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Montecarlo

26 Jul

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Año: 1930.

Director: Ernst Lubitsch.

Reparto: Jeanette MacDonald, Jack Buchanan, Claud Allister, Zasu Pitts, Tyler Brooke, John Roche, Lionel Belmore.

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         A Ernst Lubitsch, la llegada del sonido al cine le pedía música. Sus comienzos en los ‘talkies’ serán fundamentalmente, hasta bien entrada la década de los treinta, operetas ambientadas en lujosos escenarios europeos donde las canciones se conjugan con pícaros enredos amorosos. Es decir, una válvula de escape por completo alejada, al igual que sus personajes, de la terrible situación socioeconómica de los Estados Unidos tras el Crack del 29.

Esta enajenación de la realidad se comprueba, por tanto, en Montecarlo, como muestra principalmente esa condesa encarnada por Jeanette MacDonald, la gran figura femenina de este periodo artístico del cineasta y aquí acompañada por Jack Buchanan -en lugar de su más habitual partenaire Maurice Chevalier-, quien deberá disputarse sus favores con su legítimo prometido, un duque germano humorística y hasta entrañablemente estúpido al que solo unen, intermitentemente, las necesidades financieras. El amor como inversión y como duelo incluso a varias bandas, ingredientes que servirán igualmente de base para otros filmes del genio alemán como La octava mujer de Barba Azul.

         Montecarlo no es una de las películas de esta época que mejor haya resistido el paso de los años, probablemente por el texto sobre el que se levanta. Es cierto que los engranajes internos de su comedia está elaborados con gusto y esmero, pero la vista general de la guerra de sexos que desarrolla es relativamente básica y más bien anticuada. De igual manera, los números musicales están resueltos de manera un tanto estática, comparados por ejemplo con la fastuosidad que, dentro de este mismo periodo, lucen en La viuda alegre. Y eso que MacDonald entregará Beyond the Blue Horizon, una de las melodías que definirán su vida artística.

         Montecarlo también incide en la faceta picante de la actriz, popular en estos tiempos anteriores al Código Hays por dejarse apreciar en pantalla en camisón y negligés, para desplegar ciertos punteos de sugerencia erótica que dan chispa a una comedia que sostiene su punch en las fuertes personalidades de sus protagonistas y en la confrontación entre las mismas, encadenadas literalmente por el azar hasta enzarzarse en un juego romántico del ratón y el gato que regala asimismo momentos de refinada creatividad cómica y cinematográfica.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 6,5.

Las zapatillas rojas

28 Feb

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Año: 1948.

Directores: Michael Powell, Emerich Pressburger.

Reparto: Anton Walbrook, Moira Shearer, Marius Goring, Léonide Massine, Albert Bassermann, Esmond Knight, Robert Helpmann, Ludmila Tchérina, Eric Berry.

Tráiler

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         Origen no ha inventado nada con sus estratos de realidad múltiples y convergentes. Las zapatillas rojas es un ballet cinematográfico-operístico que, a su vez, reproduce sobre las tablas figurada y literalmente el ballet de idéntico nombre, inspirado en el cuento homónimo de Hans Christian Andersen, el cual, en una tercera profundización, traspasa los límites del escenario y se transforma, durante un acto de cuarto de hora de pura magia visual, en un ballet en sí mismo, desligado del espacio y el tiempo de la narración.

A través de estos tres niveles de representación, Michael Powell y Emerich Pressburger -este último también firmante del guion-, encadenan sendos juegos con la ambición y la maldición del talento; con el enfrentamiento en contradicciones internas entre las ambiciones y los deseos; con el poder y el amor -que, en cierta manera, es otra forma de poder-.

         Intermediados por Jack Cardiff en la dirección de fotografía, The Archers despliegan su torrencial sentido del color para insuflar un aliento de cuento tradicional, cercano a lo fantástico, a este triángulo amoroso -un motivo muy presente en su filmografía- que se dirime al son de la música, impelido por los pasos de la danza. Una tragedia romántica y artística más grande que la propia vida que estalla en Technicolor de tres tiras.

         Este relato sencillo, que conduce a una conclusión demasiado brusca, queda así ensalzado por la imaginación y el talento visual de los cineastas. Powell y Pressburger exaltan las revoluciones fabulosas, oníricas y pesadillescas de la historia, las cuales trascienden plasmadas a través de una percepción por momentos alterada, que transgrede lo posible y se adentra en lo misterioso, lo sobrenatural.

De ahí extraen la verdadera potencia del filme; la esencia de la disyuntiva y del hechizo mítico y trágico al que se enfrentan sus personajes, condenados a vagar en las soledades de una sombra sin amor, a escoger entre la rutilante luz del éxito escénico y la realización sentimental. Un conflicto desesperado, prácticamente irracional, planteado desde un prisma puramente sensorial, y por tanto mucho más sugerente que sus cuitas y resoluciones terrenales.

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Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota de blog: 7,5.

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