Tag Archives: Islandia

Un blanco, blanco día

1 Jun

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Año: 2019.

Director: Hlynur Palmason.

Reparto: Ingvar Eggert Sigurdsson, Ída Mekkín Hlynsdóttir, Hilmir Snær Guðnason, Björn Ingi Hilmarsson, Elma Stefania Agustsdottir, Haraldur Ari Stefánsson, Þór Hrafnsson Tulinius, Sara Dögg Ásgeirsdóttir.

Tráiler

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         Una escultura sobre la mesa del salón, una piedra en un prado, un guardarraíles arrancado, un paisaje nebuloso, un parabrisas con los vidrios reventados, un cristal de roca. Hlynur Palmason desliza un puñado de disgresiones mientras Ingimundur, el protagonista de Un blanco, blanco día lidia con el duelo por su esposa fallecida y, en paralelo, investiga la corazonada sobre una posible infidelidad suya. El director islandés dedica un buen tiempo a capturar el recorrido de un peñasco que, tras atravesarse en el camino, rueda ladera abajo hasta reposar en el fondo del mar. También a fugarse a un programa presuntamente infantil que lanza advertencias sobre la muerte y el desastre por venir desde una realización tan patética como estridente y profundamente inquietante. Tras el plano introductorio de un accidente en mitad de la nada, entrega imágenes fijas de una casa en construcción, sobre la que pasan los días y las estaciones. Son escenas que bien parecen adentrarse en los revueltos interiores de Ingimundur -también se recurrirá el zoom para acercarse a instantes desasosegantes-, bien parecen distanciarse de su drama y abandonarlo en la indiferencia de un paisaje y un mundo sobrecogedores, que prosiguen su curso al margen de las cuitas humanas. Esto último puede generar igualmente cierto desapego hacia lo que le pueda ocurrir al personaje.

         Ingimundur es un hombre, un padre, un abuelo, un policía, un viudo. Y pocas palabras más arranca para autodefinirse mientras el psicólogo trata de hurgar en su herida íntima. En ello, Ingimundur es tan impenetrable como la piedra que se despeña. Hlynur monitoriza su evolución a través de un argumento prácticamente anecdótico -probablemente demasiado, con independencia de la calma con la que se le aborde- que da lugar a una indagación de la que apenas se van concediendo pistas a cuentagotas. Este es el hilo a partir del cual rastrea cómo, por determinadas circunstancias y en medio de un cúmulo de dolor, ese autorretrato se descompone y termina de llevárselo por delante, por más que trate de marcar territorio embistiendo como un carnero.

         Es significativo que este pretendido paradigma de héroe silencioso -aquel por el que clamaba Tony Soprano después de derrumbarse ante los patos que emigraban cumpliendo con el ciclo de las migraciones y de la vida- llegue a una especie de catársis a través del grito. El primero, visceral, que acontece en un punto climático del relato, queda seccionado por el cinesta, en contraste con esas mencionadas disgresiones a las que dedica tanta atención. El segundo, voluntario, muestra cierto carácter terapéutico, también relacionado con que, en el fondo, se trate de un grito compartido. La compañía cuenta, sobre todo estando ante un drama de ausencias, ante una película de fantasmas.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 6,5.

Rams (El valle de los carneros)

2 Oct

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Año: 2015.

Director: Grímur Hákonarson.

Reparto: Sigurður Sigurjónsson, Theódór Júlíusson, Charlotte Bøving, Jon Benonysson, Gunnar Jónsson, Þorleifur Einarsson, Sveinn Ólafur Gunnarsson.

Tráiler

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          Con alguna avanzadilla previa como De caballos y hombrespremio Nuevos realizadores en el festival de San Sebastián-, el cine islandés pareció lanzarse a la conquista del mundo en 2015, año en el que se estrenaron tres películas que disfrutaron de una destacada y reconocida trayectoria internacional: Corazón gigantemejor actor en la Seminci de Valladolid y mejor actor y película en el festival de Tribeca-; GorrionesConcha de oro en San Sebastian– y Rams (El valle de los carneros)Espiga de Oro y mejor nuevo director en Valladolid y coronada en la sección Un certain regard en el festival de Cannes-.

          Rams (El valle de los carneros) es el recorrido entre dos muestras de profunda ternura, de amor insondable. En la apertura, Grímur Hákonarson recoge con delicadeza y calidez el cariño con el que el protagonista se relaciona con sus carneros y ovejas. Palabras hermosas, caricias suaves, intimidad absoluta. A partir de ahí establece su contrario en el primer encuentro con su hermano y antagonista. Un gesto seco sin palabras. Incluso de espaldas, sin cruzar la mirada. Los animales como intermediarios para expresar ideas y emociones, incluso la fidelidad a un apellido, a un linaje, a una sangre.

Podría asignársele una nota bíblica a la enemistad franternal que centra Rams. Los hermanos enfrentados por un odio enquistado, el carnero citado como un ser magnífico, salvador y padre de la patria; la plaga apocalíptica que parece castigar la iniquidad de los personajes, el paisaje sobrehumano de Islandia. El desenlace que se resuelve en una escalada de épica íntima.

          Grímur Hákonarson relata la rivalidad con fotogramas cuidados, aprovechando el imponente escenario natural pero también la gratificante geografía física de sus actores, que aprotan la sobriedad y la naturalidad que requiere el filme. Además, deja detalles poderosos, como el viaje en excavadora. Con ello, se sostiene con solvencia narrativa y emocional este argumento sencillo, quizás no excesivamente sorprendente -más allá de lo que aporta el componente localista-, aunque desde luego contundente y eficaz, contado con buen gusto y sin caer en estridencias.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7.

La sombra del cuervo

21 May

“No penséis que he venido a traer la paz a la tierra. No he venido a traer la paz, sino la espada.”

Jesucristo

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La sombra del cuervo

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La sombra del cuervo

Año: 1988.

Director: Hrafn Gunnlaugsson.

Reparto: Reine Brynolfsson, Tinna Gunnlaugsdóttir, Egill Ólafsson, Sune Mangs, Kristbjörg Kjeld, Klara Íris Vigfúsdóttir, Helgi Skúlason, Johann Neumann.

Filme

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             El cine habla y escribe un idioma global. No es preciso conocer el lejano Oeste para sentir fascinación por el sheriff heroico, ni por el forastero de rostro imperturbable y pasado nebuloso. Tampoco haber recorrido los sórdidos callejones de San Francisco para impregnarse de la amoralidad y el cinismo del noir, ni ser un radical comunista para experimentar las emociones de las películas propagandísticas de Eisenstein o sumirse en las ensoñaciones cotidianas del contemplativo cine oriental.

El cine es un vehículo de entretenimiento, de expresión e incluso de arte capaz de volar por encima de los contextos políticos, históricos y culturales de cada espectador. ¿Acaso no hemos visto westerns de todo tipo de procedencias exóticas; medievales, contemporáneos o futurísticos; criminales, sociales,…? ¿Capers bélicos, occidentales, orientales, históricos, fantacientíficos,….? Y el consecuente y largo etcétera.

La fusión es, pues, la esencia del cine, a través de la cual éste se reinventa y evoluciona retroalimentándose de las influencias, innovaciones e invenciones más dispares.

             Ejemplo de lo insólito de estas mezcolanzas, bastardías y pastiches, es la Trilogía de los vikingos, firmada por Hrafn Gunnlaugsson. Tres películas en cuyo seno convive un sustrato histórico típico islandés -la Edad Media vikinga-, junto con rasgos procedentes del cine de samuráis y el spaghetti-western, entre otros.

             Si en la primera entrega, Cuando los cuervos vuelan, Gunnlaugsson planteaba una apropiación del Cosecha roja de Dashiell Hammett –en el cine, Yojimbo y Por un puñado de dólares-; esta segunda entrega, La sombra del cuervo –o La venganza de los vikingos-, mantiene ciertos rasgos leonianos en los duelos a daga y espada, adornados con la mejor parafernalia épica de cuño italiano, y en el empleo como un elemento escénico más de la singular y ensuciada fisionomía de los actores; ubicado todo ello sobre una base narrativa que recuerda a las sagas mitológicas germánicas y a las intrigas sobre el poder de William Shakespeare.

Además, la repetición de buena parte del elenco, de los escenarios naturales y de pasajes de la banda sonora abundan en esa sensación cíclica que redondeará la trilogía.

             Ambientada en este caso en la Islandia del siglo XI, en la que el paganismo queda relegado al olvido frente a la implantación de la religión cristiana, la aparición de una ballena varada abre una espiral de guerras clánicas y disputas de soberanía a tres bandas entre el joven Trausti, recién llegado de sus periplos por Noruega transformado por sus novedosos ideales de paz; Isold, la bella y ambiciosa hija del jefe rival, y la poderosa familia del obispo, cuyo primogénito se encuentra prometido con la anterior.

Un triángulo de amor y ambición regido por los designios de la mujer, vértice a cuyo alrededor bascula el dominio de la isla, que se debate entre los ideales pacíficos del Trausti, respetuoso con su herencia pagana pero firme converso a los valores y la moralidad cristiana, y las aspiraciones de la recién surgida casta eclesiástica, corrompida, mezquina y avariciosa.

De hecho, la figura de Trausti va adquiriendo paulatinamente elementos crísticos hasta ‘resucitar’ en el desenlace, envuelto en paños y con herida de lanza en el costado, para desencadenar una venganza fantasmagórica digna del Clint Eastwood de, de nuevo, Por un puñado de dólares.

             Es durante su particular revisión del spaghetti western cuando La sombra del cuervo alcanza el máximo de su atractivo. El remate firme, juguetón y divertido –y más logrado, a mi entender- de una película cuya estética y trasfondo se encuentran determinados inicialmente por la confluencia de alientos legendarios junto con una realización de cadencia parsimoniosa y prolija en tonalidades introspectivas e incluso fantasiosas, lo que otorga al filme una atmósfera especial, diferente.

            Así, aunque a ratos adolezca de cierta confusión en su trama y personajes, La sombra del cuervo resulta una película muy curiosa, ejemplo de cómo el cine es una constante, creativa e asombrosa ida, venida, reinvención y amalgama de influencias.

Le seguiría, como punto y final de la serie, El vikingo blanco.

 

Nota IMDB: 6,2.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7.

Cuando los cuervos vuelan (Ojo por ojo)

25 Jul

“Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas.”

Sun Tzu

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Cuando los cuervos vuelan (Ojo por ojo)

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Año: 1984.

Director: Hrafn Gunnlaugsson.

Reparto: Jakob Þór Einarsson, Helgi Skúlason, Flosi Ólafsson, Edda Björgvinsdóttir.

Tráiler

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            Si ya había sido trasladada al Japón feudal de los samuráis (la magnífica Yojimbo) y al Salvaje Oeste almeriense (Por un puñado de dólares), ¿por qué no ambientar Cosecha roja, de Dashiell Hammett, uno de los hitos de la novela negra, en la Islandia vikinga?

            Hrafn Gunnlaugsson se ponía manos a la obra en la dirección y participado en el guion para adaptar la novela en una película de vikingos que, no obstante, encuentra su más directa influencia en la obra de Sergio Leone, a la que homenajea claramente, sobre todo en un duelo final calcado. A pesar de ello, ha de reconocérsele una personalidad propia a Cuando los cuervos vuelan, la historia de la venganza obsesiva de un joven irlandés cuyos padres fueron asesinados y su hermana raptada por unos fieros invasores vikingos; una cinta marcada por un fuerte regusto hortera derivado sobre todo de un guion, diálogos y alguna frase lapidaria fuera de lugar que a lo mejor necesitaban un buen repaso y pulido en muchas ocasiones y de una banda sonora chirriante –sí, los ochenta atacan de nuevo- que hay que decir que, se va tranquilizando para bien a lo largo del metraje, incluso con acordes de guitarra probablemente por esa influencia del spaghetti western.

            Paralelamente, el tono de opresivo de necesidad de venganza también se asienta, más disperso y deslavazado en la parte del enfrentamiento entre hermanos y ahora más oscuro y atinado en esta segunda mitad, cuando se desvela el profundo egoísmo obsesivo de las acciones del protagonista, en realidad inútiles, en realidad solo a favor de sí mismo.

Completarán la llamada “trilogía de los vikingos”, obra del mismo director, La sombra del cuervo y El vikingo blanco.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 7.

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