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Madeinusa

9 Feb

“El cine de esta época está muerto, acabado. La idea de que el cine es un cuento de hadas para niños no es buena ni suficiente. Necesitamos algo mejor.” 

Peter Greenaway

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Madeinusa

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Madeinusa

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Año: 2006.

Directora: Claudia Llosa.

Reparto: Magaly Solier, Carlos de la Torre, Juan Ubaldo Huamán, Yiliana Chong.

Tráiler

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            Aunque residente en Barcelona, la peruana Claudia Llosa iniciaba su aventura en el séptimo arte devolviendo la mirada a su país de origen y reinterpretando su evolución. En el universo de Madeinusa –título que adopta el nombre de la protagonista, encarnada por la debutante Magaly Solier- confluyen el cristianismo importado por los conquistadores junto con una cosmovisión particular y de aparente raigambre local; el conflicto entre el aislado entorno rural andino con el desencantado cosmopolitismo limeño; las tradiciones arcanas con la aculturación propia de la globalización.

            El imaginario Manayaycuna –“el pueblo encerrado” en lengua quechua- es, en definitiva, un mundo en irreparable transformación, donde las fronteras entre identidad y deseo de cambio, tradición secular e interpretación pervertida, e incluso realidad y fantasía se confunden en una especie de limbo paradójicamente aislado y zarandeado a la vez por el paso del tiempo. Una insospechada comunión que se ejemplifica mediante trazos como la aparición mística de Madeinusa ante Salvador, las canciones en lengua quechua empleadas como vehículo de expresión rayano en el hechizo, la presencia literal de la religión en ese siniestro Tiempo Santo en el que todo pecado está consentido sin remordimientos a causa de “la muerte de Dios”.

Ni siquiera unos roles aparentemente estereotipados se encuentran a salvo de esta disolución de las certezas. Salvador, el forastero capitalino tratado en la aldea como intruso y extranjero, parece dimitir de su papel de ‘civilizado’ príncipe azul o incluso de Cristo redentor –melenudo y barbado- para quedar finalmente subordinado a la torrencial determinación de una dulce y soñadora cholita declarada en rebelión contra un entorno opresivo que envenena sus vías de escape, le priva despiadadamente de sus deseos íntimos y le impone un destino casi metafóricamente heredado.

            Los simbólicos contrastes, pues, desempeñan un papel fundamental para la composición de esa atmósfera extraña y perturbadora –las ratas muertas como símbolo de buena suerte, la furiosa fusión de religiosidad y depravación, la inocencia y la crueldad-, asimismo envuelta en el sobrecogedor paisaje andino. La puesta en escena alcanza de esta manera poderosos hallazgos visuales, como las secuencias de Madeinusa adornada de virgen lacrimosa o las alucinadas escenas nocturnas con fuegos artificiales.

            A pesar de que todavía muestra la irregularidad propia de quien trata de encontrar su voz, Llosa ofrece con Madeinusa una fábula tétrica e insólita, plenamente dueña de sabor y consistencia.

 

Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7.

Stoker

4 Ene

“Trabajar en esto del cine lejos de Hollywood es como hacerlo para la industria del coche fuera de Detroit.”

Roman Polanski

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Stoker

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Stoker.

Año: 2013.

Director: Park Chan-wook.

Reparto: Mia Wasikowska, Matthew Goode, Nicole Kidman, Delmont Mulroney, Jackie Weaver, Alden Ehrenreich.

Tráiler

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            Hollywood es un súcubo que succiona el alma de aquellos que osan pactar con él. En los últimos años lo hemos podido observar con Oliver Hirschbiegel y Florian Henckel von Donnersmarck, dos cineastas alemanes que habían ganado reputación gracias a El hundimiento y La vida de los otros y que han acabado saltando el charco para entregar las prefabricadas Diana y The Tourist. Otros, como el danés Nicolas Winding Refn o el coreano Kim Ji-woon, conseguían llevar sus encargos, Drive y El último desafío, a su propio terreno, cuanto menos en lo que se refiere a la parcela estilística, donde se podía apreciar su sello de marca.

El caso de Park Chan-wook, emblema del nuevo cine negro coreano merced a su Trilogía de la venganza y uno de los realizadores más personales de la actualidad, se aproxima más al segundo ejemplo. Por primera vez en su carrera, el realizador seulés renuncia a redactar el libreto del filme, el cual, firmado por el conocido actor Wentworth Miller, había estado acumulando polvo durante años en los recónditos trasteros de la industria.

            Stoker narra el paso de la adolescencia a la edad adulta y el fin de la inocencia de una joven retraída e hipersensible –factor ideal para que Chan-wook explote su fijación con el apartado de sonido- que afronta la reciente muerte de su padre, referente vital durante su infancia. Es el tradicional proceso íntimo de autoconocimiento, aceptación y liberación que, en este relato, más afincado en el terreno de lo fantástico que en el del drama, se canaliza en el plano exterior a través de la intrigante, seductora y siniestra presencia de un tío desconocido.

Escoger para tal papel a un tipo anticarismático como Matthew Goode no parece una decisión acertada. Por fortuna, Mia Wasikowska resulta lo suficientemente fascinante para compensar el balance del casting.

            La historia encuentra ciertos puntos de conexión con la sensibilidad de su director, aficionado a los personajes marginales o especiales y a las tramas rebuscadas y retorcidas, en las que el contraste entre la realidad mental alterada o enfermiza y la rotundidad de la realidad física colisiona a través de la violencia. El guion reflexiona acerca del peso de la herencia en la configuración de la propia personalidad y en las tentaciones de la llamada del mal inherente a uno mismo –aquí violencia sociopática y sexo como pulsiones gemelas, naturales e irrefrenables, abordada la primera con ciertas similitudes a lo planteado en la serie Dexter-.

            Pero se trata de un recorrido irregular en intensidad e interés que precisamente, en sus ocasionales fases de desfallecimiento, logra mantener a flote la desbordante creatividad de Chan-wook en la puesta en escena, más modulada (o encorsetada, la timidez del recién llegado) en comparación con sus últimas cintas –donde terminaba por pasarse de rosca-. Su talento artístico queda patente en el expresivo uso del cromatismo como traslación del estado anímico, el encuadre y los movimientos de cámara, la audacia en las elipsis y la originalidad en el ingenio de metáforas visuales que manifiestan el convulso espíritu y las turbias relaciones entre los personajes.

Como en Oldboy, las piezas del enigma se van conectando poco a poco mediante el diestro manejo del montaje para, en una escena climática e impactante, fusionar presente y pasado con furia desatada. Sin embargo, en Stoker dicha escena antecede en al desenlace, lo que provoca que la conclusión del filme se encuentre por otro lado inserta en una trayectoria ligeramente descendente.

            Curiosa e imperfecta a partes iguales.

 

Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7.

El niño pez

11 Dic

“Lo importante no es ser realista, sino creíble.”

Samuel Fuller

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El niño pez

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El niño pez.

Año: 2009.

Directora: Lucía Puenzo.

Reparto: Inés Efrón, Mariela Vitale, Pep Munné, Arnaldo André, Diego Velázquez, Carlos Bardem.

Tráiler

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            Para Lucía Puenzo, el autodescubrimiento amoroso, rito de paso que intermedia adolescencia y edad adulta, encrucijada en la que tomar elecciones tan dificultosas como decisivas, resulta un acto traumático y extremo.

A pesar del clasicismo en su tratamiento, la exploración de las fronteras del sexo y el amor por dos adolescentes desorientados física y emocionalmente que proponía XXY, su opera prima como directora, chocaba frontalmente con las características de sus protagonistas: un hermafrodita que ha de decantarse por pertenecer definitivamente a uno u otro sexo y un tímido chaval de ignotas tendencias homosexuales. Una manifestación aparatosa, decíamos, pero que sin embargo conseguía funcionar con cierta naturalidad. Virtud esencial que, en cambio, El niño pez no es capaz de conquistar.

            El niño pez, segunda experiencia de Puenzo tras las cámaras, aborda el romance problemático entre dos chicas de distinta extracción social: una joven acomodada y su asistenta, inmigrante paraguaya. Es decir, que el argumento se fundamenta en la superación del obstáculo de dos grandes tabúes, el lesbianismo y las diferencias de clase, además de un tercer factor, ya común a todas las relaciones de pareja, como es el palpable desequilibrio entre las personalidades de las dos amantes: una chiquilla acomodada e ingenua pero entregada, y una superviviente con mil batallas y sinsabores a cuestas.

Hasta ahí, dejando de lado el tema de la homosexualidad -hecho más conflictivo en Sudamérica de lo que sería en España, a pesar de su todavía ligera falta de madurez en su plasmación en el cine- y las notas de realismo mágico a propósito de la espiritualidad imbricada en la vida cotidiana de las mujeres, la película no se sale de lo ordinario en su retrato, el cual, apoyado en la buena química de las actrices, consigue escenas de notable ternura y complicidad, intriga y tensión romántica.

            Sin embargo, el guion firmado por la propia Puenzo –al igual que en todas sus obras como realizadora-, acumula progresivamente una serie de excesos narrativos que provocan que la cinta acabe por despeñarse en los abismos de lo grotesco. La mezcla de homicidios familiares, tramas incestuosas e improvisadas redes de trata de blancas no fructifica en el supuesto desgarro que la cineasta pretende imprimir al relato.

Por el contrario, lo que obtiene finalmente es una historia en absoluto verosímil, cuyo interés decrece a marchas forzadas y, por ende, del todo estéril en sus ambiciones de emotividad.

 

Nota IMDB: 5,8.

Nota FilmAffinity: 5,3.

Nota del blog: 3.

Celebración

10 Sep

“Casi no recuerdo el Dogma y eso que hice muchísimas entrevistas para explicarlo. Era prácticamente un misionero de la iglesia del Dogma.”

Thomas Vinterberg

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Celebración

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Celebración.

Año: 1998.

Director: Thomas Vinterberg.

Reparto: Ulrich Thomsen, Henning Moritzen, Thomas Bo Larsen, Paprika Steen, Birthe Neumann, Trine Dirholm, Helle Dolleris, Gbatokai Dakinah.

Tráiler

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            Ensombrecido en parte por la figura excesiva y expansiva de Lars von Trier, Thomas Vinterberg conserva el honor de, además de ser junto al anterior el padre prócer del revolucionario y provocativo Dogma 95, conservar el número uno de la lista de filmes realizados bajo dicho sello ideológico y artístico: Celebración.

            A juego con la aspereza formal propugnada por esta corriente creativa, defensora de un retorno a las premisas originales de un arte consistente en narrar historias y ofrecer visiones propias y sinceras del mundo -posicionado por tanto en el antagonismo hacia el Hollywood artificioso y mercantilizado-, Celebración apuesta por un relato corrosivo y problemático como pocos: la revelación de una serie de abusos sexuales en plena fiesta de cumpleaños del patriarca familiar, el monstruo perpetrador de los mismos.

Por medio de tan polémica temática -que retomará precisamente en su reciente La caza, si bien variando el punto de vista de la acción y con el autor ya muy alejado de los principios del Dogma-, Vinterberg arremete sin miramientos contra la clase acomodada danesa, una casta endogámica abandonada a sus vicios, enseñoreada a su antojo tanto de lo material como de lo humano –su posesión del hotel donde se desarrolla la acción parece extenderse al uso caprichoso y lascivo de su personal-, hipócrita, racista, banal e hipocondríaca.

La representación de la decadencia y corrupción moral más absoluta.

            Como hiciera Luis Buñuel en El ángel exterminador, Vinterberg encierra a sus deformes criaturas frente a su abyecto reflejo mientras la mierda aflora, ensuciando las pulcras fachadas de chaqué y modales refinados de los asistentes al lujoso ágape. Un absurdo de corte veladamente surrealista impregna entonces una fiesta transformada en farsa cruel, que desnuda sin piedad el verdadero rostro de los partícipes en el baile de máscaras a partir de sus reacciones – o, más bien, por la práctica ausencia de ellas- respecto a las traumáticas confesiones y su consideración personal hacia el atormentado protagonista.

Dentro de este ácido contexto, la dificultad para discriminar si éste es acogido como víctima o como verdugo resulta una experiencia atroz.

            La vitriólica contundencia de su argumento derriba las barreras trazadas por unas consignas de estilo tan subversivas como en buena medida vacías, quebrantadas por sus propios creadores desde el primer momento –Vinterberg reconocería haber cubierto una ventana añadiendo una cortina para el rodaje de cierto pasaje; es decir, haber violado las normas de no modificar la luminosidad natural y no emplear ‘atrezzo’ escénico-.

El asunto es que, en este caso, podría decirse incluso que ese estilo correoso y mal encarado actúa como acicate para la causticidad con la que el director escandinavo dinamita el tradicional, modélico y respetado retrato de la familia burguesa, expuesta como un constructo degradado, alienante y deshumanizador.

             Para muchos, será el mejor fruto del transgresor movimiento.

 

Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,9.

Nota del blog: 8.

Giro al infierno

28 May

“Jennifer López perjudicó mi carrera.”

Ben Affleck

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Giro al infierno

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Giro al infiernoAño: 1997.

Director: Oliver Stone.

Reparto: Sean Penn, Jennifer López, Nick Nolte, Powers Boothe, Billy Bob Thornton, Joaquin Phoenix, Claire Danes, Jon Voight.

Tráiler

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            Con frecuencia, el desconcierto producto de la abrupta mezcla de géneros provoca la incomprensión o el repudio de películas atípicas, sobre todo por parte de los devotos del sota, caballo y rey. No me refiero con ello a obras maestras contraculturales o desconocidas cintas de culto, sino a películas apreciables que acaban injustamente relegadas al menosprecio general.

Es posible que Giro al infierno pertenezca a esta clasificación. No es éste un thriller hijo bastarda y malformado de Perdición y Crimen perfecto, sino una farsa alocada más próxima a la revisión de aquella extenuante pesadilla humorística que era ¡Jo, qué noche! con gotas de la ultraviolencia lisérgica y sicótica de la precedente obra de Oliver Stone, Asesinos natos. Y como tal es un filme que, aunque sufre la tremenda irregularidad característica de su autor, también goza de momentos muy divertidos.

            Si en ¡Jo, qué noche! un billete de veinte dólares volando por la ventanilla del taxi acorralaba a Griffin Dunne en una pavorosa odisea a lo largo y ancho del Soho neoyorkino convertido terrenal averno, un manguito sobrecalentado será el instrumento empleado por el karma para atrapar sin remedio a un despreciable ratero de poca monta (Sean Penn) en un remoto pueblo de Arizona, insospechado de escenario de su sádico vía crucis particular.

Subyace en el patético calvario el eterno conflicto entre el urbanita y el entorno rural -deformado éste en el recóndito y decadente sur hostil, palurdo y endogámico-, ambiente inquietante, tórrido y opresivo potenciado además por las proposiciones indecentes, cruzadas y homicidas del mal avenido y contranatural matrimonio de Nick Nolte y Jennifer López y la amenaza cierta de la mafia rusa en busca de recuperar un botín perdido que, por momentos, convierten al protagonista en una víctima con reminiscencias de Solo ante el peligro.

           Son todos ellos hilos que el Destino bufón, titiritero y verdugo de ese individuo cobarde, traidor y pagado de sí mismo, maneja con una cruel mezcla de provocación y frustración que le reduce, a su pesar, a un pelele pasivo e impotente, sometido a una sádica sucesión de coitus interruptus que se materializan incluso de manera literal.

           Stone, decíamos, se aleja de sus estudios sobre el poder, como en la inmediatamente anterior Nixon, y recupera el tono alucinado, febril y violento de la citada Asesinos natos dotando a la cinta de una atmósfera resudada, sofocante y sexualizada, regida por un montaje agresivo y taquicárdico repleto de esos flashes marca de la casa que, complementados con un estridente registro sonoro y la estimable banda sonora de Ennio Morricone, revelan el estado mental o vaticinan el inquebrantable hado de sus personajes.

           Cabezas de un reparto sumamente interesante, Penn y Nolte, prominentes actores de carácter, actúan en consecuencia con el cariz del asunto: histriónicos, cómicos, festivaleros. De Jennifer López sabemos de antemano que no es una gran actriz –y lo demuestra una vez más-, pero hay que reconocer que es capaz de engatusarle a uno más fácilmente para matar a su marido que otras intérpretes más dotadas como Barbara Stanwick, toda vez que, además, Stone se dedica a regalar al espectador masculino generosos planos de sus proverbiales posaderas.

           Aunque en el tramo final la trastornada mixtura de neonoir, western delirante y comedia negra pierde fuelle y empacha por momentos dado su carácter hipertrofiado y burlesco, Giro al infierno se mantiene en conjunto como una propuesta insólita, entretenida y bastante más aprovechable de lo que de ella se dijo en su estreno.

 

Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7.

Mandingo

16 Mar

“Hollywood no sabe una mierda de los negros.”

Spike Lee

 

 

Mandingo

 

Mandingo

Año: 1975.

Director: Richard Fleischer.

Reparto: Perry King, James Manson, Ken Norton, Susan Georges, Brenda Sykes, Richard Ward, Lillian Hayman, Paul Benedict, Ji-Tu Cumbuka.

Tráiler

 

 

             Leyenda de la cultura popular estadounidense sin verdadera documentación histórica, los combates de mandingos –etnia procedente de las regiones del golfo de Guinea-, componen una más de las innumerables lacras que la esclavitud dejó impresa con letras de sangre en la crónica negra del país norteamericano, autoproclamado paradigma de la libertad.

             Si bien repescada tangencialmente por Quentin Tarantino en su reciente Django desencadenado, el filme por excelencia a propósito de tan bochornoso tema es Mandingo, un título engañosamente explícito que, en realidad, contiene un filme centrado principalmente en los dilemas éticos y sentimentales de un joven y escrupuloso hacendado de la Louisiana profunda.

Un individuo encuadrado dentro de la inmisericorde descripción de la total decadencia de las forma de vida de los recalcitrantes esclavistas del sur profundo; condición de ruina física y moral somatizada en una desvencijada y aislada mansión familiar y en la minusvalía de su anciano señor (un otoñal James Manson, con su tradicional porte atildado y aristocrático del todo envilecido).

             Dispuesto a epatar la atención del espectador, la sociedad sureña aparece así altivamente racista, inculta, supersticiosa, alcoholizada, incestuosa y endogámica, orgullosos dueños de auténticas granjas de humanos para su cría y comercialización; aberraciones reflejadas sin cortapisas por la realización de Richard Fleischer, que equipara a esclavos y ganado animal por medio del verbo y los fotogramas.

La ausencia absoluta de matices queda ligeramente resuelta a través del mencionado protagonista (Perry King), heredero de la cochambrosa propiedad. Un personaje que, con acierto, no representa una revolución copernicana frente al arraigado esclavismo, sino que en él perviven vicios para nada cuestionados al mismo tiempo que otros ciertos principios innatos de básica humanidad –el desprecio del castigo físico, el reconocimiento del amor interracial en la figura de una sirvienta negra- se imponen en sus actos y pensamientos a fuerza de sentido común y empatía con el semejante.

              El esfuerzo no es suficiente, no obstante, para que Mandingo logre superar esas premisas y trucos de artificio propios de una exploitation film de presupuesto venido a más, los cuales, por otro lado, tampoco alcanzan ese frescor morboso y desacomplejado del cinéma bis –un factor de fácil envejecimiento, por otra parte-, sino que más bien acaban ahogándose en la carencia de verdadera densidad turbia en su atmósfera y en la falta de ritmo derivada de un metraje excesivamente abultado para lo que en conjunto se narra.

El balance es más decepcionante aún si cabe teniendo en cuenta lo que Fleischer había logrado en el abrasivo retrato del esquizofrénico y presunto homicida Albert DeSalvo en El estrangulador de Boston, hijo indeseado y no reconocido de la misma América putrefacta avanzando el tiempo.

              Atrapada a medio camino de todo, la película adolece de la madurez necesaria para afrontar con seriedad una exploración, una reflexión o una denuncia sobre la vergüenza histórica de la esclavitud.

Si bien carga las tintas en una sociedad deshumanizada e ignorante, enferma de paleto etnocentrismo, el filme tampoco consigue imprimir el debido carácter o la intensidad necesaria a los personajes negros –con la muy secundaria salvedad del rebelde interpretado por Ji-Tu Cumbuka, dos años antes de hacer precisamente de luchador en la exitosa miniserie Raíces-.

Un defecto que afecta en especial a ese coloso guerrero de nombre mitológico, Ganímedes (Ken Norton, boxeador de profesión), atormentado en su interior por el conflicto entre su triunfante vocación luchadora y el inexcusable deber de dignidad hacia su raza, sin embargo diluido en último término hasta convertirse en otra simple pieza más de un superficial melodrama matrimonial entre hombres blancos.

Enorme potencial, pobres resultados.

 

Nota IMDB: 5,8.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 5,5.

Oldboy

29 Ene

“Sea un grano de arena o una roca, en el agua se hunden de igual manera.”

Oh Daesu (Oldboy)

 

 

Oldboy

 

Oldboy

Año: 2003.

Director: Park Chan-wook.

Reparto: Choi Min-sik, Gang Hye-Jung, Yu Ji-Tae, Yi Dae-Han, Oh Dal-Su, Byeong-ok Kim.

Tráiler

 

 

            Hay ocasiones en las que, cuando uno piensa que está todo visto e inventado en el cine, el séptimo arte recupera su capacidad de sorprender, de asombrar la mirada del público con lo que parece cine nuevo, jamás visto u hollado.

            Oldboy fue la mejor noticia de la invasión de productos ligados de alguna manera al tétrico, morboso y poco entusiasmante terror japonés de principios de milenio, que, por fortuna, serviría a la postre para descubrir la renovación original y absoluta del thriller y el cine negro que florecía por entonces en Corea del Sur, industria poco transitada por las distribuidoras estadounidenses y europeas a excepción de la cierta estima crítica y festivalera por las obras de Kim Ki-Duk y similares.

             Oldboy aparecía entonces como una melodía rabiosa y sofisticada, un vals ardiente y a flor de piel que dibuja un crescendo progresivo que, en su arrolladora espiral ascendente, absorbe sin remedio al atónito espectador.

Segundo capítulo en su improvisada Trilogía de la venganza, Park Chan-wook esgrime el concepto de vendetta como necesidad fisiológica más que de justicia -tan intrínseca a la vida como comer, dormir o follar- a partir del icónico Oh Daesu (memorable Choi Min-sik), secuestrado en un zulo durante quince años sin razón aparente y, posteriormente, liberado para encontrar venganza y hallar la verdad que se esconde tras el irracional e inmisericorde encierro en un plazo de cinco días.

Un enigma, un pecado y una venganza ligados a la mezquina naturaleza humana y al más despiadado absurdo que se reproduce y nace de hasta el más nimio acto del hombre.

             La película empieza altísima con la aparición poderosa y a la vez ridícula del protagonista y el disparo a bocajarro del insólito e intrincado argumento, y, a partir de ahí, mantiene prodigiosamente intacto a lo largo de todo el metraje su inigualable capacidad de seducción.

El cineasta seulés perfecciona todavía más su poderío técnico y visual, legando una abundante ración de imágenes innovadoras, sugestivas y geniales -deudoras del manga original pero traducidas con desbordante creatividad propia a un lenguaje indudablemente cinematográfico-, y soluciona las irregularidades del ritmo que había mostrado en su anterior Sympathy for Mr. Vengeance, dejando fluir la obra al compás de una poderosa banda sonora guiada por los movimientos de ese hipnótico vals que ejerce de leitmotiv sonoro, que gira y gira obsesivo hasta el delirio, arrollando violentamente a su paso argumento, personajes y público.

              Da igual que la piedra angular sobre la que se sostiene la trama, revelada al final, no sea sólida y pueda inducir alguna trampa; la incitante crueldad, los inusitados golpes de acidez y el retorcido y bestial sadismo de la cinta se basta para hechizar los sentidos, perturbar la mente, dejar sin respiración y desnudar al hombre como alimaña venida a más por una mal entendida y peor aplicada racionalidad -no se trata sino de la víscera actuando por otros medios-.

Fascinante.

 

Nota IMDB: 8,4.

Nota FilmAffinity: 7,9.

Nota del blog: 10.

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