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Batman

12 Feb

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Año: 1989.

Director: Tim Burton.

Reparto: Michael Keaton, Jack Nicholson, Kim Basinger, Robert Wuhl, Michael Gough, Jack Palance, Pat Hingle, Billy Dee Williams, Jerry Hall, Tracey Walter, Lee Wallace, William Hootkins.

Tráiler

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         “La película fue fundamental para llevar realmente a las grandes masas el concepto de Batman. Siempre había sido un favorito entre los lectores de cómics y la gente recordaba con mucho cariño el programa de televisión. Pero lo que hizo Tim Burton fue realmente llevarlo a un nivel diferente, hacerlo más serio, barroco, romántico y espeluznante”, afirmaba en una entrevista Jim Lee, en el momento del estreno un dibujante en ciernes y, en la actualidad, presidente de DC Entertainment, la casa que domina los designios del hombre murciélago, tanto en papel, como en celuloide como en cualquier otro soporte.

En realidad, el proyecto de trasladar Batman a la gran pantalla había cogido impulso gracias al éxito del Superman de Stanley Donen, que abrió la confianza de los grandes estudios en la rentabilidad del superhéroe, dentro de un periodo en el que el cine destinado a un consumo popular reconquistaba los grandes proyectos de las principales productoras. En paralelo, autores como Frank Miller o Alan Moore aportaban una nueva dimensión, todavía más oscura y trascendente, de un personaje que hasta entonces, en cuanto a entretenimiento audiovisual se refería, contaba con el referente de la psicodélica y humorística serie encabezada por Adam West. Ya no eran tiempos para las mallas de licra.

         Este es el caldo de cultivo en el que se gestaría, largamente, el Batman que dirigiría Tim Burton, un joven que había confirmado con Bitelchús su sorprendente imaginario, profundamente cinéfilo y orgullosamente marginal. No obstante, su condición de director emergente no le favorecería a la hora de lidiar con las servidumbres y complicaciones intrínsecas de una superproducción multimillonaria que, ya desde bastante antes del estreno, acumulaba una importante inversión publicitaria. Tampoco para dominar las aspiraciones de Jack Nicholson, comprado a golpe de talonario para aportar lustre al reparto y que materializaría su influencia mediante un notable intervencionismo en el guion, casi como un agente del caos análogo al Joker que iba a interpretar en la pantalla. Además, el libreto arrastraba problemas derivados de la huelga de guionistas y la sustitución de Sam Hamm por Warren Skaaren.

         Tal vez debido a estos tumbos, al final lo más interesante del filme termina siendo la estética que nace de la sensibilidad de Burton en combinación con el estimulante diseño de producción de Anton Furst. A pesar de admitir que no era lector de cómics, el cineasta conecta con los influjos art decó de los ilustradores Bob Kane y Bill Finger de la mano de una Gotham City convertida prácticamente en Metrópolis. Esto es, una distopía steampunk donde la tecnología del presente convive sin solución de continuidad con estampas de los años veinte y treinta del siglo pasado, todo ello envuelto en sombras expresionistas y escenarios de fantasiosa pesadilla.

La presentación de Batman con un tremendo contrapicado, como una sombra vigilante que se mueve animada por stop-motion, se conjuga con su aparición, descenso misterioso y alas extendidas, casi al estilo de los monstruos de la Universal. Cariño cinéfago en el que asimismo aparecen toques de humor posmoderno en esa apropiación de ecos y códigos, amén de hallazgos de ironía como esa sociedad atormentada cuando también a ella la despojan de una de sus principales máscaras: el maquillaje y los productos de belleza.

         Sin embargo, además de transgredir cánones de la historia del personaje para enojo de los acérrimos de la viñeta, la irregular narración no termina de perfilar a Batman -o al enlutado Bruce Wayne- como superhéroe trágico, solitario y marginal de una megalópolis en sempiterna crisis material y espiritual, dejándolo por tanto en una superficialidad análoga a la de una cinta abocada, pese a los esfuerzos, a ser un contenedor de palomitas de limitado potencial.

De igual manera, mientras que la alineación de su universo cinematográfico con el universo batmaniano resulta sugerente, Burton demuestra falta de pericia para manejar el ritmo interno de un buen puñado de escenas, de ejecución ruda.

         En cualquier caso, Batman fue la primera película que logró recaudar 100 millones de dólares durante sus primeros diez días de exhibición, lo que abrió paso para otras tres secuelas –la primera de nuevo con Burton y Keaton al frente– y un filón de películas de superhéroes y protagonistas del cómic como Capitán América, Dick Tracy, Darkman, Rocketeer, La sombra, El cuervo, Juez Dredd The Phantom (El hombre enmascarado), Steel, un héroe de acero, SpawnBlade.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 6.

Joker

14 Oct

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Año: 2019.

Director: Todd Phillips.

Reparto: Joaquin Phoenix, Robert De Niro, Zazie Beetz, Frances Conroy, Brett Cullen, Shea Whigham, Bill Camp, Glenn Fleshler, Leigh Hill, Josh Pais, Sharon Washington, Brian Tyree Henry, Douglas Hodge, Dante Pereira-Olson.

Tráiler

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          El Gwynplaine de El hombre que ríe procuraba llevar el rostro embozado. Así ocultaba la mueca que le desfiguraba la faz con una perpetua y exagerada sonrisa que se contraponía frontalmente a la constante desgracia que asolaba su existencia, azotada por el sadismo, la tiranía y el engaño. Al Arthur Fleck de Joker le revienta la risa a borbotones cuando le golpea la crueldad de una sociedad enajenada. Es una carcajada que humilla, que repugna, que asfixia. La grotesca e impactante estampa que imaginaba la película de Paul Leni sería el germen de uno de los principales rivales de Batman, consagrado como personaje trágico por cómics como La broma asesina, de Alan Moore, y solemnemente inscrito en la mitología popular del cine por El caballero oscuro, de Christopher Nolan.

Joker es una obra alejada de la espectacularidad -sombría o luminosa- propia del cine de superhéroes, uno de los grandes filones comerciales del cine contemporáneo. Joker es fundamentalmente una tragedia construida sobre la incomodidad. Los fotogramas y el libreto de Todd Phillips -escrito este último junto a Scott Silverconvierten a Arthur en una presencia tremendamente incómoda en la pantalla, de la misma manera que su compañía y su naturaleza como enfermo mental incomoda a aquellos que lo rodean. El bufón que da vergüenza ajena, el desgraciado cuya miseria repele. Es imprescindible para ello la actuación de Joaquin Phoenix, dueño de un aura asociado a criaturas torturadas. Su característico y anticanónico estilo, tan ausente como intenso según la ocasión, se combina con una anatomía que es puro escombro retorcido. Phoenix interpreta hasta con la escápula.

          De esa constante incomodidad, Joker extrae poder perturbador, pero también una profunda tristeza. Porque el personaje sufre situaciones que se comprenden, desoladoras maldades cotidianas -la mezquindad, la falta de empatía, el desprecio, el clasismo…-. Cualquiera puede estallar el día menos pensado, sugiere. Antitético de la épica y el glamour del archivillano, el martirio de Arthur, parejo a su definitivo despeñamiento hacia una locura irreparable, va dibujando un retrato social decididamente tenebroso. La oscuridad, la soledad y la tortuosidad que ofrecen las composiciones visuales -esa figura siempre sola o rechazada, envuelta en trances penosos, crispados y tétricos, cercada de mugre y fealdad- es la semblanza moral de una Gotham en crisis que surge como una ciudad asediada por la basura, por las ratas, por la suciedad, la pobreza y la desesperación.

          La estética del filme se remite a los años setenta, una de las décadas más turbulentas y volátiles de la historia reciente de los Estados Unidos, que se manifestaría en el séptimo arte a través de un Nuevo Hollywood poblado de antihéroes atormentados y dudosos. Joker trata de dialogar con esas cintas de obsesión reconcentrada y sangrienta, de rebeliones a sangre y fuego emprendidas desde los márgenes abandonados de la megalópolis, con ejemplos manifiestos como Taxi Driver y El rey de la comedia. Robert De Niro, protagonista de ambas, surge como catalizador evidente de estas referencias, pero también con un puñado de guiños sembrados por el camino.

A través de esta guía espiritual, Joker habla de un sistema diseñado para que el pez grande se coma al pez chico, así como de los monstruos abisales que engendra esta injusticia flagrante, egoísta y homicida. Los privilegiados, satisfechos con su caridad purificadora, ríen mientras contemplan las desdichas de Charlot, el eterno vagabundo que, al mismo tiempo, podría transmutarse en el pérfido Adenoid Hynkel, dictador de Tomania. Curiosamente, el guionista Konrad Bercovici demandaría a Charles Chaplin acusándole de que El gran dictador era un plagio del filme King, Queen and Joker, donde el hermanastro del genial cineasta, Sydney, encarnaba por igual al primero y al último de los personajes. Rey y bufón, bufón y rey. Todo uno. Siniestramente intercambiable.

          En Joker se empatiza con Arthur Fleck, pese a que su mente se aboca cada vez más al delirio psicótico. Con todo, hay detalles de lenguaje que lo muestran más ajeno que grandioso. El primer asesinato del yuppie o el seguimiento obsesivo de la vecina están filmados con tomas relativamente alejadas del personaje. Relativamente frías, objetivas, dentro de una función en la que abundan los primeros planos.

          Esa cercanía se percibe asimismo en cuestiones bastante menos positivas. Phillips insiste por momentos en subrayar líneas conceptuales -“esta gente no nos quiere”, remacha la funcionaria del servicio de salud tras mencionar los recortes presupuestarios- o elementos del relato -el narrador poco fiable-, al igual que abusa de recursos de impacto cargados de significado -esa carcajada tan simbólica-.

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Nota IMDB: 8,9.

Nota FilmAffinity: 8,5.

Nota del blog: 7,5.

El caballero oscuro

14 Sep

“Los superhéroes forman un parte de la psicología en la cultura pop similar a al papel que poseía la mitología griega en la antigüedad. Batman es uno de los ejemplos más evidentes. No procede de otro planeta o surge de la contaminación radioactiva. Superman es un Dios en esencia, mientras que Batman sería más como Hércules: un ser humano, con sus defectos, con sus conflictos.”

Christopher Nolan

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El caballero oscuro

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Año: 2008.

Director: Christopher Nolan.

Reparto: Christian Bale, Heath Ledger, Aaron Eckhart, Gary Oldman, Maggie Gyllenhaal, Michael Caine.

Tráiler

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            Echando la vista atrás, parecía toda una obra de titanes devolver a un superhéroe como Batman a una cierta decencia cinematográfica, visto cómo Joel Schumacher se había ensañado de mala manera con la saga y por más que el británico Christopher Nolan acreditase ya en su haber unas cuantas películas más que decentes (Following, Insomnio, El truco final: El prestigio) y una verdadera joya del suspense y el uso del montaje (Memento); obras que descubrían a un cineasta especial, con un gran manejo del ritmo y del entretenimiento que no renuncia a la calidad, a la originalidad, a respetar al espectador. Y Batman Begins no decepcionó en la recuperación del torturado Bruce Wayne, sus conflictos, odios y rencores, para el mundo del cine; un retrato del personaje más oscuro, más obsesivo, en lo que, no obstante, resultará una buena película, sin más.

Pero con El caballero oscuro se pulveriza el límite.

            La película mantiene ese trasfondo tenebroso del personaje, ya carente de todo el humor que otros como Tim Burton habían conservado en su primera aproximación. Bruce Wayne es un tipo traumatizado que ha de cargar en sus espaldas con el último despojo de futuro de una Gotham sucia, corrompida, inmersa en una sórdida noche perpetua casi de cine negro. Un agujero ingrato que recela del héroe vigilante, que abunda en la hipocresía autodestructiva que tan solo sirve para entregar la ciudad a las mafias y los gángsteres, quienes, a su vez, desesperados por la vehemencia del héroe solitario, la regalarán al caos más absoluto, a la anarquía que como forma de vida -como forma de entender la vida más bien-, les ofrece el que probablemente sea el villano más seductor que haya pasado tanto por esta saga como por el género de los superhéroes en general: un Joker patético y terrorífico, un malvado oculto bajo un grotesco maquillaje de payaso que precisamente juega, a través de plantear extremos dilemas morales, a desenmascarar todos los adornos y trucos de una sociedad que ha de abocarse al Mal sin tapujos, liberarse en el desenfreno de la amoralidad y la anomia.

La cara opuesta del hierático y justiciero Batman.

            Nolan realiza una exhibición de músculo en una película que bien vale todos sus 150 minutos gracias a su sentido de la tensión y del espectáculo, ágil, poderoso, bien secundado por un gran trabajo en la partitura de un Hans Zimmer que se entiende a la perfección con el londinense, como demostrarán de nuevo en la excepcional Origen, y con un elenco sobresaliente –a excepción de Eric Roberts– en el que refulge Heath Ledger comiéndose la pantalla con su Joker.

Quizás continúa un defecto que se apreciaba en la primera parte, con una acción demasiado abigarrada, menos interesante dentro de su potencia que el combate psicológico entre Batman y su Némesis por el alma de Gotham.

Espectáculo mayúsculo.

 

Nota IMDB: 8,9.

Nota FilmAffinity: 8.

Nota del blog: 9.

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