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Kong: La Isla Calavera

12 Mar

Kong, la Isla Calavera

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Año: 2017.

Director: Jordan Vogt-Roberts.

Reparto: Tom Hiddelston, Brie Larson, Samuel L. Jackson, John Goodman, John C. Reilly, Corey Hawkins, John Ortiz, Tian Jing, Toby Kebbell, Shea Whigam, Jason Mitchell, Thomas Mann, Eugene Cordero, Marc Evan Jackson, Will Brittain.

Tráiler

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            Kong: La Isla Calavera, es, después del estreno de Godzilla en 2014, el segundo largometraje que integra la saga MonsterVerse, con la que la Warner Brothers recupera un buen puñado de monstruos de antaño para levantar una franquicia de ‘blockbusters’ con buenas perspectivas de rentabilidad -de hecho, el enfrentamiento entre ambas criaturas, que ya se había producido por primera vez en 1962, está emplazado de nuevo para 2020-.

            Como hiciera esta última en su resurrección del lagarto atómico -cuyo aspecto replicaba en buena medida el modelo clásico de la TohoKong: La Isla Calavera se inspira en la morfología de la marioneta animada por stop motion de la película primigenia de 1933 para dar forma digital al gorila, si bien los paralelismos con el original terminan aquí -y las diferencias empiezan, por cierto, en que se ha sextuplicado al menos las dimensiones del primate, más propias de los kaiju eiga japoneses y por tanto acorde a sus venideras peleas con el saurio gigante, al igual que su comportamiento-.

No aparecen, pues, ni la actriz Ann Darrow, ni el director de cine Carl Denham, ni el marinero Jack Driscoll. Kong: La Isla Calavera renuncia a la poética de la nostalgia. Prefiere la irreverencia de erigir y adorar a su propio dios, de tamaño y estrépito inigualable, coronado con épicas imágenes a contraluz, perfilado en poderosos fotogramas contra un atardecer sanguinolento o entre explosiones infernales -esa noción de monstruo-divinidad con la que, precisamente, Quentin Tarantino fantaseaba con aplicar un día a Godzilla-.

            El libreto -en el que Max Borenstein repite firma tras su parcheado guión de Godzilla, esta vez acompañado de Dan Gilroy y Derek Connolly, uno de los muchos responsables del argumento de Jurassic World– ancla la historia en las postrimerías de la Guerra de Vietnam, de donde se extrae a un pelotón soldados que custodian a la expedición científica a la Isla Calavera. Incluso uno de los pósteres promocionales del filme homenajea a Apocalypse Now. La razón es que, en lugar de una revisión de la naturaleza trágica del monstruo, el relato -que posee su propio coronel Kurtz, destruido y renacido en el Horror; así como un Marlow y un Conrad que parecen hacer referencia a la seminal El corazón de las tinieblas-, expone un mensaje metafórico acerca de la pueril, obsesiva y amenazadora capacidad de la política exterior estadounidense para inventar y combatir presuntos ogros, a menudo con resultados contraproducentes -despertar enemigos más reales y terribles-. También puede servir una lectura en clave ecologista a propósito de la voracidad destructiva del ser humano y su insaciable carácter depredador, claro.

Esta intención -salpimentada además con ideas desbordantes de mala baba como la inutilidad y el absurdo de cualquier sacrificio marcial- le confiere a Kong: La Isla Calavera mayor personalidad de la que tenía la insípida Godzilla. Un plantel de actores con carisma -para interpretar personajes en su mayor parte carentes de él o cuanto menos compuestos con un par de trazos- completa el saldo de virtudes de una cinta que, por otro lado, no tiene demasiada fortuna en el manejo del humor verbal -en cambio algunas jocosas elipsis visuales sí merecen atención-, mientras que determinadas escenas tampoco destacan por su verosimilitud interna.

            Kong: La Isla Calavera ofrece así un divertimento ligero y rápido -una decisión en ocasiones acertada ante el riesgo de haber caído en una excesiva petulancia difícil de equilibrar con la esencia de la narración-, que avanza a buen ritmo, dejando a su paso algunos detalles con jugo y que, principalmente, sabe cuando debe descartar la mitomanía.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 6.

Godzilla

27 May

“Tengo una idea sobre una película de Godzilla que siempre he querido llevar a cabo. El asunto va sobre el papel de Godzilla en Tokio, donde siempre está luchando contra otros monstruos y salvando a la humanidad una y otra vez. ¿No acabaría esto convirtiéndole en dios? Se podría titular Bajo el imperio de Godzilla. Y muestra cómo es la sociedad cuando un puto lagarto verde gigante domina tu mundo.”

Quentin Tarantino

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Godzilla

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Godzilla.

Año: 2014.

Director: Gareth Edwards.

Reparto: Aaron Taylor-Johnson, Elizabeth Olsen, Bryan Cranston, Ken Watanabe, Carson Bolde, Sally Hawkins, David Starthaim, Juliette Binoche.

Tráiler

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            En su sexagésimo aniversario, y después de una desafortunada visita en 1998, Godzilla vuelve a América. Pero el rey de los monstruos no parece sentirse cómodo jugando fuera de casa.

            Nacido como metáfora del enemigo descomunal, mortífero y despiadado –los Estados Unidos de la bomba atómica-, adoptado posterior y ocasionalmente como icónico defensor frente a otros monstruos –opción benefactora que, disfrazada de fuerza kármica de la naturaleza, se retoma en la presente cinta-, Godzilla bien podría haber encajado en la mentalidad del Hollywood de los años posteriores al 11-S. De hecho, son numerosas las influencias y los ecos de éste y otros traumas –los tsunamis de 2004 y 2011, el accidente nuclear Fukushimaque resuenan en los fotogramas de este ‘reboot’, el cual, en realidad, poco aporta a la longeva y dilatada franquicia.

Son códigos y expresiones visuales característicos del ‘blockbuster’ catastrófico contemporáneo que remiten desde a La guerra de los mundos hasta a Lo imposible, con un punto de influencia principal que gravita sobre el tema del desastre global reducido a una lucha familiar en la que mezclan pulsiones de venganza con la supervivencia épica –lo que aquí amenaza con coronarse hasta con un duelo directo tirando a ridículo-.

            En Godzilla no es notoria, por tanto, la influencia de Gareth Edwards, cineasta que había conquistado prestigio dentro del género por su aproximación al mismo precisamente desde un ángulo diferente y original: Monsters, una fábula intimista donde las (no tan) terribles criaturas invasoras eran un factor escénico casi secundario. Aquí, su realización se limita a ser correcta. Más plana que clásica, aunque eficaz en el rodaje de las batallas de colosos. Solo el vuelo en picado de los paracaidistas –que ya se exhibe en el tráiler del filme- irrumpe como un sobresalto de creatividad –con el Réquiem de György Ligeti empleado por Stanley Kubrick en 2001: Una odiosea del espacio, todo se dicho- frente a la atonía general de la cinta.

            Esta acumulación de fórmulas consabidas provoca que el alma de Godzilla brille por su ausencia y su sabor sea escaso, insipidez que afecta asimismo a los profusos y algo ñoños homenajes del filme –extendidos hasta a la fisionomía del monstruo, tan poco grácil y poco estilizado como su antecesor primigenio de la Toho-. Problemas generados por un guion acreditado a Max Borenstein pero al que hubieron de echar mano abundantes ‘script doctors’, entre ellos nombres reconocidos como los de David S. Goyer o Frank Darabont.

Demasiados, en vista de los ramplones resultados obtenidos, que comienzan su desarrollo desde una introducción científica bastante farragosa y concluyen con unos subtextos y relecturas más bien difusos o ambiguos.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 5,7.

Nota del blog: 5.

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