Tag Archives: Mercenario

Los siete magníficos

18 Jul

.

Año: 1960.

Director: John Sturges.

Reparto: Yul Brynner, Steve McQueen, Horst Buchholz, Charles Bronson, James Coburn, Eli Wallach, Robert Vaughn, Brad Dexter, Vladimir Sokoloff, Rosenda Monteros, Jorge Martínez de Hoyos, Pepe Hern, John A. Alonzo, Rico Alaniz.

Tráiler

.

          Las mitologías tienen unidades universales, invariables a través de las formulaciones de las distintas culturas. El ronin honorable japonés, antiguo samurai condenado a permanecer en los márgenes de la sociedad en la que hace justicia, conecta directamente con el arquetipo del forastero errante del western. Los siete magníficos es la simbiosis natural de un mito muñido en un todavía más lejano Oeste. En la década de los sesenta, el género, cada vez más desviado del clasicismo, enjugaba por entonces su evolución a través de relatos de duelos librados en las interioridades psicológicas del protagonista, de crónicas que cuestionaban la celebración histórica oficial de la conquista, de aproximaciones a un realismo sucio desmitificador, de elegías de redención crepuscular. También incorporará elementos procedentes de más allá de la frontera, a medio caballo entre el homenaje y la parodia, a raíz del éxito de la Trilogía del dólar de Sergio Leone, la cual se abría precisamente con Por un puñado de dólares, que Akira Kurosawa denunciará como un plagio de su Yojimbo (El mercenario) que, por su parte, reproducía un esquema muy similar al de Cosecha roja, referente de la literatura noir.

          Heredera de Los siete samuráis -una de las más grandes obras del séptimo arte-, Los siete magníficos entronca con esa citada noción del fin de una era, la cual estaba ya firmemente presente en la cinta de Kurosawa. En el lirismo agónico de unos hombres que arrastran consigo el peso de su pasado hasta que, conscientes de que se les ha agotado el futuro, deciden inmolarse cometiendo un acto ético; la reprobación última del perpetuo cinismo con el que han tenido que vivir su existencia de pistoleros. En un mundo en cambio -y no necesariamente a mejor-, es la conquista suicida y postrera de un botín estrictamente moral, análoga a las que estallan en los fotogramas de otros hitos del periodo como Los profesionales y Grupo salvaje.

          Los siete magníficos consigue tener personalidad y carisma propio. Tal es así que, si bien no fue un gran éxito de taquilla en los Estados Unidos, contará con numerosas secuelas e imitaciones. No es parco logro, dado el colosal antecedente que le precede. El reparto, sin duda, es una gran baza para ello, rebosante de virilidad y presencia: Yul Brynner, Steve McQueen, James Coburn, Charles Bronson, Eli Wallach… incluso a pesar de la célebre disputa que tuvieron los dos primeros durante el rodaje. El argumento incorpora ligeras modificaciones -la fusión de dos personajes en el joven arrogante que encarna Horst Buchholz, la variación de la estructura del asedio para evitar unas repeticiones que, todo sea dicho, no pesaban en la original- y mantiene la fuerza de su reflexión acerca de las vertientes del valor y de la cobardía, del orgullo y del miedo, de la humanidad y de la civilización.

Al mismo tiempo, Los siete magníficos observa la leyenda del género, juega con ella y la admira, pero también la expone a sus dudas, explora sus dobleces y debilidades. La mezcolanza entre la epopeya enardecedora y el fatalismo amargo está conjugada con sentido dramático y poético, lo que dota de claroscuros y profundidad a la épica intrínseca del relato.

          Una dignísima apropiación. Valga decir que, en esta ocasión, Kurosawa quedaría tan complacido que, en reconocimiento del trabajo realizado, le regalaría una catana ceremonial a Sturges.

.

Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 8.

Los señores del acero

11 Jul

“No concibo una película sin lujuria porque en la vida hay lujuria.”

Ben Wheatley

.

.

Los señores del acero

.

Los señores del acero

.

Año: 1985.

Director: Paul Verhoeven.

Reparto: Rugter Hauer, Jennifer Jason Leigh, Tom Burlinson, Jack Thompson, Fernando Hilbeck, Susan Tyrrell, Ronald Lacey, Brion James, John Dennis Johnston, Simón Andreu, Bruno Kirby, Kitty Curbois, Marina Saura, Hans Veerman, Jake Wood.

Tráiler

.

           El sexo es un elemento crucial de la filmografía de Paul Verhoeven, bien de forma explícita, como en Instinto básico –una de sus obras más exitosas-, Showgirls –una de sus obras más denostadas- o Elle -recientemente alabada en el festival de Cannes-; bien como un componente de fondo que completa un conjunto violento o incluso enfermizo.

El sexo es una de las armas con las que los personajes de Los señores del acero hacen la guerra, parte de una panoplia que abarca asimismo la violencia en sentido estricto, una religión transformada en fanatismo delirante o la inteligencia aplicada tanto al progreso como al engaño. Flesh+Blood, reza el título original: la carne y la sangre, que es la transustanciación de Cristo en la misa con la que se abre el filme y que es el material de lujuria donde se desarrolla el resto del metraje.

           Los señores del acero dibuja un Renacimiento extremado por las señales iluminadas y por las apetencias de la víscera, en el que la misión ominosa de Martín (Rugter Hauer), mercenario que sobrevive en el caos, y la utopía alcanzada mediante el pecado en la que embarca a su pelotón de desheredados, colisiona frontalmente con una princesa de retablo boticceliano, Agnes (Jennifer Jason Leigh).

La doncella representa aquí un contrapunto conflictivo en el que su inocencia es tan solo un disfraz que oculta un elemento perturbador de mucho mayor calibre: el deseo sexual, una tentación tangible por la que pueden arder compañeros, santos, ciudades, ideales y sueños. Más aún, este choque representa también, en cierto modo, el reencuentro perverso, despojado de toda ingenuidad, entre King Kong y la rubia -que no es sino una extrapolación de relatos tradicionales transmitidos desde centurias atrás-. “No fueron los aviones, fue la bella quien mató a la bestia”, decían entonces.

           Verhoeven, a su gusto, recompone un periodo de brutalidad, miseria y enfermedad, en el que conviven degradadas visiones religiosas con un sentido muy físico de la puesta en escena y de la violencia que contiene el relato. En coherencia con las premisas argumentales del libreto, el cineasta no se detiene en contenciones, puesto que, como se decía en párrafos anteriores, esta agresividad se extiende especialmente a partir del conflicto con el sexo y se formula, por ejemplo, en violaciones que son batallas grupales y duelos personales.

Esta combinación, estimulada además por un rodaje especialmente tenso –de hecho, propiciaría la ruptura artística entre Verhoeven y Hauer-, mantiene la aventura-venganza herzogiana de Martín y los suyos apegada a la tierra, al barro corrompido por la suciedad y las plagas. Y barniza todo de una mueca grotesca, que se ríe como se reía, irónica y victoriosa, incontestable en la consciencia de su triunfo, la calavera que centraba la atención en las danzas de la muerte que poblaban el imaginario europeo en tiempos de la peste negra.

.

Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7,5.

Ghost Dog, el camino del samurái

15 Mar

Sexta y última entrega de Ultramundo sobre la primera etapa de la filmografía de Jim Jarmusch, hasta el cambio de milenio. Y el serial se cierra con la obra cumbre del cineasta, Ghost Dog, el camino del samurái.

.

Sigue leyendo

Hércules

13 Mar

“A Hollywood no le gusta ejercitar los músculos del cerebro.”

Sal Mineo

.

.

Hércules

.

Hércules

.

Año: 2014.

Director: Brett Ratner.

Reparto: Dwight Johnson, Rufus Sewell, Ian McShane, John Hurt, Rebecca Ferguson, Peter MullanReece Ritchie, Ingrid Bolsø Berdal, Aksel Hennie, Tobias Santelmann, Joseph Fiennes, Irina Shayk.

Trailér

.

            Más relevante en España por propiciar un bajón en el juego de Cristiano Ronaldo -ese futbolista-estadística centrado en intensificar su rendimiento de septiembre a noviembre en pos de premios individuales- que por su valor cinematográfico, Hércules se encuadra dentro de ese tipo de producciones históricas, al estilo de cintas recientes como Troya o El rey Arturo, que pretenden adaptar las leyendas tradicionales a las exigencias de verosimilitud de un público ajeno a la mitología por medio de la reducción de las características sobrenaturales de los héroes y sus gestas en favor de un pretendido realismo que, después, se diluirá a golpe de fantasmada típica de cine de acción. Es decir, la paradoja de eliminar elementos inverosímiles para crear un espectáculo en el que aparezca puntualmente cada cliché inverosímil propio del lenguaje épico del cine. Son, en cualquier caso, narraciones más clásicas que el techno-peplum criado a rebufo del éxito de 300 y Spartacus.

            Hércules es una película de saldo donde se toma un armazón prefabricado para elaborar un libreto en el que predomina la creación de una epopeya estándar en perjuicio de la debida coherencia del argumento, donde cada una de sus giros y pretendidas sorpresas serán administrados de manera previsible y tranquilizadora para el espectador reticente para con las exigencias. Además de a partir de una novela gráfica que desconozco –y que no obstante parece influir en parte de la planificación de la obra-, el argumento de Hércules se construye sobre la base de un pastiche histórico similar a El rey escorpión, también protagonizada por Dwight ‘La Roca’ Johnson, donde tienen cabida todo tipo de inspiraciones reales y fabuladas –sobre todo los segundos, digan lo que digan las pretensiones realistas del relato-. Esto significa que se tratan sin el debido respeto los mitologemas para sustituirlos por códigos igual de repetitivos pero conocidos y aceptados por el público afín a este tipo de filmes.

Aquí, en una imagen que sintetiza a la perfección esta idea principal, Hércules surge en pantalla proyectando una sombra gigante, acorde al relato que recita su sobrino Yolao –un historiador que, en una velada puya a la profesión, se dedica simplemente a adornar los hechos del pasado a su conveniencia-, para progresivamente reducirse y que aparezca por primera vez la efigie verdadera del héroe: un mortal con las dudas y debilidades de sus congéneres y que precisa de la ayuda de su equipo de ‘ninjas’ para completar con éxito sus extraordinarios trabajos. Es, de nuevo el valor colectivo entre superhéroes, esencial en taquillazos como Los vengadores o Guardianes de la galaxia, configurado para arropar la figura taciturna y atormentada de un héroe que guarda en su interior traumas que ríete tú de Batman –en la mitología griega, la fuerza de Heracles solo es comparable a sus arrebatos de enajenación-.

Con la misma falta de congruencia que la trama de acción, el discurso redentor de Hércules va perfilando poco a poco una contradictoria apuesta por la preponderancia de la fe como valor definitorio del héroe, lo que se traduce en una segunda oportunidad tanto bélica como personal.

            Realizada con plantilla y con el piloto automático encendido, la impersonalidad del filme arroja escasos elementos de interés –la utilización política, legítima o no, de la figura del héroe, en esta ocasión por parte de un tirano alabado con consignas hitlerianas-, si bien tampoco irrita en demasía dado que, por fortuna, nunca se toma en del todo serio a sí misma. Ejemplo de ello son las mercenarias e irónicas interpretaciones de tipos curtidos en mil batallas como Rufus Sewell, John Hurt, Peter Mullan e Ian McShane, que se disfraza, cobran y ser bajan al bar.

 

Nota IMDB: 6,1.

Nota FilmAffinity: 4,8.

Nota del blog: 4,5.

Los siete samuráis

2 Feb

Convertir un género popular en una obra de arte repleta de enjundia filosófica, profundidad humana y arrollador entretenimiento. Eso es el gran cine. Eso es Los siete samuráis. Un diez rotundo para Bandeja de Plata. Aquí, un resumen.

.

Sigue leyendo

Asesinato por contrato (Murder by Contract)

16 Abr

Asesinato por contrato produjo un profundo impacto sobre mí cuando tenía 14 años y, a lo largo de los años, ese mismo efecto continúa.”

Martin Scorsese

.

.

Asesinato por contrato

(Murder by Contract)

.

Asesinato por contrato (Murder by Contract)

.

Año: 1958.

Director: Irving Lerner.

Reparto: Vince Edwards, Philip Pine, Herschel Bernardi, Caprice Toriel.

Tráiler

.

            Múltiples son los caminos del asesino profesional. Antes de que Jean-Pierre Melville presentase a sus samuráis ascéticos e inescrutables, Irving Lerner introducía ya en pantalla a un mercenario encomendado en cuerpo y alma al desempeño de su oficio.

            Claude, el protagonista de Asesinato por contrato, es un licenciado en económicas que pretende progresar en la vida por medio del homicidio, una transacción más dentro de un mundo en el que tan solo se puede progresar aprovechándose del prójimo. Inteligente, pulcro y metódico, Claude (perfecto Vince Edwards, parco en movimientos pero con ligeros despertares gestuales muy bien escogidos) ejecuta el crimen de sangre como ciencia aplicada, desarrollado con dedicación obsesiva y sin intermediación de sentimientos o creencias. Puro negocio, sin motivos personales.

En este sentido, Lerner, un realizador oriundo del documental, adopta los procedimientos de su personaje y factura la muerte en pantalla con idéntica parsimonia, sobriedad espartana y eficiencia expresiva, ya sea fuera de campo o mediante el uso de elipsis.

            Asesinato por contrato es una película de aires europeos, casi bressoniana –muchas son las comparaciones con Pickpocket, que no obstante emplea un tono más litúrgico en el retrato de sus correspondientes actividades delictivas-. Punteada por la hipnótica partitura de Perry Botkin y arropada por el envolvente blanco y negro de Lucien Ballard, la atmosfera del filme exhibe una modernidad sorprendente.

            Desde un Nueva York sombrío y de interiores, Claude viaja a la deslumbrante Los Ángeles, todo espacios abiertos y expuestos. Ambas, ciudades huérfanas de calor humano –apenas aparecen secundarios, no hay casi planos de viandantes, las relaciones entre personajes son gélidas-. La excusa: cumplimentar el encargo imposible de la eliminación de una testigo del fiscal en ciernes de declarar contra el gángster que lo emplea.

La pieza más dificultosa por su naturaleza imprevisible e inquieta. La fortuna gafada, el último vestigio de humanidad que acciona escondidos resortes psicológicos.

            Los dos escenarios compone sendos segmentos diferenciados donde, tras una profusa presentación del carácter y los métodos del mercenario –un entrenamiento físico, mental y moral que inspiraría al Travis Bickle de Taxi Driver-, se procede a desmontar la fascinación que había despertado su aparente infalibilidad; objetivo para el cual el guion incorporará notables dosis de ironía propiciadas por la desarmante irrupción de lo absurdo –los antitéticos y extravagantes compañeros, la evolución del encargo-.

            Una distorsión que se contagia por extensión a la propia cultura estadounidense, tendente a la celebración del progreso económico y la violencia hasta el extremo de, en ocasiones, convertir ambos conceptos en uno solo. No es casual por tanto la imagen de ciudadano modélico que luce el protagonista –en cierta escena se vanagloria de su respeto escrupuloso por la ley- o sus feroces diatribas contra el mercado de armas y los crímenes inherentes a la guerra, cuestiones polémicas pero socialmente disculpadas.

            A pesar de la mayor irregularidad de la que adolece esta segunda parte del metraje, el encanto único e irresistible de Asesinato por contrato, su estimulante capacidad de seducción adelantada a su tiempo, perdura intacta después de más de medio siglo.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 8.

Veracruz

26 Ene

“Morir por dinero es una estupidez. Antes, ahora y siempre.”

Jesús Raza (Los profesionales)

 

 

Veracruz

 

Veracruz

Año: 1954.

Director: Robert Aldrich.

Reparto: Gary Cooper, Burt Lancaster, Sara Montiel, Denise Darcel, César Romero, Ernest Borgnine, Jack Elam, Charles Bronson.

Tráiler

 

 

            Aún no había llegado su hora, pero el western sucio ya estaba ahí.

Tuvieron que juntarse para descerrajar esta nueva cosmovisión descreída, agria y sombría, un outsider antipático y desengañado como Robert Aldrich –que ya había innovado en terrenos del Oeste con Apache, confirmación del western proindio- y un escritor con los personajes turbulentos como seña de identidad como Borden ChaseRío Rojo, Winchester ’73, Horizontes lejanos, Tierras lejanas-, hermanados los dos en medio del México revolucionario, contexto en el que el escritor Javier Marías, amante del género, situaba al ciclo más pesimista del western, hecho que se confirmará precisamente en la malhumorada y desmitificadora década de los sesenta a través de iracundas y desesperadas epopeyas como Mayor Dundee, Grupo salvaje o Los profesionales, de las que la presente cinta, Veracruz, es claro antecedente.

            El comienzo de Veracruz se advierte ya soturno y terrible, anuncio de la presencia de unos buscadores de fortuna que se materializarán a través de dos pinceladas, las justas y necesarias, producto del dominio de Aldrich de la narración cinematográfica. Así, un derrotado y amargado combatiente sureño (Gary Cooper) y a un chacal sin amigos, sin creencias y sin ética alguna (Burt Lancaster), se convierten en extraños compañeros de cama por obra y gracia del azar, ambos ávidos del oro que puedan pescar en el río revuelto de la revolución juarista.

            La ambigüedad, el equívoco y la contradicción gobiernan por tanto a los dos protagonistas, tibiamente matizados por un primario apunte de sensibilidad en el primer caso -su misericordia hacia los caballos, cierto refinamiento, su silencio, que de ningún modo oposición, ante las tropelías de la banda de cuatreros-; y por una amplia y resplandeciente sonrisa en el segundo, la cual, sin embargo, pronto se contradirá con manifestaciones de cruda y cínica amoralidad –reflejo de su total abyección, será capaz de usar a un niño como escudo humano, a la vez que se muestra fiel tan solo a su codicia-.

Si acaso, la solución maniquea que serviría para distinguir con claridad al uno del otro se encuentra en el decorado de sus andanzas: el México escindido en guerra civil, con el pueblo entregado a la causa revolucionaria frente a un ejército imperial y extranjero habitado por personajes de siniestro aspecto prusiano y ataviado con una temible indumentaria más propia de otros tiempos y otros lugares.

             Es de nuevo el azar y, sobre todo, el hambre de oro, lo que determina el ideal al que sirven, en este caso la defensa de las posiciones del emperador Maximiliano como escolta de la  comitiva destinada a comprar nuevas tropas en Europa gracias al tesoro nacional. Dado que en realidad su carácter neutral queda garantizado por su naturaleza miserable, no es ésta sino la excusa para acometer la provechosa fechoría que tan oscuros personajes perseguían al cruzar la frontera.

             Esta lucha entre materialismo e idealismo, entre amoralidad y moralidad, entre la avaricia y el honor, es la que determina el devenir del filme y de su pareja protagonista, tenues variaciones el uno del otro –sus elecciones amorosas y de conciencia parecen en ambos casos contravenir su personalidad y su extracción-, condenados, en último término, a dirimir con plomo sus diferencias.

             Resguardado por las excelentes interpretaciones de Cooper y Lancaster –reseñable, ya que no son precisamente mis favoritos- y un solidísimo plantel de secundarios, con tipos del carisma de Ernest Borgnine, Jack Elam o Charles Bronson –cabría incluir a una arrebatadora Sarita Montiel robándole el corazón y la cartera al estirado de Cooper-, Aldrich compone un western poderoso, apasionado y colérico en el que, a pesar de tratarse de su tercer largometraje, daba ya pruebas fehacientes de su saber de narrador –a pesar de algún corte abrupto en la continuidad de un par de escenas-.

Su estilo conciso, contundente y expresivo es capaz, como hemos visto, de definir personajes y situaciones dramáticas de un plumazo y de legar, al mismo tiempo, planos y movimientos de cámara cargados de significado y con destacado valor estético.

            Con todas estas armas, el cineasta norteamericano dota de un ritmo preciso y fluido tanto al desarrollo del atrayente relato original de Chase como a la evolución de sus poco complacientes protagonistas, envueltos en su particular concepto de amistad cómplice, para nada reñida con su imperativo fisiológico de triunfo individual, utilitarista y a cualquier coste.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 8.

A %d blogueros les gusta esto: