Tag Archives: Kansas

El hombre de acero

10 Oct

.

Año: 2013.

Director: Zach Snyder.

Reparto: Henry Cavill, Amy Adams, Michael Shannon, Russell Crowe, Diane Lane, Kevin Costner, Laurence Fishburne, Antje Traue, Ayelet Zurer, Christopher Meloni, Richard Schiff, Harry Lennix, Cooper Timberline, Dylan Sprayberry.

Tráiler

.

          Tras los laureles de la refundación cinematográfica del héroe de la DC que había traído la batmaniana Trilogía del Caballero Oscuro de Christopher Nolan, llegó el turno de resucitar al padre fundador del género, después del estéril intento de Superman Returns: El regreso en 2006.

Bajo la égida del cineasta británico -establecido como productor del proyecto y cofirmante de la historia de partida-, El hombre de acero recupera el mito del superhéroe absoluto, que de tan poderoso y prístino es incluso simple en su primigenia concepción. Así, probablemente teniendo en cuenta esta  premisa, El hombre de acero traslada al dios en la Tierra hacia los oscuros dilemas internos y externos característicos de Nolan acerca de la figura del superhéroe, que lo enfrentan a los deberes y también a las consecuencias de su poder casi omnímodo, el cual implica que sus decisiones unilaterales pueden entrañar un riesgo tanto o más elevado que aquello que tratan de solucionar. A su modo, no deja de ser algo semejante a lo que suponía la escalada armamentística nuclear sobre la que alertaba, en tiempos de la Guerra Fría, la teoría de la Destrucción Mutua Asegurada.

          El argumento no pierde de vista -y de hecho expresa con literalidad- la carga crística de un personaje invocado para infundir ejemplo y esperanza al vulnerable y voluble ser humano. En síntesis, su tono posee una grandilocuencia y una gravedad marca de la casa, situadas inevitablemente varios peldaños por encima de su nivel conceptual y responsables de infundir cierta frialdad general a la obra. Aunque, al menos, tampoco es del todo pueril.

Sobre estos cimientos, el relato de iniciación heroica, habitualmente un lastre que navega en lugares comunes y archiconocidos, queda además resuelto por un complejo montaje que esquiva con dinamismo e intensidad la molicie de la narración lineal -algunas elipsis resultan incluso bruscas-, interrelacionando de forma efectiva la adquisición de consciencia con la ejecución de las responsabilidades, cada paso con sus respectivos conflictos.

          El hombre de acero consigue de este modo un notable pulso narrativo que sostiene con entereza el abultado metraje de la función, ayudado porque por fin se cuenta con un actor que, aunque no sea un dechado talento, luce presencia y carisma suficiente para heredar las mallas del recordado Christopher Reeve. Y a donde no llega su capacidad gestual, ahí están sus pectorales, que pueden llenar por sí solos una pantalla panorámica. Enfrente ya está la capacidad interpretativa de Amy Adams y, en especial, la adictiva convicción que Michael Shannon le pone a su general Zod, uno de esos papeles de integrista que se ajustan como un guante a sus ojos desorbitados.

          Pero lo expuesto en el párrafo anterior no quiere decir que el aspecto formal sea siempre acertado, puesto que, por el contrario, en elementos clave del género, como la acción espectacular, arroja una composición de planos y un montaje más desastroso que trepidante. De igual manera, difícil justificación encuentran recursos frecuentes como esos fogonazos de zoom como de teleobjetivo, que poca credibilidad pueden tener en secuencias ambientadas en el espacio exterior.

.

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 5,8.

Nota del blog: 6,5.

Mando siniestro

6 Ago

.

Año: 1940.

Director: Raoul Walsh.

Reparto: John Wayne, Claire Trevor, Walter Pidgeon, Roy Rogers, George ‘Gabby’ Hayes, Porter Hall, Marjorie Main, Raymond Walburn, Helen MacKellar.

.

         Mando siniestro es el estreno de la fructífera relación artística entre el director Raoul Walsh y el escritor W.R. Burnett, que se prolongará de aquí en adelante en El último refugio y su relectura como western Juntos hasta la muerte; en Background to the Danger, The Man I Love y, sin que esta vez llegara a buen puerto, San Antonio. Pero Mando siniestro también es el reencuentro entre Walsh y John Wayne, a quien había rodado en su primer papel protagonista en otro western, La gran jornada, después de descubrirlo, según cuenta la leyenda, moviendo muebles por los platós como si fuesen de papel -historia que luego John Ford se atribuiría dudosamente a sí mismo en relación a la nueve años posterior La diligencia-.

         Mando siniestro es un western ambientado en el preludio y la posterior sanguinolencia fratricida de la Guerra de Secesión estadounidense, el cual aborda desde el punto de vista de un hombre sencillo y desarraigado pero de hondo patriotismo y firme sentido de la justicia que se ve envuelto en una lucha que queda reflejada con escaso romanticismo -incluso con tono humorístico inicialmente, inevitablemente trágico más tarde-, aunque luego las acciones de los personajes tiendan a ello.

         El estilo clásico de Walsh navega entre las sombras de un conflicto que, en contraste, acierta a retratar con desalentadora crudeza y sin maniqueismos, si bien sin alcanzar la altura lírica que podría reclamar Ford o la asfixiante y tensa noción del peligro de Howard Hawks, otros clásicos coetáneos. En cualquier caso, dentro de este choque entre contenido y estética, llama la atención por ejemplo la descarnada y certera interpretación economicista de la contienda, escéptica hacia proclamas tradicionalistas, que se pone en boca de un ciudadano corriente que esgrime que su única aspiración es poder vivir del trabajo honrado.

Pero, a pesar de ello, el libreto de Burnett completa con razonable naturalismo y matización el retrato de las personas que, de un modo u otro, terminan formando parte de uno de los dos bandos, con la familia McCloud a la cabeza: el banquero como financiador del sur y como pilar de la comunidad; el niño pijo que juega irresponsablemente a ser vaquero y luego tiene que lidiar con su conciencia; la mujer de clase alta con los pies en la tierra.

Por el contrario, la composición del antagonista resulta un tanto más forzada en su exaltación novelesca, y eso que, paradójicamente, está inspirado en William Quantrill y sus cruentos irregulares. Con todo, no deja de ser sorprendente e intrigante su frustración de hombre culto -una figura impotente ante la primacía que el simplón honesto tiene sobre la sociedad estadounidense, según apunta también el filme- tornada en odio desenfrenado, complementado con apuntes psicológicos acerca del peso de la herencia y una relación maternofilial igualmente anómala.

         Siguiendo esta línea, la traslación simbólica de la guerra civil a un triángulo amoroso no termina de lograr fuerza dramática ni romántica. Este planteamiento estará mejor resuelto en la posterior Una pistola al amanecer, otro filme ambientado en el mismo periodo y en una localización semejante, pero decididamente más destemplado y agresivo.

.

Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 6,5.

Frank

14 Oct

“El éxito es como caminar sobre el alambre, y no todo el mundo está preparado para ser funambulista.”

Al Pacino

.

.

Frank

.

Frank

.

Año: 2014.

Director: Lenny Abrahamson.

Reparto: Michael Fassbender, Domnhall Gleeson, Maggie Gyllenhaal, Scoot McNairy, François Civil, Carla Azar.

Tráiler

.

          “Escuchaba las historias de Chris cuando íbamos en la camioneta, tratando de comprenderle. Me recordaba al hombre no razonable de Bernard Shaw: ‘Un hombre razonable es aquel que se adapta al mundo a su alrededor. El hombre no razonable espera que el mundo se adapte a él. Por lo tanto, todo progreso es hecho por los hombres no razonables’. Chris era el hombre no razonable, salvo que el mundo nunca se adaptó a él y él nunca realizó ningún progreso”.

El párrafo anterior representa la visión que el periodista Jon Ronson tenía de Chris Sievey, humorista y músico británico creador del personaje de Frank Sidebottom, una estrella pop identificable por la enorme cabeza de papel maché tras la que se ocultaba el propio artista. Ronson, que tocaba el teclado en la banda de Sidebottom -situada a medio camino entre la ficción y la realidad, entre la caricatura y la sinceridad, encumbrada a ese cajón de sastre extraño y dudoso que es el ‘arte de culto’-, describía al hombre tras el muñeco como un individuo todavía más extravagante que su criatura; un ser incomprendido en un mundo acostumbrado a marginar y atropellar a aquellos que no encuentran acomodo en su inflexible status quo.

          Inmadurez, melancolía, inadaptación, adoración por la estética y el arte marginal como expresión superficial de una personalidad extemporánea,… Claves que se amoldan a la marca propia –y ya globalizada- que constituye el cine ‘indie’, amarrado -cuando se cumplen sus tópicos definitorios- a unos personajes que se regodean en la soledad que les provoca su sensibilidad irremediablemente exacerbada y única, sin cabida dentro del materialismo egoísta y la frialdad emocional de la sociedad contemporánea.

          Con guion de Ronson -auxiliado por Peter Straugham-, Frank es un homenaje doble a Sievey: tanto a su creación –un músico desconocido que oculta su potencial único bajo la estrafalaria máscara de cartón- como al creador mismo y su personalidad diferencial. Narrada desde la perspectiva del nuevo teclista de la banda, precisamente de nombre Jon (Domhnall Gleeson), el filme comienza aparentando ser la crónica de la conquista de un sueño para, luego, ensayar gradualmente su canto a la diferencia. Un viraje que se dibuja a partir de la maquiavélica conducta del protagonista, debutante a la sombra del totémico y genuinamente genial Frank (Michael Fassbender) -líder de este conjunto de desharrapados que trata de encontrar la última frontera del público y de ellos mismos- y en búsqueda tormentosa y obsesiva de la semilla de esa genialidad, presente en este hombre misterioso y, en cambio, ausente en él.

          La dulzura naif que caracteriza al diseño de producción acentúa progresivamente su amargura a medida que el relato se impregna de patetismo y tenue oscuridad, siempre con un tono de apagada melancolía que se rompe de forma ocasional con las sobreimpresiones de las redes sociales, erigidas en sistema de medida y enjuiciamiento del valor de las cosas. Frank resulta más atractiva cuando el absurdo, la extravagancia y la anarquía se emplea con optimismo y ligereza para describir la dinámica del insólito grupo humano y musical, no tanto así para ensayar esta manida y adolorida crítica contra la cultura de lo convencional, lo inmediato y lo estandarizado.

.

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 6,5.

Esplendor en la hierba

14 Abr

“Aunque nada pueda hacer / volver la hora del esplendor en la hierba, / de la gloria en las flores, / no debemos afligirnos porqué la belleza subsiste siempre en el recuerdo…”

William Wordsworth

.

.

Esplendor en la hierba

.

Esplendor en la hierba

.

Año: 1961.

Director: Elia Kazan.

Reparto: Natalie Wood, Warren Beatty, Pat Hingle, Audrey Christie, Barbara Loden, Fred Stewart, Zohra Lampert.

Tráiler

.

           Hace un par de años, las estrellas infantiles, sobre todo aquellas creadas por la todopoderosa Disney, acostumbraban a lucir con orgullo un anillo de pureza que simbolizaba su castidad inmaculada y su renuncia al sexo hasta el matrimonio de acuerdo con la doctrina cristiana. Una tendencia conservadora y mojigata que sintetiza de la resurrección, la pervivencia e incluso el recrudecimiento del puritanismo religioso en la cultura norteamericana contemporánea.

Este asfixiante clima de hipócrita represión sexual es uno de los factores que precipitan la tragedia de Esplendor en la hierba, ambientada en la Kansas de los años previos a la Gran Depresión; un periodo eufórico donde parecía constatarse la realidad del sueño americano y el enriquecimiento por igual de todos los honrados habitantes del país, acciones de bolsa mediante. Un espejismo, no obstante, repleto de sombras, donde el cataclismo financiero de 1929 tan solo iba a liberar la inmundicia que acumulada, oculta o ignorada, en el sótano de cada casa.

           Esplendo en la hierba, inspirada por el poema Ode: Intimations of Immortality de William Wordsworth, habla de la noción de paraíso perdido. De fondo, el paraíso perdido de toda una nación, sepultado bajo una avalancha de codicia e intolerancia travestidas de santurronería. Pero, sobre todo, en primer plano, del paraíso de la juventud de dos muchachos, Deaney (Natalie Wood) y Bud (Warren Beatty, debutante en el cine); exultantes, atractivos, con el mundo a sus pies, y a quienes, en realidad, el edén se les arranca de las manos destrozando el idilio que los une y la libertad que merecen.

           Una hostil dualidad domina el filme. Deseos naturales y probidad impostada; moralismo y pecaminosidad; ostentación y pobreza; amor y posesión. Paraíso e infierno. Kazan, experto en plasmar atmósferas opresivas, envuelve a los jóvenes en un entorno putrefacto de vigilancia, imposiciones y depredación existencial que contrasta con el bucolismo de la localización –un pueblecito típico del interior americano- y la aparente prosperidad económica de sus moradores, montados sobre pozos de petróleo y bonificaciones bursátiles.

Las pulsiones viscerales irrefrenables, los permanentes cuchicheos, las siluetas que observan desde las ventanas, las masas humanas que se ciernen sobre los personajes, los interrogatorios y dictaduras que ocultan las conversaciones familiares,… Mediante la precisa y expresiva puesta en escena, el director, protagonista de las delaciones durante la caza de brujas en Hollywood, somete a sus criaturas al yugo de la masa, enfervorecida por una cínica rectitud moral que en modo alguno disimula su ferocidad y su ansia por devorar al prójimo, sea carnal, sea psicológica, sea social, sea económica, sea vitalmente.

           Por desgracia, en su desgarrado arrebato romántico y elegíaco, damnificado además por la naturaleza casi caricaturesca de los antagonistas, el melodrama se pasa un par de vueltas de rosca, también en paralelo a una de esas interpretaciones en las que Natalie Wood consigue sacarte de la película a fuerza de espasmos e hiperactividad -un estilo de actuación, por otro lado, muy del gusto del fundador del Actors Studio-.

           Saltando de los fotogramas a la trastienda de Hollywood, Wood y Beatty protagonizarían una turbulenta historia de amor y desamor que, según especulaciones y en una imitación de la ficción cinematográfica, habría desencadenado el intento de suicidio de la actriz en 1965.

 

Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 7.

El fuego y la palabra

10 Dic

“La Biblia dice que primero existió el verbo.”

Richard Brooks

.

.

El fuego y la palabra

.

El fuego y la palabra.

Año: 1960.

Director: Richard Brooks.

Reparto: Burt Lancaster, Jean Simmons, Arthur Kennedy, Shirley Jones, Dean Jagger, Edward Andrews, Patty Page, John McIntire.

Tráiler

.

            Para armar convenientemente una crítica o una denuncia se requiere cierta sangre fría. Para pronunciar un discurso inflamado, cierta mensura y control. La tendencia a la discursividad, uno de los defectos que amenazaban las primeras obras del director y guionista Richard Brooks -estandarte del Hollywood comprometido de su tiempo-, se hace especialmente patente en El fuego y la palabra.

            La libertad de prensa en El cuarto poder; el militarismo radical en Hombres de infantería; las derrotas del sistema educativo en Semilla de maldad. Los grandes problemas de la idiosincrasia estadounidense no le eran ajenos al realizador norteamericano. Al igual que el segundo de estos ejemplos, El fuego y la palabra se adentra en otro tipo de cerrazón irracional, en este caso emanada por la fe religiosa dentro de un país en el que las creencias se emplean, en muchas ocasiones -y no pocas de ellas con una desvergonzada hipocresía-, para definir y delimitar una comunidad concreta.

A partir de la novela Elmer Gantry, de Sinclair Lewis, El fuego y la palabra arroja un agresivo alegato contra el fanatismo religioso y el empleo de las creencias espirituales al servicio de los más abyectos y prosaicos fines materiales –aquí aparece otro de los grandes rasgos de Brooks, el de adaptador literario como reconoce en el primer plano del filme, donde se sumerge en las páginas del libro-.

            La histriónica sobreactuación de Burt Lancaster –quien ostentaría una influencia determinante en el proceso de creación de la película-, sintetiza la excesiva explicitud de la exposición de Brooks, quien, además de regodearse en el pecaminoso estilo de vida y la absoluta depravación del pícaro protagonista –fullero, mentiroso, lujurioso, oportunista, vividor-, insiste incluso en presentarlo con un peinado que simula unos estratégicos y demoníacos cuernecitos ante la cándida –aunque también ambigua- hermana Sharon Falconer (excelente Jean Simmons, que al contrario que Lancaster y Shirley Jones no recibiría el Óscar por su interpretación), exitosa predicadora de la religión “de los viejos tiempos”, trasunto de la ‘real’ Aimee Semple McPherson.

Asimismo, no ahorra comparaciones evidentes entre la evangelización de las pobres gentes del Medio Oeste rural con la simple venta de aspiradoras, el espectáculo circense o la motivación de un equipo de fútbol americano, dadas las analogías que propicia el juego de estímulos verbales, trucos visuales, seducción y persuasión que caracterizan este arte alienante e hipócrita –no cabe duda de que la motivación de Gantry proviene de su irrefrenable apetito sexual, aun así más respetable que los intereses espurios de otros personajes del relato como el especulador y masón George Babbitt, por su parte protagonista de otra de las ácidas obras de Lewis-.

            Dejando de lado su pertinencia actual –es aterrador observar la ascendencia de la fe en la política y las instituciones del país- y a pesar de que deja por el camino imágenes de poderosa expresividad que se hubieran bastado por sí solas para sostener el filme, el mensaje de la farsa, ya diáfano de partida, queda remarcado con subrayador fluorescente a fuerza de redundar en él. No obstante, la contaminación mutua derivada del romance entre Gantry y Falconer y que suaviza la satírica figura del primero –aparte de generar vacilaciones en el tono del relato, gira con laudable rabia el dedo acusador hasta hacerlo apuntar a la masa ignorante, crédula y voluble, que lo mismo se somete que embiste sin saber muy bien cómo, por qué y contra qué.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 6,5.

Wichita, ciudad infernal

8 Sep

“El Cinemascope es el mejor de los formatos, incluso para una historia íntima. Desde que acabó el cine mudo, hemos tenido una cierta tendencia a olvidar la importancia de la composición pictórica; todos los esfuerzos se concentran sobre el texto, sobre la palabra. El Cinemascope obliga a componer.”

Jacques Tourneur

.

.

Wichita, ciudad infernal

.

Wichita

.

Año: 1955.

Director: Jacques Tourneur.

Reparto: Joel McCrea, Vera Miles, Walter Coy, Keith Larsen, Edgar Buchanan, Lloyd Bridges, Carl Benton Reid, Wallace Ford, Walter Sande, Peter Graves, Jack Elam.

.

            Por lo general asociado al cine negro y de terror de serie B –condición económica en muchas ocasiones diametralmente opuesta a la calidad del producto obtenido-, la filmografía de Jacques Tourneur revela el espíritu de un artesano omnívoro, poco selectivo a la hora de abordar nuevos proyectos de muy diverso cariz temático, presupuestario o de ambiciones.

            Wichita, ciudad infernal sería una de sus más destacadas incursiones en el western, territorio en que sin embargo no dejaría una huella significativa. Como ya había acontecido en su anterior El jinete misterioso, el realizador de origen francés contará con Joel McCrea para el papel principal de un relato que, por su parte, también posee puntos de contacto con la precedente, donde un forastero había de reconquistar la paz en un villorrio asolado por una horda de forajidos. Aquí, el antiguo galán, devenido ahora en héroe lacónico y crepuscular, encarnará a Wyatt Earp, figura legendaria del Oeste, protagonista de películas señeras del género como Pasión de los fuertes y Duelo de titanes gracias a su no menos mítico tiroteo en O.K. Corral.

El filme recoge un episodio previo en la biografía del pistolero –por entonces cazador de bisontes con modestas inquietudes empresariales-, el cual lo sitúa en la pujante Wichita, ciudad ganadera envuelta en un turbulento proceso de expansión económico y demográfico merced a su recién adquirida posición como nudo de comunicaciones ferroviarias.

            A medio camino entre la serie B –premura en el rodaje, guion que alterna síntesis con simple ligereza- y el western mayor –ostentoso uso del Cinemascope y el Technicolor-, Wichita surge como una película extraña y especial desde el mismo dibujo de Earp, en principio un sheriff a la fuerza que reniega de sus instintos y sus habilidades innatas para más tarde dar rienda suelta a su naturaleza de hombre de justicia. En una interesante labor de matización, el celo empecinado que demostrará el héroe en su defensa de la ley arroja una cierta sombra obsesiva e incluso cruel sobre sus actos, rasgo en el que incide su llamativa tendencia a meterse en jaleos de funestos resultados.

Producto del apresurado libreto, los secundarios gozan de una atención menor. De escaso relieve en su mayoría, se percibe algún personaje de pálida reminiscencia fordiana –el borracho lúcido y letrado en concreto-. No obstante, cabe mencionar aspectos reseñables del texto como el secuestro de la política por parte de los poderes fácticos de la localidad, una plutocracia que parece aparejarse sin remedio a la historia de la nación estadounidense en su conjunto.

Como vemos, este argumento conciso, libre de rodeos gratuitos o adornos de escritura, se ajusta a parámetros más realistas que grandilocuentes: los villanos esgrimen motivaciones verosímiles y comprensibles, mientras que el contenido desempeño del sheriff insiste en no regalar nada a la épica. También es cierto que el mayor brote de violencia del filme, espita que explosiona la tragedia, no es fruto de la maldad de un villano sin corazón, sino que procede de una parranda fuera de control.

Wichita es así una cinta en la que en ocasiones se echa en falta más intensidad, pero quizás por ello mismo esta citada violencia restalla hosca, seca y agresiva.

            Dadas estas características de base, Wichita resultaba un campo abonado para el lucimiento artístico de Tourneur, cineasta de gramática estilizada y precisa que huye de lo discursivo para potenciar la expresividad de la imagen. De este modo, la composición de los planos, más que la palabra, es la que define el carácter de los personajes –en el caso de Earp, conviene observar su primer duelo contra los hermanos Clements para percibir su imponente poder y dignidad-, al mismo tiempo que, de un vistazo, otorga significado a sus relaciones y pone la escena en su debido contexto dramático.

             Para los mitómanos, la película cuenta además con un cameo del gran Sam Peckinpah interpretando a un humilde cajero de banco.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 7.

El mago de Oz

20 Feb

“Puedes crear, soñar, diseñar el más hermoso lugar en el mundo, pero necesitas gente para hacer tu sueño realidad.”

Walt Disney

 

 

El mago de Oz

 

El mago de Oz

Año: 1939.

Director: Victor Fleming.

Reparto: Judy Garland, Ray Bolger, Jack Haley, Bert Lahr, Frank Morgan, Margaret Hamilton, Billie Burke, Clara Blandick.

Tráiler

 

 

             La pequeña Dorita (Dorothy, para los anglófilos puristas) se despierta sobresaltada cuando el caserón de sus tíos se posa de nuevo en el suelo. Todavía bajo los efectos del susto provocado por el tornado, se dirige a la entrada junto con su fiel terrier, abre la puerta y, entonces, ante ella se despliega un surrealista y alucinante mundo de bullente colorido. “Totó, me parece que ya no estamos en Kansas”, exclama.

             Este tránsito de una realidad cotidiana escrita con una fotografía sepia a una dimensión paralela fantasiosa a todo color expone de manera meridiana la naturaleza del cuento clásico: la conversión de una realidad prosaica, antipática u oscura en una alegoría épica, moralizante y encaminada hacia un final feliz que sirva de marco para la ejecución de o bien el rito de paso necesario en la transición de la niñez a la edad adulta, o bien la ejemplificación de un comportamiento ético para la reflexión y asunción por parte del lector, generalmente infantil.

             El mago de Oz, suntuosa adaptación al cine del popular relato de Lyman Frank Baum, recoge con lealtad y respeto esta tradición literaria, ahora cinematográfica, para transformar de este modo a la aislada, polvorienta y sufrida Kansas rural en una tierra extraña repleta de exotismo y magia; a una niña rebelde, bondadosa e incomprendida en la heroína de una increíble aventura, a una vecina codiciosa e intransigente en la horrible bruja del Oeste, a unos peones agrícolas en simpáticos compañeros de viaje y representación de los valores necesarios para completar la aventura (soñada y real) con éxito –la sensatez, los sentimientos, el coraje-.

            Con Victor Fleming, artesano de la casa con demostrado sentido para la aventura iniciática (Capitanes intrépidos) al frente del proyecto, la Metro-Goldwin-Mayer, firma experta en historias clásicas y adaptaciones literarias fastuosas, aprovechaba las innovaciones técnicas en el apartado cromático para acometer con la debida fidelidad, magnetismo y eficacia los avatares en el país de Oz de Dorita en busca de su vuelta al hogar en compañía su perrito Totó, el espantapájaros sin cerebro, el hombre de hojalata sin corazón y el león sin valor a través del camino de baldosas amarillas.

             La película resulta así un deslumbrante canto a la imaginación como válvula de escape y a la vez de aprendizaje, a la amistad, la honradez y la solidaridad.

Un filme que bebe en gran medida de los parámetros estéticos y temáticos fundados por la Disney en Blancanieves y los siete enanitos, intercalando las premisas dramáticas originarias del cuento con una desbordante fantasía visual –poderosa factura que, a su vez, sería de enorme influencia en obras y cineastas posteriores- y abundantes y lujosos números musicales, algunos tan icónicos como ese Over the Rainbow premiado con el Oscar a la mejor canción –en consonancia a la también galardonada banda sonora de Harold Arlen– y unido indisociablemente al tierno candor de la actriz juvenil Judy Garland, elevada a la categoría de estrella por el éxito de la cinta.

            Una garantía de entretenimiento con el encanto y la atemporalidad de los cuentos morales clásicos, impulsado por un atractivo visual que ejerce funciones de antioxidante al mantener encendida gran parte de la vida de la obra gracias al generosísimo empleo del color.

             Hay que decir, se disfrutará todavía más y mejor entre los adeptos al  estilo Disney. Casualidad o no, la poderosa productora ya tiene preparada una precuela, Oz, un mundo de fantasía, cuyo estreno está previsto para marzo.

 

Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7.

A %d blogueros les gusta esto: