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Beau Geste

19 Mar

“No creo que hacer un remake sea un sacrilegio, aunque se haga de una buena película e incluso de una gran película. Lo que sí es un sacrilegio es hacer una mala película, sea original o remake.”

Jonathan Demme

 

 

Beau Geste

 

Beau GesteAño: 1939.

Director: William A. Wellman.

Reparto: Gary Cooper, Ray Milland, Robert Preston, Brian Donlevy, J. Carrol Naish, Albert Dekker, Susan Hayward, Heather Thatcher.

Tráiler

 

 

           Las buenas historias, si son bien contadas, son capaces de atravesar ilesas tiempos, modas, estilos y técnicas. El cine es, posiblemente, el ejemplo más evidente de este concepto: un marco revolucionario en su aparición sobre el que imprimir clásicos literarios de ayer y hoy; más tarde revisados y remozados continuamente cuando las versiones primeras quedan obsoletas o el público se renueva en edad o sensibilidad. Del silente al sonoro, del blanco y negro al Technicolor, del Dolby Surround al 3D, del lenguaje elegante y envarado a las expresiones populares, de los disparos que no dejan marca al agresivo Titanlux rojo y de ahí a las explosiones de falsos compuestos de hemoglobina.

El remake es viejo como el cine, un arte a su manera, despreciable o reivindicable, un acto de justicia o de bandolerismo.

            Beau Geste es la actualización, casi al pie de la letra, de una versión pretérita de 1926, silente, dirigida por Herbert Brenon y protagonizada por Ronald Colman, realizada ahora durante la época dorada del cine de aventuras, en esta ocasión con William A. Wellman, uno de los grandes todoterrenos del Hollywood clásico –aunque reconocido a destiempo-, ocupando la silla del director y con el estelar Gary Cooper en el papel principal, el de un Beau Geste que podría traducirse al mismo tiempo por su significado literal francés –“bello gesto”- como por su aproximado sentido fonético en lengua inglesa –“bella broma”-.

A pesar de su antecesora, será ésta la película más conocida sobre la popular novela juvenil del militar Percival Christopher Wren, relato aventurero y nostálgico sobre un modo ya por entonces anacrónico de encarar la vida: los valores ideales de la agónica Gran Bretaña victoriana e imperial.

            Tras el preludio de un canto al amor fraternal, Beau Geste recorre los avatares de tres hermanos huérfanos, acogidos por un familiar venido a menos y en plena cuesta abajo económica, pero con la promesa innegociable, ingenua y genial de prolongar sus imaginativos y aventureros juegos infantiles en su vida adulta; en este caso en la temible Legión extranjera francesa, alistamiento provocado, entre otras cosas, por el robo de la última pieza del patrimonio familiar, un zafiro de gran valor pero portadora de fatalidad.

Una gema que ejerce como macguffin, irrelevante por tanto -no se sabe a ciencia cierta quién es el ladrón aunque se intuya, y ni pizca que importa-, pero de gran valor sentimental para una historia que rebosa intensidad emocional gracias a la entrañable relación entre los hermanos, ensalzada por la formidable química que se desarrolla entre sus tres intérpretes –Cooper como líder y referencia moral, Robert Preston como complemento de tenacidad y bravura y Ray Milland como el cariñoso y leal benjamín-.

            A ello se añade el admirable espíritu aventurero de la cinta, donde Wellman realiza una nueva exhibición de pulso y filmado de la acción con la que cautivar la atención del espectador desde el comienzo –un sugerente enigma encerrado dentro de otro espeluznante misterio-, convirtiéndolo así en un compañero más de los Geste durante sus aventuras en la mansión de Brandon Abbas, en las abrasadoras arenas del Sáhara o en la desoladora fortaleza de Zinderneuf.

            Sobrecogedores escenarios estos últimos que exponen a las claras que el tono de la película no irá siempre de la mano de ese enfoque vivaracho y cándido que trasluce la mirada de estos hermanos incapaces de herir siquiera a un ratón, una visión lúdica, desenfadada e ilusionada de sus experiencias, sobre todo en su inicio –plasmada incluso en el estilo literario clásico de sus intertítulos, con regusto también del cine mudo-.

Más bien, Beau Geste se dedicará a traicionar dicho optimismo mediante el despliegue de una progresiva atmósfera taciturna a medida que irrumpe en la película la presencia del brutal sargento Markoff (un pavoroso Brian Donlevy, premiado con una merecida nominación al Oscar), la dura y terrenal cuña que pone a prueba la resistencia de la ética, la bondad y el amor de los protagonistas –“el mejor soldado que veremos”, reconoce Beau, consciente de la meridiana representación del sargento de la desagradable realidad de la aventura militar, idea refrendada además por la turbadora aparición de la muerte-.

            El conjunto de virtudes del filme, tanto en su calado emocional como en el más estricto entretenimiento –un portentoso espectáculo que resiste con entereza el paso de los años-, convierten a Beau Geste en un auténtico disfrute, por mucho remake que sea y por mucho que en su día se dijera que no estaba a la altura de la versión muda de 1926.

Contaría con otras dos versiones más.

 

Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 8,5.

Soldado de fortuna

19 May

“Soy uno de los seres más sensibles de la Tierra.”

Jean-Claude Van Damme

 

 

Soldado de fortuna

 

Año: 1998.

Director: Peter MacDonald.

Reparto: Jean-Claude Van Damme, Adewale Akinnouye-Agbaje, Nicholas Farrell, Steven Berkoff, Daniel Caltagirone, Ana Sofrenovic.

Tráiler 

 

           Finales de milenio. La diarquía de reyes de la acción surgidos de los tiempos de mano dura y ojo por ojo en que Reagan y Tatcher dominaban la Tierra, iniciaban una pronunciada decadencia, a la par que el género en sí. El ubérrimo Arnold Schwarzenegger seguía diversificando su carrera por los terrenos de la autoparodia combinada con su género primordial además de albergar la simiente de una posible participación política y de, quizás, ampliar su familia extramaritalmente. Por su parte, Sly Stallone se empecinaba en continuar con clásicos de acción simple y directa, que lo llevarán a una momentánea decadencia hasta su resurgir por la vía más bruta, reproducir todos sus éxitos aprovechando la nueva capacidad adquisitiva de los melancólicos jóvenes que siguieron sus epopeyas dos décadas atrás.

Tras ellos, Bruce Willis optaba por una incomprensiblemente exitosa reconversión a actor dramático y Wesley Snipes sobrevivía aún con dignidad en una época en la que los vampiros eran gente peligrosa y estaban más cerca de los canis makinetas que de los emos ñoños.

Un escalón aún más abajo, Jean-Claude Van Damme y Steven Seagal se disputaban postreramente las últimas migajas del imperio del mamporro y la patada alta, claudicados héroes similares como Jackie Chan, el supuesto heredero del difunto icono de las artes marciales Bruce Lee, dedicado a la gimnasia humorística aún casi con tanta gloria como pena, y Chuck Norris, concentrado casi en exclusiva en imponer la justicia, patada giratoria mediante, en la turbulenta Texas, o con el rotundo fracaso anterior de los primeros experimentos de la WWE en la gran pantalla, con Hulk Hogan, su gran y marrón figura, al frente.

           Así pues, mientras Seagal agotaba sus trasnochadas películas de justicia ecológica, Van Damme cambiaba de registro desde la pelea y los tiros puros y duros a la aventura colonial de principios de siglo XX con tintes bélicos para lograr el que prácticamente sería su último éxito.

Y es que Soldado de fortuna es casi una cinta con un argumento normal, desde una excusa cualquiera –no importa demasiado, pero es una huida de un mafioso marsellés emparejado con aquella novia que Van Damme plantó en el altar pero que desea llevar a los USA- que le lleva a enrolarse en uno de los ejércitos más duros del planeta: la Legión Extranjera francesa. De esta manera, se dará una historia de exigente formación militar, establecimiento de noble camaradería castrense frente a superiores capullos y resistencia del asedio al estilo de El Álamo, Zulú y obras similares, frente a los terribles guerreros del Rift marroquí en lo que acaba siendo una sucesión de batallas sin descanso.

Como decía, llena de tópicos, situaciones archiconocidas y previsibles pero normal, con un argumento hilado con cierta continuidad lógica, con un ritmo decente, de entretenimiento pasable y con un Van Damme en un papel más “serio” y al que obviamente nunca contrataría para una representación de Shakespeare pero que no es un actor tan, tan terrible como dice su etiqueta.

            Uno de los últimos rugidos del periodo de auge de las películas de los grandes dinosaurios de la acción.

 

Nota IMDB: 4,9.

Nota FilmAffinity: 3,8.

Nota del blog: 4,5.

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