Tag Archives: Matemáticas

21 Black Jack

14 Jun

“Soy un escritor de Hollywood, así que me pongo mi chaqueta deportiva y me quito el cerebro.”

Ben Hetch

.

.

21 Black Jack

.

21 Black Jack

Año: 2007.

Director: Robert Luketic.

Reparto: Jim Sturgess, Kate Bosworth, Kevin Spacey, Aaron Yoo, Liza Lapira, Jacob Pitts, Laurence Fishburne, Josh Gad, Sam Golzari.

Filme

.

.

            El giro sorprendente de guion compone uno de los elementos imprescindibles en el cine de picaresca y timos; esto es, aquel en el que un grupo de personas aspira a conseguir por pura habilidad intelectual un cuantioso botín que, por otros medios –intimidación física, acción expeditiva, tecnología puntera- sería imposible de obtener. Robos de intrincada y limpia cirugía que fascinan y atrapan sin remedio –El golpe, Nueve reinas,…- pero cuyo satisfactorio resultado cinematográfico depende de un valor contradictorio a lo que se expone en su trama: la honestidad de esos citados giros argumentales, la ausencia de argucias, que el guionista no se convierta en un simple pícaro más que roba la cartera al espectador distrayendo su atención con un truco barato.

            21 Black Jack presenta un atractivo número de feriante: un cruce entre los espectaculares asaltos a casinos de la saga de Ocean’s Eleven, entremezclado con las habilidades matemáticas de Rain Man y la reivindicación (seria) del nerd sin vida social de las comedias juveniles de los ochenta.

Chicos guapos que, bajo el liderazgo carismático de Kevin Spacey -enrollado profesor de ecuaciones no lineales y antiguo contador de cartas de Las Vegas-, conocen los inalcanzables lujos del sistema regido por el dios dólar gracias a la estafa cometida contra las desopilantes catedrales de neón de la ciudad del pecado. Un escenario de sueño dorado de la MTv que Robert Luketic, artesano a disposición de productos por lo general precocinados y de consumo rápido, compone en consecuencia con un estilo de gusto contemporáneo, videoclipero.

            El arco dramático que dibuja 21 Black Jack le aleja de los turbios procesos de ascenso, caída y redención del cine de fascinación gangsteril marca Scorsese, ya que prefiere echar el ancla en el moralismo por medio, en primer lugar, de la justificación teleológica de los actos del protagonista –el robo por necesidad, fruto de la elitista educación norteamericana que rechaza el intelecto y solo admite el talonario-.

Presupuestos que conforman un viaje iniciático, con sus respectivas tentaciones, desvíos del camino inicial, posteriores aprendizaje y rectificación, que lo asemejan más en su desarrollo a los ejemplarizantes esquemas argumentales de la Disney y sus personajes que pasan de la nada al todo, ‘from zero to hero’.

            Como decíamos, la historia, bastante convencional y ya por momentos difícilmente creíble –extraño que ningún miembro de la plantilla de algún casino se pregunte porqué los siempre mismos tipos ganan tanto, siempre van juntos y siempre hacen tanto gesto raro-, trata de evitar la previsibilidad absoluta mediante la anteriormente mencionada trampa, el indeseable as en la manga. Lo malo es que el mago no es bueno, el truco está muy gastado, se le ve venir a la legua y el público ya pasa del número.

            Que al menos no sea aburrida a pesar de lo poco interesante de su propuesta, permite a 21 Black Jack conservar el estatus básico de película de usar y tirar.

 

Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 5.

Moneyball: Rompiendo las reglas

27 Nov

“Me obsesiona la gente que llega en segundo lugar.”

Brad Pitt

 

 

Moneyball: Rompiendo las reglas

 

Año: 2011.

Director: Bennett Miller.

Reparto: Brad Pitt, Jonah Hill, Philip Seymour Hoffman, Kerris Dorsey, Chris Pratt, Stephen Bishop, Robin Wright.

Tráiler

 

 

            Las dos primeras escenas de Moneyball en las que la banda sonora señala la épica coinciden con la explicación de un procedimiento matemático-estadístico y con una llamada del manager a desarrollar un estilo de juego que se podría catalogar como la antítesis del virtuosismo y la espectacularidad, mientras que la única arenga que se pronunciará en todo el filme constará tan solo de dos frases tópicas, espetadas con desgana y ante la pasividad de la plantilla.

Afortunadamente, el objetivo de Moneyball no es el béisbol en sí mismo, un deporte localista y no precisamente atractivo al ojo del profano. No es la reivindicación del sudor y la sangre vertida por los esforzados gladiadores en la arena del diamante de juego, de la superación personal de un conjunto de individuos para alcanzar los brillos y oropeles de la gloria. La épica que propone Moneyball es intimista, va por dentro.

