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Vengadores: La era de Ultrón

8 Feb

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Año: 2015.

Director: Joss Whedon.

Reparto: Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Jeremy Renner, Mark Ruffalo, James Spader, Elizabeth Olsen, Aaron Taylor-Johnson, Paul Bettany, Samuel L. Jackson, Cobie Smulders, Linda Cardellini, Claudia Kim, Don Cheadle, Andy Serkis, Thomas Kretschmann, Stellan Skarsgård, Anthony Mackie, Julie Delpy, Idris Elba, Hayley Atwell, Stan Lee.

Tráiler

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          “Tú los destrozarás desde dentro”, le explica el supervillano Ultrón a la Bruja Escarlata, que con sus poderes psíquicos es capaz de enfrentar a cada uno de los vengadores contra sus temores más profundos y ocultos. La duda del superhéroe es uno de los temas principales de Vengadores: La era de Ultrón, una continuación en la que las dobleces y los dilemas internos de los integrantes de este ‘dream team’ marvelita poseen un mayor protagonismo en comparación con la anterior, donde primaba la colisión entre la acción épica y el diálogo afilado, casi de screwball commedy, que define la impronta de Joss Whedon.

En esta secuela, la Bruja Escarlata desnuda al superhéroe ante el espejo del yo, al igual que Mantis podía leer los secretos a flor de piel de aquel a quien tocaba en otra segunda parte, esta vez de Guardianes de la galaxia. Pero mientras que en el caso de Peter Quill estos se referían a una risible tensión sexual no resuelta, en Vengadores: La era de Ultrón se trata de preguntas acerca de la responsabilidad, el significado y las consecuencias de actuar de forma heroica, acerca de qué define la bondad o la maldad de estas acciones y cuán legítimas son las motivaciones y los resultados que estas producen.

Es decir, una introspección en la dualidad entre dios o monstruo que, por ejemplo, también se exponía en la reciente resurrección de Supermán en El hombre de aceroBatman v. Superman: El amanecer de la Justicia, o que, sin salirnos de la factoría, se encuentran en la base de esa relectura del doctor Jekyll y el señor Hyde que es Hulk.

          La diferencia de peso entre los miedos íntimos de Peter Quill y sus primos vengadores será lo que explique que en una se mantenga el tono festivo marca de la casa y en otra se matice hasta, incluso, aproximarse a la trágica negrura de la rival DC, la cual, sin embargo, e independientemente de que obtuviese mejores o peores réditos, apostaba con más decisión y consistencia por este drama personal. Porque en Vengadores: La era de Ultrón este tema queda apenas en apuntes con escaso vuelo, de igual manera que otros planteamientos de cierta enjundia como la identificación entre contrarios que sabe percibir el siempre íntegro Capitán América en los encolerizados hermanos Maximoff o las interpretaciones políticas que pueden entreverse en ese proyecto Ultrón con similitudes al escudo antimisiles de los Estados Unidos rebautizado con el cinematográfico ‘La Guerra de las Galaxias’, seguido de las tradicionales imágenes de la catástrofe colosal impregnadas de los ecos del 11-S, en este caso provocadas por un Hulk que, de este modo, se hermana de nuevo con el Supermán que defiende Metrópolis del ataque de general Zod no sin provocar una cuota de destrucción propia en absoluto desdeñable.

En la misma línea, la irrupción como némesis del automatismo viviente Ultrón presenta un villano que no termina de funcionar en su contradictoria mezcla de imponente figura mecánica e inteligencia orgánica con tendencia al chascarrillo, mientras que su particular propuesta filosófica, derivada de su equiparación de la preservación con la destrucción dentro de una visión de conjunto de su cometido, tampoco tiene finalmente demasiada atención ni alcanza gran altura.

          En cualquier caso, el humor continúa siendo un elemento disruptivo frecuente, capaz de cuestionar códigos del género superheroico como si fuesen fans que lanzan comentarios con sorna sobre la desaparición de mujeres capitales en este universo de alta virilidad -Pepper Pots y la astróloga Jane Foster- o sobre la verdadera utilidad del vilipendiado Ojo de Halcón en este equipo de semidioses. Pero, después de atizar a mansalva al modesto arquero, lo cierto es que Vengadores: La era de Ultrón lo convierte en otro de los ejes de gravedad del drama, puesto que, con su ejemplo de tipo corriente, ofrece las guías reflexivas para sus compañeros.

Ante las disyuntivas, Vengadores: La era de Ultrón traza un camino de reencuentro, un replanteamiento del “¿por qué luchamos?” que apunta a la esencia sublimada de los propios Estados Unidos: la independencia y el valor del ciudadano común; la defensa del hogar y la familia; el sacrificio por los valores y por el compatriota por parte de una persona humilde que asume sus falencias y debilidades pero que es consciente de la fuerza de su propia determinación y de su importancia para cumplir con un deber en el que lo patriótico es indisociable de lo moral… La aceptación de uno mismo como concepto clave.

El toque humano que aporta el ciudadano-guerrero Clint Barton es así fundamental en lo intelectual y, a la postre, se materializará también en la acción. Al fin y al cabo, del primero al último de ellos quedarán igualados en planos secuencia de manifiesta artificiosidad y artificialidad, donde cualquier vestigio físico a uno y otro lado del fotograma queda sumido en un mar de píxeles. También en otro plano secuencia que es casi un reflejo final de la apertura y en el que aparecen plasmados en una escultura de mármol, el material en el que se reconoce a las deidades para la eternidad -por mucho que, igualmente, esté plastificado en textura digital-.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 6.

Guardianes de la galaxia Vol. 2

6 Feb

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Año: 2017.

Director: James Gunn.

Reparto: Chris Pratt, Zoe Saldana, Dave Bautista, Bradley Cooper, Vin Diesel, Kurt Russell, Michael Rooker, Karen Gillan, Pom Klementieff, Elizabeth Debicki, Sean Gunn, Chris Sullivan, Sylvester Stallone, Stan Lee.

Tráiler

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          Hay una cuestión que, más allá de su devoto fetichismo por la cultura pop del periodo -cinematográfica, musical, visual, tecnológica…-, conectaba de fondo a Guardianes de la galaxia con el cine de aventuras y fantasía de los ochenta: ese tema de la ausencia paterna tan característico de las producciones de Steven Spielberg y la factoría Amblin. El segundo capítulo de la saga otorga protagonismo a este asunto para, a partir de ahí, construir un argumento en el que se enfrenta el peso de la sangre, de la genética, al concepto de familia elegida. Porque la familia, como expone la subtrama de las hermanas Gamora y Nebula, es el tema principal de Guardianes de la galaxia Vol. 2.

          Obviamente, en concordancia con el espíritu de la serie -que va un paso más allá incluso que el de la propia Marvel, si bien luego ha sido superada por Deadpool-, este drama queda abordado con un tono ligero en el que es frecuente el humor irreverente y posmoderno, que tanto sirve para rebajar la grandilocuencia de la tradicional acción superheroica como las tentaciones de componer una tragedia colosal. Lo antitético de lo que propone su rival DC, como es sabido. Falta le hace esta comedia, sea como fuere, porque todo espectador conoce de pe a pa el desarrollo y la resolución de este dilema que se plantea, además de que el resto de vertientes paralelas tampoco poseen una mínima consistencia -quizás Yondu se revele como un personaje con algo más de posibles-, con lo que el relato en sí termina por quedarse bastante endeble y deshilvanado.

          En todo caso, la estrategia de la semiparodia no deja de ser medianamente inteligente: si no se apunta alto -o si se admite la improcedencia de esta grandilocuente solemnidad- es más fácil acertar el tiro, sobre todo si se sigue hallando gags de impacto. Como explicita su introducción, donde la cámara sigue al adorable Baby Groot mientras baila ajeno a la macropelea que transcurre en segundo plano, la atención de la película no está puesta en los increíbles avatares de unas criaturas extraordinarias, sino en su chispa cotidiana, trivial. 

De esta manera, Guardianes de la galaxia Vol. 2 se atiene en gran medida y hasta exagera la fórmula que hacía de la entrega inaugural un divertimento relajado y simpático, protagonizado por uno de los nuestros. Es decir, por un superhéroe que, en realidad, es un tipo campechano con el que el público comparte sensibilidad y sentido común, aficiones y, por tanto, adrenalina. Peter Quill es un tipo que tiene nuestra misma piel, encarnado además por un chaval con un carisma y un atractivo nada ostentoso, probablemente acentuado por su condición de exgordo, como Chris Pratt, el héroe de la generación que no teme ser friki ni reivindicar sus apetencias de niño grande.

          Con todo, la repetición hace que la adrenalina no fluya con igual intensidad, además de que el diseño de producción, de tan exagerado y virtual, sume a los personajes en un entorno donde la fisicidad y por ende la energía brillan por su ausencia, llevándolos a ser figuras que se mueven en una nada a la que es complicado asirlos e incluso ubicarlos. Los erráticos movimientos de cámara y un montaje más bien pobre o cortado con poco interés acentúan esta sensación.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 6.

Capitán América: El soldado de invierno

14 Jul

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Año: 2014.

Directores: Anthony Russo, Joe Russo.

Reparto: Chris Evans, Scarlett Johansson, Anthony Mackie, Samuel L. Jackson, Robert Redford, Sebastian Stan, Maximiliano Hernández, Frank Grillo, Cobie Smulders, Emily VanCamp, Toby Jones, Hayley Atwell.

Tráiler

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         En la tercera entrega de las aventuras de Iron Man, el superhéroe que configuró la marca cinematográfica de Marvel, el correspondiente villano, un terrorista iluminado y oriental que respondía al nombre de El Mandarín, se revelaba finalmente como un truco de distracción promovido por poderes fácticos en la sombra, más reales y terribles. Aunque la remodelación de este personaje desconcertaría e irritaría a los fanáticos del cómic original -espacio artístico secundario a estas alturas de la industria-, la maniobra de Shane Black serviría para dotar al blockbuster de un acidísimo contenido crítico respecto de la política exterior estadounidense.

Siguiendo esta línea subversiva, Capitán América: El soldado de invierno sitúa al protagonista, que no deja de ser un veterano de la Segunda Guerra Mundial, en un thriller de espionaje ambientado en la paranoia posterior al 11-S, el espionaje masivo de la Agencia Nacional de Seguridad y la vulnerabilidad de la información privada de los usuarios de internet y las redes sociales en todo el mundo. Sus lecturas, a pesar de cierta ambigüedad final en la comisión de investigación -un apunte hacia las posibilidades de corrección del sistema, el reciclaje parcial de las manzanas sin pudrir en las viejas instituciones a las que precisamente se aludía, la defensa del superhéroe vigilante que no obstante queda desterrado al margen de lo establecido-, son tremendamente contundentes: el siglo XXI como un libro digital abierto al poder y del que éste se sirve para espolear el fascismo que se esconde en medidas presuntamente patrióticas que defienden, cueste lo que cueste, conceptos como la seguridad nacional. Y, frente a ello, propone recuperar el espíritu honesto y entregado de la mitificada ‘mejor generación’, cuya memoria, como parece indicar la enfermedad de la anciana agente Carter, pende al borde de su desaparición definitiva.

         De este modo, Capitán América: El soldado de invierno trasciende el sencillo espectáculo superheroico de su primer capítulo para combinar un entretenido ejercicio de intriga -de giros bastante previsibles, en cualquier caso- con una mirada crítica que aporta discurso y mensaje a la diversión palomitera, la cual esta vez queda ligada a unas escenas de acción que no poseen el corte clasicista de Capitán América: El primer vengador, sino que toman la cinética dinámica y el nervio inquieto del estilo coreográfico de las artes marciales mostrado, como ejemplo popularizador, en El caso Bourne.

Por tanto, la cinta conecta con esa sensación de desencanto y conspiranoia, capaz de emparentar los turbulentos años setenta con este comienzo del milenio, que también barniza otro producto Marvel como es la serie The Punisher. Se podría decir que, en cierta forma, Capitán América: El soldado de invierno está casi más cerca de Los tres días del Cóndor -sirva de conexión la presencia en el reparto de Robert Redford, uno de los adalides de la izquierda hollywoodiense- que de una película de superhéroes al uso, tal es la desprotección que muestra el supersoldado Steve Rogers frente a una compleja trama que, a priori, sobrepasa sus capacidades, como si se tratase prácticamente de otro individuo común.

Y, al igual que en Los tres días del Cóndor, el aspecto íntimo de la película -la deuda, la redención y la duda-, aporta un elemento dramático menos interesante que lo anterior.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7.

Capitán América: El primer vengador

13 Jul

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Año: 2011.

Director: Joe Johnston.

Reparto: Chris Evans, Hugo Weaving, Hayley Atwell, Tommy Lee Jones, Sebastian Stan, Stanley Tucci, Toby Jones, Dominic Cooper, Neal McDonough, Kenneth Choi, Derek Luke, Richard Armitage, Natalie Dormer, Samuel L. Jackson.

Tráiler

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           Todas las películas de Marvel terminan con un “en el próximo episodio…”. A pesar de la apariencia autoconclusiva de cada entrega, todo filme de la factoría se encuentra encadenado a un engranaje de producción en el que, más que un fin en sí mismo, parece un medio que alimenta el consumo de las obras venideras. Fórmula que forma parte de una fórmula amplia, férreamente controlada por los agentes que se encuentran por encima de los directores, en una estructura no demasiado alejada, por así decirlo, del esquema futbolístico de entrenador -el realizador de turno-, director deportivo -un tipo que marca las pautas artísticas del conjunto y su futuro, como Joss Whedon– y presidente -el todopoderoso Kevin Feige-.

De este modo, en ocasiones estas cintas tienen un deje de tráiler alargado, con mayor o menor fortuna. Escasa, por lo general, en los capítulos de apertura, puesto que presentar las características, los prodigios, las motivaciones y los conflictos del héroe es, a pesar de sus frecuentes convenciones, un lastre importante para la agilidad de la narración. Capitán América: El primer vengador es buena muestra de ello.

           Por más que Joe Johnston trate de retrotraer la película a una atmósfera añeja que en cierto modo recuerda a la de su art déco RocketeerCapitán América: El primer vengador es un producto más académico que clásico, protagonizado por un superhéroe relativamente plano -el supermán de los pobres, nacido como humano y transformado en un supersoldado que enarbola los valores fundacionales y benignos de los Estados Unidos-, el cual se enfrenta a un villano estereotipado con la ayuda de unos personajes secundarios en su mayoría irrelevantes -apenas la agente Carter de Hayley Atwell le aporta carisma y presencia al asunto, lo que le valdrá luego para liderará su propia serie-.

           El nimio peso del héroe, de su antagonista y sobre todo de la aventura, provocan que en Capitán América: El primer vengador se acentúe esa citada sensación de simple trámite adornado con referencias para iniciados -en los cómics o en la saga cinematográfica de Los Vengadores-. Una sensación, pues, de rutinaria apertura funcionarial de un acta que, como consuelo, cuenta con una secuela netamente superior.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 5,7.

Nota del blog: 4,5.

Logan

4 Jun

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Año: 2017.

Director: James Mangold.

Reparto: Hugh Jackman, Dafne Keen, Patrick Stewart, Boyd Holbrook, Stephen Merchant, Elizabeth Rodriguez, Richard E. Grant, Eric La Salle.

Tráiler

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         Hay una constante aparición de tebeos de los X-Men en Logan. El superhéroe revisa el relato de sus hazañas, deformadas por puntos de vista ajenos y maravillados por su poder sobrenatural. Su testimonio de primera mano puntualiza las diferencias entre la leyenda y la ‘realidad’ de los hechos, la cual posee rugosidades, dobleces y amarguras de imposible cabida en la epopeya heroica.

En Logan, después de que una pandilla de cholos casi lo aniquilen en un aparcamiento a causa de unas yantas cromadas, Lobezno, el mutante indestructible, colérico y cínico, combate contra la presbicia, las infecciones de pus y un asesino implacable que parece una formación cancerígena que lo carcome por dentro, brotando de su mismo interior que lo hacía aparentemente inmortal. El profesor Xavier, dueño del cerebro más prodigioso del orbe, chochea y lo deben meter a pulso en el baño para que mee. El crepúsculo de los héroes es tan degradante como el de cualquier hijo de vecino.

Sin embargo, desde este planteamiento antiépico, Logan termina desarrollando un western elegíaco de superhéroes en peligro de extinción individual y colectiva, en el que enarbola como referencia directa Raíces profundas. Porque si Logan mira los cómics desde el exterior, a Raíces profundas sí que la asume y corporeiza no solo a través de las imágenes y el argumento, sino mediante la reproducción literal de sus diálogos. En efecto, Logan reproduce el tópico de la confrontación entre el antihéroe desencantado y atormentado frente un símbolo potencial de inocencia y redención. Pero, para realojar en su seno la inocencia perdida, el antihéroe debe abrir la espesa coraza de cinismo que lo protege del enemigo.

         No obstante, a pesar de esta alusión evidente, el recorrido de Logan se asemeja incluso en mayor medida al de otro western mayúsculo, esta vez firmado por Clint Eastwood, cineasta que precisamente se había apropiado de los cimientos de Raíces profundas para dotarlos de una pátina más cruda y desolada en El jinete pálido. Logan, decíamos, sigue un trayecto muy similar a Sin perdón, obra agónica que se detenía asimismo en la discusión entre el Oeste novelado y el Oeste auténtico, debatida entre los propios protagonistas de los hechos y el cronista que los reconstruye desde su perspectiva fantasiosa. Y también Lobezno, al igual que el otrora sanguinario William Munny, debe recurrir aquí a un brebaje para recuperar su ira enterrada bajo capas de remordimientos.

         Aunque contiene algún punto de guion más dudoso -la pernocta en la granja alentada por Xavier, principalmente- y a que por momentos esta comunión entre antihéroe, infancia y distopía parece llevar la cinta hasta Mad Max 3, más allá de la cúpula del trueno, Logan realiza un buen trabajo en la composición de la atmósfera terminal y de perpetua frontera que habitan los personajes, sus relaciones desnudadas por la vida y las pulsiones de muerte que dominan la psicología del protagonista, así como la interacción con un universo cruel y desprotegido. De este modo, la falta de concesiones no se limitan a lo gráfico de la violencia; abarcan igualmente a la observación de su naturaleza ambigua -la niña que degolla sin parpadear, las ejecuciones a sangre fría del bueno de la película, la reacción última del granjero-.

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Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7.

Deadpool 2

21 May

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Año: 2018.

Director: David Leitch.

Reparto: Ryan Reynolds, Josh Brolin, Zazie Beetz, Julian Dennison, Morena Baccarin, Stefan Kapicic, Brianna Hildebrand, Shioli Kutsuna, Eddie Marsan, Karan Soni, T.J. Miller, Leslie Uggams, Rob Delaney, Terry Crews, Bill Skarsgård, Lewis Tan, Jack Kesy, Brad Pitt, Matt Damon, Alan Tudyk.

Tráiler

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         Por lo general, la potencia de un chiste no está tanto en su contenido como en quién lo cuenta y en cómo lo cuenta. 

No lo vamos a negar, Deadpool 2 es un chiste repetido. Es cierto que incorpora renovados hallazgos -Peter-, pero al mismo tiempo repesca incluso unos cuantos gags calcados de la película inaugural que ejercen ya a modo de coñas internas, de compadreo entre personaje y espectador, unidos en un diálogo constante que, desde una autoconsciencia total y orgullosamente sarcástica, no respeta la barrera de la pantalla ni la narración en sí. Sin embargo, a quien cuenta los chistes se le da tan bien hacerlo que casi no importa. Porque sigue siendo importante saber reírse de uno mismo.

         Obviamente, la sorpresa estaba prácticamente agotada desde aquella primera parte, que, con todo, lograba sortear el desgaste mediante un hábil montaje del relato. Aquí, dado que es nula de inicio, puede concentrarse en explotar la idiosincrasia del personaje, irreverente hasta la parodia contra todo, con el mayor salvajismo posible, sin ahorrar escatología, sexualidad o slapstick sangriento. Aunque los mejores golpes siempre van destinados contra el resto de superheroes, contra Hollywood en sentido extenso -ojo a los cameos- y, por supuesto, contra el propio producto.

