Tag Archives: Incesto

Chinatown

7 Dic

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Año: 1974.

Director: Roman Polanski.

Reparto: Jack Nicholson, Faye Dunaway, John Huston, Perry Lopez, Burt Young, John Hillerman, Darrel Zwerling, Roman Polanski.

Tráiler

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         Los títulos de crédito ya remiten sin tapujos a las formas de los años cuarenta, la época de esplendor del filme noir más clásico. Por aquellos comienzos de la década de los setenta, en plena efervescencia del Nuevo Hollywood y sus cineastas cinéfilos, autores como Robert Altman habían dado la vuelta al género, desmitificando en parte sus convenciones pero sin perder el respeto, en obras como El largo adiós. El gángster también había cambiado, entre la violencia estilizada de Bonnie & Clyde y el romanticismo monumental de El padrino. Pero Chinatown, en cambio, es una apropiación extemporánea, una resurrección de una serie de códigos originarios de tiempos pretéritos pero que se disfrutan inmarcesibles, como las joyas de la familia, a través de las generaciones -también es cierto que abundaban por entonces películas repletas de nostalgia del ayer, caso de Verano del 42, Como plaga de langosta, El gran Gatsby, Luna de papel, Tal como éramos o American Graffiti-. El homenaje se extiende incluso al reparto, donde figura John Huston, a quien Paul Schrader consideraba inaugurador del cine negro, como categoría plenamente definida, con El halcón maltés.

         En Chinatown, el detective privado vuelve a ser el agente encargado de desvelar y reparar las podredumbres de una sociedad civilizada a la que no pertenece -si acaso como ignorado habitante de sus márgenes ocultos-, en esta ocasión a causa del peso de un trauma pasado cuya influencia fatalista trata de disimular mediante una coraza de cinismo y trajes finos. Más feroz en su retrato históricosocial de lo que era admisible tres décadas atrás, los pasos de Jake J. Gittes -un Jack Nicholson que va como anillo al dedo- terminan por componer una destructiva crónica de la construcción de los Estados Unidos, donde el villano queda en manos de uno de esos próceres iluminados del liberalismo económico más ambicioso e implacable, que por la fuerza de su voluntad de patriarca bíblico, fundada sobre el dólar, se adueña y dispone a su antojo de bienes, cuerpos y espíritus, forjando el territorio a su imagen y semejanza.

         Largo tiempo le había costado al productor Robert Evans que su primera película como director ejecutivo de la Paramount, revitalizada bajo sus órdenes, fuese dirigida por Roman Polanski -con quien había firmado el éxito de La semilla del diablo– debido a la reticencia de este a regresar a la ciudad donde había sido atrozmente asesinada su esposa, Sharon Tate. Y curiosamente será el último filme del realizador polaco en suelo estadounidense a causa de las acusaciones contra él de abusos sexuales a menores.

Sea como fuere, armada sobre un impecable libreto de Robert Townereconocido con un Óscar-, Polanski logra dotar de un aire denso y viciado al soleado y desecado Los Ángeles donde se ambienta este relato de corruptelas flagrantes y poder desmedido que fructifica en una serie de pecados atronadores frente a los que, desguarnecido bajo una ley y un orden moral que son simple apariencia de escaparate, el individuo común solo puede inhibirse o dejarse engañar. La intriga está perfectamente dosificada para el espectador, que la sigue a la par de las averiguaciones del detective, incluso con un punto de vista asociado a planos subjetivos que, al igual que una fotografía más bien naturalista, rompen la pura fidelidad formal a sus modelos.

         Chinatown, en definitiva, posee un carisma y una calidad que trasciende la mera imitación devota. Y en cierta manera, en un presente donde vuelve a arreciar el ultracapitalismo y el descrédito de los valores públicos e inmateriales, la vigencia de su amargura, propia de una época de compromiso desencantado y desconfianza hacia el poder, se muestra tan actual como su pasión por el noir.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,9.

Nota del blog: 9.

