Tag Archives: IRA

Larga es la noche

11 Oct

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Año: 1947.

Director: Carol Reed.

Reparto: James MansonKathleen Ryan, Denis O’Dea, W.G. Fay, Robert Beatty, Cyril Cusack, Dan O’Herlihy, Kitty Kirwan, F.J. McCormick, Robert Newton, Ewyn Brooke-Jones, Fay Compton, Beryl Measor, Roy Irving, Joseph Tomelty, William Hartnell.

Tráiler

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         En el argumento de Larga es la noche se respira un clima de violencia, peligro y desesperación, pero prácticamente nunca se escuchará en ella un grito nervioso o una orden agresiva. En la apertura del filme, se desgrana el plan para perpetrar un atraco que provea de nuevos fondos a la ‘Organización’, un ente que, en el relato, asume la función del IRA en lucha armada contra el poder británico en Irlanda del Norte. Las instrucciones se dan con voz calmada, son casi susurros cansados.

Carol Reed no pretende tensionar al espectador con la expectativa de una trama criminal adrenalínica, sino adentrarlo en el pesimismo doliente y romántico que dominará la atmósfera de la obra. Su trama, de hecho, es una agonía que se extiende de principio a fin, en la que un hombre herido -por una bala en un hombro y por la sombra de los remordimientos de su paso por prisión- recorre las calles y las gentes en pos de su improbable salvación.

         El camino de espinas de Johnny McQueen (James Manson, precisamente actor de gestos suaves y educados) recuerda en parte al calvario de culpa que Gipo Nolan padecía en El delator desde el otro lado de esta ‘Organización’, aunque su lirismo amargo puede considerarse también heredero del realismo poético francés. El espacio urbano de Belfast, filmado a pie de calle y sumido en la oscuridad de la noche, hasta extremos cercanos al expresionismo alemán, se convierte en un escenario de trágica poesía a la espera del reencuentro de McQueen con su redención, que porta el rostro abnegado de Kathleen Ryan.

El frío, la humedad. Reed convierte la ambientación en un poderoso elemento sensitivo que hace acompañar y sentir el peso con el que carga McQueen, al mismo tiempo que transmite la amenaza y la inquietud de la situación a través de huidas y carreras por los callejones y la cara oculta de la ciudad, prefigurando con ello la escapada de El tercer hombre por las alcantarillas de la Viena derruida y despiezada, uno de los momentos más célebres y celebrados de su filmografía.

         Las campanadas de la torre anuncian constantemente que llega la hora final, tan frías y fatalistas como el perseguidor que sigue la pista de McQueen, para quien no existe el Bien y el Mal, sino los inocentes y los culpables, los individuos libres y aquellos a quienes se debe ejecutar. Y McQueen, aunque prófugo del penal, no es un hombre libre.

Desde su retrato costumbrista, engarzado en los distintos encuentros que traban McQueen y Kathleen, y que sirve para trazar una semblanza episódica de la sociedad norirlandesa de posguerra, Larga es la noche también se adentra en la reflexión acerca de la condición humana. De su misericordia, su egoísmo, su sometimiento a las circunstancias terrenas y su capacidad de trascendencia religiosa o moral. Un sacerdote y un mendigo conversan alegóricamente sobre los valores materiales e inmateriales, sobre la verdadera riqueza del ser humano. Un pintor y un médico, ambos indigentes marginales, discuten sobre el cuerpo y el alma de un hombre que, de fondo, se desmorona.

         Emocionante y terrible, el conflicto en el que se desangra Larga es la noche va más allá de una liberación física o legal.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 8,5.

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El largo viernes santo

18 Jun

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Año: 1980.

Director: John Mackenzie.

Reparto: Bob Hoskins, Helen Mirren, Derek Thompson, Eddie Constantine, P.H. Moriarty, Bryan Marshall, Dave KingStephen Davies, Paul Freeman, Pierce Brosnan.

Tráiler

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          Disfrazado con sus trajes horteras, su yate ostentoso y sus descomunales proyectos inmobiliarios -visionarios en cierta manera, como luego demostrará la construcción del Canary Wharf-, Harold Shand es el capo de Londres, aunque insiste en que en realidad es un discreto hombre de negocios con visión de futuro, contrapuesto por tanto a la pérdida de los valores de antaño y de la delincuencia que, afirma, ha degenerado las calles de su ciudad. Pero, obviamente, él no dudará en emplear impulsivamente la corrupción de la autoridad legal -la policía, los concejales- o la violencia cruda contra propios y extraños, lo que configura un contraste que en los fotogramas aparece reflejado de manera seca, como si por momentos se creyese el discurso justificatorio de este pequeño y brutal hampón con ínfulas y venido a más.

De igual manera, mientras se proclama príncipe de la metrópolis británica y su cabeza queda coronada por el puente de Londres, Shand declara que Inglaterra es la capital de Europa, la nación líder del nuevo y pujante mercado comunitario a cuya delantera parece recuperar los laureles perdidos del imperio. Sin embargo, con el devenir de los acontecimientos, los mafiosos venidos de los Estados Unidos para asociarse en el trato que legitima definitivamente su empresa criminal terminan espetándole con desprecio que, a su modo de ver, Inglaterra no es más que una república bananera con pretensiones de grandeza.

Entonces, personaje y país parecen ser uno. De hecho, al igual que se le atribuía a Winston Churchill, Bob Hoskins, que conquistaría un gran reconocimiento con este papel, posee ciertas características fisiológicas que recuerdan al bull dog, uno de los símbolos animales del Reino Unido. Achaparrado, macizo y de temperamento virulento, Hoskins corretea por los escenarios al borde del estallido de cólera, mostrando constantemente sus incisivos inferiores, gruñendo a quien se le aproxima.

          El largo viernes santo es puro cine criminal británico, con su ambientación antiromántica, decadente y de amoral salvajismo. No se puede mitificar la podredumbre. Este relato de un gángster cockney con imposibles aires de nobleza que en el día de su presunta entronización se ve superado por unas circunstancias que por fin exceden sus limitadas capacidades, está narrado desde una aspereza que incluso se permite introducir gotas de ácida ironía en su turbulento desencanto, puesto que la trama sobre la que se desarrolla el filme está dominada, en sentido estricto, por una fuerte ascendencia del absurdo.

Contra el caos, la furia es impotente. La presencia intimidante de Hoskins deja escenas de agresividad feroz, pero que finalmente, encadenadas a la desorientación y el desbordamiento que sufre el capo, se hunden igualmente en el ridículo. No obstante, se crea una relación y una complementariedad muy interesante entre Shand y su pareja, Victoria (Helen Mirren), que es otro personaje de fuerte personalidad, firmemente construido, dueño de sus propios procedimientos.

          La estética de la cinta es sucia; las acciones que registra, más. Sin hacer prisioneros, El largo viernes santo avanza correosa y furibunda, dejando tras de sí una amarga estela de oposiciones y contradicciones acerca de un personaje y de un país que parecen erigirse en imagen el uno del otro.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7,5.

La salida de la luna

4 Oct

La salida de la luna: un viaje nostálgico al locus amoenus fordiano para Bandeja de Plata.

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’71

31 Mar

“Hago películas sobre temas que me interesan. Pueden ser carreras de coches, aviones, un western o una comedia, pero el mejor drama para mí es el que muestra al hombre en peligro. No hay acción donde no hay peligro”

Howard Hawks

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’71

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'71

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Año: 2014.

Director: Yann Demage.

Reparto: Jack O’Connell, Sean Harris, Sam Reid, Richard Dormer, Charlie Murphy, David Wilmot, Killian Scott, Barry Keoghan, Paul Anderson, Martin McCann, Corey McKinley.

Tráiler

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           Cuando se protagoniza en solitario, el tema de del soldado abandonado tras las líneas enemigas, fundamental en el cine bélico y otros afines como el western, se convierte en un despiadado relato que conecta con el atávico espíritu de supervivencia del hombre, enfrentado a la hostilidad irracional del universo. Pero dado que aquí el factor de amenaza acostumbra a ser en exclusiva el hombre convertido en lobo para el hombre, dicha premisa puede ofrecer el escalpelo ideal para diseccionar la propia sinrazón humana.

           A través de su recorrido desesperado por las calles de la Belfast de 1971, infestadas de católicos nacionalistas y protestantes lealistas en permanente carnicería, el recluta Gary Hook (Jack O’Connell) desgrana involuntariamente el absurdo que constriñe a un conflicto enmarañado en una miríada de facciones y grupúsculos tan numerosos que, a fin de cuentas, disuelven cualquier motivación original que explique su odio o su adhesión a una causa para hermanarse en cambio en un delirio común, explotado por titiriteros como el capitán Browning de la contrainsurgencia británica (Sean Harris).

           ’71 entreteje con habilidad y tensión el espectáculo de acción que sirve la desorientada huida del militar inglés por territorio enemigo junto con un discurso antibélico de justificado pesimismo que retrata con economía y precisión un microcosmos despojado de honor y humanidad, conquistado a sangre y fuego por la guerra sucia, la violencia psicótica, el egoísmo recalcitrante y la animadversión irreconciliable. Pocos razonamientos se escuchan en los diálogos escritos por Gregory Burke, aparte de crudos y primarios insultos o vagas consignas de odio, adueñados de una ciudad enajenada donde los últimos vestigios de empatía elemental aparecen siempre marginados o acosados por esa masa encolerizada que se encuentra absorta en una inacabable espiral de destrucción.

           Debutante en el largometraje al igual que Burke, Yann Demage exhibe músculo y pulso narrativo en una combinación de cámara al hombro y arrebatos de naturalismo urgente al estilo de Paul Greengrass y su Bloody Sunday (Domingo sangriento) con un penetrante empleo de la luz y el color que juega con la densa oscuridad de la noche y su abrupto e inquietante contraste con el resplandor de la luz artificial y las llamaradas enrojecidas del fuego infernal que se ciernen sobre el protagonista desamparado.

La aventura por los infiernos de la razón del soldado Hook sigue un crescento paralelo al de la peligrosidad de las armas que se emplean contra él y al de la expansión del caos, la agresividad y el horror por la superficie de esa ratonera nocturna y destartalada de una Irlanda del Norte que es, a la vez, su mismo país y un escenario extraño, irreal, atroz e inexplicable. Una carrera al borde del abismo que, en consecuencia, representa el despertar del sueño de la inocencia a la pesadilla de la realidad.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7,5.

Juego de lágrimas

2 Abr

“Una persona no puede olvidar a alguien que es bueno con ella.”

Bruce Lee

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Juego de lágrimas

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Juego de lágrimas.

Año: 1992.

Director: Neil Jordan.

Reparto: Stephen Rea, Jaye Davidson, Forest Withaker, Miranda Richardson, Adrian Dunbar, Jim Broadbent.

Tráiler

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            Calificar a Neil Jordan como autor comprometido debido a su trilogía de filmes sobre el IRADanny Boy, Juego de lágrimas y Michael Collins-, no se ajustaría con exactitud al cariz de su obra. O no lo haría, al menos, desde el punto de vista tradicional del cine británico del compromiso político dentro de una época en la que los conflictos con la Isla Verde gozaba de un notable predicamento cinematográfico –Agenda oculta y En el nombre del padre en las industrias locales; Juego de patriotas en la hollywoodiense-.

            Como sucede en otros ejemplos de su filmografía, Juego de lágrimas es una cinta que rechaza anclarse en convenciones y encasillamientos temáticos y formales. Las fronteras que atraviesa el relato son por ende difusas e inciertas: fantasía y realidad, falsedad y verdad, héroes y villanos, identidad propia y ajena, masculinidad y femineidad.

            Protagonizada por un desertor del IRA, refugiado en Londres a causa de la deuda sentimental contraída con un soldado británico muerto -víctima del absurdo en todas sus acepciones-, Juego de lágrimas dibuja el recorrido de un hombre desorientado en el proceso de aceptación de su propia naturaleza bondadosa. Un viaje de redención y resarcimiento guiado por la mano de una mujer enigmática y ambigua que, al contrario que él, conoce y acepta sus circunstancias particulares, no precisamente idílicas.

            La firme construcción de personajes sostiene y dota de credibilidad emocional a un argumento excesivo en esencia, sobre todo en el desarrollo que sigue a la introducción de la obra: una excelente apertura, desbordante de intensidad y humanidad, tejida por el encuentro entre ese pobre hombre que se ha enrolado en la revolución porque aparentemente “no es bueno para nada” (Stephen Rea, habitual de Jordan) y un militar inglés al que es incapaz de ver como otra cosa que un tipo con las mismas inquietudes, anhelos y expectativas de futuro que él mismo (el estadounidense Forest Withaker).

            Un tanto más irregular por su misma vocación original y desconcertante, el posterior drama íntimo y romántico donde evoluciona ese juego de equívocos, búsquedas y liberaciones espirituales –cercano por momentos a la suplantación de personalidades, intermediada por actos físicos y escatológicos como el sexo y la muerte-, supone un aparente cambio de tercio que, en puridad, guarda una coherente relación de fondo con el comienzo del filme, confirmado por el cierto rasgo circular de su estructura dramática.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del filme: 7.

Hunger

27 Sep

“Nuestra venganza será la risa de nuestros niños.”

Bobby Sands

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Hunger

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Hunger.

Año: 2008.

Director: Steve McQueen.

Reparto: Michael Fassbender, Liam McMahon, Stuart Graham, Brian Milligan, Liam Cunningham.

Tráiler

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             Recuerdo que, en su estreno, La pasión de Cristo levanto encendidas polémicas a propósito de su agresivo hiperrealismo, descalabrado en el puro gore con el presunto fin de retratar con la mayor crudeza posible el calvario de Jesucristo. En mi opinión, el problema de la película no era su delectación morbosa con una bestialidad gratuita e hipertrofiada, sino que esa misma realización sanguinolenta y sádica enmascaraba en realidad un desolador vacío de contenido: la figura del mesías cristiano quedaba huérfana de cualquier trascendencia.

Todo ideal, todo análisis íntimo de tan decisivo personaje, quedaba sometido a un superficial y epatante espectáculo ‘grand gignolesco’.

            Hunger, elogiado debut del británico Steve McQueen, creador polifacético interesado en el comienzo de su carrera por la imagen filmada como objeto de ensayo artístico, me inspira una sensación parecida. Recreación de la huelga de hambre de 1981 llevada a cabo por los prisioneros republicanos irlandeses y encabezada por el miembro del IRA Provisional e icono revolucionario Bobby Sands (Michael Fassbender), paso siguiente a las bautizadas como Protesta de la Manta y Protesta Sucia, las características del filme se aproximan peligrosamente a las de un imprecedente ejercicio de estilo.

Matizada con ligereza por tibios apuntes de guion destinados a otorgar un mínimo contexto histórico y personal al relato, todo en Hunger parece encaminado a la experimentación visual, al desarrollo y ejercitación por parte de McQueen de una técnica formal depurada, de notable refinamiento estético.

Pero a la hora de la verdad, Hunger tiene poco que aportar y casi nada que decir tanto sobre el género carcelario en general, como sobre el cruento conflicto norirlandés en particular.

             Abundancia de planos estáticos y de extensión desafiante –la escena central consiste en un diálogo sostenido durante 17 minutos a lo largo de una sola toma-, cierta tendencia al tratamiento esteticista de la miseria física y moral que sufren los prisioneros en su inhumano confinamiento, empleo del hiperrealismo escatológico como principal material de impacto.

Virtuosismo en la realización que no encuentra correspondencia en la construcción de un fondo consistente o siquiera con la transmisión de unas emociones o estados de ánimo que transformen su parquedad argumental en, cuanto menos, una experiencia sensorial fundamentada sobre el poder de la imagen.

             A excepción del apunte inicial a la equivalencia en la vida de los individuos a uno u otro lado de las rejas –un conflicto en eterno retorno en el que solo hay víctimas, con el miedo como única realidad cotidiana- y de la rememoración de Sands en presencia del sacerdote, Hunger no se molesta en elaborar un trazado psicológico o político de una mínima capacidad incisiva, lo que finalmente condena al resto de virtudes que pudiera presentar el conjunto. 

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,5

Nota del blog: 5,5.

El delator

11 Oct

“Más traiciones se cometen por debilidad que por un propósito firme de hacer traición.”

Jean-Jacques Rousseau

 

 

El delator

 

Año: 1935.

Director: John Ford.

Reparto: Victor McLaglen, Margot Grahame, Wallace Ford, Preston Foster.

Tráiler

 

 

           Aunque nacido en Maine, John Ford siempre llevará a gala sus raíces irlandesas, hecho que traspasará a muchos de sus personajes además de utilizar la isla verde como localización en alguno sus rodajes, con una visión idílica en obras como El hombre tranquilo, no tanto en otras como esta El delator, ambientada en la Guerra Civil irlandesa de 1922-1923.

            El delator es el estudio de Ford sobre la traición, mostrado desde el punto de vista de Judas. Gypo Nolan -interpretado por el británico Victor McLaglen, corpulento, de rostro curtido, entonces actor fetiche de Ford como luego será John Wayne, con quien coincidiría en unas cuantas, ya como secundario-, un hombre fuerte pero ingenuo, acosado por la miseria, se vence a la tentación de salir de la pobreza junto a su amada, la prostituta Katie (Margot Grahame), vendiendo la cabeza de su mejor amigo, el rebelde independentista Frankie McPhillip (Wallace Ford), por veinte libras.

Una traición motivada por un fin personal pero, en esencia, para salvar a su chica de las calles –la mujer como desencadenante de la perdición, pero también de la redención-, que pasará factura a Gypo en una noche que significará su descenso a unos infiernos envueltos en niebla y borracheras. El intento vano tratar de apagar la conciencia con alcohol, perseguido por la paranoia del que se sabe culpable y delatado por su propio nerviosismo, quizás una forma inconsciente de anudarse a sí mismo la soga al cuello para expiar sus pecados.

            Ford, un director sumamente hábil para la construcción de personajes y el manejo de sus emociones, presenta un relato desolador en el que se asiste al derrumbe de un individuo al que el espectador nunca sabe si juzgar culpable o mártir de las circunstancias, si merece pagar por su traición o ser redimido.

Es una cinta tremendamente agria, angustiosa y rotunda en esa caída de un hombre atormentado presa de los remordimientos, víctima de una inocencia trágica en todo su inmisericorde patetismo.

Quizás emplee algún recurso contado que remarque innecesariamente  lo obvio -la sobreimpresión del cartel con la recompensa o la simbología religiosa final-, pero la magistral dirección de Ford no concede tregua al espectador, propinándole duros puñetazos directos al estómago, con escenas terribles y llenas de fuerza –la muerte de Phillips, todo el proceso de abandono a la autodestrucción de Nolan- que profundizan en un drama amargo y desesperanzado.

Premiada con cuatro Oscar.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 9.

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