Tag Archives: Islam

El joven Ahmed

10 Nov

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Año: 2019.

Directores: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne.

Reparto: Idir Ben Addi, Claire Bodson, Victoria Bluck, Myriem Akheddiou, Othmane Moumen, Amine Hamidou, Cyra Lassman, Olivier Bonnaud.

Tráiler

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         En realidad, da lo mismo que el protagonista de El joven Ahmed sea un fundamentalista islámico. No por nada, de su misma extracción social proceden sus dos hermanos, relativamente cabales. De esta manera, el fondo hubiera sido muy semejante si se tratase de un neonazi, un punk radical o un hooligan de fútbol. Porque El joven Ahmed es un retrato de la adolescencia. Huérfano, inquieto, vulnerable a las influencias perniciosas de adultos con pocos escrúpulos, Ahmed no es, a fin de cuentas, un personaje alejado de otros chavales en dificultades y con profundas carencias afectivas que aparecen en otras películas de los hermanos Dardenne, como La promesa, Rosetta, El hijo o El niño de la bicicleta. Los conflictos de la Bélgica multicultural -de Europa, por extensión- no vienen de ahora, aunque puedan verse agravados por nuevos focos de tensión, caso de los relativos a la identidad cultural.

         La adolescencia, pues, es esa etapa de la vida en la que las hormonas y el idealismo bullen mientras uno trata de encontrar a tientas su lugar en el mundo, con la consiguiente necesidad de pertenencia a una banda o una tribu de afines. En esta ocasión, a Ahmed le entra la tontería con el salafismo a través de la influencia de un imán tan integrista como mezquino. Quizás sea este la excepción -incluso leve excepción, dada la ausencia de grandes énfasis- de un relaato en el que los Dardenne, fieles a su esencia, exponen más que juzgan.

Así las cosas, la principal baza de la obra no es la búsqueda de respuestas sociológicas al yihadismo del joven musulmán nacido en Europa -de hecho, la capacidad incisiva es escasa en este aspecto-, sino el logrado naturalismo para componer y mostrar la personalidad del personaje, la cual impregna un filme rotundamente sobrio y conciso, también en la comprensión y el humanismo con el que se aproximan al retratado, en su indagación en la inocencia, el perdón y el entendimiento. Ayuda a ello tanto la caracterización, opuesta al impacto sensacionalista -es decir, a primera vista el muchacho da de todo menos miedo-, como la puesta en escena -cercana e inmediata-. Como buen crío de 13 años, Ahmed se esfuerza en ser parco en palabras en su creencia de ser un individuo incomprendido, en ser mohino sin saber bien por qué y en estar enfurruñado contra todo por los mismos motivos. Los atinados deslices cómicos proceden igualmente de esta obcecación sin cuento, así como los más terribles. En cambio, aunque argumentalmente ofrezcan lecturas coherentes con el drama, a los Dardenne les falta afinación para encajar la confrontación con la chica y para culminar el desenlace.

         Premio en el festival de Cannes a la mejor dirección.

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Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7,5.

Demasiado cerca (Tesnota)

12 Nov

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Año: 2017.

Director: Kantemir Bagalov.

Reparto: Darya Zhovnar, Atrem Cipin, Olga Dragunova, Veniamin Kac, Nazir Zhukov.

Tráiler

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         No corren buenos tiempos para ser un espíritu libre. La tendencia a una polarización cada vez más extrema entre el Nosotros y Ellos que se percibe tanto en las relaciones geopolíticas como en la opinión pública general conforma una pinza opresiva para cualquier individuo de conciencia crítica, celoso de su autonomía singular.

En Demasiado cerca (Tesnota), un documento real, reproducido en VHS, ejerce como punto de inflexión de la historia: la ejecución a cuchillo de varios presos de guerra rusos en el Daguestán por guerrillas locales de corte islamista. El visionado de las grabaciones, que el espectador comparte en crudo con la protagonista, con el tiempo dolorosamente sostenido, trastoca la dimensión de todo lo que ha ocurrido antes y de la trama que queda por recorrer. Ni siquiera un acto terrible como el secuestro de una joven pareja había provocado semejante mazazo de realidad.

         Revelando el pavoroso contexto hasta entonces solo sugerido, estos atroces hechos, producto de un mundo enfrentado a muerte y sin cuartel entre dos facciones aparentemente irreconciliables, reacondicionan por tanto las vivencias de Iliana, una joven judía que trata de labrar su propio camino en las tumultuosas entrañas del Cáucaso, donde ha emigrado su familia. Es el descubrimiento que despoja de cualquier rastro de inocencia que pudiera quedar hasta entonces en un relato que, en su introducción, apuntaba hechuras de drama de autoafirmación femenina mediante la emancipación frente a los usos y costumbres heredados de la sociedad, escenificado en un entorno costumbrista y familiar, e incluso de un incipiente romance entre unos Julieta y Romeo que adaptan el tópico a la situación de este territorio a la espalda de los grandes focos internacionales.

Precisamente, su ambientación a finales de los noventa comporta una advertencia añadida en la proyección global de unos hechos aún aparentemente localistas y exóticos. Ajenos.

         Amparado por el cineasta Aleksandr Sokúrov -productor del proyecto-, una de las virtudes que hay que atribuirle a Kantemir Bagalovcabardiano él mismo, debutante en el largometraje a sus apenas 26 años y coautor del guion- es que este atentado contra la ficción vía videocasete y televisor no desnaturalice o desvalide sin remedio la narración que le sigue. Parte de ello se debe a la fuerza interpretativa de la también primeriza Darya Zhovner. Pero, desde luego, a una rotunda labor de dirección, en la que, como indica el título de la obra, desempeña un papel fundamental el juego con el espacio, manifiesto en la estrechez del formato de los fotogramas, casi cuadrado, y las relaciones a las que somete a los personajes.

La fluidez con la que se mueven en el plano el padre y la hija, comprensivos y complementarios el uno con el otro, y la intimidad sin barreras que se establece entre los dos hermanos, son así opuestas -como luego se recalcará con el filtro de color de las ventanillas del coche- a la serie de contactos que emergen ante la figura materna, que en cierto modo ejerce como personificación de la tradición judía. Vigilante y severa, la madre no sacude el pelo, sino que borra y despersonaliza el rostro; no acaricia la boca, sino que la silencia; no abraza, sino que asfixia y ahorca.

         A partir de este entorno opresivo, enrarecido y amenazador, en medio de la huida de todo y de todos que anhela la veinteañera Ilana, Demasiado cerca plantea y afronta turbulentos conflictos morales en los que unos personajes creíbles en sus dudas, contradicciones y fidelidades humanas se reencuentran con la tragedia griega en su violenta confrontación entre el individuo y la comunidad; entre el sacrificio personal cierto y un bien colectivo bastante difuso; entre la diferencia y la pertenencia.

Premio Fipresci en la sección Un certain regard del festival de Cannes.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 8.

El reino de los cielos

6 Oct

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Año: 2005.

Director: Ridley Scott.

Reparto: Orlando Bloom, Eva Green, Liam Neeson, Marton Csokas, Edward Norton, David Thewlis, Jeremy Irons, Brendan Gleeson, Alexander Siddig, Ghassan Massoud, Kevin McKidd, Michael Sheen, Martin Hancock, Nathalie CoxNikolaj Coster-Waldau, Iain Glen.

Tráiler

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         Durante la primera década del siglo XXI, las superproducciones de entretenimiento de Hollywood aparecían atravesadas por el trauma que supusieron los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Esto se percibe principalmente en la emulación de las imágenes del terror experimentado -la profanación del hogar por un enemigo indetectable, el desplome de los edificios, las huidas desconcertadas entre nubes de polvo…-, pero también, de manera más solapada, en el argumento de filmes como El reino de los cielos, una aproximación a las aventuras de las cruzadas que se lee en clave contemporánea.

En su interacción entre Occidente y Oriente, en su discurso acerca del respeto entre culturas por encima del enquistamiento de dramas históricos heredados, El reino de los cielos dialoga con un presente que, en la fecha del estreno, se encontraba ya inmerso en la invasión estadounidense de Irak como (presunta) represalia a la amenaza del yihadismo global, nuevo oponente destinado a devolver al escenario geopolítico internacional a la polaridad de la Guerra Fría apenas clausurada una década atrás -un escenario sobre el que el director Ridley Scott y el guionista William Monahan reincidirán tres años después en Red de mentiras-. Por seguir con la premisa inicial, El reino de los cielos es la antítesis de la violenta y racista visión que arroja 300, un año posterior.

         El protagonista del filme, que en su tosca y tópica construcción psicológica mezcla los remordimientos familiares junto con un idealismo propio del Príncipe Valiente, se embarca rumbo a Jerusalén para sumergirse en la lucha dual y eterna del ser humano, entre las corrientes destructoras y las corrientes constructoras que anidan en la especie. Esto es, el enfrentamiento entre el Bien y el Mal -eso sí, no repartido entre rivales maniqueos- aplicado a una escala épica, pero humana, no fantástica.

De ahí que, en consonancia de nuevo con esta conexión analítica con los conflictos actuales, se observe con escepticismo todo lo relacionado con el sentimiento religioso. No obstante, sí se puede percibir en la imagen el peso de una noción de divinidad -igualadora, distanciada de las cuitas humanas-, que se manifestaría en los cielos prodigiosos y de exaltado cromatismo pictórico que plasma Scott, en la sobrecogedora monumentalidad de los paisajes desérticos o en algún plano cenital que convierte a los combatientes enzarzados en una masa uniforme de entes insignificantes.

También dentro de esta construcción alegórica puede incluirse la misma idea del reino de los cielos -otra concepción utópica y metafórica, la de erigir el reino de Dios sobre la Tierra- como tierra prometida y de las oportunidades, semejante en sus valores al sueño americano e igualmente acechado por la iniquidad de los villanos materialistas o fanáticos.

         Aparte del poderoso e interesante empleo del escenario natural y los colores de la fotografía, de los notables movimientos de masas y del solvente rodaje de las batallas -contrapuesto por otro lado a la insistencia en el uso del ralentí como marca de la casa del cineasta-, el asunto es que este planteamiento está desarrollado de forma plana e ingenua, con un relato disperso en su extenso metraje -suele advertirse de que la versión del director, que lleva a la función a superar las tres horas, ofrece una narración más sólida, aunque todo lo que puedo decir con el recuerdo lejanísimo del montaje estrenado en cines es que no agrava ninguno de sus defectos-. 

Asimismo, el interés decae por momentos debido a la escasa entidad de su personaje principal, alrededor del cual se difuminan unas circunstancias con potencial de aprovechamiento. Además, es harto difícil sostener una película así sobre los hombros de Orlando Bloom, tan inexpresivo como falto de carisma. No hay más que compararlo con la presencia de su partenaire romántica, la francesa Eva Green, o con alguno de los eficientes secundarios que dan lustre al reparto.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 5,5.

Mimosas

9 Ene

mimosas

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Año: 2016.

Director: Óliver Laxe.

Reparto: Ahmed Hammoud, Shakib Ben Omar, Saïd Aagli, Ikram Anzouli, Ahmed el Othemani, Hamid Fardjad.

Tráiler

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          Surgido de la pujante nueva ola de cine gallego, avalado por dos reconocimientos consecutivos en el festival de Cannes, ávido de imbuirse de una autenticidad que encuentra en los márgenes de la sociedad -el resilente rural gallego, el indómito Marruecos interior- y del arte -la vanguardia, la ruptura genérica, narrativa y conceptual-, Óliver Laxe se erige en uno de los nombres propios de la creación cinematográfica actual.

Mimosas es su primer largometraje íntegramente de ficción, en el cual, no obstante, retoma los escenarios magrebíes de su galardonada Todos vosotros sois capitanes e incluso algún habitante de ella, como Shakib Ben Omar. Con todo, quedan puertas abiertas a la realidad -la coincidencia en el nombre entre actores y personajes- dentro de este viaje a lo largo de un laberinto con numerosas salidas y entradas y en el que se comunican, como parte de un único conjunto, espacios presentes y espacios atemporales, vidas prosaicas y anhelos fabulosos, verismo e ilusión, caminos terrenales y recorridos espirituales, personajes humanos y personajes alegóricos.

          Embarcado sobre un armazón que podría ser herzogiano en su naturaleza irracional, obsesiva y tendente a la abstracción -un hombre descreído que se compromete a devolver el cuerpo de un jeque a su aldea en una aventura suicida por montañas de sobrecogedora y trascendental inexpugnabilidad-, Laxe despliega un western espiritual donde confluyen ecos de Monte Hellman mestizados con el sentir antisistema con el que Pier Paolo Pasolini miraba la belleza física, la Historia y sus huellas; así como con resonancias de la fatua Jauja de Lisandro Alonso.

Esta última es su faceta menos interesante, con su parábola de deliberado cripticismo abandonado a interpretaciones y donde uno nunca termina de saber si esa manera abierta de saldar el filme es la adecuada -dejando de lado la abrupta e irregular manera en la que aquí se alcanza- o solo formula esa sobada petición a la participación del espectador como sujeto activo en la obra para, en verdad, enmascarar arteramente una incapacidad de rematar de forma satisfactoria lo comenzado -como, precisamente, se le critica al desorientado protagonista de Mimosas-. La iluminación del autor.

          Antes de ello, se percibe en Mimosas un poderoso talento visual para la narración de cine, con un rotundo empleo de la orografía del Atlas y de los rostros del reparto -paisajes fascinantes ambos- que resulta más efectivo en su exposición de este camino de fe; de la inspiración y autorrealización desde la fantasía de una oveja descarriada por la fuerza destructiva de una realidad capaz de desconchar, al igual que sucede los murales con los que se inicia el filme, hasta las más bellas ensoñaciones.

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Nota IMDB: 6,4.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 6,5.

Mi hija, mi hermana

25 Jun

“Uno de los dilemas de la humanidad es que está destinada a luchar.”

Clint Eastwood

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Mi hija, mi hermana

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Mi hija, mi hermana

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Año: 2015.

Director: Thomas Bidegain.

Reparto: François Damiens, Finnegan Oldfield, Ellora Torchia, Agathe Dronne, Djemel Barek, John C. Reilly, Mounir Margoum, Iliana Zabeth.

Tráiler

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          Ethan Edwards era hijo de la guerra, transformado en una fiera aberrante después de tres años consumiendo los últimos resquicios de su humanidad en un limbo obsesivo de odio y muerte. Pero Ethan Edwards no era hijo de la Guerra de Secesión estadounidense –o al menos no exclusivamente-, sino de una guerra eterna: la del Nosotros contra el Otro. Aquella que continúa indeleble en este presente donde los periódicos atentados terroristas recuerdan por la fuerza que la sociedad occidental no atraviesa tiempos de paz. Que permanece sumida en una tensión bélica y de amenaza latente que conforma un perfecto caldo de cultivo para individuos que, por pura convicción o a causa de experiencias lacerantes, mantienen vivo el fuego de la separación o del enfrentamiento entre el Nosotros y el Otro.

Mi hija, mi hermana dedica un exagerado –y un poco absurdo- esfuerzo a explicitar su filiación con el territorio del western, donde Centauros del desierto surge como un paralelismo más que obvio. El protagonista también atraviesa un limbo, condensado en una poderosa elipsis, en el que se resuelve, fuera de campo, la transición en la que este padre francés, cuya hija se ha fugado con un joven fundamentalista musulmán, se transforma en una alimaña herida que se embarca en una búsqueda demencial como quien arremete contra el enemigo. También, dirá el guion en un momento determinado -aunque en referencia a su hijo y sucesor, que replica al sobrino Martin de la enseña de John Ford-, es uno de esos hombres que ocupan demasiado espacio como para rehacer su vida en el calor cotidiano del hogar –esa idea que hacía que la puerta se cerrara a la espalda del tío Ethan, mientras éste regresaba a la nada de donde había surgido-.

