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Los confines del mundo

26 Feb

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Año: 2018.

Director: Guillaume Nicloux.

Reparto: Gaspard Ulliel, Lang Khê Tran, Guillaume Gouix, Gérard Depardieu, Vi Minh Paul, Hiep Nguyen, Anthony Paliotti, Jonathan Couzinié, Kevin Janssens.

Tráiler

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         Clint Eastwood logró sacarle mucho partido al personaje del vengador de ultratumba, muy explotado por la ficción pulp. Lo había conocido de la mano de Sergio Leone en Por un puñado de dólares y lo había vuelto a encarnar en su regreso a los Estados Unidos con la italianizada Cometieron dos errores. Luego, lo aprovecharía como director en Infierno de cobardes, El fuera de la ley y El jinete pálido. Incluso el desenlace de Sin perdón, puro terror gótico, lo retomaba.

El soldado Robert Tassen vuelve a la vida desde la fosa común donde los japoneses apiñan cadáveres vietnamitas y galos durante los estertores de la Segunda Guerra Mundial, que es también la génesis de otra agonía, la del Imperio francés en una Indochina que se subleva ante los colonizadores. Renace entre sangre y vísceras, dejando tras de sí su identidad, inscrita en su chapa identificativa y su documentación. Los confines del mundo narra la odisea de un hombre vaciado, simple carcasa en la que ya solo alberga rencor y sed de venganza.

         Guillaume Nicloux sumerge la Guerra de Indochina en fotogramas húmedos, de colores deslavados entre el verde cegador de la jungla. A juego, los personajes parecen representar una historia de fantasmas, que es la que lleva desde ese hombre retornado del más allá hasta un enemigo sin rostro, sin cuerpo y prácticamente sin presencia alguna. En contraste se expone la explicitud de la violencia y del sexo, expresados de forma gráfica.

         Hay múltiples imágenes e ideas en el fondo de Los confines del mundo -el declive colonial, el entendimiento imposible tanto entre extraños como entre propios-, pero no terminan de concretarse. El soldado Tassen se diluye en una atmósfera que no consigue manifestar con la suficiente expresividad su interior obsesivo y atormentado, en el que la mujer y el padre herido se apuntan como un verdadero renacimiento como ser humano, como resarcimiento de una deuda de vida.

El relato muestra el absurdo de su odisea circular. Pero esa tendencia a la abstracción queda desvaída desde una cierta frialdad, desde una distancia antipática y no exactamente efectiva.

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Nota IMDB: 6,4.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 5,5.

El americano impasible

24 Feb

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Año: 2002.

Director: Phillip Noyce.

Reparto: Michael Caine, Brendan Fraser, Do Thi Hai Yen, Tzi Ma, Pham Thi Mai Hoa, Holmes Osborne, Robert Stanton, Quang Hai, Ferdinand Hoang, Rade Serbedzija, Mathias Mlekuz.

Tráiler

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         La llegada a las salas de El americano impasible se retrasó varios meses, e incluso estuvo cerca de pasar directamente al mercado doméstico, debido a que la productora, Miramax, temía que su argumento pudiera percibirse como “antipatriótico” en unos Estados Unidos traumatizados por los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Azares de la política internacional, su lanzamiento, finalmente, también estuvo a meses de coincidir con la invasión de Irak. No fueron pocos los que se trazaron comparaciones entre las estrategias del agente de la CIA de la película y las operaciones del país en Oriente Medio.

El americano tranquilo, un hombre de modales educados que pasea por el mundo con la bandera de su idealismo por delante, aparece en la plaza de Saigón donde se acaba de producir una terrible masacre. Observa los resultados de las bombas, detecta la huella de la sangre en sus zapatos y en su impecable traje blanco, se limpia y comienza a dar instrucciones a un subordinado. En la siguiente escena, la mancha de sangre permanece, indeleble, en la pernera de su pantalón. Daños colaterales. La versión de Phillip Noyce, con Christopher Hampton en el guion, devuelve la dimensión política al personaje diseñado por Graham Greene en su novela, y del que había sido lamentablemente despojado en la discreta adaptación que en 1958, apenas tres años después de su publicación, había estrenado Joseph L. Mankiewicz. Asimismo, la fidelidad al texto original no está reñida con la ampliación de su arco de acontecimientos casi una década más allá, puesto que, con ello, se plasma el devenir de los acontecimientos que ya podía vislumbrarse en ella.

         Así las cosas, el relato recobra la turbiedad moral propia del mundo del espionaje que retrata Greene, siempre con el peso de su bagaje personal. No solo por ese individuo de dos caras que pugna por abrir una tercera vía en Indochina entre la decadente Francia colonial y el emergente nacionalismo con injerencias comunistas que lideraba Ho Chi Minh desde el norte. También por la figura llena de arrugas y dobleces del reportero británico que, huido de Inglaterra quién sabe por qué motivos, se encuentra afincado en la capital asiática amancebado con una muchacha local. Cínico y descreído, representa en cierta manera una metáfora de ese viejo mundo imperialista que parasita los placeres exóticos y la juventud de allí donde para. Michael Caine hace maravillas con este periodista que, cuando decide dejar de mantenerse cómodamente al margen de todo, lo hace por motivos y con procedimientos en absoluto limpios.

         Es, por tanto, un duelo complejo el que se establece entre ambos caracteres, así como el que mantienen ellos mismos con sus luces y sus sombras. Noyce lo plasma con una formulación clasicista -incluso con algún tópico, como la forma en la que se expone la conspiración-, quizás por la influencia que podrían tener desde la producción Sydney Pollack y Anthony Minghella, que como directores habían firmado sendas cintas de aventuras, Memorias de África y El paciente inglés, que cumplían con este mismo patrón estético y estilístico.

La decisión, que también es capaz de entregar escenas de una tensión muy bien construida, permite que la narración desarrolle en todo momento los dilemas y resoluciones de los personajes -que, siguiendo con las lecturas alegóricas, emparejan hábil y poderosamente lo político con lo íntimo; el opio, el amor y la guerra que aparece en la presentación-; parte directa de un contexto histórico igual de convulso y tortuoso. La fotografía de Christopher Doyle, experto en filmar escenarios asiáticos con romanticismo, con Deseando Amar como cumbre, dota de textura a los fotogramas e invoca esa atmósfera colorista y sabrosa, pero brumosa y trágica, del Vietnam en dramática transformación de los años cincuenta y sesenta.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 7,5.

Sangre en Indochina

26 May

“Esta es la verdad… un huevo… lo blanco se va y lo amarillo se queda.”

Hubert de Marais (Apocalypse Now Redux)

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Sangre en Indochina

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Año: 1965.

Director: Pierre Schoendoerffer.

Reparto: Bruno Cremer, Jacques Perrin, Manuel Zarzo, Pierre Fabre, Boramy Tioulong.

Tráiler

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            Once años tuvieron que transcurrir desde la decisiva derrota de Dien Bien Phu hasta el primer acercamiento del cine francés –existe una cinta americana precedente, la poco conocida Jump Into Hella los estertores de su imperio colonial.

En unos tiempos en los que esa Guerra de Indochina había dejado ya paso a una Guerra de Vietnam en plena escalada militar estadounidense, será Pierre Schoendoerffer, partícipe de la batalla en el cuerpo cinematográfico del ejército colonial y más tarde cautivo del Viet Minh, quien abra la veda del revisionismo en su voluntaria condición de cronista del ocaso del imperio con Sangre en Indochina, producción franco-española en la que procede a adaptar su propia y exitosa novela, publicada en 1953, previa incluso al definitivo descalabro militar en el sureste asiático.

            Schoendoerffer echa mano de sus recuerdos bélicos para imponer una disciplina  marcial en el equipo de rodaje, adentrándose en la selva camboyana con la ayuda de un cuerpo militar –luego también parte del reparto-, cedido generosamente por el monarca local, Norodom Sihanouk, para lograr una recreación naturalista de la huida desesperada de un desarrapado y aislado pelotón francés y sus colaboradores laosianos en los días previos y posteriores al fin de la Indochina francesa.

Las implicaciones políticas del asunto permanecen en un discreto segundo plano cediendo protagonismo a la penosa epopeya del soldado tras las líneas enemigas, hostigado por las tropas invisibles, esquivas, itinerantes e irregulares de un oponente mimetizado con la jungla. Se diría que es ésta quien los rechaza, un territorio donde el hombre blanco poco ha de decir.

            Es a partir del pesimismo desde donde se realiza la aproximación histórica.

Más que la defensa a ultranza del imperio y una tibia visión negativa del enemigo comunista, queda la nostalgia de una tierra maravillosa abandonada, por la que el sacrificio estaba justificado.

Ideas que se expresan a través del sargento Willsdorf (Bruno Cremer), alter ego del escritor-director, un alsaciano como él –con los problemas de identidad nacional que ello supone-, veterano de la Wehrmacht en la Segunda Guerra Mundial, que goza de la practicidad del desengañado, emparentado con combatientes individualistas como el sargento Zack de Casco de acero –con la que presenta ciertos elementos de coincidencia- o el sargento Wells de El ataque duró siete días, tipos con amplia visión de la realidad más cruda de la batalla y conocimiento del verdadero triunfo de la simple supervivencia.

            Es lo inútil y, por tanto, lo trágico del sacrificio en una guerra que se sabe perdida lo que incide en el componente político: el desinterés por sostener decididamente la lucha por la colonia, la impopularidad del ejército colonial en la propia metrópolis. Ante ello, Schoendoerffer propone un relato sencillo -galardonado como mejor guión en Cannes– sobre el recorrido emocional y las relaciones humanas del soldado, una víctima más del conflicto, inmerso a la fuerza en un recorrido físico y espiritual nada glorioso y poco melodramático; sensación de desolación en la que ahonda esa realización austera en medios pero muy acertada en una puesta en escena que explota al máximo la credibilidad de la cinta.

Una cuestión esta de la sangre desperdiciada que Schoendoerffer retomará, esta vez aislándola en su carácter de drama humano, en su posterior Diên Biên Phú.

            La influencia de Sangre en Indochina será palpable en futuros estudios de la ya entonces en curso Guerra de Vietnam como en Apocalypse Now -que en su versión Redux toma prestada incluso la metáfora del huevo: “lo blanco se va, lo amarillo se queda”-, o Platoon.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7.

El americano tranquilo

22 May

“No veo por qué tenemos que esperar y permitir que un país se vuelva comunista debido a la irresponsabilidad de su propio pueblo. Los temas son demasiado importantes para los votantes chilenos como para que decidan por sí mismos.”

Henry Kissinger

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El americano tranquilo

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Año: 1958.

Director: Joseph L. Makiewicz.

Reparto: Michael Redgrave, Audie Murphy, Giorgia Moll, Claude Dauphin.

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             A finales de los años cincuenta, Hollywood aún se lamía las heridas de la paranoia anticomunista, listas negras y cazas de brujas del nefasto periodo de influencia del senador Joseph McCarthy. A pesar de la caída en desgracia del temible y deleznable censor, el cine de la década aún sufriría las consecuencias de su agresión. En muchos casos prevalecerá todavía la timidez en el tratamiento de contenidos políticos y sociales.

Un americano tranquilo, primera adaptación a la gran pantalla de la novela antibélica de Graham Green The Quiet American, publicada dos años antes, será un perfecto exponente de la situación.

             Joseph L. Makiewicz, uno de los guionistas más reputados de Hollywood, por entonces en vías de experimentación con diferentes géneros tras el triunfo incontestable de películas elevadas a la categoría de obra maestra como Eva al desnudo, Julio César o La condesa descalza, traducía la novela de Green rebajando hasta casi lo anecdótico –sin embargo nada inocente- el contenido político de la obra, decididamente crítico con la política exterior norteamericana.

De esta manera, transferirá aún más el peso dramático de la película al triángulo amoroso entre el veterano corresponsal británico afincado en la Indochina francesa -acertado Michael Redgrave, sacando pleno partido al personaje más interesante y complejo de la función-, su chica de compañía/amante nativa Phuong, y el joven, arrogante y (ahora) inocente, idealista y bienintencionado americano, agente comercial recién llegado a una región en imparable proceso de disputa y transformación, que trataba de sacudirse los últimos retazos de anquilosado colonialismo.

La imagen de todo un mundo inquieto, inmerso en la incertidumbre del cambio en una atmósfera tensionada por la dicotomía de la Guerra Fría. Un mundo que se marchita, el del colonialismo, como campo de batalla entre el también otoñal y anacrónico cronista inglés y un americano con la fuerza de la juventud por una mujer demasiado preocupada por la supervivencia diaria como para decidirse entre una de las opciones de futuro, ambas inciertas por igual.

            Pese a la poderosa puesta en escena y la cuidada construcción de diálogos de Mankiewicz, el suspense inherente al texto se diluye poco a poco a causa la falta de intensidad producida por las carencias de un personaje fundamental en el desarrollo del relato, el americano -un Audie Murphy totalmente falto de carisma además-, desdibujado al eliminarse la gran carga de ambigüedad y misterio de su trasfondo político, destripado de manera poco sutil en un final excesivamente explicativo, con un giro argumental tramposete y rayano en lo propagandístico pro americano.

La intriga del espionaje se pierde en el ritmo irregular de una trama romántica a ratos algo insípida, aquejada a su vez del típico retrato folklórico-caricaturesco hollywoodiense de los nativos, actores occidentales de no demasiado talento, pobremente disfrazados y caracterizados para la ocasión, entre los que la protagonista femenina encarnada por la ¡italiana! Giorgia Moll –el Saigón de la pantalla es una recreación construida en el Cinecittà romano-, no es caso excepcional: un personaje totalmente plano, interpretado con poca gracia y convertido en irrelevante por uno de los considerados mejores escritores de personajes femeninos de la industria norteamericana.

             Una película timorata de la que, ante tanto cambio sustancial, el propio Greene renegaría.

En cambio, la nueva adaptación de 2002, dirigida por el australiano Philip Noyce, guardará mayor fidelidad con el original pese a describir un recorrido cronológico más amplio.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 6.

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