Tag Archives: Imperio francés

El último mohicano

19 Jun

“¿Por qué iba a querer interpretar a un inglés de mediana edad y clase media?”

Daniel Day-Lewis

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El último mohicano

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Año: 1992.

Director: Michael Mann.

Reparto: Daniel Day-Lewis, Madeleine Stone, Steve Waddington, Rusell Means, Eric Schweig, Jodhi May, Maurice Roëves, Wes Studi.

Tráiler

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             Cineasta tardío, Michael Mann lograría llamar la atención de la crítica especializada con su cortometraje Jaunpuri, galardonado en el Festival de Cannes, y un telefilme, Hombre libre, vencedor de tres Emmys y del premio del Directors Guild of America. Aunque su mayor reconocimiento posterior se deba al thriller, concebido éste como un grandilocuente espectáculo trágico, la primera obra en consagrar a nivel popular a Mann tras cintas inadvertidas como Hunter -primera aproximación a la figura del doctor Hannibal Lecter– y una labor más centrada en los aspectos de producción de la serie televisiva Corrupción en Miami, será la adaptación de un clásico de aventuras del siglo XIX, El último mohicano, de James Fenimore Cooper.

             Una revisión ésta en la que Mann juega sus cartas con inteligencia y habilidad de artesano, introduciendo sustanciosas variaciones a partir de un hilo conductor similar –una epopeya romántica ambientada en las pugnas anglofrancesas en la América colonial del siglo XVIII- para componer un atractivo, aunque epidérmico, entramado de épica bélica y melodrama amoroso.

El cuidado en el tratamiento de los personajes permite que, pese al cierto maniqueísmo en parte matizado, estos resulten vivos –un tanto menos la protagonista femenina que, al igual que la algo acartonada trama amorosa de la que forma parte resulta algo más desdibujada-, enriquecidos por la capacidad interpretativa de un sólido reparto encabezado por el siempre intenso Daniel Day-Lewis quien, en uno de esos alardes de exhibicionismo gratuito e irrelevante tan del Método, tuvo a bien instalarse en lo salvaje durante varios meses sustentándose del terreno para capturar el alma del agreste Ojo de Halcón.

             Narrada con pulso firme, El último mohicano goza de un cuidadísimo acabado artístico en lo que se refiere a una sobrecogedora escenografía natural, un esmerado ejercicio de recreación histórica y una banda sonora, firmada por los compositores Trevor Jones y Randy Edelman, de lo más resultona.

Eficaz en sus pretensiones.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7.

Sangre en Indochina

26 May

“Esta es la verdad… un huevo… lo blanco se va y lo amarillo se queda.”

Hubert de Marais (Apocalypse Now Redux)

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Sangre en Indochina

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Año: 1965.

Director: Pierre Schoendoerffer.

Reparto: Bruno Cremer, Jacques Perrin, Manuel Zarzo, Pierre Fabre, Boramy Tioulong.

Tráiler

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            Once años tuvieron que transcurrir desde la decisiva derrota de Dien Bien Phu hasta el primer acercamiento del cine francés –existe una cinta americana precedente, la poco conocida Jump Into Hella los estertores de su imperio colonial.

En unos tiempos en los que esa Guerra de Indochina había dejado ya paso a una Guerra de Vietnam en plena escalada militar estadounidense, será Pierre Schoendoerffer, partícipe de la batalla en el cuerpo cinematográfico del ejército colonial y más tarde cautivo del Viet Minh, quien abra la veda del revisionismo en su voluntaria condición de cronista del ocaso del imperio con Sangre en Indochina, producción franco-española en la que procede a adaptar su propia y exitosa novela, publicada en 1953, previa incluso al definitivo descalabro militar en el sureste asiático.

            Schoendoerffer echa mano de sus recuerdos bélicos para imponer una disciplina  marcial en el equipo de rodaje, adentrándose en la selva camboyana con la ayuda de un cuerpo militar –luego también parte del reparto-, cedido generosamente por el monarca local, Norodom Sihanouk, para lograr una recreación naturalista de la huida desesperada de un desarrapado y aislado pelotón francés y sus colaboradores laosianos en los días previos y posteriores al fin de la Indochina francesa.

Las implicaciones políticas del asunto permanecen en un discreto segundo plano cediendo protagonismo a la penosa epopeya del soldado tras las líneas enemigas, hostigado por las tropas invisibles, esquivas, itinerantes e irregulares de un oponente mimetizado con la jungla. Se diría que es ésta quien los rechaza, un territorio donde el hombre blanco poco ha de decir.

            Es a partir del pesimismo desde donde se realiza la aproximación histórica.

Más que la defensa a ultranza del imperio y una tibia visión negativa del enemigo comunista, queda la nostalgia de una tierra maravillosa abandonada, por la que el sacrificio estaba justificado.

Ideas que se expresan a través del sargento Willsdorf (Bruno Cremer), alter ego del escritor-director, un alsaciano como él –con los problemas de identidad nacional que ello supone-, veterano de la Wehrmacht en la Segunda Guerra Mundial, que goza de la practicidad del desengañado, emparentado con combatientes individualistas como el sargento Zack de Casco de acero –con la que presenta ciertos elementos de coincidencia- o el sargento Wells de El ataque duró siete días, tipos con amplia visión de la realidad más cruda de la batalla y conocimiento del verdadero triunfo de la simple supervivencia.

            Es lo inútil y, por tanto, lo trágico del sacrificio en una guerra que se sabe perdida lo que incide en el componente político: el desinterés por sostener decididamente la lucha por la colonia, la impopularidad del ejército colonial en la propia metrópolis. Ante ello, Schoendoerffer propone un relato sencillo -galardonado como mejor guión en Cannes– sobre el recorrido emocional y las relaciones humanas del soldado, una víctima más del conflicto, inmerso a la fuerza en un recorrido físico y espiritual nada glorioso y poco melodramático; sensación de desolación en la que ahonda esa realización austera en medios pero muy acertada en una puesta en escena que explota al máximo la credibilidad de la cinta.

Una cuestión esta de la sangre desperdiciada que Schoendoerffer retomará, esta vez aislándola en su carácter de drama humano, en su posterior Diên Biên Phú.

            La influencia de Sangre en Indochina será palpable en futuros estudios de la ya entonces en curso Guerra de Vietnam como en Apocalypse Now -que en su versión Redux toma prestada incluso la metáfora del huevo: “lo blanco se va, lo amarillo se queda”-, o Platoon.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7.

El americano tranquilo

22 May

“No veo por qué tenemos que esperar y permitir que un país se vuelva comunista debido a la irresponsabilidad de su propio pueblo. Los temas son demasiado importantes para los votantes chilenos como para que decidan por sí mismos.”

Henry Kissinger

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El americano tranquilo

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Año: 1958.

Director: Joseph L. Makiewicz.

Reparto: Michael Redgrave, Audie Murphy, Giorgia Moll, Claude Dauphin.

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             A finales de los años cincuenta, Hollywood aún se lamía las heridas de la paranoia anticomunista, listas negras y cazas de brujas del nefasto periodo de influencia del senador Joseph McCarthy. A pesar de la caída en desgracia del temible y deleznable censor, el cine de la década aún sufriría las consecuencias de su agresión. En muchos casos prevalecerá todavía la timidez en el tratamiento de contenidos políticos y sociales.

Un americano tranquilo, primera adaptación a la gran pantalla de la novela antibélica de Graham Green The Quiet American, publicada dos años antes, será un perfecto exponente de la situación.

             Joseph L. Makiewicz, uno de los guionistas más reputados de Hollywood, por entonces en vías de experimentación con diferentes géneros tras el triunfo incontestable de películas elevadas a la categoría de obra maestra como Eva al desnudo, Julio César o La condesa descalza, traducía la novela de Green rebajando hasta casi lo anecdótico –sin embargo nada inocente- el contenido político de la obra, decididamente crítico con la política exterior norteamericana.

De esta manera, transferirá aún más el peso dramático de la película al triángulo amoroso entre el veterano corresponsal británico afincado en la Indochina francesa -acertado Michael Redgrave, sacando pleno partido al personaje más interesante y complejo de la función-, su chica de compañía/amante nativa Phuong, y el joven, arrogante y (ahora) inocente, idealista y bienintencionado americano, agente comercial recién llegado a una región en imparable proceso de disputa y transformación, que trataba de sacudirse los últimos retazos de anquilosado colonialismo.

La imagen de todo un mundo inquieto, inmerso en la incertidumbre del cambio en una atmósfera tensionada por la dicotomía de la Guerra Fría. Un mundo que se marchita, el del colonialismo, como campo de batalla entre el también otoñal y anacrónico cronista inglés y un americano con la fuerza de la juventud por una mujer demasiado preocupada por la supervivencia diaria como para decidirse entre una de las opciones de futuro, ambas inciertas por igual.

            Pese a la poderosa puesta en escena y la cuidada construcción de diálogos de Mankiewicz, el suspense inherente al texto se diluye poco a poco a causa la falta de intensidad producida por las carencias de un personaje fundamental en el desarrollo del relato, el americano -un Audie Murphy totalmente falto de carisma además-, desdibujado al eliminarse la gran carga de ambigüedad y misterio de su trasfondo político, destripado de manera poco sutil en un final excesivamente explicativo, con un giro argumental tramposete y rayano en lo propagandístico pro americano.

La intriga del espionaje se pierde en el ritmo irregular de una trama romántica a ratos algo insípida, aquejada a su vez del típico retrato folklórico-caricaturesco hollywoodiense de los nativos, actores occidentales de no demasiado talento, pobremente disfrazados y caracterizados para la ocasión, entre los que la protagonista femenina encarnada por la ¡italiana! Giorgia Moll –el Saigón de la pantalla es una recreación construida en el Cinecittà romano-, no es caso excepcional: un personaje totalmente plano, interpretado con poca gracia y convertido en irrelevante por uno de los considerados mejores escritores de personajes femeninos de la industria norteamericana.

             Una película timorata de la que, ante tanto cambio sustancial, el propio Greene renegaría.

En cambio, la nueva adaptación de 2002, dirigida por el australiano Philip Noyce, guardará mayor fidelidad con el original pese a describir un recorrido cronológico más amplio.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 6.

Soldado de fortuna

19 May

“Soy uno de los seres más sensibles de la Tierra.”

Jean-Claude Van Damme

 

 

Soldado de fortuna

 

Año: 1998.

Director: Peter MacDonald.

Reparto: Jean-Claude Van Damme, Adewale Akinnouye-Agbaje, Nicholas Farrell, Steven Berkoff, Daniel Caltagirone, Ana Sofrenovic.

Tráiler 

 

           Finales de milenio. La diarquía de reyes de la acción surgidos de los tiempos de mano dura y ojo por ojo en que Reagan y Tatcher dominaban la Tierra, iniciaban una pronunciada decadencia, a la par que el género en sí. El ubérrimo Arnold Schwarzenegger seguía diversificando su carrera por los terrenos de la autoparodia combinada con su género primordial además de albergar la simiente de una posible participación política y de, quizás, ampliar su familia extramaritalmente. Por su parte, Sly Stallone se empecinaba en continuar con clásicos de acción simple y directa, que lo llevarán a una momentánea decadencia hasta su resurgir por la vía más bruta, reproducir todos sus éxitos aprovechando la nueva capacidad adquisitiva de los melancólicos jóvenes que siguieron sus epopeyas dos décadas atrás.

Tras ellos, Bruce Willis optaba por una incomprensiblemente exitosa reconversión a actor dramático y Wesley Snipes sobrevivía aún con dignidad en una época en la que los vampiros eran gente peligrosa y estaban más cerca de los canis makinetas que de los emos ñoños.

Un escalón aún más abajo, Jean-Claude Van Damme y Steven Seagal se disputaban postreramente las últimas migajas del imperio del mamporro y la patada alta, claudicados héroes similares como Jackie Chan, el supuesto heredero del difunto icono de las artes marciales Bruce Lee, dedicado a la gimnasia humorística aún casi con tanta gloria como pena, y Chuck Norris, concentrado casi en exclusiva en imponer la justicia, patada giratoria mediante, en la turbulenta Texas, o con el rotundo fracaso anterior de los primeros experimentos de la WWE en la gran pantalla, con Hulk Hogan, su gran y marrón figura, al frente.

           Así pues, mientras Seagal agotaba sus trasnochadas películas de justicia ecológica, Van Damme cambiaba de registro desde la pelea y los tiros puros y duros a la aventura colonial de principios de siglo XX con tintes bélicos para lograr el que prácticamente sería su último éxito.

Y es que Soldado de fortuna es casi una cinta con un argumento normal, desde una excusa cualquiera –no importa demasiado, pero es una huida de un mafioso marsellés emparejado con aquella novia que Van Damme plantó en el altar pero que desea llevar a los USA- que le lleva a enrolarse en uno de los ejércitos más duros del planeta: la Legión Extranjera francesa. De esta manera, se dará una historia de exigente formación militar, establecimiento de noble camaradería castrense frente a superiores capullos y resistencia del asedio al estilo de El Álamo, Zulú y obras similares, frente a los terribles guerreros del Rift marroquí en lo que acaba siendo una sucesión de batallas sin descanso.

Como decía, llena de tópicos, situaciones archiconocidas y previsibles pero normal, con un argumento hilado con cierta continuidad lógica, con un ritmo decente, de entretenimiento pasable y con un Van Damme en un papel más “serio” y al que obviamente nunca contrataría para una representación de Shakespeare pero que no es un actor tan, tan terrible como dice su etiqueta.

            Uno de los últimos rugidos del periodo de auge de las películas de los grandes dinosaurios de la acción.

 

Nota IMDB: 4,9.

Nota FilmAffinity: 3,8.

Nota del blog: 4,5.

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