             La figura de Billy Beane –encarnado por un Brad Pitt cada vez más selectivo en sus desafíos interpretativos, apoyado para ello en cometidos de producción, y con unos resultados más que interesantes-, manager general de los  Oakland Athletics, guía al espectador por los vericuetos intestinos del béisbol en un alegato por la dignidad del segundón y del hermano pobre que bien podría leerse como una velada crítica contra el sistema liberal ultracapitalista, en el que el pez chico está obligado a servir de alimento al pez grande y en el que el individuo es una mercancía desechable más con la que especular o depredar.

             Aunque no comparto la detallada teoría estadística que sostiene la revolución de los paupérrimos Athletics de la temporada 2002 –no estoy muy familiarizado con el béisbol, pero toda reducción de un deporte, por estático o técnico que sea, a simples cifras y ecuaciones me parece una premisa detestable-, es imposible resistirse al romanticismo del equipo pequeño que se niega a someterse, sumiso, a un juego trucado desde el principio; a la apuesta suicida por el ingenio, el talento y la innovación frente al impersonal y todopoderoso talonario; a la rebeldía genial, digna, idealista y desesperada de unos iluminados que deciden gritar basta; al corte de mangas contra una sociedad aborregada siempre dispuesta a arrodillarse y adorar el signo de la victoria, aunque esté vendido al mejor postor.

              El espléndido libreto de dos seguros como Zaillian y Sorkin consigue arrojar sobre la pantalla más intensidad, emoción y profundidad –no digamos ya credibilidad, a pesar de que la mayoría de estas producciones también agitan la bandera de ‘basado en hechos reales’- que cualquier relato de hazañas atléticas de parias que desafían su naturaleza, impulsado a su vez por la acertada dirección de Miller y el soberbio trabajo del reparto, en el que Pitt, capaz de llenar la pantalla por sí solo, ejerce de columna vertebral.

En Moneyball se palpa la tensión, la bravura, la inquietud, las dudas, la osadía y el esfuerzo ciclópeo del reto personal, desde las sombras del estadio pero a pecho descubierto, de un hombre en perpetua y furiosa reinvención para burlar un destino de perdedor al que no se siente llamado.

Una grata sorpresa.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 9.

Los crímenes de Oxford

13 Sep

“Nunca puedes subordinar la estructura de la película al truco final. El camino por el que llevas al espectador es tan importante como la resolución. Hacer una película solo por el prestigio final no tiene sentido.”

Rodrigo Cortés

 

 

Los crímenes de Oxford

 

Año: 2008.

Director: Álex de la Iglesia.

Reparto: Elijah Wood, John Hurt, Leonor Watling, Julie Cox, Jim Carter, Burn Gorman, Dominique Pinon.

Tráiler

 

 

              En su película Fraude, el mito Orson Welles, reconocido apasionado del ilusionismo y la magia, disertaba sobre la apariencia, la realidad y la ficción componiendo un falso documental sobre un falso falsificador de arte. Una construcción osada y burlona a partes iguales que jugaba con y se reía de las convenciones del cine, el pacto sagrado de credulidad entre el espectador y la obra ante él representada.

En Los crímenes de Oxford, Álex de la Iglesia, un realizador sin temor ninguno al riesgo, ensayaba un ejercicio similar, con un acercamiento desde la lógica pura, fría e irrebatible de las matemáticas como punto de partida para la reflexión acerca de los cánones y la gramática de las novelas detectivescas, un mundo hermanado y compartido entre páginas de papel y fotogramas de celuloide.

              Por el contrario, lo que en la propuesta del impetuoso cineasta norteamericano fluía con la naturalidad y la irreverencia propia de una obra con aire a capricho personal, la cinta del director vasco, con las ambiciones propias de un primer paso de internacionalización –conocido reparto internacional, producción lujosa, presupuesto abultado-, queda rígida en su ampulosidad, demasiado estudiada. Muy matematizada y poco libre.

              Así, después de esos dos frutos de su particular visión tétrica de la cotidianeidad como son la genial La comunidad y la hilarante Crimen ferpecto, de la Iglesia se aproxima de nuevo al tópico del asesinato y el crimen perfecto por medio de un intrincado (y forzado) laberinto de medias verdades, secretos, mentiras y falsedades.

Sin embargo, Los crímenes de Oxford naufraga por parte de un guion demasiado dialéctico, excesivamente concentrado en explicar los pasos de la lógica y el azar, en vez de desarrollar con eficacia esa excusa de la trama clásica de investigación del crimen pasada por el tamiz de dos investigadores atípicos: el desengañado matemático de John Hurt, el joven arrogante Elijah Wood, con una relación similar a la de Holmes y Watson, a la de un maestro y su discípulo.

Demasiada palabrería que, si bien plantea de inicio una discusión interesante, acaba por aturullar y aburrir.

              Curiosamente, lo mejor de la película, esa despampanante y lúbrica Leonor Watling, apela a instintos primarios más que a las divagaciones lógicas.

 

Nota IMDB: 6,1.

Nota FilmAffinity: 5,7.

Nota del blog: 4.

A %d blogueros les gusta esto: