Tag Archives: Kaiju eiga

Zebraman

10 Abr

“No soy fan de los superhéroes. Si un tío es invulnerable, ¿qué gracia tiene?”

Armie Hammer

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Zebraman

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Zebraman

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Año: 2004.

Director: Takashi Miike.

Reparto: Shô Aikawa, Kyôka Suzuki, Atsuro Watabe, Naoki Yasukôchi, Yoshimasha Mishima, Makiko Watanabe, Yui Ichikawa, Kôen Kondô, Ren Ôsugi.

Tráiler

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            Japón posee una de las ficciones más feraces y con mayor tradición en el universo de los superhéroes, históricamente muy ligado a la recuperación del orgullo nacional y militar destruido por la traumática derrota de la Segunda Guerra Mundial –la aparición del monstruo destructor- e incluso, paradójicamente, plasmada también desde la asunción de esos símbolos negativos para regenerarlos en su propio favor –el posterior carácter benefactor de Godzilla como ejemplo palmario-. Una tendencia que, de nuevo, será revertida en tiempos postmodernos más escépticos y desencantados –como en Big Man Japan, donde el presunto héroe salvador era en realidad la aberración destructiva, desnudado con el desmitificador realismo del (falso) documental-.

            Zebraman pertenece ya a este periodo donde la figura heroica se encuentra deformada por el desgaste y, por ende, puede ser atacada en sus flaquezas –los tópicos y las convenciones sobre los que asentaba su gloria pasada-, empleando la parodia a modo de palanca con la que agrandar las grietas de su infortunio presente. Las intenciones del filme, no obstante, no son tanto las de demoler esta estatua colosal como la de reciclar el arquetipo, en un proceso bastante semejante al que se ha producido en este Hollywood contemporáneo ahíto de superhéroes grandilocuentes y donde, desde los dioses de tragedia griega ofrecidos por Christopher Nolan, se ha dado el relevo al hombre común y desenfadado de los Iron Man, Guardianes de la Galaxia y, recientemente, todavía en un paso más allá, Deadpool.

El recorrido que traza Zebraman nace de las tokusatsu –películas o, en este caso, teleseries de fantasía, ciencia ficción, y acción que tienen en los efectos especiales su razón de ser, como podrían ser Ultraman, Bioman o los Power Rangers– para, mediante su caricaturización, regresar de nuevo a la calidez de su seno, nostálgica y realizadora frente a la frialdad y la hostilidad del mundo interior. Y es que el guion de la obra camina paralelo a los guiones sobre los que se construía la imaginaria Zebraman, serie de culto para el protagonista, al estilo del conocimiento del cine de terror que les servía a los personajes de Scream 2 para predecir los movimientos del villano a fuerza de clichés identificados por el fan, o de la traviesa alegoría acerca de la construcción y el disfrute de este mismo género en La cabaña del bosque.

            Dentro del alucinado, no demasiado coherente y a ratos un poco espeso argumento del filme –un pusilánime maestro de escuela que lucha contra una invasión alienígena en Yokohama travistiéndose con el traje del héroe televisivo de su infancia-, confluyen numerosos elementos clásicos –el desencanto de la vida adulta, el agresivo patetismo de la cotidianeidad; la familia encontrada, el descubrimiento del destino personal-. Mimbres dramáticos fundacionales –el disfraz como verdadera identidad, en resumen- que hallan un interesante punto de distinción gracias a su encauzamiento y desarrollo gracias a esta lectura metalingüística que, a la postre, se erige en una defensa de la necesidad existencial de ese estado de ilusión transitoria, pero absolutamente poderosa e incluso inspiradora, que es capaz de insuflar la ficción.

Un universo mágico que, de este modo, imprime su huella sobre la anodina realidad a través de la voluntad entusiasta del fan y donde, como insisten a decirle al héroe improvisado de la función, “todo es posible”.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 5,9.

Nota del blog: 6,5.

Godzilla, Japón bajo el terror del monstruo

9 Abr

Godzilla es la obra maestra de las películas de dinosaurios. Consigue hacerte creer que lo que ocurre en ella es cierto.”

Steven Spielberg

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Godzilla,

Japón bajo el terror del monstruo

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Godzilla.

Año: 1954.

Director: Ishirô Honda.

Reparto: Akira Takarada, Momoko Kôchi, Akihiro Hirata, Takashi Shimura.

Tráiler

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            La realidad es cine y el cine es realidad. Como si de un crisol se tratase, la productora Toho, con Tomoyuki Tanaka al mando de la operación, amalgamaría el trauma nacional japonés de la devastación nuclear de Hiroshima y Nagasaki junto con la fascinación popular provocada por el reestreno en 1952 del clásico King Kong y el éxito de cintas coetáneas como El monstruo de los tiempos remotos. El fruto de tan furiosa mezcolanza sería el nacimiento del proclamado rey de los monstruos, Godzilla, y con ello de uno de los géneros emblemáticos de la industria nipona, el ‘kaiju eiga’, de gran influencia en el séptimo arte e incluso enseña cultural del país asiático.

            Proveniente de allende los mares, invulnerable frente las fuerzas militares nativas y armado de su temible aliento atómico, Godzilla es así la somatización de los nocivos pecados del hombre y otra consecuencia más de la mortífera guerra, como el envenenamiento del pescado o la lluvia ácida. Una lectura sociopolítica que, sin embargo, conduce al filme a concentrarse en el aspecto más lúdico de su carácter catastrófico en comparación frente a su precursora King Kong, relato que poseía un evidente trasfondo moral.

El alma de la propuesta consiste por tanto en sobrecoger al espectador a través de la destrucción monumental. Un vívido simulacro de Apocalipsis que haga rebrotar en su mente escenas por desgracia impresas a fuego en la memoria colectiva.

            El argumento queda así trazado a partir de la base de un discurso que llama al recuerdo pasado y a la conciencia futura, y sobre el que se añade los modestos ingredientes de una fórmula luego mil veces reproducida y modernizada.

Perjudica al filme el papel primordial de unos efectos especiales efectivos aunque un tanto ingenuos –maquetas y ‘suit motion‘, peor envejecido que el ‘stop motion‘ estadounidense de Ray Harryhausen-. Trucos visuales que, no obstante, quedan suplidos por las colosales marchas de Akira Ifukube, el pulso del que será un auténtico experto en el género, Ishirô Honda, y la riqueza de interpretaciones del mensaje de fondo: la responsabilidad del ser humano consigo mismo y con la naturaleza, el servicio postrero del Japón veterano de guerra, el uso dual de la tecnología –resulta significativo que, en versiones posteriores, Godzilla, verdugo y víctima de la radiación, sea asimilado como parte integral del Japón, aliado y escudo bélico frente a otras temibles amenazas-,….

            Huelga mencionar el tremendo carisma de la criatura, protagonista de incontables secuelas para la Toho, cedido ocasionalmente a otras productoras locales para enfrentamientos épicos con nuevas criaturas –incluido el Kong seminal-, exportado a Norteamérica por medio de dos remakes –aquel olvidable de 1998 y el venidero de este 2014 y sujeto de un millar de referencias y homenajes, entre ellos una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 6,5.

Pacific Rim

27 Feb

“Los robots siempre me han puesto cachondo.”

Guillermo del Toro

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Pacific Rim

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Pacific Rim.

Año: 2013.

Director: Guillermo del Toro.

Reparto: Charlie Hunnam, Idris Elba, Rinko Kikuchi, Max Martini, Robert Kazinsky, Charlie Day, Burn Gorman, Clifton Collins Jr., Ron Perlman, Santiago Segura.

Tráiler

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             Como decía Orson Welles, el cine es el tren eléctrico más caro del mundo. Amparados en su talento, expresión en parte de una pasión insaciable por el séptimo arte, realizadores como Guillermo del Toro poseen la fortuna de mezclar sin distinción en su filmografía trabajo y juego. Para ser justos, con manifiesta primacía de esta segunda vertiente.

             Pacific Rim es la devoción del director mexicano por el ‘kaiju eiga’ y el ‘mecha eiga’ hecha fotogramas. Es decir, las populares películas japonesas de monstruos y de robots gigantes, respectivamente. No obstante, Del Toro no es un tipo egoísta y desea que el espectador comparta su ilusión.

             La narración respeta escrupulosamente los códigos del género –el trauma personal del protagonista, la soledad y la adaptación al trabajo en equipo, la rivalidad, la redención y el sacrificio, la reivindicación del marginal y el heterodoxo, los caricaturescos estereotipos de los países, los dudosos procedimientos de la autoridad,…-, así como su tradicional lectura crítica del presente –si en origen se plasmaba el temor producido por el holocausto nuclear de la Segunda Guerra Mundial, aquí se rastrea una discreta denuncia ecologista y trémulos detalles pos-11 de septiembre en la especie de nieve que sobrevuela el escenario tras la catastrófica destrucción de las megalópolis–.

             Sin embargo, Del Toro evita caer en la nostalgia empalagosa del homenaje rendido. A pesar de que al conjunto le sobra algo de volumen, la vigorosa dirección, fundamentada en el estimable empleo de la escala y la eficacia en el rodaje de la acción, sumada a la espectacularidad de los efectos especiales, consigue dar como resultado una película entretenida y disfrutable para el profano en la materia.

             Un ‘blockbuster’ creado con amor y respeto.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 6,5.

Big Man Japan

25 Abr

“Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo.”

Friedrich Nietzsche

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Big Man Japan

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Año: 2007.

Director: Hitoshi Matsumoto.

Reparto: Hitoshi Matsumoto, Tomoji Hasegawa, Ua, Yaichi Yazaki.

Tráiler

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             La idea del superhéroe como parte corriente de la sociedad ha dado buenas muestras de vigencia en la comedia de los últimos años, jugando con ese efectivo contraste desmitificador entre lo sobrenatural y lo cotidiano, con la reducción de lo superlativo a lo común, como ya se atrevió el bizarrísimo y desternillante corto español Espiderman ya no vive aquí (1985) y, más recientemente, Los Increíbles, Hancock, Mi super ex-novia, el amateurismo de Mystery Men, Super, Kick Ass o Scott Pilgrim contra el mundo o, incluso, ejemplos más serios como Watchmen.

            En papel de director, guionista y protagonista, Hitoshi Matsumoto propone una parodia de un tipo de superhéroe presente en la tradición cinematográfica japonesa como el kyodai hero de las kaiju eiga (películas de monstruos), una criatura igual de incomprendida o más que los monstruos a los que combate -aquí totalmente desquiciados y risibles, peinados a cortinilla, con cara de actores populares del país como Riki Takeuchi, ligones, con pinta de crío,…- por una sociedad frívola, insensible y profundamente mercantilista.

             Rodada en formato de falso documental, de probada eficacia en la comedia como muestran obras similares como This is Spinal Tap, Zelig o, más ajustada este tema, la ya mencionada Espiderman ya no vive aquí -excepto por unos monstruos presentados como jefes de nivel de videojuego y un final totalmente lisérgico al estilo de Ultraman que rompe con la imagen de veracidad que se presentaba a lo largo del film-, este retrato de la decadencia e incomprensión del héroe, del distinto, arroja finalmente unos resultados irregulares, con situaciones y detalles de enorme comicidad y simpatía más interesantes detalles satíricos, junto con otros en los que el ritmo se muestra demasiado plúmbeo, con un estilo documental demasiado estricto y algo alargado.

Curiosa donde las haya.

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Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 6,5.

La batalla de los simios gigantes

5 Mar

“Los monstruos nacen demasiado grandes, demasiado fuertes, demasiado pesados. Ésa es su tragedia.”

Ishirô Honda

La batalla de los simios gigantes

Año: 1968.

Director: Ishirô Honda.

Reparto: Russ Tamblyn, Kumi Mizuno, Kenji Sahara, Jun Tazaki.

Tráiler

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            Si hay un género popular importado del cine del Lejano Oriente, más allá de obras de genios como Mizoguchi o Kurosawa, más elitistas; ese el kaiju eiga, las películas de monstruos. Un tipo de películas –y series televisivas- prototípicas del cine nipón y con un trasfondo simbólico claro en su raíz: la representación del terror de un país aniquilado por el holocausto nuclear, imagen que vienen a significar todo este tipo de criaturas destructivas, muchas de ellas productos de experimentos científicos y muchas de ellas de origen también nuclear, como ejemplificaría Godzilla, obra inaugural de los kaiju eiga. Por su parte, La batalla de los simios gigantes desarrolla un elemento recurrente en el terror y más en concreto en el eco-exploitation, que el monstruo en cuestión sea producto del gigantismo de seres reales, en este caso simpáticos monos.

            Como hemos dicho, La batalla de los simios gigantes se centra entonces en la amenaza de un mono verde gigante surgido de los mares del Japón, con repulsión por la luz intensa y feo con ganas, que amenaza con destruir Tokio y comerse a sus habitantes. El simio gigante verde no viene solo, sino que es el dopplegänger de otro mono de color marrón que vive en las montañas del interior, más razonable y sentimental y algo menos feo, que había sido criado por dos científicos, los cuales verán en él la salvación frente a su hermano malvado. Caín y Abel hechos simios gigantes.

            La película cuenta con la creación y dirección del más importante realizador de los kaiju eiga, Ishiro Honda, padre del género desde la realización de Godzilla, y que no dejará de experimentar en el kaiju a lo largo de toda su trayectoria, lo que combinará con la ayuda en la dirección de algunas de las obras maestras de Kurosawa.

Una nueva incursión en la tragedia y la soledad de unas criaturas monstruosas e incomprendidas -incluso el final contará con un deus ex machina también muy de tragedia griega- y reproducidas mediante los clásicos efectos especiales de estas películas y que incluso serviría para denominarlas, el tokusatsu, con una técnica basada en el suit-motion, es decir, un señor disfrazado del monstruo en cuestión, de la que confieso no ser fan, al contrario del stop-motion más propio de las producciones fantásticas americanas que, en mi opinión muchísimo, más sugerente. La parte de producción estadounidense de la cinta se materializa en el deplorable protagonismo de Russ Tamblyn, que pasaba por ahí, bastante peor actor que los tipos disfrazados de primate.

No obstante, hay que destacar las siempre efectivas marchas de Akira Ifubuke, compositor también muy ligado al kaiju desde su participación en Godzilla.

            Como curiosidad, Tarantino equipararía la lucha entre Uma Thurman y Daryl Hannah en Kill Bill volumen 2, “la batalla entre las gargantúas rubias”, a la pelea entre los dos monstruos de este film.

Nota IMDB: 6,1.

Nota FilmAffinity: 5,1.

Nota del blog: 3,5.

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