Los chicos terribles (Les enfants terribles)

8 Mar

los-chicos-terribles

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Año: 1950.

Director: Jean-Pierre Melville.

Reparto: Nicole Stéphane, Edouard Dermithe, Renée Cosima, Jacques BernardJean Cocteau.

Tráiler

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           Tras su rotundo debut en la dirección de largometrajes, El silencio del mar, Jean-Pierre Melville continuaría su trayectoria con Los chicos terribles, otro relato que construye y condensa un microcosmos particular en una sola estancia -por más que se trate de varias, en realidad es siempre la misma reproducida en distintos espacios-, habitada por unos pocos personajes que desarrollan entre sí estrechas relaciones en las que, el roce propiciado por la cercanía física -y paulatinamente emocional-, provoca el desencadenamiento de pulsiones procedentes de la profundidad de su espíritu.

Si en aquella tomaba como inspiración una historia corta de Vercors, en la presente acomete la popular novela homónima de Jean Cocteau, de cuya adaptación se encarga el propio artista, el cual sea arroga la voz del relato incluso de forma literal, puesto que suyo es el papel de narrador omnisciente y ‘suyo’, en un metafórico sentido amoroso, es uno de los protagonistas: Edouard Dermithe. En una muestra más de su dominio sobre la película, una ilustración firmada por él también servirá para componer el póster promocional de la producción.

           Quizás por esta omnipresencia autoral, el filme parece no poder despegarse de su origen literario ni de las obsesiones de su polifacético creador. El particular lirismo de la letra en negro sobre blanco no logra traspasarse al blanco y negro de la fotografía, firmemente sujeto por una tiránica voz en off que coloniza el desarrollo del relato cinematográfico pese al esfuerzo de Melville en la composición del encuadre, con una realización que posee instantes y movimientos de una audacia que permiten situarla como ascendente directa de la venidera Nouvelle Vague.

           No obstante, Los chicos terribles no alcanza el hipnotismo de un cuento contemporáneo, hechizante y siniestro, sino que sus personajes aparecen como monigotes artificiosos -e insoportables- que, intermediados por interpretaciones horrendamente teatrales y sobreactuadas, se mueven a partir de impulsos y represiones amorales y provocadoras -la homosexualidad, el incesto-, dentro de un universo reconcentrado y excluyente que conduce por consiguiente a la inserción en el relato de una dimensión trágica y puede que también distanciada -el parlamento de la hermana acerca de ser tan repulsiva que hasta el drama “la expulse”-, las cuales en todo caso parecen mal trenzadas y prolongan la precedente impostura de la obra.

Son conceptos de fondo que, a pesar de suponer entonces una drástica ruptura con los cánones que por ejemplo predominaban en el habitualmente mojigato cine estadounidense, hoy se perciben bastante envejecidos. El paso del tiempo no ha favorecido en absoluto a Los chicos terribles.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 5.

Pola X

5 Feb

“Tras cada hombre viviente hay treinta fantasmas, pues esa es la razón en la que los muertos superan a los vivos” 

Arthur C. Clarke

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Pola X

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Pola X

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Año: 1999.

Director: Leos Carax.

Reparto: Guillaume Depardieu, Yekaterina Golubeva, Catherine Deneuve, Delphine Chuillot, Laurent Lucas, Patachou.

Tráiler

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             No es un autor contenido Leos Carax. Sus películas navegan encadenadas al albur de sus criaturas, sometidos a feroces heridas existenciales y emocionales que, además, el cineasta propulsa desencadenando sobre los mismos fotogramas, con arrolladora fuerza expresiva, estas inquietudes íntimas. Equilibrios sobre el alambre, que el director francés acostumbra a salvar por la potencia de su convicción artística, por la honestidad sin fisuras con las que aborda sus relatos, innegociablemente personales. Quizás sea indicativo esto de las taras que, a mi juicio, lastran y condenan a Pola X.

             La cinta, basada en una novela maldita de Herman Melville, nace con un estilo narrativo con una apariencia inusualmente clásica, dentro de lo que cabe, al menos hasta pasada la mitad del metraje. Como si el espíritu indomable de Carax se diluyese en un relato que costó diez borradores alumbrar, de ahí la X que corona el título –otro dato significativo acerca del tortuoso y dubitativo proceso que conllevó elaborar esta obra que, precisamente, basa su conflicto en los desgarradores dilemas del protagonista-.

             Da la impresión de que, después de esa engañosa ‘convencionalidad’ del comienzo, Carax libera su sensibilidad torrencial sobre el desarrollo del filme, tratando por fin de echar el lazo a las imágenes y cabalgar sobre los lomos desbocados de este argumento excesivo y definitivamente encabritado por la mente alterada del protagonista, un joven escritor que destruye su próspero futuro por la obsesión de redimir unos presuntos fantasmas familiares, ocultos en un armario sellado –y vacío- y manifestados a través de una pesadillesca (e hipnótica) declamación en las tinieblas del bosque.

De esta manera, los tonos dorados que gobernaban ese arranque ilusoriamente paradisíaco –aunque infestado por una presencia perturbadora que se ramifica en traumas y complejos privados y colectivos, así como en relaciones brumosas de incesto, poligamia y homosexualidad sugeridos-, entran en contraste con la grisura, el frío y la suciedad del tour de force emprendido al asumir esta perturbación irresistible, que en su crudeza surreal incluye escenas de sexo explícito –mera anécdota sin relevancia, aunque en su día bastante comentadas-. ¿Es pura alucinación esta segunda mitad que transcurre en una especie de arca de Noé sectaria, acomodada así al despertar de Carax y su delirio compositivo? ¿Es una trasposición de la imaginación del artista durante su proceso creativo, a través de la cual se fuga de una realidad anodina que aborrece? ¿O esto lo era ya, por completo, toda la historia?

             Supongo que cualquiera de las tres opciones resulta válida. Como es igualmente válido señalar el insuperable desequilibrio que produce este cúmulo de desbarres simbólicos-conceptuales e incontinencias formales, el cual termina por asemejar a Pola X a un desvaído David Cronenberg; abotargada, descompuesta y sobrepasada por su fallida megalomanía.

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Nota IMDB: 5,9.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 3.

Maps to the Stars

12 Ene

“Amo Maps to the Stars más que a mi propio bigote”

John Waters

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Maps to the Stars

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Maps to the Stars

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Año: 2014.

Director: David Cronenberg.

Reparto: Mia Wasikowska, Evan Bird, Julianne Moore, John Cusack, Olivia Williams, Robert Pattinson, Sarah Gadon.

Tráiler

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           No era descabellado que el canadiense David Cronenberg, incesante diseccionador de las deformidades viscerales y sociales de Occidente, encontrase un gustoso vertedero de aberraciones y monstruosidades que explorar en uno de los motores de la cultura contemporánea como Hollywood, industria de la que ha procurado mantenerse independiente y a distancia durante su particular trayectoria –de hecho, esta es la primera vez que rueda en suelo estadounidense-. No por nada, los tumores de la fábrica de sueños han sido advertidos y expuestos ya desde el periodo silente.

           Así pues, cabe preguntarse si Cronenberg, autor inquietante, encuentra un nuevo ángulo de enfoque en el retrato del amorfo leviatán americano, apoyado además sobre la escritura del novelista y guionista Bruce Wagner, infiltrado desde hace décadas en los submundos hollywoodienses –ahí queda su libreto Escenas de lucha de sexos en Beverly Hills o Women in Film, en las que se pueden encontrar un par de puntos en común con la presente-.

Maps to the Stars se sumerge en la podredumbre de Hollywood empleando la sátira como hoja de ruta con la que identificar y fotografiar cada sórdido rincón y cada ruina desmoronada que se oculta bajo la luminosidad del cielo californiano y la despampanante ostentación de las mansiones, avenidas y tiendas de lujo de la ciudad-estudio, capturada con una puesta en escena casi aséptica y convencional –comparable, por tanto, a la intencionalmente empleada en la soleada Suiza de Un método peligroso, también contradictoria con la oscura psicología de sus protagonistas-.

Aquí, bajo este sol deslumbrante y estos inmaculados jardines con piscina, la cinta se topa con una enmarañada galería de personajes, organizados en dos familias a las que el término disfuncional les queda incluso generoso, dueños todos sus miembros de horrendas cicatrices –a la vista o en sus entrañas-, zarandeados por la desesperación y la locura –de nuevo, certificada o no-, y acosados por fantasmas de toda índole y por la insaciable máquina de devorar seres humanos que es La Meca del cine.

           Sin embargo, hay algo en Maps to the Stars que deja frío. La fatigante artificiosidad de su tremendismo de tragedia mitológica en el Olimpo moderno; la falta de malsana seducción de su atmósfera que tan perturbadoras hace a las mejores obras de Cronenberg; la sensación de que este melodrama patético y delirante ya ha sido contado con mayor pegada. Algo que, en lugar de agarrarle de las solapas a uno, atrapado por su desgarrado delirio, desemboca en cambio en distanciamiento y desinterés, y que la terminan por convertir a la película en una propuesta un tanto fallida.

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Nota IMDB: 6,1.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 5,5.

Antes de la revolución

2 May

“Bertolucci es extraordinario en su capacidad de percibir, es un poeta…”

Marlon Brando

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Antes de la revolución

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Antes de la revolución

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Año: 1964.

Director: Bernardo Bertolucci.

Reparto: Francesco Barilli, Adriana Asti, Morando Morandini, Crecope Barilli, Cristina Pariset, Allen Midgette.

Tráiler

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          Después de iniciarse en el séptimo arte como ayudante de dirección en Accattone, firmada por su vecino Pier Paolo Pasolini, de realizar dos cortometrajes amateurs y de debutar en el largometraje con La commare secca (La cosecha estéril), Bernardo Bertolucci emprendería ya de manera más evidente con su segunda película, Antes de la revolución, la senda temática, estilística y en definitiva autoral que caracterizará su filmografía, repleta de personajes arrinconados por las circunstancias y sometidos a la incertidumbre de un cambio que amenaza con derribar las certezas que amueblan su vida. Apenas tenía 22 años.

          Inspirado por La cartuja de Parma de Stendhal, Bertolucci encuentra en la Italia de los sesenta y su crispación político-social el escenario perfecto donde ubicar a Fabrizio (Francesco Barilli), un joven burgués dispuesto a renegar a su clase social y a la enamorada que la representa para, en cambio, comprometerse con una hipotética e inminente revolución comunista en el país y, en paralelo, en una relación con su tía Gina (Adriana Asti, pareja del cineasta), devastada por la neurosis que le provoca una atroz soledad.

Con profunda delicadeza, sin concesiones iniciales para la comprensión de su tormento, Bertolucci expone el drama de los dos amantes trágicos: su sumisión a una realidad hostil que no comprenden y de la que les es imposible participar; su asfixia dentro del insoportable cerco vital que les estrecha. El paisaje desolado de la charca, la confusión anónima de la plaza mayor, los pequeños refugios, las danzas íntimas compartidas por Gina y Fabrizio en la distancia y la proximidad, la envarada jerarquía de los asientos en la ópera. El montaje fragmentado y convulso; el trasluz del sol. Reverberan ciertos ecos de la angustia de la Nouvelle Vague en el blanco y negro de sus fotogramas.

El encuentro fugaz de Fabrizio y Gina significa una oportunidad inesperada, nacida en otoño y condenada irremediablemente a la extinción, pero cuanto menos se erige en un remanso de alejado del mundanal ruido donde, quizás de forma inútil, intercambiar por calor humano sus heladores traumas internos –el inexplicable fallecimiento ahogado de su amigo más cercano y el vacío existencial que no llenan las consignas políticas memorizadas en el caso de él; la orfandad y el cruel abandono sentimental en el de ella-.

          Antes de la revolución queda lejos, por supuesto, de la fascinación morbosa por el incesto. A pesar de la afectación que parece caracterizar a los personajes en el comienzo de la cinta, a medida que avanza el metraje y se impregnan las emociones resulta sencillo y lacerante encomendarse con ellos a ese amor secreto en el que ambas partes, por igual, hallan un exangüe apoyo en el que apenas calmar su dolor cotidiano.

Bertolucci filma el romance exaltando su elegíaca latencia agónica, capturando con conmovedora sensibilidad la desesperación que los amantes transmiten en cada beso, paralelo en sus pulsiones de muerte a la extinción inexorable de tantas cosas bellas que en el mundo perecen bajo el yugo del tiempo. En su enardecimiento poético, el osado director parmesano infiltra también algún exceso formalista que, no obstante, se tolera gracias a la desgarrada honestidad del conjunto, donde la pasión, la capitulación y el desconsuelo se confunden en un océano de melancolía.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 8.

Madeinusa

9 Feb

“El cine de esta época está muerto, acabado. La idea de que el cine es un cuento de hadas para niños no es buena ni suficiente. Necesitamos algo mejor.” 

Peter Greenaway

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Madeinusa

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Madeinusa

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Año: 2006.

Directora: Claudia Llosa.

Reparto: Magaly Solier, Carlos de la Torre, Juan Ubaldo Huamán, Yiliana Chong.

Tráiler

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            Aunque residente en Barcelona, la peruana Claudia Llosa iniciaba su aventura en el séptimo arte devolviendo la mirada a su país de origen y reinterpretando su evolución. En el universo de Madeinusa –título que adopta el nombre de la protagonista, encarnada por la debutante Magaly Solier- confluyen el cristianismo importado por los conquistadores junto con una cosmovisión particular y de aparente raigambre local; el conflicto entre el aislado entorno rural andino con el desencantado cosmopolitismo limeño; las tradiciones arcanas con la aculturación propia de la globalización.

            El imaginario Manayaycuna –“el pueblo encerrado” en lengua quechua- es, en definitiva, un mundo en irreparable transformación, donde las fronteras entre identidad y deseo de cambio, tradición secular e interpretación pervertida, e incluso realidad y fantasía se confunden en una especie de limbo paradójicamente aislado y zarandeado a la vez por el paso del tiempo. Una insospechada comunión que se ejemplifica mediante trazos como la aparición mística de Madeinusa ante Salvador, las canciones en lengua quechua empleadas como vehículo de expresión rayano en el hechizo, la presencia literal de la religión en ese siniestro Tiempo Santo en el que todo pecado está consentido sin remordimientos a causa de “la muerte de Dios”.

Ni siquiera unos roles aparentemente estereotipados se encuentran a salvo de esta disolución de las certezas. Salvador, el forastero capitalino tratado en la aldea como intruso y extranjero, parece dimitir de su papel de ‘civilizado’ príncipe azul o incluso de Cristo redentor –melenudo y barbado- para quedar finalmente subordinado a la torrencial determinación de una dulce y soñadora cholita declarada en rebelión contra un entorno opresivo que envenena sus vías de escape, le priva despiadadamente de sus deseos íntimos y le impone un destino casi metafóricamente heredado.

            Los simbólicos contrastes, pues, desempeñan un papel fundamental para la composición de esa atmósfera extraña y perturbadora –las ratas muertas como símbolo de buena suerte, la furiosa fusión de religiosidad y depravación, la inocencia y la crueldad-, asimismo envuelta en el sobrecogedor paisaje andino. La puesta en escena alcanza de esta manera poderosos hallazgos visuales, como las secuencias de Madeinusa adornada de virgen lacrimosa o las alucinadas escenas nocturnas con fuegos artificiales.

            A pesar de que todavía muestra la irregularidad propia de quien trata de encontrar su voz, Llosa ofrece con Madeinusa una fábula tétrica e insólita, plenamente dueña de sabor y consistencia.

 

Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7.

Stoker

4 Ene

“Trabajar en esto del cine lejos de Hollywood es como hacerlo para la industria del coche fuera de Detroit.”

Roman Polanski

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Stoker

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Stoker.

Año: 2013.

Director: Park Chan-wook.

Reparto: Mia Wasikowska, Matthew Goode, Nicole Kidman, Delmont Mulroney, Jackie Weaver, Alden Ehrenreich.

Tráiler

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            Hollywood es un súcubo que succiona el alma de aquellos que osan pactar con él. En los últimos años lo hemos podido observar con Oliver Hirschbiegel y Florian Henckel von Donnersmarck, dos cineastas alemanes que habían ganado reputación gracias a El hundimiento y La vida de los otros y que han acabado saltando el charco para entregar las prefabricadas Diana y The Tourist. Otros, como el danés Nicolas Winding Refn o el coreano Kim Ji-woon, conseguían llevar sus encargos, Drive y El último desafío, a su propio terreno, cuanto menos en lo que se refiere a la parcela estilística, donde se podía apreciar su sello de marca.

El caso de Park Chan-wook, emblema del nuevo cine negro coreano merced a su Trilogía de la venganza y uno de los realizadores más personales de la actualidad, se aproxima más al segundo ejemplo. Por primera vez en su carrera, el realizador seulés renuncia a redactar el libreto del filme, el cual, firmado por el conocido actor Wentworth Miller, había estado acumulando polvo durante años en los recónditos trasteros de la industria.

            Stoker narra el paso de la adolescencia a la edad adulta y el fin de la inocencia de una joven retraída e hipersensible –factor ideal para que Chan-wook explote su fijación con el apartado de sonido- que afronta la reciente muerte de su padre, referente vital durante su infancia. Es el tradicional proceso íntimo de autoconocimiento, aceptación y liberación que, en este relato, más afincado en el terreno de lo fantástico que en el del drama, se canaliza en el plano exterior a través de la intrigante, seductora y siniestra presencia de un tío desconocido.

Escoger para tal papel a un tipo anticarismático como Matthew Goode no parece una decisión acertada. Por fortuna, Mia Wasikowska resulta lo suficientemente fascinante para compensar el balance del casting.

            La historia encuentra ciertos puntos de conexión con la sensibilidad de su director, aficionado a los personajes marginales o especiales y a las tramas rebuscadas y retorcidas, en las que el contraste entre la realidad mental alterada o enfermiza y la rotundidad de la realidad física colisiona a través de la violencia. El guion reflexiona acerca del peso de la herencia en la configuración de la propia personalidad y en las tentaciones de la llamada del mal inherente a uno mismo –aquí violencia sociopática y sexo como pulsiones gemelas, naturales e irrefrenables, abordada la primera con ciertas similitudes a lo planteado en la serie Dexter-.

            Pero se trata de un recorrido irregular en intensidad e interés que precisamente, en sus ocasionales fases de desfallecimiento, logra mantener a flote la desbordante creatividad de Chan-wook en la puesta en escena, más modulada (o encorsetada, la timidez del recién llegado) en comparación con sus últimas cintas –donde terminaba por pasarse de rosca-. Su talento artístico queda patente en el expresivo uso del cromatismo como traslación del estado anímico, el encuadre y los movimientos de cámara, la audacia en las elipsis y la originalidad en el ingenio de metáforas visuales que manifiestan el convulso espíritu y las turbias relaciones entre los personajes.

Como en Oldboy, las piezas del enigma se van conectando poco a poco mediante el diestro manejo del montaje para, en una escena climática e impactante, fusionar presente y pasado con furia desatada. Sin embargo, en Stoker dicha escena antecede en al desenlace, lo que provoca que la conclusión del filme se encuentre por otro lado inserta en una trayectoria ligeramente descendente.

            Curiosa e imperfecta a partes iguales.

 

Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7.

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