         Sigue funcionando, por tanto, la vis cómica del mercenario más macarra del universo de los X-Men. Deadpool sabe como mantener alta una fiesta. Su desfachatez permanece fresca gracias a la amplia y equilibrada combinación de impulsos humorísticos de diversa procedencia, paradójicamente, la suficiente suspensión de la incredulidad para seguir sus aventuras, si bien el hecho de que se trate de una prolongación implique necesariamente su progresiva conversión en fórmula. La dirección de David Leitch -uno de los dos coordinadores de especialistas que cosechó prestigio como renovadores del género de acción con John Wick (Otro día para matar)aporta también trabajadas coreografías en las secuencias más espectaculares. Además, los productores saben como dejar buen sabor de boca rematando la función con escenas poscréditos especialmente jugosas y delirantes, esencia concentrada de un antihéroe que confirma ser de lo más carismático.

Otra cosa es que aguante estirar el chicle una vez más -o las que vengan, pues su ironía al respecto de las sagas superheroicas interminables es bastante cínica-.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 6,5.

Deadpool

18 May

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Año: 2016.

Director: Tim Miller.

Reparto: Ryan Reynolds, Morena Baccarin, Ed Skrein, T.J. Miller, Stefan Kapicic, Brianna Hildebrand, Gina Carano, Leslie Uggams, Jed Rees, Karan Soni, Stan Lee.

Tráiler

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         Qué importante es que un superhéroe se deje sodomizar con un strap-on por su pareja, con toda naturalidad. La escena podría estar sacada de Agárralo como puedas, pero pertenece a Deadpool, una cinta en cierta manera revolucionaria dentro del género superheroico por su absoluta desfachatez para sumergir un proyecto de blockbuster rompetaquillas en una calificación para adultos a priori completamente nociva de cara a estas pretensiones. La estrategia anticonservadora, basada en dar rienda suelta a la violencia explícita y a las alusiones sexuales directas -y con ello al humor negro y al humor escatológico- le sienta estupendamente desde el punto de vista cinematográfico y, a su vez, esta frescura y atrevimiento terminará revirtiendo en su cosecha de beneficios, ayudado también por hábiles campañas publicitarias que explotan su potencial para el meme.

         Deadpool lleva un paso más allá el irónico gamberrismo del que hacían gala superhéroes como Iron Man o Peter Quill y por extensión a los trajes relaxed-fit de la casa Marvel para adentrarse en un terreno que, en muchas ocasiones, es abiertamente paródico, orgullosamente inmaduro allí donde otros buscan una pretendida e impostada madurez. No solo es que desmonte desde la comicidad los tradicionales puntos climáticos del género -el melodrama personal, el duelo frente al mal, el romance-, sino que recurre a estos desde una intención que es humorística de raíz. La lucha de Deadpool es por las risas.

El filme ataca al arquetipo desde principios presentes incluso en clásicos literarios -lidiar con problemas cotidianos que son obviados o elididos en la narración convencional, como los desplazamientos hasta los escenarios, que aquí se realizan en taxi-; la hipérbole definitiva de tópicos aceptados que fuerzan la credibilidad -por momentos uno parece estar viendo La máscara y no le extrañaría que bajo el traje rojo del protagonista estuviera Jim Carrey-, la contradicción estilística -el empleo sarcástico del lenguaje visual, la elección de la banda sonora-, el compadreo con el espectador a partir de una adoración común de la cultura popular -hay guiños, referencias y diálogos metatextuales que podrían venir firmados por Quentin Tarantino-, o, en definitiva, la autoconsciencia irreverente -que abarca desde el microcosmos del cine de superhéroes hasta el universo del séptimo arte en general, pasando con ahínco sobre el propio Ryan Reynolds y su relación particular con ambos, así como por la ruptura desinhibida de la cuarta pared-. Qué bueno es saber reírse de uno mismo.

         El recorrido de la sorpresa es limitado, por supuesto, pero Deadpool también demuestra inteligencia narrativa para alargar su aguante, como por ejemplo en el montaje paralelo de la presentación del personaje y su contexto -una espesa tarea que a veces hunde sagas desde su capítulo inicial- con la misión y las secuencias de acción pura de un antihéroe que, además, en un detalle puntual de profundidad crítica, no cree en los héroes porque él, antiguo soldado de las fuerzas especiales, proviene de donde presuntamente se forjan estos en la vida real y conoce la mentira de primera mano.

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Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7,5.

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