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Indomable (Haywire)

9 Oct

“No tuve problema en pegarle a Gina Carano, porque no era Michael Fassbender quien lo hacía, sino el personaje que interpretaba. Además, en la vida real Gina podría partirme la cara con los ojos cerrados. Quiero decir, ¿has visto alguna vez videos suyos en YouTube?”

Michael Fassbender

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Indomable (Haywire)

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Indomable (Haywire).

Año: 2011.

Director: Steven Soderbergh.

Reparto: Gina Carano, Antonio BanderasMichael DouglasEwan McGregorChanning TatumMichael Fassbender, Michael Angarano, Mathieu Kassovitz, Bill Paxton.

Tráiler

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            Visionar Indomable (Haywire) me produce una sensación similar a los bares de diseño. Es decir, aquellos en los que la decoración y la elaboración de las bebidas desencadena el impulso irrefrenable de fotografiar con tu mejor filtro de Instagram la copa de balón de ese gin-tonic repleto de verduras y condimentos. Todo pulcro, estilizado, armonioso, que entra bien por los ojos. Perfecto para que uno exhiba su sofisticación y su billetera. Pero se da la circunstancia de que este articulista prefiere los bares de barrio, con tapas de cocina sabrosas y sustanciosas, de las de mojar pan, y con cerveza de grifo asequible para ponerse apasionadamente chuzo en un marco estético acorde al suyo personal: recio, honrado y un poco feo. Lo que en el thriller, de nuevo en el campo cinematográfico, podría equivaler a remontarse a la fisicidad y la contundencia de los descreídos setentas.

            Indomable es un thriller de diseño a cargo de Steven Soderbergh, cineasta clave del indie de los noventa al que, como a otros de su generación –Gus van Sant, Richard Linklater, Spike Lee-, siempre le ha gustado desconcertar a la audiencia y la crítica alternando obras de autor con productos casi prefabricados o de géneros con códigos muy marcados, si bien aproximándolos en mayor o menor medida a su propio terreno de juego. A su aire, con o sin apoyos.

            En esta ocasión, el libreto del filme, bastante esquemático pese a su ágil montaje de saltos temporales, permite que la trama se desarrolle de manera fluida y, sobre todo, quede un holgado margen para el lucimiento estético de Soderbergh, que aquí despunta en la envoltura cromática de los distintos episodios o la inhabitual y atractiva planificación en ciertas escenas de acción, como el uso de planos conjunto de duración más larga de lo frecuente, la eliminación del sonido ambiente en favor de un ritmo determinado por la jazzística banda sonora o la supresión por completo de la banda sonora.

Las secuencias de pelea, como viene siendo habitual tras la irrupción de Jason Bourne –el relato también gravita aquí sobre la premisa del superagente traicionado en busca de respuestas y/o venganza-, arrojan coreografías de primer nivel, limpias y aseadas, a las que el historial como luchadora profesional de Gina Carano contribuye a dotar de veracidad e impacto.

            Como actriz, Carano demuestra por su parte una apreciable soltura y una combinación fotogénica de dulzura y brutalidad que destila un poderoso magnetismo, arropada además por un selecto elenco lleno de rostros conocidos y amigos del director estadounidense. Es decir, que la exgladiadora posee la suficiente presencia como para desear verla prodigarse en un género falto de renovación de estrellas con carisma y credibilidad.

 

Nota IMDB: 5,8.

Nota FilmAffinity: 4,8.

Nota del blog: 6.

Los Commitments

21 Sep

“Si quieres mi opinión: ama la música, odia la industria musical.”

Justin Timberlake

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Los Commitments

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Los Commitments.

Año: 1991.

Director: Alan Parker.

Reparto: Robert Arkins, Michael Aherne, Angeline Ball, Maria Doyle Kennedy, Dave Finnegan, Bronagh Gallagher, Félim Gormley, Glen Hansard, Dick Massey, Johnny Murphy, Ken McCluskey, Andrew Strong.

Tráiler

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            Aunque puede que no les entusiasme la idea, los irlandeses tienen el privilegio de contar en su naturaleza con uno de los más envidiables rasgos culturales de la tradición británica: esa capacidad única para plantarse frente al espejo, esbozar media sonrisa y apuntar el dedo con sorna hacia sus propias vergüenzas reflejadas en el cristal. Una socarronería tan melancólica como sus calles eternamente abrillantadas por la lluvia. Será el clima, el aislamiento frente al continente…

La trilogía de BarrytownLos Commitments, The Snapper/Café irlandés, La camioneta– cristaliza a la perfección esta característica idiosincrática tanto en su aspecto literario -su matriz original, obra del escritor Roddy Doyle-, como en el cinematográfico, traducidos al fotograma en sus correspondientes tres filmes durante la primera mitad de la década de los noventa, con la colaboración del propio Doyle en la redacción de los respectivos guiones.

            Los Commitments, primera de estas adaptaciones al cine, narra los quebraderos de cabeza de un joven del norte de Dublín metido a promotor de un improvisado grupo de soul, punto de encuentro de los pequeños y frágiles sueños de otros cuantos compañeros de miserias cotidianas. Los “negros” de Dublín, a su vez los “negros” de Irlanda, a su vez los “negros” de Europa. Marginales entre los marginales que aspiran a dejar de ser “uno más” de una vez por todas.

La cinta será filmada en régimen de coproducción entre Irlanda, Reino Unido y Estados Unidos, con Alan Parker como director de orquesta. La decisión resulta coherente a tenor de las inquietudes del cineasta inglés, atraído a lo largo de su carrera hacia proyectos de marcado cariz musical –Bugsy Malone, Fama, Pink Floyd: The Wall, Evita-. Ello tendrá su debida respuesta en el acertado y atractivo empleo de la banda sonora como herramienta para encadenar escenas, atmósferas y tonalidades.

            Los Commitments es una obra costumbrista pequeña, ligera y refrescante, que transmite el placer de las cosas bien hechas, con buen gusto, respeto y amor. Protagonizada por tipos cercanos y queribles, provoca empatía y emoción esa épica huida hacia adelante, alucinada y genial a partes iguales, en pos de satisfacer los anhelos utópicos por los que vibra el espíritu como única válvula de escape frente a la cochambrosa realidad diaria, huérfana de futuro. De nuevo, es el sabor de las islas (Full Monty, Mi nombre es Joe, Billy Elliot).

Sueños limpios, legítimos y orgullosos, si bien encadenados al destino que determina sin remedio esa inmisericorde ruina urbana de la que tratan de despegarse.

            El ritmo avanza desatado entre canción y canción, punteado por un sinfín de guiños melómanos repletos de cariño –hasta realiza un cameo el icónico niño de la portada del álbum War, de U2y una buena batería de ocurrencias deslavazadas pero de agradecida comicidad, detallado retrato del surrealismo cotidiano -negro, chispeante, sombrío, burlón- que nace de la Irlanda arrasada por los males de una sociedad desequilibrada en lo económico, empobrecida en lo moral y adormecida en cuanto a imaginación.

            En uno de esos ejemplos en los que el cine extiende sus raíces hasta la misma realidad, el rodaje de Los Commitments serviría de escenario para la fundación de The Corrs, una de las formaciones más representativas de la escena irlandesa contemporánea, gracias al encuentro de los hermanos Corr -figurantes con diversos papeles la película-, con John Hughes -coordinador musical de la cinta-, quien a partir de entonces ejercería funciones de manager de la banda.

Del todo entrañable.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7,5.

El irlandés

29 Ago

“Yo sólo soy un sheriff del sur.”

Nick Corey (1.280 almas)

 

 

El irlandés

 

Año: 2011.

Director: John Michael McDonald.

Reparto: Brendan Gleeson, Don Cheadle, Liam Cunningham, Mark Strong, David Wilmot, Fionnula Flanagan, Katarina Cas, Michael Og Lane.

Tráiler

 

            El irlandés: un policíaco de toda la vida pasado por el filtro de la vitriólica retranca de la Isla Esmeralda.

Desde su posición consciente y orgullosamente menor, la obra de John Michael McDonald, director y guionista del asunto, desata su mala baba contra los cánones del género y contra los estereotipos propios y extraños desde el prisma de un personaje sobre el que gravita todo el conjunto, el bueno, viejo y putero sargento Gerry Boyle (Brendan Gleeson), cuerpo de la ley en la recóndita Irlanda Occidental.

           Una mezcla amable del sargento Hank Quinlan y ese cateto, genial y diabólico sheriff Corey de 1.280 almas; encantadoramente tocapelotas, detestablemente ocurrente, prosaico e incisivo. Un individuo brillante refugiado en una actitud infantiloide y de apariencia desapasionada y negligente que da lugar a un juego de contrastes y sutilezas interpretativos entre los que Gleeson se mueve como pez en el agua, devorando la escena con destellos de su Martin Cahill -desde el otro lado de la justicia- de aquella estupenda El general.

            De este modo, la película sigue el ritmo que marca Boyle, con el rechazo de la primera impresión poco sutil y deliberadamente desagradable en la que se intuye un fondo socarrón y un poso de melancolía dejado por la rutina de la vida de un hombre sin glorias a las que aspirar y que mata el tiempo disfrutando de la sorna y de pecados veniales como inane forma de rebeldía, seguido más tarde –en paralelo al personaje de Don Cheadle, metido también a labores de producción- de la toma de complicidad e inmersión en el mundo de este tipo tan carismático y sus insólitos avatares que, hacia el final, se tornan algo más convencionales.

            McDonald, al que también se le aprecian fallos de director novel, compone así una farsa de humor cruel, adorable, paródico y metalingüístico, y que, siguiendo ese mismo hilo, aplica ese mismo espíritu gamberro a la sugerencia tragicómica y en último caso ridícula de los escenarios y la composición de la puesta en escena.

            Una película pequeña, en la que no todo llega a funcionar, pero que resulta muy simpática en su conjunto.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 7.

Dublineses (Los muertos)

23 Mar

“La obra de John Huston no era tan interesante como su propia vida.”

Orson Welles

 

 

Dublineses (Los muertos)

 

Año: 1987.

Director: John Huston.

Reparto: Donal McCann, Anjelica Huston, Helena Carroll, Cathleen Delany, Donal Donnelly, Dan O’Herlihy.

Tráiler

 

 

            En 1987 fallecía John Huston, actor y director de cine, leyenda del Séptimo Arte.

Colofón de una trayectoria prolífica, un tanto irregular pero que dejaba para el recuerdo perlas de valor incalculable en muy diversos géneros, su testamento cinematográfico sería la adaptación de Los muertos, relato corto incluido en Dublineses, la colección de retratos de la sociedad irlandesa del escritor James Joyce. Es, en cierta manera, un homenaje a sus orígenes familiares desde el final del camino, hecho en el que abunda la participación de sus hijos Tony en la escritura del guion y Angelica para encarnar uno de los papeles principales.

            Dentro del orden lógico de la obra del irlandés, Los muertos vendría a encuadrarse en el invierno de la capital del Eire aún británico, así como en el ocaso de la vida de ese protagonista colectivo. Una reflexión sobre la muerte que confiere ese aura testamentaria al filme. “Uno a uno, todos seremos sombras. Es mejor pasar impúdicamente en la plena euforia de una pasión que irse apagando y marchitando tristemente con la edad”. Una sentencia pronunciada por el protagonista que bien parece hecha, casi en primera persona, por el propio Huston, hombre de arrolladora vitalidad.

Y es que Dublineses da la sensación de ser un drama concebido a partir de un monólogo final que es el que realmente aporta el sentido, el significado y la fuerza a toda la película, de la que el resto del metraje se antoja casi como relleno.

           Con todo y ello, Dublineses es un drama rodado con suma elegancia, con desbordante ternura, delicadeza y belleza, adornado con una fotografía de sabor añejo, con un aliento de elegíaca y al mismo tiempo cálida melancolía.

Los conflictos que subyacen en esa Irlanda del cambio de siglo afloran con timidez, nada más que en forma de tibios apuntes -el conflicto entre republicanos nacionalistas y anglófilos, el peso de la religión en la vida cotidiana, el sempiterno alcoholismo, la calculada, fría y fingida perfección de una aristocracia decadente e infeliz-, todos ellos nimiedades que palidecen ante la conciencia de la muerte, de la irremediable fugacidad del tiempo.

Ante las heridas incurables de un viejo amor pasado, la pervivencia del recuerdo, de lo memorable, como prolongación de la vida; el descubrimiento de que el tiempo se agota lentamente y sin remedio y en realidad no se ha vivido, aletargado por la apariencia, la rutina, el conformismo y la desidia.

            Huston miraba con calma el largo camino recorrido y, desde la coherencia de una vida torrencial de emociones, desencuentros y pasiones, ponía un sentido punto y final a en legado lleno de creaciones imperecederas.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 7.

El delator

11 Oct

“Más traiciones se cometen por debilidad que por un propósito firme de hacer traición.”

Jean-Jacques Rousseau

 

 

El delator

 

Año: 1935.

Director: John Ford.

Reparto: Victor McLaglen, Margot Grahame, Wallace Ford, Preston Foster.

Tráiler

 

 

           Aunque nacido en Maine, John Ford siempre llevará a gala sus raíces irlandesas, hecho que traspasará a muchos de sus personajes además de utilizar la isla verde como localización en alguno sus rodajes, con una visión idílica en obras como El hombre tranquilo, no tanto en otras como esta El delator, ambientada en la Guerra Civil irlandesa de 1922-1923.

            El delator es el estudio de Ford sobre la traición, mostrado desde el punto de vista de Judas. Gypo Nolan -interpretado por el británico Victor McLaglen, corpulento, de rostro curtido, entonces actor fetiche de Ford como luego será John Wayne, con quien coincidiría en unas cuantas, ya como secundario-, un hombre fuerte pero ingenuo, acosado por la miseria, se vence a la tentación de salir de la pobreza junto a su amada, la prostituta Katie (Margot Grahame), vendiendo la cabeza de su mejor amigo, el rebelde independentista Frankie McPhillip (Wallace Ford), por veinte libras.

Una traición motivada por un fin personal pero, en esencia, para salvar a su chica de las calles –la mujer como desencadenante de la perdición, pero también de la redención-, que pasará factura a Gypo en una noche que significará su descenso a unos infiernos envueltos en niebla y borracheras. El intento vano tratar de apagar la conciencia con alcohol, perseguido por la paranoia del que se sabe culpable y delatado por su propio nerviosismo, quizás una forma inconsciente de anudarse a sí mismo la soga al cuello para expiar sus pecados.

            Ford, un director sumamente hábil para la construcción de personajes y el manejo de sus emociones, presenta un relato desolador en el que se asiste al derrumbe de un individuo al que el espectador nunca sabe si juzgar culpable o mártir de las circunstancias, si merece pagar por su traición o ser redimido.

Es una cinta tremendamente agria, angustiosa y rotunda en esa caída de un hombre atormentado presa de los remordimientos, víctima de una inocencia trágica en todo su inmisericorde patetismo.

Quizás emplee algún recurso contado que remarque innecesariamente  lo obvio -la sobreimpresión del cartel con la recompensa o la simbología religiosa final-, pero la magistral dirección de Ford no concede tregua al espectador, propinándole duros puñetazos directos al estómago, con escenas terribles y llenas de fuerza –la muerte de Phillips, todo el proceso de abandono a la autodestrucción de Nolan- que profundizan en un drama amargo y desesperanzado.

Premiada con cuatro Oscar.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 9.

El hombre tranquilo

21 Dic

“Lo que el cine necesita es belleza, la belleza del viento moviéndose entre las hojas de los árboles.”

D. W. Griffith

 

El hombre tranquilo

 

Año: 1952.

Director: John Ford.

Reparto: John Wayne, Maureen O’Hara, Barry Fitzgerald, Victor McLaglen.

Tráiler

 

 

            John Wayne conduce sus bamboleantes pasos a Innisfree, Irlanda, el idílico –puede que también granado de tópicos irlandeses- pueblecito de sus antepasados. Allí, se las tendrá que ver y desear con los peculiares lugareños de la Isla Esmeralda, donde tendrá que enfrentarse al hostil cacique local, a la hermana de éste -luego su propia esposa- y a sí mismo para dejar atrás un pasado que le persigue y abruma y alcanzar la paz espiritual.

Unos mimbres de apariencia sencilla y un argumento –el del extraño que llega a un pueblo pequeño repleto de gente muy particular- que si bien no son muy originales sí que obtienen en El hombre tranquilo un nivel inalcanzable, rayano en la maestría. Una historia llena de sentimiento en el que John Ford –curiosamente de orígen irlandés- hace gala, como casi siempre, una dirección sobria, impecable y elegante, llena de hermosos planos y escenas inolvidables; apoyado en un guión con cuidados diálogos, tan simpáticos como inteligentes, que dibuja unos personajes trazados con gran cariño y perfección, trabajados como ya no se hace. Y todo ello subrayado por unas actuaciones modélicas, capitaneadas por un John Wayne, actor fetiche de Ford, alejado de sus habituales personajes del western y que demuestra que, además de un auténtico tipo duro nacido para calzar un sombrero de cowboy, es un actor capaz, haciendo patentes con gran sutileza las contradicciones de este hombre tranquilo pero atormentado. Aparte, mención especial para ese entrañable robaplanos que es Barry Fitzgerald, que ilumina cada escena con su presencia.

Lo del cierto machismo del argumento, en fin, eran otros tiempos.

Un ejemplo magnífico de cine en estado puro, artesanal, hecho con mimo y dedicación y cuidando hasta el mínimo detalle. Una gran película.

Oscar al mejor director y mejor fotografía, más otras cinco nominaciones.

 

Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 8,2.

Nota del blog: 9.

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