Tag Archives: Monarquía

Drácula, la leyenda jamás contada

17 Feb

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Año: 2014.

Director: Gary Shore.

Reparto: Luke Evans, Sarah Gadon, Dominic Cooper, Art Parkinson, Charles Dance, Diarmaid Murtagh, Paul Kaye, William Houston.

Tráiler

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           La protagoniza Drácula, pero la película tiene el espíritu de la criatura de Frankenstein, cosido de mil pedazos. Pese a los generosos fondos de la producción, Drácula, la leyenda jamás contada es pura serie B, extraída de un cóctel de fórmulas y con el CGI de saldo como sustituto del maquillaje grotesco, el cartón piedra y las telarañas de pega del cine de terror de bajo presupuesto del Hollywood clásico.

           Su relato afirma asentarse sobre la figura histórica del príncipe Vlad de Valaquia -es un decir, como el Hércules improcedentemente pseudorealista que protagonizase The Rock– para luego mezclar en sus fotogramas los tratamientos digitales y la estructura maniquea Occidente/Oriente y libertad/tiranía del tecnopeplum 300 -además del protagonista caucásico, guapo y cachas contra el extranjero de estética dudosa-, el héroe atormentado del Batman nolaniano -aunque por el contrario Vlad no es el héroe que Transilvania merece, pero sí el que necesita- y, en definitiva, la tópica investigación psicológica acerca de la naturaleza trágica del monstruo tan del gusto de las precuelas contemporáneas. Incluso, con cierta desfachatez, acude puntualmente a los ecos románticos de la revisión de Francis Ford Coppola.

           De este modo, Vlad el Empalador (Luke Evans, al menos un actor con presencia), aparece convertido en amoroso esposo, padre dedicado y monarca juicioso, y por lo tanto se le presenta en el filme como una suerte de Príncipe Valiente que no duda en sacrificarse personalmente, hasta las últimas consecuencias, por su sufrientes pueblo y familia, todo uno.

Errática en el drama y confusa en la batalla, Drácula, la leyenda jamás contada fracasa en los dos frentes abiertos -el psicológico y el de la épica espectacular- a través de un guion desorientado y con abundantes lagunas que, a la par, se plasma en pantalla por medio de una realización carente de talento firmada por el irlandés Gary Shore, debutante en el largometraje y que apenas logra dotar de ritmo a la narración, en buena medida gracias a la ligereza del argumento. La imagen, pues, es tan inane como el material de base.

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Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 4,9.

Nota del blog: 4.

Juárez

18 Nov

La película que condujo a John Huston a embarcarse en la dirección de películas… Nada como un desengaño para iniciar una de las más grandes carreras del séptimo arte. Juárez, el prócer político, el romanticismo anacrónico, el americanismo y los vientos de la guerra europeos, para la sección de cine clásico de Bandeja de Plata.

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Ceddo

8 May

“Mis películas son una herramienta de educación. Quiero devolverles el orgullo y la dignidad a los africanos.”

Ousmane Sembène

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Ceddo

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Ceddo

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Año: 1977.

Director: Ousmane Sembène.

Reparto: Tabata Ndiaye, Mustapha Daye, Ismaila Diagne, Matoura Dia, Omar Gueye, Mamadou Dioumé, Nar Modou, Ousmane Camara.

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            Con el proceso de descolonización e independencia en África, los nuevos Estados del continente alumbraban, con timidez o como una simple irrupción puntual, símbolo de su a priori recobrada autonomía en todo caso, una industria del cine propia. Marruecos, Argelia o Senegal serían unos de los primeros países que tratarían de igualar la estabilidad y la constancia de homólogos de la región como Egipto. En concreto, en Senegal destacará la figura de Ousmane Sembène, escritor y activista político afiliado al Partido Comunista que iniciará su incursión en el séptimo arte durante la década de los sesenta para alcanzar luego tal grado de influencia que, en cierta manera, se le considera hoy uno de los padres próceres del cine africano.

            Ceddo es una de sus obras más populares, en la que se condensan, por otro lado, muchas de las constantes temáticas e ideológicas que caracterizarán su filmografía, en especial durante esta etapa. Ambientada en las revueltas protagonizadas por el pueblo epónimo en el siglo XVII, su argumento ostenta así un espíritu nacionalista, reivindicativo de las raíces culturales senegalesas, en el que se plasma la lucha del colectivo frente a los poderes exteriores que amenazan su libertad, en esta ocasión materializados en la presencia del hombre blanco –en calidad de comerciante o de misionero-, del Islam en plena expansión –crítica religiosa por la cual la película soportaría durante años la carga de la censura en el país- y la estructura feudal de la sociedad, dominada por reyezuelos, aristócratas y líderes guerreros.

            Sembène, que había dejado meridianamente claro su fuerte compromiso en la también alegórica Xala –palabra alusiva a la impotencia sexual que se traducía en clave política-, prosigue con este cine en el que el relato se vincula estrechamente a un mensaje con relevancia capital en el presente de la obra. Autodidacta y refractario del lenguaje ‘importado’ de Hollywood, el cineasta busca un estilo cinematográfico apegado a la tradición y la simbología narrativa africana.

Por una razón o por la otra, esto desemboca en una función de fuerte talante discursivo que, en cambio, queda enhebrada a través de un libreto tan sencillo como caótico en su desarrollo, plasmado en el aspecto formal bastante estático, que apenas escapa del teatro filmado gracias a agresivos zooms que, curiosamente, recuerdan a esa estética peleona más propia de la ‘exploitation’ estadounidense, campo de acción precisamente de numerosas producciones de orgullo afroamericano.

El diálogo funciona con idéntica rabia revolucionaria, arrojando proclamas concienciadas que encadenan pasado y actualidad, prácticamente con independencia de una historia montada a machetazos y donde personajes y tramas se agolpan –o desaparecen, como el sobrino y heredero legítimo del monarca- al son de las conclusiones que Sembène pretende esculpir en fotogramas.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 5.

El león en invierno

7 Abr

“La guerra y la paz empiezan en el hogar.”

Teresa de Calcuta

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El león en invierno

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El león en invierno

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Año: 1968.

Director: Anthony Harvey.

Reparto: Peter O’Toole, Katharine Hepburn, Anthony Hopkins, John Castle, Nigel Terry, Jane Merrow, Timothy Dalton.

Tráiler

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            Un matrimonio separado se reúne con sus tres retoños para celebrar la Navidad, como manda la tradición. Sin embargo, son una familia disfuncional, desgarrada por ambiciones patrimoniales, rencores amorosos, traumas infantiles e insatisfacción existencial. Un drama familiar opresivo, en resumen, que en este caso está ambientado en el siglo XII y lo protagonizan el rey Enrique II de Inglaterra, cabeza del otrora conocido como Imperio angevino y primero de la dinastía Plantagenet, su esposa Leonor de Aquitania y sus hijos Ricardo, Godofredo y Juan.

            Afincada en su naturaleza teatral –se basa en una obra de James Goldman, que se encarga de adaptarla a guion de cine-, El león en invierno se desarrolla en un único escenario, el castillo de Chinon, a lo largo de un único día. Una concentración que, paradójicamente, estimula la dinamita dramática que contiene el argumento, desencadenada por la estrecha convivencia de unos personajes para quienes el amor es solo otra de las vertientes de la política.

La esencia de El león en invierno, por tanto, no deja de ser la misma que de la de filmes como La huella: un duelo entre partes irreconciliables fundamentado sobre la mentira y la representación. La disputa dialéctico-cortesana alcanza un elevado grado de ingenio, con líneas de diálogo de enorme potencia y expresividad que no solo van desgranando las interesantes ofensivas ajedrecísticas de los contendientes –la alta política medieval como asunto de familias que administran sus vastas fincas-, sino que revelan a la par unas valiosas máximas a propósito de su perspectiva –personal o histórica- de la existencia humana, al igual que destilan una visión bastante amarga del influjo pernicioso y asfixiante del poder y sus irresistibles cantos de sirena.

No obstante, la interpretación subjetiva del espectador acerca de dónde termina la comedia de intrigas y comienza la honestidad de los sentimientos privados de estos personajes puede dejar flotando una ambigua duda sobre la lógica o la coherencia de estos movimientos sobre el tablero –explicable por la complejidad de estos seres destrozados por la violencia del poder-. Algo semejante a lo que sucede con la dudosa relación que conservan Enrique y Leonor, que en este particular podría encontrar la disculpa en el contexto histórico: un medievo recreado sin ahorrar en frío o suciedad desmitificadora. Ese mismo contexto que también se aplicaría al maquiavelismo sentimental de estos seres o al papel de amante y peón de la joven Alais.

            La potencia de la función reside en su ambicioso texto –hasta se invoca a William Shakespeare de viva voz-. Con solo un largometraje anterior en su historial como director, a Anthony Harvey se le percibe poco ducho en la realización, si bien se puede rastrear su experiencia en la edición en el dinamismo que logra conservar el montaje de la obra.

En comparación con unas escenas de acción bastante toscas, mejores resultados arrojan los encuentros íntimos entre los antiguos amantes, potenciados por el carisma de Peter O’Toole –quien ya había encarnado al monarca apenas cuatro años atrás en Becket– y de una leyenda en su ocaso, Katharine Hepburn –que sería reconocida con el Óscar a la mejor actriz principal, compartido con Barbra Streisand por Funny Girl-.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 7,5.

Elizabeth

2 Mar

“La vida en sí es el más maravilloso cuento de hadas.”

Hans Christian Andersen

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Elizabeth

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Elizabeth

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Año: 1998.

Director: Sekhar Kapur.

Reparto: Cate Blanchett, Joseph Fiennes, Geoffrey Rush, Christopher Eccleston, Richard Attenborough, James Frain, Fanny Ardant, Eric Cantona, Vincent Cassel, Emily Mortimer, Kelly Macdonald, Jamie Foreman, Edward Hardwicke, Terence Rigby, Daniel Craig, Kathy Burke, John Gielgud.

Tráiler

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            En una lóbrega corte, rodeada por seres deformes y extranjeros intrigantes, un fantoche de reina, embarazada de un tumor, juega con la muerte de su hermanastra en medio de una atmósfera inflamada de fanatismo religioso. En la siguiente escena, la víctima propiciatoria danza inocente en los verdes prados de la campiña, acariciada por el sol, las risas de sus acompañantes y la mirada deseosa de un atractivo varón.

Elizabeth jugar a ser Capricho imperial en su traducción dionisíaca de un presunto cuento de hadas con base histórica, en este caso la recreación del ascenso y consagración de Isabel I, ‘La reina virgen’, en el trono de la convulsa Inglaterra del siglo XVI, desgarrada por conflictos de fe intestinos y, en el exterior, por cruentas guerras por el dominio de Europa y del orbe.

            Carece Elizabeth, no obstante, de la sexualidad desatada y el ácido sentido del humor que gobernaban los embriagadores fotogramas de Josef von Sternberg. Estos valores se encuentran aquí degradados por el estilo manierista del indio Sekhar Kapur, desbordado de símbolos visuales y juegos expresivos con la luz y el color, hasta quedar transformados en un hortera ejercicio de sobredirección lastrado por movimientos gratuitos y salidas de tono –el ensayo fragmentado de un discurso, típico de la comedia y burda insistencia en la humanización de la prístina protagonista en contraste con los negros cuervos del obispado-, y en el que confluyen numerosas herencias, que van desde la mayúscula obra del cineasta austríaco hasta saqueos de El padrino –el montaje paralelo de los rezos y los asesinatos maquiavélicos-, pasando por el Iván el terrible de Sergei Eisenstein.

            Lo cierto es que este ascenso corleoniano al poder resulta un atractivo desaprovechado, no solo por el severo maniqueísmo del planteamiento. Es así sobre todo por un guion que, con las debidas licencias dramáticas respecto a la fidelidad histórica –la edad de los personajes, la unificación de las tramas conspiratorias del reinado, la traición-, se empeña en empujar por la garganta del espectador una tragedia romántica que gravita sobre los dilemas entre el deber político y la necesidad amorosa de la desdichada princesa a la fuerza.

Una vertiente que ya olía a naftalina en el momento de ser concebido -pese al éxito que cosechaba por entonces otra película romántica de época isabelina como Shakespeare in Love (Shakespeare enamorado)– y que además significa tener que contemplar uno de los trabajos más insufribles de Joseph Fiennes –precisamente actor principal de la antes citada-.

No es suficiente compensación para ello la potencia de Christopher Eccleston como eficiente villano, la mirada incitante de Fanny Ardant, el gamberrismo de Vincent Cassell o la divertida comparecencia de ‘King’ Eric Cantona.

            Diez años más tarde contaría con una segunda parte, Elizabeth: La edad de oro.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 4.

El cuento de los cuentos

20 Nov

“El cine…Es extraño. La gente compra una entrada. Esa entrada es su puerta a una fantasía que tú creas para ellos. La tierra de la fantasía, eso es todo, y tú das vida a sus fantasías. Fantasías de amor, de odio o de lo que sea.” 

Marlon Brando

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El cuento de los cuentos

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El cuento de los cuentos

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Año: 2015.

Director: Matteo Garrone.

Reparto: Salma Hayek, Vincent Cassel, Toby Jones, John C. Reilly, Christian Lees, Jonah Lees, Shirley Henderson, Hayley Carmichael, Bebe Cave, Stacy Martin, Guillaume Delaunay, Franco Pistoni.

Tráiler

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            Con ciertas similitudes a lo que en su día hizo su compatriota Pier Paolo Pasolini en cierta fase de su por otro lado libérrima carrera, el italiano Matteo Garrone abandona cualquier espacio de confort que pudiera haberse asentado en su obra y ensaya un giro radical en la temática de su filmografía. Desde la lectura rabiosa y actual de la realidad de su país que ofrecía en Gomorra y Reality, Garrone emprende un viaje hacia el universo fabuloso, hechizante y terrible de los cuentos tradicionales en El cuento de los cuentos, en el que además rueda por primera vez en lengua inglesa y respaldado por actores de renombre internacional como Salma Hayek, John C. Reilly, Vincent Cassel o Toby Jones.

            Inspirado por el Pentamerón de Giambattista Basile, poeta campano del siglo XVII, Garrone propone al espectador aventurarse en tres relatos sobre la vida y la muerte, el juego de contrarios y el sentido del equilibrio en el universo y el destino de la existencia humana. Uno, acerca de los celos posesivos de una reina hacia su hijo nacido de grandes sacrificios; otro, sobre la lujuria incontenida de un rey y las ambiciones materiales de dos ancianas tintoreras; un tercero, protagonizado por otro monarca, únicamente interesado en criar a una pulga hasta límites sobrenaturales, y su hija ilusionada por los romances principescos.

            El cineasta romano arropa este tríptico, embebido de arquetipos clásicos y legítimo dueño del sabor de los cuentos, con una deslumbrante puesta en escena de impresionantes escenarios naturales y arquitectónicos, exóticos, mágicos y evocadores –y todos ellos extraídos de la convulsa variedad de la Italia histórica, en realidad-, ensalzados además por la preciosista fotografía, rica en colorido, de Peter Suschitzky. En contraste, destacan las nostálgicas sensaciones que despierta esa fisicidad artesanal, ya olvidada en los tiempos del CGI, que poseen las criaturas fantásticas que aparecen puntualmente en el filme.

Asimismo, en lugar de optar por la exposición lineal de estas tres historias, su constante intercalación en el montaje funciona con acierto en su cometido de mantener viva la expectativa del público y, por otra parte, también para difuminar las posibles carencias de profundización en la construcción narrativa, la simbología y las lecturas argumentales de cada uno de ellos.

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Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 7.

Macbeth

17 Nov

Macbeth habla de un hombre y una mujer que harían lo que fuese necesario para triunfar. Es un tema particularmente apropiado para esta época. Ese concepto de ‘tengo que conseguirlo ya’ siempre ha estado ahí, pero ahora se ha convertido en aquello que uno debe hacer, en un ideal de personalidad. Y lo siento, pero me parece algo completamente estúpido y equivocado.”

Richard Jordan

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Macbeth

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Macbeth

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Año: 2015.

Director: Justin Kurzel.

Reparto: Michael Fassbender, Marion Cotillard, Sean Harris, Paddy Considine, David Thewlis, Jack Reynor, Elizabeth Debicki.

Tráiler

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           El australiano Justin Kurzel apunta alto en su segundo largometraje y se sirve de Macbeth, una de las inmortales tragedias de William Shakespeare, para revisarla haciendo hincapié en una traslación sensorial de tan poderoso argumento.

Con el verso enrevesado del literato inglés prácticamente intacto en el guion, Kurzel compone una aparatosa obra que inunda la pantalla de experiencias cromáticas y visuales, cercanas a lo onírico, para ilustrar el descenso a los infiernos del rey de los escoceses; firmemente guiado por la mano de su esposa y desatado a través una lucha titánica entre ambición y fatalismo, deseo y traición, poder y muerte.

La muerte, destino último común a todos los hombres, permanece omnipresente sobre el escenario; plasmada en la hiperrealista mugre que subyace bajo el ampuloso lirismo trágico de los fotogramas, en la descarnada violencia que se exhibe en la batalla, intercalada con secuencias alucinadas. Ya se sabe, guárdese uno de las bendiciones de los oráculos.

           Hay en Macbeth fotogramas interesantes e incluso arrebatadores en su desmesura, caso las masacres en la niebla o de ese duelo bajo un crepúsculo desbordado de rojo sangre que bien podría salir de Excalibur, una ópera romántica donde, al ritmo que marca la existencia –nacimiento, madurez y decadencia- todo encajaba como un desacomplejado y grandioso artilugio de orfebrería.

Pero este Macbeth es un coloso de arrolladora apariencia al que, a medida que pasan los minutos y prosigue la observación, más se nota la hipertrofia de sus músculos; y al que le cuesta avanzar prisionero de su propio tamaño y de la grandilocuente redundancia de su estilo. Acudir al lenguaje del original isabelino –de construcciones arcaicas, ubérrimo en complicadas figuras y artificios literarios, rico con sus soliloquios, apartes y diálogos ideados para una puesta en escena teatral-, contribuye a cargar todavía más peso sobre la espalda del agotado gigante.

No deja de ser contradictorio que Kurzel trate de amalgamar de manera tan abrupta el lenguaje del cine con el lenguaje dramatúrgico. La combinación, por desgracia, no termina de cuajar.

           También la apropiación de Orson Welles, devoto shakesperiano, poseía por descontado la natural pretensión de grandeza del cineasta y además compartía el inglés de época, pero su cuento gótico conseguía transformar adecuadamente la carestía en abstracción por medio de impenetrables e inclementes sombras que se extendían por rostros y decorados. Aquí, el solemne esteticismo termina por sepultar a un relato y a unos personajes con los que prestigiosos y potentes actores de cine como Michael Fassbender y Marion Cotillard recitan su parte con esfuerzo, aunque con la sensación de no estar completamente convencidos de sus posibilidades.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 6.

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