Tag Archives: Nueva Jersey

American Gangster

27 Ago

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Año: 2007.

Director: Ridley Scott.

Reparto: Denzel Washington, Russell CroweJosh Brolin, Lymari Nadal, Chiwetel Ejiofor, Ruby Dee, Cuba Gooding Jr., Ted Levine, Armand Assante, RZA, John Hawkes, Yul Vazquez, Ritchie Coster, Roger Guenveur Smith, Carla Gugino, Kadee Strickland, T.I., Common, Ruben Santiago-Hudson, Idris Elba, John Ortiz, John Polito, Joe Morton, Clarence Williams III.

Tráiler

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          La historia del gángster es una historia de capitalismo. No dejan de ser empresarios que, en un mercado absolutamente desregulado -tal y como desearía el neoliberalismo-, ofrecen determinados productos a fin de satisfacer una provechosa demanda. Los relatos románticos, de hecho, muestran a hombres hechos a sí mismos que, partiendo de la nada, alcanzan la cima del mundo. “Son solo negocios, nada personal”. El lenguaje corporativo inunda estas películas, amén de otros tópicos épicos que convierten al mafioso en un héroe no solo de revista de financias, sino también de anuncio comercial, de vídeo musical. De película, claro.

Este discurso está muy presente en American Gangster, reconstrucción ficcionada del ascenso y caída del narcotraficante afroamericano Frank Lucas y del proceso investigador desarrollado por el policía Richie Roberts para derribar su imperio de la heroína. Es una escena, Lucas insiste en aclararle a otro jerifalte neoyorkino, para su absoluto desconcierto, los términos de propiedad intelectual que implica comerciar con su ‘blue magic’. Sus reuniones con las familias hamponas italianas se hacen en un ambiente elitista, constatación última de que los altos criminales funcionan como pilar de una sociedad estadounidense sumida en el fango moral -la desestructuración, la desigualdad, la omnipresente Guerra de Vietnam, fuente original además de la droga y de su consumo; el profundo racismo que se erige incluso en involuntaria tapadera para la organización criminal-.

Pero el diálogo clave, el que asienta el drama que propone el filme, es el que pronuncia el padre espiritual de Lucas, Bumpy Johnson, el gángster que se comporta como un prócer de la comunidad. En él, mientras recorre las calles de un Harlem que ya no reconoce, Johnson enuncia una descripción directa del crecimiento desmedido y deshumanizado que impulsa el sistema económico vigente en un país en vísperas de derrumbarse por su propio gigantismo.

          A partir de ahí, la escalada a la cima de Lucas posee reflejos de esta tendencia. Su entramado de narcotráfico tailandés crece por la simple ambición de seguir creciendo, puesto que él, encarnado con sobriedad por Denzel Washington, eterno favorito de la audiencia, se mantiene como un individuo de costumbres rectas; uno de los rasgos de romanticismo que mantiene este biopic un tanto fantasioso, como denunciaría el propio Roberts, que a pesar de todo ejercía -junto a Lucas- de asesor de la producción. De igual manera, se establece el clásico antagonismo noir entre el forajido atildado y el defensor de la ley con un desastroso bagaje personal, si bien con una intachable honestidad profesional. Las herramientas para abundar en la matización o el difuminado de estas fronteras -los expeditivos raptos de violencia de uno, la toma de conciencia de las flaquezas íntimas del otro- quedan descolgadas dentro del marco general. 

Así, en American Gangster no solo se citan códigos financieros; también cinematográficos. La sombra de Super Fly, hito popular del periodo, está presente por alusión, por estéticas y por banda sonora, como se hará referencia asimismo, desde el otro lado del tablero, a French Connection, contra el imperio de la droga. Aunque hay un leve esfuerzo en reconocer la devastación social -las muertes de yonkis, alguna bastante gráfica- y familiar -la influencia perniciosa- que van unidos a los balances de resultados de la compañía nacional del señor Lucas.

          Amparado en el guion de Steven Zaillian, Ridley Scott mantiene este tono ambiguo en el relato desde una realización contenida, que no acostumbra a ceder tampoco a las tentaciones videocliperas en el reflejo de los lujos de la vida del gángster en contraste con la frialdad y la parquedad visual en la que se mueve el detective. Con un elenco bien dirigido, el cineasta británico sostiene con pulso firme la extensa obra, si bien no parece encontrar una solución para evitar que el desenlace del relato -el apunte de redención, el margen de optimismo- quede un tanto descompensado narrativamente.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 7,5.

Paterson

19 Dic

paterson

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Año: 2016.

Director: Jim Jarmusch.

Reparto: Adam DriverGolshifteh Farahani, Barry Shabaka Henley, Chasten Harmor, William Jackson Harper, Rizwan Manji.

Tráiler

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           Jim Jarmusch parece exponer la planificación de Paterson en la evaluación de un poema escrito por una niña de unos diez años pero que es dueño de una extraña sensibilidad. Es un poema que solo rima en sus dos primeros versos -los que equivaldrían al lunes y el martes en la película, y con los que se referiría a la influencia de los sueños de Laura en los acontecimientos del día, a los diálogos en el bus que parecen querer establecer una reapropiación del esquema de las conversaciones causales de la serie Coffee and Cigarettes y al trazado de la rutina del protagonista en definitiva, ligada al itinerario circular del autobús que conduce-, aunque también se rastrea en él una combinación de rimas internas y, visto en perspectiva, una singular, delicada y armoniosa visión en la que se entrevera lo cotidiano con lo onírico, creando un conjunto de enorme potencia lírica.

Puede reforzar el argumento que éste sea el único poema que escribe aquí el cineasta estadounidense, puesto que el resto de los que aparecen diseminados por el filme son regalos originales de su admirado Ron Padgett.

           Paterson, pues, podría describirse como un poema dentro de un poema, habitado por un poeta que además, en otra cuidada rima, la ciudad es él -el topónimo Paterson, localidad de Nueva Jersey cuna de los literatos Allen Ginsberg y William Carlos Williamsy él es la ciudad -el antropónimo Paterson-. En silencio, apenas interviniendo en ella, Paterson, el personaje, observa el transcurso de la existencia, y su mirada poética queda plasmada en unos fotogramas que se suceden con ritmo calmado e interesado en el detalle, al encuentro de las notas de sonido y color que surgen de la calle, de la gente, de las acciones. Vibran grandes tragedias nimias, deslumbrantes sonrisas cándidas, rotundas ilusiones mínimas. Consonancias y asonancias, renglones sueltos, retazos de canciones, incluso repeticiones monocordes como síntesis de la vida corriente.

           Con tremenda sutileza, Jarmusch las va recopilando mediante una realización muy sofisticada en su minimalismo y su quietud. Las imágenes de Paterson son realidad y son sueño, son drama y son comedia, son prosa y son verso, son humildad y son trascendencia. El relato se desliza apacible, con aspecto de no pretender nada, y con esta atenta parsimonia va cerrando y redondeando su recitación.

Lo hace con una insólita belleza, que no es tan evidente como la del rostro de Golshifteh Farahani -nunca estuvo tan guapa en pantalla-, pero sí igual de terminante e inspiradora, capaz de constituir un glorioso elogio del valor del arte -ese que, cual bestia estúpida, arrincona y hostiga la deriva neolibreal contemporánea por ser incapaz de calcularlo- tan contundente y romántico como el que hacían los estetas vampiros de Solo los amantes sobreviven, guardianes de las esencias elevadas del ser humano. Y notablemente más optimista.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 8,5.

Ghost Dog, el camino del samurái

15 Mar

Sexta y última entrega de Ultramundo sobre la primera etapa de la filmografía de Jim Jarmusch, hasta el cambio de milenio. Y el serial se cierra con la obra cumbre del cineasta, Ghost Dog, el camino del samurái.

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Jersey Boys

19 Dic

“Si tuviera disciplina seguramente me habría metido en el mundo de la música.”

Clint Eastwood

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Jersey Boys

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Jersey Boys.

Año: 2014.

Director: Clint Eastwood.

Reparto: John Lloyd Young, Vincent Piazza, Erich Bergen, Michael Lomenda, Christopher Walken, Renée Marino, Freya Tingley, Mike Doyle, Donnie Kehr, Erica Piccininni.

Tráiler

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            Si bien su celebridad como uno de los grandes tipos duros de todos los tiempos parezca mantener el hecho en un segundo plano, el cine musical –la biografía de Charlie Parker en Bird concretamente-, sería el que consagrara a Clint Eastwood como autor respetado en el séptimo arte. Años atrás ya había entregado no obstante una interesante obra ambientada en el siempre crepuscular submundo del country norteamericano, El aventurero de medianoche, donde incluía su propia voz en la banda sonora canciones; privilegio del que también gozará en otras muchas películas de su filmografía, sea en calidad de compositor, sea de intérprete. Asimismo había dado rienda suelta a su melomanía como actor de musical en La leyenda de la ciudad sin nombre, en la que, en duelo vocal frente a Lee Marvin, formaba uno de los cara a cara (y ménages à trois) más titánicos (y sorprendentes) jamás ocurridos en la gran pantalla.

            Jersey Boys, crónica de los orígenes, el ascenso y los vaivenes de la carrera del cantante Frankie Valli y The Four Seasons, encaja por tanto a la perfección con la sensibilidad del cineasta californiano, afín a explorar la historia reciente del país a modo feraz semillero donde encontrar sus historias –El intercambio, Banderas de nuestros padres, Cartas de Iwo Jima, J. Edgar-. En este caso, el material procede de las tablas de Broadway, de donde se toma la estructura del libreto –los soliloquios de cada miembro de la banda, erigido en narrador personal de parte del relato-, y el protagonista, un poco convincente John Lloyd Young que paga su inexperiencia en el celuloide.

            Al igual que sucede con Young, la obra también se resiente en el cambio de formato. Dado que el proyecto original ya partía de Bob Gaudio, uno de los miembros de la banda, y que a la película se incorpora también la influencia de Valli desde la producción, la visión que ofrece Jersey Boys de las aventuras de la banda está repleta de meloso cariño hacia sus personajes.

Lejos de ser un inconveniente, la cinta parece funcionar mejor cuanto menos en serio se toma, cuando deja que respire mediante el desenfadado humor. Porque en realidad, el filme no deja de seguir los cánones del biopic al uso. Su desarrollo es lineal y, pese a las simpáticas chispas de comicidad complaciente –algún guiño cinéfilo, un coqueto cameo televisivo, el número de los créditos finales-, resulta determinante que uno le agrade el falsete de Valli y sienta especial interés o afición por la trayectoria del grupo.

            Al contrario que la febril Bird, en la cual el alma torturada del saxofonista enraizaba con su propia capacidad creadora, Jersey Boys carece de agudeza para desentrañar las claves del talento artístico de sus músicos, ya que se trata más de un homenaje más que de un retrato introspectivo y en profundidad. Tampoco se muestra particularmente expresiva en la descripción de Nueva Jersey en su función caldo de cultivo para la explicación de ese milagro musical –compararlo con la Nueva Orleans de Treme sería abusivo e injusto–, mientras que el drama familiar de Valli queda frío y superficial, muy lejos del desgarro que se le supone a su situación. No se aprecia esa odisea personal, la búsqueda del camino a casa siguiendo la pista de la música a la que aludirá el vocalista en las conclusiones.

            Es decir, que aunque a priori suene extraño a tenor de los antecedentes explicados en párrafos anteriores, Jersey Boys pasa más por ser un encargo alimenticio y rutinario que un proyecto en el que Eastwood se haya empleado con verdadera pasión o entusiasmo. Se echa en falta garra, fuerza. Impregnarse del fuego del artista que ha nacido para entregar su virtud a la humanidad; que no puede guardar en el interior, sin compartirlo al precio que sea, el don que le ha sido concedido.

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 5,5.

Rebobine, por favor

21 Mar

“Hay que rodar siempre como si fuera la primera o la última vez.”

Nicholas Ray

 

 

Rebobine, por favor

 

Rebobine, por favor

Año: 2008.

Director: Michel Gondry.

Reparto: Mos Def, Jack Black, Danny Glover, Meloni Díaz, Mia Farrow, Sigourney Weaver.

Tráiler

 

 

            Creo recordar que era Quentin Tarantino quien decía que para hacer películas solo es necesario tener pasión por el cine. No cabe duda de que es una afirmación simplista, pero al mismo tiempo cabe admitir que el incuestionable poder de la pasión realizadora para ensanchar un talento en principio reducido o imprimir en una película menor una capacidad de transmitir sentimientos a priori insospechada. ¿Y no es acaso esa generación de goce y emociones una de las premisas fundamentales del cine?

No existe mejor reivindicación de esa pasión pura e innegociable del amateur -un cinéfilo enfebrecido y con cámara- que la biográfica Ed Wood, obra capital en la trayectoria de un ardoroso amante del cine, Tim Burton, y homenaje absoluto a la figura del cineasta honesto y entregado hasta la víscera pero fracasado y aparentemente huérfano de talento, materializado en la particular y contracultural figura del icónico director del título.

            Aunque en realidad se conviertan en directores de películas por obligación, los protagonistas de Rebobine, por favor podrían representar la cara improbablemente amable y exitosa del rey de las trash movies: un cándido encargado de videoclub (Mos Def) y su sicótico compañero de andanzas (Jack Black), forzados por un surrealista accidente y una demencial ocurrencia a reproducir ellos mismos, con sus pírricos medios, cada cinta existente en el ya de por sí ruinoso negocio.

Cineastas (muy) aficionados, que imponen sus lamentables pero vehementes producciones –películas “suecadas” lo denominan, guiño irónico a las premisas regeneracionistas del Dogmaentre los mastodónticos blockbusters sin alma del Hollywood de cartón piedra digital, ese gigante de pies de barro en eterna crisis.

Es decir, el triunfo del indie más auténtico, sin contaminar, en manos de Michel Gondry, uno de los actuales popes de esta industria con sus propias y bien definidas características; un hombre de un mundo y estilo propio y reconocible que aquí parece contagiarse de las artes de sus personajes para entregar una puesta en escena un tanto desmañada.

            Rebobine, por favor intenta, como decíamos, reproducir una mirada inocente y entrañable hacia el acto de hacer películas. Satisface sus objetivos cuando se ciñe a mostrar con verdadero acierto el ilusionado entusiasmo del narrador, gracias sobre todo a la plasmación de los ingeniosísimos y adorables recursos de los que se valen ambos amigos en la realización de sus particulares obras.

Sin embargo, más allá de esta virtud la película presenta un grave problema de empatía por la superficialidad de unos personajes que no consiguen hacerse queribles, en especial por parte de un Jack Black en uno de sus papeles e interpretaciones más insufribles (que ya es decir).

Es éste uno de los factores que hace que la simpatía que se intuye que puede llegar en algunas fases del filme no llegue nunca a despuntar; un pero al que se suma la amanerada melancolía del relato, cimentada sobre una convencional defensa del espíritu de la comunidad y de la necesidad de una memoria social y cultural colectiva, de los imprescindibles lazos humanos frente a la asepsia de la olvidadiza, insensible e insolidaria sociedad contemporánea. De manera palmariamente tópica, todo ello se concentra en el intento de salvación de la piqueta a un edificio antiguo, símbolo único e identitario de una localidad  reducida por lo demás a dormitorio de resignados perdedores.

             Donde Ed Wood sabía explotar con humor negro nostálgico pero para nada efectista la irreparable condición fracasada de sus personajes y del ingenuo y bienintencionado ideal que representaban, Rebobine, por favor presenta un exceso de condescendencia y manida edulcoración que, en definitiva, hace demasiado previsible y estropea una película con más posibilidades de las que Gondry consigue finalmente llevar a buen puerto.

 

Nota IMDB: 6,4.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 5,5.

Persiguiendo a Amy

17 Jul

“Ya he hecho una película de ciencia ficción: Persiguiendo a Amy. Pregúntale a cualquier lesbiana, pasan cosas que nunca sucederían en la realidad. Incluso si (y puede que especialmente porque) el tío en cuestión es el puto Ben Affleck.”

Kevin Smith

 

 

Persiguiendo a Amy

 

Año: 1997.

Director: Kevin Smith.

Reparto: Ben Affleck, Joey Lauren Adams, Jason Lee, Dwight Ewell, Jason Mewes, Kevin Smith.

Tráiler

 

 

            Algo (me) pasa con Kevin Smith. Reconozco la pasión que pone en sus primeras películas, la parte personal que aflora en forma de sentidos himnos generacionales y reivindicativos. Aprecio su honradez, su fidelidad a sí mismo, los destellos geniales de alguna de sus ideas y de sus diálogos.

Pero Kevin Smith, en mi opinión, y salvando a la primigenia Clerks, no hace funcionar del todo sus películas. Los personajes que parecen ir más allá de tipos extraídos de su experiencia vital o pretenden aparentar ‘normalidad’, no resultan tan verosímiles como los anteriores –incluso enfrentados a los más extraños-, sus relatos se agotan con facilidad y su sentido del ritmo es más que cuestionable incluso en la propia dinámica de cada escena.

            Persiguiendo a Amy posee elementos reconocibles del universo de su creador. Una historia corriente de base transformada en personal bajo hechuras puramente indies, un ambiente con fuerte impronta de la cultura popular, en concreto del cómic, los superhéroes, el cine y la ciencia ficción; amigos de confianza en el reparto principal y en la sección de cameos, donde también encuentran su lugar sus icónicos Jay y Bob el Silencioso sobrevolando la trama transmutados en enmascarados vengadores de viñeta, y desparpajo, cierta autenticidad y ocurrencias ingeniosas con aire de batallita privada a la hora de abordar temas de la calle como la amistad, el amor, la homosexualidad, además de otros más particulares como las diversas reinterpretaciones de historietas y películas clásicas y no tanto desde su propio prisma.

Y, como parte de esa misma sensación, un esfuerzo en conducir la película por cursos más corrientes que acaba en aburrimiento en cuanto deja de ser especial, en cuanto se acaba la sorpresa, escenas que o bien carecen de tensión y fuerza o bien se alargan y resultan redundantes, mientras que no se profundiza en aspectos que quizás lo merecerían más que otros, el gamberrismo reinante se adocena pese a resurrecciones dosificadas a cuentagotas y el romance pierde frescura y pulso, deja de interesar y se torna cursi inclusive según va encarando su resolución.

             De nuevo, y pese a ser el cierre de su fundacional trilogía de Jersey –le preceden Clerks y Mallratsy uno de sus títulos más populares y alabados -puede que el último previo a su decadencia-, el resultado no (me) convence demasiado.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 4,5.

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