Tag Archives: Nueva Zelanda

Whale Rider

10 Jun

“La sangre joven no obedece un viejo mandato.”

William Shakespeare

 

 

Whale Rider

 

Año: 2002.

Director: Niki Caro.

Reparto: Keisha Castle-Hughes, Rawiri Paratene, Vicky Haughton, Grant Roa, Mana Taumaunu, Cliff Curtis.

Tráiler

 

 

            La devoción es ciega. No sabe ni cree más el que más lo desea, sino el aquel que logra guardar la suficiente distancia como para comprender la perspectiva total del asunto. No hay nada para ello como una mirada nueva, ingenua y joven.

            Whale Rider presenta el desafío vital de una niña maorí en la isla norte de Nueva Zelanda por hacerse un hueco en el mundo, por reivindicarse en su verdadero valor como persona y como mujer a ojos de una sociedad férreamente patriarcal, retrógrada, representada por su abuelo, firme defensor de la ortodoxia de unas tradiciones anacrónicas, obcecado en la búsqueda de un líder mesiánico incluso hasta el punto de, en su frustración, convertir en chivos expiatorios a todo aquel inocente que le rodea.

Así la joven Paikea afronta tres conflictos en uno: el choque inevitable entre tradición y modernidad, la discriminación sexual y los inevitables ritos de paso de la madurez para lograr un papel de líder que siente en su interior como parte de su destino pero que la ciega tradición le niega.

            Niki Caro, aprovechando el cierto relanzamiento internacional del cine neozelandés al abrigo de la trilogía de El señor de los anillos, rodada con el impresionante marco natural del país, explota el exotismo de la cultura maorí al servicio de un cuento de carácter universal.

Con la sencillez como principal instrumento, consigue alejar a la cinta del tópico facilón y el melodrama barato para ofrecer una narración desarrollada con frescura, cuidado, corrección y buen gusto. A esto se añade una gran dirección de intérpretes, donde destaca el convincente trabajo de la debutante Keisha Castle-Hughes, posteriormente nominada al Oscar a mejor actriz principal. Será, con catorce años, la candidata más joven de la historia.

            No obstante, Whale Rider, presa del ritmo sosegado de un argumento de estructura de sobra conocida, tampoco alcanza cotas de gran intensidad, manteniéndose como una pequeña fábula agradable de ver en todo momento que reivindica la necesidad del autoestima de la juventud y su reconocimiento ajeno, en especial de los injustamente marginados. No es poco.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 6.

Mal gusto (Bad Taste)

26 Feb

“Tengo un sentido del humor bastante imbécil.”

Peter Jackson

 

 

Mal gusto (Bad Taste)

 

Año: 1987.

Director: Peter Jackson.

Reparto: Peter Jackson, Terry Potter, Peter O’Herne, Craig Smith, Mike Minett, Doug Wren.

Tráiler

 

 

            Todo un mundo media entre Mal gusto, la opera prima del neozelandés Peter Jackson, y su opus magna, la adaptación cinematográfica de la trilogía de El Señor de los Anillos. Un mundo que, pese a las diferencias de aptitudes y recursos, en ningún momento parece pertenecer a este, encuadrado en el territorio de lo fantástico, sea en su temática, sea en el modo de entender la vida de sus personajes, en parte reflejo de sí mismo.

            Tomando como origen un cortometraje previo de 10 minutos, más tarde reescrito y rodado de nuevo hasta alcanzar casi la hora y media durante los fines de semana de entre 1983 y 1987, prácticamente con carácter de broma privada entre amigos, Mal gusto surge como un acto de gamberrismo sin más pretensiones que la de la diversión, si bien puede que más destinada a los propios realizadores que al público general.

El planteamiento de base ya era trasnochado: la invasión de empresarios de la alimentación alienígenas, la Crumbs delicias crujientes, que aspiran a diversificar su oferta de fast food intergaláctica con una nueva gama de productos 100% homo sapiens, y la feroz oposición al mismo de una división especial del gobierno neozelandés, el zarrapastroso Servicio de Información y Defensa Astral.

            Aires de Troma para una cinta que busca la gracia por medio del aplastamiento, a través del diseño de un brutal slapstick que favorece toda una exhibición de poderío gore con unos efectos especiales cutrecillos por su evidente escasez de medios pero resueltos con bastantes buenas maneras –hecho que se explica por la presencia detrás del que será un director con talento-, destinados a entretener y a irritar al espectador a partes iguales –ese “mal gusto” que proclama, al fin y al cabo-.

Es el gore como medio y casi como fin, como redundará el realizador austral, con su abuso concienciado y concienzudo, en su posterior Braindead (Tu madre se ha comido a mi perro).

            Por supuesto, estas irreverentes premisas producen que el guion, evidentemente alargado desde ese origen mínimo, sea lo de menos, simple marco para las ocurrencias y desvaríos de sus artífices en su faceta de creadores totales, desde la confección del libreto hasta la actuación –incluso con varios personajes, como un Jackson que termina combatiendo contra sí mismo-. Un hecho que responde más a poder desatar tropelías que satisfagan su locura destructiva que a atender al ritmo de la película, altamente irregular, con algunos gags acertados y otros no tanto, aderezados en el doblaje castellano con una buena ración de cheli (¡Son unos verdaderos mastuerzos!).

            A pesar de sus muchos defectos, al menos se aprecian las ganas y el ímpetu de su director. Efectivamente, serviría para que Jackson comenzara a obtener reconocimiento internacional.

 

Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 4.

El único superviviente

28 Ene

“El hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza.”

Friedrich Nietzsche

 

 

El único superviviente

 

Año: 1985.

Director: Geoff Murphy.

Reparto: Bruno Lawrence, Alison Routledge, Pete Smith.

Tráiler

 

 

 

            Geoff Murphy, uno de los hombres fuertes del renacimiento de la industria cinematográfica neozelandesa a partir de finales de los setenta, a la que da el espaldarazo definitivo con el éxito recaudatorio de su road movie de desheredados Vaya movida, dejaba de lado tras el estreno de UTU, cinta sobre conflictos y venganzas entre maoríes y británicos, unas constantes temáticas de fuerte raigambre local para introducirse en una película fantacientífica sobre juicios finales, muertes aplazadas, redenciones e indagaciones sobre la condición humana y de lo divino.

            Dentro de los muchos y variopintos ejemplos de cintas postapocalípticas, El único superviviente podría verse como el transcurso entre las premisas de las adaptaciones del Soy leyenda de Richard Matheson (El último hombre sobre la Tierra, El último hombre… vivo), con el científico solitario como único superviviente del desastre, pasando por Cuando el viento sopla, con la pareja de la que la Parca parece haberse olvidado, hasta llegar a El mundo, la carne y el diablo –con la que guarda no pocas similitudes- o la cormaniana La última mujer sobre la Tierra, cuando el principal problema para el menage a trois sobreviviente, fuera de las tortuosas tragedias personales cargadas desde el pasado, es, precisamente, el sexo y la elección de la Eva postrera entre los dos adanes en disputa.

Un carácter tríptico que se traduce en la irregularidad de un filme mejor concebido en esa parte de hombre omega, fantasía universal, jugosa y siempre efectiva, campo abonado para la generación de sugerentes imágenes de ciudades vacías y desolación pero, al mismo tiempo, paralelo al fin de las inhibiciones, de las barreras morales.

El amanecer de un rey entre las ruinas, todopoderoso e impotente. Trágico en su soledad.

            Un planteamiento más pensado y mejor desarrollado que unos segundo y tercer acto que dan sensación de relleno, peor trabajados, más inconsistentes, bastante menos interesantes, sobre todo en un final donde se bosqueja la innecesaria explicación pseudocientífica –en mi opinión, ni siquiera hace falta explicar las causas o las consecuencias de un Apocalipsis contemporáneo, pudiendo reducirlo a una cuestión abstracta o conceptual-, abordada de manera precipitada, confusa y con escasa credibilidad.

Se antoja casi como mera excusa para conducir al filme a un desenlace que expone definitivamente sus reflexiones sobre el carácter del hombre moderno y sus orgullosas aspiraciones de divinidad –la hybris que condena al desastre, según decían los clásicos- por medio de un simbolismo social y religioso –los supervivientes son el científico que jugando a ser Dios lleva a la catástrofe, un hombre que también ha decidido sobre la vida de otra persona y una mujer que representa la fe auténtica y natural, es decir, sumisa y respetuosa con Dios, el de “verdad”, desde su posición de inferioridad consciente y asumida- y sobre todo de alegorías cristianas –la redención, el Purgatorio- bastante simplones, que no logran alcanzar en ningún caso demasiada profundidad.

Daba para más.

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 5,5.

The Navigator: Una odisea en el tiempo

18 Ene

“En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento.”

Albert Einstein

 

 

The Navigator: Una odisea en el tiempo

 

Año: 1988.

Director: Vincent Ward.

Reparto: Hamish McFarlane, Bruce Lyons, Marshall Napier, Noel Appleby, Chris Haywood, Paul Livingston.

Tráiler

 

 

            A tiempos desesperados, medidas desesperadas. La aterradora crisis, ente casi metafísico, suele ser la excusa favorita para que los poderes fácticos y sus lacayos desaten medidas draconianas contra quienes se encuentran a sus pies. Disposiciones que suelen tener mucho de pragmatismo (para quienes las emiten directa o indirectamente) y poco de humanistas. Suelen ser voluntariamente ciegas y de una efectividad probada, de nuevo, para los intereses de estos mismos sujetos, a los que no les hace falta inventar nada porque ya está todo inventado a su favor desde la noche de los tiempos, desde la primera crisis.

            The Navigator: Una odisea en el tiempo ofrece, a tiempos de penurias, miserias y muerte acechante –el apocalíptico siglo XIV de la peste, el hambre y la guerra; el final de los ochenta del siglo XX de decadencia económica y últimos e inquietantes coletazos de Guerra Fría-, una solución que parte de una base diametralmente opuesta: la florida imaginación de un niño, el paradigma de lo ingenuo, de la bondad humana natural no corrompida.

Un chiquillo de un poblado minero del norte de Inglaterra que encuentra, a través de sueños premonitorios, la salvación ante la inminente llegada de la peste negra. Son imágenes y alucinaciones de futuros improbables que, sin embargo, representan la posible apertura de una ventana en color frente al blanco y negro de grano grueso, grave, bergmaniano, de un presente funesto.

            Lo que propone el filme es la salvación a través de un viaje simbólico, místico e iniciático del niño y un grupo de escogidos delegados del pueblo en busca de coronar una lejana y legendaria catedral con una cruz hecha del cobre extraído de las entrañas de su pueblo, de su corazón, internándose en esas ensoñaciones que en realidad son el Auckland de 1988 y que impregnan la estructura del relato, con una línea temporal quebrada, confusa, de sueño febril cortado y retomado confundido con pasajes de realidad.

            No juega Ward la baza del cómico choque cultural entre el medioevo y la modernidad ya que, al fin y al cabo, para un habitante de una remota aldea que nunca ha pisado suelo más allá de sus lindes, cualquier cosa es extraña y mágica, sea una gran urbe de la época, sea una caótica metrópolis contemporánea.

No es sino que el marco accesorio de la odisea que proporciona las pruebas y rituales a superar por el aventurero, las necesarias etapas de transformación interna en ese rito de paso a la madurez o de esa salvación que han de ser superadas por medio del conocimiento y la práctica de virtudes tales como la valentía, la solidaridad, la amistad, el ingenio, la imaginación y la generosidad.

Idealismo y valores altruistas que comienzan en lo personal y van destinados al bien colectivo, con especial sacrificio a favor de quien más lo necesita, del débil.

            Una película realizada con honestidad, encanto y talento, original, especial; de visión recomendable para especuladores, banqueros, concejales de urbanismo, potentados y similar calaña.

 

Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7,5.

Ovejas asesinas

20 Dic

“No la quiero buena, pero la quiero para el martes.”

Jack Warner

.

.

Ovejas asesinas

.

Año: 2006.

Director: Jonathan King.

Reparto: Nathan Meister, Peter Feeney, Danielle Mason, Tammy Davis

Tráiler

.

           Todavía un año antes del festival nostálgico, entregado y, en ocasiones, naftalínico del tándem TarantinoRodríguez con Planet Terror y Death Proof en sesión doble, la productora Manga Films organizaba de manera visionaria su propia sesión grindhouse emparentando en pantalla a dos productos como la británica Desmembrados y Ovejas asesinas, revisión actual de la exploitation más trasnochada y (literalmente) visceral desde un punto de vista refrescantemente humorístico.

            En el caso de Ovejas asesinas, fruto de la poco prolífica industria neozelandesa, se trataba de un ecoterror que recupera las claves y esencias más populares de la ozploitation que había conquistado la América del cambio de década entre los sesenta y setenta: el ambiente y los elementos típicamente australes aplicados a la exploitation de molde americano o europeo.

Como no podía ser de otra manera, es aquí la oveja, el animal más abundante y emblemático del país –dejando fuera el más enclenque y esquivo kiwi– el que ofrecerá la excusa de improbable terror apocalíptico. Un animal que, desde el atorreznamiento y el gregarismo de masa, podría funcionar como excelente metáfora del ser humano.

Obviamente, es la mano de este último quien rompe la armonía bucólico-pastoril natural desencadenando la desgracia por medio de maldades cainitas y pecados bíblicos –el vástago envidioso que atenta contra su santurrón hermano ganadero- y la no menos tradicional experimentación científica deshumanizada, en esta ocasión en con la poco ortodoxa búsqueda de la oveja perfecta, la cual resulta, por la torpe intervención de los siempre risibles (en estos filmes) ecologistas abraza-árboles, sanguinaria y carnicera y, en su grado último, una currada especie de bovinántropo.

            Toda la película es una constante de sorna y destrucción desde el absurdo del terror más casposo, bastante irregular, con bastante menor reverencia de lo que harán Tarantino y Rodríguez -lo que no es ni mucho menos malo-, con menores pretensiones, pero también con mucho menos poderío. Si bien Jonathan King, cabeza pensante del producto, trata de llevar la cinta a su terreno, su dirección no pasa de lo académico, demasiado funcional respecto al contexto de la cinta –se aprecia en esa cristalina fotografía digital o, incluso, en una banda sonora que parece compuesta para otros propósitos-, lo que le hace padecer una relativa falta garra a la hora de abordar el slapstick más cruel, que, aunque con cierta (o considerable) gracia, basa su arrojo en el simple chorreo de ketchup.

            Aún así, Ovejas asesinas es un divertimento sangriento, descerebrado y simpaticón.

 

Nota IMDB: 5,9.

Nota FilmAffinity: 4,8.

Nota del blog: 5,5.

A %d blogueros les gusta esto: