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Una aventura en Macao

16 May

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Año: 1952.

Director: Josef von Sternberg.

Reparto: Robert Mitchum, Jane Russell, William Bendix, Brad Dexter, Gloria Grahame, Thomas Gomez, Philip Ahn, Vladimir Sokoloff, Don Zelaya.

Tráiler

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          Al cine siempre le han sido gratas las localizaciones ambiental y sexualmente calurosas, ya que exaltan las pasiones. Principalmente, claro, las denominadas bajas pasiones. También sitúan al espectador en un contexto exótico, fascinante e inquietante a partes iguales, donde la amenaza parece ir indisociablemente unida a ese mismo bochorno. Una aventura en Macao -o Una aventurera en Macao, depende del cartel- escoge como escenario la entonces colonia portuguesa en China; un lugar que, al igual que la Casablanca del clásico, emerge como un oasis amoral y alegal, refugio de desclasados, forajidos y buscafortunas. Sin embargo, ya no hay una Segunda Guerra Mundial de fondo que los pueda redimir.

          Aunque el director titular de la cinta es un ya veterano Josef von Sternberg -esta sería el antepenúltimo filme acreditado del vienés y el último vinculado a la industria de Hollywood-, el jefe de producción de la RKO terminarían pidiéndole a Nicholas Ray que realizara unas cuantas escenas que pusieran un poco de orden en la narración, según recordará posteriormente el guionista Walter Newman. Algunas de ellas estarían escritas, de hecho, por Robert Mitchum, protagonista de la cinta junto a Jane Russell.

Y aun así, lo cierto es que, tal y como intuían desde la productora, el libreto es uno de los grandes lastres de Una aventura en Macao, quizás porque el mandamás Howard Hughes estaba más interesado en controlar el vestuario de su voluptuosa estrella femenina -cuyos pechos le habían obsesionado célebremente en El forajido– y porque el set de rodaje se había convertido en una lucha de poderes entre las maneras totalitarias de Von Sternberg hacia el reparto y el equipo y la canallesca indolente de Mitchum.

          En consecuencia, a pesar de que la cínica buscavidas que interpreta Russell goza de sonoras líneas de diálogo, se perciben serias lagunas en la trama criminal y en la construcción y motivación de los personajes -el de Gloria Grahame es un ejemplo palmario de esta falta de dibujo, cuestión que no podría siquiera arreglar su marido Ray-. Demasiadas como para que Una aventura en Macao se sostenga adecuadamente en pie.

En cualquier caso, se agradece cierta textura brumosa y sombría en los fotogramas, y la confrontación carnal que, bajo la molicie de los vapores de este presunto trópico de estudio, se establece entre Mitchum y Russell.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 5,5.

Tabú

12 Ene

“La memoria es el deseo satisfecho.”

Carlos Fuentes

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Tabú

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Tabú.

Año: 2012.

Director: Miguel Gomes.

Reparto: Teresa Madruga, Laura Soveral, Isabel Muñoz Cardoso, Henrique Espírito Santo, Ana Moreira, Carlotto Cota, Ivo Müller, Manuel Mesquita.

Tráiler

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            Miguel Gomes es una de las voces más relevantes del nuevo cine portugués, alumbrada al abrigo de los festivales y con escaso predicamento en las salas generalistas, incluidas las de su propio país de origen. Tabú, celebrado premio FIPRESCI en el festival de Berlín, apenas lograría superar los 20.000 espectadores en Portugal.

            De tono apesadumbrado y melancólico hasta en su fotografía en blanco y negro, plasmación de la idiosincrática y tópica ‘saudade’ del país atlántico, Tabú propone un díptico donde una fábula de desesperados ecos románticos oficiará como apertura. Tras ella, el presente frío, desolado y agonizante, parece tratar de reencontrar cierto calor perdido en el pasado, identificado con la idealizada y decadente grandeza del colonialismo africano.

La figura de una anciana atendida por una hierática e indiferente criada negra y acuciada por la demencia, los efectos de haber dilapidado de su antigua fortuna y la negación de cariño de sus seres queridos -¿alegoría de la propia Portugal?-, ejerce de bisagra entre ambos relatos, cuya conexión anímica y temática cuesta trabajo establecer a causa de su innegociable hermetismo.

            En su primera mitad, protagonizada por una mujer, vecina de la anterior, la narración, impresa con una cadencia ensimismada y parsimoniosa hasta lo desafiante, desgrana el leve absurdo cotidiano de una vida sin arraigo y que se limita simplemente a transitar. O eso quiere entrever uno para justificar al menos su lánguida y dilatada hora de metraje.

El encuentro con un hombre que surge desde su confinamiento en una residencia mental para arrojar luz sobre la personalidad de la finada, cercana y desconocida, da paso a la evocación de ese pasado quizás real, quizás fantasioso; sin duda tan turbado por delirios, anhelos y espejismos románticos como en puridad lo está cualquier memoria colectiva sobre la historia pretérita, igual de falaz e impostada que la selva de plástico en la que tiene lugar este acto de recreación mediante el recuerdo.

            Esta evocación del paraíso mitificado, descrita toda ella en voz en off, con un registro sonoro que se reduce a la intrusión puntual del sonido ambiente y la intromisión de un par de canciones, sin espacio siquiera para el diálogo –el cual precisaría de unas señas de realismo contradictorias con el espíritu del segmento-, consigue gracias a su mayor intensidad y poder de sugerencia alegrar los resultados de una obra interesante y de firmes vocaciones autorales que se manifiestan en su atrevida intención de ensayo acerca de las formas, modos y significados del discurso cinematográfico, aunque por ello mismo también pretenciosa y caprichosamente poco asequible.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 6.

Quemada!

11 Ago

“En las revoluciones hay dos clases de personas; las que las hacen y las que se aprovechan de ellas.”

Napoleón Bonaparte

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Quemada!

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Año: 1969.

Director: Gillo Pontecorvo.

Reparto: Marlon Brando, Evaristo Márquez, Renato Salvatori, Norman Hill.

Opening

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             Gillo Pontecorvo, cuya filmografía presenta en su mayor parte documentales, ya había dado muestras de su firme compromiso de izquierdas desde su debut con Prisioneros del mar hasta los filmes que le había otorgado reconocimiento internacional: Kapò, sobre los campos de exterminio nazi, y La batalla de Argel, a propósito de la descolonización de la Argelia francesa; siempre con el apoyo en la lituratura de Franco Solinas, sea como guionista, sea como escritor o sea como ambos, como en este caso.

             Con Quemada!, Pontecorvo retomaba precisamente este tema de la descolonización, coincidiendo con una época en la que el proceso de desmembramiento de los grandes y caducos imperios coloniales era ya continuo e inevitable, al mismo tiempo que se sucedían procesos de neocolonialismo, más subrepticios pero sin duda similares, derivados de los movimientos de la política internacional de Guerra Fría (Vietnam, Europa del Este, gobiernos-títere de los norteamericanos en Centroamérica, procesos revolucionarios de inspiración y subvención soviética en África, luego la infructuosa invasión de Afganistán, etcétera).

             Así pues, Pontecorvo usa la figura de William Walker (Marlon Brando), enviado del almirantazgo inglés a la (imaginaria) isla caribeña de Queimada, para volcar en la pantalla su discurso acerca de los procesos revolucionarios auspiciados por las grandes potencias, apoyos que no hacen sino esconder sus propios intereses coloniales; un personaje inspirado, al menos en el nombre, en uno de los llamados filibusteros norteamericanos –aventureros y mercenarios privados destinados a ejecutar el Destino Manifiesto y la Doctrina Monroe estadounidense de manera extraoficial- que participaron en las independencias de varias regiones del continente en el siglo XIX.

Un contenido y más que correcto Marlon Brando envuelve en un halo de decepción y pesimismo la mirada de un personaje que es un cirujano de las revoluciones, un hacedor de independencias al servicio de la corona británica –más tarde de la compañía inglesa de explotación de caña de azúcar, que no es muy distinto-, pragmático y en cierta manera vacío -de lo cual es consciente, de ahí su trasfondo de tristeza-, entregado a su trabajo, empleando a las personas sobre el escenario de las rebeliones y luchas como piezas de ajedrez en el tablero, como es el caso de José Dolores (sorprendente Evaristo Márquez, sin experiencia de actor, elegido por Pontecorvo en el mismo lugar de rodaje), aparentemente un isleño más pero iluminado un aura de carisma especial que servirá a Walker para crear la revolución sobre sus hombros.

            De esta manera, Pontecorvo expone su visión de las revoluciones románticas latinoamericanas del siglo XIX –esta en particular toma algunos rasgos de la independencia de Haití-, siempre con el pueblo inevitablemente oprimido entre el juego de las grandes naciones coloniales y la plutarquía imperante con sus egoístas señores, tiranos y caciques locales; el idealismo romántico e ingenuo aniquilado por los intereses de los mercados internacionales y su propio alejamiento de la realidad del pueblo llano; el empleo y luego vana destrucción de títeres al servicio de intereses ajenos a la causa,… expresado con recursos que hacen patente el origen como documentalista de su autor, evidente en pasajes didácticos como la aparición de personajes –o de voz en off– que explican directa o indirectamente al espectador la situación y las causas y procesos que concurren en ella, sin caer nunca en la machaconería o el simplismo pueril.

             Sería injusto acusar a Pontecorvo de miedo o falta de riesgo en rodar escenas de acción –robo, batallas-, puesto que los desastres de la guerra quedan ya bien representados en esas imágenes de miseria, destrucción y cadáveres, a la vez que la espectacularidad no es el objetivo del autor, sino expresar un mensaje a través de una película que, a pesar de tardar un poco en entrar en calor y poseer cierta tendencia discursiva, desde su claro posicionamiento ideológico, siempre muestra una enorme lucidez, enjundia, precisión, y, aún en la actualidad, una vigencia fuera de toda duda.

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 8,5.

Una historia inmortal

9 Mar

*Este artículo ha sido revisado para el especial Orson Welles de Cine Archivo. Dicha revisión se encuentra a continuación de la primera crítica, pinchando en el enlace situado en el extremo inferior del texto.

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“El escritor necesita una pluma, el pintor un pincel, el cineasta todo un ejército.”

Orson Welles

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Una historia inmortal

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Año: 1968.

Director: Orson Welles.

Reparto: Orson Welles, Jeanne Moreau, Roger Coggio, Norman Eshley.

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            Con trabajos cada vez más intermitentes en la dirección durante esta década, en la que sólo había realizado El proceso, basada en la obra de Franz Kafka, y Campanadas a medianoche, adaptación de diversas obras de William Shakespeare; el gran Orson Welles aborda aquí desde la dirección y el guión, escrito en colaboración con Louise de Vilmorin, la novela de Karen Blixen en un mediometraje destinado al pase por televisión y publicitada como la primera película en color del maestro; una historia ambientada en el Macao colonial –en realidad Chinchón, provincia de Madrid- donde un anciano hombre de negocios, Mr. Clay -el propio Welles, hombre orquesta donde los haya, en una de esas interpretaciones que vienen a denominarse “distanciadas”-, que ha vivido toda su existencia sin dejarse llevar por sus sentimientos, apegado estrictamente a lo terrenal y cuantificable, decide recrear como último acto de su vida y como legado al mundo -a la vez que como material para rellenar sus vacíos existenciales- una historia popular entre los marineros, crear la realidad a partir de un cuento. Un relato en el que un anciano rico, solitario y misántropo como él decide legar su fortuna a un apuesto marinero, quizás imagen de su propia juventud perdida, al cual contrata para acostarse con quien se supone era su joven mujer, papel que concederá a la bella Virginie -Jeanne Moreau, que repite con Welles precisamente tras El proceso y Campanadas a medianoche-, huérfana del antiguo socio de Clay, caído en desgracia por su causa.

            En la realización, Welles combina unas rígidas formas teatrales en la puesta en escena, los diálogos excesivamente literarios y unas interpretaciones que tienen a la declamación, junto con detalles técnicos modernistas, influencia de las nuevas corrientes europeas como la Nouvelle Vague, como la ruptura abrupta de los planos o el rodaje en escenarios reales –como ya se ha dicho, un Chinchón lleno de chinos-.

            En definitiva, Una historia inmortal es una obra que pese a tener aún detalles de indudable calidad acaba por resultar una película excesivamente aparatosa y esclerótica frente a lo que debería ser, algo más sencillo y fluido, de metáfora más sutil, más cercano a la estructura de un cuento, formato en el que se encuentra su origen.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 5*.

*Revisada a continuación.

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