el que ya se batallaba en la Grecia clásica-. Como es sabido, esta cosmovisión de J.R.R. Tolkien procede del trauma del mundo al borde del abismo de la Primera Guerra Mundial y la amenaza de los pilares de la civilización europea modelada a partir de las culturas grecolatina y judeocristiana. Una noción apocalíptica e incluso sacrílega que impregna esta lucha entre la luz -la amistad, la fidelidad, el compañerismo, la ecología…- y la oscuridad -la tiranía, el belicismo, la depredación industrial…-, que Jackson traduce por medio de una ambientación donde la megalomanía es producto directo de su pasión como profundo aficionado y conocedor a la obra original. Eso no quita que abuse de esos movimientos de cámara a vista de pájaro o que la recreación digital haya envejecido bastante -los efectos prácticos del cine prechroma también envejecen, desde luego, pero lo hacen mucho más encanto y mantienen una fisicidad que los hace tangibles, les otorga presencia y entidad, haciéndolos ‘reales’-.

         Desde ese entusiasmo de ser tanto el realizador como el primer y privilegiado espectador, Jackson expresa con fuerza la escala épica de la historia. La excitación de la aventura excepcional frente a la vida cotidiana, el peligro constante, la esperanza por un mundo mejor en el que cada individuo tiene su papel. El neozelandés, que encuentra en su país el perfecto decorado natural para plasmar este escenario sobrecogedor, transmite el miedo que producen los nazgûl, los lóbregos pasillos de la mina de Moria o la estentórea voz de Christopher Lee. Y despliega un notable pulso narrativo a lo largo de tres horas en las que el relato avanza con fluidez, encadenando acciones y aprietos sin cesar, empujados asimimo por la poderosa banda sonora de Howard Shore. Pero también dibuja con cariño e intimidad las relaciones entre los personajes, principalmente Frodo, Sam, Aragorn y Gandalf. Ayuda, claro, el saber dramático de un actor como Ian McKellen, experto en moverse en grandes producciones sin perder matices interpretativos. Pero son bosquejos que en lo posterior irán quedando aplastados por la aparatosidad del pixel, por la grandilocuencia facturada al peso.

         El fenómeno quedaría consagrado por la rendición absoluta de la taquilla y por una miríada de nominaciones a los Óscar.

.

Nota IMDB: 8,8.

Nota FilmAffinity: 8.

Nota del blog: 7.

Whale Rider

10 Jun

“La sangre joven no obedece un viejo mandato.”

William Shakespeare

.

.

Whale Rider

.

Año: 2002.

Director: Niki Caro.

Reparto: Keisha Castle-Hughes, Rawiri Paratene, Vicky Haughton, Grant Roa, Mana Taumaunu, Cliff Curtis.

Tráiler

.

            La devoción es ciega. No sabe ni cree más el que más lo desea, sino el aquel que logra guardar la suficiente distancia como para comprender la perspectiva total del asunto. No hay nada para ello como una mirada nueva, ingenua y joven.

            Whale Rider presenta el desafío vital de una niña maorí en la isla norte de Nueva Zelanda por hacerse un hueco en el mundo, por reivindicarse en su verdadero valor como persona y como mujer a ojos de una sociedad férreamente patriarcal, retrógrada, representada por su abuelo, firme defensor de la ortodoxia de unas tradiciones anacrónicas, obcecado en la búsqueda de un líder mesiánico incluso hasta el punto de, en su frustración, convertir en chivos expiatorios a todo aquel inocente que le rodea.

Así la joven Paikea afronta tres conflictos en uno: el choque inevitable entre tradición y modernidad, la discriminación sexual y los inevitables ritos de paso de la madurez para lograr un papel de líder que siente en su interior como parte de su destino pero que la ciega tradición le niega.

            Niki Caro, aprovechando el cierto relanzamiento internacional del cine neozelandés al abrigo de la trilogía de El señor de los anillos, rodada con el impresionante marco natural del país, explota el exotismo de la cultura maorí al servicio de un cuento de carácter universal.

Con la sencillez como principal instrumento, consigue alejar a la cinta del tópico facilón y el melodrama barato para ofrecer una narración desarrollada con frescura, cuidado, corrección y buen gusto. A esto se añade una gran dirección de intérpretes, donde destaca el convincente trabajo de la debutante Keisha Castle-Hughes, posteriormente nominada al Oscar a mejor actriz principal. Será, con catorce años, la candidata más joven de la historia.

            No obstante, Whale Rider, presa del ritmo sosegado de un argumento de estructura de sobra conocida, tampoco alcanza cotas de gran intensidad, manteniéndose como una pequeña fábula agradable de ver en todo momento que reivindica la necesidad del autoestima de la juventud y su reconocimiento ajeno, en especial de los injustamente marginados. No es poco.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 6.

Mal gusto (Bad Taste)

26 Feb

“Tengo un sentido del humor bastante imbécil.”

Peter Jackson

.

.

Mal gusto (Bad Taste)

.

Año: 1987.

Director: Peter Jackson.

Reparto: Peter Jackson, Terry Potter, Peter O’Herne, Craig Smith, Mike Minett, Doug Wren.

Tráiler

.

            Todo un mundo media entre Mal gusto, la opera prima del neozelandés Peter Jackson, y su opus magna, la adaptación cinematográfica de la trilogía de El Señor de los Anillos. Un mundo que, pese a las diferencias de aptitudes y recursos, en ningún momento parece pertenecer a este, encuadrado en el territorio de lo fantástico, sea en su temática, sea en el modo de entender la vida de sus personajes, en parte reflejo de sí mismo.

            Tomando como origen un cortometraje previo de 10 minutos, más tarde reescrito y rodado de nuevo hasta alcanzar casi la hora y media durante los fines de semana de entre 1983 y 1987, prácticamente con carácter de broma privada entre amigos, Mal gusto surge como un acto de gamberrismo sin más pretensiones que la de la diversión, si bien puede que más destinada a los propios realizadores que al público general.

El planteamiento de base ya era trasnochado: la invasión de empresarios de la alimentación alienígenas, la Crumbs delicias crujientes, que aspiran a diversificar su oferta de fast food intergaláctica con una nueva gama de productos 100% homo sapiens, y la feroz oposición al mismo de una división especial del gobierno neozelandés, el zarrapastroso Servicio de Información y Defensa Astral.

            Aires de Troma para una cinta que busca la gracia por medio del aplastamiento, a través del diseño de un brutal slapstick que favorece toda una exhibición de poderío gore con unos efectos especiales cutrecillos por su evidente escasez de medios pero resueltos con bastantes buenas maneras –hecho que se explica por la presencia detrás del que será un director con talento-, destinados a entretener y a irritar al espectador a partes iguales –ese “mal gusto” que proclama, al fin y al cabo-.

Es el gore como medio y casi como fin, como redundará el realizador austral, con su abuso concienciado y concienzudo, en su posterior Braindead (Tu madre se ha comido a mi perro).

            Por supuesto, estas irreverentes premisas producen que el guion, evidentemente alargado desde ese origen mínimo, sea lo de menos, simple marco para las ocurrencias y desvaríos de sus artífices en su faceta de creadores totales, desde la confección del libreto hasta la actuación –incluso con varios personajes, como un Jackson que termina combatiendo contra sí mismo-. Un hecho que responde más a poder desatar tropelías que satisfagan su locura destructiva que a atender al ritmo de la película, altamente irregular, con algunos gags acertados y otros no tanto, aderezados en el doblaje castellano con una buena ración de cheli (¡Son unos verdaderos mastuerzos!).

            A pesar de sus muchos defectos, al menos se aprecian las ganas y el ímpetu de su director. Efectivamente, serviría para que Jackson comenzara a obtener reconocimiento internacional.

 

Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 4.

El único superviviente

28 Ene

“El hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza.”

Friedrich Nietzsche

 

 

El único superviviente

 

Año: 1985.

Director: Geoff Murphy.

Reparto: Bruno Lawrence, Alison Routledge, Pete Smith.

Tráiler

 

 

 

            Geoff Murphy, uno de los hombres fuertes del renacimiento de la industria cinematográfica neozelandesa a partir de finales de los setenta, a la que da el espaldarazo definitivo con el éxito recaudatorio de su road movie de desheredados Vaya movida, dejaba de lado tras el estreno de UTU, cinta sobre conflictos y venganzas entre maoríes y británicos, unas constantes temáticas de fuerte raigambre local para introducirse en una película fantacientífica sobre juicios finales, muertes aplazadas, redenciones e indagaciones sobre la condición humana y de lo divino.

            Dentro de los muchos y variopintos ejemplos de cintas postapocalípticas, El único superviviente podría verse como el transcurso entre las premisas de las adaptaciones del Soy leyenda de Richard Matheson (El último hombre sobre la Tierra, El último hombre… vivo), con el científico solitario como único superviviente del desastre, pasando por Cuando el viento sopla, con la pareja de la que la Parca parece haberse olvidado, hasta llegar a El mundo, la carne y el diablo –con la que guarda no pocas similitudes- o la cormaniana La última mujer sobre la Tierra, cuando el principal problema para el menage a trois sobreviviente, fuera de las tortuosas tragedias personales cargadas desde el pasado, es, precisamente, el sexo y la elección de la Eva postrera entre los dos adanes en disputa.

Un carácter tríptico que se traduce en la irregularidad de un filme mejor concebido en esa parte de hombre omega, fantasía universal, jugosa y siempre efectiva, campo abonado para la generación de sugerentes imágenes de ciudades vacías y desolación pero, al mismo tiempo, paralelo al fin de las inhibiciones, de las barreras morales.

El amanecer de un rey entre las ruinas, todopoderoso e impotente. Trágico en su soledad.

            Un planteamiento más pensado y mejor desarrollado que unos segundo y tercer acto que dan sensación de relleno, peor trabajados, más inconsistentes, bastante menos interesantes, sobre todo en un final donde se bosqueja la innecesaria explicación pseudocientífica –en mi opinión, ni siquiera hace falta explicar las causas o las consecuencias de un Apocalipsis contemporáneo, pudiendo reducirlo a una cuestión abstracta o conceptual-, abordada de manera precipitada, confusa y con escasa credibilidad.

Se antoja casi como mera excusa para conducir al filme a un desenlace que expone definitivamente sus reflexiones sobre el carácter del hombre moderno y sus orgullosas aspiraciones de divinidad –la hybris que condena al desastre, según decían los clásicos- por medio de un simbolismo social y religioso –los supervivientes son el científico que jugando a ser Dios lleva a la catástrofe, un hombre que también ha decidido sobre la vida de otra persona y una mujer que representa la fe auténtica y natural, es decir, sumisa y respetuosa con Dios, el de “verdad”, desde su posición de inferioridad consciente y asumida- y sobre todo de alegorías cristianas –la redención, el Purgatorio- bastante simplones, que no logran alcanzar en ningún caso demasiada profundidad.

Daba para más.

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 5,5.

The Navigator: Una odisea en el tiempo

18 Ene

“En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento.”

Albert Einstein

 

 

The Navigator: Una odisea en el tiempo

 

Año: 1988.

Director: Vincent Ward.

Reparto: Hamish McFarlane, Bruce Lyons, Marshall Napier, Noel Appleby, Chris Haywood, Paul Livingston.

Tráiler

 

 

            A tiempos desesperados, medidas desesperadas. La aterradora crisis, ente casi metafísico, suele ser la excusa favorita para que los poderes fácticos y sus lacayos desaten medidas draconianas contra quienes se encuentran a sus pies. Disposiciones que suelen tener mucho de pragmatismo (para quienes las emiten directa o indirectamente) y poco de humanistas. Suelen ser voluntariamente ciegas y de una efectividad probada, de nuevo, para los intereses de estos mismos sujetos, a los que no les hace falta inventar nada porque ya está todo inventado a su favor desde la noche de los tiempos, desde la primera crisis.

            The Navigator: Una odisea en el tiempo ofrece, a tiempos de penurias, miserias y muerte acechante –el apocalíptico siglo XIV de la peste, el hambre y la guerra; el final de los ochenta del siglo XX de decadencia económica y últimos e inquietantes coletazos de Guerra Fría-, una solución que parte de una base diametralmente opuesta: la florida imaginación de un niño, el paradigma de lo ingenuo, de la bondad humana natural no corrompida.

Un chiquillo de un poblado minero del norte de Inglaterra que encuentra, a través de sueños premonitorios, la salvación ante la inminente llegada de la peste negra. Son imágenes y alucinaciones de futuros improbables que, sin embargo, representan la posible apertura de una ventana en color frente al blanco y negro de grano grueso, grave, bergmaniano, de un presente funesto.

            Lo que propone el filme es la salvación a través de un viaje simbólico, místico e iniciático del niño y un grupo de escogidos delegados del pueblo en busca de coronar una lejana y legendaria catedral con una cruz hecha del cobre extraído de las entrañas de su pueblo, de su corazón, internándose en esas ensoñaciones que en realidad son el Auckland de 1988 y que impregnan la estructura del relato, con una línea temporal quebrada, confusa, de sueño febril cortado y retomado confundido con pasajes de realidad.

            No juega Ward la baza del cómico choque cultural entre el medioevo y la modernidad ya que, al fin y al cabo, para un habitante de una remota aldea que nunca ha pisado suelo más allá de sus lindes, cualquier cosa es extraña y mágica, sea una gran urbe de la época, sea una caótica metrópolis contemporánea.

No es sino que el marco accesorio de la odisea que proporciona las pruebas y rituales a superar por el aventurero, las necesarias etapas de transformación interna en ese rito de paso a la madurez o de esa salvación que han de ser superadas por medio del conocimiento y la práctica de virtudes tales como la valentía, la solidaridad, la amistad, el ingenio, la imaginación y la generosidad.

Idealismo y valores altruistas que comienzan en lo personal y van destinados al bien colectivo, con especial sacrificio a favor de quien más lo necesita, del débil.

            Una película realizada con honestidad, encanto y talento, original, especial; de visión recomendable para especuladores, banqueros, concejales de urbanismo, potentados y similar calaña.

 

Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7,5.

A %d blogueros les gusta esto: