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Rebelión a bordo

8 Jun

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Año: 1962.

Directores: Lewis Milestone, Carol Reed.

Reparto: Marlon Brando, Trevor Howard, Richard Harris, Tarita, Hugh Griffith, Richard Haydn, Percy Herbert, Duncan Lamont, Gordon Jackson, Chips Rafferty, Noel Purcell, Eddie Byrne, Frank Silvera.

Tráiler

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         Contratar a una superestrella no es una apuesta segura, bien es sabido. Y más cuando su carisma proviene del Método, con sus procedimientos obsesivos y sus tics aparentemente naturalistas pero siempre plegados a reforzar el lucimiento del actor.

Marlon Brando, consciente de su poder en el set de rodaje, no era una persona a la que se podía dirigir. Su comportamiento en Rebelión a bordo es uno de los ejemplos de ello, ya que, con sus caprichos, convertiría la producción en un infierno para los directores -primero Carol Reed, al que se enfrentó hasta su despido; luego al veterano Lewis Milestone, a quien ninguneaba y se imponía-; para el reparto -desde profesionales como Trevor Howard, ante quien se tapaba los oídos para no escuchar sus réplicas, hasta a admiradores suyos como Richard Harris-, y para el equipo en general -que debía someterse a sus designios, que iban desde cortar la escena cuando a él le apetecía hasta fletar aviones a Tahití para abastecer de lujos y alcohol sus parrandas polinesias-. Milestone, que jamás volvería a ponerse al frente de otro largometraje, calculó que el mito viviente generaría un coste de unos seis millones de dólares a la producción.

Y todo ello para que, finalmente, el público y la crítica hicieran mofa de su fingido acento británico, hasta el punto de acusarle poco menos que de sabotear la película. No obstante, Rebelión a bordo obtendría siete nominaciones a los Óscar en una edición que, en cualquier caso, quedaría dominada por Lawrence de Arabia.

         Rebelión a bordo es una superproducción que llevaba a la pantalla por cuarta vez el motín de la tripulación de la Bounty contra el tiránico mandato del capitán William Bligh, ocurrido en 1789 -todavía quedaría una quinta versión, Motín a bordo, dirigida por Roger Donaldson y con Anthony Hopkins y Mel Gibson liderando el elenco-. El boato de la recreación histórica no es óbice para el cuidado de las relaciones íntimas de los personajes y el retrato de la vida en cubierta, que se torna opresiva hasta estallar definitivamente en unas asfixiantes semanas de tormenta en el Cabo de Hornos, contraste abrupto frente a la calidez y la sensualidad que se respirará luego durante la aparente tregua de Tahití.

Aunque esta ambición quizás derive en un metraje excesivamente dilatado y descompensado -probablemente por los citados avatares de la producción-, de este modo se consigue una evocadora ambientación al mismo tiempo que se perfila adecuadamente la distancia entre Bligh (Howard) y la marinería. La cuña que los separa agresivamente proviene un mando cruel que, dentro de una misión antiépica -transportar unos esquejes de árbol del pan a Jamaica para nutrir a una mano de obra esclava que luego se negaría en redondo a comer tal cosa y de hecho también se amotinarían por ello-, parece atender a unas obcecadas razones maquiavélicas, pero razones al fin y al cabo, y cuya presencia perdura incluso cuando desaparece del plano.

En paralelo, divo y etéreo a uno y otro lado de la cámara, los aires que Brando le confiere a este segundo oficial Fletcher Christian componen un retrato ambiguo y equívoco que resulta bastante sugerente en su contraposición con el rocoso e inflexible Bligh. Aunque, en cambio, no termina de funcionar en el desenlace de la obra.

         Al menos, Brando conoció y se casó con su tercera esposa, Tarita, con quien mantendría un también tormentoso matrimonio hasta 1972.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7.

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Viento en las velas

24 Feb

“La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir; nada hay más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras.”

Jean-Jacques Rousseau

 

 

Viento en las velas

 

Viento en las velas

Año: 1965.

Director: Alexander Mackendrick.

Reparto: Deborah Baxter, Anthony Quinn, James Coburn, Benito Carruthers, Nigel Davenport.

Tráiler

 

 

            No es La isla del tesoro, ni Capitanes intrépidos, ni las aventuras de Los Cinco. Como en las dos primeras, el mar, con sus abruptos contrastes de belleza y desolación, sirve el escenario para el crecimiento moral y emocional del niño, para la pérdida de su inocencia si es que alguna vez la tuvo. Una niña, en esta ocasión, que forma parte de una patrulla de cinco hermanos embarcados en las más inverosímiles aventuras, como en el tercer caso.

Sin embargo, en Viento en las velas, basada de la novela Huracán en Jamaica, de Richard Hughes -de la cual el realizador, Alexander Mackendrick, era admirador confeso-, el viaje iniciático está poblado de malicioso humor, los niños distan de ser querubines cándidos y desprotegidos, y la más densa amargura, descerrajada sin paños calientes y sin rebajar con azúcar, forma también parte indisociable de la experiencia, como en la vida misma.

No se trata, ni mucho menos, de una película infantil.

            La pequeña Emily (impecable Deborah Baxter, ayudada por su aspecto nada angelical), hija de colonos británicos en el Caribe y enviada junto a sus hermanos a civilizarse a Inglaterra, vive una revelación cuando ve ascender por la proa del barco-guardería al rudo y malencarado capitán Chávez (Anthony Quinn, exagerando su acento mexicano y explotando las contradicciones entre su aspecto brutal, su vis cómica y su capacidad para generar emociones), líder de un desarrapado grupo de piratas. Es el encuentro con el modelo vital a imitar con desesperada vocación. Porque, de hecho, son los niños quienes en realidad abordan el barco pirata.

            No obstante, como decíamos, esta no es una comedieta de medio pelo basada en la ruptura de los arquetipos de conducta propios de los niños para que estos hagan enloquecer a unos a priori temibles adultos –entre los que figuran tipos tan duros como el gran James Coburn o el propio Quinn-, reducidos al ridículo a partir de esta apariencia peligrosa que no sería tal.

Todos ellos son individuos fuera de su elemento, efectivamente –incluso el barco pirata sigue fiel al viento y las velas en un mundo que hace tiempo descubrió la navegación a vapor-, pero la lógica de  las actitudes, los comportamientos, y los acontecimientos se mantiene en esencia dentro de los parámetros de la verosimilitud.

Los niños, por tanto, no son cursis, ni irritantes, ni sus ocurrencias suenan a impostura. Ellos actúan con la lógica incomprensible y genial de la infancia, ajena a su típica y mentirosa idealización, en la que la muerte y la religión son conceptos abstractos y difusos que pueden provocar indiferencia o burla y el instinto es lo suficientemente fuerte para intuir el bien y el mal y, acaso, puede inclinar a sentir una fascinación retorcida, inconsciente o simplemente interesada, por qué no, por este último.

            La vida en el barco de Chávez y su supersticiosa tripulación puede ser una aventura que vaya de asombro en asombro, de juego en juego, y, aun así, Viento en las velas no escatima en absoluto en dar agresivas y perturbadoras muestras de la turbulencia real del choque de los críos con la vida de estos bandidos y forajidos: la violencia sexual, ejercida sobre otra cautiva adolescente y hasta sugerida en ocasiones sobre la niña protagonista, sobrevuela el relato desarmando su apariencia de cine familiar, aguijoneando al desprevenido espectador como una avispa.

            Con la dirección de un Mackendrick pletórico, sagaz, rotundo y sutil a la hora de jugar con los ritmos y, en especial, el tono de su película, la historia avanza bajo sus excelentes y divertidas formas de aventura clásica hacia una contundente, emotiva y al mismo tiempo hermosa, agria y cáustica resolución atravesando un camino que para nada es dulce, sino que, por contra, cada vez se aprecia más melancólico, turbio y angustioso a pesar de la viva, profunda y en ocasiones ambigua relación entre un bribón que reencuentra el oro alojado en su pecho y una niña con ansia por experimentar las apasionantes vivencias, fuertes emociones e indómita libertad que ve reflejadas en el basto rostro del capitán.

Una joya.

 

Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 9.

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