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Flesh Out (Il Corpo della Sposa)

19 Nov

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Año: 2019.

Directora: Michela Occhipinti.

Reparto: Verida Beitta Ahmed Deiche, Amal Saad Bouh Oumar, Sidi Mohamed Chinghaly, Aminetou Souleimane, Aichetou Abdallahi Najim.

Tráiler

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         A Verida la quieren gorda y con estrías, de ahí su obligación de hacer diez comidas al día. Documentalista italiana que estrena con Flesh Out su primer largometraje de ficción, Michela Occhipinti escoge la tradición mauritana del leblouh o gavage -la alimentación forzada de la futura esposa de un matrimonio concertado para que satisfaga los apetitos físicos de su marido- a fin de, por oposición, dar cuerpo a una denuncia de las servidumbres estéticas de la mujer. Es decir, una cuestión de belleza o de prestigio social que en Occidente puede identificarse, entre otros, con la delgadez -como también se le muestra a la protagonista en determinados elementos que aparecen en pantalla, como las muñecas o los reclamos publicitarios-, y que no es más que la manifestación autóctona y actual de un asunto universal, con sus rasgos particulares en cada lugar y cada tiempo -el corsé, los pies de loto, los cuellos de jirafa, el burka, el estrabismo, los lóbulos hiperextendidos…-.

         Flesh Out mira desde el comienzo a los ojos del espectador, a quien acerca literalmente a la cotidianeidad de Verida a través de planos cortos, instalados en sus espacios íntimos, en su expresión emocional. Este mismo recurso se adentra igualmente en las sensaciones que produce la comida que, constantemente, se le sirve a Verida. La insistencia de esos planos tan directos, tan físicos, con idéntica presencia del sonido, son útiles para sentir como propio el empacho de esa joven a la que atiborran sin piedad.

Occhipinti -que también coescribe el guion junto a Simona Coppini– traza un relato costumbrista en el cual, al mismo tiempo, trata de ser rigurosa alejándose de construcciones planas de personajes, juicios a priori y estereotipos propios de una mirada europea o, cuanto menos, condescenciente y paternalista -no por casualidad, la biografía de la directora la acredita como una persona de mundo por pleno derecho-. Dispuestas sobre este texto no excesivamente complejo o sorprendente pero sí solvente y honesto, son decisiones que le otorgan viveza y autenticidad al retrato femenino, logrando obtener una empatía natural sin recurrir a efectismos y manteniendo siempre de fondo, reconocible en su universalidad, ese conflicto entre hacerse aceptar y aceptase a uno mismo.

         Pero Occhipinti, más allá del realismo sobre el que se asienta la narración, cuida igualmente la elaboración de los fotogramas, lo que llega a su culmen en un fantástico plano de clausura donde la demostración de potencial estilístico permite a su vez rebajar el manido melodramatismo del desenlace.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: -.

Nota del blog: 6,5.

Timbuktu

10 Dic

“Todavía voy al cine, aunque cada vez lo encuentro menos estimulante. En los últimos Óscar todas las películas nominadas en lengua extranjera eran mucho más interesantes que las películas americanas con más nominaciones. Me refiero a filmes como Ida o Timbuktu, que son muy superiores a las mejores películas americanas.”

John Boorman

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Timbuktu

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Timbuktu

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Año: 2014.

Director: Abderrahmane Sissako.

Reparto: Ibrahim Ahmed, Abel Jafri, Toulou Kiki, Layla Walet Mohamed, Mahdi A.G. Mohamed, Kettly Noël, Fatoumata Diawara, Adel Mahmoud Cherif, Salem Dendou.

Tráiler

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            Siempre es estimulante y sobre todo enriquecedor adentrarse en los relatos sobre el terrorismo islámico sin tener como intermediaria una mirada occidental lastrada por la distancia y cargada de prejuicios, muchas veces capaz de describir aunque no de comprender.

Timbuktu, primera película de Mauritania –coproducción francesa, eso sí- en atender a los premios a la mejor película de habla no inglesa en los Óscar –e imagino que de estrenarse en salas españolas-, una obra ambientada en la Guerra de Malí y la invasión de las regiones norteñas del país sahariano por los fundamentalistas islámicos de Ansar Dine, habla de la vida bajo la yihad en movimiento, donde no se escucha música, no se juega al fútbol, no se puede sentar uno a la puerta de casa,… pero donde aún se ama, se anhela, se filosofa, se conversa y se resiste.

            El prisma que emplea el director y guionista Abderrahmane Sissako es, por tanto, esencialmente humanista. Esto es, ninguno de los personajes que comparecen en esta película coral –ni los yihadistas, ni los habitantes de la ciudad, ni los tuareg ganaderos al margen de todo- pierde su esencia humana, con sus luces y sus sombras, unas u otras más o menos pronunciadas según cada individuo. Un marco íntimo y personal a través del cual ubicar, por extensión, cierto diálogo del islam consigo mismo –sobre todo entre el imán de la mezquita y el líder de los invasores-. Por lo general, su carácter es natural y verosímil, así como sus motivaciones, enmarañadas en un escenario global en el que se encuentra ternura, emociones reconocibles y la terrible sombra de la sinrazón.

            Desde la relativa comodidad occidental, resulta tentador criticar que los villanos internacionales más evidentes de este comienzo de siglo, los integristas islámicos, también puedan ser vistos como personas, con sus dudas, sus contradicciones, sus mezquindades y sus ridiculeces -al fin y al cabo, Timbuktu es una película fundamentalmente terrenal; poco hay de rastro divino en ella aparte de las citas vanas del Corán, refugio para toda clase de vulgaridades-. Y, en relación a esto, que la visión del conflicto sea asimismo demasiado delicada, dueña de un dolor estoico y una tristeza melancólica incluso durante las tenues pinceladas de humor que surgen producto de la enajenada inmoralidad extremista.

Hay que tener en cuenta la dificultad que, se presume, significa rodar una cinta de semejante temática en la región. De igual modo, cabría pensar que esa presunta tibieza forma parte de la citada perspectiva cultural no europea, menos filtrada por esquemas mentales impuestos por el desconocimiento o, peor aún, por las fórmulas de propaganda política.

            Sea como fuere, es loable esa resistencia privada y emocional que se plasma, principalmente, en uno de los más hermosos partidos de fútbol jamás rodados. Timbuktu se muestra proclive a extraer la tradicional poesía del paisaje imperturbable e inconmovible ante la suerte de los hombres, de esa lírica cotidiana de un mundo extraño, tan cercano y tan lejano, y tantas veces vista y tan bien considerada en el cine exótico que puebla muchos de los festivales especializados de cine.

En cambio, también aflora en el filme cierta sensación de desaprovechamiento, que emana de una narración en exceso fragmentada e incluso forzada o precipitada en determinados tramos; de una falta de concreción o de pulido en el trenzado de sus retazos de esta realidad problemática que, definitivamente, condense el estimable potencial de su discurso.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7.

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