          En su curso, Mi hija, mi hermana habla de heridas abiertas que nunca sanan, sino que supuran y reabren –Nueva York, Madrid, Londres-; de traumas generacionales que se enquistan y se perpetúan por herencia dentro de una Europa donde se confunden la multiculturalidad y el gueto, donde convive un prejuicio de superioridad moral –la reacción del padre con la familia del chaval- con una ingenuidad pasiva –la confianza de la madre en su hija- frente a quien es vecino y extraño al mismo tiempo. Y, a través de una escena introducida un tanto con calzador, incardina estas cuestiones dentro de una estructura circular, cíclica, sobre la que se reflejan, corresponden y contraponen una historia de obsesión y muerte –el padre- y una historia de redención y vida –el hermano, que desarrolla una búsqueda que adquiere tintes más existencialistas-.

          Debut como director del guionista galo Thomas Bidegain –que recientemente trazaba, en calidad de coautor, otro relato de tormentos internos, regeneraciones familiares y ecos westernianos en Dheepan-, el filme goza de una notable intensidad durante este primer tramo, sostenido sobre los hombros de un colosal François Damiens, que realiza un derroche de presencia en pantalla y expresa con sutiles matices el mar de angustias y paradojas de su personaje. Su segunda mitad, donde Finnegand Oldfield desempeña asimismo un buen papel, se antoja en ocasiones algo más convencional, aunque está filmada con elegancia visual, mantiene el interés y solventa el argumento con coherencia narrativa y densidad emocional.

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Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7,5.

Ceddo

8 May

“Mis películas son una herramienta de educación. Quiero devolverles el orgullo y la dignidad a los africanos.”

Ousmane Sembène

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Ceddo

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Ceddo

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Año: 1977.

Director: Ousmane Sembène.

Reparto: Tabata Ndiaye, Mustapha Daye, Ismaila Diagne, Matoura Dia, Omar Gueye, Mamadou Dioumé, Nar Modou, Ousmane Camara.

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            Con el proceso de descolonización e independencia en África, los nuevos Estados del continente alumbraban, con timidez o como una simple irrupción puntual, símbolo de su a priori recobrada autonomía en todo caso, una industria del cine propia. Marruecos, Argelia o Senegal serían unos de los primeros países que tratarían de igualar la estabilidad y la constancia de homólogos de la región como Egipto. En concreto, en Senegal destacará la figura de Ousmane Sembène, escritor y activista político afiliado al Partido Comunista que iniciará su incursión en el séptimo arte durante la década de los sesenta para alcanzar luego tal grado de influencia que, en cierta manera, se le considera hoy uno de los padres próceres del cine africano.

            Ceddo es una de sus obras más populares, en la que se condensan, por otro lado, muchas de las constantes temáticas e ideológicas que caracterizarán su filmografía, en especial durante esta etapa. Ambientada en las revueltas protagonizadas por el pueblo epónimo en el siglo XVII, su argumento ostenta así un espíritu nacionalista, reivindicativo de las raíces culturales senegalesas, en el que se plasma la lucha del colectivo frente a los poderes exteriores que amenazan su libertad, en esta ocasión materializados en la presencia del hombre blanco –en calidad de comerciante o de misionero-, del Islam en plena expansión –crítica religiosa por la cual la película soportaría durante años la carga de la censura en el país- y la estructura feudal de la sociedad, dominada por reyezuelos, aristócratas y líderes guerreros.

            Sembène, que había dejado meridianamente claro su fuerte compromiso en la también alegórica Xala –palabra alusiva a la impotencia sexual que se traducía en clave política-, prosigue con este cine en el que el relato se vincula estrechamente a un mensaje con relevancia capital en el presente de la obra. Autodidacta y refractario del lenguaje ‘importado’ de Hollywood, el cineasta busca un estilo cinematográfico apegado a la tradición y la simbología narrativa africana.

Por una razón o por la otra, esto desemboca en una función de fuerte talante discursivo que, en cambio, queda enhebrada a través de un libreto tan sencillo como caótico en su desarrollo, plasmado en el aspecto formal bastante estático, que apenas escapa del teatro filmado gracias a agresivos zooms que, curiosamente, recuerdan a esa estética peleona más propia de la ‘exploitation’ estadounidense, campo de acción precisamente de numerosas producciones de orgullo afroamericano.

El diálogo funciona con idéntica rabia revolucionaria, arrojando proclamas concienciadas que encadenan pasado y actualidad, prácticamente con independencia de una historia montada a machetazos y donde personajes y tramas se agolpan –o desaparecen, como el sobrino y heredero legítimo del monarca- al son de las conclusiones que Sembène pretende esculpir en fotogramas.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 5.

Mustang

20 Mar

“El grado de civilización de una sociedad se mide por el grado de libertad de la mujer.” 

Charles Faurier

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Mustang

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Mustang

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Año: 2015.

Directora: Deniz Gamze Ergüven.

Reparto: Günes SensoyDoga Zeynep DogusluTugba Sunguroglu, Elit Iscan, Ilayda Akdogan, Nihal G. Koldas, Ayberk Pekcan, Burak Yigit, Bahar Kerimoglu.

Tráiler

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            Bien podría plantearse Mustang como un cuento tradicional, en el que cinco desafortunadas huerfanitas quedan encerradas en un castillo donde su malvado tío las recluye para, una por una, entregarlas en matrimonio a otros ogros de la comarca.

            Debut en el largometraje de la realizadora y guionista turca Deniz Gamze Ergüven –en este segundo aspecto en colaboración con la francesa Alice Winocour, compañera del taller de jóvenes creadores del festival de Cannes y directora suya en Augustine-, el relato de Mustang, desarrollado desde el punto de vista de la menor de las hermanas, hace confluir una vertiente de denuncia contra la tiranía patriarcal de la sociedad otomana con varios tópicos temáticos del cine de transición a la madurez, como son el descubrimiento de los misterios de la vida adulta –el sexo, la complejidad de las relaciones personales y sociales- y el decisivo punto de inflexión existencial que, casualmente, en el séptimo arte suele reservarse para historias gratas y luminosas: el verano de nuestras vidas.

Aquí, los cálidos rayos del sol -bendición divina e incluso seña de esta fábula sublimada que podrían haber habitado las cinco niñas-, solo se enmarcan dentro de este contexto dichoso durante la apertura del filme, exponiendo una situación de plenitud que, a continuación, queda violentamente truncada por las presiones ideológicas, religiosas y culturales de la familia y la sociedad de su alrededor, enclavada en un pequeño pueblecito que sirve para condensar a esa parte del país euroasiático a espaldas de la cosmopolita Estambul.

            Esta (un tanto forzada) regresión puritana que experimentan las jóvenes –paralela a la que parece imponerse en el resto del mundo, fomentado por el arrecio de ideales moralistas, maniqueos e hipersensibilizados de todo cuño, y especialmente en la Turquía del conservador Erdogan– choca frontalmente con su rebeldía adolescente, justificada por su legítima e instintiva búsqueda de la libertad y la autoafirmación frente a imposiciones caducas y espurias. A partir de este conflicto, Mustang compone el alzamiento decidido de estas cinco caperucitas contra los lobos feroces que las hostigan; un argumento con el que resulta sencillo empatizar.

Su planteamiento no es excesivamente complejo ni profundo –el dibujo de personajes, sobre todo de antagonistas como el cabeza de familia, es más bien elemental-, pero está construido con frescura y calidez mientras captura con eficiencia la atmósfera íntima de las muchachas –su despertar sexual, su convivencia de ilusiones y represiones, las cómplices relaciones que se dan entre ellas, su contacto físico,…-, interpretadas además por un grupo de actrices bien dirigidas. Por el contrario, sus acciones subversivas quizás no parezcan tan naturales, aunque logran captar el interés por la rabiosa protesta.

El ritmo narrativo de la cinta es veloz gracias a la concisión del libreto de Ergüven y Winocour, si bien se aprecia cierta fatiga y estancamiento en el tercio final del metraje, cuando se pierde esa dinámica precisión expositiva inicial y las ideas tienden a la caer en cierta redundancia, resueltas además en un cierre que dista de ser redondo.

            Nominada al Óscar a la mejor producción de habla no inglesa –representando a Francia, nación adoptiva de la cineasta-, caería finalmente ante la excelente El hijo de Saúl.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 6,5.

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