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Que el cielo la juzgue

8 Dic

Gene Tierney, la actriz más fascinantemente bella de todos los tiempos, como encarnación de los celos. Que el cielo la juzgue, un cuento trágico, a todo color, para Bandeja de Plata.

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El regreso

1 Abr

“El que quiera tenerlo todo claro cuando ve una película que vaya a ver una de Mel Gibson o de Schwarzenegger.”

Andréi Zvyagintsev

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El regreso

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El regreso

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Año: 2003.

Director: Andréi Zvyagintsev.

Reparto: Iván Dobronravov, Vladimir Garin, Konstantin Lavronenko, Natalia Vdovina

Filme 

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           No es mal comienzo cuando un debut sirve para conquistar el León de oro en el festival de Venecia y, además, desata comparaciones con un referente nacional y universal como Andrei Tarkovski. En su opera prima El regreso, el realizador ruso Andréi Zvyagintsev realiza una declaración de intenciones en la que se posiciona del lado del cine entendido como arte, como una obra compleja y sin concesiones donde el espectador es, al mismo tiempo, partícipe y coautor de la misma –un recurso elevado que, por desgracia, no nos engañemos, se emplea muchas veces con bastante deshonestidad y soberbia para ocultar bochornosas carencias-.

           Estructurada a partir de un esquema de road movie que se desarrolla desde la perspectiva de un niño, Iván, que con su hermano Andréi se embarca en un viaje en coche junto a su progenitor, retornado al hogar después de doce años de misteriosa ausencia, El regreso explora la relación física y espiritual que se da entre un padre y su hijo.

Embebida de un tono místico y abstracto, el reencuentro entre Iván y su padre desata incertidumbres consustanciales al ser humano acerca de su propia existencia, de su origen y su devenir futuro. También cuestiones del devenir vital como la incomprensión, la rebelión y la brecha generacional; la parábola psicológica de matar al padre; la duda, la asunción o el rechazo de estos desafiantes interrogantes. Divergencias que, con sus respectivas matizaciones, quedarán ejemplificadas por los dos hermanos gracias al esmerado dibujo de su personalidad.

           A lo largo del metraje, y fruto de una dicotomía similar a la que establecía Terrence Malick en El árbol de la vida, los chavales de El regreso experimentan nuevas etapas de la existencia tras el alegórico abandono del regazo materno y su inmersión en una nueva etapa bajo la figura de un hombre que, a pesar del minimalismo que exige su concepción metafórica, adquiere rasgos crísticos –la presentación como un Cristo yacente; las conclusiones a las que el simbolismo fuerza a ser un tanto tremendistas y que sacrificará también parte de la coherencia lógica del argumento-, así como, por momentos, del Dios antiguotestamentario –su enormidad indiferente, la ferocidad de la punición que sigue a las transgresiones de sus vulnerables criaturas-. Un temperamento que incluso, en paralelo, esboza una lectura política entre la Unión Soviética del ayer y la Rusia capitalista del presente.

           La sombra de los secretos que envuelven a ese padre anónimo y terrible, empleados casi a modo de mcguffin, sirve para otorgar suspense a una narración ambientada en escenarios bucólicos que contrastan con la luz fría y azulada de la fotografía, dentro de una contradicción que se reproduce asimismo en la inconstante meteorología y que, en definitiva, parece constituir una somatización del carácter mudable del tótem que guía con mano severa el tránsito de los niños por este camino trascendente.

Un recorrido que recoge en estado puro ese proceso de evolución íntima asociado tradicionalmente al viaje pero al que, por otro lado, la ambicionada preeminencia de su dimensión conceptual y metafísica también le resta una buena ración –demasiada- de emociones terrenales.

 

Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 7.

El desconocido del lago

30 Dic

“En el fondo, deseamos las cosas más misteriosas.”

Alain Guiraudie

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El desconocido del lago

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El desconocido del lago.

Año: 2013.

Director: Alain Guiraudie.

Reparto: Pierre Deladonchamps, Christophe Paou, Patrick d’Assumçao, Jéromme Chappatte, Mathieu Vervisch, Gilbert Traina.

Tráiler

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             Coincidieron en el cuadro de honor del festival de Cannes de 2013 dos magníficas películas en las que el sexo homosexual era un recurso temático y visual del todo explícito pero que, en el fondo, no abordaban la homosexualidad como principio y fin de su discurso, sino que trascendían en su mirada las fronteras del tabú para convertirse en obras universales acerca de las complejas e inagotables relaciones amorosas y sexuales del ser humano.

La vida de Adèle constituía así una conmovedora cinta sobre el descubrimiento romántico y el crecimiento emocional de una joven corriente donde, de hecho, se afirmaba con conocimiento de causa que “el amor no conoce géneros”. Por su parte, El desconocido del lago, el filme que nos ocupa en el presente texto, bucea en el naufragio sentimental de un joven que, erradamente, busca realizarse amorosamente en un hedonista enclave de cruising –una actividad de encuentro público entre gays que desean desfogarse sexualmente, sin mayores ataduras-.

             Reconocía Alain Guiraudie, director y guionista de El desconocido del lago, que en un principio tanteó componer la historia a partir de una relación heterosexual pero que, finalmente, la acabaría descartando. Aunque sin duda es un relato extensible al ámbito de las relaciones más ‘tradicionales’, el cruising facilitaba a todas luces la creación de este territorio límbico y anónimo, una suerte de espacio irreal colonizado por la pura y desenfrenada sexualidad y en el cual derribar las certezas sentimentales que, un tanto desorientado, persigue el protagonista.

De este modo, El desconocido del lago traza el mapa emocional de Franck (excelente Pierre Deladonchamps), un hombre que, progresivamente, se encadena a una relación desequilibrada respecto a la entrega mutua -y por tanto perniciosa- con otro atractivo y enigmático veraneante del lugar, Michel (Christophe Paou).

             Guiraudie establece un escenario reconcentrado en las costas del lago, el bosque adyacente a éste y el aparcamiento que servirá para trazar las marcadas elipsis que distinguen cada uno de los diez días en los que se desarrolla la trama. Traslación del conflicto entre deseo y peligro, los encuentros sexuales en el bosque juegan con el contraste entre el deje bucólico y onírico del escenario, donde transitan figuras pictóricas y fantasmagóricas de individuos sin apenas entidad propia, y el contraste con la pedestre sexualidad que tiene lugar en él, donde el espectador queda encerrado en el rol de voyeur.

En consecuencia, las coreografías sexuales son poco o nada románticas, ausentes de cualquier tipo de subrayado lírico e incluso musical y envuelto en una atmósfera sofocante que se puntea con el sonido de las moscas y las cigarras –el sonido será una notable herramienta dramática, luego repetida por la vibración de un helicóptero o el violento oleaje del lago-. Los abundantes restos de condones y basura persisten como única e insalubre huella de unos actos que se reducen a un plano estrictamente fisiológico y plasmado de forma muy gráfica –para doblar las dos escenas hardcore se acudirá incluso a profesionales del porno-.

             La conexión afectiva queda fuera de este emplazamiento concreto. Será significativo que la primera y anhelada consumación del idilio de Frank y Michel se produzca fuera de los límites del bosque y que la única relación completa y sana del metraje se mantenga en los márgenes externos del lago y esté desligada de cualquier atracción física: la entrañable amistad entre Franck y Henri (Patrick d’Assumçao), un divorciado abatido emocionalmente y que se limita a contemplar la tranquilidad de la naturaleza en su papel de testigo neutral, confesor, consejero e incondicional apoyo emocional.

             A medida que la intensidad se cierne sobre los dilemas románticos del protagonista y que se acrecientan sensaciones adversas como la soledad, la insatisfacción, el sometimiento personal y la fragilidad, El desconocido del lago va adoptando rasgos propios de otros géneros hasta transformarse en una intriga criminal que, intermediada por un turbio asesinato, exterioriza esta malsana deriva íntima a la que, en su juego de dudas, sospechas y autoengaños, no le faltan estilemas propios del fantástico y el terror, ni ecos de El carnicero de Claude Chabrol.

A través de la calculada puesta en escena, la expresión del amor queda entonces emparentada con la expresión de la muerte, siniestramente confundida la una con la otra. Si bien la inmersión en el thriller no me termina de encajar a la perfección –o quizás simplemente me parece menos interesante-, desempeña con perfecta elocuencia su papel dentro del contexto y la evolución emocional del personaje.

 

Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 8.

La isla (Seom)

26 Sep

“Hay varias razones explicar la incomunicación humana, pero creo que principalmente se debe a la codicia por cosas más hermosas o a deseo insatisfecho de la gente.”

Kim Ki-duk

 

 

La isla (Seom)

 

Año: 200o.

Director: Kim Ki-duk.

Reparto: Jung Suh, Yoosuk Kim.

Filme

 

 

            En el pasado Festival de Venecia, Kim Ki-duk cerraba el círculo. Pietà se alzaba con el León de oro en el mismo certamen que había dado a conocer al cineasta coreano doce años antes. Ocurrió con La isla, una de las primeras cintas del país asiático en entrar en competición. A pesar del paso de los años, las constantes de este realizador autodidacta, señor absoluto de un mundo extraño y retorcido, pero propio, aclamado por unos, denostado por otros, siguen siendo las mismas.

            La isla es una historia de amor. Un romance parco en palabras pero desgarrado y brutal en las imágenes y las reacciones de sus protagonistas, unos seres marginales que componen un voluntario reflejo del propio director. Así, una mujer muda que regenta un remoto complejo de casas flotantes en un lago, proveedora absoluta de todas las necesidades para sus huéspedes -desde el acceso a tierra firme hasta el alimento y el sexo-, cruza su camino con un hombre que huye de un amor traicionado con un homicidio como respuesta.

            La casi inexistencia del diálogo, marca de la casa, emparentado en cierta manera con el cosmos de Takeshi Kitano, y las tomas largas y el ritmo desafiantemente parsimonioso que tratan de aparentar un hipnotismo y una poesía que en realidad no es tal, se entremezcla con estallidos de crueldad física feroz –quee imagino que también pretende ser emocional-, bordeando lo gratuitamente aberrante en muchas ocasiones, y un prolijo y inescrutable simbolismo surrealista que parece tener como principal destinatario el propio Kim Ki-duk.

            La isla propone de esta manera un amor torcido, que se mueve entre la desidia y la víscera, y que impacta más por su capacidad para enervar que por su presunta emoción sumergida.

            Eso sí, una gran cantidad de adeptos sí logran captar algo que un servidor es incapaz de apreciar (salvo en Hierro 3).

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 3.

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