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Mad Max: Furia en la carretera

27 May

“¡Max, estás hecho una pena!”, le cantaba Siniestro Total. Después de treinta años perdido entre las arenas posatómicas, Mad Max vuelve más loco que nunca para sembrar Furia en la carretera. Y arranca motores en Ultramundo: ¡Sed testigos!

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Mad Max 3, más allá de la cúpula del trueno

11 May

“Un mal western es el que cuenta una historia que podría ocurrir en cualquier parte.”

Howard Hawks

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Mad Max 3,

más allá de la cúpula del trueno

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Mad Max 3, más allá de la cúpula del trueno

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Año: 1985.

Director: George Miller.

Reparto: Mel Gibson, Tina Turner, Helen Buday, Angelo Rossitto, Angry Anderson, Frank Thring, Robert Grub, Bruce Spence.

Tráiler

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           Cumpliendo una deriva frecuente en las trilogías cinematográficas -donde el tercera capítulo acostumbra a reincidir en la fórmula si bien quedándose con el símbolo superficial de la franquicia y rehusando los matices que originalmente le aportaban color-, Mad Max 3, más allá de la cúpula del trueno recuperaba al jinete errante del postapocalipsis australiano para, al igual que en el segundo episodio de la saga, ofrecerle una nueva redención de la mano, otra vez, de unos personajes infantiles que encarnan la pureza auténtica del hombre frente a los vicios de la civilización, aquí revivida a duras penas por un poblado comercial superviviente gracias a la energía del estiércol porcino.

           Por tanto, se repite con grandes semejanzas ese esquema de tintes western de Mad Max 2, el guerrero de la carretera, tanto así que incluso en ésta continuación Max Rockatansky pierde el nombre para ahondar en su parentesco con el antihéroe anónimo que protagonizase la Trilogía del dólar de Sergio Leone.

Por el contrario, el tono del filme muta por completo para abrirse a una aventura de corte más familiar: se reduce el peso de la acción, la violencia adquiere rasgos tebeísticos o acontece fuera de campo y, en general, el guion se encuentra bañado de un humor blanco en el que, no obstante, también sobresalen dosis de saludable ironía, ideales para contrarrestar adecuadamente este viraje antitético al pesimismo y la inquietante agonía que dominaba seis años atrás Mad Max, salvajes de la autopista. Siguiendo esta línea, la película parece conducir hacia cierta resurrección que ya se aventuraba en su inmediata predecesora, de nuevo con Max como figura mitológica fundacional.

           En cualquier caso, la narración de Miller –que sería ampliamente auxiliado en el rodaje por George Ogilvie debido a su depresión por la muerte en accidente de Byron Kennedy, productor de la serie- atesora ritmo e imaginación. Cualidades que hacen del filme una obra muy entretenida y que a pesar de la evolución hacia una mayor amabilidad -bastante menos interesante dentro del conjunto de la saga-, todavía es dueña de ese insólito y característico carisma australiano.

Y eso que, ligado a la financiación americana, su elenco incorpora una presencia estelar llegada desde el otro lado del Pacífico, Tina Turner, quien proveerá asimismo el tema principal de la película, de gran éxito comercial. Los guiños musicales de Mad Max 3, más allá de la cúpula del trueno, no se detienen ahí, aunque sí se prolongan en un territorio más local: Angry Anderson, líder del grupo australiano de rock Rose Tattoo, encarna a uno de los divertidos villanos de la función.

 

Nota IMDB: 6,2.

Nota FilmAffinity: 5,7.

Nota del blog: 6,5.

Mad Max 2, el guerrero de la carretera

10 May

“El petróleo hace caer los gobiernos, hace estallar las revoluciones, los golpes de Estado,… Condiciona el equilibrio mundial.”

Enrico Mattei (El caso Mattei)

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Mad Max 2,

el guerrero de la carretera

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Mad Max, el guerrero de la carretera

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Año: 1981.

Director: George Miller.

Reparto: Mel Gibson, Bruce Spence, Emil Minty, Michael Preston, Virginia Hey, Kjell Nilsson, Vernon Wells, Max Phipps, Arkie Whiteley, Moira Claux.

Tráiler

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            En el desenlace de Mad Max, salvajes de la autopista, Max Rockatansky conducía alienado hacia ese fin del mundo que permanecía críptico e ignoto en las profundidades de una Australia misteriosamente apocalíptica.

Las desventuras distópicas de Mad Max, favorecidas por las taquillas del mundo entero, arrojaban la oportunidad idónea para forjar una secuela donde, gracias a la abundancia de medios dispuestos con el objetivo de repetir el éxito, ya era posible reflejar de manera manifiesta este Armagedón enigmático y larvado hacia el que el protagonista parecía dirigir sus últimos pasos.

            En esencia, Mad Max 2, el guerrero de la carretera continúa siendo un western futurístico en el que Max Rockatansky, ex policía arrasado por las circunstancias y ya transformado en un jinete errante y torturado –si bien con rastros de su antigua moralidad-, cumple las funciones de carismático forastero desfacedor de entuertos. Sin embargo, la explicitud del apocalipsis, inspirado en la crisis del petróleo de 1979, y su conocimiento por parte del espectador, ahora plenamente consciente de hallarse en un mundo extraño a su presente cotidiano, le resta ese encanto tan particular, pesimista e inquietante que destilaba el primer episodio de una saga la cual, en cualquier caso, prosigue su camino con pulso firme, suficiente personalidad propia y apropiado sentido del entretenimiento.

            En esta segunda parte, Max (Mel Gibson, confirmando su estrellato junto con el estreno de Gallipoli también ese año), dirime su redención en torno a uno de los últimos y codiciados pozos de petróleo del país austral, como recién llegado a una batalla maniquea donde luchan a muerte los angelicales trabajadores del yacimiento, reductos de la sociedad perdida, contra unos invasores de estética punk y sadomasoquista liderados por un ser gigante y deforme que se presenta como Lord Humungus.

Dentro de este estilizado argumento se prolonga el conflicto entre elementos primitivos y futurísticos para ambientar la obra en un territorio legendario, casi atemporal, del igual modo que conviven en sus fotogramas, en contraste constante, ideas contrapuestas del infierno y del paraíso. Un universo ambiguo -referencia simbólica de las posibilidades que se abren para su devenir personal y para el del conjunto de la civilización-, sobre el que Max, figura providencial, cabalga hasta entablar combate contra los demonios que le atormentan.

Siguiendo esta línea un tanto más convencional, el espectáculo de acción -rodado con solvencia aunque otra vez con abuso de la cámara rápida-, recurre a tópicos como el contrapunto cómico del secundario extravagante, al mismo tiempo que, por otro lado, logra incrustarse de nuevo, con expresiva sugerencia, en ese paisaje ancestral y alienígena, siempre fascinante, que es la isla continente australiana.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7.

Mad Max, salvajes de la autopista

9 May

“Nunca hagas predicciones, especialmente sobre el futuro.”

Samuel Goldwyn

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Mad Max,

salvajes de la autopista

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Mad Max, salvajes de la autopista

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Año: 1979.

Director: George Miller.

Reparto: Mel Gibson, Joanne Samuel, Hugh Keays-Byrne, Steve Bisley, Tim Burns, Geoff Parry, Roger Ward.

Tráiler

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           En 1979, Mad Max, salvajes de la autopista, confirmaba internacionalmente la pujanza de la industria del cine australiana y culminaba el viaje alucinado y apocalíptico que ésta parecía iniciar, de manera indirecta, con el nacimiento un nuevo cine fantástico a principios de la década de la mano de obras como Walkabout y Despertar en el infierno -enclavadas en un territorio extraño y mítico, ancestral y distópico-, y continuado después por películas como Los coches que devoraron París -que anticipa el culto al motor como de fetichista objeto de culto futurista a la par que amenaza alienante-, o La última ola, ambas de Peter Weir.

           En el futuro torcido de Mad Max reina una paradójica e inquietante normalidad. Favorecido o hábilmente explotado por la falta de medios de producción, parece que nada en ella se sale de lo corriente, del presente de entonces. Pero, al mismo tiempo, se intuye en el ambiente un aire desconcertante, desapacible, malsano, que rompe de manera solapada aunque penetrante y poderosa con esa ilusión de naturalismo. El desvencijado letrero de la corte judicial, poco más que un garaje con oficinas; el indiferente funcionario público que viste una careta de kendo, la anomia que impera en el paisaje cadavérico, un memorándum que, desde el fondo del escenario, advierte acerca de lo desaconsejable del canibalismo; la enigmática zona prohibida que se abre ante las interminables y polvorientas carreteras del lugar. Apenas detalles aislados en este océano de desértica desolación característico de la isla continente, la última frontera. Al estilo del steampunk, el ayer se fusiona con el mañana para configurar un hálito salvaje, barbárico, agonizante.

Es este, pues, el escenario lógico donde explayar la desesperación del gigantesco Fifi, jefe del cuerpo policial que controla las anárquicas carreteras del Outback, por encontrar al último héroe que le devuelva la fe a la gente. El marco incomparable en el que exponer el viraje existencial de Max Rockatansky (Mel Gibson en su primer papel estelar), un tipo con madera de héroe -a su modo, a la manera de estos tiempos inciertos y primitivos-, quien, a pesar de los esfuerzos de los últimos rastrojos del Bien que naufragan en este sordo y anónimo apocalipsis, se ve arrastrado por un contexto abrumadoramente pesimista, en el que el romanticismo se halla muerto y enterrado.

           En cierta forma, el apocalipsis no es más que un génesis invertido. Dos extremos que se tocan por medio de una nada uterina o terminal. De ahí que la Australia de Mad Max, salvajes de la autopista pueda hermanarse también con el Salvaje Oeste americano aún ajeno al nacimiento de la civilización. Así, Max y su vehículo interceptor bien podría pasar por un sheriff que se enfrenta, en solitario y al margen de toda ley humana o divina, contra la banda de cuatreros liderada por el Cortauñas, extravagante anticristo iluminado por las drogas y la sociopatía, y que a lomos de sus motocicletas asola sin piedad los poblachos de los enfermizos colonos del país. Otra vez el contraste entre el ayer y el mañana, todo uno.

           A medida que transcurren los años, Mad Max, salvajes de la autopista queda envuelta de forma más pronunciada por una aureola atípica, insólita, dentro de su género y de los códigos del cine actual. La furia vengadora de Max Rockatansky se mueve dentro de los parámetros de un vigilantismo hosco y desalentador en su primaria amoralidad, desviándose hacia el definitivo Armagedón que se consolidará en la primera secuela de esta trilogía, que por su parte, acaba de ser destruida a causa de una nueva prolongación, Mad Max: Furia en la carretera. Será interesante por tanto trazar la comparativa entre esta pieza tan particular de cine fantástico y las promesas que trae consigo la resurrección de la saga.

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 8.

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